miércoles, 28 de septiembre de 2022

Parte 9 Un jugo que no debí beber 1 el pasado de Lala

 Aquella ángel mal herida y débil, dirigió su mirada con un profundo odio hacia Anyelik, sacando así sus últimas fuerzas para lanzarse a ella con un cuchillo en su mano, tan cegada, que ni siquiera pensó en nada más.

Fue James, que estaba al lado de esa princesa, el que la detuvo fácilmente y Lala, tratando de liberarse, a punto estuvo de clavarle ese cuchillo en más de una ocasión. Iba tan ida, que no acertó ni una sola vez y los chicos, se pusieron frente a Anyelik para protegerla.

—¡Noooo! ¡Suéltame! ¡He dicho que me sueltes! ¡Debo acabar con esa princesa de una maldita vez!

Y al fin James sostuvo su mano, que con su fuerza, ella ya no pudo hacer nada dejando caer el cuchillo y casi cayendo en su pecho por los dolores de su cuerpo.

Fue Alejandro, el que furioso la tomó de malas maneras tirándola al suelo, dispuesto a golpearla, pero, Anyelik intervino pidiéndole que no lo hiciera.

—¡Anyelik por dios! ¡¿Qué estás diciendo?! Esta mujer ha tratado de matarte todo este tiempo y aun así... ¿Le perdonas la vida?

Zandro, que tomaba ahora el brazo de aquella princesa para que no se acercara, tuvo que retenerla aún más, pues estaba dispuesta a ir hasta Lala.

—Papi, suéltame por favor.

—Princesa, no puedo permitir que te expongas al peligro. Prometí a tu padre ser un buen guardián.

Y, Anyelik, calmadamente, tomó su brazo para mirar sus ojos con confianza.

—Ella, ahora, está indefensa, tan perdida, en verdad, no siento que sea malvada realmente.

Déjame al menos saber por qué hizo todo esto.

Zandro ya no pudo hacer nada por detenerla y Anyelik, ahora estaba frente a Lala, que seguía débilmente en el suelo, y, al verla al fin tan cerca, quiso abalanzarse sin ninguna fuerza en su cuerpo, sin esperarse, que ella la tomaría entre sus brazos inesperadamente, mientras que Lala, gemía con rabia y desesperación, clavando sus uñas en la espalda de esa ángel que no podía soltarla.

—Ya, tranquila, por favor, cálmate, estás herida, deja que te ayudemos.

Le decía con su dulce voz.

—Yo, yo... tengo que matarte... tengo que matarte.

Y sus uñas acabaron por deslizarse bajo topa la espalda de Anyelik casi sin presión, acabando por dejar sus brazos tendidos rindiéndose.

—¿Por qué...? ¿Por qué quieres ayudarme? ¿No me tienes miedo?

Al fin le pregunto con una tenue voz.

—Si el ser que sirves, te abandonó de tal manera, solo para que me mates de una vez, ¿no crees que desde el principio te dejó sola? ¿Por qué ayudar a alguien que no quiere amigos? y que, aunque los tuviera, jamás los apreciaría.

Yo pienso, que tú solo querías tener a alguien a quien le importaras. No sufras más, y no sirvas a un ser malo para tener a alguien cerca cuando así, todo es tan falso y vacío.

Lala rompió en llanto finalmente sin ser capaz de corresponder ese abrazo, sintiéndose tan sola y abandonada realmente.

—Llora todo lo que necesites, pero, deja que curemos tus heridas.

—Acaso... ¿Hay alguna nueva oportunidad para mí?

Terminó soltando.

—No tengo familia, ni un hogar, no tengo nada de nada, mejor estaría muerta.

Los chicos miraban sin saber qué hacer en esos momentos.

Carl, aún estaba resentido al recordar lo sucedido con su tribu, Gabriel, no quería involucrarse con esa mujer y Alejandro, aún dudaba.

Mark, no quería tampoco tener que ver con ella, pero sentía cierta lástima con su llanto.

Fue Zandro, el que al final se acercó para tomarla sin que nadie lo esperase.

Recordando cuando se quedó solo, herido en el infierno sin nadie en quien confiar.

—¿Tienes un cuarto en donde ella pueda descansar?

Preguntó dirigiéndose a Lewian, que todavía no entendía nada.

—Sí, en la tercera planta ahora está mi casa, vamos allí.

La gente que aún estaba en el local, había estado mirando todo con curiosidad, Lewian les pidió, que por ahora sería mejor que volvieran a sus casas y así hicieron ellos, además, sus ayudantes avisaron a los de la planta baja que cerrarían el local.

Ya, en una de las habitaciones, Zandro dejó a Lala sobre la cama y lewian, fue a por todo lo necesario para sanar sus heridas además de un buen vaso de agua.

Tuvo que quedarse semi desnuda porque todo su cuerpo estaba lastimado, ni siquiera pudo sentir apuro debido a la debilidad que cargaba.

Zandro fue el que comenzó a curar herida por herida.

La del pecho, era la más grande, el lugar en donde había estado esa gema.

Por unos momentos, miró a Anyelik que no había quitado esa triste carita y no se aguantó esa pregunta.

—¿Por qué me miras así?

—Es que, no puedo olvidar que varias de tus heridas las causé yo en la última pelea.

No quise hacerlo, pero estaba tan preocupada por proteger a Carl y, después, escapaste sin que pudiera hacer nada.

Carl recordó aquel día y miró a un lado, Lala se quedó viendo el techo.

—Debía, hacer lo que Yeivh me pedía, solo así, podría seguir viviendo de alguna manera, tener falsa atención en el que nunca fue mi hogar.

Anyelik entonces, se acercó hasta la cama, para sentada en el suelo, mirarla más de cerca, tomando una de sus manos.

—¿Qué te pasó? ¿Por qué recurriste a Yeivh?

