lunes, 5 de septiembre de 2022

Mi sobredosis de azúcar 3 El ángel nativo

 -Por favor ¿puedes caminar?

Pero ese ángel, parecía no entender lo que ella le decía, además, estaba sumamente débil como para tenerse en pie.

Anyelik, tomó su rostro algo fino con sus pequeñas manos, el joven miró sus bellos ojos.

Este tenía los iris entre verdosos, con unos toques de marrón claro, casi como miel, más, cuando ambos colores se fusionaban.

Su rostro tenía algunas rojeces debido a quemaduras del sol, también sus hombros, pues su piel, era bastante blanca, aunque no tanto como la de esa princesa, además, tenía algunas pecas, como varios lunares de tonos claritos, pero sin cubrir toda su piel.

Anyelik, sintió un gran dolor al ver las profundas ojeras que había bajo sus ojos.

Trató de que este se apoyara en ella, para lentamente, caminar hasta el palacio.

Fue a uno de los sirvientes que había en la planta baja, que le pidió ayuda para llevarle a su habitación.

Ya allí, le tumbó en su cama y tomó la jarra de la mesita de noche para llenarle un vaso de agua y que así, él bebiera.

Después, se incorporó para ir a su baño, enseguida trajo un pequeño barreño con agua y jabón.

Limpió su cuerpo con cuidado, mientras que él reposaba como si durmiera.

Tras estar algo limpio, tomó el telefonillo que había allí, casi nunca lo había usado, pero esta vez, le pidió a sus sirvientes subir algo de comida.

Con cariño, acarició su cabello, este, era muy, muy corto, castaño medio.

Y en sus orejas, traía puestos unos piercings de oro tipo colmillos, además de un tatuaje de un sol negro tribal sobre su ceja derecha, en su brazo izquierdo tenía más de esos tatuajes tribales.

Ese ángel, no dejaba de mirarla como embelesado, queriendo decirle algo, pero, con su debilidad, y al no saber el idioma, no lo hizo.

Al poco, subieron un plato de sopa y unos huevos con patatas.

El pobre devoró todo en cuestión de minutos, y, tras acabar, no pudo evitar darle un fuerte abrazo a Anyelik.

-Tranquilo jeje.

Decía acariciando su espalda con cariño.

-Seguro lo pasaste muy mal, quisiera saber qué te pasó.

Y al separarse, ella posó su mano en su pecho diciendo su nombre.

-Anyelik.

Y pasó a posarla sobre el pecho del ángel.

Este pudo al fin decirle cómo se llamaba.

-Carl.

Su voz era muy grave, algo gruesa también.

Anyelik sonrió y le tomó de la mano para que se levantara, y así, llevarle al baño en donde también había una bañera.

Allí, encendió el agua caliente y tomó una toalla limpia, después hizo unos gestos con sus manos y la esponja, para hacerle entender que se diera un buen baño.

Carl, pareció comprender y Anyelik, le dejó bañándose para ir hasta la habitación de Mark, allí seguía con Alejandro bebiendo.

-¿Sucede algo Anyelik?

-Voy a tomar uno de tus calzoncillos juju.

Es que, quiero disfrazarme de hombre para reírme un rato.

Alejandro entonces la detuvo.

-Eres un poco fetichista ¿no? Y con tu propio hermano.

-¿Pero qué dices? Pues dame mejor unos tuyos.

-¡¿Cómo?!

Alejandro, sintió que sus orejas comenzarían a arder en cualquier momento, pero trató de fingir.

-Uff, me perturba un poco eso.

-Pues si no me los das, me llevo los de Mark.

-Oye, ¡espera Anyelik!, no dije que no te los fuera a dar.

Pero ella le ignoró, tomando también una camisa y unos pantalones, y hasta unos zapatos, cosa que a su hermano le parecía más que raro, más porque todo le quedaría enorme.

De regreso a su habitación, fue hasta el baño, primero llamó a la puerta, y tras abrir, le encontró tapado con la toalla y allí le dejó la ropa.

Se llevó una sorpresa al verle salir con ella puesta.

Como Mark era mucho más delgado, su ropa le quedaba algo ajustada, más bien, apretada, que a pesar de ser delgado también, tenía musculatura y unos muslos fuertes y más gruesos.

