De corazón a corazón.
Una sensación palpitante en todo mi cuerpo, esto ya lo había sentido varias veces, cada día, tiempo después de que comencé a trabajar en este gimnasio, mi gimnasio.
Incluso, me había hecho revisiones muy a menudo y, nada, estaba completamente saludable, mejor que nunca.
—Aaah.
Gemí sintiendo arder mi pecho, no dolía, para nada, era, una sensación, tan agradable, profunda y hasta, parecía desear algo que jamás voy a entender, y fue ahí, cuando al fin me volteé, dejando de lado lo que estaba haciendo, clavando mis ojos hacia esas grandes ventanas que dejaban ver a cualquiera que pasara por allí, todo el interior de mi gimnasio, solo, solo para ver esos ojos rojos, como rubíes, tan grandes y bonitos, como si alguna vez, antes, no sé cuándo, los hubiera visto demasiadas veces.
Una gardevoir de extraños colores, me estaba mirando tan fijamente, como si no existiera nadie más en el mundo más que yo.
Logrando al fin apartar esa conexión de miradas, corriendo hacia la entrada, lanzándose a mí, a mi pecho, de la nada, como si tuviéramos la mayor confianza del mundo.
—Qué feliz estoy de sentir tu cálido pecho James.
Fue lo que ella dijo, con una aniñada voz, dulce y adorable.
Pero, unos recuerdos me invadieron por completo, quedándome casi en trance.
—Entonces, cuando haya sanado tu corazón, yo seré al fin una entrenadora Pokémon, tendré una gardevoir y tú, ¿te harás con un infernape James?
—Así será Victoria, y además, por fin podré abrir mi gimnasio, y, entrenaremos juntos, y tú, estarás invitada siempre.
—Venga ya James, tengo dinero de sobra, pagaré por ir a tu gimnasio.
Y su risa, esa risa que ella tenía tan alocada, con su voz no tan aguda, llenó toda esa habitación, esa habitación en la que me encontraba postrado en una cama desde hacía varios meses.
Victoria…
Por eso, volví de mi trance, apartando a esa gardevoir de mí, que seguía pegada a mis pectorales como si nada.
—¿Cómo sabes mi nombre?
Y ella, echó un poco su mirada a un lado, como nerviosa por darme esa respuesta.
—Bueno…
Yo, jeje, pues llevo observándote mucho tiempo, así, supe cuál es tu nombre baby.
¿Puedes ser mi entrenador?
—¿Qué?
¿Y esa pregunta que me hacía de la nada?
Estaba por contestarle que no un poco molesto, pero mi mejor amigo, y ayudante en mi gimnasio, apareció de la nada dándome unas tremendas palmadas en la espalda.
Menos mal que estoy fuerte del entrenamiento físico, que si no, me parte por dentro.
—Enris, eres un bruto eh.
Y este, con su risilla cargada de chulería, trató de calmarme con su anda, anda de siempre.
—Ains, así que, al fin te decidiste a entrar al gimnasio de mi colega.
—Espera eh, ¿la conoces?
Y Enris se acercó a ella para mirarla más de cerca, cosa que no pareció incomodarle.
—Junmm, ahora que te veo de cerca, tu rostro se me hace un tanto familiar, pero, no sé de qué.
De una vez, ella mostró que sus mejillas podían sonrojarse y se tapó la cara con sus manos blancas.
Tenía las uñas largas y arregladas, en sí, toda su apariencia se veía delicada y se notaba que estaba cuidada, y, mirándola así, tan detenidamente, fue que Enris y yo, nos percatamos de que tenía una herida en su pierna izquierda, así que, destapandole el rostro, la tomé de la mano e hice que se sentara al fondo del gimnasio, mientras que Enris, iba a por el botiquín para así, curar esa herida.
—¿No me vais a decir nada?
Dije mientras ponía el ungüento, la piel de esa gardevoir, me resultó demasiado suave y eso me llamó la atención.
—Ajaja, pensé que ya te habías dado cuenta y que simplemente lo habías ignorado.
—Enris, no entiendo un carajo.
¿De qué tendría que haberme dado cuenta?
Seguí preguntando mientras que, este, me pasaba unas vendas ahora.
—Pues de que esta gardevoir te ha estado observando desde hace muchos años.
Hará como 7 si mal no recuerdo, fue que me di cuenta que una kirlia, absolutamente, cada día, venía a observarte por largo rato, y cierto día, sin más, ya había evolucionado en gardevoir, y, siguió haciéndolo, lo que no entiendo, es, ¿por qué?
¿Por qué espías tanto a mi coleguilla?
Eh pillina, ¿te has enamorado?
Y esa gardevoir, volteó su rostro para ocultarlo, nuevamente.
—Aaaah, eso no lo digo.
Simplemente, es que, yo, quería pedirle desde hace mucho que fuera mi entrenador, pero, pues no tenía el valor para hacerlo.
Me incorporé habiendo terminado de curar esa herida, algo serio, pero, queriendo ser amable con ella.
—No tengo pensamientos de ser entrenador Pokemon, lo siento mucho, eeeh, no sé tu nombre aún.
—Anyelik, me llamo Anyelik.
—Pues, entiéndeme Anyelik, ser entrenador, es algo que jamás se me pasaría por la mente.
Y sentí que era un gran mentiroso tras soltar esas palabras.
Recordando la ganas que había tenido de serlo el tiempo que viví junto a, ella.
Pero, después de que se marchara para siempre, dañándome así, renuncié por completo a ello, aún, no la puedo perdonar.
¿Cómo iba a aceptar a esta gardevoir de pronto?
Para colmo, siendo el Pokémon que a ella más le gustaba.
Sería absurdo.
No imaginé, la carita de tristeza que ella me pondría en esos momentos, tanto dolor reflejaba en su mirada, que, os juro que mi pecho dolió, un dolor extraño, que no venía de este corazón físico, si no, de algo más, dolía, pero, no sentía que fuera ese maldito órgano que está en mi interior.
Y, esto ya me había pasado antes, por eso me había hecho tantas revisiones y nunca me sacaban nada.
Aquella gardevoir llamada Anyelik, se teletransportó en ese mismo instante, escapando de allí, quedándome con un último recuerdo de sus ojos cristalinos a punto de romper en llanto.
—Aaaains, serás rompecorazones James.
Gruñó mi amigo cómo decepcionado.
—¿Cómo decirle que no a una gardevoir tan bella?
—Serás pervertido Enris.
Siempre igual, pierdes la cabeza cuando ves a chicas bonitas, aunque sean Pokemon.
Y este se rió por todo lo alto.
Enris, en verdad, era un gran amigo, el único que sabía de mi triste pasado.
Al fin, había abierto el gimnasio de mis sueños al estar saludable, había entrenado mucho mi cuerpo como siempre quise.
Tenía facilidad para formar mi cuerpo, siempre fui ágil como un infernape real.
Pero, caí muy enfermo del corazón a los 13 años, parecía que me quedaría poco tiempo de vida y que mis sueños se irían todos por la borda.