Quisiera que te desahogaras.

Lala cerró sus ojos con fuerza sintiendo tanta aflicción, y hasta resentimiento con su injusta vida, pero, con la mano de Anyelik aún tomando la suya, pudo al fin sentir esa necesidad de liberarse.

—Mis padres esperaban que yo fuera un hombre y se decepcionaron cuando nací.

Al ser una familia poderosa en la ciudad, pensaron, que teniendo un hijo, podrían presentarlo para casarlo, precisamente, con  la futura princesa que venía en camino.

Anyelik no esperó aquello.

—Sí, tengo dieciocho años realmente, solo soy unos meses mayor que tú, aunque aparento más de veinte y siempre miento sobre mi edad si me preguntan.

Lala miró de nuevo al techo y les continuó contando.

—Estando aún en el vientre de mi madre, el doctor nunca supo distinguir bien mi sexo en las ecografías, supongo por la posición en la que me encontraba siempre.

Al ser un bebé más grande, también por eso me confundieron con un niño.

Anyelik miró su figura, en efecto, ella era una mujer alta, como de un metro setenta y tres.

—Con toda una historia montada ya en la mente de mis padres y su maldita ambición, la decepción conmigo fue inmensa, más, porque yo ni siquiera quería dedicarme al mundo de sus negocios.

Mi sueño... bueno...

Y Lala pareció ponerse un tanto nerviosa, pero lo acabó soltando.

—A mí me gusta hacer muñecos, y para colmo, macabros la mayoría de ellos.

Desde niña, comencé a coser muñecos y en la escuela, al llevarlos, los compañeros de clase se burlaban de ellos y de mis gustos y un día, enfurecí de tanto acoso, clavándoles unas agujas a una niñata en la cara y en los brazos.

Jah, yo fui la mala a la que expulsaron, pero nadie dijo la de veces que se metió conmigo, y las veces que me robó mis muñecos para romperlos delante de mis narices y burlándose junto a los demás.

Lala parecía furiosa recordando aquello, tomando las sábanas con ansias, pero, poco a poco, su rostro se llenó de mucha tristeza y terminó de contarles el resto.

—Desde ese día, mis padres me dejaron en casa, no podía salir para nada, siempre en esa habitación con rejas en las ventanas. Pensaban que yo era un monstruo.

Me odiaban y querían casarme lo antes posible al cumplir los dieciséis con hombres ricos para así, deshacerse de mí.

Pero, yo me convertí en una fiera y los echaba aterrándolos y, con eso, mis padres me odiaron tanto tanto, que hasta me golpeaban, aunque, hasta no ser mayor, no podía echarme así como así, solo si me casaba podrían hacerlo y, el día que cumplí los dieciocho, pensando que todo acabó para mí, Yeivh, apareció cruzando el espejo de mi cuarto y así empezó todo.

Pensé, que si te mataba, podría tener a alguien, podría ser valorada de una vez.

Ni siquiera me importaba esa historia del pasado, que por ti comenzó todo el odio, a mí solo me interesaba, tener una cosa... que alguien me dijera, que lo que hago, al fin valía la pena, alguien, que me quisiera a su lado.

Todo ese lado oculto que Lala estaba mostrando ahora, hizo que los chicos sintieran al fin compasión, hasta Carl sentía que no podía odiarla del todo.

Incluso la voz de esa joven, sonaba diferente, con menos orgullo, tan humilde y al fin arrepentida.

En esos momentos, trató de incorporarse, queriendo marcharse ya de allí.

—Lala, no, estás débil aún.

La detuvo Anyelik.

—Qué más da, no tengo donde caerme muerta.

Y fue Alejandro el que al fin intervino algo mosqueado.

—Si te rindes tan fácilmente, entonces ¿Para qué nos cuentas tu historia?

¿Te crees que todo acaba así? Que ya todo da igual.

Lala le miró molesta y con sus ojos llororos.

—¡¿Y a ti qué te importa?! ¿A dónde voy? Ni siquiera tengo un techo o dinero para empezar de alguna manera.

Y nadie imaginó, que Lewian al fin actuaría, poniéndose frente a ella muy serio, cosa que parecía rara en él.

—Rompiste las ventanas de mi local, lo menos que puedes hacer, es trabajar aquí para recompensar eso.

No te pagaré las dos primeras semanas, pero desde ahora, me gustaría que fueras una de mis ayudantes.

El puesto de recepcionista, creo que sería perfecto para ti, además, puedes quedarte en esta habitación y me irás pagando el alquiler los siguientes meses con la paga por el trabajo.

Vaya las caras de todos allí que no esperaron aquello y Lala, acabó por romper en llanto una vez más.

—Oye, no quería que lloraras, en serio, solo deseo ayudarte.

—No, es que, yo... me siento agradecida, es como si, no lo mereciera.

Y Anyelik, que parecía feliz por aquello, trató de animarla.

—Venga sííí, a mí me hace ilusión que puedas quedarte, te vendré a visitar incluso juju, así seremos amigas.

Pero Lala no pudo decir nada, más porque no podía dejar de llorar.

Al final, ya decidieron que era demasiado tarde, por lo que se despidieron de Lewian y Lala para volver al palacio, pero antes de eso, a fuera, en la entrada, James, que había estado muy callado todo el tiempo observando todo muy curioso, tomó a A...

Al final, ya decidieron que era demasiado tarde, por lo que se despidieron de Lewian y Lala para volver al palacio, pero antes de eso, a fuera, en la entrada, James, que había estado muy callado todo el tiempo observando todo muy curioso, tomó a Anyelik del brazo por lo que Gabriel molesto intervino.

—¿Ya estamos de nuevo?

—Tranquilo, no voy a ligarme a tu chica, solo quiero ser su amigo, además, me tiene que recompensar por lo que me hizo antes en el baño.

—Aaah, ese rodillazo debió manchar tu orgullo.

