Lentamente, Anyelik y Carl, bajaron hasta el suelo, pero aquella princesa, se llenó de un profundo agotamiento y tuvo que reposar apoyada en el pecho de aquel ángel.
Todos allí, se habían quedado tan
impresionados, no solo los reyes, también los otros ángeles que había y por
supuesto, los chicos.
Han fue hasta su hija y, ella,
preocupada por si traía las intenciones de regañar a Carl, con sus grandes alas
le rodeó para protegerle.
-Victoria...
-¡No! No te enfades con Carl, él me
iba a llevar de vuelta, pero nos atacaron de pronto.
-Solo, quiero que hablemos tú y yo,
padre e hija.
Y tendiéndole su mano con confianza,
ella fue a tomarla, destapándose, guardando sus alas, y, justo antes de
tomarla, se lo preguntó.
-¿No le harás nada a Carl verdad?
-Solo hablaremos, nada más.
Anyelik esbozo una pequeña sonrisa y
así toma la mano de su padre, al poco vinieron un par de carruajes del reino y,
durante todo el viaje, todos estuvieron en silencio.
Gabriel, no dejaba de mirar a
Anyelik que se agarraba al brazo de su madre con cariño, tenía demasiados
deseos de hablar de una vez con ella y, al llegar al palacio, allí, en el gran
salón, Han, sentado en uno de los sofás, sacó todo al fin.
-He estado demasiado furioso, tanto,
que hasta he hecho pagar a quienes no debían.
Pero, en mi mente solo estaba la
preocupación por ti.
-Papá...
-Sabes bien, que si no estás en un
lugar en donde sé que es seguro, me pongo de los nervios, pero...
Y ese rey se puso en pie, para ir a
su pequeña hija, posando sus dos manos en sus hombros.
-Quizás tenga que confiar más en ti.
Hoy, me quedé sin palabras, al igual que todos los que estaban presentes.
-Papá, yo, yo...
Y sin aguantarse más, le rodeó con
sus bracitos.
-Solo quiero tener más libertad, así
como Mark, por favor.
Le dijo al separarse de su pecho,
mirándole a sus ojos, esperando que de una vez le diera el visto bueno.
-Me cuesta mucho pensar en eso,
verte por la ciudad, lejos de mí, pero, dejaré que suceda, siempre y cuando,
Zandro vaya contigo, o tu hermano y los demás si es posible.
Anyelik, ya no se aguantó la emoción
dando un salto de alegría.
-¡Síííí! Mañana mismo quiero salir
de compras con Zandro en la mañana, y en la noche, ya podré ir de marcha.
Y ahí Han, frunció un poco el ceño.
-¿Cómo que ir de marcha?
-Sí, con Mark a los lugares que él
va, los chicos también irán conmigo para que así salgan un poco, estando todos
juntos, nada pasará.
Aquel rey estuvo a punto de negarse,
y, aún en su mente, no estaba seguro, pero, aceptó aquello, por lo menos que
saliera una vez de prueba.
Por otro lado,Mark, estaba de los
nervios, deseaba que a su hermana no se le ocurriera acompañarle cuando iba a
visitar a Elizabeth, como su padre se enterara de ello, se armaría una gorda.
-Pues ahora, me iré a dar una
duchita caliente juju, Carl, tú debes darte otra también, tu ropita quedó muy
sucia.
Le decía con ilusión, pero Han, los
detuvo.
-Quiero hablar con él un momento.
Anyelik entendió, y, al ver que su
padre estaba calmado, no se preocupó demasiado y fue a su habitación.
Han, llevó entonces a Carl a la
suya.
Allí, había una gran cama de
matrimonio que usaba él solo desde que Aluna se distanció tanto.
Ambos, se sentaron en un lado de esa
gran cama y Han, comenzó a hablar.
-Todavía no entiendo por qué estás
aquí, ¿por qué a mi hija le importas tanto?
Ese día, cuando vi ese poder, jamás
imaginé que ella pudiera poseerlo.
Dijo recordando cuando acabó contra
la pared, y tras sus palabras, le miró fijamente.
-¿Quién eres para ella?
-Yo, no lo sé, pero, desde niño,
saber controlar el fuego y, en él, Anyelik aparecer.
Han no cabía en sí de su asombro y le tuvo que pedir que le contara toda la historia y así, Carl le habló de todo, desde lo de ser adoptado, de su poder, del ataque a su tribu y, de los sentimientos que tenía por su hija.
-No entiendo nada de nada, todo parece rondar alrededor de Victoria, igualmente, no te echaré de palacio, tienes algo que hace que despierte ese poder que posee tan extraño, además, no pareces mala persona, solo, no vuelvas a llevártela. Por suerte, hoy todo salió bien, no sabemos la próxima.
Tras esa conversación, ese día
terminó tranquilo.
Los chicos estaban en calma con el
regreso de la princesa, Alejandro la pensaba demasiado, la razón del porqué
estuvo con Carl y, ese poder para protegerle.
Al final, acabó por darle un golpe a
la mesa en donde editaba una de sus canciones.
-¡Aaah! Puñetas, tengo ganas de
morderla como castigo.
¿Será que estoy celoso?
Y apoyándose ahora en su brazo,
tapando su rostro, lo pensó y más pensó.
-¿Por qué ahora hay tantos rivales?
¿Qué pasa con esta Anyelik? ¿Aparecerán más tipejos?
Y con esos pensamientos, regresó a
lo que estaba haciendo sin poder concentrarse demasiado.
Zandro, como de costumbre, estaba
leyendo en su habitación, metido en ese libro como si nada más importara, fue
al escuchar la puerta que pudo levantar la mirada, tras esas gafitas que
llevaba para leer, pensó que sería una señora de la limpieza, pero se equivocó,
era esa pequeña princesa.
-¿Qué sucede?
Entonces, esta, como con timidez, se
apoyo en la puerta y le preguntó aquello.
-Mañana por la mañana... ¿Vendrás
conmigo de compras?
-Sí.
Dijo nada más, volviendo a su libro,
aunque, no esperó que ella gritara un bien por todo lo alto, hasta dando un
saltito.
-Oye oye ¿Qué estás leyendo? ¿Te
gusta?
-Bueno, está entretenido.
Respondió con seriedad, sin levantar
sus ojos de las páginas a pesar de que Anyelik le rondaba alrededor.
-Junm, pero eran los libros que
estaban aquí abandonados, quizás no sean muy buenos.
Ah, ya sé.
Y al fin le echó una mirada, allí
estaba ella con una sonrisilla traviesa.
-Espérame aquí que vuelvo en nada.
Y así fue, con un tanto de
impaciencia enmascarada fijo en las páginas del libro, esperó a que regresara
y, cuando lo hizo, le entregó ese cuaderno.
-¿Y esto?
-A veces escribo historias juju,
espero que leas algo divertido y te rías.
Anyelik se lo dejó en la mesilla que
había al lado del sofá en donde se sentaba y después se despidió.
-Ya me marcho Papi Zandro, no te
sientas obligado a leerlo si no quieres jeje, pero, te lo regalo.
Ya, de nuevo, se encontraba en esa
soledad, ella, se había marchado definitivamente así que, siguió con su libro,
pero, sus pensamientos, iban todo el tiempo a la curiosidad de lo que había
allí escrito, en ese cuaderno y, al final, tuvo que tomarlo.
Le pareció tierna la primera página
en la que había un dibujo, se trataba de un chico vestido de chica muy
avergonzado, alrededor, todo estaba lleno de dulces y, madre mía cuando lo
empezó a leer, estaba por completo fuera de su estilo, muy diferente a las tramas
de sus libros.
Ese género, para un público más
juvenil, ya lo estaba catalogando en su mente, pero, esa historia, le hizo
sonreír en más de una ocasión. Se preguntaba, como es que, una novela así,
podía haberle atrapado. Esta, trataba sobre un chico que se vestía de mujer
para así conseguir un trabajo en una cafetería,
Era solo una novata escribiendo, una
novata que lo vivía y sentía magia en cada frase que leía.
Al final, se acabó toda la historia
en un par de horas y, sintió, que no fue una pérdida de tiempo, incluso había
reído, ahí, en la soledad de esa habitación, ni siquiera se había percatado de
ella, era como, si hubiera estado acompañado por la misma Anyelik contándole
esa historia.
Ya no le apetecía seguir con el
libro de antes, solo ansiaba mirar las estrellas en la noche.
Ahora, ya tocaba dormir, Anyelik, ya
se había puesto su camisoncito y estaba sobre su cama, hablando con el ser
invisible.
-Aaaah, las cosas que pasaron con
Carl, madre mía, ¿no estarás celoso?
Y el calor la rodeó toda.
-Jooo, no te pongas así, en verdad
no sé qué me pasa, pero, esos chicos, me importan demasiado.
Y la puerta, de pronto se abrió,
allí estaba Gabriel en pijama que, sin decir absolutamente nada, apagó la luz y
fue a la cama para tomarla y ponerse sobre ella, yendo a sus labios para
besarla apasionadamente con lo que, la pobre se quedó demasiado roja.
-¿Qué sucede? ¿Aún tienes vergüenza
de mí?
-Gabriel, hoy, ¿dormirás conmigo?
-Por supuesto, estoy enfadado
contigo, pasaste una noche entera con Carl en un lugar así.
La cara de Anyelik casi comienza a
sacar humo recordando lo sucedido, tuvo que taparse con sus manos para que ese
príncipe no la mirara más, iluminada por la gran luna, era imposible ocultar su
rostro rojizo.
-No me digas, Anyelik, ¿te acostaste
con Carl?
-¡Aaaah! ¡¿Qué dices?!
Oye Gabriel te pasaste, no soy así.
Le respondió de una manera adorable
pero muy apenada.
-uff, ya me siento más tranquilo,
Anyelik, tu primera vez, será conmigo.
Expresó con cierta seriedad,
mirándola, aún apresándola, pero, esta vez, en vez de volverse a sonrojar,
sonrió rodeándole con sus bracitos.
-Te prometo que así será.
Y Gabriel sacó sus seis alas para
después retenerla entre sus brazos.
