Me había preparado por tantos años para este momento y quizás, nada hubiera servido para nada.
Desde mi niñez, ni siquiera recuerdo quienes eran mis padres, seguramente de una familia pobre con más hijos, por eso me entregaron para formar parte de las concubinas reales a cambio de dinero.
Durante toda mi infancia, me enseñaron modales, también, a cómo ser la perfecta amante.
En este mundo, hay varios reinos, todos permanecen en paz, siempre que los reyes hacen acto de presencia, parecen tranquilos, felices por su apacible vida, pero... ¿Existe el amor?
En las leyes de este mundo, todo príncipe, al cumplir los dieciocho años, deberá casarse con una concubina, sin conocerla, sin que su corazón pueda encenderse.
El príncipe de este reino, es un joven apuesto, de cabello albino algo corto y ojos color ámbar.
Algunas concubinas, encargadas de la limpieza del gimnasio real, han comentado lo hermoso que es su cuerpo, babean al verlo hacer ejercicio.
Son muchas las que desearían ser su futura esposa y yo...
Ahora, de entre todas, fui una de las diez candidatas elegidas por nuestra maestra.
Aaah, jamás debí ser aplicada, solo quería no ser regañada, tener una apacible vida, quizás, algún día, poder irme de palacio y encontrar al amor verdadero, tener mi pequeña casita cerca del bosque, todo rodeado de árboles frutales.
Soy bonita, lo sabía demasiado bien, si hubiera sido menos bonita... ¿También sería una de las candidatas?
Aunque, ahora que miraba a mis compañeras, todas eran más que hermosas, dignas de ser unas reinas.
Sus cuerpos eran mucho más voluptuosos que el mío y con diferencia, yo solo tenía caderas anchas y ojos adorables.
¿Por qué demonios debíamos vestirnos con un vestido tan bonito el día de hoy?
Todas de blanco, mostrando nuestra pureza, aún éramos vírgenes, y, esta noche, eso podría irse para siempre.
¿Será muy doloroso?
Por favor, no quiero ser la elegida.
Pero, allí estaba ese príncipe, no se acercó lo suficiente a nosotras, y aun así, podía apreciar que era muy hermoso.
Parecía tan pasivo, la manera de vernos.
Pasa, pasa de largo, no me mires de más, olvida que estoy aquí.
Su dedo se alzó señalando a una de nosotras, pensé que sería la joven que estaba a mi lado y mi corazón se calmó por unos escasos momentos.
-¿La joven rubia mi señor?
-No, la de cabello negro y ojos castaños.
Mi corazón fue bruscamente agitado, ¿quién más de todas nosotras tenía esas características?
No había más chicas de pelo tan negro como el mío, quería mirar de nuevo, de izquierda a derecha, pero sí, definitivamente, sabía que yo era esa chica.
Todo mi mundo se echó encima, mis compañeras dieron unos pasos hacia atrás, y nuestra maestra, me tomó para llevarme al cuarto en donde me prepararían para que esa noche, perdiera absolutamente todo, y no hablo solo de mi virginidad, también hablo de mi futura vida planeada por tantas y tantas noches.
Escuchar a mi maestra repetirme una y otra vez el cómo debía dejarme hacer, no me interesaba, ya lo sabía, no quería seguir escuchando.
Qué más daba que él fuera tan apuesto, no lo conocía, no habíamos ni tan siquiera interactuado una mísera tarde, un pequeño momento, era un completo desconocido.
No podía amar ni desear a alguien simplemente por su atractivo.
Quizás era la oveja negra, mis compañeras, siempre desearon la vida que iba a tener, siempre alabando la belleza del príncipe, estaba tan aburrida de escuchar sus fantasías con él, su primera noche al ser las elegidas.
Ni que fuera un semental, a lo mejor, ni siquiera era bueno en la cama.
Y pensando en todo lo que perdí, me la pasé toda la tarde.
Cuando la noche se fue acercando, comenzó el ritual.