James nervioso, le tapó la boca, pero, Anyelik, entonces, tiró un poco de su camisa.

—¿Qué es lo que quieres? Y... disculpa por eso también.

Los chicos estaban muy atentos y Alejandro tenía ganas de actuar ya que, estaba seguro de que ese joven, estaba interesado en Anyelik, pero trató de contenerse.

—Te pasaré mi número para que vayamos un día de estos al parque de atracciones a pasarlo en grande.

Eso será cuando tú lo decidas, no te meteré prisa, ni siquiera, me guardaré tu número, solo esperaré lo que tú creas que es mejor.

Alejandro ya no pudo más al ver que esta sacó su teléfono también y la tomó de la mano, cosa que a James, le resultó curioso, quería entender por qué había tantos chicos a su alrededor.
Pensaba que quizás todos ellos eran sus guardianes al descubrir ahora, que era una princesa.

—Oye, no irás de verdad a salir con este tipo playboy.

—Tranquilo Alejandro, ya sabes que no puedo ir sola por ahí, así que, Zandro nos acompañará el día que decida eso.

Zandro no dijo nada, pero se sorprendió un poco.

Alejandro ya no supo qué responder y Gabriel tampoco.

Y cuando James le pasó el número, se despidió de ellos y, tan tranquilamente, sacó sus alas de huesos y se marchó volando de allí.

Continuará...

Continuará


domingo, 11 de septiembre de 2022

Tsundere sugar free Parte 3 una noche un tanto dulce

 Alexiel, no lo dudó, protegiéndola con su cuerpo y Carl, eso sí que nadie lo esperó, tomando la mano de aquel tipo, dañándose con ese cuchillo para después, tumbarlo fácilmente en el suelo, cosa que dejó sin habla a Victoria.

Alexiel, enseguida, llamó a seguridad y en nada, llegaron unos guardias que se llevaron a ese hombre.

Victoria estaba algo nerviosa sin decir una palabra, y, su manager, la ayudó a meterse en el coche.

—Voy a llevarte a tu casa y después iré con la policía para tratar este caso.

Relájate ¿Vale?

—Sí.

Acabó respondiendo con una tenue voz y, todo el camino, estuvieron en silencio, fue al llegar a casa, que ella, miró a Carl y descubrió, que su camiseta estaba manchada de sangre.

—Dame tu mano.

Dijo con su tono brusco, tomando la izquierda que parecía tratar de esconder, ahí descubrió que estaba herido.

—¿Eres tonto?

Le regañó molesta.

—¿Por qué ocultas esta herida tan fea?

—Yo, no quería causarte molestias.

—¡Eres idiota!

Gritó, después, le llevó hasta el sofá, y tras tomar de un cajón, todo lo necesario para curarle, con cuidado, limpió su herida y, después de echarle los ungüentos, le vendó la mano lo mejor que pudo y le hizo de cambiarse de camiseta.

—Carl, si te hieren, no debes ocultarlo.

—Yo, es que... ¿No me odias?

Ayer, me dijiste, te odio.

No quiero, hacerte sentir mal por una herida.

Respondía él apartando la mirada, como un pequeño muchacho con inocencia, daba completamente esa esencia pero Victoria, no se calló.

—En primer lugar, no debiste defenderme solo porque los chugars hacéis lo que sea como muñecos sumisos. No eres mi guardaespaldas.

—Perdóname, yo... en verdad, lo hice porque quería.

—No, está bien.... espera.... ¿Salió de ti?

Le miraba ahora incrédula, Carl, seguía un tanto confundido por la situación y su forma de ser.

—Ains, eres un chugar mentiroso ¿Eso es porque no quieres que te odie?

Pues está bien, no te odiaré, después de todo, mi belleza te debe haber hechizado y por eso me salvaste.

Tras eso, ella se alejó para tomar de nuevo el cuaderno en donde escribía y más escribía y, muy cerca de la gran ventana, sentada en el suelo, le pidió sentarse al lado.

—Voy a practicar una canción, ya que estás aquí, vas a juzgar qué tal lo hago, debo cantarla a la perfección la próxima vez.

Y Carl, se quedó embobado nada más que comenzó a cantar

(ejemplo de lo que podría estar cantando)

En verdad, el aura que la envolvía, era totalmente diferente, su voz así, era dulce y suave, mientras que su voz hablada, era más gruesa y sensual.

Se preguntaba ¿Cuál era su lado bueno? Y en verdad, le parecía muy bonita.

Recordó, que en el centro en el que estuvo, las chicas también eran hermosas, pero, nunca le llamaron la atención.

Sintió que su vida siempre sería miserable, pero ¿Cómo sería su vida ahora junto a esa mujer curiosa?

—Hala, ya está , ¿qué te pareció?

—Hermoso.

—Será posible, qué crítica más cutre ¿Ya está? ¿No había nada que mejorar?

—Para mí, todo estuvo bien.

—Bah, déjalo, es mi culpa por pedirte consejos, tú no entiendes de este rollo.

Más te vale no regalarme el oído como el muñeco que eres, porque si no, te mataré.

Carl se echó un poco atrás, pero ella, enseguida se calmó.

—Quita esa cara de susto, no me voy a arriesgar a ir presa por ti.

Anda, vamos a hacer la comida, con esa mano,  no será bueno que andes trasteando en la cocina.

Y todo estuvo calmado el resto del día, Victoria parecía haber olvidado lo sucedido, así, hasta que en la tarde, Alexiel llegó a la casa para contarles sobre el tema y que ella supiera las razones de ese hombre para atacarla.

—Y bien.

—Por lo visto, era un simple resentimiento, algo de lo que no tenías culpa.

—Explícame.

Le pedía Victoria ciertamente imponente, aunque Alexiel ya estaba acostumbrado a su ruda forma de ser.