-Anyelik, siempre que tu cabeza no
deje de llenarse de preocupaciones, me gustaría que vinieras a mí, aunque sea
un par de veces.
-Gabriel...
-Solo quiero que confíes en mí, si
me voy a casar contigo, debe haber confianza.
Claro que podemos tener nuestro
espacio, pero, si hay un día en el que ya no puedes más, puedes desahogarte
conmigo, gritarme incluso, o hasta insultarme.
Anyelik tuvo que separarse de él
para mirarle con seriedad.
-No, yo no te insultaría, eso nunca.
Gabriel, entonces, sonrió y la
volvió a tomar.
-Anda, tratemos de calmarnos, ¿qué
te parece si comenzamos a hablar sobre nuestra primera noche?
Pienso que tras casarnos sería
perfecto.
La pobre Anyelik sintió que ya se
había derretido entre sus brazos, pero, pudo sentir felicidad.
Se encontraba tranquila y protegida
en ellos, al igual que cuando estuvo entre los brazos de Carl, y en los de
Alejandro.
Ahora estaba más confusa que nunca,
pero pudo dormirse al rato.
Lala, curaba sus heridas poco a
poco, a pesar de que todos en esa mansión, ahora eran sus sirvientes, su
orgullo no le permitía que ellos se apiadaran de ella, tan falsamente y, en el
espejo de esa habitación, al fin se dejó ver aquel ser. Parecía una sombra
oscura, una criatura humanoide, con un extraño casco en la cabeza alargado y,
sus ojos, no podía distinguirse nada más, aunque, esos ojos, eran de un tono grisáceo,
era lo único que Lala sabía de Yeivh ya que, el resto era negro.
-Señor, necesito ayuda.
Pidió cuando al fin le tenía cara a
cara, habiendo salido de ese espejo como si nada, como si hubiera cruzado un
portal dimensional, y, este, con su oscura mano de afiladas garras, tomó su
rostro con desprecio para empujarla contra el colchón, provocándole un gemido
de dolor, arrancando su ropa que ya se encontraba muy destrozada.
-Señor, por favor, ¿qué hará
conmigo?
-Lo sabes bien, ahora, no sirves
para nada, aunque, antes de darte la última oportunidad, voy a disfrutar.
Expresó para pasar a abrir sus
piernas sin miramiento.
-Mi cuerpo aún no se recupera, pero,
quiero disfrutar.
Mi sierva realmente solo es un trozo
de carne.
Aquel horrible monstruo no tuvo piedad
con ella, como una bestia que odiaba a cualquier existencia, como si se
sintiera con el derecho de usarlos a su antojo.
Siendo un animal lleno de un
instinto básico que necesita el placer sexual para sentirse más fuerte y, tras
acabar, con su garra, tomó esa gema del pecho de Lala arrancándola, dejando una
herida mientras que ella le imploraba que no lo hiciera.
La gema se hizo pedazos en su puño
y, ahora, yeivh dejó ver más claramente su cuerpo real al recuperar parte de su
poder.
Tenía una larga melena de un azul
casi blanco, un cuerpo grisáceo, aunque poseía un pantalón hecho de pelaje
desde las caderas hasta sus pies de un gris más oscuro, casi negro, además, por
detrás, le salía una larga cola, como si fuera una sucia rata.
En sus brazos tenía como unas alas
y, el casco de su cabeza, era negro puro con unos adornos de un azul más oscuro
que su cabello.
Era como de dos metros, con un
físico bastante marcado, pero no demasiado ancho.
-La energía de ese ángel de fuego,
aaah, fue de la mejor, ahora, recuperando el poder que te di, me siento algo
más vivo, pero, aún no, necesito recuperar mucho más ajajaja, después de todo,
vosotros solo me servís para un rato, no valéis nada para mí.
-¡Yeivh por favor! ¡No me dejes así!
Le imploró mientras que él regresaba
al espejo, aunque, se detuvo antes de ocultarse en esa otra dimensión.
-Si matas a esa princesa, quizás
todo vuelva a ser como siempre.
Y al fin se marchó.
Lala fue tras él toda dolorida por
la agresión y sus heridas, pero, no pudo cruzar ese espejo.
Con mucho cansancio, tomo algo de
ropa para vestirse lo más rápido que pudo, sabiendo lo que pasaría si se
quedaba en el que, realmente, nunca sintió su hogar.
Pero, fue al abrir la puerta de su
habitación, que allí ya estaban sus padres, las expresiones de sus rostros no
eran para nada amigables y parecían estar llenos de odio y sin dudar más, fue
hasta las ventanas en las cuales, hubo unas rejas en un pasado y, ahora, voló
libre con sus alas lastimadas, ahí, en el frío de la noche.
-Anyelik, por tu culpa, de nuevo,
todo regresó a lo que tanto me dañaba.
Te odio maldita princesa.
Ahora, sin esa gema de su pecho, el
poder que había hipnotizado a todos en esa mansión se había esfumado.
Horas después, al fin amaneció y,
Gabriel, que ya andaba despierto, vio a Carl, el cómo entraba en la habitación
de Anyelik, cargado con un dulce de chocolate.
-Será posible, así que, por eso
siempre te levantas temprano.
Tú y yo tenemos que hablar
seriamente.
Y fue ahí cuando esa princesa
despertó.
-Unm, mi primer desayuno.
Dijo incorporándose, pero enseguida
le dio un mareo y ambos chicos se preocuparon demasiado sosteniéndola.
-No os preocupéis, es mi vientre que
me pide comer de una vez.
Trató de tranquilizarlos, tomando el
dulce y comiéndoselo muy alegre, aunque, al bajar de la cama, le dio otro mareo
y Carl la sostuvo a tiempo.
-Anyelik, será mejor que sigas en la
cama.
Dijo Gabriel más preocupado que
antes.
-No, creo que, al estar descubriendo
mi poder más y más, por eso ando tan débil, pero, es mi cuerpo el que se debilita,
no es mi magia, al menos eso puedo sentir.
Y de nuevo, una de sus sonrisas.
-Chicos, vamos a desayunar, cuando
me llene la pancita, ya veréis que mejoro enseguida.
En el gran comedor, ya estaban
todos, sus padres, su hermano y los chicos, por unos momentos, vio a Alejandro
y le mostró una gran sonrisa que le provocó algo de calma.
Hoy, el cocinero, había preparado un
montón de bollos rellenos de crema, uno de los dulces que a Anyelik más le
gustaban, acompañados, de un buen tazón de leche con cacao.
Sin dudarlo, se puso hasta arriba de
comer y más comer, poco a poco, todos se iban acostumbrando a verla comer en
grandes cantidades y, tras acabar, rápido, fue a ponerse ropa de abrigo.
Ya no nevaba, pero, aún quedaba
nieve en la calle y hacía frío.
A los pocos minutos, ya se
encontraba con Zandro en el carruaje camino a la calle comercial.
Este iba con una ligera seriedad, no
hablaba nada, simplemente pensaba que eso ahora era su obligación.
Anyelik, aún sentía un pequeño toque
de debilidad, pero, gracias a haber desayunado en exceso, tenía la suficiente
vitalidad como para salir y divertirse y, al fin, llegaron a esa inmensa calle,
había bastante gente a pesar de los ataques que hubo y, Anyelik, dio un pequeño
saltito.
-¿Qué sucede princesa?
-Es que, me pone feliz ver que las
calles están llenas de vida a pesar de todo, eso significa, que confían en
nosotros por si algo sucede.
Bueno, quizás no tanto en mí
ajajaja, pero, los chicos y tú, el otro día, estuvisteis geniales así como
mamá.
Entonces, repentinamente, ella, tomó
su mano, era bastante más grande que la suya y Zandro, se sentía relajado y, al
mismo tiempo, curioso al estar con esa princesa.
Caminando tan tranquilos, buscando
alguna tienda, cuando de pronto, un señor rubio, de cabello algo ondulado y
largo, se los quedó mirando y no dudó en plantarse frente a ellos impidiéndoles
el paso.
Zandro, enseguida, le tomó del
cuello de su abrigo pensando que sería algún mal tipo.
-¡Tranquilo por favor! No vengo con
malas intenciones.
-Zandro, suéltalo.
Le pidió Anyelik con cariño, este,
así hizo y, aquel señor, sacó de un maletín que cargaba, un montón de papeles.
-¿Qué es esto?
Preguntó Zandro, a lo que el señor
curioso tomó su mano para entregárselos.
-Hace un mes que al fin abrí el
local de mis sueños, un club restaurante además de tener una estupenda
discoteca, se llama, Nekópolis.
Me está yendo bastante bien, pero,
aún quiero que lleguen más clientes.
-¡Nekópolis?
Seguía preguntando Zandro dudoso de
todo.
-Es un local un tanto especial, hay
que pagar para entrar, pero, he decidido regalar entradas a personas que me den
buenas vibras para que vengan esta noche.
Es que, cuando os vi, pensé que
sería bueno que vinierais, un padre y una hija con tanto estilo darán muy buena
imagen.
-¿Padre e hija?
Y Anyelik trató de calmarle, aunque
no parecía demasiado alterado.
-Iremos jeje, muchas gracias por las
invitaciones pero ¿No son demasiadas?
-Cuantos más clientes, mejor, por
eso, os di de más, porque quiero que traigáis a vuestros amigos y, ups.
Exclamó viendo su reloj.
-Ya debo marcharme, debo atender un
asunto a la de ya.
¡Hasta lueeegoooo!
Se despidió con alegría, en verdad
era un señor bastante pintoresco aunque, Zandro, se había quedado un tanto
preocupado con esas entradas en la mano, fue Anyelik la que le sacó de esa
mente ida.
-Papi juju.
-Princesa, no tiene gracia.
-Ajaajaja, no te enfades, es que das
toda la imagen de ser un padre protector, ahora con más ganas te seguiré
llamando Papi.
Entonces, ella, alzó sus manitas a
su fino rostro, poniendo una carita de cachorrito adorable.
-Veeenga, no te enfades.
Y de nuevo, su sonrisa.
