viernes, 27 de octubre de 2023

De corazón a corazón, pokecuento gardevoir

 De corazón a corazón.


Una sensación palpitante en todo mi cuerpo, esto ya lo había sentido varias veces, cada día, tiempo después de que comencé a trabajar en este gimnasio, mi gimnasio.

Incluso, me había hecho revisiones muy a menudo y, nada, estaba completamente saludable, mejor que nunca.

—Aaah.

Gemí sintiendo arder mi pecho, no dolía, para nada, era, una sensación, tan agradable, profunda y hasta, parecía desear algo que jamás voy a entender, y fue ahí, cuando al fin me volteé, dejando de lado lo que estaba haciendo, clavando mis ojos hacia esas grandes ventanas que dejaban ver a cualquiera que pasara por allí, todo el interior de mi gimnasio, solo, solo para ver esos ojos rojos, como rubíes, tan grandes y bonitos, como si alguna vez, antes, no sé cuándo, los hubiera visto demasiadas veces.

Una gardevoir de extraños colores, me estaba mirando tan fijamente, como si no existiera nadie más en el mundo más que yo.

Logrando al fin apartar esa conexión de miradas, corriendo hacia la entrada, lanzándose a mí, a mi pecho, de la nada, como si tuviéramos la mayor confianza del mundo.

—Qué feliz estoy de sentir tu cálido pecho James.

Fue lo que ella dijo, con una aniñada voz, dulce y adorable.

Pero, unos recuerdos me invadieron por completo, quedándome casi en trance.

—Entonces, cuando haya sanado tu corazón, yo seré al fin una entrenadora Pokémon, tendré una gardevoir y tú, ¿te harás con un infernape James?

—Así será Victoria, y además, por fin podré abrir mi gimnasio, y, entrenaremos juntos, y tú, estarás invitada siempre.

—Venga ya James, tengo dinero de sobra, pagaré por ir a tu gimnasio.

Y su risa, esa risa que ella tenía tan alocada, con su voz no tan aguda, llenó toda esa habitación, esa habitación en la que me encontraba postrado en una cama desde hacía varios meses.

Victoria…

Por eso, volví de mi trance, apartando a esa gardevoir de mí, que seguía pegada a mis pectorales como si nada.

—¿Cómo sabes mi nombre?

Y ella, echó un poco su mirada a un lado, como nerviosa por darme esa respuesta.

—Bueno…

Yo, jeje, pues llevo observándote mucho tiempo, así, supe cuál es tu nombre baby.

¿Puedes ser mi entrenador?

—¿Qué?

¿Y esa pregunta que me hacía de la nada?

Estaba por contestarle que no un poco molesto, pero mi mejor amigo, y ayudante en mi gimnasio, apareció de la nada dándome unas tremendas palmadas en la espalda.

Menos mal que estoy fuerte del entrenamiento físico, que si no, me parte por dentro.

—Enris, eres un bruto eh.

Y este, con su risilla cargada de chulería, trató de calmarme con su anda, anda de siempre.

—Ains, así que, al fin te decidiste a entrar al gimnasio de mi colega.

—Espera eh, ¿la conoces?

Y Enris se acercó a ella para mirarla más de cerca, cosa que no pareció incomodarle.

—Junmm, ahora que te veo de cerca, tu rostro se me hace un tanto familiar, pero, no sé de qué.

De una vez, ella mostró que sus mejillas podían sonrojarse y se tapó la cara con sus manos blancas.

Tenía las uñas largas y arregladas, en sí, toda su apariencia se veía delicada y se notaba que estaba cuidada, y, mirándola así, tan detenidamente, fue que Enris y yo, nos percatamos de que tenía una herida en su pierna izquierda, así que, destapandole el rostro, la tomé de la mano e hice que se sentara al fondo del gimnasio, mientras que Enris, iba a por el botiquín para así, curar esa herida.

—¿No me vais a decir nada?

Dije mientras ponía el ungüento, la piel de esa gardevoir, me resultó demasiado suave y eso me llamó la atención.

—Ajaja, pensé que ya te habías dado cuenta y que simplemente lo habías ignorado.

—Enris, no entiendo un carajo.

¿De qué tendría que haberme dado cuenta?

Seguí preguntando mientras que, este, me pasaba unas vendas ahora.

—Pues de que esta gardevoir te ha estado observando desde hace muchos años.

Hará como 7 si mal no recuerdo, fue que me di cuenta que una kirlia, absolutamente, cada día, venía a observarte por largo rato, y cierto día, sin más, ya había evolucionado en gardevoir, y, siguió haciéndolo, lo que no entiendo, es, ¿por qué?

¿Por qué espías tanto a mi coleguilla?

Eh pillina, ¿te has enamorado?

Y esa gardevoir, volteó su rostro para ocultarlo, nuevamente.

—Aaaah, eso no lo digo.

Simplemente, es que, yo, quería pedirle desde hace mucho que fuera mi entrenador, pero, pues no tenía el valor para hacerlo.

Me incorporé habiendo terminado de curar esa herida, algo serio, pero, queriendo ser amable con ella.

—No tengo pensamientos de ser entrenador Pokemon, lo siento mucho, eeeh, no sé tu nombre aún.

—Anyelik, me llamo Anyelik.

—Pues, entiéndeme Anyelik, ser entrenador, es algo que jamás se me pasaría por la mente.

Y sentí que era un gran mentiroso tras soltar esas palabras.

Recordando la ganas que había tenido de serlo el tiempo que viví junto a, ella.

Pero, después de que se marchara para siempre, dañándome así, renuncié por completo a ello, aún, no la puedo perdonar.

¿Cómo iba a aceptar a esta gardevoir de pronto?

Para colmo, siendo el Pokémon que a ella más le gustaba.

Sería absurdo.

No imaginé, la carita de tristeza que ella me pondría en esos momentos, tanto dolor reflejaba en su mirada, que, os juro que mi pecho dolió, un dolor extraño, que no venía de este corazón físico, si no, de algo más, dolía, pero, no sentía que fuera ese maldito órgano que está en mi interior.

Y, esto ya me había pasado antes, por eso me había hecho tantas revisiones y nunca me sacaban nada.

Aquella gardevoir llamada Anyelik, se teletransportó en ese mismo instante, escapando de allí, quedándome con un último recuerdo de sus ojos cristalinos a punto de romper en llanto.

—Aaaains, serás rompecorazones James.

Gruñó mi amigo cómo decepcionado.

—¿Cómo decirle que no a una gardevoir tan bella?

—Serás pervertido Enris.

Siempre igual, pierdes la cabeza cuando ves a chicas bonitas, aunque sean Pokemon.

Y este se rió por todo lo alto.

Enris, en verdad, era un gran amigo, el único que sabía de mi triste pasado.

Al fin, había abierto el gimnasio de mis sueños al estar saludable, había entrenado mucho mi cuerpo como siempre quise.

Tenía facilidad para formar mi cuerpo, siempre fui ágil como un infernape real.

Pero, caí muy enfermo del corazón a los 13 años, parecía que me quedaría poco tiempo de vida y que mis sueños se irían todos por la borda.

Me había esforzado, tanto tanto, trabajando desde los 10 en una gran mansión, reuniendo todo el dinero necesario ya que, mis padres, eran de una familia muy humilde y estaban muy mayores, pues, me tuvieron cuando mi madre ya estaba cerca de los 50 años.

En esa mansión en donde me quedé a vivir en un viejo cuarto, fue en donde la conocí a ella, a la malvada Victoria.

La chica que más amé en mi vida.

Dos años mayor que yo, cosa con la que a menudo bromeábamos.

La hija de esa mujer horrible, mujer manipuladora que me usaba como le daba la gana a pesar de que yo era tan solo un crío.

Pero, Victoria, era mi refugio, para que, a mis 14 años, ella, me dejara completamente solo.

Pero, rehice mi vida, no pude ser entrenador porque esos recuerdos me ponían mal, pero, sí cumplí mi gran sueño de llevar mi propio gimnasio y, cuando mi cuerpo estuvo fuerte, tan solo dos años después, con esfuerzo y trabajando de aquí para allá en otros lugares, ya me veis.

Si hasta me saqué la licencia de conducir, cosa que siempre deseé.

Correr con mi coche por el campo era apasionante, me desfogaba de mis oscuros recuerdos así.

Al poco de comenzar con el gimnasio, busqué un ayudante y Enris, me dio la total confianza, a pesar de ser un don Juan, es alguien sumamente importante para mí.

No podía dejar de mirarle con una pequeña sonrisa, agradecido por conocerlo y nunca dejarme solo, pues, mis padres, por la edad, se marcharon también.

Ese Enris, ahora le estaba dando ánimos a un par de chicas jóvenes que venían cada tarde a ponerse en forma.

Ya le vale, les sacará 10 años el capullo.

Menos mal, que aunque sea un don Juan, nunca jamás, sería de esos babosos acosadores.

Aunque, ya me ha contado, que con alguna de las chicas que vienen a entrenar, ha tenido una buena noche.

Qué travieso es.

Bueno, hace bien en aprovechar su buena apariencia y juventud, aún tiene 30 años, es súper alto, hasta más que yo, el tío mide casi dos metros, de cabello rubio algo oscuro, muy corto, y peinado un poco hacia arriba. Sus ojos son de un marrón cálido y bonito.

Es guapo, aunque, yo también lo soy, para qué lo vamos a negar.

Ya son varias veces las que han tratado de tener algo conmigo las chicas que vienen a mi gimnasio.

No sé si es que seré un tío raro o no, pero, es que, simplemente, no puedo.

Una vez, hace unos años, traté de tener algo con una de ellas, incluso nos acostamos varias veces y todo pero, lo sentí tan vacío, que tuve que ser sincero con ella para no hacerle daño después.

Y sí, no he podido enamorarme de nadie más desde que Victoria me dejó.

Ya tengo 27 años y, nada, el amor no llega a mí, creo, que eso no puede existir.

Y tras terminar sobre las 8 y media, tras una buena ducha, me quedé mirándome en el espejo completamente desnudo.

Mi cabello albino, no demasiado corto, tampoco me llegaba hasta los hombros.

Mis ojos vibrantes de un tono ocre amarillento, mirada atractiva, más por mis cejas marcadas.

Un buen cuerpo atlético y marcado, y, esa cicatriz en mi pecho.

Me tapé con mi mano mirando hacia un lado, sintiéndome como la mierda y odiando verme desnudo precisamente por eso.

Si no hubiera sido por Enris, dándome en todo el trasero con la toalla, me hubiera puesto a llorar os lo juro.

—Oye oye guaperas, ¿no estarás reprimiendo cosas?

Debes admirarte en el espejo más y dejarte de tonterías.

¿Vas a desperdiciar esa visión maravillosa?

Aprovecha que eres muy joven aún y estás buenísimo, junmm, es que, hasta me da un poco de envidia del tamaño de, mejor me callo porque voy a parecer un degenerado.

Pude salir de mis decadentes pensamientos gracias a los comentarios del travieso este de Enris.

—¿El tamaño de qué?

¿Me estabas mirando ahí depravado?

Ya hasta voy a pensar que eres bisexual o algo joder, desde ahora me ducharé primero y ya, luego tú, no me fío de ti Enris.

Cómo se reía el capullo por todo lo alto.

Será posible.

—Aajjajaa, nunca podría pensar en un hombre habiendo tantas bellezas en el mundo.

Solo estoy siendo sincero.

Joder, mira que yo también estoy bien dotado, pero, joder tronco, no desperdicies tu tiempo y goza un poco 

Si quieres, te enseño a cómo usar magistralmente tu herramienta.

Y le di un porrazo de los grandes para que se callara.

—Que te lo has creído, no estaré de cama en cama cada semana, pero sé perfectamente cómo dar placer.

Soy bueno sin necesidad de estar todo el rato dale que te pego.

Y le dejé ahí mientras me reía, Enris se retorcía un poco de mi golpe pero también se estaba partiendo el culo.

Después, me fui hasta mi casa, esta no estaba demasiado lejos, a 5 minutos nada más.

Un pequeño pisito viejo pero acogedor.

En la última planta, para admirar todo el cielo nocturno en las noches.

Me tomé una buena cena y, como cada noche, antes de acostarme, a veces, en vez de verme una buena serie, me ponía a mirar por el balcón todo el firmamento.

Estaba atontado viendo el brillo intenso de una estrella cuando, un suave aroma como a dulces, me llegó con la brisilla que corría a mi alrededor.

Miré a mi derecha y, casi me caigo del susto.

¡Esa gardevoir estaba allí!, vestida con una ligera bata blanca demasiado sensual, ajustada a su pequeña cintura, mirándome con una sonrisa.

—¡Anyelik!

¡¿Cómo demonios has llegado hasta mi balcón?!

—Jiji, una vez te seguí sin que te dieras cuenta hasta la entrada de tu piso.