Baño aromático, para que mi piel desprendiera un aroma que al príncipe pudiera causarle deseo, mi largo cabello ondulado fue secado, colocando unas flores en él.
Un poco de color en mis labios y mejillas.
Y, un bonito camisón blanco, un tanto ajustado a las delicadas formas de mi cuerpo.
Abajo, no me habían dado ropa interior.
Caminar por esos pasillos, aproximándome hasta el destino que no quería para mí, mi maestra, estaba frente a la habitación de ese príncipe, en el último piso, dando unos toques, avisándole que yo había llegado.
No hubo ninguna respuesta, y esta, abrió la puerta, allí estaba él, tirado en la cama, mirando al techo, como si todo lo que para mí, sería el derrumbe de mi mundo, fuera algo simple, sin importancia.
-Mi señor, aquí le traigo a su futura esposa.
-Vale.
Dijo nada más, solo me echó una rápida ojeada sin mucho interés.
-Señor, recuerde que esta noche debe tomarla para usted, son las normas.
Si eso no sucede, ella será desechada y castigada por no complacer sus deseos.
-¡He dicho que vale!
Solo déjala aquí y ya, vete.
-Como usted desee mi señor.
Y allí me quedé a solas, de pie, por unos diez minutos, tan sumamente incómodos, pensando que me dejaría toda la noche despierta, parada, en mitad de su habitación.
Pero, al poco, al fin se levantó de la cama, tomándome de una manera un tanto brusca del brazo, tirándome a la cama, apagando las luces después.
Pudo encontrarme en la oscuridad de la noche, sintiendo como bajaba la parte inferior de su ropa, buscando ese lugar, dando con él, y pensé que sin miramientos me tomaría de una vez, pero, fue poco a poco, lo que me hizo preguntarme tantas cosas.
No besó mis labios, no me tocó, no me acarició, ni dijo absolutamente nada, simplemente, trató de no lastimarme al principio, para después, hacerlo, hacerlo en completo silencio, y sí, fue doloroso al ser mi primera vez, pero tampoco es que él me golpeara saciando la lujuria con mi cuerpo, parecía simplemente querer cumplir con esa tarea, para, tras acabar en mí, pedirme que me fuera al pequeño cuarto que comunicaba desde su habitación.
Un cuarto especial que solía haber dentro, en las habitaciones de los príncipes, para que sus futuras esposas durmieran las primeras noches.
Y ahí, un poquito dolorida, me eché en mi nueva cama, todo, había sido tan fugaz, casi inesperado.
Por ahora, no era necesario tener hijos, debía tomar una pastilla cada día, por eso, me tranquilicé, pensando que no tendría que acostarme con él en mucho tiempo.
A la mañana siguiente, desperté temprano, el baño comunicaba ambas habitaciones así que, entré para lavarme un poquito antes de que el príncipe despertara, pero, tras acabar, un impulso me hizo querer pasar a verlo.
Él, seguía dormido, de lado, y, me agaché, para mirar su rostro de cerca.
¿Qué se le habría pasado por la mente en la noche?
¿Realmente sintió algo de deseo? Seguramente lo hizo a la fuerza.
Fue ahí que abrió sus ojos y me pilló viéndole de tan de cerca.
-¿Qué haces aquí?
Preguntó algo atontado.
-Yo, bueno, desperté pronto y solo, pasé un momento por tu cuarto.
-No había necesidad de hacerlo este...
-¿Ni siquiera sabes mi nombre? Y yo, sé tantas cosas de ti James.
Me llamo Einge.
Rápido tapé mi boca sabiendo que me fui de la lengua, no debía faltarle el respeto al príncipe, aunque fuera mi futuro esposo.
-Einge, está bien.
Me dijo poniéndose en pie, era bastante más alto que yo y hasta parecía imponente por su mirada.
-Desde ahora, debes tener bien claro que serás mi esposa y harás lo que ordene.
Tú, duermes en tu cuarto y yo, en el mío, si tienes que salir por lo que sea, sales sin más y no te paras a verme dormir, eso es perturbador.
¿Entendido?
-Entendido.
