Aquella ángel mal herida y débil, dirigió su mirada con un profundo odio hacia Anyelik, sacando así sus últimas fuerzas para lanzarse a ella con un cuchillo en su mano, tan cegada, que ni siquiera pensó en nada más.
Fue James, que estaba al lado de esa princesa, el que la detuvo fácilmente y Lala, tratando de liberarse, a punto estuvo de clavarle ese cuchillo en más de una ocasión. Iba tan ida, que no acertó ni una sola vez y los chicos, se pusieron frente a Anyelik para protegerla.
—¡Noooo! ¡Suéltame! ¡He dicho que me sueltes! ¡Debo acabar con esa princesa de una maldita vez!
Y al fin James sostuvo su mano, que con su fuerza, ella ya no pudo hacer nada dejando caer el cuchillo y casi cayendo en su pecho por los dolores de su cuerpo.
Fue Alejandro, el que furioso la tomó de malas maneras tirándola al suelo, dispuesto a golpearla, pero, Anyelik intervino pidiéndole que no lo hiciera.
—¡Anyelik por dios! ¡¿Qué estás diciendo?! Esta mujer ha tratado de matarte todo este tiempo y aun así... ¿Le perdonas la vida?
Zandro, que tomaba ahora el brazo de aquella princesa para que no se acercara, tuvo que retenerla aún más, pues estaba dispuesta a ir hasta Lala.
—Papi, suéltame por favor.
—Princesa, no puedo permitir que te expongas al peligro. Prometí a tu padre ser un buen guardián.
Y, Anyelik, calmadamente, tomó su brazo para mirar sus ojos con confianza.
—Ella, ahora, está indefensa, tan perdida, en verdad, no siento que sea malvada realmente.
Déjame al menos saber por qué hizo todo esto.
Zandro ya no pudo hacer nada por detenerla y Anyelik, ahora estaba frente a Lala, que seguía débilmente en el suelo, y, al verla al fin tan cerca, quiso abalanzarse sin ninguna fuerza en su cuerpo, sin esperarse, que ella la tomaría entre sus brazos inesperadamente, mientras que Lala, gemía con rabia y desesperación, clavando sus uñas en la espalda de esa ángel que no podía soltarla.
—Ya, tranquila, por favor, cálmate, estás herida, deja que te ayudemos.
Le decía con su dulce voz.
—Yo, yo... tengo que matarte... tengo que matarte.
Y sus uñas acabaron por deslizarse bajo topa la espalda de Anyelik casi sin presión, acabando por dejar sus brazos tendidos rindiéndose.
—¿Por qué...? ¿Por qué quieres ayudarme? ¿No me tienes miedo?
Al fin le pregunto con una tenue voz.
—Si el ser que sirves, te abandonó de tal manera, solo para que me mates de una vez, ¿no crees que desde el principio te dejó sola? ¿Por qué ayudar a alguien que no quiere amigos? y que, aunque los tuviera, jamás los apreciaría.
Yo pienso, que tú solo querías tener a alguien a quien le importaras. No sufras más, y no sirvas a un ser malo para tener a alguien cerca cuando así, todo es tan falso y vacío.
Lala rompió en llanto finalmente sin ser capaz de corresponder ese abrazo, sintiéndose tan sola y abandonada realmente.
—Llora todo lo que necesites, pero, deja que curemos tus heridas.
—Acaso... ¿Hay alguna nueva oportunidad para mí?
Terminó soltando.
—No tengo familia, ni un hogar, no tengo nada de nada, mejor estaría muerta.
Los chicos miraban sin saber qué hacer en esos momentos.
Carl, aún estaba resentido al recordar lo sucedido con su tribu, Gabriel, no quería involucrarse con esa mujer y Alejandro, aún dudaba.
Mark, no quería tampoco tener que ver con ella, pero sentía cierta lástima con su llanto.
Fue Zandro, el que al final se acercó para tomarla sin que nadie lo esperase.
Recordando cuando se quedó solo, herido en el infierno sin nadie en quien confiar.
—¿Tienes un cuarto en donde ella pueda descansar?
Preguntó dirigiéndose a Lewian, que todavía no entendía nada.
—Sí, en la tercera planta ahora está mi casa, vamos allí.
