Las puertas del ascensor se abrieron, allí dentro, estaba Amanda junto a su chugar coqueteando y Victoria, ni se molestó en disimular su cara de asco, prefiriendo bajar por las escaleras para no tenerlos cerca.
—¡Qué
asco joder! ¡Todo está lleno de esos chugar! ¡¿En qué momento se puso esto tan
de moda?!
Pensaba
mientras bajaba lo más rápido que podía.
Los
chugar, se comenzaron a popularizar en Corea hacía veinticuatro años más o
menos, por eso, su nombre, era la combinación de las palabras sugar y chingu,
esta última, significando amigo en coreano y ya, nueve años después, los chugar
llegaron a todo el mundo y era raro ver a alguien que no poseyera uno, siempre
y cuando, fueras de clase medio alta, ya que eran bastante costosos.
Y
os preguntaréis, ¿qué son realmente?
Humanos,
simplemente humanos que desde su más tierna infancia, fueron educados en una de
las tantas escuelas de chugar que hay, entrenados para ser casi como robots
amantes, o robots complacientes y así, que nadie en este mundo, estuviera solo
sin amor... si tenías dinero por claro está.
Y
por supuesto, los niños elegido, debían cumplir ciertas características, a
parte de ser huérfanos, o ser desechados por sus padres, debían tener una
considerable belleza física, y hasta a algunos, en su adolescencia, les hacían
cirugías plásticas.
Estaréis
pensando que esto es una locura, los gobiernos no deberían permitir usar así a
esos humanos, como si no tuvieran ni derechos, ni nada de nada. Pues amigos,
ellos son los primeros beneficiados, así que, lo acabaron permitiendo.
¿No
hay escuelas para idols? ¿Para actores etc? ¿Por qué no para los chugar?
—¡Aaaaaah,
mierda! Después de todo, me entrenaron desde pequeña para ser perfecta, no
sirvió conmigo, perfecta, ya era.
Seguía
pensando Victoria, que era mejor conocida como Anyelia, una de las cantantes
más populares, y, aún, con treinta años recién cumplidos, su popularidad no
había bajado ni un poquito.
Abajo,
su manager Alexiel, la estaba esperando para llevarla en su coche.
Era
en el único en el que confiaba, tanto así, que solo él podía llevarla en su
coche o aconsejarla.
Desde
que empezó su carrera como cantante a los quince años, siempre la había
acompañado.
Él,
ya era un hombre de cuarenta años, no muy alto, solo le sacaba unos centímetros
a Victoria, por lo que rondaba el metro setenta y uno.
Llevaba
el cabello negro recogido en una coleta baja y sus ojos, eran de un castaño
penetrante, además de tener unos bonitos labios carnosos de los cuales, las
chicas siempre hablaban.
—¡Aaah
Xandy!
Se
estiró ella en el coche, Xandy era el apodo que le dio el día en el que le
conoció.
—¿Viste
cómo se te quedó mirando esa rubia?
Deberías
echarte ya una novia, que con cuarenta años, sigues estando buenísimo.
—Qué
cosas dices Anyelia, no tengo tiempo para esas cosas, recuerda, que estos días,
estamos preparando tu nuevo álbum.
—Será
posible.
Se
puso ella intimidante, acercándose mucho a su rostro para sacarle las gafas de
sol.
—Voy
a tener que acostarme contigo para que sepas lo que es tener a una buena mujer
entre tus brazos.
—¡Anyelia
por dios! No digas tonterías.
Respondió
bastante nervioso.
—Además,
dijiste, que desde que estuviste con Erik, no estarías nunca jamás con nadie
más.
Victoria
recordó su primer y único novio en toda su vida, su mayor error a los veintiún
años.
Salir
con ese metalero no fue una buena idea, ella, solo fue su desahogo sexual por
ser atractiva, en su mente, siempre estuvo otra mujer.
—Xandy...
Expresó
tomándole de su jersey de una manera muy atemorizante.
—Vuélveme
a recordar eso, y mueres.
¿Cómo
demonios pensaba en esa otra mujer estando conmigo?
Yo,
era hermosa, mucho más, y además, con un gran carisma.
¡Jah!
¡No debí darle mi cuerpo! Fui muy amable.
Y
se sentó de una postura en la que sus pies quedaron apoyados en lo alto.
—Anyelia,
mancharás todo así, anda, baja los pies.