Me había esforzado, tanto tanto, trabajando desde los 10 en una gran mansión, reuniendo todo el dinero necesario ya que, mis padres, eran de una familia muy humilde y estaban muy mayores, pues, me tuvieron cuando mi madre ya estaba cerca de los 50 años.
En esa mansión en donde me quedé a vivir en un viejo cuarto, fue en donde la conocí a ella, a la malvada Victoria.
La chica que más amé en mi vida.
Dos años mayor que yo, cosa con la que a menudo bromeábamos.
La hija de esa mujer horrible, mujer manipuladora que me usaba como le daba la gana a pesar de que yo era tan solo un crío.
Pero, Victoria, era mi refugio, para que, a mis 14 años, ella, me dejara completamente solo.
Pero, rehice mi vida, no pude ser entrenador porque esos recuerdos me ponían mal, pero, sí cumplí mi gran sueño de llevar mi propio gimnasio y, cuando mi cuerpo estuvo fuerte, tan solo dos años después, con esfuerzo y trabajando de aquí para allá en otros lugares, ya me veis.
Si hasta me saqué la licencia de conducir, cosa que siempre deseé.
Correr con mi coche por el campo era apasionante, me desfogaba de mis oscuros recuerdos así.
Al poco de comenzar con el gimnasio, busqué un ayudante y Enris, me dio la total confianza, a pesar de ser un don Juan, es alguien sumamente importante para mí.
No podía dejar de mirarle con una pequeña sonrisa, agradecido por conocerlo y nunca dejarme solo, pues, mis padres, por la edad, se marcharon también.
Ese Enris, ahora le estaba dando ánimos a un par de chicas jóvenes que venían cada tarde a ponerse en forma.
Ya le vale, les sacará 10 años el capullo.
Menos mal, que aunque sea un don Juan, nunca jamás, sería de esos babosos acosadores.
Aunque, ya me ha contado, que con alguna de las chicas que vienen a entrenar, ha tenido una buena noche.
Qué travieso es.
Bueno, hace bien en aprovechar su buena apariencia y juventud, aún tiene 30 años, es súper alto, hasta más que yo, el tío mide casi dos metros, de cabello rubio algo oscuro, muy corto, y peinado un poco hacia arriba. Sus ojos son de un marrón cálido y bonito.
Es guapo, aunque, yo también lo soy, para qué lo vamos a negar.
Ya son varias veces las que han tratado de tener algo conmigo las chicas que vienen a mi gimnasio.
No sé si es que seré un tío raro o no, pero, es que, simplemente, no puedo.
Una vez, hace unos años, traté de tener algo con una de ellas, incluso nos acostamos varias veces y todo pero, lo sentí tan vacío, que tuve que ser sincero con ella para no hacerle daño después.
Y sí, no he podido enamorarme de nadie más desde que Victoria me dejó.
Ya tengo 27 años y, nada, el amor no llega a mí, creo, que eso no puede existir.
Y tras terminar sobre las 8 y media, tras una buena ducha, me quedé mirándome en el espejo completamente desnudo.
Mi cabello albino, no demasiado corto, tampoco me llegaba hasta los hombros.
Mis ojos vibrantes de un tono ocre amarillento, mirada atractiva, más por mis cejas marcadas.
Un buen cuerpo atlético y marcado, y, esa cicatriz en mi pecho.
Me tapé con mi mano mirando hacia un lado, sintiéndome como la mierda y odiando verme desnudo precisamente por eso.
Si no hubiera sido por Enris, dándome en todo el trasero con la toalla, me hubiera puesto a llorar os lo juro.
—Oye oye guaperas, ¿no estarás reprimiendo cosas?
Debes admirarte en el espejo más y dejarte de tonterías.
¿Vas a desperdiciar esa visión maravillosa?
Aprovecha que eres muy joven aún y estás buenísimo, junmm, es que, hasta me da un poco de envidia del tamaño de, mejor me callo porque voy a parecer un degenerado.
Pude salir de mis decadentes pensamientos gracias a los comentarios del travieso este de Enris.
—¿El tamaño de qué?
¿Me estabas mirando ahí depravado?
Ya hasta voy a pensar que eres bisexual o algo joder, desde ahora me ducharé primero y ya, luego tú, no me fío de ti Enris.
Cómo se reía el capullo por todo lo alto.
Será posible.
—Aajjajaa, nunca podría pensar en un hombre habiendo tantas bellezas en el mundo.
Solo estoy siendo sincero.
Joder, mira que yo también estoy bien dotado, pero, joder tronco, no desperdicies tu tiempo y goza un poco
Si quieres, te enseño a cómo usar magistralmente tu herramienta.
Y le di un porrazo de los grandes para que se callara.
—Que te lo has creído, no estaré de cama en cama cada semana, pero sé perfectamente cómo dar placer.
Soy bueno sin necesidad de estar todo el rato dale que te pego.
Y le dejé ahí mientras me reía, Enris se retorcía un poco de mi golpe pero también se estaba partiendo el culo.
Después, me fui hasta mi casa, esta no estaba demasiado lejos, a 5 minutos nada más.
Un pequeño pisito viejo pero acogedor.
En la última planta, para admirar todo el cielo nocturno en las noches.
Me tomé una buena cena y, como cada noche, antes de acostarme, a veces, en vez de verme una buena serie, me ponía a mirar por el balcón todo el firmamento.
Estaba atontado viendo el brillo intenso de una estrella cuando, un suave aroma como a dulces, me llegó con la brisilla que corría a mi alrededor.
Miré a mi derecha y, casi me caigo del susto.
¡Esa gardevoir estaba allí!, vestida con una ligera bata blanca demasiado sensual, ajustada a su pequeña cintura, mirándome con una sonrisa.
—¡Anyelik!
¡¿Cómo demonios has llegado hasta mi balcón?!
—Jiji, una vez te seguí sin que te dieras cuenta hasta la entrada de tu piso.
Y, jeje, pues al rato, curioseando, desde abajo, te acabé viendo asomado por este balcón en una noche igual a esta.
Algo asustado me aparté lo más que pude hasta quedarme contra la pared que separaba mi balcón de el del vecino.
—¿Eres una acosadora o qué?
Pregunté algo asustado mientras que ella se acercaba más y más, acabando por abrazarse a mí como en la tarde.
Oh por dios, olía demasiado bien.
De nuevo, mi corazón sintiéndose tan extraño, me va a dar algo.
Esta gardevoir es un peligro.
—James.
Dijo ahora, joder, mirándome, separándose un poco de mí, para alzar sus ojos y penetrarlos en los míos.
—¿Puedo pasar la noche contigo?
¡¿Qué demonios?!
—Anyelik, ¿qué estás insinuando con esto?
¿Quieres abusar de mí o algo con tus poderes psíquicos cuando esté dormido?
—Joooo, nooo.
James, yo no soy así.
¿Cómo voy a atarte a la cama?
Jamás te haría algo que tú no quisieras.
Ahí sí que me asusté pero, de verdad de la buena.
—¿Atarme a la cama?