—De los tantos regalos de fans que llegan, uno de ellos, era suyo, en el paquete, había un colgante y una carta.

Para resumir, el colgante era de su recién difunta madre y quería que tú lo usaras en tu última presentación.

—¿Qué? Será posible, ni siquiera veo una cuarta parte de todos los regalos, ni me enteré, y para colmo ¿Cómo iba a darle el gusto?

Si tuviera que dárselo a todos mis fans, nunca acabaría.

—Lo sé, no te sientas mal.

Decía Alexiel, posando su mano sobre la suya con confianza para que no se alterara más.

—No, si mal no me siento, pero bueno, que le dejen libre, ya bastante que perdió a su madre.

—¿Estás segura?

Preguntó dudoso y preocupado.

—Sabes que sí, además, no tengo ganas de rollos ahora que ando con mi próximo álbum.

Nada de noticias ni chorradas sobre esto.

Alexiel entendió, a pesar de no estar conforme del todo, después, ella le obligo a hacer la cena con la excusa de que Carl estaba herido.

Al final, preparó filetes empanados deliciosos, y hasta unos muffins de chocolate.

—¿Cómo? ¿Hiciste bollería?

—Es para que te animes por lo sucedido esta mañana, espera... ¿Qué haces?

Y Victoria metió aquellos dulces en la nevera.

—Jah, ni que fuera una niña a la que contentar con dulces.

—Pero, yo quería uno.

Seguía diciendo Alexiel.

—¿No eran para mí?

—Bueno, sí.

—Pues no te quejes, venga, a cenar.

Aquel manager suspiró y se pusieron a cenar tranquilamente, pero cuando ya estaban por terminar, Victoria comenzó a acariciarle con su pie en su pierna y a mirarle de una manera atrevida.

—Anyelia... ¿Qué estás tratando de conseguir?

—¡Vaya mierda Xandy! Nunca caes, eres más duro que una piedra.

—Sabes que no caeré en tus travesuras, además, sé que solo es por jincharme.

Carl, observaba todo pensativo, en verdad, aún no comprendía la personalidad de aquella mujer.

Después, Alexiel tuvo que fregar todo y tras hablar sobre trabajo, se marchó de allí.

—Carl, me iré a acostar pronto, vete tú también y no toques las narices.

Le dijo como si nada, y se metió en su cuarto, pero a la hora, sigilosamente, salió para ir a la cocina y así, tomar esos muffins y comérselos con muchas ansias, jamás imaginaría, que sería pillada por Carl.

—¡Carl! ¿No te dije que a tu habitación?

Decía nerviosa, con toda la boca llena.

Carl, se acercó para, con su pulgar, limpiar las migas que tenía alrededor de sus labios, acercándose a ella incluso demasiado, para terminar por tomarla en brazos.

—¡¿Qué estás haciendo?! ¡Bájame!

Pero este, se la llevó de regreso a su habitación para tumbarla en la cama y ponerse sobre ella.

—Si Xandy no quiere, yo estoy aquí para complacerte.

Y su boca, ya estaba tan cerca de la suya, pero, Victoria, pudo apartarle a tiempo.

—Carl, cómo se te ocurra tratar de seguir, te corto las orejas.

—No entiendo.

Decía él mirándola muy de cerca algo pensativo y desconcertado.

—Antes, pensé que Xandy, rechazó tu propuesta.

Fue ahí, cuando Victoria molesta, le tiró la almohada en toda la cara.

—¡Jah! No entiendes nada.

Carl, yo no quiero sexo con Xandy.

—¿Entonces?

—Me gusta molestarle porque es un solitario como yo en eso de las relaciones.

En todos los años que es mi manager, nunca le he visto con una mujer, por eso, ya hasta dudo de su sexualidad.

Carl, entonces comprendió, pero Victoria, le siguió hablando.

—Yo, a caso... ¿Soy tu tipo?

Y su pregunta, resultó algo seductora.

—Porque, más te vale no ser un hombre básico que le basta con ver carne para ponerse palote.

No me gustan ese tipo de hombres.

Le contaba ella cruzando sus brazos con una expresión bien seria, pero Carl, no se echó atrás esta vez.

—¿Qué tipo de hombres te gustan?

Preguntó finalmente.
Victoria, se quedó muda por unos momentos, esa pregunta no se la vio venir, pero, decidió responderle.

—Los hombres, que quieren ver mi alma, que necesitan sentir en su corazón para desearme ¿Lo entiendes?

Y con esa respuesta, se quedó mirándole con una sonrisa, tan diferente a sus demás expresiones, pero, enseguida, la esfumó.

—Anda, vete ya a tu habitación, ah y, más te vale no tocarte por pensar en mí o me enfadaré.

Y esta le empujó fuera de su cuarto.

Carl, se quedó pensativo en su cama, pero logró dormirse al poco, eso sí, recordando, que por fin vio a esa fría mujer sonreír de una forma muy cálida, no pensó que eso podría impactarle tanto y hasta se hizo algo adicto a ese recuerdo.

A la mañana siguiente, un rico olor hizo que Victoria despertara a una buena hora, casi se lleva un susto al encontrarse a Carl en su habitación, cargado con una bandeja de desayuno, en la que, estaba su café, y un pastelillo sencillo de queso.

—¿A qué viene esto?

—Anoche, te veías feliz comiendo frente a la nevera a escondidas, no lo hagas más, no tiene nada de malo reconocer que te gustan los dulces.

—¿Qué pasa? ¿Tratas de provocarme así?

—No, no te confundas, no soy como piensas.

Victoria entonces, le quitó la bandeja, poniéndola como pudo en la mesilla de al lado, la cual, estaba llena de cosas muy desordenada.

—Los chugars estáis entrenados para complacer y es lo que estás haciendo ahora.

—¡No!

Terminó diciendo tajantemente, Victoria se quedó sorprendida al verle con una seria expresión.