La gente que aún estaba en el local, había estado mirando todo con curiosidad, Lewian les pidió, que por ahora sería mejor que volvieran a sus casas y así hicieron ellos, además, sus ayudantes avisaron a los de la planta baja que cerrarían el local.
Ya, en una de las habitaciones, Zandro dejó a Lala sobre la cama y lewian, fue a por todo lo necesario para sanar sus heridas además de un buen vaso de agua.
Tuvo que quedarse semi desnuda porque todo su cuerpo estaba lastimado, ni siquiera pudo sentir apuro debido a la debilidad que cargaba.
Zandro fue el que comenzó a curar herida por herida.
La del pecho, era la más grande, el lugar en donde había estado esa gema.
Por unos momentos, miró a Anyelik que no había quitado esa triste carita y no se aguantó esa pregunta.
—¿Por qué me miras así?
—Es que, no puedo olvidar que varias de tus heridas las causé yo en la última pelea.
No quise hacerlo, pero estaba tan preocupada por proteger a Carl y, después, escapaste sin que pudiera hacer nada.
Carl recordó aquel día y miró a un lado, Lala se quedó viendo el techo.
—Debía, hacer lo que Yeivh me pedía, solo así, podría seguir viviendo de alguna manera, tener falsa atención en el que nunca fue mi hogar.
Anyelik entonces, se acercó hasta la cama, para sentada en el suelo, mirarla más de cerca, tomando una de sus manos.
—¿Qué te pasó? ¿Por qué recurriste a Yeivh?
Quisiera que te desahogaras.
Lala cerró sus ojos con fuerza sintiendo tanta aflicción, y hasta resentimiento con su injusta vida, pero, con la mano de Anyelik aún tomando la suya, pudo al fin sentir esa necesidad de liberarse.
—Mis padres esperaban que yo fuera un hombre y se decepcionaron cuando nací.
Al ser una familia poderosa en la ciudad, pensaron, que teniendo un hijo, podrían presentarlo para casarlo, precisamente, con la futura princesa que venía en camino.
Anyelik no esperó aquello.
—Sí, tengo dieciocho años realmente, solo soy unos meses mayor que tú, aunque aparento más de veinte y siempre miento sobre mi edad si me preguntan.
Lala miró de nuevo al techo y les continuó contando.
—Estando aún en el vientre de mi madre, el doctor nunca supo distinguir bien mi sexo en las ecografías, supongo por la posición en la que me encontraba siempre.
Al ser un bebé más grande, también por eso me confundieron con un niño.
Anyelik miró su figura, en efecto, ella era una mujer alta, como de un metro setenta y tres.
—Con toda una historia montada ya en la mente de mis padres y su maldita ambición, la decepción conmigo fue inmensa, más, porque yo ni siquiera quería dedicarme al mundo de sus negocios.
Mi sueño... bueno...
Y Lala pareció ponerse un tanto nerviosa, pero lo acabó soltando.
—A mí me gusta hacer muñecos, y para colmo, macabros la mayoría de ellos.
Desde niña, comencé a coser muñecos y en la escuela, al llevarlos, los compañeros de clase se burlaban de ellos y de mis gustos y un día, enfurecí de tanto acoso, clavándoles unas agujas a una niñata en la cara y en los brazos.
Jah, yo fui la mala a la que expulsaron, pero nadie dijo la de veces que se metió conmigo, y las veces que me robó mis muñecos para romperlos delante de mis narices y burlándose junto a los demás.
Lala parecía furiosa recordando aquello, tomando las sábanas con ansias, pero, poco a poco, su rostro se llenó de mucha tristeza y terminó de contarles el resto.
—Desde ese día, mis padres me dejaron en casa, no podía salir para nada, siempre en esa habitación con rejas en las ventanas. Pensaban que yo era un monstruo.
Me odiaban y querían casarme lo antes posible al cumplir los dieciséis con hombres ricos para así, deshacerse de mí.
Pero, yo me convertí en una fiera y los echaba aterrándolos y, con eso, mis padres me odiaron tanto tanto, que hasta me golpeaban, aunque, hasta no ser mayor, no podía echarme así como así, solo si me casaba podrían hacerlo y, el día que cumplí los dieciocho, pensando que todo acabó para mí, Yeivh, apareció cruzando el espejo de mi cuarto y así empezó todo.