-A mí me hace ilusión llamarte Papi,
anda, vamos a comprar algo de ropa, sin duda, quiero algo más... ¿Cómo decirlo?
¿Atrevido?
Zandro se quedó pensando en todo
siendo llevado de la mano por Anyelik y, mientras tanto, en el consejo de los
ángeles, Han, a esas horas de la mañana, se encontraba en mitad de una reunión.
Ese antiguo rey llamado Brons,
escuchaba en silencio como todos debatían.
-La princesa ha logrado mostrar su
poder, no imaginamos que pudiera guardar tanto pero, ese otro, no era normal.
Comentaba uno de los ángeles, este,
iba vestido con una túnica blanca, algunos, los de más edad, iban con atuendos
similares.
El de la nariz llamativa, siguió
hablando.
-Es un poder que no es del sol ni de
la luna, Han, quizás sí deberías mandarla al quinto reino para que analicen más
todo eso.
Nadie esperó, que Han sacaría su
lado firme, allí, entre ángeles a los que había que respetar.
En palacio, siempre era duro y
serio, pero, frente al consejo y al antiguo rey, a veces se sentía más pequeño.
-Por ahora, no. Quiero que al menos
sea mayor de edad.
Yo mismo analizaré el poder de mi
hija.
Pero Brons al fin habló.
-Piénsalo bien, tu hija no es un
ángel común, aparenta ser más débil que la mayoría de ángeles, incluso su
apariencia, es un tanto vulnerable.
Han, sintió mucha rabia y ya sí que
no se contuvo alzando al fin su voz.
-¡No hables así de Victoria! Aunque
seas el líder del consejo, no eres su padre.
Brons, no pareció alterado y
continuó hablando con calma.
-Han, ¿no te parece extraño todo lo
que le ronda a tu hija?
Tan pequeña físicamente teniendo
padres altos, prácticamente, nunca supo usar su poder, parecía no poseer
grandes habilidades, peor que los ángeles comunes y, ahora, el mal quiere
matarla y, de pronto, esa extraña magia que usó con ese ángel nativo.
Y, este, se acercó a él, aún, con
esa actitud calmada, mostrando que era superior a él simplemente por no
alterarse ni lo más mínimo con la situación ni con las provocaciones de Han al
alzarle la voz.
-Solo lo decimos por su bien, ser
entrenada por auténticos guerreros, seriamente y a fondo.
Quizás, ella tenga que ver con todo
ese mal que se acerca.
Han, apartó su mirada y, muy
fríamente, se alejó con la intención de marcharse, con su orgullo por encima de
todas las cosas.
No debía dejar ver que no sabía ni
cómo luchar contra las decisiones de esos ángeles y ese antiguo rey.
Tan frágil e incompetente.
-Ya me lo pensaré, por ahora, ella
no se irá de su hogar.
Y al fin se fue de ese lugar,
aunque, antes de regresar al palacio, se pasó por la gran biblioteca de la
ciudad, esta era muy antigua, guardaba gran cantidad de libros con muchísimos
siglos encima.
Quería encontrar algo que explicara
el poder de su hija, aunque, sabía que no daría con respuestas así tan
fácilmente.
Desde pequeño, le habían enseñado
gran cantidad de cosas, sobre todo, cultura, política, religión y el cómo
controlar el poder del sol que llevaba.
De niño, demostró grandes
habilidades y supuso que por eso, y por ser parte de la familia del reino del
sol, fue el elegido para ser rey, aunque, nunca nadie le contó sobre ese poder
que sanaba al completo, esa magia rosada.
No era como el poder curativo de su
esposa, el cual, era más débil y servía para heridas pequeñas y superficiales.
Además, no podía devolverle a
alguien su energía como Anyelik hizo con Carl.
En esos momentos, viendo a su
pequeña hija, sintió tanta calidez.
(continuará en la 2ª parte del capítulo 8)
—¡Papi Papi! ¡Mira juju!
Decía Anyelik tirando del brazo de
Zandro para que viera un nuevo escaparate.
—Princesa, deja de llamarme Papi, me
da vergüenza.
—Jooo, a mí me gusta llamarte así,
voy a tener que llamarte Papi muchas veces hasta que te acostumbres.
Y ahí, este, se paró en seco,
haciendo que ella se volteara para verle.
—Ya tienes a tu padre, yo, soy el
guardián de la familia.
Anyelik, en vez de enfadarse, tomó
sus dos manos con tanta confianza, mirándole a los ojos que cargaban demasiada
dulzura.
El que ya no la tratara de usted,
era todo un logro, pero, ahora quería ir mucho más allá.
—Papá es papá y, tú, eres mi pequeño
Papi.
Zandro tuvo que apartar la mirada
con cierta locura, más porque no entendía nada de lo que ella le estaba
diciendo.
—Ains princesa, no entiendo qué
tratas de decirme, soy más mayor que tu padre, ¿cómo voy a ser el pequeño papi?
Pero ella comenzó a reírse.
—Aajajaja, no lo sé, pero me da esa
sensación y me gusta mucho decirte Papi así que, no dejaré de hacerlo aunque te
enfades.
Venga juju, aquí venden ropa guay.
Nada pudo hacer ese ángel, la
pequeña princesa, le llevó sí o sí a esa tienda, con una ilusión desmesurada y
con emoción, se puso a ver los vestidos, aunque, por unos momentos, llevó su
mano a su vientre tras sentir un dolor.
«Aah, creo que desayuné mucho»
Pensaba.
«Junm, el resto del día, comeré
menos, si no, mi pancita no estará plana y el vestido que me compre no me
quedará bonito»
«Pero... auch, mi pancita»
—¿Pasa algo?
Preguntó Zandro al verla un poco
ida.
—No, no, solo pensaba si habría
vestidos de mi talla, ya sabes, más pequeños.
Rebuscando y más rebuscando entre
tantas prendas, al fin dio con uno negro, algo corto y además, se notaba
ajustado.
—Papi ¿Crees que este me vaya a
sentar bien?
Y se lo colocó frente a su pequeño
cuerpo.
—Ese vestido es un tanto sugerente,
a tu padre no le hará gracia que lo lleves puesto.
—Bah, chorradillas, seré bajita,
pero ya no tengo doce años, en unos meses tendré los dieciocho.
Papá, debe entender eso, además...
Y le tomó del brazo con una
sonrisilla traviesa.
—Tú vendrás conmigo juju, nada
pasará, así que, buscaré más ropita para ti.
—¿Qué?
Y Anyelik no dejaba de reír.
—Oye princesa, tu padre me dio la
ropa necesaria para el día a día, no necesito más.
—No, no, no.
Le respondía negando con su dedito.
—Papi solo tiene ropa aburrida y
formal, yo nunca gasto de mi dinero, así que, te compraré ropa para salir y la
vas a usar, si no, me enfadaré.
Y ahí infló sus mofletes.
Zandro ya no sabía qué hacer, no
imaginó, que la hija de ese rey tan serio, tuviera tal personalidad, hasta un
tanto infantil, pero lo cierto era, que no le molestaba.
Tantos años en el infierno,
perdiendo su juventud, una vida fría, dura, sin emociones.
Los que debían cumplir condena en el
infierno, iban a una zona en la que debían trabajar casi sin descanso, viviendo
en feas condiciones con más ángeles u otro tipo de seres, que la verdad, no
eran nada amigables.
Habitaciones frías en las que no
había intimidad, durmiendo sobre el duro suelo con una manta y una almohada
vieja.
Comida escasa, la necesaria para
seguir viviendo.
Los locales de esa parte del
infierno, no serían como ese club al que irían esa noche.
El alcohol no tenía buen sabor y
abundaban las peleas de borrachos hartos de su existencia.
Los castigos eran duros si en el
trabajo, no rendías lo suficiente, latigazos toda una noche, sin dormir,
trabajando sin poder parar ni para descansar.
Ni siquiera pudo disfrutar con
alguna mujer, esas ganas ni existían en un lugar así, por lo menos para
algunos.
Estar ahora en ese palacio, con una
habitación propia, llena de sus amados libros, yendo de compras junto a una
pequeña tan alegre y positiva, en verdad lo necesitaba.
Al final, acabaron llenos de bolsas
caminando por las calles, entrando en más tiendas, incluso en una de artículos
muy divertidos, disfraces graciosos, gafas con narices gigantes, bigotes
poblados.
Anyelik, en un probador, se vistió
de hombre, incluso con un calzón sobre su ropa, y no faltaron las gafas
grandes.
Zandro pudo reír al verla hacer un
baile sin pudores delante de todos los clientes que había allí.
—Papi, tú también deberías
disfrazarte de algo.
—No, no haré eso, ahí sí me niego.
Pero entonces, ella se percató de un
montón de alas que había cerca y le tomó del brazo para llevarle.
Allí tenían de todo tipo y colores,
y no solo alas de ángel, también de demonio, hadas y seres de ese mundo.
—Papi... ¿Cómo eran tus alas?
—Eso no importa.
—Pero Papi, sería lindo comprarte
unas, debes extrañar las tuyas.
Zandro ya no se aguantó más y se
agachó un poco para abrazarla por la espalda.
—Mis alas eran comunes, blancas, con
las puntas rojizas.
Y las manitas de Anyelik se posaron
en sus brazos con cariño.
—Papi, yo creo que eran hermosas, me
gustaría, tener el poder de hacerte crecer otras.
—Ya me acostumbré a no sentir nada
en mi espalda.
No hace falta que te preocupes por
eso.
Y en su pecho, sintió un extraño
calor, más intenso, sintiendo esas manitas tomando sus brazos con cariño, y con
la dulce personalidad de esa princesa, sentía que tarde o temprano, sacaría su
lado más blando.
Por otro lado, Carl, se encontraba
meditando en la habitación, se había pasado la mañana practicando el idioma con
los apuntes que tenía de cuando estudiaba con Anyelik.
Ahora trataba de sentir el aura espiritual del lugar, tratar de estar más calmado, pero, una fuerte aura le llenó todo y, enseguida, la puerta se abrió.