—Lo hago porque quiero, porque me nació hacerlo.

Victoria, acabó por soltar una carcajada.

—¡Ajajajaja! Mentiroso, nadie es tan amable así tan de pronto.

Uno, estás finfgiendo o dos, quieres sexo.

Pero bueno, me comeré este pastel ya sabes que tirar comida está horrible para mí.

Y al fin se levantó de la cama, tomando de nuevo la bandeja para comerse el desayuno en el salón.

Carl, no dejaba de verla, detrás de su personalidad cortante, ella se veía tranquila comiéndose el pastel, y hasta parecía disfrutarlo en secreto y después, no imaginó que ella le tomaría para llevarle al sofá y revisar su mano.

—¿No te has curado verdad?

—No.

—¡Serás tonto!

Le gritó, pero después, ella comenzó a curarle, con cuidado, su forma de hablar, era brusca, pero sus manos, le trataban de una manera delicada, como si no quisiera lastimarle.

—Ya está, menos mal que la herida no se ha puesto peor.

Además ¿Te has duchado y no has tenido cuidado?

La venda estaba empapada.

—Lo hice.

Victoria, inesperadamente, tomó su cara con su mano presionando en ambos mofletes y frunciendo de nuevo su ceño.

—¿Quieres mirar por ti de una vez?

Como no dejes de ser un muñeco, te vendo a un travesti ninfómano, y por muy poco dinero.

Tras sus curiosas amenazas se levantó.

—Voy a ducharme Carl, Xandy vendrá en nada para llevarme al hospital ya que es fin de semana y no trabajo.

Y Carl, se levantó tomando una de sus manos.

—¿Estás enferma?

Pero ella le apartó, aunque eso sí, no de una mala manera.

—Yo no, mi tía, la que te compró.
Vas a conocerla.

Continuará...


miércoles, 7 de septiembre de 2022

Tsundere sugar free parte 1 y 2

 Las puertas del ascensor se abrieron, allí dentro, estaba Amanda junto a su chugar coqueteando y Victoria, ni se molestó en disimular su cara de asco, prefiriendo bajar por las escaleras para no tenerlos cerca.

—¡Qué asco joder! ¡Todo está lleno de esos chugar! ¡¿En qué momento se puso esto tan de moda?!

Pensaba mientras bajaba lo más rápido que podía.

Los chugar, se comenzaron a popularizar en Corea hacía veinticuatro años más o menos, por eso, su nombre, era la combinación de las palabras sugar y chingu, esta última, significando amigo en coreano y ya, nueve años después, los chugar llegaron a todo el mundo y era raro ver a alguien que no poseyera uno, siempre y cuando, fueras de clase medio alta, ya que eran bastante costosos.

Y os preguntaréis, ¿qué son realmente?

Humanos, simplemente humanos que desde su más tierna infancia, fueron educados en una de las tantas escuelas de chugar que hay, entrenados para ser casi como robots amantes, o robots complacientes y así, que nadie en este mundo, estuviera solo sin amor... si tenías dinero por claro está.

Y por supuesto, los niños elegido, debían cumplir ciertas características, a parte de ser huérfanos, o ser desechados por sus padres, debían tener una considerable belleza física, y hasta a algunos, en su adolescencia, les hacían cirugías plásticas.

Estaréis pensando que esto es una locura, los gobiernos no deberían permitir usar así a esos humanos, como si no tuvieran ni derechos, ni nada de nada. Pues amigos, ellos son los primeros beneficiados, así que, lo acabaron permitiendo.

¿No hay escuelas para idols? ¿Para actores etc? ¿Por qué no para los chugar?

—¡Aaaaaah, mierda! Después de todo, me entrenaron desde pequeña para ser perfecta, no sirvió conmigo, perfecta, ya era.

Seguía pensando Victoria, que era mejor conocida como Anyelia, una de las cantantes más populares, y, aún, con treinta años recién cumplidos, su popularidad no había bajado ni un poquito.

Abajo, su manager Alexiel, la estaba esperando para llevarla en su coche.

Era en el único en el que confiaba, tanto así, que solo él podía llevarla en su coche o aconsejarla.

Desde que empezó su carrera como cantante a los quince años, siempre la había acompañado.

Él, ya era un hombre de cuarenta años, no muy alto, solo le sacaba unos centímetros a Victoria, por lo que rondaba el metro setenta y uno.

Llevaba el cabello negro recogido en una coleta baja y sus ojos, eran de un castaño penetrante, además de tener unos bonitos labios carnosos de los cuales, las chicas siempre hablaban.

—¡Aaah Xandy!

Se estiró ella en el coche, Xandy era el apodo que le dio el día en el que le conoció.

—¿Viste cómo se te quedó mirando esa rubia?

Deberías echarte ya una novia, que con cuarenta años, sigues estando buenísimo.

—Qué cosas dices Anyelia, no tengo tiempo para esas cosas, recuerda, que estos días, estamos preparando tu nuevo álbum.

—Será posible.

Se puso ella intimidante, acercándose mucho a su rostro para sacarle las gafas de sol.

—Voy a tener que acostarme contigo para que sepas lo que es tener a una buena mujer entre tus brazos.

—¡Anyelia por dios! No digas tonterías.

Respondió bastante nervioso.

—Además, dijiste, que desde que estuviste con Erik, no estarías nunca jamás con nadie más.

Victoria recordó su primer y único novio en toda su vida, su mayor error a los veintiún años.

Salir con ese metalero no fue una buena idea, ella, solo fue su desahogo sexual por ser atractiva, en su mente, siempre estuvo otra mujer.

—Xandy...

Expresó tomándole de su jersey de una manera muy atemorizante.

—Vuélveme a recordar eso, y mueres.

¿Cómo demonios pensaba en esa otra mujer estando conmigo?