Y, jeje, pues al rato, curioseando, desde abajo, te acabé viendo asomado por este balcón en una noche igual a esta.

Algo asustado me aparté lo más que pude hasta quedarme contra la pared que separaba mi balcón de el del vecino.

—¿Eres una acosadora o qué?

Pregunté algo asustado mientras que ella se acercaba más y más, acabando por abrazarse a mí como en la tarde.

Oh por dios, olía demasiado bien.

De nuevo, mi corazón sintiéndose tan extraño, me va a dar algo.

Esta gardevoir es un peligro.

—James.

Dijo ahora, joder, mirándome, separándose un poco de mí, para alzar sus ojos y penetrarlos en los míos.

—¿Puedo pasar la noche contigo?

¡¿Qué demonios?!

—Anyelik, ¿qué estás insinuando con esto?

¿Quieres abusar de mí o algo con tus poderes psíquicos cuando esté dormido?

—Joooo, nooo.

James, yo no soy así.

¿Cómo voy a atarte a la cama?

Jamás te haría algo que tú no quisieras.

Ahí sí que me asusté pero, de verdad de la buena.

—¿Atarme a la cama?

Eso no te ha venido de pronto, ¿verdad?

Pero, los ojos de esa gardevoir, volvieron a cristalizarse dejándome al fin ver un montón de lágrimas desconsoladas.

—Oye, yo, es que.

Aaah, Anyelik, no soy como tú piensas, no podría hacer de esas cosas que tú quieres, si no estoy enamorado, simplemente no podría.

—James, no estoy llorando por eso.

Dijo de una vez, atravesando mi mente con sus rubíes que seguían descargando ese llanto tan doloroso, que, en mi corazón, otra vez, me estaban dando de esos pinchazos que no entendía.

—Solo, estoy demasiado triste y sola James, no quiero estar sola en mi casa, quiero, estar contigo.

No me importa si por ahora no quieres ser mi entrenador.

Solo, es que, me siento segura cuando te veo.

No quiero hacerte nada, ni tan siquiera te besaría aunque, me gustaría.

Nunca, James, solo déjame quedarme protegida entre tus brazos esta noche para dormir tranquila.

Solo necesito dormir.

Al final me rendí, parecía totalmente sincera, ese dolor en su mirada era tan real.

Y, ciertamente, sí quería saber ahora qué pasaba en su vida para estar así.

Pero, aún no había ninguna confianza para preguntar.

—Ains, está bien, quédate esta noche, pero, solo por hoy ¿Eh?

El abrazo casi peligroso que ahora recibí, casi me deja sin vida.

Ese pico rojo que tenía, debía tener cuidado.

Uff, pero, esos pinchazos de corazón, al fin se habían marchado y, ¿saben qué más?

Aaah, como imaginé, hacer que Anyelik se quedara tan solo una noche, fue algo que simplemente, a ver cómo os lo explico.

Bien, os contaré todo.

Esa noche, Anyelik se puso a saltar sobre mi cama, tan feliz, como una chiquilla.

Cuando pude lograr que se calmara, la hice de caer para que de una vez se tumbara y así poder dormir.

Y sí, tuvo que rodearme por la espalda sin ningún pudor pero, se quedó dormidita en pocos minutos y, yo, extrañamente, teniendo a una desconocida al lado, me dormí como si nada al poco, porque, la extraña calidez que sentía me dejó tan calmado, como una paz que había anhelado por mucho tiempo.

Y bueno, para qué contar lo que me encontré al día siguiente.

Desperté y me incorporé enseguida para comprobar si ella seguía ahí.

Aaaains, no sé cómo es que me sonrojé por aquello.

Su pequeña bata se le había abierto al dormir y, pude ver todo su cuerpo en lencería blanca.

Aaah no, era hermosa y deseable.

Tenía el cuerpo más atractivo ante mis ojos pero, tuve que tomar esa prenda para taparla cuidadosamente sin que se despertara.

Esa lencería se veía realmente costosa.

Al igual que la bata.

Sus uñas muy bien cuidadas, al igual que su piel.

Se veía demasiado joven, muchísimo más que yo.

Su cabello, era más azulado, y, al rozarlo por unos momentos, me di cuenta, que era igual de suave que su piel, recordando cuando pude curar su pierna.

¿Qué demonios había tras ella?

¿Por qué una gardevoir que se veía tan bien cuidada, estaba herida? Y, además, se sentía tan sola y triste.

Y sí, al poco despertó, desayunamos juntos, hablamos de unas pocas cosas con una libertad que me sorprendió bastante, aunque, no me dijo nada en sí de su situación.

Después, se marchó de mi casa y yo, me puse a pensar en todo para, a la tarde, ir a mi gimnasio.

Y, ya sabéis, en la noche, ella regresó con el mismo cuento.

Y así, noche tras noche.

Ya, me había acostumbrado a esperarla en el balcón tras venir del trabajo.

Hasta, había veces que cenábamos juntos, reíamos un montón, veíamos de las series que me gustaban en el ordenador y, después, a dormir.

Así por un mes.

Y, por supuesto, no nos olvidemos, que siempre, siempre, aparecía con ropas sugerentes.

No en ropa interior como tal, siempre iba tapada con algún tipo de bata, a veces traía alguna que ya conocía, pero, todas, se veían como lencería de lujo.

Y, en las mañanas, encontrarme su cuerpo al descubierto mientras seguía dormida y yo, a taparlo porque, os juro, que algo raro me estaba pasando pues yo, me volvía completamente loco al verla así.

No solo eso, cuando me sonreía, era lo que más me gustaba, cuando su cuerpo estaba tras mi espalda en esa cama.

Cuando tomaba alguna de mis manos, y, cuando apoyaba su cabecita en mi pecho.

—Anyelik.

Le dije hoy más que serio mientras tomábamos una pizza que había pedido a domicilio, esa era su comida preferida.

—Creo que ya va siendo hora de que nos sinceremos un poco más el uno con el otro.

—¿A qué te refieres James?

—Lo sabes bien, todavía no me has hablado absolutamente de nada sobre tu vida.

Solo sé, que tienes 14 años y, nada más.

Me cuentas tantas cosas bonitas, cosas divertidas, me haces de reír todo el tiempo, pero, eso que te duele, jamás.

Los ojos de Anyelik, volvieron a mirarme como aquella vez que nos encontramos en mi balcón, la primera noche juntos.

Separándome de la mesa con sus poderes psíquicos, aunque, para nada bruscamente.

Yendo a mí para, posar su mano, sobre mi corazón.

Casi me da un vuelco.

—Acaso, ¿tú has sido sincero conmigo también?

Y se separó de mí tomando ahora su propio corazón, con sus manitas, como si le doliera demasiado.

Los pinchazos regresaron y ya estaba harto de esa sensación dolorosa.

—Es como si, me estuvieras también ocultando algo de ti.

James, yo, puedo sentirlo todo.

No es por mis picos rojos, no.

Lo siento, en mi propio corazón.

Me decía como al punto de romperse mientras que no dejaba de verme, como si me atravesara con sus propias emociones a través de la mirada.

—Cuando estás perdido en algunos pensamientos, me duele el corazón, aunque nunca te he leído la mente porque te respeto y, jamás lo haré, tranquilo.

Solo, quiero esperar a que me lo cuentes por ti mismo.

Por ejemplo, el día que vimos ese drama coreano en donde la chica enemiga tenía un infernape, mi corazón comenzó a doler tanto, demasiado, que pensé que hasta estaba enfermando, pero, supe que era por ti, porque mirabas la pantalla sin ni tan siquiera una sola expresión, esperando a que acabara de una vez para regresar a tu cara de siempre.

Aunque, el dolor siguió por unos minutos más y, en mi rostro, sentí lágrimas invisibles.

Me levanté de la mesa con la cabeza gacha, no quería que viera mi expresión en esos momentos a pesar que, sé que estaría sintiendo todo lo que yo albergaba ahora en mi mente y en mi alma.

Y sí, sentía los pinchazos.

Como siempre.

—Anyelik, simplemente, duele mucho por eso, no quiero hablar de ello.

¡¿Sabes cómo se siente este tipo de dolor?!

Terminé soltando casi en un tono brusco pudiendo levantar la mirada.

—Seguro que sí porque espías este corazón que no me pertenece todo el tiempo.

Aunque, sé que no lo haces a propósito.

Anyelik, odio este corazón, lo odio tanto.

Exploté de una maldita vez llorando al fin frente a ella.

Ya estaba más que harto de que se la pasara hablando de corazones todo el tiempo.

No podía más con ello.

¿Por qué demonios tenía que sentir mis emociones en su corazón?

Es más, ¿por qué me dolía el que yo tenía en mi pecho cuando ella estaba mal?

Ya no soportaba los pinchazos punzantes que ahora estaba padeciendo, soportando como lo martilleaban tan profundamente, lentamente, que, aun así, ni siquiera quería dejarme ver así, no llevaría mi mano a ese lugar maldito.

Pero, en el momento en el que crucé mis ojos con odio ardiente a los suyos, podría decirse que, jamás en mi vida, había visto a alguien sentir tal decepción, escapando de mi salón con su teletransporte.

Quedándome solo toda esa maldita noche lleno de martillazos en mi pecho que no cesaron hasta casi las 4 de la mañana, durmiéndome del agotamiento por tantos dolores con unos malditos recuerdos que me hicieron sentir más rencor.

—¿Sabes qué James?

Con todo el dinero que gana mi madre, me voy a meter en uno de estos lugares chungos de internet para comprarle unas drogas a gentecilla de cuidado.

—¿Cómo que unas drogas Victoria?

Si tú detestas toda esa mierda.

¿No pensarás drogar a tu madre y hacer algo feo después?

Que ni se te ocurra, tú no eres así.

Vale que ella me trata como a basura, pero vengarte así no va a solucionar nada.

Después de todo, está pagando mi estancia aquí, en este hospital.

Le dije tan preocupado, si alguien tenía que vengarse de su madre, ese sería yo.

—Lo hace porque yo se lo imploré y lo sabes bien, ¡y James!, pero bueno, ¿qué te estabas imaginando?

Puede que la deteste porque no tiene empatía y es malvada, pero no le haría nada malo tonto.

Entonces, la miré sin entender nada de nada, ella, ahora miraba sus manos con una sonrisa, quizás pareció algo melancólica, pero no le presté la verdadera atención que debí.

—¿Qué drogas andas buscando?

Y me miró sin ningún tipo de reparo por lo que me iba a soltar.

—Unas, hechas con el veneno de algunos Pokemon, esas drogas, producen muerte cerebral James.

Ni siquiera sospeché lo que tenía en mente tras soltar tal barbaridad, porque enseguida se puso a cantar una canción guarrilla de esas, que siempre me hacían de reír.

Victoria, tenía una voz hermosa.

La voz de un ángel, ella, quería ser cantante, pero, su madre la había educado para ser la señorita perfecta, la esposa de un tipo rico cuando cumpliera los 18 años.

Nada de cantar, mucho menos, estar con un chico más joven que ella y, encima, pobre.

Aunque, ella daba una cara frente a su madre y, conmigo, era cuando sacaba lo que verdaderamente era.

La chica más divertida y alocada del mundo.

Como un ángel vibrante, frágil y fuerte al mismo tiempo.

Chispeante, como los últimos días de verano.

Mientras que, yo, cuando estaba saludable, era totalmente un día de pleno julio, ardiente y deslumbrante, como ella siempre me decía que era.

Con alguna nube que otra en el cielo, pero, ese calor estaba en lo alto y el día era maravilloso, como para irnos a la playa y disfrutar.

Si hubiera estado sano, le hubiera hecho de mi bailes de capoeira, era una de mis mejores habilidades, ella podía cantar, y yo, bailar, bailar como si hiciera artes marciales a veces.

En verdad, el infernape tendría que haber sido yo, pero, nací como un humano.

Victoria…

…jamás imaginé que harías algo así.

Y, no te puedo perdonar.

¡Me prometiste estar conmigo por siempre!

Y, te amo aún tan jodidamente mal, no aguanto, han pasado como 14 años y te amo y te odio al mismo tiempo.

Desperté sobre las 11 de la mañana.

Sigue doliendo, pero, lo soportaré, simplemente, fingiré hasta que esto se calme.

Esa Anyelik, me había hecho recordar de nuevo.

¿Por qué sus condenables ojos se me clavan tan adentro de mi alma?

Me atrapan y quiero verlos y, al mismo tiempo, rechazo el querer verme reflejado en ellos.

Maldita sea.

Se me va a escapar todo, aaah, sé que sueno penoso en este mismo instante.

Pero, hacer tus necesidades mientras te duele el corazón es un asco.

Cada vez que aprieto, me duele más.

Solo espero, que Anyelik no sienta también esto de mí, sería vergonzoso.

Ahora que recuerdo, no me había vuelto a preguntar sobre el tema de ser su entrenador.