—¡Te
jodes! Por hacerme recordar que le di mi primera vez a ese marsupio, vamos,
llévame a ver a mi tía ahora.
A
Alexiel no le quedó más remedio que obedecer, cuando a Victoria le daba la vena
y se enfadaba, había que tener cuidado con las palabras.
Cuando
al fin llegaron al hospital, tapada con un pañuelo a la moda y unas gafas de
sol para no ser reconocida, subió hasta aquel cuarto.
Allí,
estaba una señora tumbada en la cama, con toda su cabeza completamente calva,
tampoco tenía cejas ni pestañas.
—Victoria,
al fin llegaste.
—Ains,
te he comprado una nueva peluca para cuando salgas de aquí recuperada.
Y
su tía sonrió mientras que ella le mostraba una peluca rubia.
—Oy,
pero esto es muy glamuroso.
—Por
supuesto, serás la envidia del barrio así, encontrarás al amor de tu vida, ya
verás.
—Ains,
ya con cuarenta y nueve años, no tengo ganas de hombres.
—Venga
ya Luna, otra igual que Xandy, mira.
Dijo
tomándola de las manos, con una expresión seria.
—Te
vas a curar del cáncer muy pronto y podrás volver a tu casa, arreglarte y
buscar al amor, pero...
¡Nada
de chugars ni narices eh!
Espera...
¿Por qué me pones esa cara?
Su
tía Luna, fue la que tomó sus manos ahora con una sonrisa amable.
—Sé
que te vas a enfadar, pero, siento que lo hice por tu bien.
—¿El
qué tratas de decirme?
—¿Recuerdas
que ahorré tanto que no sabía qué comprar?
Victoria
se echó hacia atrás espantada.
—¡No!
No me digas que con el dinero que te doy cada mes... ¡Te compraste un chugar!
Luna,
no me esperé esto de ti ¡¿Dónde lo escondiste?!
Y
Victoria se puso a rebuscar por todo el cuarto, bajo la cama, en el armario y,
hasta en el baño.
—No
es para mí, es para ti.
Terminó
por confesar ella, y Victoria, se plantó frente a su cama.
—¿Cómo
que para mí?
—No
lo veas como un sustituto al amor o algo así, quiero, que tengas buena compañía
porque siempre estás muy sola en ese enorme piso.
—¡No!
No puede ser ¡¿Dónde está ese maldito chugar?!
Lo
devolveré ahora mismo.
Pero
su tía, la agarró del brazo para evitar que se marchara.
—Debe
estar por llegar a tu casa, Victoria, hazme caso por una vez, además, dijiste,
que algún día me agradecerías por dejarte cumplir tu sueño de ser cantante ¿No
me das el gusto ahora?
Victoria
no sabía qué responder, a su mente llegaron demasiados recuerdos de golpe.
El
cómo sus padres, siendo de dinero, querían que ella fuera perfecta, una
educación estricta, las mejores notas de la escuela, estudiar todo el día,
modales absurdos y, ¿aprecio? ¿Cuando?
La
muerte de sus padres en ese accidente, no le produjo lágrimas y, el ser criada
desde los once años por su tía, fue llegar al paraíso, solo ella, siendo aún
joven, se quiso hacer cargo de Victoria, el resto de tíos y sus abuelos, no
quisieron saber nada.
Juró
estarle siempre agradecida por cuidarla, y por ayudarle con su sueño.
Ahora,
no podía decepcionarla, pero, aceptar que le había comprado un chugar, aún le
molestaba.
—Está
bien.
Acabó
diciendo al fin fríamente.
—No
lo devolveré, pero, no te esperes ver resultados con ese muñeco molesto por mi
casa.
Y
se marchó, Luna, se quedó un tanto triste, lo único que quería, era que su
sobrina mostrara su lado cálido de una mejor manera.
Si
no fuera por ella y su manager, estaría completamente sola y sin amigos.
Durante
el trayecto a casa, Victoria y Alexiel permanecieron en silencio ya que, este
dedujo enseguida que ella no estaba de buen humor.
Y
al fin, llegó a ese bloque en la zona más lujosa de la ciudad, su piso era el
último, un lugar decorado con muchos muebles de madera, cinco habitaciones y
tres baños, una cocina espaciosa y un gran salón con vistas a la ciudad, que
ahora, se tintaba del atardecer.
Victoria,
se sentó en el suelo, también de madera, y se quedó viendo todo por esas
grandes ventanas, así, hasta que llamaron al telefonillo.
