miércoles, 7 de septiembre de 2022

Tsundere sugar free parte 1 y 2

 Las puertas del ascensor se abrieron, allí dentro, estaba Amanda junto a su chugar coqueteando y Victoria, ni se molestó en disimular su cara de asco, prefiriendo bajar por las escaleras para no tenerlos cerca.

—¡Qué asco joder! ¡Todo está lleno de esos chugar! ¡¿En qué momento se puso esto tan de moda?!

Pensaba mientras bajaba lo más rápido que podía.

Los chugar, se comenzaron a popularizar en Corea hacía veinticuatro años más o menos, por eso, su nombre, era la combinación de las palabras sugar y chingu, esta última, significando amigo en coreano y ya, nueve años después, los chugar llegaron a todo el mundo y era raro ver a alguien que no poseyera uno, siempre y cuando, fueras de clase medio alta, ya que eran bastante costosos.

Y os preguntaréis, ¿qué son realmente?

Humanos, simplemente humanos que desde su más tierna infancia, fueron educados en una de las tantas escuelas de chugar que hay, entrenados para ser casi como robots amantes, o robots complacientes y así, que nadie en este mundo, estuviera solo sin amor... si tenías dinero por claro está.

Y por supuesto, los niños elegido, debían cumplir ciertas características, a parte de ser huérfanos, o ser desechados por sus padres, debían tener una considerable belleza física, y hasta a algunos, en su adolescencia, les hacían cirugías plásticas.

Estaréis pensando que esto es una locura, los gobiernos no deberían permitir usar así a esos humanos, como si no tuvieran ni derechos, ni nada de nada. Pues amigos, ellos son los primeros beneficiados, así que, lo acabaron permitiendo.

¿No hay escuelas para idols? ¿Para actores etc? ¿Por qué no para los chugar?

—¡Aaaaaah, mierda! Después de todo, me entrenaron desde pequeña para ser perfecta, no sirvió conmigo, perfecta, ya era.

Seguía pensando Victoria, que era mejor conocida como Anyelia, una de las cantantes más populares, y, aún, con treinta años recién cumplidos, su popularidad no había bajado ni un poquito.

Abajo, su manager Alexiel, la estaba esperando para llevarla en su coche.

Era en el único en el que confiaba, tanto así, que solo él podía llevarla en su coche o aconsejarla.

Desde que empezó su carrera como cantante a los quince años, siempre la había acompañado.

Él, ya era un hombre de cuarenta años, no muy alto, solo le sacaba unos centímetros a Victoria, por lo que rondaba el metro setenta y uno.

Llevaba el cabello negro recogido en una coleta baja y sus ojos, eran de un castaño penetrante, además de tener unos bonitos labios carnosos de los cuales, las chicas siempre hablaban.

—¡Aaah Xandy!

Se estiró ella en el coche, Xandy era el apodo que le dio el día en el que le conoció.

—¿Viste cómo se te quedó mirando esa rubia?

Deberías echarte ya una novia, que con cuarenta años, sigues estando buenísimo.

—Qué cosas dices Anyelia, no tengo tiempo para esas cosas, recuerda, que estos días, estamos preparando tu nuevo álbum.

—Será posible.

Se puso ella intimidante, acercándose mucho a su rostro para sacarle las gafas de sol.

—Voy a tener que acostarme contigo para que sepas lo que es tener a una buena mujer entre tus brazos.

—¡Anyelia por dios! No digas tonterías.

Respondió bastante nervioso.

—Además, dijiste, que desde que estuviste con Erik, no estarías nunca jamás con nadie más.

Victoria recordó su primer y único novio en toda su vida, su mayor error a los veintiún años.

Salir con ese metalero no fue una buena idea, ella, solo fue su desahogo sexual por ser atractiva, en su mente, siempre estuvo otra mujer.

—Xandy...

Expresó tomándole de su jersey de una manera muy atemorizante.

—Vuélveme a recordar eso, y mueres.

¿Cómo demonios pensaba en esa otra mujer estando conmigo?

Yo, era hermosa, mucho más, y además, con un gran carisma.

¡Jah! ¡No debí darle mi cuerpo! Fui muy amable.

Y se sentó de una postura en la que sus pies quedaron apoyados en lo alto.

—Anyelia, mancharás todo así, anda, baja los pies.

—¡Te jodes! Por hacerme recordar que le di mi primera vez a ese marsupio, vamos, llévame a ver a mi tía ahora.

A Alexiel no le quedó más remedio que obedecer, cuando a Victoria le daba la vena y se enfadaba, había que tener cuidado con las palabras.

Cuando al fin llegaron al hospital, tapada con un pañuelo a la moda y unas gafas de sol para no ser reconocida, subió hasta aquel cuarto.

Allí, estaba una señora tumbada en la cama, con toda su cabeza completamente calva, tampoco tenía cejas ni pestañas.

—Victoria, al fin llegaste.

—Ains, te he comprado una nueva peluca para cuando salgas de aquí recuperada.

Y su tía sonrió mientras que ella le mostraba una peluca rubia.

—Oy, pero esto es muy glamuroso.

—Por supuesto, serás la envidia del barrio así, encontrarás al amor de tu vida, ya verás.

—Ains, ya con cuarenta y nueve años, no tengo ganas de hombres.

—Venga ya Luna, otra igual que Xandy, mira.

Dijo tomándola de las manos, con una expresión seria.

—Te vas a curar del cáncer muy pronto y podrás volver a tu casa, arreglarte y buscar al amor, pero...

¡Nada de chugars ni narices eh!

Espera... ¿Por qué me pones esa cara?

Su tía Luna, fue la que tomó sus manos ahora con una sonrisa amable.

—Sé que te vas a enfadar, pero, siento que lo hice por tu bien.

—¿El qué tratas de decirme?

—¿Recuerdas que ahorré tanto que no sabía qué comprar?

Victoria se echó hacia atrás espantada.

—¡No! No me digas que con el dinero que te doy cada mes... ¡Te compraste un chugar!

Luna, no me esperé esto de ti ¡¿Dónde lo escondiste?!

Y Victoria se puso a rebuscar por todo el cuarto, bajo la cama, en el armario y, hasta en el baño.

—No es para mí, es para ti.

Terminó por confesar ella, y Victoria, se plantó frente a su cama.

—¿Cómo que para mí?

—No lo veas como un sustituto al amor o algo así, quiero, que tengas buena compañía porque siempre estás muy sola en ese enorme piso.

—¡No! No puede ser ¡¿Dónde está ese maldito chugar?!

Lo devolveré ahora mismo.

Pero su tía, la agarró del brazo para evitar que se marchara.

—Debe estar por llegar a tu casa, Victoria, hazme caso por una vez, además, dijiste, que algún día me agradecerías por dejarte cumplir tu sueño de ser cantante ¿No me das el gusto ahora?

Victoria no sabía qué responder, a su mente llegaron demasiados recuerdos de golpe.

El cómo sus padres, siendo de dinero, querían que ella fuera perfecta, una educación estricta, las mejores notas de la escuela, estudiar todo el día, modales absurdos y, ¿aprecio? ¿Cuando?

La muerte de sus padres en ese accidente, no le produjo lágrimas y, el ser criada desde los once años por su tía, fue llegar al paraíso, solo ella, siendo aún joven, se quiso hacer cargo de Victoria, el resto de tíos y sus abuelos, no quisieron saber nada.

Juró estarle siempre agradecida por cuidarla, y por ayudarle con su sueño.

Ahora, no podía decepcionarla, pero, aceptar que le había comprado un chugar, aún le molestaba.

—Está bien.

Acabó diciendo al fin fríamente.

—No lo devolveré, pero, no te esperes ver resultados con ese muñeco molesto por mi casa.

Y se marchó, Luna, se quedó un tanto triste, lo único que quería, era que su sobrina mostrara su lado cálido de una mejor manera.

Si no fuera por ella y su manager, estaría completamente sola y sin amigos.

Durante el trayecto a casa, Victoria y Alexiel permanecieron en silencio ya que, este dedujo enseguida que ella no estaba de buen humor.

Y al fin, llegó a ese bloque en la zona más lujosa de la ciudad, su piso era el último, un lugar decorado con muchos muebles de madera, cinco habitaciones y tres baños, una cocina espaciosa y un gran salón con vistas a la ciudad, que ahora, se tintaba del atardecer.

Victoria, se sentó en el suelo, también de madera, y se quedó viendo todo por esas grandes ventanas, así, hasta que llamaron al telefonillo.

Ya sabía quien vendría y sin mirar a la pantalla tras preguntar quien era, le abrió la puerta.

«Ese chugar tiene una voz bien grave»

Pensó ella, y, al fin, el timbre sonó y al abrir, se encontró con ese apuesto joven, mucho más alto que ella, cabello muy corto, castaño medio y ojos color miel, su piel, era blanca como la suya, con algunas pesas, pero no demasiadas y su cuerpo, madre mía qué cuerpo, delgado, pero con musculatura y, lo más curioso, era, que en el brazo izquierdo, tenía unos tatuajes tribales negros, y en la frente, en el lado derecho, otro de un sol.

—¿Eres el muñeco humano?

—Soy tu chugar.

Respondió él con una sonrisa.

Continuará...

—Bah, es lo mismo prácticamente, entra dentro, pero no jodas la marrana.

Tu habitación es la más alejada de la mía, venga, que te llevaré a ella para que dejes tus cosas

Y ya en la habitación, esta abrió la maleta sin ningún tacto y toda la ropa de ese chugar se esparció por el suelo, calzoncillos, y algunos pantalones y camisetas.

—¿Esto traes? Pensé que los muñecos estos venían con ropa sugerente o algo y es toda ropa corriente.

—¿Ropa sugerente? ¿Puedo quedarme en calzoncillos todo el día si es lo que deseas?

A Victoria casi le da algo y enfadada, le tomó de malos modos de su camiseta.

—A mí no me vengas con chorradas de esas, si te crees que vas a ser un chugar feliz, lo llevas claro muñeco, ¡tú, como te llames!

—Carl, mi nombre es Carl Victoria.

El ceño de aquella mujer se frunció más que nunca y volvió a tomarle de la camiseta.

—Victoria solo puede llamarme mi tía.

¡Tú, muñeco! ¡Me llamarás Anyelia! Ese es mi nombre artístico.

¿A caso no me recnoces? Soy la cantante más famosa del mundo.

Decía ondeando su largo cabello negro.

—Lo siento, en mi escuela no me enseñaron eso.

Y Victoria trató de controlar su mala leche.

—Bueno, C-a-r-l, ahora ya sabes cómo dirigirte a mí, no me toques las narices y haz lo que quieras mientras que no me jodas, tengo que componer unas canciones y no tengo tiempo para chorradillas.

Esta salió al fin de la habitación dando un portazo y Carl, se quedó colocando su ropa en el armario que había.

Por otro lado, Victoria se fue al salón con un cuaderno sobre la gran mesa, para quedarse escribiendo y escribiendo, hasta que la ciudad, se llenó de luces.

Carl, al fin, decidió salir y fue hasta la cocina sin decir nada, y a los cuarenta minutos, apareció frente a su ama con un plato de comida.

Eran macarrones con verduras con un aspecto delicioso.

—¿Qué coño? ¿Sabes cocinar?

—Sé hacer muchas cosas, todo lo que me pidas, yo podré hacerlo.

—¿Todo?

—Así es.

—Muy bien, sal al balcón y saca unas alas para volar, quiero que me lleves volando por toda la ciudad.

¿Qué te pasa? ¿No puedes?

Carl, miraba ahora hacia un lado bastante inseguro.

—Discúlpame, yo... quiero hacerlo, pero, no tengo alas.

—Bah, qué más da, y aunque las tuvieras, no te pediría nada.

Y ahí se puso a comer los macarrones, sin tan siquiera darle las gracias.

Carl comió también, en la otra punta de la mesa para estar lo suficientemente alejados y en silencio y después, cuando ambos acabaron, recogió los platos vacíos para fregar todo.

Cuando estuvo todo limpio, se sentó en un sofá del salón, quedándose mirando a Victoria escribir y más escribir.

Se preguntaba por qué era tan fría, quizás, la personalidad de los artistas, era así la mayoría de veces.

Al rato, ella se dio cuenta de que que Carl, no le quitaba el ojo de encima y se echó un poco hacia atrás.

—¿Qué pasa? ¿Qué hasta un chugar se queda perplejo por mi belleza?

Decía ella, tocando su cabello con mucha chulería.