Eso no te ha venido de pronto, ¿verdad?
Pero, los ojos de esa gardevoir, volvieron a cristalizarse dejándome al fin ver un montón de lágrimas desconsoladas.
—Oye, yo, es que.
Aaah, Anyelik, no soy como tú piensas, no podría hacer de esas cosas que tú quieres, si no estoy enamorado, simplemente no podría.
—James, no estoy llorando por eso.
Dijo de una vez, atravesando mi mente con sus rubíes que seguían descargando ese llanto tan doloroso, que, en mi corazón, otra vez, me estaban dando de esos pinchazos que no entendía.
—Solo, estoy demasiado triste y sola James, no quiero estar sola en mi casa, quiero, estar contigo.
No me importa si por ahora no quieres ser mi entrenador.
Solo, es que, me siento segura cuando te veo.
No quiero hacerte nada, ni tan siquiera te besaría aunque, me gustaría.
Nunca, James, solo déjame quedarme protegida entre tus brazos esta noche para dormir tranquila.
Solo necesito dormir.
Al final me rendí, parecía totalmente sincera, ese dolor en su mirada era tan real.
Y, ciertamente, sí quería saber ahora qué pasaba en su vida para estar así.
Pero, aún no había ninguna confianza para preguntar.
—Ains, está bien, quédate esta noche, pero, solo por hoy ¿Eh?
El abrazo casi peligroso que ahora recibí, casi me deja sin vida.
Ese pico rojo que tenía, debía tener cuidado.
Uff, pero, esos pinchazos de corazón, al fin se habían marchado y, ¿saben qué más?
Aaah, como imaginé, hacer que Anyelik se quedara tan solo una noche, fue algo que simplemente, a ver cómo os lo explico.
Bien, os contaré todo.
Esa noche, Anyelik se puso a saltar sobre mi cama, tan feliz, como una chiquilla.
Cuando pude lograr que se calmara, la hice de caer para que de una vez se tumbara y así poder dormir.
Y sí, tuvo que rodearme por la espalda sin ningún pudor pero, se quedó dormidita en pocos minutos y, yo, extrañamente, teniendo a una desconocida al lado, me dormí como si nada al poco, porque, la extraña calidez que sentía me dejó tan calmado, como una paz que había anhelado por mucho tiempo.
Y bueno, para qué contar lo que me encontré al día siguiente.
Desperté y me incorporé enseguida para comprobar si ella seguía ahí.
Aaaains, no sé cómo es que me sonrojé por aquello.
Su pequeña bata se le había abierto al dormir y, pude ver todo su cuerpo en lencería blanca.
Aaah no, era hermosa y deseable.
Tenía el cuerpo más atractivo ante mis ojos pero, tuve que tomar esa prenda para taparla cuidadosamente sin que se despertara.
Esa lencería se veía realmente costosa.
Al igual que la bata.
Sus uñas muy bien cuidadas, al igual que su piel.
Se veía demasiado joven, muchísimo más que yo.
Su cabello, era más azulado, y, al rozarlo por unos momentos, me di cuenta, que era igual de suave que su piel, recordando cuando pude curar su pierna.
¿Qué demonios había tras ella?
¿Por qué una gardevoir que se veía tan bien cuidada, estaba herida? Y, además, se sentía tan sola y triste.
Y sí, al poco despertó, desayunamos juntos, hablamos de unas pocas cosas con una libertad que me sorprendió bastante, aunque, no me dijo nada en sí de su situación.
Después, se marchó de mi casa y yo, me puse a pensar en todo para, a la tarde, ir a mi gimnasio.
Y, ya sabéis, en la noche, ella regresó con el mismo cuento.
Y así, noche tras noche.
Ya, me había acostumbrado a esperarla en el balcón tras venir del trabajo.
Hasta, había veces que cenábamos juntos, reíamos un montón, veíamos de las series que me gustaban en el ordenador y, después, a dormir.
Así por un mes.
Y, por supuesto, no nos olvidemos, que siempre, siempre, aparecía con ropas sugerentes.
No en ropa interior como tal, siempre iba tapada con algún tipo de bata, a veces traía alguna que ya conocía, pero, todas, se veían como lencería de lujo.
Y, en las mañanas, encontrarme su cuerpo al descubierto mientras seguía dormida y yo, a taparlo porque, os juro, que algo raro me estaba pasando pues yo, me volvía completamente loco al verla así.
No solo eso, cuando me sonreía, era lo que más me gustaba, cuando su cuerpo estaba tras mi espalda en esa cama.
Cuando tomaba alguna de mis manos, y, cuando apoyaba su cabecita en mi pecho.
—Anyelik.
Le dije hoy más que serio mientras tomábamos una pizza que había pedido a domicilio, esa era su comida preferida.
—Creo que ya va siendo hora de que nos sinceremos un poco más el uno con el otro.
—¿A qué te refieres James?
—Lo sabes bien, todavía no me has hablado absolutamente de nada sobre tu vida.
Solo sé, que tienes 14 años y, nada más.
Me cuentas tantas cosas bonitas, cosas divertidas, me haces de reír todo el tiempo, pero, eso que te duele, jamás.
Los ojos de Anyelik, volvieron a mirarme como aquella vez que nos encontramos en mi balcón, la primera noche juntos.
Separándome de la mesa con sus poderes psíquicos, aunque, para nada bruscamente.
Yendo a mí para, posar su mano, sobre mi corazón.
Casi me da un vuelco.
—Acaso, ¿tú has sido sincero conmigo también?
Y se separó de mí tomando ahora su propio corazón, con sus manitas, como si le doliera demasiado.
Los pinchazos regresaron y ya estaba harto de esa sensación dolorosa.
—Es como si, me estuvieras también ocultando algo de ti.
James, yo, puedo sentirlo todo.
No es por mis picos rojos, no.
Lo siento, en mi propio corazón.
Me decía como al punto de romperse mientras que no dejaba de verme, como si me atravesara con sus propias emociones a través de la mirada.
—Cuando estás perdido en algunos pensamientos, me duele el corazón, aunque nunca te he leído la mente porque te respeto y, jamás lo haré, tranquilo.
Solo, quiero esperar a que me lo cuentes por ti mismo.
Por ejemplo, el día que vimos ese drama coreano en donde la chica enemiga tenía un infernape, mi corazón comenzó a doler tanto, demasiado, que pensé que hasta estaba enfermando, pero, supe que era por ti, porque mirabas la pantalla sin ni tan siquiera una sola expresión, esperando a que acabara de una vez para regresar a tu cara de siempre.
Aunque, el dolor siguió por unos minutos más y, en mi rostro, sentí lágrimas invisibles.
Me levanté de la mesa con la cabeza gacha, no quería que viera mi expresión en esos momentos a pesar que, sé que estaría sintiendo todo lo que yo albergaba ahora en mi mente y en mi alma.
Y sí, sentía los pinchazos.
Como siempre.
—Anyelik, simplemente, duele mucho por eso, no quiero hablar de ello.
¡¿Sabes cómo se siente este tipo de dolor?!