En fin, seguramente, aparezca en la noche como siempre, ya veré qué hago, quizás, le diga que no vuelva más.

No aguanto los pinchazos condenados que me produce cada vez que la veo llorar.

Además, bah, ni que fuéramos a ser algo algún día, soy muy mayor para ella.

Qué tonterías más grandes estoy pensando ahora.

En el trabajo, actué como si nada me pasara, Enris ya sabía lo de Anyelik y siempre me gastaba bromas pervertidas de a ver cuando caía ya y me rendía ante ella.

Sé que su cuerpo y belleza me producen delirios, hasta su personalidad es totalmente la que me gusta en una chica, pero…

Simplemente, yo no podía amar.

No es porque sea una Pokémon, eso me da absolutamente igual, hoy en día, hay muchas parejas de humanos y Pokémon, hasta Enris se ha acostado alguna vez con alguna, me contó, que a los 22 estuvo con una lopunny por unos meses y que era brutal, incluso mejor que las relaciones anteriores que había tenido con chicas humanas.

Aaarg, qué pervertido es mi mejor amigo.

Anyelik, ojalá, no vuelvas esta noche.

Me dolerá de nuevo el corazón y, no quiero.

No quiero más dolor.

No quiero verte llorar.

No soporto eso.

Me vas a matar un día si sigues llorando con esos sentimientos tan fuertes, este corazón no lo resistirá más.

La palmada de Enris me produjo más dolor, joder, tuve que regañarle más serio que de costumbre, ya que, suelo tener buena personalidad y rara vez saco toda mi furia, eso sí, cuando lo hago, podría hasta incendiarme de la ira que nace en mí.

Aunque, después fingí que nada me pasaba, y que simplemente había estado con estreñimiento por lo que eso me había puesto de malas.

—La falta de sexo James, eso es lo que te pasa.

Un buen polvazo con Anyelik, adiós estreñimiento.

Exaltado y con una imagen caliente en mi mente de ella, le tomé de la camiseta con gran fuerza.

—Oye oye, tranquilo tronquillo.

Que no iba con malas intenciones ajaja.

Además, te va a dar de la próstata si no te descargas hombre, ¿cómo puedes soportar tanto tiempo así?

Deben pesarte los boliches un quintal cada uno.

—¡Oye!

¿y quién te dice a ti que no me descargo yo solo cuando me apetece?

—Oooh, eso no me lo habías contado.

Pero le di un sopetón para que no se acercara demasiado.

—Pervertido, eres un hombre como yo y sabes bien lo que tenemos que hacer de vez en cuando.

Bueno, ahora que lo pienso, tú ya tienes más que suficiente con tantas noches locas.

—Por supuesto traviesillo, por eso, este brazo que ves aquí, está en base al entrenamiento físico en el gimnasio.

—Enris, mis brazos también son en base a lo mismo, tampoco me creas un vicioso.

Y no andes cotilleando más sobre cosas así de mi vida, en verdad sí vas a ser bisexual al final.

Al final pude reírme y olvidar un poco el tema de Anyelik y el dolor de pecho, que, al final del día, se había aligerado algo, a veces se iba, luego, regresaba un poco, aunque no tan horrible como en la noche anterior.

Pero, llegada la hora de siempre, ella ya no apareció.

No apareció en toda esa semana, casi en desesperación, miraba por la ventana del gimnasio todo el tiempo y, tampoco me estaba viendo tras ella.

El dolor de pecho, era sutil todo el tiempo, manejable, y ya me había acostumbrado a él.

Pero, la expresión de mi cara, creo que ya dejaba ver todo, mira que había tratado estos años de ocultar mis emociones mediante mi rostro.

Si había alguien presente y algo me hacía recordar al pasado, dejaba cara de póker como si nada me estuviera pasando en mi interior.

Pero, creo que Enris me conocía ya demasiado bien y no me había dado cuenta.

Ese día, en las duchas, tras terminar de trabajar, se metió mientras terminaba de quitarme todo el jabón del cuerpo, dándome la mayor nalgada del planeta con su propia mano.

—¡¡Serás!!

¡Mira Enris!

No me sigas ocultando que te gusto o te la cargas.

Y, allí estaba plantado, completamente desnudo frente a mí, sonriendo picaronamente para acabar por echar una buena carcajada al ver mi cara de enojo.

—Vergas James, ¿tú gustarme?

Eres un engreído ¿Lo sabías?

Detrás de esa máscara que me llevas toda la semana, sé quién se esconde.

¿Te crees que no iba a descubrir que me estabas ocultando algo?

—¿Cómo te has dado cuenta?

Pregunté con esa curiosidad, nadie jamás me había pillado bajo esa máscara de la que él hablaba.

Bueno, salvo, Anyelik estos días, no lo recordaba.

—El verdadero James es muy expresivo, hasta me dan celos tus expresiones porque son atractivas y atrayentes para las clientas junmm, mucho más que las mías.

Y, tu rostro estos días, no mostraba absolutamente nada, por tanto tiempo, nada de nada.

Como si estuvieras escondiendo todo tipo de sentimientos que no querías que nadie pudiera descubrir.

Eché mi vista al agua cayendo sobre el plato de la ducha.

—Así que, después de todo, soy fácil de descifrar.

—Por lo menos para mí que te conozco desde hace unos 10 años.

Escondes todo un mundo dentro impresionante que, a simple vista, pocos podrían ver y, pensarían que solo eres el chico atractivo de buena personalidad, sin saber, del carácter oculto que también tienes.

Es sobre Anyelik ¿Cierto?

Cerré el grifo, y pasé por su lado para tomar la toalla y taparme de una vez, él, seguía en bolas como si nada.

Me senté en el banco que había dentro y este me acompañó, fue así como le conté todo lo sucedido.

—Me cago en todo, joder.

James, ya te vale, ¿cómo no me habías dicho que te había estado doliendo tanto el corazón?

Vamos ahora mismo al hospital, venga, te llevaré en tu coche.

Y me tomó del brazo para sacarme de allí.

—Eh, Enris, calma, ¿acaso irías desnudo o qué?

Además, ya he ido varias veces, demasiadas todos estos años cuando me pasaba, nunca sacan nada.

Y, todo esto se incrementó, con la llegada de Anyelik.

—James, ¿recuerdas cuándo fue la primera vez que el corazón te dolió?

Terminó por preguntarme, cosa que me hizo rebuscar en mis recuerdos y sí, claramente, fue a los pocos años de abrir mi gimnasio, recuerdo que, al poco de abrir, había hecho algo de publicidad de este para que la gente lo conociera, y cuando ya estaba trabajando con Enris, 4 años después, haciendo nuevamente más publicidad, aprovechando que nos iba muy bien, eso comenzó.

Así que, se lo dije, añadiendo más datos al asunto que había dejado pasar por alto.

—Un día, de pronto, sentí ese dolor punzante, poco después de que hiciéramos la publicidad.

—Lo recuerdo, nos sacamos unas fotos en calzoncillos para ello y el gimnasio se nos llenó de mujeres y, por eso, por largos años, ha habido más mujeres que hombres aquí ajaajja.

Reí recordando esos momentos.

Pero, seguí contándole.

—Los dolores poco después de la publicidad fueron muy intensos por unos días, después, tras una semana, se calmaron, y, se transformaron en sensaciones cálidas, daban como vibraciones ligeras y agradables que acabé ignorando.

Algunas veces me dolía de pronto el corazón sin saber por qué.

Y, hace 7 años, todo se incrementó, pero, las sensaciones agradables, eran las que predominaban.

Enris se quedó pensativo pero por escasos segundos.

—Oye tronquillo, tenemos que ver a Anyelik.

—Eeeh, eso no va a poder ser, no sé ni tan siquiera en donde vive.

Definitivamente, también…

¿Crees que tenga que ver con ella?

—Sí Loquillo, ¿no recuerdas?

Hará como 7 años que la llevo viendo echándote el ojillo.

Por alguna extraña razón, tenéis una conexión de corazón.

Pero bueno, mañana ya nos pondremos a investigar antes del trabajo ¿Vale?

Ahora, tú y yo nos vamos de marcha buena para que olvides esto un poco y te relajes.

Y al fin, Enris se puso su ropa, me dijo que me fuera derechito para mi casa a ponerme guapo, que él, mientras, iría a la suya para lo mismo y me recogería en unos 20 minutos.

Como me gustaba vestir bien, enseguida escogí el qué ponerme.

Después, es que ni 10 minutos pasaron, es que Enris ya estaba allí.

Al abrirle la puerta, me lo encontré con la ropa de motero de antes.

—Eh, ¿tantas ganas tenías de marcha que no te has cambiado al final?

Le dije sonriendo, pero él, parecía algo nervioso, tomando del enorme bolsillo de sus pantalones de un verde amarronado, una revista que casi me plantó en la cara.

¿Pokelolita?

Al tomarla, casi me quedó agilipollado.

—Coño James, sabía que había visto la cara de Anyelik antes.

Una vez, no pienses mal, por internet, me encontré con un artículo de Pokémon famosas por su belleza y que, bueno, eran modelos para adultos.

Allí vi a Anyelik, desnuda.

Anyelik, en la portada de esa revista para amantes de la pokefilia, aparecía hermosa y provocante con lencería blanca angelical.

—Iba en mi moto, y cuando esperaba en un semáforo, vi en un kiosco que tenía justo al lado la revista joder.

Tuve que aparcar para comprarla quedando como un pervertido frente a la señora que lo llevaba.

Rebusqué la página en la que Anyelik aparecería, ansioso, con ganas, y, preocupado al mismo tiempo, descubriendo, su verdad.

Enris, cuando la vio, casi le provoca un sangrado de nariz por lo que tuve que darme media vuelta para evitar que siguiera viendo lo que, a mí, me estaba dejando tonto de por vida.

Anyelik, esa hermosa gardevoir, completamente desnuda.

Fotografías artísticas y maravillosas, como ver a un ángel, o a una diosa tan delicada mostrando la libertad de su alma, pero, todos sabíamos, que en realidad, esas fotos, el único fin con el que se las habían tomado, era, para el placer de quienes las vieran.

Anyelik, ¿era esto lo que me estabas ocultando?

Tu trabajo de modelo para adultos.

—¿Por qué me ocultó lo de su trabajo?

Jamás la iba a juzgar, aunque, sea demasiado joven para algo así.

—Bueno James, técnicamente, los Pokémon, cuando llegan a su evolución final, ya se consideran adultos aunque ellos mismos no lo sientan así, ya sabes cómo es esta sociedad de mierda.

Mierda, quería ir a buscarla en ese mismo instante, quería ir a ella, hablar las cosas, saber toda su verdad.

No dejaba de pensar en eso hipnotizado, mientras veía su cuerpo como un maldito degenerado en esas páginas.

Enris tuvo que arrancarme la revista de las manos porque, como no lo hubiera hecho, creo que podría desmayarme de las emociones que había en mí ahora.

—La empresa de pokelolita está en esta misma ciudad.

La agencia de modelos Pokémon es la misma que lleva la revista.

—Creo que sabes demasiadas cosas pervertidas Enris.

—Eeeh, no seas mal pensado, lo acabo de ver con tan solo una búsqueda en mi teléfono mientras estabas embobado mirándola.

¿Vamos?

Decidido, le dije que sí y, en su moto, llegamos al lugar en nada de tiempo, ya hasta parecía, que a Enris le daba lo mismo si le ponían una infracción y todo por conducción temeraria.

Mierda, ¿para qué le presté mi coche a Enris si siempre va en moto?

Solo lo usa cuando quiere pasar buenas noches, y como mi casa está cerca del trabajo, es por eso que voy caminando.

Quiero mi coche de vuelta, me gusta conducir a veces a gran velocidad, para eso me lo tuneé y todo.

Bueno, ya se lo pediré de regreso en otro momento.

Ahora, Anyelik, estaba en mi mente, no había nada más que eso.

Y como imaginamos, no nos dejaron pasar más allá de la primera planta, ni preguntando por Anyelik, como imaginamos, nos tomaron por unos guarros pokefílicos que querían llevársela o cosas peores.

Unos guardias machamp salieron y todo para echarnos, pero mejor, nosotros mismos nos fuimos por nuestra cuenta.

Acabamos sentados en el bordillo de la acera, preguntándonos qué debíamos hacer, si esperar al día siguiente por si ella iba allí a trabajar para una nueva sesión, quién sabe si nos la íbamos a encontrar.

Y es que, jamás nos esperaríamos, escuchar su voz tras nosotros, sorprendida al reconocernos, más a mí, por mi cabello albino poco común.

Al verla tan frágil de pie, mirándome, no me había estado percatando de los pinchazos que había comenzado a sentir desde hacía como 20 minutos.

Creo que por la costumbre de ya sentirlos tan a menudo, pero, al ver sus ojos llorosos, su ropa mal arreglada, y, su labio herido, ese dolor, ya no pude seguir ignorándolo como si no estuviera ahí.