Allí estaba Gabriel, que se había pasado todo ese rato entrenando con su espada y perfeccionando su poder mágico junto a Mark.
Aquel joven príncipe, no dudó en
acercarse con demasiada confianza a Carl, mirándole con mucha seriedad a los
ojos, luego, se percató de que no llevaba camiseta ni nada puesto en la parte
superior.
Estuvo a punto de hacerle esa
pregunta, pero la puerta se abrió de tan de golpe, que aquel príncipe se asustó
y todo.
Era Alejandro, que al verlos así tan
juntos, no se calló lo que pensaba.
—Bastante que dormís juntos y ahora
os andáis desnudando, ¿sois gays o qué?
Gabriel ahí sí que no se contuvo,
yendo a aquel vampiro para tomarle de su jersey.
—Soy completamente hetero, ¿acaso lo
dudas?
—Vaya.
Respondió apartando su mano de su
ropa.
—Ya me estabas haciendo dudar,
viendo cómo pierdes la paciencia de pronto por una pregunta así... ¿Algo
ocultas?
—¡Qué vampiro más indeseable! ¿Para
qué viniste a mi habitación?
—Tengo que hablar seriamente con el
indio.
—Yo iba primero.
—Aaaah, ¿por eso le estabas
seduciendo?
Gabriel, a punto estuvo de explotar,
pero Carl, logró calmar a ambos poniéndose en medio.
Al final, ambos chicos le acorralaron,
algo intimidantes, así, contra la pared, y fue Gabriel quien preguntó primero.
—A ver, ¿qué intenciones tienes con
mi prometida?
A lo que Alejandro añadió.
—¿Quieres aprovecharte de ella y por
eso te la llevaste?
—No, no es así, yo querer, quiero,
que ella esté bien. Su padre, muy brusco.
—¿No le hiciste nada verdad?
Siguió preguntando Alejandro, ahí
fue que Carl se puso rojo y quedó totalmente expuesto.
—¡No me jodas! ¡¿Lo hiciste?!
Me cago en ti, indio aprovechado sin
respeto.
—¡¿Qué demonios pasó?! No me esperé
eso de ti Carl.
Carl, sentía que no podría guardar
aquello por más tiempo, ambos chicos parecían querer echársele encima, y si no
hablaba, quizás sería peor.
—No no, yo solo, Anyelik cayó al
río, yo... yo desnudar y darle calor con mi cuerpo, no hacerle, eso. Quizás, ir
más allá, pero no llegué a, ya sabéis.
Alejandro no se contuvo empujando a
Carl contra la pared.
—¡¿Cómo que ir a más?! Define eso.
—Tocar su cuerpo, así entraría en
calor antes.
Alejandro estaba a punto de arder en
ira en esos momentos y Gabriel, hasta parecía haberse envuelto en un aura, como
si fuera a pasar a otro nivel así.
—Carl... me has fallado, confié en
ti.... tocaste a mi prometida, la viste desnuda, solo espero no haya más
oculto.
—Carl besar y desnudarse también.
Un trueno pareció escucharse, un
trueno creado por la energía oscura de Alejandro y, esta vez, Gabriel no le
detuvo ya que, estaba igual o peor, mirando con desprecio al pobre Carl que
pensaba que acabaría hecho trizas en esa habitación.
—Cómo te gusta presumir tu cuerpo
marcado maldito, ¿te crees mucho verdad?
Vas a ver ahora mi torso, sin duda,
oculto un cuerpo envidiable y no necesito andar presumiendo delante de Anyelik.
Alejandro se sacó el jersey,
sobándose el torso y los abdominales frente a Carl, a lo que Gabriel, se sacó
también su camisa.
—Mi cuerpo es bonito también, tengo
unos pectorales en donde Anyelik se apoyó toda la noche.
Carl ya no tenía escapatoria, lo
peor, es que también se estaban quitando los pantalones para presumirle otros
atributos, fue ese momento, en el que Mark entró en la habitación, que pilló
aquella escena, y, algo traumado, volvió a cerrar la puerta como si nada
hubiera visto.
Gabriel, rápidamente, se vistió muy
nervioso para salir afuera y así saber por qué había entrado a buscarle.
—Oye Mark, no pienses cosas raras,
es solo que Carl últimamente, se está aprovechando mucho y está yendo muy
lejos.
—No pienso cosas raras.
Y dejó escuchar una pequeña risa.
—Mi padre te está buscando, anda y
ve a hablar con él, te espera en el salón.
Y enseguida, bajó hasta la planta baja, Han, que acababa de regresar de esa biblioteca, se encontraba mirando por la gran ventana, como un poco ido, pero, enseguida se dio la vuelta al escuchar a Gabriel.
—¿Qué sucede Han?
Este le invitó a sentarse en un sofá
junto a él.
—Ya viste lo que sucedió con
Victoria, estarás tan sorprendido como yo, todos lo estamos.
—¿Te refieres a ese brillo rosado?
Han asintió con su cabeza, mirando
de nuevo a través de esa ventana, contándole todo lo sucedido hacía nada esa
mañana.
—El consejo de los ángeles... todos
están persistentes debido al poder de mi hija.
No quiero que la anden viendo como a
un elemento de laboratorio o como un ser extraño.
—¿Qué?
Gabriel se sintió más que molesto al
escuchar aquello, poniéndose en pie para acercarse más a ese rey y que así, le
mirara a los ojos, dando un pequeño golpe con su puño en los cortinones.
—Esos malditos, aaarg, aunque sean
los que mandan por encima de todo, no tienen ese derecho.
Y han posó su mano en el pecho de
ese ángel.
—Cálmate.
Quiero, que siempre estés muy atento
a Victoria, que siempre cuides de ella y, si alguien tiene que analizar ese
extraño poder, que seas tú.
—Eso no lo dudes Han.
Pero, ese rey, regresó a perder su
mirada en el paisaje que se veía afuera del palacio, queriendo ser sincero de
una vez con alguien, aunque no fuera aún de la familia.
—Me casé muy joven, ni siquiera tuve
tiempo de conocer eso del amor.
Que Victoria se tenga que casar,
así, de pronto, no me hace gracia en el fondo, por eso, te traje aquí de
invitado a vivir con nosotros, para que os podáis conocer mejor, para que
paséis un tiempo juntos.
Los ojos de Han, al fin dejaron esa
ventana, algo perdidos en esos cortinones y no muy seguro, le contó el resto a
ese joven príncipe.
—Yo, me casé con Aluna sin saber
casi apenas de su vida.
Aunque al principio todo parecía
tranquilo, esos primeros años, cuando estuve a punto de perderla a ella y a
Victoria, cambió tanto su manera de ser conmigo.
—¿No os llegasteis a enamorar?
Preguntó Gabriel con bastante
confianza, viendo como ese rey exponía los secretos de su corazón.
—No.
Claro que había cariño, empezar a
vivir con ella, tener nuestra primera noche porque nos exigían tener hijos,
aunque nunca supe por qué ya que éramos muy jóvenes aún.
Sí fue difícil, pero, esos primeros
años, eran tranquilos, no había discusiones.
Ahora, no sé qué sentir, son
diecisiete años de frialdad.
Y Han, al fin pudo regresar a los
ojos de Gabriel.
—Quiero que con vosotros sea
diferente, además, Victoria parece que tiene interés en ti y eso me da calma y
hasta felicidad.
De pronto, esa sonrisa tan difícil
de ver, se mostró en el rostro de aquel rey.
—Mi hija, en verdad, parece algo así
como un terrón de azúcar, a veces, con quienes son amables con ella, pero,
puedo sentir que le agradas mucho.
—No te preocupes, voy a dar todo de
mí para que ella pueda vivir feliz y sienta el amor.
No sé si en verdad ha comenzado a
enamorarse de mí, pero, yo ya estoy loco por ella.
Han, parecía sentirse en calma escuchando
eso y, mientras tanto, aún caminando por esas calles, Zandro y Anyelik seguían
viendo los escaparates.
De pronto, un dulce aroma llegó a la
naricita de aquella princesa y se quedó idiotizada viendo un bonito café, en el
interior, se apreciaban muchos dulces en el mostrador.
«Aaaah, no debo abusar, me duele la
pancita jooo»
«Pero, aún siento que hay espacio y
hasta me dio hambre de nuevo»
Pensaba ella, pero Zandro, la sacó
de sus pensamientos.
—¿Quieres tomar algo?
Pagaré yo con mi dinero.
—Papi, bueno, junm, ¿piensas que es
malo ser tan glotona?
Preguntó un tanto avergonzada.
—No, mientras que seas feliz y no te
hagas daño por comer de más.
—¡Bieeeeen! Entonces entremos juju.
Zandro se sorprendió de su manera
efusiva de ser, así, de tan de pronto, era como una niña que se emocionaba al
ver dulces.
Dentro de ese local, se estaba muy
cálido y, Anyelik, se quitó su abrigo ya que le estaban dando hasta calores.
Muy sonriente y con mucha emoción
encima, se pidió un tiramisú que vio muy apetitoso y también, un chocolate
caliente, Zandro, solo quiso un café.
Mirar a esa pequeña beber tan
contenta y comer con ese brillo en los ojos, nunca vio a nadie disfrutar así
con la comida.
—Papi, deberías probar este
tiramisú, creo que este tipo de tarta te define a la perfección.
Papi, si fuera un dulce, sería un
tiramisú.
Zandro se sorprendió por sus
palabras y sentía mucha curiosidad.
—Qué cosas dices ¿Es porque soy
moreno de piel?
—No ajajaja.
Reía ella, lo cierto era que, al ser
una tarta de café, con un poco de chocolate, el color sí era un tanto similar a
la piel de Zandro, aunque, eso sí, su piel era de un moreno más bien frío.
—Es que, el café en los dulces, es
algo que le da un toque maduro, hasta un tanto serio pero con un aire elegante,
o con porte.
Decía ella mirando una pinchada de
su tarta.
—Es un dulce como para adultos, más
por el licor, pero con su toque dulce suave y rico.