Yo, era hermosa, mucho más, y además, con un gran carisma.

¡Jah! ¡No debí darle mi cuerpo! Fui muy amable.

Y se sentó de una postura en la que sus pies quedaron apoyados en lo alto.

—Anyelia, mancharás todo así, anda, baja los pies.

—¡Te jodes! Por hacerme recordar que le di mi primera vez a ese marsupio, vamos, llévame a ver a mi tía ahora.

A Alexiel no le quedó más remedio que obedecer, cuando a Victoria le daba la vena y se enfadaba, había que tener cuidado con las palabras.

Cuando al fin llegaron al hospital, tapada con un pañuelo a la moda y unas gafas de sol para no ser reconocida, subió hasta aquel cuarto.

Allí, estaba una señora tumbada en la cama, con toda su cabeza completamente calva, tampoco tenía cejas ni pestañas.

—Victoria, al fin llegaste.

—Ains, te he comprado una nueva peluca para cuando salgas de aquí recuperada.

Y su tía sonrió mientras que ella le mostraba una peluca rubia.

—Oy, pero esto es muy glamuroso.

—Por supuesto, serás la envidia del barrio así, encontrarás al amor de tu vida, ya verás.

—Ains, ya con cuarenta y nueve años, no tengo ganas de hombres.

—Venga ya Luna, otra igual que Xandy, mira.

Dijo tomándola de las manos, con una expresión seria.

—Te vas a curar del cáncer muy pronto y podrás volver a tu casa, arreglarte y buscar al amor, pero...

¡Nada de chugars ni narices eh!

Espera... ¿Por qué me pones esa cara?

Su tía Luna, fue la que tomó sus manos ahora con una sonrisa amable.

—Sé que te vas a enfadar, pero, siento que lo hice por tu bien.

—¿El qué tratas de decirme?

—¿Recuerdas que ahorré tanto que no sabía qué comprar?

Victoria se echó hacia atrás espantada.

—¡No! No me digas que con el dinero que te doy cada mes... ¡Te compraste un chugar!

Luna, no me esperé esto de ti ¡¿Dónde lo escondiste?!

Y Victoria se puso a rebuscar por todo el cuarto, bajo la cama, en el armario y, hasta en el baño.

—No es para mí, es para ti.

Terminó por confesar ella, y Victoria, se plantó frente a su cama.

—¿Cómo que para mí?

—No lo veas como un sustituto al amor o algo así, quiero, que tengas buena compañía porque siempre estás muy sola en ese enorme piso.

—¡No! No puede ser ¡¿Dónde está ese maldito chugar?!

Lo devolveré ahora mismo.

Pero su tía, la agarró del brazo para evitar que se marchara.

—Debe estar por llegar a tu casa, Victoria, hazme caso por una vez, además, dijiste, que algún día me agradecerías por dejarte cumplir tu sueño de ser cantante ¿No me das el gusto ahora?

Victoria no sabía qué responder, a su mente llegaron demasiados recuerdos de golpe.

El cómo sus padres, siendo de dinero, querían que ella fuera perfecta, una educación estricta, las mejores notas de la escuela, estudiar todo el día, modales absurdos y, ¿aprecio? ¿Cuando?

La muerte de sus padres en ese accidente, no le produjo lágrimas y, el ser criada desde los once años por su tía, fue llegar al paraíso, solo ella, siendo aún joven, se quiso hacer cargo de Victoria, el resto de tíos y sus abuelos, no quisieron saber nada.

Juró estarle siempre agradecida por cuidarla, y por ayudarle con su sueño.

Ahora, no podía decepcionarla, pero, aceptar que le había comprado un chugar, aún le molestaba.

—Está bien.

Acabó diciendo al fin fríamente.

—No lo devolveré, pero, no te esperes ver resultados con ese muñeco molesto por mi casa.

Y se marchó, Luna, se quedó un tanto triste, lo único que quería, era que su sobrina mostrara su lado cálido de una mejor manera.

Si no fuera por ella y su manager, estaría completamente sola y sin amigos.

Durante el trayecto a casa, Victoria y Alexiel permanecieron en silencio ya que, este dedujo enseguida que ella no estaba de buen humor.

Y al fin, llegó a ese bloque en la zona más lujosa de la ciudad, su piso era el último, un lugar decorado con muchos muebles de madera, cinco habitaciones y tres baños, una cocina espaciosa y un gran salón con vistas a la ciudad, que ahora, se tintaba del atardecer.

Victoria, se sentó en el suelo, también de madera, y se quedó viendo todo por esas grandes ventanas, así, hasta que llamaron al telefonillo.

Ya sabía quien vendría y sin mirar a la pantalla tras preguntar quien era, le abrió la puerta.

«Ese chugar tiene una voz bien grave»

Pensó ella, y, al fin, el timbre sonó y al abrir, se encontró con ese apuesto joven, mucho más alto que ella, cabello muy corto, castaño medio y ojos color miel, su piel, era blanca como la suya, con algunas pesas, pero no demasiadas y su cuerpo, madre mía qué cuerpo, delgado, pero con musculatura y, lo más curioso, era, que en el brazo izquierdo, tenía unos tatuajes tribales negros, y en la frente, en el lado derecho, otro de un sol.

—¿Eres el muñeco humano?

—Soy tu chugar.

Respondió él con una sonrisa.

Continuará...

—Bah, es lo mismo prácticamente, entra dentro, pero no jodas la marrana.

Tu habitación es la más alejada de la mía, venga, que te llevaré a ella para que dejes tus cosas

Y ya en la habitación, esta abrió la maleta sin ningún tacto y toda la ropa de ese chugar se esparció por el suelo, calzoncillos, y algunos pantalones y camisetas.

—¿Esto traes? Pensé que los muñecos estos venían con ropa sugerente o algo y es toda ropa corriente.