Anyelik, quiso escapar de mí pero, fui más rápido y la tomé entre mis brazos justo antes de que pudiera teletransportarse lejos de mí, acabando ambos en su propia casa.

Totalmente a oscuras, nuestros cuerpos tan cerca, mis brazos rodeándola.

Los pinchazos ahora, estaban mezclados con ese placer tan agradable.

—James, ¿me pillaste?

Me acabó soltando con una ligera voz, casi perdiéndose.

Y la tomé en mis brazos, sosteniéndola por su pequeño trasero para, en completa oscuridad, buscar un interruptor y dar la luz al fin.

Y, cuando di con uno, tras ver sus ojos temerosos, le eché una rápida ojeada a todo a mi alrededor.

Su habitación, era, un completo desastre.

Con una cama deshecha, prendas por el suelo, no sé si estarían limpias o no, porque, tampoco me olía mal en el ambiente.

El armario, abierto y con más prendas mal colocadas.

Y, una estantería llena de carpetas y cuadernos mal colocados.

Algunos botes de perfume también y, un peluche de un infernape sobre su cama.

—Anyelik, ¿me conoces o algo?

Y sin una respuesta, la senté sobre su cama.

—Aaah, no me vas a decir nada lo sé.

¿Dónde tienes un botiquín?

Iré a buscarlo y ni se te ocurra escaparte o me enfadaré.

Anyelik me indicó en dónde había uno.

El resto de la casa, era más pequeña que la mía, solo estaba su habitación, un cuarto de estar, el baño y la cocina minúscula.

Por suerte, el resto de la casa, no se veía tan desastrosa como su habitación.

Tomé lo necesario de un pequeño armario que había en la entrada y fui hasta ella para curar ese labio.

Estaba nervioso al tenerla tan de cerca, su piel, sus labios.

Pero, debía saber quién le había hecho eso antes que seguir con ese tipo de pensamientos pecaminosos.

—¿Quién es él desgraciado que te ha lastimado?

No me lo ocultes Anyelik, la herida de la pierna, la otra vez, ¿fue la misma persona verdad?

Y con el dolor punzante, me importaba una mierda ya, solo quería saber la verdad.

—James, bueno, mi vida no es algo importante.

Después de todo, el único ser al que le importaba, ya, no quiere saber de mí.

No hagas nada por mí, no es necesario.

Respondió sin ser capaz de levantar la mirada, como si se avergonzara de algo.

Por eso, me agaché de cuclillas para tomar sus manos y que de una vez me mirara a los ojos.

—Eh, si te han hecho algo horrible, no sientas apuro de contármelo.

Ese desgraciado de la agencia, quién sea, ¿acaso ha tratado de sobrepasarse contigo?

¿Te ha hecho algo verdad?

Y por fin, me respondió, con esa voz tan débil y, completamente apagada, como si ya no existiera esa Anyelik llena de vida que había conocido estos días.

—No llegó a eso James, aunque, quizás lo haga un día, solo, se divierte pegándome a veces si las fotos no quedan de su gusto.

Pero…

Y con una irá que nunca conocí en sus pupilas, sacó más y más.

—La culpa, siempre es mía y no, del maldito fotógrafo que me chantajea para que me acueste con él.

Y como me niego siempre, las fotos que le muestra a mi jefe, son las peores.

Por eso, me golpea.

James…

¡Estoy harta de ser un maldito objeto para todo el mundo!

Terminó gritando y sacando toda esa voz que pensé que había desaparecido para siempre.

Sacando también todo su mundo entre desgarradores sentimientos.

—Mis putos padres, en vez de ocuparse de mí, me vendieron a ese hijo de puta nada más evolucionar.

Solo, porque, me trajeron al mundo por error.

Todo el dinero, se lo llevan ellos, y yo, sola en esta puta mierda de hogar de odio.

¡Odio ser una Pokémon James!

Quisiera, volver a ser una humana, pero, si regreso al pasado, tú, no estarías aquí.

Por unos momentos me quedé callado, sin saber cómo sacar una sola palabra por mi garganta, a pesar, de que el llanto de Anyelik, a punto estaba por estallar el corazón que había en mi pecho.

Así, hasta que se levantó y tomó de bajo el colchón una larga jeringuilla, afilada y gruesa.

—James…

¿Por qué no acabas conmigo de una vez?

Así, dejarás de padecer tanto dolor.

James, si me odias, no tiene sentido seguir viviendo.

Estaba como en un trance escuchando su oscuridad, dirigiendo ese filo justo a su corazón, y, justo antes de que se lo clavara, logré escapar de ese estado mental para tomar aquella basura de sus manos y destruirla.

Tomando después a Anyelik por sus hombros que, incrédula, con sus ojos casi en shock, sin saber lo que yo podría decir a continuación, me esperaban con tanto temor.

—Siempre fuiste tú.

Victoria.

Dije al fin, aclarando una sospecha que traté de ignorar y que, muy en lo más profundo de mis pensamientos, había existido.

La forma de sus ojos, ya no eran color amatista, pero, eran los mismos ojos, la misma esencia.

Su cabello, tampoco era negro ni largo, pero, tenía la misma ondulación.

Y, su rostro, más feérico al ser una gardevoir, la forma de sus rasgos, las líneas que dibujaban su hermoso cuerpo.

Su personalidad, su forma de hacerme de reír.

Aunque su voz hablada sonaba un poco diferente, tenía que comprobar cómo sonaba al cantar.

—Anyelik, por favor, quiero, quiero escuchar tu voz cantarme nuevamente, te lo pido, quiero escucharte cantar.

Solté con lágrimas retenidas, humedeciendo y nublando toda mi visión, ella, estaba allí, no podía distinguirla apenas, ¿eras una gardevoir o, una humana ahora?

Porque, si no me restregaba con la manga de mi camisa y quitaba toda esa humedad, no podría ver absolutamente nada.

Y antes de lograr hacerlo, tras soltar sus hombros que ejercían una ligera presión para no llegar a lastimarla, su voz, comenzó a sonar.

La voz, de ese ángel.

Tan claramente, sin miedo, sin quebrarse.

Como si hubiera esperado una eternidad para volver a hacerlo, para mostrarme esa canción.

(Poner la canción)

Mis lágrimas al fin estaban cayendo tan libremente, sin control, espero que no te vayas ahora.

Lo había comprendido todo.

Me daba igual si ahora tenías otro nombre, Anyelik o Victoria, eras la misma alma.

—James, ¿me sigues odiando por lo que hice?

Yo, yo solo quería que una hermosa alma como la tuya jamás dejara de existir, por eso, te di mi corazón.

Porque, vivir en un mundo en donde tú ya no estarías, sería como morir en vida.

Por eso, quería quedarme a tu lado de alguna forma, si tú vivías, con mi corazón, siempre estaría cuidándote.

Los recuerdos de esa noche me atraparon, la noche en la que pensé que te diría adiós para siempre.

Mi corazón enfermo, no podía más, no me daban más que menos de una semana.

Te acostaste a mi lado, a pesar, de que jamás me habías dicho te amo claramente, incluso insinuando que querías estar conmigo en varias ocasiones, pensando que solo era parte de tu extrovertida personalidad tan mágica.

Para hacerme sentir bien por lo de mi enfermedad.

¿Cómo podría imaginar que me amabas tanto como para entregarme tu corazón?

Me quedé dormido a tu lado, deseando estar descansado y saludable al despertar, estar bien de una maldita vez y escapar juntos, preguntarte al fin si tu amor era real.

Todo fue una locura para mí.

Me dormí para que tú hicieras esa aquello, pensando que me abandonarías para siempre.

Al final compraste las drogas esas y las tomaste.

Su efecto debió ser más doloroso que lo que yo sentía en mi corazón frágil y enfermo.

Y cuando tu garganta no aguantó más las ansias de gritar por tanto sufrimiento, desperté encontrándote agonizando, presionando el botón que había en mi cuarto para que los doctores llegaran lo antes posible.

Seguro pensarían que me había vuelto a dar un paro.

—James…

Perdóname.

No quería que despertaras.

Pero, duele, duele tanto.

—¡¡Victoria!!

—Jeje, hasta había dejado una nota sobre la cama con todo lo indicado para los doctores, aauuch.

No pasa nada, el veneno solo afecta al cerebro, el resto de mi cuerpo, estará intacto.

Ya, había hecho las pruebas de compatibilidad hace meses y, aauch, James, somos compatibles totalmente.

Así que, no, no te preocupes más.

Pensé que yo mismo era el que iba a morir en ese mismo instante por lo que estaba presenciando.

La única persona que había amado, el ángel que había dado vida a mi vida.

Los doctores llegaron en nada.

Y, ni siquiera pude escuchar las últimas palabras que quisiste dejarme, la voz se te perdió para siempre cuando estabas a punto de sacar la verdad.

Muerte cerebral, tu corazón seguía latiendo, había que darse prisa.

Eso decía el doctor que leyó esa nota.

Me iba a negar rotundamente a aceptar tu corazón, lo habría hecho, pero, mi cuerpo dio un colapso, mi propio corazón estaba al punto de dar los últimos suspiros ante tu pérdida, no tuve palabra aquí ni para negarme.

Mis padres habían dado el consentimiento y, cuando desperté horas después.

Había una cicatriz en mi pecho.

Hasta habías dejado el maldito dinero preparado para esto joder.

Te había odiado sin entender a tu corazón que ahora estaba conmigo.

La voz al cantar, seguía siendo la misma, tu alma.

Mis brazos, instintivamente, te envolvieron, yo, no era un ángel con unas alas pobladas de plumas como las tuyas, pero, también quería envolverte con las mías.

Tu pico rojo estaba incrustado en mi cuerpo y me daba lo mismo, debo pagar por haber odiado a quien amaba.

—Anyelik, perdóname tú a mí.

No sabes cómo detesto haberte hecho sufrir.

Anyelik, te amo, eso es lo único que sé, ya nada más importa.

Y separándome de su cuerpo, miré sus bonitos ojos que también lloraban como los míos.

Ahora ya podía reconocerla.

—¿Me has amado todo este tiempo?

—James, te he amado incluso antes de la muerte.

Entonces, la sostuve de nuevo en mis brazos y ella, al fin me rodeó tan dulcemente.

Habiendo esperado toda una vida para poder hacerlo de una vez.

—James, quiero estar a tu lado por la eternidad.

Quiero sentir tu ardiente calor de verano, tenía tanto frío James, no te lo imaginas.

¿No te molesta que yo ahora sea mucho más joven?

—A mí eso me da igual, nada de eso me importa porque lo único que me hace feliz es que estés de nuevo entre mis brazos.

Seas una gardevoir o una humana, más joven o más mayor, nada me molesta, todo me gusta cuando eres tú.

Y besé su boca aún con nuestras caras empapadas.

Nos besamos tantas veces, que hasta pensé que sí me había transformado en un infernape del calor que mi cuerpo estaba produciendo.

El móvil no me dejaba de vibrar en el bolsillo, seguro era Enris preocupado.

Al final, me quedé contigo a dormir, frente a frente, como esa noche que me diste todo de ti, te quedaste dormida antes que yo y eso me dio la seguridad para hacerlo yo después.

—Nunca más te vayas por favor.

Eso fue lo que te dije entre susurros, besando tu frente cuando ya estabas soñando.

Y al despertar, estabas a mi lado, despertando tan feliz al poco.

Recogiendo después todo lo necesario de ese frío hogar, espero que, por primera vez, hayas sentido calidez estando toda la noche contigo en ese cuarto solitario y oscuro.

Al rato, Enris vino a ayudarnos con la mudanza.

Cómo no, trayendo mi coche el muy capullo, Anyelik se sorprendió al ver que tenía un coche tuneado, de color amarillo, aunque el volante era rojo, como los ojos de una gardevoir angelical.

Lo había puesto sin darme cuenta porque aún no la conocía en su vida actual.

Madre mía, tuvimos que hacer varios viajes porque, aunque la casa era pequeña, tenía muchísimas cosas.

Hasta había dibujos de mí en las carpetas, dibujos que ella había hecho.

Incluso encontré algunos pervertidos y sí, en uno de ellos, me tenía atado a la cama con, bueno, todo en lo alto.

Qué pervertida era mi Anyelik, eso me encantaba de ella, después de todo, yo también lo era en secreto, pero solo con ella eso sí.

Logramos sacar a la luz todo lo de la empresa pokelolita y el fotógrafo mamón.

Resulta, que Anyelik había mantenido en secreto grabaciones de voz que tenía con su teléfono de ese imbécil y sus chantajes.

Hasta había grabado un vídeo en secreto de los maltratos del jefe.

Que estuve a punto de ir a partirle la cara cuando lo vi, pero, menos mal que ella me detuvo.

Aunque, aún le tengo unas ganas que no os imagináis.