Dije en un tono con el que se me notaba la molestia, ni siquiera podía contener mi carácter frente al príncipe.
-Bien, ahora me marcharé a mi entrenamiento, ni se te ocurra hurgar en mi habitación o me enfadaré seriamente.
Ya no le di ninguna respuesta y él, se marchó de allí dejándome sola.
Regresé a mi pequeño cuarto hasta que la maestra vino para comprobar que lo de aquella noche había ocurrido.
Fue algo vergonzoso, pero, en fin, se supone que era lo normal en esta vida.
Al rato, me trajo prendas nuevas que debería usar de ahora en adelante, todos eran vestidos preciosos, hasta había lencería bonita, muy diferente a la básica que siempre había usado.
Quizás, era una tontería, después de todo, al príncipe le daba igual qué tipo de ropa o cuerpo tuviera.
Creo que simplemente me había elegido al azar.
Quería llorar, nadie sabe cuánto, lo necesitaba con toda mi alma
Aunque, al final, no lo hice, debía tratar de sacar mi lado luminoso, como cuando cantaba siendo una simple niña, a la maestra no le gustaba que lo hiciera, pero, ahora quería tener la libertad de hacerlo, me daba igual, que no fuera algo propio de una futura reina.
Estuve cantando por largo rato, así me la pasé cada una de mis mañanas solitarias, toda esa semana, esperando a que el príncipe llegara a darse un baño. Cuando sentía que era su hora de llegada, dejaba de cantar y esperaba a escucharle entrar al baño y, después, ir a tomar el desayuno.
No me había buscado en ningún momento, no me había hablado, ni siquiera para pedirme hacer lo que fuera, solo nos veíamos a la hora de desayunar, comer y cenar.
Pensé que mi día a día seguiría igual de aburrido hasta que, él abrió la puerta de mi habitación de golpe, ni siquiera le había escuchado entrar y justo, estaba cantando.
¿Se habría enfadado?
Me miraba serio, más que la otra vez, tomándome después de la muñeca para sacarme de allí.
-James, ¿qué sucede? ¿A dónde me llevas?
-Vámonos a disfrutar de la mañana, estoy harto de todo.
Eso sí que no lo esperé, la primera vez que él trataba de estar conmigo, ¿por qué tan de repente?
Los guardias en la entrada no le dejarían salir, así que, fue hasta un gran árbol trepando fácilmente.
-¿Qué pasa? ¿No puedes seguirme?
-Discúlpame, no tengo habilidades de mono como tú.
Respondí un tanto molesta, pensé que él se molestaría por mis palabras, pero para nada fue así, bajando para tomarme con uno de sus brazos sin ningún esfuerzo, era lo bueno de ser bastante delgada, y, aún con agilidad, pudo subir a ese árbol, logrando llegar bastante arriba mientras que me amarraba fuerte a él para no caer, llegando hasta el muro que separa el palacio del mundo exterior.
Y al fin, al fin éramos libres, la primera vez que ponía un pie fuera de ese reino, deseaba huir lejos ahora que tenía una pequeña oportunidad, pero, James, de nuevo, tomándome de la muñeca, llevándome por una estrecha calle vacía y vieja, caminando por más callejuelas, tratando de no ser vistos hasta llegar a un precioso prado lleno de flores y algunos árboles.
Allí, se tumbó sobre la hierba mirando al cielo azul, pidiéndome que me sentara cerca.
-James, ¿por qué estamos aquí?
¿Escaparás?
-Eso es lo que tanto deseas ¿Verdad?
Y me llevé una sorpresa, mirando un poco hacia un lado.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque, es lo que tus canciones imploran siempre, libertad.
Con sorpresa tapé mi boca, a caso ¿Me había estado escuchando todos estos días?
-La mañana, tras conocernos, llegué a mi habitación antes de tiempo y me quedé escuchándote en silencio, y, lo he estado haciendo todos estos días.
-¡Aaah maldito!