Pensé, que si te mataba, podría tener a alguien, podría ser valorada de una vez.
Ni siquiera me importaba esa historia del pasado, que por ti comenzó todo el odio, a mí solo me interesaba, tener una cosa... que alguien me dijera, que lo que hago, al fin valía la pena, alguien, que me quisiera a su lado.
Todo ese lado oculto que Lala estaba mostrando ahora, hizo que los chicos sintieran al fin compasión, hasta Carl sentía que no podía odiarla del todo.
Incluso la voz de esa joven, sonaba diferente, con menos orgullo, tan humilde y al fin arrepentida.
En esos momentos, trató de incorporarse, queriendo marcharse ya de allí.
—Lala, no, estás débil aún.
La detuvo Anyelik.
—Qué más da, no tengo donde caerme muerta.
Y fue Alejandro el que al fin intervino algo mosqueado.
—Si te rindes tan fácilmente, entonces ¿Para qué nos cuentas tu historia?
¿Te crees que todo acaba así? Que ya todo da igual.
Lala le miró molesta y con sus ojos llororos.
—¡¿Y a ti qué te importa?! ¿A dónde voy? Ni siquiera tengo un techo o dinero para empezar de alguna manera.
Y nadie imaginó, que Lewian al fin actuaría, poniéndose frente a ella muy serio, cosa que parecía rara en él.
—Rompiste las ventanas de mi local, lo menos que puedes hacer, es trabajar aquí para recompensar eso.
No te pagaré las dos primeras semanas, pero desde ahora, me gustaría que fueras una de mis ayudantes.
El puesto de recepcionista, creo que sería perfecto para ti, además, puedes quedarte en esta habitación y me irás pagando el alquiler los siguientes meses con la paga por el trabajo.
Vaya las caras de todos allí que no esperaron aquello y Lala, acabó por romper en llanto una vez más.
—Oye, no quería que lloraras, en serio, solo deseo ayudarte.
—No, es que, yo... me siento agradecida, es como si, no lo mereciera.
Y Anyelik, que parecía feliz por aquello, trató de animarla.
—Venga sííí, a mí me hace ilusión que puedas quedarte, te vendré a visitar incluso juju, así seremos amigas.
Pero Lala no pudo decir nada, más porque no podía dejar de llorar.
Al final, ya decidieron que era demasiado tarde, por lo que se despidieron de Lewian y Lala para volver al palacio, pero antes de eso, a fuera, en la entrada, James, que había estado muy callado todo el tiempo observando todo muy curioso, tomó a Anyelik del brazo por lo que Gabriel molesto intervino.
—¿Ya estamos de nuevo?
—Tranquilo, no voy a ligarme a tu chica, solo quiero ser su amigo, además, me tiene que recompensar por lo que me hizo antes en el baño.
—Aaah, ese rodillazo debió manchar tu orgullo.
James nervioso, le tapó la boca, pero, Anyelik, entonces, tiró un poco de su camisa.
—¿Qué es lo que quieres? Y... disculpa por eso también.
Los chicos estaban muy atentos y Alejandro tenía ganas de actuar ya que, estaba seguro de que ese joven, estaba interesado en Anyelik, pero trató de contenerse.
—Te pasaré mi número para que vayamos un día de estos al parque de atracciones a pasarlo en grande.
Eso será cuando tú lo decidas, no te meteré prisa, ni siquiera, me guardaré tu número, solo esperaré lo que tú creas que es mejor.
Alejandro ya no pudo más al ver que esta sacó su teléfono también y la tomó de la mano, cosa que a James, le resultó curioso, quería entender por qué había tantos chicos a su alrededor.
Pensaba que quizás todos ellos eran sus guardianes al descubrir ahora, que era una princesa.
—Oye, no irás de verdad a salir con este tipo playboy.
—Tranquilo Alejandro, ya sabes que no puedo ir sola por ahí, así que, Zandro nos acompañará el día que decida eso.
Zandro no dijo nada, pero se sorprendió un poco.
Alejandro ya no supo qué responder y Gabriel tampoco.
Y cuando James le pasó el número, se despidió de ellos y, tan tranquilamente, sacó sus alas de huesos y se marchó volando de allí.
Continuará...
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