Anyelik, tenía guardado todo ese material desde hacía tiempo, tenía la esperanza, de, en un futuro, armarse de valor y arreglar su vida.

Más, tras ese mes que estuvimos pasando la noche juntos.

Aunque, por un tiempo había desechado la idea, sí, por lo sucedido entre nosotros.

Menos mal, que ahora ese capullazo ha pagado condena. 

Anyelik recibió una buena suma de dinero por ello.

Y sí.

No ha ido a la cárcel, pero su empresa está en la quiebra ahora, muchos vieron ese vídeo del mal porque Anyelik dio el permiso para que se mostrara al público, así, otras Pokémon no tendrían que pasar por la misma situación.

Ah, y al fotógrafo, pues ya nadie lo quiso contratar, y tuvo que ganarse la vida retratando a gardevoir travestis que acabaron abusando de él salvajemente.

Un día lo encontraron en mitad de un camino sin pantalones ni camisa, vamos, totalmente desnudo, con los pezones totalmente pellizcados, incluso le habían depilado a la cera su pecho peludo, y, mejor no os cuento lo otro que se descubrió.

Vamos, que no se pudo sentar como en un mes.

Además, quedó traumado por culpa de un gallade que también había en el grupo, ese era el líder y el más sádico.

Hoy, habíamos regresado después de una salida con mi coche, sí, al fin lo tenía de regreso.

Anyelik amaba que la llevara a toda velocidad por un campo en donde no había vigilancia ni nada, allí había un largo camino por donde podía circular sin peligro.

Cómo le gustaba la adrenalina que se sentía al montar a mi lado.

Además, después, tomamos un descanso para tomar la merienda entre las flores, fue un gran día.

Y, al llegar a casa, no podía faltar su dosis de ángel travieso conmigo.

Cómo le gustaba provocarme y quitarme la ropa.

Era por eso, que aquel mes, venía a verme siempre así vestida jeje.

Ahora, ya no sentía ningún reparo al estar con el pecho al descubierto.

Ella, deslizaba sus manos por todo mi cuerpo y mi torso, y, siempre, pasaba su dedito por la cicatriz para, después, darme unos besos ahí.

—Aaah James, qué feliz estoy de que ahora mi corazón te haya dado una vida tan genial.

—Ya no tengo solo uno de tus corazones, también, está el que ahora tienes en tu pecho, qué corazón tan bonito, cómo me gusta escucharlo latir cuando duermo sobre tu pecho.

Mi mayor felicidad, es saber que tienes de vuelta un corazón y que late tan alegremente cuando estoy a tu lado.

—Aaah, James, me vas a hacer llorar con esas cosas que dices.

—Eh, nada de llorar.

Ahora estoy aquí para que siempre sonrías.

Si lloras, tu otro corazón se va a sentir triste y dolerá también.

—Aaaah James, entonces, no debo llorar nunca más 

Voy a tratar de pensar en cosas pervertidas contigo ejejeje.

Eso siempre me da una alegría que no te imaginas.

Me encanta cuando te pones en calzoncillos jujuju y, nada nada.

—¿Cómo que nada nada?

¿Qué ibas a decir eh?

Y la tomé, ahí en esa cama para hacerle cosquillas y que se partiera de la risa.

Aaah, cuando ella ríe, mi corazón siente una alegría que jamás antes había experimentado.

Era como si, hubiera muchas mariposillas dentro de él, desprendiendo pequeñas llamas que no queman, pero dan calorcito, y, todo se llena de colores.

Su corazón, ahora es también mi corazón, porque, se quedó en mi cuerpo, ni una vez lo rechazó tras la operación, como si se hubiera fusionado a mi alma, para siempre protegerme y hasta, pertenecerme.

No de una manera posesiva, él mismo, había decidido ser para mí y yo, lo iba a cuidar por siempre.

Uff, Enris me ha mandado una foto con una novia que se ha echado y, parece que de una vez, es la definitiva.

Ya era hora.

Me temo, que las chicas que venían siempre a nuestro gimnasio, se van a sentir bastante decepcionadas.

Bueno, dentro de poco, me voy a casar con Anyelik, es una sorpresa que he preparado junto con Enris, verás cuando se lo diga.

Estoy deseando sentir vibrar a mi corazón de la emoción cuando ella me escuche.

Fin.











sábado, 28 de enero de 2023

Un jugo que no debí beber, mi sobredosis de azúcar 9

 Aquella ángel mal herida y débil, dirigió su mirada con un profundo odio hacia Anyelik, sacando así sus últimas fuerzas para lanzarse a ella con un cuchillo en su mano, tan cegada, que ni siquiera pensó en nada más.

Fue James, que estaba al lado de esa princesa, el que la detuvo fácilmente y Lala, tratando de liberarse, a punto estuvo de clavarle ese cuchillo en más de una ocasión. Iba tan ida, que no acertó ni una sola vez y los chicos, se pusieron frente a Anyelik para protegerla.

—¡Noooo! ¡Suéltame! ¡He dicho que me sueltes! ¡Debo acabar con esa princesa de una maldita vez!

Y al fin James sostuvo su mano, que con su fuerza, ella ya no pudo hacer nada dejando caer el cuchillo y casi cayendo en su pecho por los dolores de su cuerpo.

Fue Alejandro, el que furioso la tomó de malas maneras tirándola al suelo, dispuesto a golpearla, pero, Anyelik intervino pidiéndole que no lo hiciera.

—¡Anyelik por dios! ¡¿Qué estás diciendo?! Esta mujer ha tratado de matarte todo este tiempo y aun así... ¿Le perdonas la vida?

Zandro, que tomaba ahora el brazo de aquella princesa para que no se acercara, tuvo que retenerla aún más, pues estaba dispuesta a ir hasta Lala.

—Papi, suéltame por favor.

—Princesa, no puedo permitir que te expongas al peligro. Prometí a tu padre ser un buen guardián.

Y, Anyelik, calmadamente, tomó su brazo para mirar sus ojos con confianza.

—Ella, ahora, está indefensa, tan perdida, en verdad, no siento que sea malvada realmente.

Déjame al menos saber por qué hizo todo esto.

Zandro ya no pudo hacer nada por detenerla y Anyelik, ahora estaba frente a Lala, que seguía débilmente en el suelo, y, al verla al fin tan cerca, quiso abalanzarse sin ninguna fuerza en su cuerpo, sin esperarse, que ella la tomaría entre sus brazos inesperadamente, mientras que Lala, gemía con rabia y desesperación, clavando sus uñas en la espalda de esa ángel que no podía soltarla.

—Ya, tranquila, por favor, cálmate, estás herida, deja que te ayudemos.

Le decía con su dulce voz.

—Yo, yo... tengo que matarte... tengo que matarte.

Y sus uñas acabaron por deslizarse bajo topa la espalda de Anyelik casi sin presión, acabando por dejar sus brazos tendidos rindiéndose.

—¿Por qué...? ¿Por qué quieres ayudarme? ¿No me tienes miedo?

Al fin le preguntó con una tenue voz.

—Si el ser que sirves, te abandonó de tal manera, solo para que me mates de una vez, ¿no crees que desde el principio te dejó sola? ¿Por qué ayudar a alguien que no quiere amigos? y que, aunque los tuviera, jamás los apreciaría.

Yo pienso, que tú solo querías tener a alguien a quien le importaras. No sufras más, y no sirvas a un ser malo para tener a alguien cerca cuando así, todo es tan falso y vacío.

Lala rompió en llanto finalmente sin ser capaz de corresponder ese abrazo, sintiéndose tan sola y abandonada realmente.

—Llora todo lo que necesites, pero, deja que curemos tus heridas.

—Acaso... ¿Hay alguna nueva oportunidad para mí?

Terminó soltando.

—No tengo familia, ni un hogar, no tengo nada de nada, mejor estaría muerta.

Los chicos miraban sin saber qué hacer en esos momentos.

Carl, aún estaba resentido al recordar lo sucedido con su tribu, Gabriel, no quería involucrarse con esa mujer y Alejandro, aún dudaba.

Mark, no quería tampoco tener que ver con ella, pero sentía cierta lástima con su llanto.

Fue Zandro, el que al final se acercó para tomarla sin que nadie lo esperase.

Recordando cuando se quedó solo, herido en el infierno sin nadie en quien confiar.

—¿Tienes un cuarto en donde ella pueda descansar?

Preguntó dirigiéndose a Lewian, que todavía no entendía nada.

—Sí, en la tercera planta ahora está mi casa, vamos allí.

La gente que aún estaba en el local, había estado mirando todo con curiosidad, Lewian les pidió, que por ahora sería mejor que volvieran a sus casas y así hicieron ellos, además, sus ayudantes avisaron a los de la planta baja que cerrarían el local.

Ya, en una de las habitaciones, Zandro dejó a Lala sobre la cama y lewian, fue a por todo lo necesario para sanar sus heridas además de un buen vaso de agua.

Tuvo que quedarse semi desnuda porque todo su cuerpo estaba lastimado, ni siquiera pudo sentir apuro debido a la debilidad que cargaba.

Zandro fue el que comenzó a curar herida por herida.

La del pecho, era la más grande, el lugar en donde había estado esa gema.

Por unos momentos, miró a Anyelik que no había quitado esa triste carita y no se aguantó esa pregunta.

—¿Por qué me miras así?

—Es que, no puedo olvidar que varias de tus heridas las causé yo en la última pelea.

No quise hacerlo, pero estaba tan preocupada por proteger a Carl y, después, escapaste sin que pudiera hacer nada.

Carl recordó aquel día y miró a un lado, Lala se quedó viendo el techo.

—Debía, hacer lo que Yeivh me pedía, solo así, podría seguir viviendo de alguna manera, tener falsa atención en el que nunca fue mi hogar.

Anyelik entonces, se acercó hasta la cama, para sentada en el suelo, mirarla más de cerca, tomando una de sus manos.

—¿Qué te pasó? ¿Por qué recurriste a Yeivh?

Quisiera que te desahogaras.

Lala cerró sus ojos con fuerza sintiendo tanta aflicción, y hasta resentimiento con su injusta vida, pero, con la mano de Anyelik aún tomando la suya, pudo al fin sentir esa necesidad de liberarse.

—Mis padres esperaban que yo fuera un hombre y se decepcionaron cuando nací.

Al ser una familia poderosa en la ciudad, pensaron, que teniendo un hijo, podrían presentarlo para casarlo, precisamente, con  la futura princesa que venía en camino.

Anyelik no esperó aquello.

—Sí, tengo dieciocho años realmente, solo soy unos meses mayor que tú, aunque aparento más de veinte y siempre miento sobre mi edad si me preguntan.

Lala miró de nuevo al techo y les continuó contando.

—Estando aún en el vientre de mi madre, el doctor nunca supo distinguir bien mi sexo en las ecografías, supongo por la posición en la que me encontraba siempre.

Al ser un bebé más grande, también por eso me confundieron con un niño.

Anyelik miró su figura, en efecto, ella era una mujer alta, como de un metro setenta y tres.

—Con toda una historia montada ya en la mente de mis padres y su maldita ambición, la decepción conmigo fue inmensa, más, porque yo ni siquiera quería dedicarme al mundo de sus negocios.

Mi sueño... bueno...

Y Lala pareció ponerse un tanto nerviosa, pero lo acabó soltando.

—A mí me gusta hacer muñecos, y para colmo, macabros la mayoría de ellos.

Desde niña, comencé a coser muñecos y en la escuela, al llevarlos, los compañeros de clase se burlaban de ellos y de mis gustos y un día, enfurecí de tanto acoso, clavándoles unas agujas a una niñata en la cara y en los brazos.

Jah, yo fui la mala a la que expulsaron, pero nadie dijo la de veces que se metió conmigo, y las veces que me robó mis muñecos para romperlos delante de mis narices y burlándose junto a los demás.

Lala parecía furiosa recordando aquello, tomando las sábanas con ansias, pero, poco a poco, su rostro se llenó de mucha tristeza y terminó de contarles el resto.

—Desde ese día, mis padres me dejaron en casa, no podía salir para nada, siempre en esa habitación con rejas en las ventanas. Pensaban que yo era un monstruo.

Me odiaban y querían casarme lo antes posible al cumplir los dieciséis con hombres ricos para así, deshacerse de mí.

Pero, yo me convertí en una fiera y los echaba aterrándolos y, con eso, mis padres me odiaron tanto tanto, que hasta me golpeaban, aunque, hasta no ser mayor, no podía echarme así como así, solo si me casaba podrían hacerlo y, el día que cumplí los dieciocho, pensando que todo acabó para mí, Yeivh, apareció cruzando el espejo de mi cuarto y así empezó todo.

Pensé, que si te mataba, podría tener a alguien, podría ser valorada de una vez.

Ni siquiera me importaba esa historia del pasado, que por ti comenzó todo el odio, a mí solo me interesaba, tener una cosa... que alguien me dijera, que lo que hago, al fin valía la pena, alguien, que me quisiera a su lado.