Detrás de su primera impresión de
ser serio, se esconde un tierno corazón con algo de chocolate sutil, pero, no
se deja ver por cualquiera, y los que lo saben apreciar, verán qué delicioso
es.
Zandro no sabía qué responder, nunca
le habían comparado con un dulce, pero entonces, ella, extendió su manita con
esa pinchada ahí, frente al rostro de ese ángel.
—Prueba, verás cómo te gusta.
Zandro avergonzado, apartó la
mirada.
—No hagas eso princesa, es
vergonzoso.
—Jooo venga, un poquito.
Insistía ella, pero él se negaba a
que le diera la pinchada, así que, esta tomó el plato y le hizo de apartarse de
la mesa un poco, para así, sentarse sin su permiso en sus muslos.
—Ahora sí, te pillé.
Y por más que Zandro trató de
resistirse, ella logró que se rindiera, abriendo su boca allí, delante de
varias personas, tan rojo que se estaba poniendo.
—¿Rico eh? Te daré más.
Le decía con una tierna sonrisa y ya
no aguantó esa vergüenza, tomándola por su pequeña cintura con cuidado para
apartarla de él.
Ahí fue, cuando ambos se dieron
cuenta de algo aún más vergonzoso, y lo peor, era que los pantalones de Zandro
eran grisáceos y toda esa mancha era más notoria.
Anyelik, rojísima y nerviosa, soltó
la tarta, y llevó sus manitas tras ella como para taparse.
—Aaaah Papi, esto es demasiado, me
muero, dis-disculpa, ya entiendo por qué me dolía la pancita.
—Aaah dios mío, ¿cómo es que no
tienes cuidado con esas cosas? deberías estar más atenta a esos días del mes.
Los ojitos de esa pequeña comenzaron
a llenarse de lágrimas y Zandro no pudo más.
—No me llores, anda, hay que ir a
palacio lo antes posible, no podemos dejar que más gente nos vea todo manchados.
Y tras pagar, Anyelik se tapó con su
abrigo y Zandro, tuvo que poner las bolsas por delante para que nadie viera esa
mancha tan llamativa.
En el carruaje, ella no era capaz de
verle a los ojos, se sentía muy apenada y Zandro, trataba de tomar calma por
todo.
No quería tampoco ser brusco con esa
princesa por algo así, pero lo cierto era, que también estaba controlándose del
corte y, al llegar a palacio, fue a cambiarse los pantalones y la pobre
Anyelik, a darse una buena ducha tras echar su ropa a lavar.
Esa hermosa mujer, se encontraba
ahora frente a las grandes verjas.
Su abrigo de aspecto costoso, tapaba
un poco su figura, pues a pesar del frío, no lo llevaba abrochado y podía verse
su escote en ese vestido morado bien ajustado.
—Señorita, no podemos dejarle
entrar.
Y Lucy molesta, trató de contenerse.
—Quiero ver a Alejandro ¿vayan a
avisarle al menos no?
Soy su amiga y deberían dejarme
pasar a verle.
—Bueno, espere un momento por favor.
Y el guardia, sacó una especie de
walkie talkie para avisar a otro guardia que estaba en el interior y que así,
buscara a Alejandro.
Fue al poco que él al fin apareció.
—Aaah, qué bueno que viniste a abrir
a Sonia.
Reveló así su nombre falso.
—¿Vienes a verme a mí o a Anyelik?
—Vengo a veros a los dos ¿No puedo?
—Aah, anda, dejadla entrar, no hay
problema con ella.
Los guardias dudaron por unos
momentos, aunque uno de ellos, se había quedado algo idiota por ver a una mujer
tan atractiva y escotada delante de sus narices, al estar casi siempre en ese
puesto, no tenía la oportunidad de ver mujeres hermosas salvo a la reina.
Ya dentro del palacio, Lucy
observaba todo el interior, los lujos y comodidades de este.
Los sirvientes pasar de allá para
acá.
—Vaya, hasta mi mansión se queda
algo pequeña aquí.
Por cierto, ya hice algo de limpieza
¿no vendrás?
Preguntaba esa sirena, y Alejandro
le respondió con una actitud demasiado indiferente.
—Por ahora no tengo motivos para
ello.
—Buah, qué frío eres.
Pero él no dijo nada más y la llevó
hasta la habitación de Anyelik, abriendo la puerta sin tan siquiera llamar
primero.
Se encontraron las bolsas de las
compras en mitad de la cama aún sin colocar, y el sonido del secador del pelo
se escuchaba de fondo.
—Oye ¿A dónde vas?
Le detuvo Lucy, ya que, Alejandro,
tenía intenciones de marcharse de allí.
—Tengo cosas que hacer, quédate con
Anyelik si tantas ganas tienes de verla.
Y aquella sirena refunfuñó hablando
para ella misma mientras que él ya se marchaba.
—Ese Alejandro, es difícil, ni
siquiera me miró mis grandes pechos y eso que hoy estoy más hermosa que de
costumbre.
Ya podría haberlo hecho como ese
guardia estúpido.
Se quedó mirando toda la habitación,
la típica de una joven, peluches y cosas tiernas, todo bien colocado, limpio,
muebles blancos, dibujos en un corcho demasiado dulces para su gusto, todo tan
diferente a cómo lucía su mansión.
Anyelik, al fin terminó de secar su
cabello y se sorprendió mucho al encontrársela sentada en su cama.
—Sonia ¿Cómo llegaste aquí?
—Vine a verte, no me he colado si
eso es lo que piensas.
Y no esperó que ella la abrazara tan
repentinamente.
—Oye oye, a veces eres un tanto
empalagosa, por cierto ¿fuiste de compras?
—Así es, nos han regalado entradas
para ir a un local marchoso así que, me compré un vestidito sexy juju.
—Oh vaya vaya, ¿me quieres copiar?
Dijo con ironía, aunque Anyelik no
la pilló.
—¿Eh? No es eso.
Lucy se echó una carcajada.
—Qué tonta, no lo dije en serio, a
ver, muéstrame ese vestido.
Anyelik emocionada, sacó el
vestidito de la bolsa y se lo mostró.
—Era justo la talla más pequeña,
tuve suerte de que quedara este.
Lucy, levantó un poco una de sus
finas cejas.
—Junm, habrás comprado unos buenos
tacones.
—Claro.
—¿Y maquillaje?
Ahí Anyelik, la miró con unos ojitos
de pena.
—No pensé en eso, además, no tengo
nada de maquillaje.
Lucy suspiró.
—Tu padre te ha criado como a una
niña, pero oye, ¿cómo es que ahora te deja salir?
¿Qué pasó que no me enteré?
Esa princesa, le tuvo que contar
todo lo ocurrido y Lucy, escuchó atenta para después, darle la enhorabuena.
También, le estuvo dando una buena
clase de cómo arreglarse para verse más sensual, tanto el peinado, como el
caminar con tacones tan altos.
Fue algo entretenido y curioso para
Anyelik que no dejaba de escucharla como con admiración, Lucy, para ella, era
toda una mujer, atractiva, femenina, incluso vivía sola sin tener que depender
de sus padres, y por supuesto, sabía ser sensual, eso que Anyelik sentía que
jamás podría ser.
—Eso sí, falta un buen labial rojo
para tus labios, y rímel en tus pestañas para potenciar tu mirada, ya estás
bonita de por sí, no necesitas nada más que eso.
¿Irás a comprarlo ahora?
—No hace falta jeje, mamá tiene
maquillaje, creo que se lo cogeré prestado.
—Junm, siendo rebelde, en fin, yo ya
me marcho, no me gusta andar saliendo de mi mansión porque me da el sol y mi
piel podría oscurecerse un poco, la próxima vez, ven a verme tú a mí, y de
paso, puedes venir con Alejandro, ya sabes, para conocer a más gente y al
hombre que tanto te gusta.
—¿No vendrás al local esta noche?
Le dijo antes de que saliera de su
cuarto.
—No me apetece, ya sabes que me
gusta estar sola y no con la multitud, ese rollo de fiestas y clubes no me
atraen.
Y sin decir más, se marchó de allí, después, Anyelik les estuvo entregando las entradas a los chicos, había para su hermano también pues justo, eran seis.
El resto del día se pasó volando y ya iba siendo hora de arreglarse para disfrutar de la noche, su padre estaba ya enterado y con muchas dudas, le había dado el permiso, pues iría con su hermano, Zandro y los demás y eso le daba cierta confianza.
Un tanto nerviosa, se dirigió a la
habitación de su madre para así rebuscar en su maquillaje, estaba segura de que
lo metía en uno de los cajones que había en un tocador, pero la puerta se abrió
en nada y fue pillada.
—Ah mamá.
Exclamó cerrando con cuidado el
cajoncito, pensando que no fue descubierta hurgando.
—¿Te preparas para salir?
—Bueno... sí.
Y la sonrisa de Aluna le
tranquilizó.
—Mamá... yo, bueno, quería un poco
de maquillaje, pero solo un poquito.
Su madre tomó ese cajoncito y
Anyelik se apartó un poco.
—Anda, yo te lo daré.
Dijo sacando un labial rojo, era
intenso, y combinaba con su oscuro cabello, después, tomó un pequeño tubito.
—¿Qué es eso?
—¿Estás durmiendo mal?
—No, duermo como siempre.
—Vaya, ¿por qué serán esas ojeras?
Voy a taparlas un poco.
Anyelik, pensó que quizás le
salieron por estar en sus días del mes y, por último, su madre le aplicó el
rímel, si ya de por sí sus pestañas eran muy largas, ahora se lucían mucho más.
—Qué linda quedaste, anda, dame un
abrazo.
Así hizo, y de nuevo, sintiendo que
los pechos de su madre eran muy grandes a comparación, se preguntaba si el
vestido que compró le quedaría bien.
—Estoy tan feliz de que al fin tu
padre te haya dado más libertad.
Claro que me preocupa que algo malo
te pueda pasar, pero, no se puede estar siempre con miedo encerrado.
Venga, ve a terminar de arreglarte.