Y yo ni siquiera me di cuenta, luego fingías llegar metiendo ruido
James se echó una carcajada, para después incorporarse y acariciar mi rostro, eso hizo que me pusiera un poco tensa porque no sabía qué pasaría después.
-No te preocupes anda.
Y se puso en pie estirándose con los brazos en lo alto.
-Me gusta escucharte cantar, siento, que no estoy tan solo en ese palacio, que hay alguien que se siente igual que yo.
-¿No te gusta ser el príncipe?
Y ahí me miró al fin, poniéndose de cuclillas para estar a mi altura.
-Yo solo quiero ser un alma libre, odio estar bajo unas frías reglas que no van conmigo.
Y regresó a acariciar mi rostro.
Jamás llegaría a pensar que él pudiera tener esos pensamientos, creía que solo era una marioneta sin alma que estaba ahí porque sus padres lo tuvieron, sin ningún propósito más que el de ser el futuro rey.
Desde ese día, comenzamos a conocernos más, aquel joven de casi diecinueve años, un chico que ocultaba un lado extrovertido, a veces siendo algo coqueto, le gustaba cuidar su físico, además, era alguien con verdadero talento para las batallas, aunque realmente no deseara jamás entrar en combate, y aunque la paz que dominaba ese mundo aún no se marchaba, nunca sabrías qué depararía el futuro, el ser humano podía llegar a ser realmente ambicioso.
Pero, James, era todo lo contrario a lo que imaginé.
Sensible, pero fuerte, podrías pensar que era serio, pero eso era cuando no te habías adentrado en su mágico mundo, su alma era alegre y positiva, como una llama siempre ardiendo.
Me hacía de reír, sentía que mi corazón cada vez se aceleraba más y más, como si fuera sacudido constantemente, más al ver sus ojos cálidos mirarme de pronto por largos momentos.
¿Qué pensaba de mí?
¿Qué opinaba de mi corazón?
Nunca me había dicho, te amo, tampoco es que lo esperara ya que, habíamos estado obligados a estar juntos, él me eligió, sin amarme, sin conocer a mi alma.
Yo, debía quedarme a su lado para siempre, pero, ahora, no era una obligación, realmente, quería estar a su lado, por siempre ser su amante, aunque no me buscara en la noche, aún sin haber recibido un solo beso.
Me gustaba cantarle, animarle cuando los días eran duros con él, cuando sus padres se ponían estrictos, los momentos en los que las obligaciones de un futuro rey eran estresantes.
Quería que mi voz subiera la alegría de su corazón, incluso, tenía grabada la tarde en la que me mostró su manera de bailar, allí, en ese bello prado a donde escapabamos tantas veces.
-¿Qué piensas?
Y me eché un poco atrás esperando no sonrojarme al tener su rostro tan cerca del mío.
-Bueno, ajajaaja.
Reía como una tonta, hoy se había echado uno de sus caros perfumes y me estaba embriagando, amaba su aroma.
-Me gustaría, que pudiéramos ser todavía más libres.
Siempre acabamos en el prado, pero, no podemos pasear por el pueblo como personas comunes.
¿No te gustaría sentirte así?
James, se recostó cómodamente en su sofá, con sus brazos tras su cabeza y me respondió aquello.
-No sabes cómo me gustaría ser alguien común, ir de compras por el pueblo, sin la necesidad de ser perseguido por tantos guardias, beber en alguna taberna y que no me miren raro, hacer uno de mis bailes con total libertad.
Tuve que ponerme en pie lo que le sacó de su cómoda postura.
-¿Einge?
-Vámonos James, disfrutemos una tarde, vamos disfrazados y vivamos la juventud que aún tenemos.
Pensé que se echaría a reír, que simplemente me calmaría, que todo sería como una simple broma, pero, no.
Y ahí estaba él, sacando unas cuantas prendas de su armario, un par de capas para que ambos nos ocultáramos del resto y ropas comunes.
-James, ¿de verdad nos escaparemos?
-Lo vamos a hacer Einge.
Tú, y yo.
Mi corazón de nuevo siendo sacudido.