Terminé soltando casi en un tono brusco pudiendo levantar la mirada.
—Seguro que sí porque espías este corazón que no me pertenece todo el tiempo.
Aunque, sé que no lo haces a propósito.
Anyelik, odio este corazón, lo odio tanto.
Exploté de una maldita vez llorando al fin frente a ella.
Ya estaba más que harto de que se la pasara hablando de corazones todo el tiempo.
No podía más con ello.
¿Por qué demonios tenía que sentir mis emociones en su corazón?
Es más, ¿por qué me dolía el que yo tenía en mi pecho cuando ella estaba mal?
Ya no soportaba los pinchazos punzantes que ahora estaba padeciendo, soportando como lo martilleaban tan profundamente, lentamente, que, aun así, ni siquiera quería dejarme ver así, no llevaría mi mano a ese lugar maldito.
Pero, en el momento en el que crucé mis ojos con odio ardiente a los suyos, podría decirse que, jamás en mi vida, había visto a alguien sentir tal decepción, escapando de mi salón con su teletransporte.
Quedándome solo toda esa maldita noche lleno de martillazos en mi pecho que no cesaron hasta casi las 4 de la mañana, durmiéndome del agotamiento por tantos dolores con unos malditos recuerdos que me hicieron sentir más rencor.
—¿Sabes qué James?
Con todo el dinero que gana mi madre, me voy a meter en uno de estos lugares chungos de internet para comprarle unas drogas a gentecilla de cuidado.
—¿Cómo que unas drogas Victoria?
Si tú detestas toda esa mierda.
¿No pensarás drogar a tu madre y hacer algo feo después?
Que ni se te ocurra, tú no eres así.
Vale que ella me trata como a basura, pero vengarte así no va a solucionar nada.
Después de todo, está pagando mi estancia aquí, en este hospital.
Le dije tan preocupado, si alguien tenía que vengarse de su madre, ese sería yo.
—Lo hace porque yo se lo imploré y lo sabes bien, ¡y James!, pero bueno, ¿qué te estabas imaginando?
Puede que la deteste porque no tiene empatía y es malvada, pero no le haría nada malo tonto.
Entonces, la miré sin entender nada de nada, ella, ahora miraba sus manos con una sonrisa, quizás pareció algo melancólica, pero no le presté la verdadera atención que debí.
—¿Qué drogas andas buscando?
Y me miró sin ningún tipo de reparo por lo que me iba a soltar.
—Unas, hechas con el veneno de algunos Pokemon, esas drogas, producen muerte cerebral James.
Ni siquiera sospeché lo que tenía en mente tras soltar tal barbaridad, porque enseguida se puso a cantar una canción guarrilla de esas, que siempre me hacían de reír.
Victoria, tenía una voz hermosa.
La voz de un ángel, ella, quería ser cantante, pero, su madre la había educado para ser la señorita perfecta, la esposa de un tipo rico cuando cumpliera los 18 años.
Nada de cantar, mucho menos, estar con un chico más joven que ella y, encima, pobre.
Aunque, ella daba una cara frente a su madre y, conmigo, era cuando sacaba lo que verdaderamente era.
La chica más divertida y alocada del mundo.
Como un ángel vibrante, frágil y fuerte al mismo tiempo.
Chispeante, como los últimos días de verano.
Mientras que, yo, cuando estaba saludable, era totalmente un día de pleno julio, ardiente y deslumbrante, como ella siempre me decía que era.
Con alguna nube que otra en el cielo, pero, ese calor estaba en lo alto y el día era maravilloso, como para irnos a la playa y disfrutar.
Si hubiera estado sano, le hubiera hecho de mi bailes de capoeira, era una de mis mejores habilidades, ella podía cantar, y yo, bailar, bailar como si hiciera artes marciales a veces.
En verdad, el infernape tendría que haber sido yo, pero, nací como un humano.
Victoria…
…jamás imaginé que harías algo así.
Y, no te puedo perdonar.
¡Me prometiste estar conmigo por siempre!
Y, te amo aún tan jodidamente mal, no aguanto, han pasado como 14 años y te amo y te odio al mismo tiempo.
Desperté sobre las 11 de la mañana.
Sigue doliendo, pero, lo soportaré, simplemente, fingiré hasta que esto se calme.
Esa Anyelik, me había hecho recordar de nuevo.
¿Por qué sus condenables ojos se me clavan tan adentro de mi alma?
Me atrapan y quiero verlos y, al mismo tiempo, rechazo el querer verme reflejado en ellos.
Maldita sea.
Se me va a escapar todo, aaah, sé que sueno penoso en este mismo instante.
Pero, hacer tus necesidades mientras te duele el corazón es un asco.
Cada vez que aprieto, me duele más.
Solo espero, que Anyelik no sienta también esto de mí, sería vergonzoso.
Ahora que recuerdo, no me había vuelto a preguntar sobre el tema de ser su entrenador.
En fin, seguramente, aparezca en la noche como siempre, ya veré qué hago, quizás, le diga que no vuelva más.
No aguanto los pinchazos condenados que me produce cada vez que la veo llorar.
Además, bah, ni que fuéramos a ser algo algún día, soy muy mayor para ella.
Qué tonterías más grandes estoy pensando ahora.
En el trabajo, actué como si nada me pasara, Enris ya sabía lo de Anyelik y siempre me gastaba bromas pervertidas de a ver cuando caía ya y me rendía ante ella.
Sé que su cuerpo y belleza me producen delirios, hasta su personalidad es totalmente la que me gusta en una chica, pero…
Simplemente, yo no podía amar.
No es porque sea una Pokémon, eso me da absolutamente igual, hoy en día, hay muchas parejas de humanos y Pokémon, hasta Enris se ha acostado alguna vez con alguna, me contó, que a los 22 estuvo con una lopunny por unos meses y que era brutal, incluso mejor que las relaciones anteriores que había tenido con chicas humanas.
Aaarg, qué pervertido es mi mejor amigo.
Anyelik, ojalá, no vuelvas esta noche.
Me dolerá de nuevo el corazón y, no quiero.
No quiero más dolor.
No quiero verte llorar.
No soporto eso.
Me vas a matar un día si sigues llorando con esos sentimientos tan fuertes, este corazón no lo resistirá más.
La palmada de Enris me produjo más dolor, joder, tuve que regañarle más serio que de costumbre, ya que, suelo tener buena personalidad y rara vez saco toda mi furia, eso sí, cuando lo hago, podría hasta incendiarme de la ira que nace en mí.
Aunque, después fingí que nada me pasaba, y que simplemente había estado con estreñimiento por lo que eso me había puesto de malas.
—La falta de sexo James, eso es lo que te pasa.
Un buen polvazo con Anyelik, adiós estreñimiento.
Exaltado y con una imagen caliente en mi mente de ella, le tomé de la camiseta con gran fuerza.
—Oye oye, tranquilo tronquillo.
Que no iba con malas intenciones ajaja.
Además, te va a dar de la próstata si no te descargas hombre, ¿cómo puedes soportar tanto tiempo así?