Anyelik, le dio las gracias a
su madre por todo y se marchó de allí con emoción. Aluna, ya en soledad, se
inundó de ese recuerdo, ese recuerdo junto a un hombre con orejas de lobo,
juntos, conociéndose en una discoteca, sintiendo la pasión, pareció sentir
tanta añoranza, pero, en cuestión de segundos, su expresión se tornó tan vacía.
—Ya está, ya me vestí.
Pensaba aquella princesa mirándose
en el espejo.
Al llevar esos tacones, había
crecido unos centímetros.
A veces se preguntaba si ya llegaba
al metro cincuenta sin ellos porque llevaba bastante si medirse.
Su cuerpecito tan extraño, tenía
buenas curvas en sus caderas pero era delgada y con una pequeña talla de
pechos.
—Aaaah, es como si mi cuerpo se
hubiera desarrollado mal.
Decía en lo alto lamentándose.
Sus piernas eran muy finas, aunque
por sus caderas los muslos tenían más forma, eso sí, las pantorrillas parecían
casi palos, o por lo menos eso pensaba ella.
—Junm, debo dejar de pensar en el
cómo me veo.
¿Papi Zandro se habrá puesto el
traje que le compré?
Voy a ello.
Y salió al pasillo cargando un
abrigo negro así como peludo y lujoso, solo algunos sirvientes la vieron quedándose
sorprendidos, hasta la elogiaron y ella se ponía rojísima agradeciéndoles.
Siempre se llevó bien con ellos,
aunque fueran unas palabras al encontrarse por los pasillos y, al fin, allí
estaba en ese cuarto, Zandro se quedó como idiotizado por escasos momentos,
nunca vio a esa pequeña princesa con ropa que resaltara las formas de su
cuerpo, de hecho, nadie allí pudo hacerlo ya que, Anyelik siempre iba con
vestidos más adorables con un toque puro.
—Papi, te pusiste la ropa, pero...
junm ¡No!
—¿Qué? ¿Qué sucede?
Rápido, tomó la bolsa en donde estaban algunas de las compras de esa mañana y de allí, sacó la pajarita con ese característico estilo victoriano y fue a colocársela en el cuello.
—Princesa, no, tranquila, ya me la pongo yo, ¿no ves que no alcanzas bien?
—Noooo, sí llego, hoy me puse
taconcitos.
Realmente llegaba perfectamente a
pesar de que él era muy alto, pero el pobre estaba avergonzado por aquello y
así, en medio del forcejeo, Anyelik acabó por torcer un poco uno de sus pies a
causa de la nueva altura, agarrándose a la chaqueta de Zandro para evitar caer,
pero, al final, ambos acabaron en el suelo, y lo peor y más vergonzoso, era
que, el rostro de aquel hombre, acabó en el pecho de esa princesa, provocándole
a esta un tremendo grito que, por suerte, nadie más escuchó por lo que no
vinieron los guardias ni nadie.
—Lo siento princesa, no fue a
propósito ¿te hiciste daño?
Pero ella estaba de espaldas, en el
suelo sentada muy avergonzada.
—Papi, qué... ¡Qué pena siento
ahora!
Tu carita tuvo que caer en la
planicie de Anyelik.
—¿Planicie?
—¡Buaaaa! Seguro ahora pensarás que
soy una princesa penosa, en el infierno, hasta las condenadas y demonios deben
tener pechitos como mamá.
Al punto estaba de ponerse a llorar,
pero Zandro fue a ella, poniéndose a su altura.
—No llores anda, además, yo viví mi
condena con hombres nada más, y las demonio que vi, no iban muy destapadas...
espera, ¿por qué te preocupa tanto eso?
Y ambos se pusieron nerviosos,
Anyelik tuvo que mirar hacia otro lado.
—Noooo, es que, siempre que algún
chico nota mis mino pechitos me pongo muy nerviosa.
Ya... ya tengo diecisiete años, me
faltan unos meses para los dieciocho y mira cómo me veo.
Zandro entonces, apartó su flequillo
dándole un tierno beso cosa que ella no esperó.
—Papi...
—Es para que ya no sigas pensando en
eso. El tamaño no importa tanto, anda, hoy te ves muy linda así vestida.
Le decía sintiendo ese toque de
nerviosismo, no sabía por qué se sentía así, pero, ella llevó su mano a su
cuello.
—¿Puedo colocarte la pajarita ahora?
—Puedes hacerlo.
Y más tranquilos, al fin salieron de
esa habitación, se encontraba algo ansiosa pensando en que los chicos la verían
así vestida y allí, allí estaban ellos, en la entrada, esperándola.
Cada uno vestido para salir, hasta
Carl se había puesto ropa prestada de Gabriel, aunque los pantalones le
quedaban bastante ceñidos y se le marcaban sus fuertes muslos.
No sabría por cual decidirse y,
Alejandro, mostrando un poco su pecho, aunque más elegante que de costumbre,
eso dejó a Anyelik algo atontada.
Las caras de los chicos sí que no
tenían precio.
Hasta parecía que se habían
sonrojado un poco, pero, Han tuvo que intervenir.
—Victoria ¿Cómo es que te pusiste
esa ropa?
No te puedo dejar salir así, ese
vestido es muy pequeño.
—¡¿Quééé?! ¡Nooo papá! Solo voy a
disfrutar de la música y además, los chicos están conmigo, hasta Mark está.
—Papá.
Intervino él.
—No pasará nada, ya no tiene doce
años, creo que es normal vestir así para ir a locales de este tipo, además,
según vi, es algo elegante, allí no va cualquiera así que, no te preocupes.
Han se resignó al final, nadie supo
ni cómo.
—Bueno, está bien, pero nada de
alcohol, ¿me escuchaste Victoria?
—No beberé alcohol, a mí solo me
gustan los jugos de frutas.
Y Gabriel de pronto, la tomó para
pegarla a él, cosa que a Alejandro le erizó todo el cuerpo.
—Yo estaré en todo momento para
asegurarme de que no beberá nada raro.
Han al fin se tranquilizó, todos
pensaron, en la gran confianza que parecía desprender aquel príncipe al tomar
así a la princesa frente a su padre que no parecía molesto por ello y al fin,
fueron libres, montados en el carruaje más grande, Anyelik, sentada entre Carl
y Gabriel, y Alejandro, en frente, mirándola conteniéndose de todas las
maneras.
Tenía muchas ganas de morder su
cuello, pero no podía hacer eso en un lugar así, frente a todos.
No dejaba de mirar ese regalo que le
hizo, estaba tapando la marca de sus colmillos que aún perduraba en ella.
El viaje fue algo silencioso y, al
final, al cabo de unos 20 minutos, acabaron llegando a ese local.
—Nekópolis.
Dijo aquel vampiro nada más llegar,
aquel lugar, tenía una fachada grisácea y moderna, elegante, un guardia en la
entrada les checaba, comprobando que sus ropas eran las adecuadas, y, ya, en el
interior, todo estaba iluminado tenuemente, con varias plantas decorando esa
planta en donde bastante gente se encontraba bebiendo en una barra al fondo, el
resto, comiendo comida con un delicioso aspecto, las mesas eran de cristal, con
sillas blancas que combinaban muy bien.
Aquel señor que se encontraron en la
tarde, se les presentó en una especie de mostrador que había, enseguida
reconoció a Zandro y a Anyelik mostrándoles una sonrisa, pidiéndoles después su
entrada a todos.
Ahora, este iba vestido con un traje
morado súper elegante y con una cola en la parte trasera del esmoquin.
Sus zapatos eran dorados con un
aspecto realmente caro, hasta parecían estar hechos de oro.
—Señor, ¿es un mago?
Preguntó Anyelik, y este, sacó un
ramo de rosas secas.
—Lo soy.
—Pero uno de los malos.
Añadió Alejandro, aquel señor
comenzó a reír.
—Ajajaja, mi magia no es la mejor,
pero mientras que pueda sorprender a una sola persona me basta ¿No jovencita?
Y Anyelik salió de su asombro.
—Así es jeje, yo ni una hojita
sabría sacar ajajaja.
—Bueno bueno.
Metía prisa aquel vampiro.
—¿Nos da mesa para cenar?
Gabriel se molestó por la falta de
educación de Alejandro, mirándole con una cara de desprecio que este ignoró.
—Claro que sí.
Y aquel señor, con una actitud muy
amistosa, dio una vuelta tal cual fuera un bailarín para después, llevarles a
una de las mesas.
El lugar parecía un tanto exótico
por la cantidad de plantas que había, la gente parecía disfrutar de la comida,
el ambiente era confortable.
El señor les pidió esperar unos
momentitos a una de las camareras y después se marchó.
Justo al lado, muy cerca, había otra
mesa en la que se encontraba un joven albino, pero de cabello bastante más
corto, no como Mark, que para hoy, se había recogido su larga melena con el
moño que Elizabeth le regaló, lo curioso era, que el cabello de Mark, tenía
reflejos muy sutiles amoratados, al contrario que los de ese chico, que su
albino era más cálido.
Junto a este, que parecía el
anfitrión en esa cena, había otro tipo albino, pero más adulto, ambos, estaban
acompañados por tres chicas, aunque los cabellos de estas ya eran de otros
tonos y parecían estar disfrutando con su compañía, ignorando un poco al
acompañante.
Las tres jóvenes tenían aspecto de
modelos, o quizás solo eran chicas algo pudientes con una bonita apariencia
como plus, las cuales, no dejaban de reír y adorar al joven, pues, lo cierto
era, que se veía realmente apuesto, con un cuerpo muy trabajado además de ir
vestido con mucho estilo, un toque a la moda pero juvenil, para nada Victoriano
como la mayoría usaban.
Fue por unos momentos, que Anyelik
le vio a los ojos y este, no pudo evitar verla también, echándole una rápida
ojeada a su figura.
Estaban justo sentados de una
manera, en el que él podía mirarla claramente sin problemas, y cuando trajeron
la comida, ver comer más y más a esa pequeña chica, le resulto realmente
curioso.
—Oooh chicos, esta comida es
fabulosa, es como muy diferente a la de palacio.