—¿Ropa sugerente? ¿Puedo quedarme en calzoncillos todo el día si es lo que deseas?

A Victoria casi le da algo y enfadada, le tomó de malos modos de su camiseta.

—A mí no me vengas con chorradas de esas, si te crees que vas a ser un chugar feliz, lo llevas claro muñeco, ¡tú, como te llames!

—Carl, mi nombre es Carl Victoria.

El ceño de aquella mujer se frunció más que nunca y volvió a tomarle de la camiseta.

—Victoria solo puede llamarme mi tía.

¡Tú, muñeco! ¡Me llamarás Anyelia! Ese es mi nombre artístico.

¿A caso no me recnoces? Soy la cantante más famosa del mundo.

Decía ondeando su largo cabello negro.

—Lo siento, en mi escuela no me enseñaron eso.

Y Victoria trató de controlar su mala leche.

—Bueno, C-a-r-l, ahora ya sabes cómo dirigirte a mí, no me toques las narices y haz lo que quieras mientras que no me jodas, tengo que componer unas canciones y no tengo tiempo para chorradillas.

Esta salió al fin de la habitación dando un portazo y Carl, se quedó colocando su ropa en el armario que había.

Por otro lado, Victoria se fue al salón con un cuaderno sobre la gran mesa, para quedarse escribiendo y escribiendo, hasta que la ciudad, se llenó de luces.

Carl, al fin, decidió salir y fue hasta la cocina sin decir nada, y a los cuarenta minutos, apareció frente a su ama con un plato de comida.

Eran macarrones con verduras con un aspecto delicioso.

—¿Qué coño? ¿Sabes cocinar?

—Sé hacer muchas cosas, todo lo que me pidas, yo podré hacerlo.

—¿Todo?

—Así es.

—Muy bien, sal al balcón y saca unas alas para volar, quiero que me lleves volando por toda la ciudad.

¿Qué te pasa? ¿No puedes?

Carl, miraba ahora hacia un lado bastante inseguro.

—Discúlpame, yo... quiero hacerlo, pero, no tengo alas.

—Bah, qué más da, y aunque las tuvieras, no te pediría nada.

Y ahí se puso a comer los macarrones, sin tan siquiera darle las gracias.

Carl comió también, en la otra punta de la mesa para estar lo suficientemente alejados y en silencio y después, cuando ambos acabaron, recogió los platos vacíos para fregar todo.

Cuando estuvo todo limpio, se sentó en un sofá del salón, quedándose mirando a Victoria escribir y más escribir.

Se preguntaba por qué era tan fría, quizás, la personalidad de los artistas, era así la mayoría de veces.

Al rato, ella se dio cuenta de que que Carl, no le quitaba el ojo de encima y se echó un poco hacia atrás.

—¿Qué pasa? ¿Qué hasta un chugar se queda perplejo por mi belleza?

Decía ella, tocando su cabello con mucha chulería.

Lo cierto era, que en verdad era hermosa, y además, aparentaba diez años menos, sus ojos eran grandes y oscuros, con un aire de ternura, su apariencia era totalmente lo opuesto a su ruda personalidad.

—Ah, y para tu información, tengo treinta años, ¿a que no te lo esperabas?

Dime, ¿qué edad tienes tú?

—Yo, tengo veintitrés años.

—¡¡Aah mierda!!

Y Victoria, acabó por levantarse muy molesta para ir a él.

—¡Maldito! ¡Encima eres más joven que yo por bastantes años!

¡¿Qué pensó mi tía al comprarte?! ¡Será posible!

¡¿Acaso quiere que ande cuidando bebés?!

Gritaba molesta, para pasar a tomarle de la camiseta como si tratara de sacársela.

—¡A ver! ¡Quítate la ropa! No sea que todo sea un bonito envoltorio.

Y Carl obedeció, primero, sacándose la parte superior, mostrando sus abdominales, y al momento de sacarse los pantalones, ella ya no se aguantó, pidiéndole que se detuviera.

—Vale, ya me ha quedado claro que vas a hacer cualquier cosa que te pida.

¿A caso no tienes vergüenza que te andas quedando en calzoncillos?

Decía ella hasta roja por la situación mientras trataba de no mirarle donde no debía.

—He sido educado para complacer, sentir vergüenza es algo que no existe en mí, puedo estar desnudo para ti sin pudores y hacerte el amor si me necesitas.

Y esa bofetada, se escuchó por todo el salón.

—¡Eres una mierda! ¡Un muñeco que no piensa por él mismo!

Harías todos lo que otros te piden sin decisión propia ¡Cómo te odio!

¡Solo eres una carcasa bonita y nada más.

Estaba tan histérica gritándole, que Carl pensó que volvería a golpearle, pero no lo hizo, simplemente, tras tomar su cuaderno, se encerró en su habitación.

A la mañana siguiente, nada más despertar por una llamada de Alexiel, Victoria se dio una ducha rápida para después, encontrarse el desayuno ya preparado.

—Qué mierda ¿Hiciste tanto?

Yo solo necesito un simple café en la mañana y ya.

—Discúlpame, no lo sabía.

Respondió Carl con intención de recoger todo, pero ella le detuvo.

—Me lo comeré porque no me gusta que se desperdicie la comida, pero, desde mañana, café y punto.

Y Victoria se comió las tortitas con nata a gran velocidad, después, se bebió el zumo natural de naranjas.

Recordó que ya casi se estaban echando a perder y en su mente, agradeció a Carl que las hubiera aprovechado.

—Arrg, le diré a Xandy que no me vuelva a regalar naranjas, a mí solo me gustan los higos y frutos del bosque.

Decía tras limpiarse la boca, para después ir a lavarse los dientes.

El telefonillo sonó al poco y ella corriendo fue a atender.

Era Alexiel buscándola para ir a trabajar.

—Mierda ¿Qué hago contigo ahora?