Deben pesarte los boliches un quintal cada uno.
—¡Oye!
¿y quién te dice a ti que no me descargo yo solo cuando me apetece?
—Oooh, eso no me lo habías contado.
Pero le di un sopetón para que no se acercara demasiado.
—Pervertido, eres un hombre como yo y sabes bien lo que tenemos que hacer de vez en cuando.
Bueno, ahora que lo pienso, tú ya tienes más que suficiente con tantas noches locas.
—Por supuesto traviesillo, por eso, este brazo que ves aquí, está en base al entrenamiento físico en el gimnasio.
—Enris, mis brazos también son en base a lo mismo, tampoco me creas un vicioso.
Y no andes cotilleando más sobre cosas así de mi vida, en verdad sí vas a ser bisexual al final.
Al final pude reírme y olvidar un poco el tema de Anyelik y el dolor de pecho, que, al final del día, se había aligerado algo, a veces se iba, luego, regresaba un poco, aunque no tan horrible como en la noche anterior.
Pero, llegada la hora de siempre, ella ya no apareció.
No apareció en toda esa semana, casi en desesperación, miraba por la ventana del gimnasio todo el tiempo y, tampoco me estaba viendo tras ella.
El dolor de pecho, era sutil todo el tiempo, manejable, y ya me había acostumbrado a él.
Pero, la expresión de mi cara, creo que ya dejaba ver todo, mira que había tratado estos años de ocultar mis emociones mediante mi rostro.
Si había alguien presente y algo me hacía recordar al pasado, dejaba cara de póker como si nada me estuviera pasando en mi interior.
Pero, creo que Enris me conocía ya demasiado bien y no me había dado cuenta.
Ese día, en las duchas, tras terminar de trabajar, se metió mientras terminaba de quitarme todo el jabón del cuerpo, dándome la mayor nalgada del planeta con su propia mano.
—¡¡Serás!!
¡Mira Enris!
No me sigas ocultando que te gusto o te la cargas.
Y, allí estaba plantado, completamente desnudo frente a mí, sonriendo picaronamente para acabar por echar una buena carcajada al ver mi cara de enojo.
—Vergas James, ¿tú gustarme?
Eres un engreído ¿Lo sabías?
Detrás de esa máscara que me llevas toda la semana, sé quién se esconde.
¿Te crees que no iba a descubrir que me estabas ocultando algo?
—¿Cómo te has dado cuenta?
Pregunté con esa curiosidad, nadie jamás me había pillado bajo esa máscara de la que él hablaba.
Bueno, salvo, Anyelik estos días, no lo recordaba.
—El verdadero James es muy expresivo, hasta me dan celos tus expresiones porque son atractivas y atrayentes para las clientas junmm, mucho más que las mías.
Y, tu rostro estos días, no mostraba absolutamente nada, por tanto tiempo, nada de nada.
Como si estuvieras escondiendo todo tipo de sentimientos que no querías que nadie pudiera descubrir.
Eché mi vista al agua cayendo sobre el plato de la ducha.
—Así que, después de todo, soy fácil de descifrar.
—Por lo menos para mí que te conozco desde hace unos 10 años.
Escondes todo un mundo dentro impresionante que, a simple vista, pocos podrían ver y, pensarían que solo eres el chico atractivo de buena personalidad, sin saber, del carácter oculto que también tienes.
Es sobre Anyelik ¿Cierto?
Cerré el grifo, y pasé por su lado para tomar la toalla y taparme de una vez, él, seguía en bolas como si nada.
Me senté en el banco que había dentro y este me acompañó, fue así como le conté todo lo sucedido.
—Me cago en todo, joder.
James, ya te vale, ¿cómo no me habías dicho que te había estado doliendo tanto el corazón?
Vamos ahora mismo al hospital, venga, te llevaré en tu coche.
Y me tomó del brazo para sacarme de allí.
—Eh, Enris, calma, ¿acaso irías desnudo o qué?
Además, ya he ido varias veces, demasiadas todos estos años cuando me pasaba, nunca sacan nada.
Y, todo esto se incrementó, con la llegada de Anyelik.
—James, ¿recuerdas cuándo fue la primera vez que el corazón te dolió?
Terminó por preguntarme, cosa que me hizo rebuscar en mis recuerdos y sí, claramente, fue a los pocos años de abrir mi gimnasio, recuerdo que, al poco de abrir, había hecho algo de publicidad de este para que la gente lo conociera, y cuando ya estaba trabajando con Enris, 4 años después, haciendo nuevamente más publicidad, aprovechando que nos iba muy bien, eso comenzó.
Así que, se lo dije, añadiendo más datos al asunto que había dejado pasar por alto.
—Un día, de pronto, sentí ese dolor punzante, poco después de que hiciéramos la publicidad.
—Lo recuerdo, nos sacamos unas fotos en calzoncillos para ello y el gimnasio se nos llenó de mujeres y, por eso, por largos años, ha habido más mujeres que hombres aquí ajaajja.
Reí recordando esos momentos.
Pero, seguí contándole.
—Los dolores poco después de la publicidad fueron muy intensos por unos días, después, tras una semana, se calmaron, y, se transformaron en sensaciones cálidas, daban como vibraciones ligeras y agradables que acabé ignorando.
Algunas veces me dolía de pronto el corazón sin saber por qué.
Y, hace 7 años, todo se incrementó, pero, las sensaciones agradables, eran las que predominaban.
Enris se quedó pensativo pero por escasos segundos.
—Oye tronquillo, tenemos que ver a Anyelik.
—Eeeh, eso no va a poder ser, no sé ni tan siquiera en donde vive.
Definitivamente, también…
¿Crees que tenga que ver con ella?
—Sí Loquillo, ¿no recuerdas?
Hará como 7 años que la llevo viendo echándote el ojillo.
Por alguna extraña razón, tenéis una conexión de corazón.
Pero bueno, mañana ya nos pondremos a investigar antes del trabajo ¿Vale?
Ahora, tú y yo nos vamos de marcha buena para que olvides esto un poco y te relajes.
Y al fin, Enris se puso su ropa, me dijo que me fuera derechito para mi casa a ponerme guapo, que él, mientras, iría a la suya para lo mismo y me recogería en unos 20 minutos.
Como me gustaba vestir bien, enseguida escogí el qué ponerme.
Después, es que ni 10 minutos pasaron, es que Enris ya estaba allí.
Al abrirle la puerta, me lo encontré con la ropa de motero de antes.
—Eh, ¿tantas ganas tenías de marcha que no te has cambiado al final?
Le dije sonriendo, pero él, parecía algo nervioso, tomando del enorme bolsillo de sus pantalones de un verde amarronado, una revista que casi me plantó en la cara.
¿Pokelolita?
Al tomarla, casi me quedó agilipollado.
—Coño James, sabía que había visto la cara de Anyelik antes.
Una vez, no pienses mal, por internet, me encontré con un artículo de Pokémon famosas por su belleza y que, bueno, eran modelos para adultos.
Allí vi a Anyelik, desnuda.