Todo ese lado oculto que Lala estaba mostrando ahora, hizo que los chicos sintieran al fin compasión, hasta Carl sentía que no podía odiarla del todo.

Incluso la voz de esa joven, sonaba diferente, con menos orgullo, tan humilde y al fin arrepentida.

En esos momentos, trató de incorporarse, queriendo marcharse ya de allí.

—Lala, no, estás débil aún.

La detuvo Anyelik.

—Qué más da, no tengo donde caerme muerta.

Y fue Alejandro el que al fin intervino algo mosqueado.

—Si te rindes tan fácilmente, entonces ¿Para qué nos cuentas tu historia?

¿Te crees que todo acaba así? Que ya todo da igual.

Lala le miró molesta y con sus ojos llororos.

—¡¿Y a ti qué te importa?! ¿A dónde voy? Ni siquiera tengo un techo o dinero para empezar de alguna manera.

Y nadie imaginó, que Lewian al fin actuaría, poniéndose frente a ella muy serio, cosa que parecía rara en él.

—Rompiste las ventanas de mi local, lo menos que puedes hacer, es trabajar aquí para recompensar eso.

No te pagaré las dos primeras semanas, pero desde ahora, me gustaría que fueras una de mis ayudantes.

El puesto de recepcionista, creo que sería perfecto para ti, además, puedes quedarte en esta habitación y me irás pagando el alquiler los siguientes meses con la paga por el trabajo.

Vaya las caras de todos allí que no esperaron aquello y Lala, acabó por romper en llanto una vez más.

—Oye, no quería que lloraras, en serio, solo deseo ayudarte.

—No, es que, yo... me siento agradecida, es como si, no lo mereciera.

Y Anyelik, que parecía feliz por aquello, trató de animarla.

—Venga sííí, a mí me hace ilusión que puedas quedarte, te vendré a visitar incluso juju, así seremos amigas.

Pero Lala no pudo decir nada, más porque no podía dejar de llorar.

Al final, ya decidieron que era demasiado tarde, por lo que se despidieron de Lewian y Lala para volver al palacio, pero antes de eso, a fuera, en la entrada, James, que había estado muy callado todo el tiempo observando todo muy curioso, tomó a Anyelik del brazo por lo que Gabriel molesto intervino.

—¿Ya estamos de nuevo?

—Tranquilo, no voy a ligarme a tu chica, solo quiero ser su amigo, además, me tiene que recompensar por lo que me hizo antes en el baño.

—Aaah, ese rodillazo debió manchar tu orgullo.

James nervioso, le tapó la boca, pero, Anyelik, entonces, tiró un poco de su camisa.

—¿Qué es lo que quieres? Y... disculpa por eso también.

Los chicos estaban muy atentos y Alejandro tenía ganas de actuar ya que, estaba seguro de que ese joven, estaba interesado en Anyelik, pero trató de contenerse.

—Te pasaré mi número para que vayamos un día de estos al parque de atracciones a pasarlo en grande.

Eso será cuando tú lo decidas, no te meteré prisa, ni siquiera, me guardaré tu número, solo esperaré lo que tú creas que es mejor.

Alejandro ya no pudo más al ver que esta sacó su teléfono también y la tomó de la mano, cosa que a James, le resultó curioso, quería entender por qué había tantos chicos a su alrededor.

Pensaba que quizás todos ellos eran sus guardianes al descubrir ahora, que era una princesa.

—Oye, no irás de verdad a salir con este tipo playboy.

—Tranquilo Alejandro, ya sabes que no puedo ir sola por ahí, así que, Zandro nos acompañará el día que decida eso.

Zandro no dijo nada, pero se sorprendió un poco.

Alejandro ya no supo qué responder y Gabriel tampoco.

Y cuando James le pasó el número, se despidió de ellos y, tan tranquilamente, sacó sus alas de huesos y se marchó volando de allí.

Al llegar al palacio, Han, estaba esperando impaciente sentado en las elegantes sillas de la entrada y, al ver a su hija entrar sana y salva, al fin pudo tomar calma 

Incluso contenta, ella le contó el cómo había hecho nuevos amigos y todos decidieron omitir lo sucedido con Lala para que ese rey no se alterara ya que, podría decidir de nuevo encerrarla en cualquier momento.

Aluna, observó todo con una pequeña sonrisa, sintiéndose feliz por ver que todo salió bien y así, regresó a su cuarto.

Esa noche, Anyelik cayó rendida a su cama durmiéndose en nada, en sus sueños, parecía estar tan feliz, habían aparecido un montón de dulces y quería comérselos todos, así que, comenzó dándole una mordida a uno de chocolate, con tanta pasión, que las ansias lograron vencerla, porque, había tal cantidad de pastelitos apetitosos, que sí o sí debía probarlos todos, por lo que, daba mordidas a cada uno, sin sentirse llena en ningún momento, hasta que, al tomar uno mediano, uno con un aspecto aún más apetecible que el resto y con una cereza confitada lleno de crema de fresas, vio, que bajo aquel pastelillo, había un agujero en la gran mesa.

Un agujero, que parecía común y corriente, que de pronto, sin tan siquiera esperarlo, dándole ya un bocado al dulce, una cabeza negra emergió de allí y Anyelik, aterrada, se echó atrás dejando al fin de comer.

—En mi mundo, podrías comer todos los dulces que quisieras, siempre, siempre…

Anyelik no pudo articular ni una sola palabra, ese ambiente cálido, ahora se sentía tan hostil, tan de repente, y, esa cabeza, comenzó a moverse para sacar unos brazos en sombra, como si tratara de liberarse de ese agujero.

Aquella princesa, pudo percatarse de que las manos de ese ser, eran precisamente las mismas que iban a su pecho tantas noches.

—Mi dulce fresa, ¿vendrás con Trilomit?

—¿Trilomit?

Esa mano que quería atraparla de nuevo, lo hubiera hecho, si no fuera, por ese encapuchado que intervino en ese sueño, cargando un arma alargada y filosa, una guadaña envuelta en un fuego azul como fatuo, que, con ella, lo amenazó haciendo que ese ser oscuro regresara al agujero de un salto, desapareciendo toda esa habitación y, con ella, los dulces.

Ahora, ambos, Anyelik y ese encapuchado, estaban en un gran campo pajizo, de tonos amarillentos y un cielo apagado, también, de un tono medio ocre.

—¿Quién eres?, ¿el ser invisible?

Pero el encapuchado no se volteó a verla.

La gran túnica negra le cubría desde la cabeza hasta los pies.

—¿Puedo verte?

—Anyelik, detente, no te acerques más.

Dijo esa voz un tanto tenebrosa y con reverberaciones.

—¿Por qué?, ¿Por qué no quieres que te vea?

Preguntaba ella queriendo acercarse.

—Si me ves, te decepcionarás.

—No, eso no será así, venga, déjame ver tu carita.

Seguía pidiendo ella desde atrás, acercándose lentamente a él.

—El aspecto que guardo no debería ser algo por lo que preocuparse en estos momentos.

Yo, estoy aquí para protegerte y nada más.

—¡Mentiroso!

Acabó gritándole aquella princesa.

—El otro día me diste un beso.

¿Por qué lo hiciste si solo me quieres proteger?

Y Anyelik ya no pudo más yendo a tomar de una vez al ser invisible, agarrándolo del brazo, pero, casi al instante de hacerlo, él, desapareció y despertó de golpe, eso sí, con el recuerdo intacto de lo que acababa de suceder, y más aún, el haber podido agarrar ese brazo, que, aparte de ser cálido, era sumamente delgado, más que el suyo.

Eso le dejó con más dudas aún sobre él.

Una voz que no sonaba natural, como la de un cuerpo como el de los ángeles, elfos o hadas, incluso Alejandro, teniendo la voz gruesa y tétrica a veces, no sonaba de esa manera, como si no fuera producida por unas cuerdas vocales.

El efecto de reverberación fue lo que más le sorprendió y, el no querer mostrar su rostro, yendo completamente tapado que ni pudo ver sus pies.

—Acaso, ¿su carita no es linda o la tiene llena de cicatrices?

¿O quizás está lleno de heridas y por eso está tapado?

Se preguntaba, pero luego, descartó eso último, si estuviera herido, le dolería el cuerpo y no habría ido tan ágilmente a por ese ser oscuro, así que, con una ligera sonrisa, sabiendo que él estaría ahora en ese otro plano, pero en la misma habitación, le dijo aquello.

—Ser invisible, me siento feliz de que hayas aparecido y, bueno, algún día quisiera ver tu rostro.

No quiero que tengas miedo, yo sé que me va a gustar, te daré otro beso en tu boquita para que veas que así será.

Y la habitación se caldeó de pronto a su alrededor.

Era un calor curioso, diferente al de Gabriel, ahora que lo analizaba más, era más similar al calor de un fuego y, recordó cómo calentaba Carl, y, después, también recordó a ese chico que conoció en la noche llamado James, su fuego calentaba de igual forma.

Anyelik ya no entendía nada de nada, pero, aún agotada, se volvió a dormir.

A la mañana siguiente, acabó despertando por estar escuchando unas voces, allí, en la habitación, débilmente como cada mañana, se puso a escuchar el cómo Alejandro hablaba con Carl, el cual, sostenía el dulce de siempre.

—¿Qué acaso te crees el señor de los dulces o qué?

¿Por qué cada mañana haces lo mismo?

¿Guardas intenciones verdad?

—Yo soy, el ángel de chocolate, y, quiero que Anyelik coma mis dulces nada más despertar.

—Qué chulo te has vuelto, hasta has sido capaz de formar una frase correctamente, de seguro…

—¡Oye!, ¡basta Alejandro!

Acabó gritando Anyelik levantándose de la cama, evitando que ellos se dieran cuenta de sus mareos.

—Anyelik, ¿cómo voy a estar tranquilo sabiendo cómo se las trae el indio este?

Ya nos reveló lo que pasó en la escapada y no nos dijiste nada.

Anyelik, nerviosa, miró a un lado colorada, Carl, se puso algo nervioso también al recordar.

—Bueno, no os dije porque me daba apuro, después de todo, Carl no lo hizo con feas intenciones, yo estaba casi congelada.

Alejandro.

Y ahí se puso en pie llevando sus manitas a su rostro.

—No te enfades tanto anda, casi siempre estás de mal humor y eso me pone triste.

Aquel vampiro no sabía cómo reaccionar, en verdad, quería decirle tantas cosas, sus celos, su decepción y sus continuos pensamientos de que jamás podría ser suya al ser la princesa y tener un prometido.

Quería tomar esas manos cálidas con las suyas, pero, en esos momentos, ella cerró sus ojitos sintiéndose muy mal y Alejandro, la tuvo que sostener.

Carl, fue también muy preocupado.

—Anyelik, ¿qué te sucede?

¿Te sientes enferma verdad?

—No, solo que, necesito comer.

—No mientas, mira qué ojeras tienes últimamente.

Anyelik posó su manita en su pecho para así tratar de calmarle y, con una sonrisa le miró.

—Ya sabes que estoy despertando mi poder últimamente.

Al ser tan de repente, por eso me estoy debilitando.

Y con una amplia sonrisa terminó por decir aquello.

—Venga, en cuanto me coma el pastelito de Carl, voy a estar como nueva, quiero que salgamos tú y yo en la mañana al bosque.

Carl no supo qué hacer, ahora mismo, se sentía poca cosa y hasta que sobraba, pero, aun así, pudo sentirse bien al ver como Anyelik se comía su dulce con esa gran sonrisa.

Aunque verla débil y ojerosa, le tenía preocupado también.

Cuando se acabó el dulce, los tres bajaron a tomar el desayuno, allí ya estaban todos en el gran comedor y, aquella princesa, no dudó en decirle eso a su padre.

—Papá, quiero salir un ratito a dar un paseo por el bosque con Alejandro.

Ya sabes que él es también muy fuerte y lo contrataste para cuidarme así que, ¿podemos ir?

Han, tomó su expresión de seriedad característica, quedándose por unos momentos callado hasta que al fin respondió.

—¿Por qué precisamente al bosque Victoria?

¿Qué es lo que tiene que te atrae tanto?

—Es porque me gusta la naturaleza.

—Para eso están los jardines de palacio.

Y Aluna tuvo que intervenir finalmente.

—Han, no olvides lo que decidiste, además, no compares una cosa con la otra.

Sentirse en la naturaleza es muy diferente a estar siempre viendo los mismos arbustos podados al gusto del jardinero.

Han cerró los ojos suspirando mientras que su hija esperaba para escuchar su decisión.

—Bueno, está bien, puedes ir con Alejandro un rato, pero, tienes que estar aquí antes de la hora de comer.

Nada de pasar horas fuera, cuanto antes llegues mejor.