Decía ella emocionada, comiendo sin
parar, con ese brillo de ojos característico suyo que aparecía cuando tenía
comida deliciosa delante.
—Ah por dios, espero entre todos
traigamos dinero suficiente para cubrir los gastos del estómago de esta
glotona.
Decía Alejandro.
Gabriel y Mark, no dudaron en
mostrar la tarjeta de crédito a relucir
—Mierda, cómo olvidar que estáis
aquí.
—Así es vampirillo, tú tienes que
mantenerte con el sueldo que el rey te proporciona por trabajar y, veo que
llevas varios días de holgazán.
El comentario de Gabriel, hizo que
Alejandro se pusiera en pie molesto.
—Principillo pijotero, desde que el
del parche llegó, es por eso que tengo menos trabajo.
—Por supuesto, Zandro es confiable a
simple vista.
Alejandro fue a tomarle de su ropa,
pero Anyelik le pidió detenerse.
—Alejandro, cuando salga de nuevo,
tú serás mi guardián ¿vale?
Ya hace días, que me apetece que
hablemos más.
Alejandro se quedó sin saber qué
responder y Gabriel también sintiendo esos celos, pues, bien sabía de los
sentimientos de ella por ese demonio.
—Anda, vamos a comer más, esta
comida es una delicia juju.
Y con cariño, ella les ofrecía de su
platillo sin ningún apuro y Carl, de hecho, le ofreció a probar de su lasaña de
verduras y setas, pues, la pobre se quedó viendo con muchas ganas.
—Ah Carl, lo tuyo también me
encanta.
—Ven, prueba de lo mío también
Anyelik.
Añadió Gabriel y esta, corrió a
ello, era un pescado en una salsa deliciosa.
—Waaaa, qué rico está, después me
pediré esto como segundo plato.
Alejandro entonces carraspeó.
—Lo mío está mucho mejor.
Y sin dudarlo, aquella princesa
probó de esa hamburguesa que parecía hecha por un chef muy experimentado, tenía
un aspecto cuidado, con una buena cantidad de patatas y emocionada por su
sabor, acabó llevando sus manitas a su rostro con ilusión.
—Cómo me gusta, qué feliz soy cuando
puedo comer cosas ricas.
Es por eso, que terminó por comer
también de los platillos de su hermano y de Zandro, y luego, se pidió más
comida.
Ese joven, ya no podía apartar sus
ojos de aquella ángel curiosa, su apariencia, su largo cabello ondulado,
suelto, tan natural.
Su piel más blanca que la suya, con
varios lunares, tan delicada.
Ya ni siquiera era capaz de
prestarle atención a esas chicas que parecían adorarle.
—Ayy, necesito ir al baño, estos
juguillos de fruta bajaron con chulería.
—Es que te bebiste tres en nada de tiempo.
—Claro Gabrielín, tengo que probar
lo más que pueda ajaja.
Este se quedó un tanto emocionado al
ser llamado así, tan cariñosamente, pero trató de ocultar la sonrisilla que se
le quería escapar, y tras que Anyelik le preguntara a un camarero por el baño,
esta se puso en pie, los chicos quisieron acompañarla, pero ellas les pidió que
no lo hicieran.
—Anda juju, estaré en el baño de
chicas, nada me pasará.
Y tomó su bolsito, a parte de tener
que cambiarse, tanto beber le provocó muchas ganas de hacer pis.
Al llegar, se dio cuenta de que el
baño era mixto, pero no pensó demasiado ya que no se aguantaba más y entró en
un retrete libre.
No dejaba de pensar en lo feliz que
se sentía, a pesar de todos los ataques de esos días, hoy todo parecía estar
tranquilo, la gente salía a la calle sin miedo y los locales se llenaban.
Al salir, se fue a lavar las manos
tarareando una cancioncilla algo bajito como para que su voz se apreciara,
secándose las manos después sin saber, que ese chico albino, había estado
parado, apoyado en la entrada, esperándola, para ponerse frente a ella,
arrinconándola contra la pared, acariciando su mejilla, viendo que apenas
llevaba maquillaje y, sus ojos amatistas, parecían haberle embrujado.
Continuará...
—¿Qué hace una chica rodeada de tantos hombres? Eso llamó mi atención.
¿No te gustaría bajar la comida
bailando conmigo?
—¿Quién eres?
Preguntó Anyelik al sentirse un
tanto acorralada por ese joven.
—Yo soy James, el dios del pecado,
y, me has dejado atrapado.
Esta noche no quiero pasarla con
nadie más que no seas tú.
Le decía con su voz entre grave y
algo profunda, muy seductora por el acento que tenía y, todo el tiempo, sin
apartar sus ojos color ámbar de ella.
—Eres, un chico malo ¡Noooo!
Y le propinó un rodillazo como
buenamente pudo entre las piernas, dejándole dolorido y escapando de él a los
brazos de Gabriel, que había ido al baño preocupado por ella.
—Gabriel, ese chico dijo que es el
dios del pecado.
—Maldito sea ¿ves por qué no podía
dejarte ir sola?
Hay que tener cuidado con los
hombres lagarto.
Y ese chico llamado James, al final
se compuso, acercándose a ambos.
—¿Cómo que hombres lagarto?
Respondió sacando sus alas y
poniéndose frente él, era un poco más bajo que Gabriel, pero no mucho, quizás
tres centímetros menos, y la sorpresa, fue ver, que esas alas que relucía,
estaban hechas de huesos.
—Soy un shinigami muy poderoso,
simplemente quería conocer más a esta chica, no iba a hacerle nada si es lo que
piensas.
—¿Qué pasa? ¿Te cansaste de esas
mujeres con las que viniste acompañado?
Ya me di cuenta el cómo le echabas
el ojo a Anyelik en todo momento.
Imponía Gabriel más serio que nunca,
pero James, en vez de echarse atrás, le echó una mirada a esa princesa, de
arriba abajo, sonriendo con cierta chulería.
—Solo me estaba preguntando qué edad
tendría, no parece ser mayor de trece o catorce.
Anyelik, ya no se aguantó más,
inflando sus mofletes como nunca, yendo a él, alzando sus ojitos a los suyos.
—¡Tengo diecisiete!, si lo que pasa
es que te parezco ridícula por mi apariencia, me importa un pimiento.
James, entonces, volvió a ponerla
contra la pared.
—No es eso, es que, eres
completamente diferente al resto de chicas con las que estoy, por eso me
gustaste.
El puñetazo que se llevó por parte
de Gabriel, le dejó contra el lavabo, asustando a unos clientes que pasaban al
baño y este, con una fría expresión, se limpió la mejilla, que por suerte, no
le había hecho sangrar.
—Vuelve a acercarte a mi prometida
que no quedará nada de ti para el mañana.
Y tras sus palabras, tomó a Anyelik
para volver a la mesa y terminar la cena.
James, molesto como nunca, les vio
alejarse, ahora, lejos de echarse atrás en su propósito, estaba aún más
interesado en esa princesa.
«Nunca me había rechazado ninguna
chica, ella es completamente el tipo de mujer que quiero»
Después, volvió a su mesa, las
chicas que le acompañaban se habían puesto aún más cariñosas, pero él ya no
dejaba de ver a Anyelik.
Gabriel le miraba a cada momento con
un odio inmenso, y en cualquier momento, podría levantarse a golpearle de
nuevo, James, también le estaba mirando ahora, como desafiándole, pero esa
princesa, se puso en pie tras acabarse el último postre.
—Chicos, ¿qué os parece subir a
bailar un rato? Creo que así bajaremos la comida.
—Me parece perfecto.
Añadió Gabriel, y todos fueron a la
segunda planta en donde estaba la discoteca y otra barra más para beber y más
beber.
James, sin duda, se puso en pie
también y su compañero le detuvo.
—Oye tío ¿Ya te vas?
—Quédate para ti las chicas, yo
encontré otra mejor y me voy arriba.
Y este, se quedó extrañado, mientras
que las chicas desilusionadas le pedían a James que no se fuera.
En esa planta, la gente bailaba con
una música tan diferente a la que siempre se escuchaba en todos lados.
La música más dance, estaba
permitida y era normal escucharla en lugares así, aunque, fuera de clubes y
discotecas, ahí sí que era raro escucharla, a no ser que fueras a una tienda de
moda o maquillaje.
Las chicas bailaban sensuales con un
vaso de alcohol en la mano mientras que, algunos hombres bien vestidos,
trataban de seducirlas.
Estas, al ver a James, sentían la
necesidad de tener algo con ese joven, aunque fuera una noche.
En verdad, era demasiado apuesto, si
Gabriel era de una belleza elegante, James era atractivo y seductor, y hasta
sexy.
En su camisa blanca remangada, se le
marcaba todo, más aún en sus pantalones oscuros ajustados.
Era sin duda más musculoso que los
chicos, pero no del tipo armario, su cuerpo era hermoso, como creado por un
dios, con una mirada penetrante, ligeramente con travesura, rasgos marcados,
pero para nada rudos ni duros.
Era como si alguien hubiera creado
al hombre con el físico perfecto que rebosaba un aura de sensualidad.
Anyelik bailaba imbuida por la
música mientras que aquel shinigami la observaba.
Después, se puso más animada
bailando junto a Carl, los dos se estaban divirtiendo mucho y, Alejandro, ahora
estaba tras ella, rodeando su pequeña cintura.
—Espero que no nos dé por hacer
twerking, y ahora, mi Anyelik...
Le dijo al oído, pero ella, tuvo que
hacerle esa pregunta.
—¿eso qué es?
—Un baile para simios, mejor que no
lo sepas.
Y Anyelik se dio la vuelta para que
le hablara de ese baile con algo de insistencia.
—Jooo, ahora me da curiosidad
Alejandro ajaja.
Y ambos reían, Gabriel, estaba muy
atento al ambiente, a pesar de ponerse celoso al ver a Alejandro tan pegado a
su prometida.
Carl, parecía que no tenía
vergüenza, sintiéndose muy animado bailando con esa música, un poco a su manera
y Mark y Zandro, bebían un poco sentados cerca.