Anyelik, en la portada de esa revista para amantes de la pokefilia, aparecía hermosa y provocante con lencería blanca angelical.
—Iba en mi moto, y cuando esperaba en un semáforo, vi en un kiosco que tenía justo al lado la revista joder.
Tuve que aparcar para comprarla quedando como un pervertido frente a la señora que lo llevaba.
Rebusqué la página en la que Anyelik aparecería, ansioso, con ganas, y, preocupado al mismo tiempo, descubriendo, su verdad.
Enris, cuando la vio, casi le provoca un sangrado de nariz por lo que tuve que darme media vuelta para evitar que siguiera viendo lo que, a mí, me estaba dejando tonto de por vida.
Anyelik, esa hermosa gardevoir, completamente desnuda.
Fotografías artísticas y maravillosas, como ver a un ángel, o a una diosa tan delicada mostrando la libertad de su alma, pero, todos sabíamos, que en realidad, esas fotos, el único fin con el que se las habían tomado, era, para el placer de quienes las vieran.
Anyelik, ¿era esto lo que me estabas ocultando?
Tu trabajo de modelo para adultos.
—¿Por qué me ocultó lo de su trabajo?
Jamás la iba a juzgar, aunque, sea demasiado joven para algo así.
—Bueno James, técnicamente, los Pokémon, cuando llegan a su evolución final, ya se consideran adultos aunque ellos mismos no lo sientan así, ya sabes cómo es esta sociedad de mierda.
Mierda, quería ir a buscarla en ese mismo instante, quería ir a ella, hablar las cosas, saber toda su verdad.
No dejaba de pensar en eso hipnotizado, mientras veía su cuerpo como un maldito degenerado en esas páginas.
Enris tuvo que arrancarme la revista de las manos porque, como no lo hubiera hecho, creo que podría desmayarme de las emociones que había en mí ahora.
—La empresa de pokelolita está en esta misma ciudad.
La agencia de modelos Pokémon es la misma que lleva la revista.
—Creo que sabes demasiadas cosas pervertidas Enris.
—Eeeh, no seas mal pensado, lo acabo de ver con tan solo una búsqueda en mi teléfono mientras estabas embobado mirándola.
¿Vamos?
Decidido, le dije que sí y, en su moto, llegamos al lugar en nada de tiempo, ya hasta parecía, que a Enris le daba lo mismo si le ponían una infracción y todo por conducción temeraria.
Mierda, ¿para qué le presté mi coche a Enris si siempre va en moto?
Solo lo usa cuando quiere pasar buenas noches, y como mi casa está cerca del trabajo, es por eso que voy caminando.
Quiero mi coche de vuelta, me gusta conducir a veces a gran velocidad, para eso me lo tuneé y todo.
Bueno, ya se lo pediré de regreso en otro momento.
Ahora, Anyelik, estaba en mi mente, no había nada más que eso.
Y como imaginamos, no nos dejaron pasar más allá de la primera planta, ni preguntando por Anyelik, como imaginamos, nos tomaron por unos guarros pokefílicos que querían llevársela o cosas peores.
Unos guardias machamp salieron y todo para echarnos, pero mejor, nosotros mismos nos fuimos por nuestra cuenta.
Acabamos sentados en el bordillo de la acera, preguntándonos qué debíamos hacer, si esperar al día siguiente por si ella iba allí a trabajar para una nueva sesión, quién sabe si nos la íbamos a encontrar.
Y es que, jamás nos esperaríamos, escuchar su voz tras nosotros, sorprendida al reconocernos, más a mí, por mi cabello albino poco común.
Al verla tan frágil de pie, mirándome, no me había estado percatando de los pinchazos que había comenzado a sentir desde hacía como 20 minutos.
Creo que por la costumbre de ya sentirlos tan a menudo, pero, al ver sus ojos llorosos, su ropa mal arreglada, y, su labio herido, ese dolor, ya no pude seguir ignorándolo como si no estuviera ahí.
Anyelik, quiso escapar de mí pero, fui más rápido y la tomé entre mis brazos justo antes de que pudiera teletransportarse lejos de mí, acabando ambos en su propia casa.
Totalmente a oscuras, nuestros cuerpos tan cerca, mis brazos rodeándola.
Los pinchazos ahora, estaban mezclados con ese placer tan agradable.
—James, ¿me pillaste?
Me acabó soltando con una ligera voz, casi perdiéndose.
Y la tomé en mis brazos, sosteniéndola por su pequeño trasero para, en completa oscuridad, buscar un interruptor y dar la luz al fin.
Y, cuando di con uno, tras ver sus ojos temerosos, le eché una rápida ojeada a todo a mi alrededor.
Su habitación, era, un completo desastre.
Con una cama deshecha, prendas por el suelo, no sé si estarían limpias o no, porque, tampoco me olía mal en el ambiente.
El armario, abierto y con más prendas mal colocadas.
Y, una estantería llena de carpetas y cuadernos mal colocados.
Algunos botes de perfume también y, un peluche de un infernape sobre su cama.
—Anyelik, ¿me conoces o algo?
Y sin una respuesta, la senté sobre su cama.
—Aaah, no me vas a decir nada lo sé.
¿Dónde tienes un botiquín?
Iré a buscarlo y ni se te ocurra escaparte o me enfadaré.
Anyelik me indicó en dónde había uno.
El resto de la casa, era más pequeña que la mía, solo estaba su habitación, un cuarto de estar, el baño y la cocina minúscula.
Por suerte, el resto de la casa, no se veía tan desastrosa como su habitación.
Tomé lo necesario de un pequeño armario que había en la entrada y fui hasta ella para curar ese labio.
Estaba nervioso al tenerla tan de cerca, su piel, sus labios.
Pero, debía saber quién le había hecho eso antes que seguir con ese tipo de pensamientos pecaminosos.
—¿Quién es él desgraciado que te ha lastimado?
No me lo ocultes Anyelik, la herida de la pierna, la otra vez, ¿fue la misma persona verdad?
Y con el dolor punzante, me importaba una mierda ya, solo quería saber la verdad.
—James, bueno, mi vida no es algo importante.
Después de todo, el único ser al que le importaba, ya, no quiere saber de mí.
No hagas nada por mí, no es necesario.
Respondió sin ser capaz de levantar la mirada, como si se avergonzara de algo.
Por eso, me agaché de cuclillas para tomar sus manos y que de una vez me mirara a los ojos.
—Eh, si te han hecho algo horrible, no sientas apuro de contármelo.
Ese desgraciado de la agencia, quién sea, ¿acaso ha tratado de sobrepasarse contigo?
¿Te ha hecho algo verdad?
Y por fin, me respondió, con esa voz tan débil y, completamente apagada, como si ya no existiera esa Anyelik llena de vida que había conocido estos días.
—No llegó a eso James, aunque, quizás lo haga un día, solo, se divierte pegándome a veces si las fotos no quedan de su gusto.
Pero…
Y con una irá que nunca conocí en sus pupilas, sacó más y más.
—La culpa, siempre es mía y no, del maldito fotógrafo que me chantajea para que me acueste con él.