Ver su atractiva sonrisa sincera, llena de luz, de verdad, ¿querías escapar a mi lado?
Y su risa al verme vestida con ropas de hombre, me parecía tan adictiva.
-¡Oye! No te burles de mí.
Su mano tomó la mía.
-Anda, vámonos ya.
Cada vez que me tomaba para escapar por ese árbol, me sentía tan protegida en sus fuertes brazos.
Por favor, nunca me sueltes, me gustaría decirte que estoy tan enamorada de ti.
Quisiera irme contigo hasta el fin del mundo.
Caminar entre la multitud, ver tiendas, los puestos de comida, contigo no tenía vergüenza al llenarme la boca y comer hasta reventar, no necesitaba fingir las maneras ni ser una señorita, nunca te importó nada de eso, junto a ti, podía ser tan natural, mi verdadera esencia.
Incluso se me escapó un pequeño eructo y avergonzada tapé mi boca, tú solo sonreíste y me llevaste de la mano para comer más cosas deliciosas.
No necesitas gastar dinero en mí, aunque, parece que eso te gustaba, en verdad...
Quisiera saber qué hay en tu corazón.
Incluso me compraste un bonito colgante con una amatista preciosa.
Qué cálido se siente estar a tu lado.
Acabar en una taberna bebiendo algo, nunca había probado el alcohol y me tomé una jarra de cerveza de golpe, eso pareció llamar su atención e hizo lo mismo, después, otra más, hasta parecía que estábamos compitiendo y algo idos, nos reíamos un montón.
Ya hasta se me escapaban algunas tonterías, no podía evitarlo.
Tuvimos que descansar por una hora hasta que se nos pasara un poco la pequeña borrachera.
Las mujeres que había en esa taberna, iban y venían sirviendo a los clientes, todas eran muy bonitas, vistiendo con ropas reveladoras, voluptuosas, con bellos rostros.
Tenía el apuro de que él tuviera el mismo toque simple de la mayoría de hombres, que se fijara en la belleza de alguna, aunque, en todo momento me había estado viendo.
Me preguntaba a cada rato, por qué me escogió.
De todas las seleccionadas aquel día, yo era la más bajita, con el cuerpo más delgado, aunque sí era bonita, no era la típica mujer de aspecto provocante que seduce a los hombres con su apariencia.
Era más del tipo delicado y frágil.
Un poco mareada aún, fui a buscar el baño del lugar, y antes de salir, me quedé viéndome en el espejo.
¿Qué pensaría James de mi carita?
¿Seré su tipo ideal?
Abrí la puerta del baño y de andar todavía atontada, me choqué con un hombre que iba acompañado por dos tipos más, todos con pintas de rudos.
Con el golpe, se derramó la jarra que llevaba en la mano y pareció enfurecerse mucho.
-Lo-lo siento mucho.
Le dije asustada al ver su fiera mirada y, después, pensando que lo dejaría pasar, queriendo alejarme de una vez, me tomó sin ningún esfuerzo del cuello de mi ropa
-¿Nada más que esa mierda de disculpa?
Eh, espera, pero si solo es una pequeña jovencita vestida de hombre.
-Y no está nada mal, mejor debería quitarse esas prendas tan poco femeninas, un buen escote le haría lucir más deseable.
Añadió su compañero más barbudo, eso me puso de muy mal humor, y a pesar del miedo que sentía, frunciendo mi ceño, le lancé un escupitajo y, después, de una patada en la entrepierna, logré que el que me tenía presa me soltara llevando sus manos a ese lugar dolorido.
Pensé que ahora todo estaría perdido, más porque el tercero, un señor barrigudo y poco agraciado, logró tomarme agarrándome de la capa para que no pudiera escapar, pero, James, apareció para salvarme, dándole un tremendo puñetazo en la boca del estómago logrando al fin alejarme de ellos.