Ya
sabía quien vendría y sin mirar a la pantalla tras preguntar quien era, le
abrió la puerta.
«Ese
chugar tiene una voz bien grave»
Pensó
ella, y, al fin, el timbre sonó y al abrir, se encontró con ese apuesto joven,
mucho más alto que ella, cabello muy corto, castaño medio y ojos color miel, su
piel, era blanca como la suya, con algunas pesas, pero no demasiadas y su
cuerpo, madre mía qué cuerpo, delgado, pero con musculatura y, lo más curioso,
era, que en el brazo izquierdo, tenía unos tatuajes tribales negros, y en la
frente, en el lado derecho, otro de un sol.
—¿Eres
el muñeco humano?
—Soy
tu chugar.
Respondió
él con una sonrisa.
Continuará...
—Bah, es lo mismo prácticamente,
entra dentro, pero no jodas la marrana.
Tu habitación es la más alejada de
la mía, venga, que te llevaré a ella para que dejes tus cosas
Y ya en la habitación, esta abrió la
maleta sin ningún tacto y toda la ropa de ese chugar se esparció por el suelo,
calzoncillos, y algunos pantalones y camisetas.
—¿Esto traes? Pensé que los muñecos
estos venían con ropa sugerente o algo y es toda ropa corriente.
—¿Ropa sugerente? ¿Puedo quedarme en
calzoncillos todo el día si es lo que deseas?
A Victoria casi le da algo y
enfadada, le tomó de malos modos de su camiseta.
—A mí no me vengas con chorradas de
esas, si te crees que vas a ser un chugar feliz, lo llevas claro muñeco, ¡tú,
como te llames!
—Carl, mi nombre es Carl Victoria.
El ceño de aquella mujer se frunció
más que nunca y volvió a tomarle de la camiseta.
—Victoria solo puede llamarme mi
tía.
¡Tú, muñeco! ¡Me llamarás Anyelia!
Ese es mi nombre artístico.
¿A caso no me recnoces? Soy la
cantante más famosa del mundo.
Decía ondeando su largo cabello
negro.
—Lo siento, en mi escuela no me
enseñaron eso.
Y Victoria trató de controlar su
mala leche.
—Bueno, C-a-r-l, ahora ya sabes cómo
dirigirte a mí, no me toques las narices y haz lo que quieras mientras que no
me jodas, tengo que componer unas canciones y no tengo tiempo para
chorradillas.
Esta salió al fin de la habitación
dando un portazo y Carl, se quedó colocando su ropa en el armario que había.
Por otro lado, Victoria se fue al
salón con un cuaderno sobre la gran mesa, para quedarse escribiendo y
escribiendo, hasta que la ciudad, se llenó de luces.
Carl, al fin, decidió salir y fue
hasta la cocina sin decir nada, y a los cuarenta minutos, apareció frente a su
ama con un plato de comida.
Eran macarrones con verduras con un
aspecto delicioso.
—¿Qué coño? ¿Sabes cocinar?
—Sé hacer muchas cosas, todo lo que
me pidas, yo podré hacerlo.
—¿Todo?
—Así es.
—Muy bien, sal al balcón y saca unas
alas para volar, quiero que me lleves volando por toda la ciudad.
¿Qué te pasa? ¿No puedes?
Carl, miraba ahora hacia un lado
bastante inseguro.
—Discúlpame, yo... quiero hacerlo,
pero, no tengo alas.
—Bah, qué más da, y aunque las
tuvieras, no te pediría nada.
Y ahí se puso a comer los
macarrones, sin tan siquiera darle las gracias.
Carl comió también, en la otra punta
de la mesa para estar lo suficientemente alejados y en silencio y después, cuando
ambos acabaron, recogió los platos vacíos para fregar todo.
Cuando estuvo todo limpio, se sentó
en un sofá del salón, quedándose mirando a Victoria escribir y más escribir.
Se preguntaba por qué era tan fría,
quizás, la personalidad de los artistas, era así la mayoría de veces.
Al rato, ella se dio cuenta de que
que Carl, no le quitaba el ojo de encima y se echó un poco hacia atrás.
—¿Qué pasa? ¿Qué hasta un chugar se
queda perplejo por mi belleza?
Decía ella, tocando su cabello con
mucha chulería.