Anyelik no se aguantó gritando un ¡bien! por todo lo alto, y, cuando terminaron el desayuno, ella y Alejandro se prepararon para salir abrigándose un poco.

Aunque tuvieron que montar en el carruaje por órdenes de Han para llegar directamente a la entrada del bosque lo antes posible.

—¿Vas a ver a esa mujer del bosque verdad?

Le terminó preguntando mientras caminaban entre los árboles, por suerte ya no había casi nieve.

—Claro jeje. Es bueno que ella tenga visitas, siempre está tan sola.

—No sé, a mí no me cae muy bien, es muy rara.

Anyelik entonces, le tomó del brazo haciendo que la mirara.

—No seas así Alejandro, yo también soy rara y me quieres.

El pobre se puso algo rojo mirando hacia un lado.

—Bueno, tú eres diferente.

—¿Por qué por qué?

Le insistió ella queriendo saber, tratando de que volviera a mirarla, poniéndose frente a él porque esquivaba sus ojos.

—Aaah, Anyelik, no me hagas esas preguntas ahora.

Simplemente, tu aura me resulta agradable, hala, sigamos caminando.

Y esta infló sus mofletes sabiendo que él no le quería decir todo.

Cuando llegaron a ese lugar del bosque donde se encontraba el tronco, Anyelik sacó el colgante que Lucy le dio abriendo el portal hacia su mansión.

Alejandro se quedó un tanto impresionado por ello, pero no le preguntó nada al respecto.

Esa parte del bosque no tenía nieve, parecía como un lugar en donde el tiempo no pasaba, incluso la temperatura no era tan baja, eso sí, parecía que sí había noche y día allí.

Al llamar a la puerta, esperaron unos pocos minutos hasta que Lucy les abrió, quedándose algo sorprendida al ver que con Anyelik, estaba Alejandro, aunque trató de fingir esa emoción que sentía en el cuerpo.

Como siempre, iba vestida bastante sugerente.

—Vaya vaya, una visita mañanera, ¿al fin vienes a comprobar lo limpia que dejé mi mansión?

—No te equivoques, solo vengo de acompañante.

Y Lucy trató de no fruncir el ceño ante sus palabras.

Anyelik no pensó nada raro y entró emocionada viendo que todo estaba limpio al fin.

—¡Aaah sííí! Qué feliz estoy de que limpiaste juju.

Pero… jooo, me gustaría haberte ayudado con ello.

—No pasa nada, después de todo, no es que puedas venir aquí en cualquier momento, no iba a esperar.

Alejandro dudó un poco y acabó por hacer esa pregunta.

—¿Será verdad que has limpiado toda la mansión entera tú sola? O… sólo, la parte visible.

Lucy entonces, puso sus manos sobre sus caderas un tanto molesta tratando de responder algo convincente sin resultado.

—Vamos, que tengo razón.

—Vale, sí, me has pillado, pero bah.

¿Para qué iba a limpiar el resto de habitaciones en donde ni siquiera yo entro?

Anyelik ahí, fue a ella tomándola de uno de sus brazos.

—Entonces, hoy te ayudaremos a terminar todo.

—Aaah, no puede ser, ¿para eso vienes a verme? ¿Para hacerme limpiar?

Expresó molesta sin contenerse.

Alejandro observaba todo.

—Jooo, no te enfades, los amigos están para todo, no solo para momentos divertidos.

¡Venga, a limpiar!

Y dijo aquello alzando su bracito en lo alto.

A Lucy no le quedó más remedio y entre los tres, comenzaron con las primeras habitaciones.

Anyelik, con emoción, le contó todo lo del día anterior en el local y el cómo se hizo amiga de Lala, cosa que, tras escuchar esa última parte, recordando perfectamente que ella servía también a Yeivh, sin darse cuenta distraída, se golpeó con el pico de un mueble en su pierna provocándole un gemido de dolor.

Anyelik, enseguida y preocupada, fue a ella que tomaba su pierna dolorida.

—Ay no Sonia, te hiciste un buen rasguño.

¿Te duele mucho?

—Ah, no pasa nada.

—No, debe de dolerte, ¿dónde tienes para que te cure?

Pero Lucy la apartó, aunque trató de no hacerlo de forma brusca ya que Alejandro estaba mirando.

—No salió sangre así que, no te preocupes más, anda, sigamos limpiando, quiero acabar cuanto antes.

Anyelik ya no insistió más, a veces le gustaría que Lucy se abriera a ella y que se dejara ayudar.

A pesar de que le hablaba animada de todas sus cosas, esa sirena nunca le contaba de su vida y solo escuchaba, era como un misterio.

Lucy, en verdad parecía sentirse extraña, como si no estuviera acostumbrada a tratar con una persona así de afectiva y, cuando la habitación estuvo al fin acabada, Anyelik emocionada, fue a darle un gran abrazo inesperado.

—¡Ah! Me asustaste, no hagas eso de tan de repente.

—Juju, es que ya casi acabamos, ¿queda una habitación más no?

Y Lucy miró hacia un lado.

—Bueno sí, pero antes, vamos a tomar unos jugos, estoy un poco agotada.

—¡Sííí! ¡Jugos de Sonia!, son tan deliciosos.

Y esta última, se agachó para ir al oído de esa princesa.

—Pero que Alejandro no me vea ir a por el que te gusta, no quiero que sepa aún que soy una sirena.

Ya en la cocina, Lucy les pidió que la esperaran mientras que iba a por los frutos a su jardín y, Anyelik, se quedó contándole a Alejandro lo ricos que eran los jugos que aquella sirena le preparaba.

Fue en nada que ella regresó, tenía todo su cabello empapado cosa que a ese vampiro le extrañó pero no dijo nada.

—He traído unos frutos diferentes para ti.

Dijo refiriéndose a él.

—Jooo, ¿y esos también son ricos Sonia?

—Estos no los puedes tomar tú, son unos frutos que fortalecen a los demonios y les dan energía, así podrá limpiar con más garbo.

—Aplícate el cuento, no creo necesitar algo así, pero, me lo beberé ya que me apetece algo después de tanto limpiar lo que no debería.

—Jooo Alejandro, no seas tan malo con tus palabras.

Aaah, cómo me gustaría saber a qué saben los frutos para demonios.

Lucy no dijo nada respecto a eso y, sin una expresión, comenzó a preparar esos jugos.

Primero el de Anyelik que se lo bebió de golpe sin esperar a los demás.

—Qué bruta eres, ni respirar siquiera un poco a la mitad.

Expresó Alejandro alborotando un poco su cabello mientras que Lucy seguía con el siguiente jugo, seria, como nunca.

—Es que tenía mucha sed juju.

—Pues luego te darán ganas de ir al baño enseguida y solo espero que el retrete de esta mansión esté apto para poder sentarse.

Lucy entonces, le plantó su jugo de golpe, ligeramente molesta.

—El baño está limpio, tengo un límite ¿sabes?

Alejandro la miró de reojo mientras tomaba ese vaso.

Era una mujer extraña de verdad y, no entendía cómo Anyelik podía ser amiga de alguien así tan distante.

—Oye Anyelik, ¿estás durmiendo mal o qué?

—¿Lo dices por mis ojeras?

—¿Qué si no?, es lo primero que veo cuando te miro a la cara.

—Bueno, duermo como siempre, pero como estoy despertando mi poder, supongo que mi cuerpo se debilita.

Esta mañana me sentía muy cansada, pero sí o sí, quería venir a verte.

Lucy volvió a sentirse extraña, pero aun así, siguió con el cuento.

—Ains, deberías haberte quedado descansando, encima vas, y te decides a limpiar mi casa, ya te vale.

Anyelik mostró una ligera sonrisa animada.

—Es que, si no lo hacíamos seguro que lo dejarías pasar juju.

—Bueno, ya solo queda una habitación, escucha.

Y aquella sirena, se sentó de una manera un tanto sensual en la mesa, cruzando sus piernas con lo que Anyelik se quedó viendo su buena figura.

—Esa la podemos hacer entre Alejandro y yo y tú, si quieres, descansas mientras en el jardín.

—Pero sería mucho para ambos, al menos déjame ayudar un poco.

Lucy tenía muchas ganas de sonreír pero se contuvo.

—Entonces, mi habitación, esa solo necesita un poco de arreglo, la puedes hacer tú, porque, sé que vas a insistir en ayudar aunque te diga que no.

—Está bien juju, la haré.

Y Lucy sentía que estaba ganando el juego.

Aquella princesa se veía tan inocente y, cuando esta se bebió un jugo normal que se había preparado para que no sospecharan de lo que estaba tramando, subieron a la última planta y Anyelik se fue a su habitación y ella y Alejandro, a una que había al otro lado más alejada.

Allí, en silencio, y con una palangana con agua limpia, ambos se pusieron a limpiar.

Fue a los pocos minutos de comenzar, que Alejandro empezó a sentirse realmente extraño y no entendía por qué en esos momentos, le estaba sucediendo aquello.

Una excitación le inundó y, cada vez, se hacía más intensa, al punto, que lo pudo notar en esa parte de él y Lucy, que sabía bien lo que le estaba sucediendo, comenzó acercándose bastante a él, agachándose justo en frente, como si limpiara algo en el suelo, mostrándole así su trasero delante de sus narices con ese ajustado vestido que llevaba.

Después, se incorporó, haciendo con su brazo, que su largo y lacio cabello se apartara un poco dejando ver su largo cuello.

—Aah, tanto limpiar me está provocando mucho calor, ¿a ti no Alejandro?

Este no dijo nada ya que estaba tratando de ocultar lo que se había formado más abajo, aunque ni siquiera era a causa del atractivo de Lucy ya que, no le llamaba nada la atención y esta, se acercó al ver que no respondía, poniéndose tan cerca, posando su mano en su rostro con una mirada un tanto seductora.

—¿Te sucede algo?, ¿pareces nervioso?

Y ahí le echó un ojo a sus pantalones.

—¡Alejandro! ¿Cómo te pusiste así?

¿Acaso, llevas mucho tiempo sin probar a una mujer?

—¡¿Qué demonios estás diciendo?!

Respondió fríamente a pesar de la situación, apartando su fría mano de su cara.

—¿Por qué te resistes si te has puesto excitado?

¿Qué pasa?

Aaah, yo soy toda una mujer y por eso te sientes así ahora.

Qué mal me parece que te andes poniendo cachondo sabiendo que esa niña está cerca.

La excitación, era tan, tan fuerte, y aun así, él, no sería capaz de tocar ni un solo pelo de esa extraña mujer que, ahora, viendo que este seguía resistiéndose, se lanzó a abrazarle para que sintiera en su fuerte pecho sus dos grandes atributos en ese escote que llevaba.

—Alejandro, ¿no te resulto atractiva y deseable?

Le decía mirándole a los ojos desde abajo pues, a pesar de que no era una mujer bajita, Alejandro seguía siendo un hombre alto.

—Llevo años aquí en soledad, sin saber lo que es un hombre, me siento mal incluso por desearte a ti precisamente, pero, quizás el destino quería que así fuera.

Alejandro ya no pudo más y, con todo ese deseo raro que tenía, la apartó de la forma más brusca posible.

—Alejandro.

Dijo su nombre un tanto confusa.

—¡¿Qué demonios te pasa que no caes ante mi belleza?!

Terminó gritando desde el suelo, ese vampiro estaba más molesto y serio que nunca, incluso con esa excitación, controlando muy bien la situación y, hasta dándose cuenta, viendo ahora la pierna de Lucy, que incluso el rasguño de antes le había desaparecido.

—Aunque fueras la mujer más deseable del universo, jamás me acostaría contigo, por muchos venenos raros que me dieras, nunca caería.

—¡¿Qué estás diciendo?!

Gimió Lucy incrédula.

—¿Jugo para demonios?, no sé qué era esa mierda que me diste, pero está claro que tú has provocado que yo esté así ahora, y más que conseguir que te desee, me das más asco todavía.

—¡Alejandro, eres…!

¡Eres un monstruo!

Pero él ni le respondió dejándola allí, tirada en la habitación, yendo a por Anyelik para tomarla a la fuerza sin darle ninguna explicación para sacarla de allí de una maldita vez tras tomar los abrigos de la entrada.

—¡Alejandro Alejandro! ¿Qué te está pasando?

¿Dónde está Sonia?

—¡Vete sacando esa piedra, venga!

Le gritaba tirando de ella por el camino.

Y cuando Anyelik tomó la piedra en su manita y se abrió el portal para salir, nada más poner un pie afuera, este le arrebató el colgante, lanzándolo con tanta fuerza al suelo y, después, sacando su espada, lo hizo pedazos haciendo así que perdiera su efecto.

—¡Nooo! ¡¿Por qué lo hiciste?!

Exclamó ansiosa viendo los pedazos en el suelo sin entender aún qué había pasado.