No quería que James se viera involucrado en esto, no quería que sufriera daños solo por protegerme, pero, él lo hizo, sin más ayuda, pelear contra esos tres brutos con tanta maestría, y, aún así, recibió varios golpes, y a cada uno, se me escapaba un pequeño grito, pidiendo que se detuvieran, que por favor, no le hicieran más daño y, aún habiendo acabado con ellos, dejándolos doloridos en el suelo pero conscientes, la voz se había corrido demasiado pronto, esa pelea había llamado tanto la atención, que hasta los guardias que se habían percatado de la desaparición de James, habían logrado dar con nosotros, llevándonos a palacio, y, a pesar de estar lleno de heridas, su padre le gritó tantas veces, como si fuera un simple rebelde, un mal hijo, cargando con toda la culpa de lo sucedido y después, siendo obligado a quedarse en su habitación sin poder salir por una semana.
Esa tarde, la luz del atardecer nos iluminaba, con lágrimas contenidas, curaba cada una de sus heridas mientras que, él reposaba en su cama.
Y cuando llegué a la que tenía en su mejilla, su cálida mano tomó la mía.
-Oye, no quiero que llores ¿Vale?
Y al fin me aparté, dándome la vuelta, no quería que me viera echar esas lágrimas, aunque, él sabía perfectamente que ya no me había podido aguantar y se incorporó, enseguida me di media vuelta para tratar de que volviera a tumbarse.
-Tranquila eh, ya me siento mejor, solo que, no me gusta verte así...
-James, ahora estás herido por mi culpa, lo he mandado todo al carajo, ¿cómo quieres que deje de llorar? Estropeé este magnífico día.
James, acabó sentado en la cama, posando sus manos en mis delgados hombros, haciendo que pudiera levantar la mirada, mirando ahora sus profundos ojos ámbar, y, con una de sus sonrisas, secó mis lágrimas con sus pulgares.
-No sabes qué feliz he sido el día de hoy.
No me importa el cómo ha acabado todo, lo importante es cómo me he sentido todo el tiempo.
Además.
Dijo echando una pequeña carcajada.
-No veas qué dolor sentí con el golpe que le diste a ese bruto.
Ahí inflé mis mofletes un tanto sonrojada.
-¿Qué esperabas que hiciera?
No soy buena peleando, más bien, no tengo ni idea y soy bastante floja.
Y su mano, se posó ahora sobre mi cabello.
-Me gustaría enseñarte un poco de defensa personal, aunque esas patadas tampoco están tan mal, sería mejor que pudieras saber defenderte de otras maneras.
Volví a sonrojarme, no esperé que él quisiera hacer algo así, imaginar que me enseñaba a luchar, me ponía nerviosa y emocionada al mismo tiempo, y aunque, eso no era típico de una futura reina, a mí me hacía ilusión, por eso, en su habitación, toda esa semana, estuvo tratando de enseñarme lo básico, lo bueno de que fuera un cuarto amplio, es que podíamos practicar fácilmente.
Y cuando acabó su confinamiento, en el gimnasio o los jardines, cada tarde nos dedicábamos a ello.
Al principio, mi estómago se llenaba de mariposas por hacer cosas juntos, cuando me tocaba tratando de que colocara bien mis brazos, o corrigiera mi postura, poco a poco tuve que acostumbrarme a ello, y aunque no era bastante buena, ya sabía trucos por si un día me topaba con un acosador, o también para poder defenderme en caso de amenaza.
Fue ese día, en el que nos emocionamos demasiado, que incluso bajo la lluvia practicamos. Ya había llovido toda la mañana, pero hacía bastante calor y queríamos sentir la lluvia para refrescarnos, acabé resbalando con uno de los charcos al tratar de realizar uno de los movimientos, es por eso que me llené de suciedad, todo mi cabello, mi cuerpo entero.
-¿Te hiciste daño?
Me preguntó al tomarme.
-No te preocupes, estoy bien, pero, aaah, me ensucié toda James.
Y este sonrió, limpiándome con su ropa el barro que había en mi rostro.
-Anda, ve a darte un baño, mientras tanto, creo que haré algo de ejercicio en el gimnasio, ayer no hice nada y necesito descargar un poco.