Lo cierto era, que en verdad era
hermosa, y además, aparentaba diez años menos, sus ojos eran grandes y oscuros,
con un aire de ternura, su apariencia era totalmente lo opuesto a su ruda
personalidad.
—Ah, y para tu información, tengo
treinta años, ¿a que no te lo esperabas?
Dime, ¿qué edad tienes tú?
—Yo, tengo veintitrés años.
—¡¡Aah mierda!!
Y Victoria, acabó por levantarse muy
molesta para ir a él.
—¡Maldito! ¡Encima eres más joven
que yo por bastantes años!
¡¿Qué pensó mi tía al comprarte?! ¡Será
posible!
¡¿Acaso quiere que ande cuidando
bebés?!
Gritaba molesta, para pasar a
tomarle de la camiseta como si tratara de sacársela.
—¡A ver! ¡Quítate la ropa! No sea
que todo sea un bonito envoltorio.
Y Carl obedeció, primero, sacándose
la parte superior, mostrando sus abdominales, y al momento de sacarse los
pantalones, ella ya no se aguantó, pidiéndole que se detuviera.
—Vale, ya me ha quedado claro que
vas a hacer cualquier cosa que te pida.
¿A caso no tienes vergüenza que te
andas quedando en calzoncillos?
Decía ella hasta roja por la
situación mientras trataba de no mirarle donde no debía.
—He sido educado para complacer,
sentir vergüenza es algo que no existe en mí, puedo estar desnudo para ti sin
pudores y hacerte el amor si me necesitas.
Y esa bofetada, se escuchó por todo
el salón.
—¡Eres una mierda! ¡Un muñeco que no
piensa por él mismo!
Harías todos lo que otros te piden
sin decisión propia ¡Cómo te odio!
¡Solo eres una carcasa bonita y nada
más.
Estaba tan histérica gritándole, que
Carl pensó que volvería a golpearle, pero no lo hizo, simplemente, tras tomar
su cuaderno, se encerró en su habitación.
A la mañana siguiente, nada más
despertar por una llamada de Alexiel, Victoria se dio una ducha rápida para
después, encontrarse el desayuno ya preparado.
—Qué mierda ¿Hiciste tanto?
Yo solo necesito un simple café en
la mañana y ya.
—Discúlpame, no lo sabía.
Respondió Carl con intención de
recoger todo, pero ella le detuvo.
—Me lo comeré porque no me gusta que
se desperdicie la comida, pero, desde mañana, café y punto.
Y Victoria se comió las tortitas con
nata a gran velocidad, después, se bebió el zumo natural de naranjas.
Recordó que ya casi se estaban
echando a perder y en su mente, agradeció a Carl que las hubiera aprovechado.
—Arrg, le diré a Xandy que no me
vuelva a regalar naranjas, a mí solo me gustan los higos y frutos del bosque.
Decía tras limpiarse la boca, para
después ir a lavarse los dientes.
El telefonillo sonó al poco y ella
corriendo fue a atender.
Era Alexiel buscándola para ir a
trabajar.
—Mierda ¿Qué hago contigo ahora?
Expresó mirando a Carl, y en su
mente, se puso a pensar y más pensar.
—Amanda, siempre presume de su
chugar y se burla de que nunca estoy con hombres, aunque claro, sería rebajarme
a su nivel decir que es un chugar también, pero... ejeje, nadie sabe eso.
Decía en alto sus pensamientos, por
lo que Carl pudo escucharla con curiosidad y, enseguida, ella le tomó del
brazo.
—Tú, te vienes conmigo, vas a fingir
que eres un chico normal de buena familia o algo, nada de decir que eres un
chugar o te corto las orejas.
Y Carl tragó saliva, ya no sabía qué
esperar de esa mujer.
—Está bien.
Menuda la cara de Alexiel al ver que
Victoria bajaba con un hombre.
—Oye, más te vale no pensar lo que
no es Xandy.
Decía ella empujando a Carl para que
entrara lo más rápido posible en el asiento trasero.
—Mi tía me ha comprado un chugar
¿Cómo te quedas?
—Vaya, eso sí que no lo esperé.
Victoria entonces, le clavó sus
largas uñas en el muslo provocándole un quejido.
—¡Aay! ¿Qué pasa Anyelia? ¿Qué hice?
—Más te vale, que no se te escape
que es un chugar a quien pregunte, y más si es esa Amanda.
Carl es un amigo medio novio o algo
así que conocí hace poco en un local vip.
—Está bien, no te preocupes, sabes
que tu secreto está a salvo conmigo.
—La verdad, es una suerte que el
muñeco este esté tatuado, los chugar no llevan tatuajes así que, dará el pego
de que es un chico común.
A los minutos, ya habían llegado al
edificio de la empresa, los trabajadores que allí había, se sorprendieron de
ver a Victoria junto a un hombre, y, al momento de entrar en el ascensor,
Amanda estaba allí junto a su chugar, un hombre rubio muy apuesto, de ojos
azulados y muy pálido.
—Vaya, ¿al fin te compraste un
chugar?
Ains, las abuelas se modernizan.
Comentó esa joven pelirroja.
—Jah, no caería tan bajo.
Respondió Victoria tratando de
mantener la calma.
—Es un chico que conocí en
Nekópolis, un hombre de clase alta, un hombre de verdad ¿No ves que hasta está
tatuado? ¡Qué chugar ni narices!
Amanda le echó una ojeada a los
tatuajes.
—Bah, ha de ser un rebelde al que su
padre ha desheredado.
No creo que pudieras conseguir un
buen hombre de verdad.
Victoria estaba a punto de explotar
y tenía unas tremendas ganas de cogerla de los pelos, pero prefirió ignorar,
más por que el ascensor ya había llegado a la última planta.
Amanda había debutado tan solo hacía
dos años, era una pelirroja de ojos azules con mucho talento y belleza que,
enseguida, obtuvo popularidad, cosa que se le subió algo a la cabeza y gustaba
de molestar a Victoria por ser la más famosa.
Y cuando al fin salieron de ese
ascensor, aquella joven se alejó caminando con chulería, como si fuera toda una
diva.
Victoria no quiso abrir la boca
hasta que llegaron al estudio de grabación, debía grabar una de las canciones
de su nuevo álbum.
Carl, se quedó sentado al otro lado
del cristal, todavía debía familiarizarse con ese tipo de vida, y ¡Madre mía
cuando la escuchó cantar!
Lo cierto era que le gustó, detrás
de esa imagen de chica dura, su voz expresaba todo lo contrario, y hasta era
como conocer otro lado suyo, quizás, uno oculto que no dejaría ver tan
fácilmente.
—¡Dios!, a la primera Anyelia, eres
genial.
Dijo el hombre que estaba frente al
estudio de grabación.
—Muchas gracias de verdad, me moría
por cantar, es que, esto de llevar casi un año sin sacar nueva música me mata.
Anda, vamos a por unos cafés.
Carl, no dejaba de observarla, con
esa gente, se mostraba amable, como otra mujer distinta.
Alexiel, tuvo que ir a por varios
cafés y al regresar, tras entregarle uno a todo el personal, le ofreció a Carl
también.
—Gracias, no tenías por qué.
—Es para que estés animado, vivir
con Anyelia va a ser difícil, así que, te mando todas mis fuerzas.
—Ella, creo que me odia...
Terminó por soltar, Alexiel se sorprendió
ya que, los chugar, estaban entrenados para complacer a sus amos y, a
aceptar cualquier trato siempre y cuando no tentaran contra su vida.
—Quizás solo odia el hecho de que
seas un chugar, pero no creo que odie tu yo real.
¿Podrás abrir su corazón?
Y eso último, se lo dijo guiñándole
un ojo, cosa que Victoria vio, acercándose a ellos para agacharse un poco y
ponerse a su altura ya que estaban sentados.
—¿Qué pasa Xandy? ¿Te gusta Carl?
—¡¿Qué?! ¡No! ¿Por qué?
Expresó este sin entender nada.
—Te vi cómo le coqueteabas, no me
mientas, ahora entiendo todo.
—Ay Anyelia, ya te estás imaginando
cosas.
Exclamaba algo nervioso.
—Pues que sepas que Carl me
pertenece y no pienso dejar que mi manager se líe con un chugar, jah, qué bajo.
—Anyelia, en verdad te estás
confundiendo.
Seguía tratando de aclarar ese mal
entendido, pero ella le ignoró.
—Bah, volvamos a casa, hoy me siento
vaga.
Alexiel suspiró, y tras que Victoria
se despidiera de todos, los tres, se marcharon de allí.
Al llegar al fin a la calle, estos
se dirigieron al coche, pero alguien salió tras de él, con un cuchillo en su
mano, dispuesto a hacerle daño a Victoria.
Continuara...
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