Y como me niego siempre, las fotos que le muestra a mi jefe, son las peores.
Por eso, me golpea.
James…
¡Estoy harta de ser un maldito objeto para todo el mundo!
Terminó gritando y sacando toda esa voz que pensé que había desaparecido para siempre.
Sacando también todo su mundo entre desgarradores sentimientos.
—Mis putos padres, en vez de ocuparse de mí, me vendieron a ese hijo de puta nada más evolucionar.
Solo, porque, me trajeron al mundo por error.
Todo el dinero, se lo llevan ellos, y yo, sola en esta puta mierda de hogar de odio.
¡Odio ser una Pokémon James!
Quisiera, volver a ser una humana, pero, si regreso al pasado, tú, no estarías aquí.
Por unos momentos me quedé callado, sin saber cómo sacar una sola palabra por mi garganta, a pesar, de que el llanto de Anyelik, a punto estaba por estallar el corazón que había en mi pecho.
Así, hasta que se levantó y tomó de bajo el colchón una larga jeringuilla, afilada y gruesa.
—James…
¿Por qué no acabas conmigo de una vez?
Así, dejarás de padecer tanto dolor.
James, si me odias, no tiene sentido seguir viviendo.
Estaba como en un trance escuchando su oscuridad, dirigiendo ese filo justo a su corazón, y, justo antes de que se lo clavara, logré escapar de ese estado mental para tomar aquella basura de sus manos y destruirla.
Tomando después a Anyelik por sus hombros que, incrédula, con sus ojos casi en shock, sin saber lo que yo podría decir a continuación, me esperaban con tanto temor.
—Siempre fuiste tú.
Victoria.
Dije al fin, aclarando una sospecha que traté de ignorar y que, muy en lo más profundo de mis pensamientos, había existido.
La forma de sus ojos, ya no eran color amatista, pero, eran los mismos ojos, la misma esencia.
Su cabello, tampoco era negro ni largo, pero, tenía la misma ondulación.
Y, su rostro, más feérico al ser una gardevoir, la forma de sus rasgos, las líneas que dibujaban su hermoso cuerpo.
Su personalidad, su forma de hacerme de reír.
Aunque su voz hablada sonaba un poco diferente, tenía que comprobar cómo sonaba al cantar.
—Anyelik, por favor, quiero, quiero escuchar tu voz cantarme nuevamente, te lo pido, quiero escucharte cantar.
Solté con lágrimas retenidas, humedeciendo y nublando toda mi visión, ella, estaba allí, no podía distinguirla apenas, ¿eras una gardevoir o, una humana ahora?
Porque, si no me restregaba con la manga de mi camisa y quitaba toda esa humedad, no podría ver absolutamente nada.
Y antes de lograr hacerlo, tras soltar sus hombros que ejercían una ligera presión para no llegar a lastimarla, su voz, comenzó a sonar.
La voz, de ese ángel.
Tan claramente, sin miedo, sin quebrarse.
Como si hubiera esperado una eternidad para volver a hacerlo, para mostrarme esa canción.
(Poner la canción)
Mis lágrimas al fin estaban cayendo tan libremente, sin control, espero que no te vayas ahora.
Lo había comprendido todo.
Me daba igual si ahora tenías otro nombre, Anyelik o Victoria, eras la misma alma.
—James, ¿me sigues odiando por lo que hice?
Yo, yo solo quería que una hermosa alma como la tuya jamás dejara de existir, por eso, te di mi corazón.
Porque, vivir en un mundo en donde tú ya no estarías, sería como morir en vida.
Por eso, quería quedarme a tu lado de alguna forma, si tú vivías, con mi corazón, siempre estaría cuidándote.
Los recuerdos de esa noche me atraparon, la noche en la que pensé que te diría adiós para siempre.
Mi corazón enfermo, no podía más, no me daban más que menos de una semana.
Te acostaste a mi lado, a pesar, de que jamás me habías dicho te amo claramente, incluso insinuando que querías estar conmigo en varias ocasiones, pensando que solo era parte de tu extrovertida personalidad tan mágica.
Para hacerme sentir bien por lo de mi enfermedad.
¿Cómo podría imaginar que me amabas tanto como para entregarme tu corazón?
Me quedé dormido a tu lado, deseando estar descansado y saludable al despertar, estar bien de una maldita vez y escapar juntos, preguntarte al fin si tu amor era real.
Todo fue una locura para mí.
Me dormí para que tú hicieras esa aquello, pensando que me abandonarías para siempre.
Al final compraste las drogas esas y las tomaste.
Su efecto debió ser más doloroso que lo que yo sentía en mi corazón frágil y enfermo.
Y cuando tu garganta no aguantó más las ansias de gritar por tanto sufrimiento, desperté encontrándote agonizando, presionando el botón que había en mi cuarto para que los doctores llegaran lo antes posible.
Seguro pensarían que me había vuelto a dar un paro.
—James…
Perdóname.
No quería que despertaras.
Pero, duele, duele tanto.
—¡¡Victoria!!
—Jeje, hasta había dejado una nota sobre la cama con todo lo indicado para los doctores, aauuch.
No pasa nada, el veneno solo afecta al cerebro, el resto de mi cuerpo, estará intacto.
Ya, había hecho las pruebas de compatibilidad hace meses y, aauch, James, somos compatibles totalmente.
Así que, no, no te preocupes más.
Pensé que yo mismo era el que iba a morir en ese mismo instante por lo que estaba presenciando.
La única persona que había amado, el ángel que había dado vida a mi vida.
Los doctores llegaron en nada.
Y, ni siquiera pude escuchar las últimas palabras que quisiste dejarme, la voz se te perdió para siempre cuando estabas a punto de sacar la verdad.
Muerte cerebral, tu corazón seguía latiendo, había que darse prisa.
Eso decía el doctor que leyó esa nota.
Me iba a negar rotundamente a aceptar tu corazón, lo habría hecho, pero, mi cuerpo dio un colapso, mi propio corazón estaba al punto de dar los últimos suspiros ante tu pérdida, no tuve palabra aquí ni para negarme.
Mis padres habían dado el consentimiento y, cuando desperté horas después.
Había una cicatriz en mi pecho.
Hasta habías dejado el maldito dinero preparado para esto joder.
Te había odiado sin entender a tu corazón que ahora estaba conmigo.
La voz al cantar, seguía siendo la misma, tu alma.
Mis brazos, instintivamente, te envolvieron, yo, no era un ángel con unas alas pobladas de plumas como las tuyas, pero, también quería envolverte con las mías.
Tu pico rojo estaba incrustado en mi cuerpo y me daba lo mismo, debo pagar por haber odiado a quien amaba.
—Anyelik, perdóname tú a mí.
No sabes cómo detesto haberte hecho sufrir.
Anyelik, te amo, eso es lo único que sé, ya nada más importa.
Y separándome de su cuerpo, miré sus bonitos ojos que también lloraban como los míos.
Ahora ya podía reconocerla.
—¿Me has amado todo este tiempo?