Y ya en el baño, me quité toda mi ropa para más tarde echarla a lavar, el agua caliente llenó la bañera y me relajé por una media hora tras quitarme toda la suciedad de encima.
Al salir, quise tomar la toalla, pero había olvidado, que antes del entrenamiento, la había echado a lavar ya que había lavado mi largo cabello y quedó empapada.
Recordé que James guardaba algunas pequeñas toallas en un armario cerca de su cama, y como todavía andaría en el gimnasio, salí con total libertad completamente desnuda, sin tan siquiera imaginarme, que él estaría allí mismo, sentado en la cama, completamente sudado, sin nada de ropa en la parte superior.
Un grito se me escapó llena de pudor y él, en vez de voltearse, se puso en pie, yendo a mí, sintiéndome acorralada, acabando entre sus brazos, llegándome un ligero aroma a su perfume y también, a su piel transpirada, era un aroma agradable que me estaba dejando completamente acabada, sin ninguna otra opción que la de dejarme tomar, sostenida como un peso pluma, tan indefensa, para acabar sobre su cama, sintiendo el tacto de sus manos acariciar cada parte de mi cuerpo.
-James.
Dije su nombre casi muerta en delirios.
Su boca se dirigió a mis labios y ya no pude hacerle esa pregunta.
¿Por qué estaba amando mi cuerpo con la yema de sus dedos?
¿Desde cuándo llevabas enamorado de mí?
¿Era solo deseo carnal?
-No podía concentrarme en mis ejercicios porque solo pensaba en ti.
Terminó por revelar, mirándome tan penetrantemente a los ojos, casi devorándome con los suyos.
-¿Por qué James? ¿Por qué?
¿Soy bonita para ti?
Pregunté con un suave tono de voz, casi al punto de jadear por sentirle tan pegado a mí.
-Eres perfecta.
Y sus labios regresaron a los míos, rodeándole segura con mis bracitos, recibiendo sus besos como si implorara que nunca escapara de ellos hasta que lo hizo, yendo hasta mi oído.
-No sabes de qué manera me he enamorado de ti, y en tan poco tiempo, estoy tan loco ahora que ya no puedo más.
¿En tan poco tiempo?
¿Desde cuándo llevaba amándome?
Acaso... ¿Él se enamoró antes de mí que yo de él?
Me preguntaba mientras mordisqueaba mi cuello, con una de sus manos en ese lugar, ya no podía reprimir más lo mucho que le necesitaba.
Y, me dejé hacer de todo, a diferencia de nuestra primera noche, una noche vacía donde no conocíamos a nuestro corazón, una noche donde el alma no se dejó ver.
Ahora parecía querer poseer cada parte de mí con sus manos que acariciaban, tomaban, mientras que con mi voz le imploraba tenerme más y más.
Cómo te gustaba escuchar mi voz, acaso ¿Fue mi voz la que hizo que te enamoraras de mí?
La que te ayudó a ver mi interior, la que te mostró todo lo que era, con la que aprendiste a apreciar el resto de lo que portaba.
Ahora, mi apariencia era mucho más bella para tus ojos, como dijiste, era perfecta, con tan solo el tacto de tus manos, sosteniendo las mías para que nunca más pudiera escapar, tu aliento caliente cerca de mi boca, era mucho más que suficiente para entender el lenguaje de tu corazón.
Tus ojos sobre los míos, me veías, atrapado en mí, no te detengas y hazme gritar, sabes que no soy ese tipo de mujer que otros buscarían, soy todo lo que necesitas para sentir que tienes alas.
Y cuando acabamos, te quedaste sobre mi pecho, reposando, como un pequeño niño.
No te separaste de mí por casi una hora.
¿Ser el futuro rey?, quizás no era lo que habrías deseado, pero, estando a mi lado, tu mundo se liberó de esas barreras que te apresaban.
Quizás algún día, podamos ser aún más libres, pero, teniéndonos el uno al otro, la vida es mucho más llevadera y la sonrisa de nuestro rostro siempre es sincera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario