Alexiel, no lo dudó, protegiéndola con su cuerpo y Carl, eso sí que nadie lo esperó, tomando la mano de aquel tipo, dañándose con ese cuchillo para después, tumbarlo fácilmente en el suelo, cosa que dejó sin habla a Victoria.
Alexiel, enseguida, llamó a seguridad y en nada, llegaron unos guardias que se llevaron a ese hombre.
Victoria estaba algo nerviosa sin decir una palabra, y, su manager, la ayudó a meterse en el coche.
—Voy a llevarte a tu casa y después iré con la policía para tratar este caso.
Relájate ¿Vale?
—Sí.
Acabó respondiendo con una tenue voz y, todo el camino, estuvieron en silencio, fue al llegar a casa, que ella, miró a Carl y descubrió, que su camiseta estaba manchada de sangre.
—Dame tu mano.
Dijo con su tono brusco, tomando la izquierda que parecía tratar de esconder, ahí descubrió que estaba herido.
—¿Eres tonto?
Le regañó molesta.
—¿Por qué ocultas esta herida tan fea?
—Yo, no quería causarte molestias.
—¡Eres idiota!
Gritó, después, le llevó hasta el sofá, y tras tomar de un cajón, todo lo necesario para curarle, con cuidado, limpió su herida y, después de echarle los ungüentos, le vendó la mano lo mejor que pudo y le hizo de cambiarse de camiseta.
—Carl, si te hieren, no debes ocultarlo.
—Yo, es que... ¿No me odias?
Ayer, me dijiste, te odio.
No quiero, hacerte sentir mal por una herida.
Respondía él apartando la mirada, como un pequeño muchacho con inocencia, daba completamente esa esencia pero Victoria, no se calló.
—En primer lugar, no debiste defenderme solo porque los chugars hacéis lo que sea como muñecos sumisos. No eres mi guardaespaldas.
—Perdóname, yo... en verdad, lo hice porque quería.
—No, está bien.... espera.... ¿Salió de ti?
Le miraba ahora incrédula, Carl, seguía un tanto confundido por la situación y su forma de ser.
—Ains, eres un chugar mentiroso ¿Eso es porque no quieres que te odie?
Pues está bien, no te odiaré, después de todo, mi belleza te debe haber hechizado y por eso me salvaste.
Tras eso, ella se alejó para tomar de nuevo el cuaderno en donde escribía y más escribía y, muy cerca de la gran ventana, sentada en el suelo, le pidió sentarse al lado.
—Voy a practicar una canción, ya que estás aquí, vas a juzgar qué tal lo hago, debo cantarla a la perfección la próxima vez.
Y Carl, se quedó embobado nada más que comenzó a cantar
(ejemplo de lo que podría estar cantando)
En verdad, el aura que la envolvía, era totalmente diferente, su voz así, era dulce y suave, mientras que su voz hablada, era más gruesa y sensual.
Se preguntaba ¿Cuál era su lado bueno? Y en verdad, le parecía muy bonita.
Recordó, que en el centro en el que estuvo, las chicas también eran hermosas, pero, nunca le llamaron la atención.
Sintió que su vida siempre sería miserable, pero ¿Cómo sería su vida ahora junto a esa mujer curiosa?
—Hala, ya está , ¿qué te pareció?
—Hermoso.
—Será posible, qué crítica más cutre ¿Ya está? ¿No había nada que mejorar?
—Para mí, todo estuvo bien.
—Bah, déjalo, es mi culpa por pedirte consejos, tú no entiendes de este rollo.
Más te vale no regalarme el oído como el muñeco que eres, porque si no, te mataré.
Carl se echó un poco atrás, pero ella, enseguida se calmó.
—Quita esa cara de susto, no me voy a arriesgar a ir presa por ti.
Anda, vamos a hacer la comida, con esa mano, no será bueno que andes trasteando en la cocina.
Y todo estuvo calmado el resto del día, Victoria parecía haber olvidado lo sucedido, así, hasta que en la tarde, Alexiel llegó a la casa para contarles sobre el tema y que ella supiera las razones de ese hombre para atacarla.
—Y bien.
—Por lo visto, era un simple resentimiento, algo de lo que no tenías culpa.
—Explícame.
Le pedía Victoria ciertamente imponente, aunque Alexiel ya estaba acostumbrado a su ruda forma de ser.
—De los tantos regalos de fans que llegan, uno de ellos, era suyo, en el paquete, había un colgante y una carta.
Para resumir, el colgante era de su recién difunta madre y quería que tú lo usaras en tu última presentación.
—¿Qué? Será posible, ni siquiera veo una cuarta parte de todos los regalos, ni me enteré, y para colmo ¿Cómo iba a darle el gusto?
Si tuviera que dárselo a todos mis fans, nunca acabaría.
—Lo sé, no te sientas mal.
Decía Alexiel, posando su mano sobre la suya con confianza para que no se alterara más.
—No, si mal no me siento, pero bueno, que le dejen libre, ya bastante que perdió a su madre.
—¿Estás segura?
Preguntó dudoso y preocupado.
—Sabes que sí, además, no tengo ganas de rollos ahora que ando con mi próximo álbum.
Nada de noticias ni chorradas sobre esto.
Alexiel entendió, a pesar de no estar conforme del todo, después, ella le obligo a hacer la cena con la excusa de que Carl estaba herido.
Al final, preparó filetes empanados deliciosos, y hasta unos muffins de chocolate.
—¿Cómo? ¿Hiciste bollería?
—Es para que te animes por lo sucedido esta mañana, espera... ¿Qué haces?
Y Victoria metió aquellos dulces en la nevera.
—Jah, ni que fuera una niña a la que contentar con dulces.
—Pero, yo quería uno.
Seguía diciendo Alexiel.
—¿No eran para mí?
—Bueno, sí.
—Pues no te quejes, venga, a cenar.
Aquel manager suspiró y se pusieron a cenar tranquilamente, pero cuando ya estaban por terminar, Victoria comenzó a acariciarle con su pie en su pierna y a mirarle de una manera atrevida.
—Anyelia... ¿Qué estás tratando de conseguir?
—¡Vaya mierda Xandy! Nunca caes, eres más duro que una piedra.
—Sabes que no caeré en tus travesuras, además, sé que solo es por jincharme.
Carl, observaba todo pensativo, en verdad, aún no comprendía la personalidad de aquella mujer.
Después, Alexiel tuvo que fregar todo y tras hablar sobre trabajo, se marchó de allí.
—Carl, me iré a acostar pronto, vete tú también y no toques las narices.
Le dijo como si nada, y se metió en su cuarto, pero a la hora, sigilosamente, salió para ir a la cocina y así, tomar esos muffins y comérselos con muchas ansias, jamás imaginaría, que sería pillada por Carl.
—¡Carl! ¿No te dije que a tu habitación?
Decía nerviosa, con toda la boca llena.
Carl, se acercó para, con su pulgar, limpiar las migas que tenía alrededor de sus labios, acercándose a ella incluso demasiado, para terminar por tomarla en brazos.
—¡¿Qué estás haciendo?! ¡Bájame!
Pero este, se la llevó de regreso a su habitación para tumbarla en la cama y ponerse sobre ella.
—Si Xandy no quiere, yo estoy aquí para complacerte.
Y su boca, ya estaba tan cerca de la suya, pero, Victoria, pudo apartarle a tiempo.
—Carl, cómo se te ocurra tratar de seguir, te corto las orejas.
—No entiendo.
Decía él mirándola muy de cerca algo pensativo y desconcertado.
—Antes, pensé que Xandy, rechazó tu propuesta.
Fue ahí, cuando Victoria molesta, le tiró la almohada en toda la cara.
—¡Jah! No entiendes nada.
Carl, yo no quiero sexo con Xandy.
—¿Entonces?
—Me gusta molestarle porque es un solitario como yo en eso de las relaciones.
En todos los años que es mi manager, nunca le he visto con una mujer, por eso, ya hasta dudo de su sexualidad.
Carl, entonces comprendió, pero Victoria, le siguió hablando.
—Yo, a caso... ¿Soy tu tipo?
Y su pregunta, resultó algo seductora.
—Porque, más te vale no ser un hombre básico que le basta con ver carne para ponerse palote.
No me gustan ese tipo de hombres.
Le contaba ella cruzando sus brazos con una expresión bien seria, pero Carl, no se echó atrás esta vez.
—¿Qué tipo de hombres te gustan?
Preguntó finalmente.
Victoria, se quedó muda por unos momentos, esa pregunta no se la vio venir, pero, decidió responderle.
—Los hombres, que quieren ver mi alma, que necesitan sentir en su corazón para desearme ¿Lo entiendes?
Y con esa respuesta, se quedó mirándole con una sonrisa, tan diferente a sus demás expresiones, pero, enseguida, la esfumó.
—Anda, vete ya a tu habitación, ah y, más te vale no tocarte por pensar en mí o me enfadaré.
Y esta le empujó fuera de su cuarto.
Carl, se quedó pensativo en su cama, pero logró dormirse al poco, eso sí, recordando, que por fin vio a esa fría mujer sonreír de una forma muy cálida, no pensó que eso podría impactarle tanto y hasta se hizo algo adicto a ese recuerdo.
A la mañana siguiente, un rico olor hizo que Victoria despertara a una buena hora, casi se lleva un susto al encontrarse a Carl en su habitación, cargado con una bandeja de desayuno, en la que, estaba su café, y un pastelillo sencillo de queso.
—¿A qué viene esto?
—Anoche, te veías feliz comiendo frente a la nevera a escondidas, no lo hagas más, no tiene nada de malo reconocer que te gustan los dulces.
—¿Qué pasa? ¿Tratas de provocarme así?
—No, no te confundas, no soy como piensas.
Victoria entonces, le quitó la bandeja, poniéndola como pudo en la mesilla de al lado, la cual, estaba llena de cosas muy desordenada.
—Los chugars estáis entrenados para complacer y es lo que estás haciendo ahora.
—¡No!
Terminó diciendo tajantemente, Victoria se quedó sorprendida al verle con una seria expresión.
—Lo hago porque quiero, porque me nació hacerlo.
Victoria, acabó por soltar una carcajada.
—¡Ajajajaja! Mentiroso, nadie es tan amable así tan de pronto.
Uno, estás finfgiendo o dos, quieres sexo.
Pero bueno, me comeré este pastel ya sabes que tirar comida está horrible para mí.
Y al fin se levantó de la cama, tomando de nuevo la bandeja para comerse el desayuno en el salón.
Carl, no dejaba de verla, detrás de su personalidad cortante, ella se veía tranquila comiéndose el pastel, y hasta parecía disfrutarlo en secreto y después, no imaginó que ella le tomaría para llevarle al sofá y revisar su mano.
—¿No te has curado verdad?
—No.
—¡Serás tonto!
Le gritó, pero después, ella comenzó a curarle, con cuidado, su forma de hablar, era brusca, pero sus manos, le trataban de una manera delicada, como si no quisiera lastimarle.
—Ya está, menos mal que la herida no se ha puesto peor.
Además ¿Te has duchado y no has tenido cuidado?
La venda estaba empapada.
—Lo hice.
Victoria, inesperadamente, tomó su cara con su mano presionando en ambos mofletes y frunciendo de nuevo su ceño.
—¿Quieres mirar por ti de una vez?
Como no dejes de ser un muñeco, te vendo a un travesti ninfómano, y por muy poco dinero.
Tras sus curiosas amenazas se levantó.
—Voy a ducharme Carl, Xandy vendrá en nada para llevarme al hospital ya que es fin de semana y no trabajo.
Y Carl, se levantó tomando una de sus manos.
—¿Estás enferma?
Pero ella le apartó, aunque eso sí, no de una mala manera.
—Yo no, mi tía, la que te compró.
Vas a conocerla.
Continuará...
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