Lo cierto era, que en verdad era hermosa, y además, aparentaba diez años menos, sus ojos eran grandes y oscuros, con un aire de ternura, su apariencia era totalmente lo opuesto a su ruda personalidad.

—Ah, y para tu información, tengo treinta años, ¿a que no te lo esperabas?

Dime, ¿qué edad tienes tú?

—Yo, tengo veintitrés años.

—¡¡Aah mierda!!

Y Victoria, acabó por levantarse muy molesta para ir a él.

—¡Maldito! ¡Encima eres más joven que yo por bastantes años!

¡¿Qué pensó mi tía al comprarte?! ¡Será posible!

¡¿Acaso quiere que ande cuidando bebés?!

Gritaba molesta, para pasar a tomarle de la camiseta como si tratara de sacársela.

—¡A ver! ¡Quítate la ropa! No sea que todo sea un bonito envoltorio.

Y Carl obedeció, primero, sacándose la parte superior, mostrando sus abdominales, y al momento de sacarse los pantalones, ella ya no se aguantó, pidiéndole que se detuviera.

—Vale, ya me ha quedado claro que vas a hacer cualquier cosa que te pida.

¿A caso no tienes vergüenza que te andas quedando en calzoncillos?

Decía ella hasta roja por la situación mientras trataba de no mirarle donde no debía.

—He sido educado para complacer, sentir vergüenza es algo que no existe en mí, puedo estar desnudo para ti sin pudores y hacerte el amor si me necesitas.

Y esa bofetada, se escuchó por todo el salón.

—¡Eres una mierda! ¡Un muñeco que no piensa por él mismo!

Harías todos lo que otros te piden sin decisión propia ¡Cómo te odio!

¡Solo eres una carcasa bonita y nada más.

Estaba tan histérica gritándole, que Carl pensó que volvería a golpearle, pero no lo hizo, simplemente, tras tomar su cuaderno, se encerró en su habitación.

A la mañana siguiente, nada más despertar por una llamada de Alexiel, Victoria se dio una ducha rápida para después, encontrarse el desayuno ya preparado.

—Qué mierda ¿Hiciste tanto?

Yo solo necesito un simple café en la mañana y ya.

—Discúlpame, no lo sabía.

Respondió Carl con intención de recoger todo, pero ella le detuvo.

—Me lo comeré porque no me gusta que se desperdicie la comida, pero, desde mañana, café y punto.

Y Victoria se comió las tortitas con nata a gran velocidad, después, se bebió el zumo natural de naranjas.

Recordó que ya casi se estaban echando a perder y en su mente, agradeció a Carl que las hubiera aprovechado.

—Arrg, le diré a Xandy que no me vuelva a regalar naranjas, a mí solo me gustan los higos y frutos del bosque.

Decía tras limpiarse la boca, para después ir a lavarse los dientes.

El telefonillo sonó al poco y ella corriendo fue a atender.

Era Alexiel buscándola para ir a trabajar.

—Mierda ¿Qué hago contigo ahora?

Expresó mirando a Carl, y en su mente, se puso a pensar y más pensar.

—Amanda, siempre presume de su chugar y se burla de que nunca estoy con hombres, aunque claro, sería rebajarme a su nivel decir que es un chugar también, pero... ejeje, nadie sabe eso.

Decía en alto sus pensamientos, por lo que Carl pudo escucharla con curiosidad y, enseguida, ella le tomó del brazo.

—Tú, te vienes conmigo, vas a fingir que eres un chico normal de buena familia o algo, nada de decir que eres un chugar o te corto las orejas.

Y Carl tragó saliva, ya no sabía qué esperar de esa mujer.

—Está bien.

Menuda la cara de Alexiel al ver que Victoria bajaba con un hombre.

—Oye, más te vale no pensar lo que no es Xandy.

Decía ella empujando a Carl para que entrara lo más rápido posible en el asiento trasero.

—Mi tía me ha comprado un chugar ¿Cómo te quedas?

—Vaya, eso sí que no lo esperé.

Victoria entonces, le clavó sus largas uñas en el muslo provocándole un quejido.

—¡Aay! ¿Qué pasa Anyelia? ¿Qué hice?

—Más te vale, que no se te escape que es un chugar a quien pregunte, y más si es esa Amanda.

Carl es un amigo medio novio o algo así que conocí hace poco en un local vip.