Anyelik rio al verle así.

-No te pega nada la ropa de mi hermano.

Pero Carl no entendió nada y esta, le llevó hasta su cama para que pudiera dormir.

-Me cambiaré yo también jeje, esta será la primera vez que dormiré con un chico.

Y Carl, pareció sonrojarse un poco y eso que no sabía lo que le estaba diciendo, pero algo se intuía, y cuando al ratito, ella salió del baño, más rojo se puso por verla con ese lindo camisón.

Este era blanco, por encima de las rodillas y de tirantes, se veía realmente bonita y delicada así, y enseguida se metió en la cama para acurrucarse junto a él.

De alguna extraña manera, no tenía miedo, a pesar de ser un desconocido, sentía que era alguien bueno.

Carl, hubiera querido seguir mirándola por largo rato el cómo dormía a su lado, pero, enseguida, regresaron a él horribles recuerdos de una masacre, mucho fuego, destrucción.

Las lágrimas terminaron por caer, con unas inmensas ganas de gritar en lo alto, pero, lo último que deseaba ahora, era despertar a esa princesa, y, con cuidado, la rodeó con uno de sus brazos, calmándose al poco, al fin durmiéndose agotado.

-Parece que has fallado en tu misión.

Se escuchaba esa tenebrosa voz a través del espejo.

-Lo siento mi amo, no imaginé que esa princesa sabría despertar su poder, así, tan pronto.

Además, había un príncipe molesto de por medio que complicó todo.

Le decía Lala tratando de mantener la calma.

-Espero, que para la próxima vez, sepas cumplir con tu tarea, para eso te di parte de mi poder.

-No se preocupe amo.

Respondía tomando esa gema de su pecho con fuerza.

-Esa princesita será destruida sí o sí.

Y el espejo, regresó a ser un espejo normal y corriente.

Lala se tiró sobre la gran cama de su lujosa habitación, todo estaba lleno de peluches un tanto macabros, con ojos de botones y bocas cosidas, o si no, con un aspecto espeluznante.

-Esa princesa, y, ese príncipe o lo que sea, era demasiado guapo como para matarle jujuju.

¿Y si fuera mío también?

Entonces, se levantó para salir de su gran cuarto y así, gritar en lo alto que quería comer muchos dulces.

A pesar de ser de madrugada, todos los sirvientes de esa mansión se pusieron en pie para obedecer a sus necesidades.

Al fin estaba amaneciendo, la luz del sol se colaba entre las cortinas y Anyelik acabó despertando.

Sus ojos fueron a Carl, que ahora, estaba sentado, apoyado en la cabecera de la cama, con su cara toda roja y llena de lágrimas.

Anyelik se incorporó para ir a su carita y secarle esas lágrimas, la tristeza que transmitía ese ángel era inmensa, y, por alguna extraña razón, le dolía demasiado verle así.

-¿Qué te sucedió para estar así? Me gustaría tanto saberlo.

Decía secando delicadamente sus mejillas con las sábanas.

Pero las lágrimas no cesaban y Carl, ya no lo aguantó más, abrazándose a ella con ganas.

Ese fue el momento, en el que la puerta se abrió de golpe, allí estaba su padre muy furioso, detrás, su madre, Mark y Alejandro.

-¡Victoria! ¡¿Qué demonios hiciste?!

¡¿Trajiste a tu cuarto a un forastero?!

Han la apartó bruscamente, tomando a Carl del brazo para sacarle de allí, pero, Anyelik no lo permitió, agarrando la muñeca de su padre para que le soltara.

-¡Déjale papá! ¡Déjale en paz!

-¡¡Victoria!! ¡Esto ya es el colmo! Estoy más que cabreado.

¡¿Dormir con un hombre que ni siquiera conoces?! ¡¿Qué cosas te he enseñado?!

Gritaba con tanta furia, que parecía una bestia descarrilada.

-¡Voy a expulsar del reino a este forastero para siempre!

-¡¡Basta ya!!

Y jamás, nadie imaginaría, que tras desgarrarse la garganta, ese brillo volvería a salir de todo su cuerpo, echando a su padre varios metros, golpeándose contra la pared, dejando a todos atónitos, y a Gabriel, que acababa de llegar presenciando parte de los gritos de ese rey.

Anyelik, comenzando a llorar, se abrazó al pecho de Carl que estaba asustado.

-¡Ya basta! No quiero que esto vuelva a pasar.

Papá, ¡eres un monstruo!

Le gimió con rabia y dolor.

-Carl, durmió toda la noche agotado a mi lado y nada me pasó.

Entonces, se separó de él para acercarse a su padre aún más furiosa.

-Ni siquiera te paras a preguntar, que ya andas juzgando a alguien sin saber de su vida.

No me extraña que mamá no te ame, eres odioso y frío.

¡No quiero ser tu hija!

Han, no podía creerse aún lo que acababa de suceder, Aluna al fin, fue a su pequeña hija para abrazarla y tratar de tranquilizarla un poco.

Mark tuvo que ayudar a su padre a ponerse en pie, tenía algunos rasguños en su piel y rasgaduras en su ropa por el ataque de su hija.

Carl, no podía entender nada al no saber el idioma, pero podía sentir que nada estaba bien.

Anyelik, tuvo que sentarse en la cama, estaba temblando como nunca, no comprendía aún el porqué reaccionó así, incluso atacando a su padre, de nuevo, sacando ese poder.

Tan intenso, que logró lastimar a ese rey tan poderoso.

-Hija, tranquila, cálmate, ya pasó todo.

Decía Aluna acariciando su cabello.

-Mamá, no sé qué me pasa, pero, yo, siento, que debía proteger a Carl.

Por alguna razón, no quiero que papá ni nadie le dañen.

-No te preocupes, yo hablaré con él y le haré entender, pero trata de relajarte.

Alejandro y Gabriel, aún seguían mirando muy serios, ahora se habían quedado fijos en Carl, que parecía preocupado, pero no era capaz de posar su mano en el hombro de Anyelik.

Al rato, al fin pudo dejar de temblar, también de llorar, su madre entonces, la dejó allí, al cuidado de los dos chicos, para ir a hablar de una vez con su marido.

Alejandro, enseguida se acercó a Carl, bien de cerca, para tomarle del cuello de la camisa.

-¿Para qué viniste? ¡Habla!

Pero Anyelik le pidió que le soltara.

-Él no sabe nuestro idioma, no sé qué le sucedió, pero, mírale, tiene muchos rasguños por todo su cuerpo.

-¿Será algún bandido? A ver, muéstrame tus alas.

Seguía insistiendo Alejandro.

-Son marrones, como el chocolate, además, no creo que sea un bandido, él se ve muy triste desde anoche, debió vivir algo espantoso.

Gabriel al fin se incorporó, pues había estado agachado, tomando las manitas de Anyelik para hacerle sentir mejor.

Del escritorio que había al otro lado de la cama, tomó un cuaderno y un bolígrafo y se lo entregó a Carl.

-Creo que podría tratar de dibujarnos lo que le sucedió.

Dijo muy cerca del rostro de Anyelik, eso hizo, que regresaran los recuerdos de su beso y sintió que volvía a sonrojarse.

-Sí, sí, jeje, cómo no se me ocurrió esto antes.

Carl.

Dijo su nombre, entregándole el cuaderno y el bolígrafo.

Vaya con la cara de todos allí, al abrirlo, y, encontrarse con un dibujo, que Anyelik había hecho del mismísimo Alejandro en calzoncillos, atrapado en cintas rojas y blancas lo que le hizo tomar a la fuerza el cuaderno.

-¿Se puede saber qué es esto?

-¡¡Aaaaaaah!! Nada, nada, chorradillas ajajaja.

Carl, venga.

Trataba ella de desviar el tema, recuperando ese cuaderno y señalando una hoja en blanco.

Se llevó sus deditos a ambas mejillas, poniendo una expresión de tristeza, con ligeros pucheritos que a todos les parecieron muy tiernos.

Después, llevando uno de sus deditos al cuaderno, haciéndole entender que debía dibujar allí para explicarles todo.

Carl, enseguida, comenzó a dibujar una escena con mucha gente vestida como de alguna tribu, disfrutando, felices.

El el siguiente dibujo, la tribu parecía ser atacada por seres oscuros.

Había una batalla, y en el tercero, todos estaban muertos en el suelo.

Un hombre, al que Carl dibujó como un anciano, parecía estar agonizando, de su boca salió un pequeño dibujo que, mostraba a la mismísima Anyelik envuelta en fuego y Carl después, se dibujó volando, con la imagen de Anyelik en su mente.

Alejandro ya no se contuvo tomando de nuevo el cuaderno.

-Oye, explícanos eso de que Anyelik estaba en tus dibujos.

-Eh, cálmate, no vas a lograr nada así.

Le dijo Gabriel, posando sus manos en él.

-Es que no entiendo, si al menos supiera nuestro idioma.

-Alejandro, yo, le enseñaré a hablarlo, pero, no seas brusco con él.

Terminó diciendo Anyelik.

-¿Tú de profesora? ¿Con lo torpe que eres para los estudios?

Y allí se encontró con su ceño fruncido, inflando sus mofletes molesta.

-Alejandro, tonto, se me dará mal estudiar, pero al menos sé hablar mi propio idioma.

-¿Le enseñarás con dibujos picantes de esos?

La pobre, enseguida, apartó la mirada.

-Lo dibujé para burlarme de ti, por borde.

-¿Ah sí?

Y Alejandro se acercó mucho a su carita.

-Y para burlarte, ¿me tuviste que dibujar medio desnudo rollo bondage?

-Yo, yo, es que...

Gabriel al fin intervino más que serio.

-¿Queréis dejar de discutir?

Anyelik, recuerda que ahora soy tu prometido.

Este entonces, apartó a Alejandro para acercarse a ella que se quedó muy cortada viendo sus cristalinos ojos de cerca.

-No puedes dormir con cualquiera, así que, Carl, dormirá conmigo desde ahora, mi cama es muy grande, así que...

-¿Cómo? ¿Tienes esos gustos? Vaya, no lo imaginé.

Gabriel le echó una horrible mirada a Alejandro, acercándose a él demasiado, tomando una de sus orejas para pellizcarle con fuerza mientras que fingía calma, pero, con una mirada decidida.

-Soy totalmente hetero, además, la tengo más grande que tú.

-¡Aaaah! ¡Joder! ¡Mi oreja!

Maldito pijotero, ¿más grande que yo?

Jah, te dejas guiar por el dibujo de Anyelik.

-Obvio.

-Si me vieras desnudo ahora, tu orgullo de hombre se caería por los suelos, automáticamente, tendrías que quedarte con el indio este para sentirte algo.

Gabriel, sintió que sería capaz de perder esa compostura que parecía inquebrantable, pero, por suerte, se contuvo.

Carl, seguía preguntándose de qué estaban hablando tan acaloradamente, pero, Anyelik, acabó gritando que pararan de una vez y ambos chicos, hasta se asustaron un poco, más, recordando lo pasado hacía rato.

-No entiendo por qué os gusta tanto discutir, pero, no me apetece eso ahora.

Tengo, que hablar con mi padre, porque antes, no me pude contener y me pasé.

Y como si hubiera sido parte del destino, la puerta se abrió, allí, estaba él, completamente sanado gracias al poder de Aluna.

-¿Podéis salir todos de aquí?

Quiero hablar con mi hija.

Ambos obedecieron, no sin antes, tomar a Carl para sacarle también.

Han se sentó al lado de su hija, y ella, se puso de los nervios, ya que, no sabía si volvería a regañarle, así que, se adelantó.

-Papá, lo siento mucho por lo de antes, soy una mala hija, yo, no quería atacarte, lo juro, me salió solo.

-Lo sé, tranquila.

-Carl... ¿Qué harás con él? El pobre fue atacado, y mataron a todos los suyos, no podemos echarle.

Le pidió con sus ojitos llorosos.

-Puede quedarse.

Anyelik, no esperó que él dijera eso, así, tan fácilmente.

En ese momento, este, sacó un colgante de su bolsillo, era como una luna azulada, con dos alitas a los lados.

-¿Y esto?

-Tu madre ha decidido entregarte el báculo de la luna angelical.

Era su arma antes de crear la suya propia con su poder.

Han, tomó las manos de su hija para entregárselo.

-Es un báculo, que sólo pueden usarlo ángeles de enorme poder como ella y que tengan sangre de la luna.

-Pero... ¿Cómo voy a usar yo esto? Yo no soy tan fuerte como mamá.

Han regresó a su seriedad típica, pero no parecía enfadado.

-Victoria, ¿sabes por qué te puse ese segundo nombre?

-No.

-Porque, ese día, cuando tu madre estuvo a punto de morir, todos pensaron, que si ella vivía, tú, tendrías que desaparecer.

Incluso el mejor doctor del mundo llegó a pensarlo en un principio, pero, no fue así.

Han ahora, tomaba con un cariño especial, las manos de su hija, algo que la sorprendía, ya que no solía ser afectivo.

-Tú, lograste seguir con vida junto a tu madre, cosa que pareció un milagro.

Por eso, te llamé Victoria, además, quería que mi hija pudiera con todo en un futuro, como hiciste aquel día.

Anyelik ya no pudo aguantarse el llanto abrazándose a su padre.

-Anda, no llores tanto, debes ser más dura, mira como me dejaste antes tirado en el suelo, eso sí que no lo esperé.

-Papá.

Dijo pudiendo incorporarse.

-Carl, ¿es en serio que podrá quedarse?

-Sí, pero nada de dormir con él, recuerda que tienes un prometido.

No puedes ir dando esa imagen por ahí.

Anyelik pudo sonreír al fin, después, Han, salió de allí sin decir nada más.

Un calor rodeó todo su cuerpo y recordó a su ser invisible.

-Ser invisible, ¿me viste anoche dormir con Carl?

Espero no te hayas puesto celoso juju.

Y tras sus palabras, tomó aquel colgante para colgárselo en el cuello.

Con decisión, cerró sus ojos, y este, desapareciendo esa cadena plateada, tomó su aspecto real en sus manos.

Ahora era un báculo alargado, más o menos, tan largo como ella.

La luna azul, tenía un suave brillo y bajo ella, estaban las dos alas, además, entre dos gemas rojas, había unas anillas doradas, la base era dorada también, y parecía tener una cinta celestial envuelta en todo el mango blanco.

Anyelik, lo admiraba muy emocionada ya que, nunca imaginó tener algo así en sus manos.

Pero, en nada, este regresó a ser un colgante y decidió dejar eso de lado por ahora para ir a buscar a los chicos.

Pudo encontrarlos tomando el desayuno en el cuarto de estar de la planta baja, Mark estaba con ellos.

Nada más ver a su hermana, se levantó yendo a ella, provocándole un poco de apuro por si la regañaba.

-Anyelik, así que, vas a ser la profesora de ese ángel.

Estoy muy sorprendido, aunque, junm, ya te vale entregarle mi ropa.

-Lo siento por mentirte anoche Mark, no sabía qué hacer.

Pero este le sonrió amablemente, cosa que la tranquilizó.

-Gabriel se ha ofrecido a comprarle ropa, pues según escuché a padre, parece que se quedará aquí.

Además, siento que mi estilo a la hora de vestir, no le pega nada.

Y en efecto, todos le echaron un ojo, el pobre Carl, sí parecía sentirse algo incómodo con esa ropa tan refinada, más, porque no era de su taya, aunque él era más o menos tan alto como Mark, lo cierto, es que todos tenían una altura similar.

Anyelik se sentía una completa enana ante chicos tan altos.

Al final, se sentó entre Carl y Gabriel, y, en un ratito, un camarero le sirvió una porción de tarta de chocolate muy grande, con una taza de leche con cacao.

Carl, se sorprendió al ver cómo ella se comía todo con mucho gusto. Como era tan delgada y bajita, no pensó que se pudiera terminar la porción entera.

Alejandro y Gabriel, no le quitaban el ojo de encima, más porque no dejaba de mirarla.

Mark, se daba cuenta de todo, aún se preguntaba, qué se les pasaba por la mente a los tres, porque parecían muy interesados en su hermana y él debía protegerla.

Al rato, los cuatro se marcharon a la ciudad para ir de compras.

Carl, no dejaba de sorprenderse al ver lo modernas que eran las ciudades.

Calles preciosas llenas de tiendas y edificios, escaparates con tecnologías que él no usaba en su tribu.

Suelo empedrado grisáceo, puertas de madera con diseños de lo más variopintos, cada edificio tenía un aspecto diferente, con un estilo antiguo que se había conservado a lo largo de los siglos.

Y cuando se quedaba parado frente a esos escaparates, hasta a veces se asustaba un poco viendo a algún aparato funcionar con alta tecnología, más bien se sorprendía demasiado y le picaba la curiosidad de tener algo de eso en sus manos.

Algunas mujeres que pasaban, le miraban de arriba abajo casi como si se le comieran con la mirada.

El pobre, con esa ropa que le quedaba tan apretada, se veía muy atractivo.

Ambos chicos andaban preocupados echándole el ojo a Anyelik que le guiaba todo el tiempo.

Cuando Carl señalaba algún objeto, ella le decía su nombre, así todo el tiempo.

Alejandro, iba muy pegado a Anyelik por detrás, y Gabriel lo mismo, parecían competir para ver quien estaba más pegado a ella.

-¿Qué te pasa diablillo? ¿Celos de ese ángel?

-Anda, eso será lo que tú sientes, él se ve muy atractivo y marcado, mucho más que tú.

-Deberías verme sin ropa, te aseguro que escondo un físico cuidado y trabajado debajo.

-Unnm sí, así que, sí eres bisexual.

No gracias, no me interesas, creo que me sangrarían los ojos si te veo desnudo.

-Oye diablillo del...

Y Gabriel parecía estar perdiendo su paciencia tomando uno de los cuernos de Alejandro, pero Anyelik se dio la vuelta en esos momentos, y ambos tuvieron que actuar como si nada estuviera pasando.

Al fin llegaron a la calle comercial, en donde había muchas más tiendas y de todo tipo, de ropa, había ni se sabe, de aparatos para el hogar, papelerías, cafés incluso, de todo, además, era de las más amplias y largas, por lo que no podías aburrirte de ver y más ver.

Acabaron entrando en una tienda de ropa masculina, había gran cantidad de estilos muy parecidos entre sí con toques victorianos.

Aunque el resto de tiendas también tenían de ese estilo, siempre había ropa diferente para los que no gustaban vestir así, Anyelik, por ejemplo, nunca usaba la ropa Victoriana, sus vestidos eran femeninos, más delicados, sin corsés ni nada similar.

También le gustaba llevar falditas con medias oscuras o blancas, o jerseys amplios.

Carl, tuvo que probarse varios trajes y el pobre siempre se sentía incómodo con cada uno de ellos.

Gabriel y Alejandro, le miraban de arriba abajo celosos por ver a Anyelik tan atenta a él.

-Señor.

Dijo ella refiriéndose al empleado.

-¿No tiene otro estilo de ropa?

-No señorita, ahora esta es la ropa más vendida en Anoriath, todos buscan el estilo elegante, así, como el señor Gabriel.

Gabriel se sintió orgulloso, más porque era reconocido en el lugar frente a Anyelik, aunque trataba de fingir en esos momentos que aquello no era algo relevante.

-Viste vampirillo, aquí admiran mi estilo, ni siquiera te echó un vistazo el empleado.

-Como si eso fuera la gran cosa, eso de ir a la moda me parece tan estúpido.

Prefiero llevar mis chaquetas oscuras y pantalones más a mi rollo.

-Típico de un demonio.

-Bueno chicos, vámonos de aquí.

Los interrumpió Anyelik y estos actuaron como si nada.

-Creo que esta tienda no va con Carl, busquemos una más informal.

Y rebuscando y más rebuscando, al final dieron con una tienda, en la cual, Carl se quedó mirando el escaparate, al fin, una con un estilo más diferente y no tan elegante.

No era, ni estilo victoriano, ni tampoco oscuro como el de Alejandro, que solía ir con ropa negra, aunque también de buen gusto.

Aquí, vendían ropa más básica, vaqueros y camisetas sencillas, jerseys de lana, deportivas en vez de zapatos elegantes.

En cuanto Carl se probó esa ropa, sin duda Anyelik se emocionó.

No eran de esos vaqueros tan ceñidos como los de Alejandro, pero por los fuertes muslos de Carl, en esa zona sí le quedaban más apretados, aunque se sentía mucho más cómodo.

-Carl, este es genial.

Y ella levantó su dedo pulgar sonriendo.

Carl, pudo entender, que a ella le gustaba cómo le quedaba esa ropa, y Gabriel le compró bastante así como calzoncillos y calcetines.