—Hacía años que no probaba el
alcohol, no lo recordaba así, creo que, hasta puedo disfrutarlo.
Decía este último, recordando, que a
pesar de que había tabernas de mala muerte en el infierno en donde estuvo
preso, el alcohol sabía tan mal, que prefería no beberlo.
—Imagino que estar tanto tiempo en
ese lugar, hace que con la libertad, todo se pueda valorar, hasta las cosas que
antes no te llamaban la atención.
—Sí, así es, no sé ni cómo es que
acabé en una discoteca, debería estar leyendo en mi cuarto.
—Disfruta ahora que puedes, mi amigo
Lucas, me tiene harto con estos sitios, pero, tú, llevas demasiado tiempo sin
ver la luz, creo que debes agradecerle a mi hermana, siempre acaba liando
alguna.
Y unas mujeres elegantes y de
aspecto aún juvenil, se acercaron a ambos, Zandro, no sabía cómo lidiar con
estas cosas y se puso bien nervioso.
—Ah, qué hombre tan apuesto, así
rudo, con un parche y encima, madurito, ¿quieres que nos divirtamos en la
noche?
Zandro, se puso más que serio,
acababa de salir del infierno, pero, aún no le apetecían esas cosas, además,
todo le hacía sentir incómodo, ser llamado madurito, y recalcar el hecho de
usar un parche.
—Señorita, yo, es que, no voy a
poder aceptar, discúlpeme.
—Qué hombre más serio jooo, al menos
es educado, Lisa, anda, busquemos a otros hombres con ganas de marcha.
Le dijo aquella mujer a su amiga,
que también había sido rechazada por Mark.
—¿Nunca tuviste a una mujer con la
que solo con ella harías de todo?
Yo, creo que me enamoré, pero es un secreto.
Y Mark sonrió poniendo su dedo
índice en sus labios, pensando en Elizabeth, ya quería verla de nuevo.
Zandro, recordó el haber estado con
una mujer en su juventud, antes de caer en el infierno, pero, nunca, sintió a
su corazón arder, ni ese amor de verdad.
De pronto, un montón de gente
comenzó a montar un corrillo y, Anyelik, acompañada de los chicos, fueron a ver
qué sucedía.
Allí estaba James bailando, haciendo
piruetas increíbles, incluso parecía un bailarín profesional, muy diferente a
los bailes de Carl más propios de tribu, pero vistosos también.
El baile de aquel shinigami, era
totalmente increíble, parecido al break dance, algo urbano y acompañado de
saltos y de esas piruetas.
Anyelik, se había quedado
atontadísima, pues siempre, admiró a las personas que sabían bailar y, poco a
poco, él se fue acercando a ella, hasta que el escenario era solo para ambos.
Aunque, ella no bailaba ya que no se
le daba bien, no dejaba de verle, el cómo saltaba a su alrededor.
Gabriel quería ir allí y alejarla de
una vez, pero, ese joven, ahora no parecía querer hacerle nada, más bien,
parecía tratar de demostrarle el cómo bailaba, hasta que, se detuvo,
acercándose de una manera tan invasiva a ella, tan cerca de su rostro.
Gabriel hubiera ido ya, si no fuera
porque las luces se apagaron de golpe, provocando que todos se alarmaran allí,
pero, James, retuvo a Anyelik entre sus fuertes brazos para protegerla.
—Tranquila, nada pasará, esas luces
volverán.
—¿Cómo?
Y así fue, en nada volvieron y
James, allí tenía sus ojos, fijos en en alguien que nadie más podía ver.
Gabriel estaba en camino así como
los chicos, pero, una mano invisible, desabrochó sus pantalones bajándolos
delante de todos, mostrándoles sus calzoncillos azules y, tras eso, sintió una
poderosa nalgada.
—¡¿Qué demonios está pasando?!
Exclamaba subiéndose los pantalones
completamente avergonzado.
—¡Oye tú shinigami! ¡¿Lo hiciste con
algún tipo de poder?!
Le gruñía Gabriel, mostrándole un
lado suyo más brusco que ninguno de los chicos esperó.
—¡Qué dices! ¡Ni que tuviera poderes
mentales!
Más molesto estoy de que esa
fantasma se fijara antes en ti que en mí.
—¿Cómo? ¿Fantasma?
Se preguntaba aquel príncipe más
confuso aún, pero ahora, la nalgada, fue para Alejandro.
—¡Mierda! ¡¿Qué está pasando?!
¡Musculitos! ¡¿Quién se está dedicando a tocar culos aquí?!
¡Mi culo es sagrado y nadie lo puede
manosear!
—Es una mujer bonita con cara de
pervertida, vestida con ropas elegantes, pero no de mi tipo.
Les comentaba James, y ahora, le
tocó a Zandro el ser azotado, y con gusto, esa mujer fantasma le agarró bien
con fuerza, y las luces del lugar parpadearon una y otra vez, y con eso,
trasero tras trasero era azotado, Carl también tuvo que sufrirlo y Mark, James,
serio, tapaba sus nalgas, bien sabía, que al poder ver a la fantasma, no le
tocaría, pero todos los hombres atractivos del lugar, estaban siendo
manoseados.
A algunos les abría la camisa de
golpe, rompiendo los botones, a otros, bajada de pantalones.
Una chica hasta abofeteó a su novio
por dejar que la fantasma tocara sus partes prohibidas.
—Aaaah cariño, te juro que yo no se
lo pedí, no te enfades por favor.
Total, que se armó un jaleo
impresionante y ya, nadie sabía qué hacer, entre las luces que parpadeaban, los
manoseos, y el frío que invadió esa planta.
James, se encendió en fuego, así
como hacía Carl, y Anyelik, se sorprendió demasiado, provocando que este la
abrazara con más fuerza ya que empezaba a tener frío.
Fue ahí, cuando el dueño del local
al fin apareció, pidiéndole a esa fantasma en lo alto que todo se detuviera.
—¡Melisa! ¡Basta ya! ¡Si no paras!
¡No te perdonaré nunca!
Las luces al fin dejaron de
encenderse y apagarse, ahora estaban completamente a oscuras, solo se podía ver
gracias a James y a Carl que también se había encendido en fuego.
—Melisa, si pudiera, decirte que lo
siento.
Expresó aquel hombre bajando la
mirada, fue James, el que dijo aquello.
—Ella está molesta porque tras
morir, abriste este local, cree que no te importó su pérdida.
El señor alzó la cabeza, que había
estado gacha pensando que no lograría calmar a ese espíritu que parecía
conocer.
—Puedes... ¿Hablar con ella?
—Mejor aún, vas a escucharla tú
mismo.
Y aquel shinigami, se acercó a la
fantasma, besando su mejilla, ese era un poder de los de su especie.
—Tienes pocos minutos hasta que mi
poder deje de hacer efecto.
Y enseguida, ella, presente al fin,
mirando con cierta impotencia y dolor a ese hombre, sacó todos sus
sentimientos.
—¡Lewian! ¡Idiota! ¡Al fin me puedes
ver!
Gritó, al punto de romper en llanto,
pero, fue él quien lo hizo.
—¿Por qué lloras?
¡Yo debería hacerlo!
Íbamos... a escapar juntos, y
ahora... ¡Te veo aquí tan feliz! ¡Siempre rodeado de clientes bonitas más
jóvenes que yo!
Y Melisa, se agachó en el suelo,
echando al fin esas lágrimas, tapando su rostro en sus rodillas.
—¿No lo recuerdas? Mi padre no
aceptaba nuestro amor, así que, me llevarías muy lejos, muy lejos tú y yo.
Zandro, recordó el pasado tras
escuchar a esa mujer fantasma, momentos que llegaban como un deja vu.
—Si no fuera por esa enfermedad que
acabó conmigo... ¿De verdad me habrías llevado lejos?
—Sí.
Dijo al fin Lewian, dejando de
llorar, acercándose a ella, que aún seguía agachada, queriendo levantar su
mirada, pero sin tener la confianza aún para hacerlo.
—Yo, lo único que se me ocurrió tras
tu muerte, fue hacerme con mucho dinero, aunque ya no estuvieras, pero, tu
padre vería, que yo, iba a ser grande, y que, te habría llenado de lujos.
Siempre, viéndome como tan poca cosa
para ti, por ser de una familia humilde, no entendía, que el amor va más allá.
—Lewian...
Y ella, alzó por fin sus ojos
llorosos y Lewian, se agachó para ponerse a su altura.
—Si tu padre, me viera ahora ¿Crees
que me aceptaría?
Aunque...
Y miró a un lado con mucho dolor.
—Ya es demasiado tarde.
—¡No! ¡No es demasiado tarde!
Al fin intervino Anyelik, ambos la
miraron.
—De alguna manera, creo que, con la
reencarnación, todos nos volvemos a encontrar, podréis volver a estar juntos,
ya veréis.
Lewian, con una triste sonrisa,
cerró sus ojos por unos momentos.
—Pero, tengo muchos años a mis
espaldas, si ella volviera a nacer ¿Me encontraría antes de que pase más el
tiempo?
Soy un elfo, vivo la mitad que un
ángel, ya sería un maduro feo, feo, aunque con dinero.
—Lewian, tonto.
Y Melisa fue a su rostro, tomándolo
con sus frías manos.
—Aunque seas un abuelo, o un maduro
canoso, te seguiría amando. Si al menos, la reencarnación nos diera esa
oportunidad.
James al fin habló.
—Puedo darte una pequeña ayudita ya
que, eso es parte de mi poder.
—¿De verdad puedes?
Preguntaba un tanto ansiosa yendo a
él y James, posó su mano en su frente, provocando un pequeño brillo que salía
de su mano.
—Cuando vuelvas a nacer, le
recordarás tarde o temprano, ahora... ¿Podrías ir al reino de las almas de una
vez? Quiero seguir disfrutando de la noche.
Melisa sonrió y al fin, tras darle
un lindo beso a Lewian en sus labios, se desvaneció y todo regresó a la
normalidad.
Parecía que la fiesta podría
continuar, pero, unas ventanas se hicieron pedazos y allí, apareció Lala.
Continuará...
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