Expresó mirando a Carl, y en su mente, se puso a pensar y más pensar.

—Amanda, siempre presume de su chugar y se burla de que nunca estoy con hombres, aunque claro, sería rebajarme a su nivel decir que es un chugar también, pero... ejeje, nadie sabe eso.

Decía en alto sus pensamientos, por lo que Carl pudo escucharla con curiosidad y, enseguida, ella le tomó del brazo.

—Tú, te vienes conmigo, vas a fingir que eres un chico normal de buena familia o algo, nada de decir que eres un chugar o te corto las orejas.

Y Carl tragó saliva, ya no sabía qué esperar de esa mujer.

—Está bien.

Menuda la cara de Alexiel al ver que Victoria bajaba con un hombre.

—Oye, más te vale no pensar lo que no es Xandy.

Decía ella empujando a Carl para que entrara lo más rápido posible en el asiento trasero.

—Mi tía me ha comprado un chugar ¿Cómo te quedas?

—Vaya, eso sí que no lo esperé.

Victoria entonces, le clavó sus largas uñas en el muslo provocándole un quejido.

—¡Aay! ¿Qué pasa Anyelia? ¿Qué hice?

—Más te vale, que no se te escape que es un chugar a quien pregunte, y más si es esa Amanda.

Carl es un amigo medio novio o algo así que conocí hace poco en un local vip.

—Está bien, no te preocupes, sabes que tu secreto está a salvo conmigo.

—La verdad, es una suerte que el muñeco este esté tatuado, los chugar no llevan tatuajes así que, dará el pego de que es un chico común.

A los minutos, ya habían llegado al edificio de la empresa, los trabajadores que allí había, se sorprendieron de ver a Victoria junto a un hombre, y, al momento de entrar en el ascensor, Amanda estaba allí junto a su chugar, un hombre rubio muy apuesto, de ojos azulados y muy pálido.

—Vaya, ¿al fin te compraste un chugar?

Ains, las abuelas se modernizan.

Comentó esa joven pelirroja.

—Jah, no caería tan bajo.

Respondió Victoria tratando de mantener la calma.

—Es un chico que conocí en Nekópolis, un hombre de clase alta, un hombre de verdad ¿No ves que hasta está tatuado? ¡Qué chugar ni narices!

Amanda le echó una ojeada a los tatuajes.

—Bah, ha de ser un rebelde al que su padre ha desheredado.

No creo que pudieras conseguir un buen hombre de verdad.

Victoria estaba a punto de explotar y tenía unas tremendas ganas de cogerla de los pelos, pero prefirió ignorar, más por que el ascensor ya había llegado a la última planta.

Amanda había debutado tan solo hacía dos años, era una pelirroja de ojos azules con mucho talento y belleza que, enseguida, obtuvo popularidad, cosa que se le subió algo a la cabeza y gustaba de molestar a Victoria por ser la más famosa.

Y cuando al fin salieron de ese ascensor, aquella joven se alejó caminando con chulería, como si fuera toda una diva.

Victoria no quiso abrir la boca hasta que llegaron al estudio de grabación, debía grabar una de las canciones de su nuevo álbum.

Carl, se quedó sentado al otro lado del cristal, todavía debía familiarizarse con ese tipo de vida, y ¡Madre mía cuando la escuchó cantar!

Lo cierto era que le gustó, detrás de esa imagen de chica dura, su voz expresaba todo lo contrario, y hasta era como conocer otro lado suyo, quizás, uno oculto que no dejaría ver tan fácilmente.

—¡Dios!, a la primera Anyelia, eres genial.

Dijo el hombre que estaba frente al estudio de grabación.

—Muchas gracias de verdad, me moría por cantar, es que, esto de llevar casi un año sin sacar nueva música me mata.

Anda, vamos a por unos cafés.

Carl, no dejaba de observarla, con esa gente, se mostraba amable, como otra mujer distinta.

Alexiel, tuvo que ir a por varios cafés y al regresar, tras entregarle uno a todo el personal, le ofreció a Carl también.

—Gracias, no tenías por qué.

—Es para que estés animado, vivir con Anyelia va a ser difícil, así que, te mando todas mis fuerzas.

—Ella, creo que me odia...

Terminó por soltar, Alexiel se sorprendió ya que, los chugar, estaban entrenados para complacer a sus amos y, a  aceptar cualquier trato siempre y cuando no tentaran contra su vida.

—Quizás solo odia el hecho de que seas un chugar, pero no creo que odie tu yo real.

¿Podrás abrir su corazón?

Y eso último, se lo dijo guiñándole un ojo, cosa que Victoria vio, acercándose a ellos para agacharse un poco y ponerse a su altura ya que estaban sentados.

—¿Qué pasa Xandy? ¿Te gusta Carl?

—¡¿Qué?! ¡No! ¿Por qué?

Expresó este sin entender nada.

—Te vi cómo le coqueteabas, no me mientas, ahora entiendo todo.

—Ay Anyelia, ya te estás imaginando cosas.

Exclamaba algo nervioso.

—Pues que sepas que Carl me pertenece y no pienso dejar que mi manager se líe con un chugar, jah, qué bajo.

—Anyelia, en verdad te estás confundiendo.

Seguía tratando de aclarar ese mal entendido, pero ella le ignoró.

—Bah, volvamos a casa, hoy me siento vaga.

Alexiel suspiró, y tras que Victoria se despidiera de todos, los tres, se marcharon de allí.

Al llegar al fin a la calle, estos se dirigieron al coche, pero alguien salió tras de él, con un cuchillo en su mano, dispuesto a hacerle daño a Victoria.

Continuara...

 

De corazón a corazón, pokecuento gardevoir

 De corazón a corazón. Una sensación palpitante en todo mi cuerpo, esto ya lo había sentido varias veces, cada día, tiempo después de que co...