Se dejó un montón de dinero en esa tienda y Alejandro no pudo evitar dejar ver unos de sus colmillos, mientras que le decía que si se creía mucho por tener pasta.

Decidieron que ya era hora de volver a palacio, pero enseguida, Anyelik tomó la mano de Carl para llevarle a una papelería que había de paso.

-Mirad chicos, aquí venden de esos cuadernillos para niños que están comenzando a leer y escribir.

Esto será perfecto para ser la maestra de Carlitos.

-¿Carlitos?

Dijo Gabriel un tanto picado.

Y tras tomar unos cuantos de esos cuadernillos, Anyelik pagó por ellos, pero, una explosión, les provocó a todos un gran susto.

Tras la nube de polvo, un nuevo reon apareció en la calle, y todos afuera, corrían y gritaban asustados.

Alejandro tomó a Anyelik contra su pecho y Gabriel sacó su espada.

Pero, justo en ese preciso instante, los ojos de Carl se encendieron y cambiaron a un tono rojizo intenso, mientras que su cuerpo, se envolvía en un aura anaranjada, y sin que ninguno se lo esperara, este salió de aquella papelería, sacando de sus manos un gran vendaval de fuego que envolvió al reon, el cual, empezó a retorcerse de dolor y Lala, enseguida bajó para no quemarse.

-¡Aayyy! ¡Casi quemas mi vestido nuevo! ¡Qué desconsiderado!

Oh, vaya, otro chico guapo.

Y el reon logró al fin deshacerse de ese mar de llamas.

Carl estaba demasiado furioso en esos momentos, parecía haber perdido el control porque voló hasta aquella bestia ante la mirada de Anyelik y los chicos.

-Esa criatura, ¿no se parece a los dibujos que hizo antes?

Comentó Alejandro que sacaba su espada.

-Sí, ahora que me fijo, eran reon los que tuvieron que atacar a su tribu.

¿Qué demonios está sucediendo? ¿No iban tras Anyelik?

Carl luchaba ferozmente, golpeaba a ese ser del mal con fiereza, con sus puños envueltos en fuego y Lala, le miraba con curiosidad.

-Vaya, como no haga nada, se va a cargar a mi nueva mascotita en cero segundos.

-¡Anyelik!, quédate en la tienda.

Le pidió Gabriel, pero Anyelik se negó.

-No, ahora, tengo esto.

Y tomó el colgante haciendo que el báculo se liberara.

Pero al intentar usar el poder de éste, se descontroló por completo lanzando rayos celestes en todas las direcciones provocándole un grito por el susto.

-¡Aaaah! Pensé que esto sería más sencillo de usar.

-¡Anyelik, déjalo!

Gritó Alejandro apartándola, pero Lala, en el descuido, le lanzó uno de sus rayos oscuros, aunque lo resistió bastante bien sacando después sus alas negras.

-¡¿Qué coño hiciste?!

-Oh, y tú también eres lindo, pero, a mí me gustan los ángeles, los demonios no son de mi gusto.

-¿Y esta pirada? ¿Crees que eso me importa ahora?

Y de un rápido movimiento, logró acercarse mucho para rasgarle el vestido, tratando de herirla, lo que le provocó un grito en lo alto.

-¡Aaaaaah! ¡Qué pervertido desgraciado!

¡Has roto mi vestido maldito!

¡Eso no te lo voy a perdonar!

Fue ahí cuando comenzó a luchar, Gabriel le pidió a Anyelik que sí o sí, se quedara en la tienda y al final, tuvo que obedecer.

De nuevo, se sentía tan poca cosa, ahora tenía el báculo de su madre, pero, no sabía ni usarlo.

Y ahora, Lala se encontraba arrinconada por ambos chicos y el reon ardía por el poder de Carl que seguía luchando contra él.

-Ellos, parece que no necesitan de mi ayuda.

Pensó esa princesa, agachándose en el suelo, con ganas de llorar.

-No creo ser tan fuerte al fin y al cabo.

-¡Chicos! ¡Esto es muy injusto! ¿No veis que soy una damita? ¿Vais a atacarme?

Lala, les decía aquello tratando de seducirles con su tono de voz, pero no parecía causar efecto en ellos.