Alejandro estaba serio, con ambos abrigos en su brazo, aún más excitado que antes y, Anyelik, tuvo que descubrirlo con tan solo voltearse a verle, porque, ni siquiera fue capaz de taparse esa parte que ya era tan notoria.

—Alejandro, tus, tus pantalones…

Ya no pudo más aquel vampiro, tirándola en mitad del suelo del bosque, yendo a su cuello como poseído mientras que metía una de sus manos bajo su vestido.

Tomando con ganas su pequeña cintura mientras bebía de su sangre, respirando como podía tan agitadamente cada vez que tragaba.

Las garras de Alejandro habían salido a la luz así como sus alas negras.

—¡Alejandro no! No puedes hacerme eso aún.

Y las manitas de Anyelik acabaron rodeándole, recordando la promesa con Gabriel.

Pensó que Alejandro se la bebería entera, pero fue al poco, que este pudo liberar sus colmillos de su cuello diciendo aquello.

—Me, me duele en los pantalones.

Anyelik, perdóname, debo, debo hacer tras unos arbustos o donde sea, ya no puedo más.

Y al incorporarse, Anyelik ya no quiso mirarle ahí, sintiéndose un tanto aturdida y Alejandro, el pobre, casi revienta y sentado tras unos arbustos, sintiéndose el hombre más indecente del mundo, y, con Anyelik de las maneras más prohibidas en su mente, lo hizo, lo hizo con tantas ganas, que ella, pudo escucharle disfrutar, poniéndose colorada, con su corazón a punto de salirsele del pecho.

No fue hasta un buen rato después, que aquel vampiro salió al fin de tras esos arbustos más calmado.

Estaba tan avergonzado y Anyelik, aún estaba tirada en el suelo lo que le dejó sumamente preocupado yendo a ella para tomarla en sus brazos.

—Anyelik, ¿estás bien?

¡Joder! No debí beber tanta de tu sangre.

Anyelik, te juro que no quería hacerte daño, por favor.

Pero ella abrió sus ojitos.

—No, estoy bien, pero… ahora me da vergüenza que nos veamos.

Ayyyy, te escuché desde aquí, tu voz, tan feliz haciendo eso…

Y Alejandro se sonrojó como nunca.

—¡Por dios Anyelik! ¡Te juro que no soy un degenerado!

Esa maldita de Sonia tiene la culpa, ese jugo que me dio era venenoso o algo y me provocó esto.

Anyelik al fin le miró a los ojos olvidando su vergüenza.

—No puede ser, ella… ¿hizo eso?

Y este la sentó en el suelo.

—Sí.

Respondió tomando seriedad de nuevo.

—En la habitación, incluso se me echó encima para lograr tener algo conmigo.

Ella sabía que yo me había excitado sin razón, lo planeó bien la maldita.

La carita de Anyelik se tornó con una gran tristeza y, Alejandro, se sintió horrible al verla casi al punto de llorar por lo que sin pensarlo siquiera, le dio un gran abrazo repentino.

—Oye, no llores, no quiero que me llores, las decepciones con la gente, son algo que a veces pasa.

Aaarg, si tu padre te hubiera dejado salir antes, tenías que haber aprendido ya que hay supuestos amigos que acaban siendo así.

—Pero… ¿por qué hizo esto?

Terminó preguntando rompiendo en llanto.

—Precisamente contigo, dañarte así me pone muy mal Alejandro.

No quiero que te lastimen.

Alejandro tuvo que dejar de abrazarla para ver su carita y secar sus lágrimas.

—No lo pienses más, era una mujer básica que ha vivido sola demasiado tiempo.

Y Alejandro le mostró una sonrisa con un aire de chulería.

—Tu Alejandro es demasiado guapo y por eso perdió la cabeza.

Bah, mira que llorar por alguien así.

Se notaba en su esencia que era un alma muy vacía, por eso no me terminaba de agradar.

Anyelik.

Dijo ahora tomando su barbilla para que sus ojos se vieran.

—No debes dejar que las decepciones con la gentuza te afecten así, ya sé que es la primera vez, pero, si sigues llorando me voy a poner muy triste.

Entonces, este tomó su abrigo para rebuscar en los bolsillos, de allí sacó un pañuelo con el que limpió la herida del cuello.

—Como vea esto tu padre me va a matar.

—Tengo la liga del cuello en el abrigo, no te preocupes, siempre la llevo encima por si… bueno…

Y aquella princesa al fin había dejado de llorar mirando sus manitas nerviosa.

—No me digas que andas esperando a que vuelva a morderte.

—Eso mismo.

Y Alejandro volvió a sonrojarse, pero después le colocó la liga y más calmados, decidieron que ya era momento de regresar al palacio.

Ya allí, fingieron que todo estuvo bien, incluso Anyelik se reía, no debía dejar que su padre supiera nada, menos aún que quería llorar y ya, si descubría lo que pasó con Alejandro, incluso podría mandarle lejos del palacio.

Así que, mientras comían, mintió un poco y le habló de lo lindo que le pareció el bosque ahora que la nieve se iba derritiendo.

Pero tras comer, decidió ir a su habitación y Alejandro, aún seguía con la preocupación en el cuerpo por todo, y no solo por su salud últimamente, también por su estado de ánimo, y sabiendo que había bebido tanta de su sangre, no podía estar en paz y tenía demasiados remordimientos.

Así que, dejando un poco su orgullo de lado, antes de que Carl se marchara a meditar, le pidió que le acompañara a la cocina para que prepararan un buen dulce para Anyelik.

—¿Qué le pasa? ¿Sigue débil?

—Bueno, algo así, yo no sé hacer dulces ni nada de eso, así que, ayúdame, aunque sea a preparar algo rico y que llene bien.

Por unos momentos, Carl pensó en qué podrían preparar y enseguida, se le vino una receta sencilla.

—¿No será algo de chocolate?

—Una maicena de chocolate, nutritiva y rica, rápida de hacer.

Y así pues, entre los dos se pusieron a cocinar y en pocos minutos, ya tenían listo un buen tazón y ambos subieron a la habitación.

—Ejenm, como sé que estás preocupado por ella, entra tú también.

Dijo aquel vampiro y así hicieron.

Este se sintió calmado al ver que ella no estaba llorando, aunque estaba tumbada de lado en la cama y Carl, rápidamente, fue hasta ella para ver cómo se encontraba, agachándose junto a la cama, ahí, ella abrió sus ojos encontrándose con la carita de Carl.

—¿Qué sucede Carl?

Dijo un tanto atontada.

—Anyelik tiene muchas ojeras, por favor, ¿estás bien?

Ella entonces le sonrió.

—No pasa nada de verdad.

Pero Alejandro se sentó en la cama con el tazón.

—He cocinado para ti, bueno, con la ayuda de Carl, anda, vamos a que te tomes esto, es de chocolate.

Y ella enseguida se incorporó.

—Auuu, qué rico huele, aunque acabe de comer, quiero más juju.

Me gusta mucho el chocolate.

Ambos chicos se sintieron calmados viendo que ella se puso a comer con su característico brillo de ojos y, cuando se lo acabó, Carl tomó el cuenco dejándolo en la mesilla.

—Chicos, gracias por preocuparos tanto por mí, aunque, tengo un poco de sueño, igualmente, no quiero estar sola aunque duerma.

Alejandro, sabía bien que era por el dolor que sentía, por lo que decidido, tomó su manita.

—Entonces, Carl y yo nos quedaremos aquí contigo mientras duermes, venga, métete en la cama.

Anyelik, estaba sorprendida de ver a Alejandro actuar así y pudo volver a sonreír.

Le gustaba ver que podía llevarse bien con los demás chicos y ya no se aguantó más, metiéndose en su cama para descansar.

Alejandro se quitó sus zapatos y se tumbó a su lado con lo que ella, no se contuvo pegándose a su pecho un poco, durmiéndose en nada de tiempo y Carl, se sentó al final de la cama, apoyado en la pared.

Alejandro, no pudo evitar apartar el largo cabello de esa princesa para poder ver su cuello, aún tenía la liga puesta, se sentía un monstruo a su lado y, acabó por quitársela para ver allí, el par de orificios de sus colmillos, cosa que no le ocultó a Carl.

—¿Qué es eso? La, ¿mordiste?

Tuvo que preguntar y parecía un tanto molesto pero se contuvo.

—Sí, y no es la primera vez que lo hago.

Ódiame si quieres, pero, guárdame el secreto, porque si su padre se entera, no podré verla más y eso me matará.

Si no la tengo cerca, siento que no merece la pena existir.

Carl se quedó en silencio por unos momentos, pero al final le miró bastante serio.

—No le diré, pero, si un día sobrepasarte, yo no me contendré contigo.

—Dejaré que me mates si lo hago 

Y no pudo aguantarse pegándose más a ella, sintiendo el aroma de su cabello el cual estaba esparcido por la almohada.

—Algo, ¿pasó hoy?

—¿Quieres que te lo cuente?

Después de todo, no somos tan diferentes, no me olvido de lo que le hiciste en la escapada.

Carl miró a otro lado por los nervios, pero le pidió que le contara aun así y Alejandro, le relató todo lo ocurrido con esa mujer, lo del jugo venenoso y cómo casi no se aguanta y llega a más con Anyelik.

—Pero yo tengo un pase eh, ese jugo del demonio me puso así, aunque, no te mentiré…

Carl, al fin fue a sus ojos, ya que, al escuchar esa última parte de lo ocurrido, sintió demasiados celos y había tenido su mirada a otro lado muy molesto.

—Son tantas veces las que Anyelik pasó por mi mente de formas indebidas, no puedes evitar desear al ser que amas.

O, acaso, ¿tú no lo piensas a veces?

Carl, lo tuvo que reconocer, recordando que en las noches, a veces no podía evitar imaginarla, aunque trataba de respetarla incluso en sus pensamientos, la mayoría de veces era imposible.

Ambos chicos, se preguntaban si Gabriel pensaba cosas así también.

—Aaah, obvio que pensará de las peores guarrerías.

Se esconde bajo su apariencia de caballero educadito, pero debe ser el peor de los tres.

Acabó soltando Alejandro en lo alto y, mientras tanto, en el jardín, a Gabriel se le escaparon unos cuantos estornudos y tuvo que dejar de practicar con su espada.

—¿Será que alguien me está pensando mal?

Mark, ya no podía más después de tantos días sin ver a Elizabeth.

Había estado en su cuarto leyendo, pero en su mente, solo estaba ella y se deseo por verla.

A esas horas, ella no estaría en el local y, sabiendo ya en donde vivía, lo decidió de una vez levantándose al fin de su cama, soltando el libro y tomando su abrigo para ir a ella.

Para llegar lo antes posible, tomó un carruaje, ni siquiera le avisó a su padre de a dónde iría.

Al llegar a la zona, le pidió al chófer aparcar un poco alejados y después le ordenó que se marchara.

—¿Seguro mi señor?

—No te preocupes, regresaré por mi cuenta, necesito caminar un poco.

—Está bien, me marcharé, tenga cuidado, últimamente hay muchos peligros.

Y cuando al fin le vio alejarse, Mark, se acercó a la mansión mirándola desde afuera por largo rato.

Sin decidirse si llamar o no al timbre, miraba tras un contenedor de basura sintiéndose un hombre penoso que no era capaz ni de lanzarse a algo tan sencillo.

—Aah, tengo que hacerlo de una vez, además, este contenedor huele horrible tan cerca.

Y en el momento en el que al fin iba a salir, con intenciones de llamar a la puerta, esta se abrió de pronto con lo que regresó a esconderse antes de ser pillado.

Vaya su sorpresa, al ver que allí estaba Elizabeth, pero, un hombre, estaba tomándola del brazo bruscamente y pudo escucharlos.

—Venga Elizabeth, hoy te puedo dar la noche libre, pero, a cambio, quiero lo de siempre.

¿Recuerdas que eres mía?

—Jonathan, hoy, te pido por favor que no, además, sabes que no puedo trabajar en mis días.

—Lo sé, pero sabes que a mí me da lo mismo si estás con la regla o no cuando tengo ganas.

—Jonathan, de verdad que no me encuentro bien, además debo comprar compresas porque se me han acabado.

—¡He dicho que entres ahora joder!

Y en el momento en el que, de un golpe, la tiró al suelo, Mark, tapándose con la capucha de su abrigo y ocultando su ojos con su largo cabello, ya no se ocultó más cargando una ira desmesurada, plantándose frente a ese hombre horrible, un hombre con una apariencia joven también, alto, como él, pero, bastante más corpulento, de cabello rubio oscuro peinado hacia un lado y no demasiado largo que, de un puñetazo en el vientre, le hizo retorcerse de dolor y ahí, imponente, se preparó para luchar frente a Elizabeth, que no se esperaba su aparición.

Continuará.

De corazón a corazón, pokecuento gardevoir

 De corazón a corazón. Una sensación palpitante en todo mi cuerpo, esto ya lo había sentido varias veces, cada día, tiempo después de que co...