—James, te he amado incluso antes de la muerte.
Entonces, la sostuve de nuevo en mis brazos y ella, al fin me rodeó tan dulcemente.
Habiendo esperado toda una vida para poder hacerlo de una vez.
—James, quiero estar a tu lado por la eternidad.
Quiero sentir tu ardiente calor de verano, tenía tanto frío James, no te lo imaginas.
¿No te molesta que yo ahora sea mucho más joven?
—A mí eso me da igual, nada de eso me importa porque lo único que me hace feliz es que estés de nuevo entre mis brazos.
Seas una gardevoir o una humana, más joven o más mayor, nada me molesta, todo me gusta cuando eres tú.
Y besé su boca aún con nuestras caras empapadas.
Nos besamos tantas veces, que hasta pensé que sí me había transformado en un infernape del calor que mi cuerpo estaba produciendo.
El móvil no me dejaba de vibrar en el bolsillo, seguro era Enris preocupado.
Al final, me quedé contigo a dormir, frente a frente, como esa noche que me diste todo de ti, te quedaste dormida antes que yo y eso me dio la seguridad para hacerlo yo después.
—Nunca más te vayas por favor.
Eso fue lo que te dije entre susurros, besando tu frente cuando ya estabas soñando.
Y al despertar, estabas a mi lado, despertando tan feliz al poco.
Recogiendo después todo lo necesario de ese frío hogar, espero que, por primera vez, hayas sentido calidez estando toda la noche contigo en ese cuarto solitario y oscuro.
Al rato, Enris vino a ayudarnos con la mudanza.
Cómo no, trayendo mi coche el muy capullo, Anyelik se sorprendió al ver que tenía un coche tuneado, de color amarillo, aunque el volante era rojo, como los ojos de una gardevoir angelical.
Lo había puesto sin darme cuenta porque aún no la conocía en su vida actual.
Madre mía, tuvimos que hacer varios viajes porque, aunque la casa era pequeña, tenía muchísimas cosas.
Hasta había dibujos de mí en las carpetas, dibujos que ella había hecho.
Incluso encontré algunos pervertidos y sí, en uno de ellos, me tenía atado a la cama con, bueno, todo en lo alto.
Qué pervertida era mi Anyelik, eso me encantaba de ella, después de todo, yo también lo era en secreto, pero solo con ella eso sí.
Logramos sacar a la luz todo lo de la empresa pokelolita y el fotógrafo mamón.
Resulta, que Anyelik había mantenido en secreto grabaciones de voz que tenía con su teléfono de ese imbécil y sus chantajes.
Hasta había grabado un vídeo en secreto de los maltratos del jefe.
Que estuve a punto de ir a partirle la cara cuando lo vi, pero, menos mal que ella me detuvo.
Aunque, aún le tengo unas ganas que no os imagináis.
Anyelik, tenía guardado todo ese material desde hacía tiempo, tenía la esperanza, de, en un futuro, armarse de valor y arreglar su vida.
Más, tras ese mes que estuvimos pasando la noche juntos.
Aunque, por un tiempo había desechado la idea, sí, por lo sucedido entre nosotros.
Menos mal, que ahora ese capullazo ha pagado condena.
Anyelik recibió una buena suma de dinero por ello.
Y sí.
No ha ido a la cárcel, pero su empresa está en la quiebra ahora, muchos vieron ese vídeo del mal porque Anyelik dio el permiso para que se mostrara al público, así, otras Pokémon no tendrían que pasar por la misma situación.
Ah, y al fotógrafo, pues ya nadie lo quiso contratar, y tuvo que ganarse la vida retratando a gardevoir travestis que acabaron abusando de él salvajemente.
Un día lo encontraron en mitad de un camino sin pantalones ni camisa, vamos, totalmente desnudo, con los pezones totalmente pellizcados, incluso le habían depilado a la cera su pecho peludo, y, mejor no os cuento lo otro que se descubrió.
Vamos, que no se pudo sentar como en un mes.
Además, quedó traumado por culpa de un gallade que también había en el grupo, ese era el líder y el más sádico.
Hoy, habíamos regresado después de una salida con mi coche, sí, al fin lo tenía de regreso.
Anyelik amaba que la llevara a toda velocidad por un campo en donde no había vigilancia ni nada, allí había un largo camino por donde podía circular sin peligro.
Cómo le gustaba la adrenalina que se sentía al montar a mi lado.
Además, después, tomamos un descanso para tomar la merienda entre las flores, fue un gran día.
Y, al llegar a casa, no podía faltar su dosis de ángel travieso conmigo.
Cómo le gustaba provocarme y quitarme la ropa.
Era por eso, que aquel mes, venía a verme siempre así vestida jeje.
Ahora, ya no sentía ningún reparo al estar con el pecho al descubierto.
Ella, deslizaba sus manos por todo mi cuerpo y mi torso, y, siempre, pasaba su dedito por la cicatriz para, después, darme unos besos ahí.
—Aaah James, qué feliz estoy de que ahora mi corazón te haya dado una vida tan genial.
—Ya no tengo solo uno de tus corazones, también, está el que ahora tienes en tu pecho, qué corazón tan bonito, cómo me gusta escucharlo latir cuando duermo sobre tu pecho.
Mi mayor felicidad, es saber que tienes de vuelta un corazón y que late tan alegremente cuando estoy a tu lado.
—Aaah, James, me vas a hacer llorar con esas cosas que dices.
—Eh, nada de llorar.
Ahora estoy aquí para que siempre sonrías.
Si lloras, tu otro corazón se va a sentir triste y dolerá también.
—Aaaah James, entonces, no debo llorar nunca más
Voy a tratar de pensar en cosas pervertidas contigo ejejeje.
Eso siempre me da una alegría que no te imaginas.
Me encanta cuando te pones en calzoncillos jujuju y, nada nada.
—¿Cómo que nada nada?
¿Qué ibas a decir eh?
Y la tomé, ahí en esa cama para hacerle cosquillas y que se partiera de la risa.
Aaah, cuando ella ríe, mi corazón siente una alegría que jamás antes había experimentado.
Era como si, hubiera muchas mariposillas dentro de él, desprendiendo pequeñas llamas que no queman, pero dan calorcito, y, todo se llena de colores.
Su corazón, ahora es también mi corazón, porque, se quedó en mi cuerpo, ni una vez lo rechazó tras la operación, como si se hubiera fusionado a mi alma, para siempre protegerme y hasta, pertenecerme.
No de una manera posesiva, él mismo, había decidido ser para mí y yo, lo iba a cuidar por siempre.
Uff, Enris me ha mandado una foto con una novia que se ha echado y, parece que de una vez, es la definitiva.
Ya era hora.
Me temo, que las chicas que venían siempre a nuestro gimnasio, se van a sentir bastante decepcionadas.
Bueno, dentro de poco, me voy a casar con Anyelik, es una sorpresa que he preparado junto con Enris, verás cuando se lo diga.
Estoy deseando sentir vibrar a mi corazón de la emoción cuando ella me escuche.
Fin.