—Está bien, no te preocupes, sabes que tu secreto está a salvo conmigo.

—La verdad, es una suerte que el muñeco este esté tatuado, los chugar no llevan tatuajes así que, dará el pego de que es un chico común.

A los minutos, ya habían llegado al edificio de la empresa, los trabajadores que allí había, se sorprendieron de ver a Victoria junto a un hombre, y, al momento de entrar en el ascensor, Amanda estaba allí junto a su chugar, un hombre rubio muy apuesto, de ojos azulados y muy pálido.

—Vaya, ¿al fin te compraste un chugar?

Ains, las abuelas se modernizan.

Comentó esa joven pelirroja.

—Jah, no caería tan bajo.

Respondió Victoria tratando de mantener la calma.

—Es un chico que conocí en Nekópolis, un hombre de clase alta, un hombre de verdad ¿No ves que hasta está tatuado? ¡Qué chugar ni narices!

Amanda le echó una ojeada a los tatuajes.

—Bah, ha de ser un rebelde al que su padre ha desheredado.

No creo que pudieras conseguir un buen hombre de verdad.

Victoria estaba a punto de explotar y tenía unas tremendas ganas de cogerla de los pelos, pero prefirió ignorar, más por que el ascensor ya había llegado a la última planta.

Amanda había debutado tan solo hacía dos años, era una pelirroja de ojos azules con mucho talento y belleza que, enseguida, obtuvo popularidad, cosa que se le subió algo a la cabeza y gustaba de molestar a Victoria por ser la más famosa.

Y cuando al fin salieron de ese ascensor, aquella joven se alejó caminando con chulería, como si fuera toda una diva.

Victoria no quiso abrir la boca hasta que llegaron al estudio de grabación, debía grabar una de las canciones de su nuevo álbum.

Carl, se quedó sentado al otro lado del cristal, todavía debía familiarizarse con ese tipo de vida, y ¡Madre mía cuando la escuchó cantar!

Lo cierto era que le gustó, detrás de esa imagen de chica dura, su voz expresaba todo lo contrario, y hasta era como conocer otro lado suyo, quizás, uno oculto que no dejaría ver tan fácilmente.

—¡Dios!, a la primera Anyelia, eres genial.

Dijo el hombre que estaba frente al estudio de grabación.

—Muchas gracias de verdad, me moría por cantar, es que, esto de llevar casi un año sin sacar nueva música me mata.

Anda, vamos a por unos cafés.

Carl, no dejaba de observarla, con esa gente, se mostraba amable, como otra mujer distinta.

Alexiel, tuvo que ir a por varios cafés y al regresar, tras entregarle uno a todo el personal, le ofreció a Carl también.

—Gracias, no tenías por qué.

—Es para que estés animado, vivir con Anyelia va a ser difícil, así que, te mando todas mis fuerzas.

—Ella, creo que me odia...

Terminó por soltar, Alexiel se sorprendió ya que, los chugar, estaban entrenados para complacer a sus amos y, a  aceptar cualquier trato siempre y cuando no tentaran contra su vida.

—Quizás solo odia el hecho de que seas un chugar, pero no creo que odie tu yo real.

¿Podrás abrir su corazón?

Y eso último, se lo dijo guiñándole un ojo, cosa que Victoria vio, acercándose a ellos para agacharse un poco y ponerse a su altura ya que estaban sentados.

—¿Qué pasa Xandy? ¿Te gusta Carl?

—¡¿Qué?! ¡No! ¿Por qué?

Expresó este sin entender nada.

—Te vi cómo le coqueteabas, no me mientas, ahora entiendo todo.

—Ay Anyelia, ya te estás imaginando cosas.

Exclamaba algo nervioso.

—Pues que sepas que Carl me pertenece y no pienso dejar que mi manager se líe con un chugar, jah, qué bajo.

—Anyelia, en verdad te estás confundiendo.

Seguía tratando de aclarar ese mal entendido, pero ella le ignoró.

—Bah, volvamos a casa, hoy me siento vaga.

Alexiel suspiró, y tras que Victoria se despidiera de todos, los tres, se marcharon de allí.

Al llegar al fin a la calle, estos se dirigieron al coche, pero alguien salió tras de él, con un cuchillo en su mano, dispuesto a hacerle daño a Victoria.

Continuara...

 

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