-¿Damita? No me hagas reír.

A mí no me gustan los ángeles, menos, los que usan el poder oscuro para dañar a otros, eres una mierda miserable.

Alejandro se lo dijo con tanto desprecio, incluso intimidándola con la espada, y ella, se sintió acorralada.

-Ja, por eso no eres de mi gusto, ese ángel que tienes al lado es mucho mejor y más educado.

-Pues tú a mí no me agradas nada, además, tienes muy mal gusto respecto a la moda.

No estás para nada a mi altura.

-¡Qué maldito! ¡¿Mal gusto?!

Lala, estaba tan furiosa por sus palabras, que en nada, se envolvió en un aura de un azul oscuro, y, con la onda expansiva que produjo, mandó a ambos chicos contra la pared del edificio, pero, por suerte, no se lastimaron.

Después, voló hasta Carl, poniéndose entre él y el reon.

-Junm, este entonces, será para mí.

Y Carl, en respuesta, del fogonazo que le impactó sin ningún miramiento, hizo que su vestido ardiera quedándose completamente desnuda.

-¡¡Aaaaaaaah!! ¡Por dios!

Gritó avergonzada, tapándose como pudo.

-¿Por qué estos hombres son tan mal educados con una dama como yo?

Tuvo que tocar la gema de su pecho para desaparecer lo antes posible, y, tras eso, Carl pudo al fin acabar con el reon, logrando sacar una espada hecha de llamas, con la cual, hizo caer su cabeza y este, murió desvaneciéndose.

Aun así, Carl, se sentía lleno de furia y ansiedad, respiraba agitadamente y tanto Gabriel como Alejandro, trataron de calmarle.

El fuego que desprendía, a punto estuvo de quemarlos y Anyelik, al fin se armó de valor para salir de aquella tienda, encontrándose con Carl tan alterado y con sus ojos completamente rojos.

Incluso, reventó las cadenas de Gabriel, que trató así de apresarlo por el miedo a que hiciera algún estropicio en su estado.

Anyelik voló hasta estar frente a él, y pensó que quizás hasta sería atacada, pero Carl, al ver sus bellos ojos amatistas llenos de tristeza, así, mirándole tan de cerca, poco a poco, fue bajando el aura de fuego que desprendía y, Anyelik, acabó por lanzarse a sus brazos, cosa que logró tranquilizarle al instante, haciendo que sus ojos recuperaran su color claro como la miel.

-Anyelik.

Dijo al fin su nombre.

-Ya Carl, ya pasó.

Y le miró con dulzura, tomando su rostro con sus manitas, como la otra vez.

-Vamos a casa.

-A casa.

-Así es.

Carl y Anyelik, descendieron hasta el suelo, Alejandro y Gabriel, aún no entendían qué había sucedido, pero el que Anyelik hubiera logrado calmarle así como si nada, era algo a lo que no podían dejar de darle vueltas en la cabeza.

El resto del día, esa princesa se la pasó haciendo de maestra para Carl, que sonreía como atontado mientras que ella le enseñaba palabras sencillas, y, Alejandro y Gabriel, observaban tras la puerta más celosos que nunca.

Mark, les pilló por la espalda y los pobres se llevaron un gran susto.

-Chicos, anda, dejadlos tranquilos, además, tengo que pasar.

Cuando Anyelik le vio entrar se emocionó, ya que, este, traía ricos jugos de frutas para ambos.

-Qué bueno verte tan ilusionada haciendo de maestra.

-Estoy tan feliz hermanito, ya hasta sabe algunas palabras básicas.

-¿Esto?

Señaló Carl a los jugos.

-Esto se llama, jugo de frutas.

-¿Jugo?

-Así es.

En ese momento, Carl tomó el cuaderno, e hizo un dibujo rápido de dos personas juntas, un chico abrazando a una chica con mucho cariño, con un corazón alrededor que los envolvía.

Después, se lo mostró a Anyelik, y Mark, seguía preguntándose cosas bastante sorprendido.

-Esto, nombre.

-¿Esto?

Y Anyelik sonrió con esa dulzura suya para decirle aquello.

-Amor, esto, es amor.

La puerta se abrió del golpetón y Gabriel y Alejandro, cayeron al suelo dándose ambos un buen mamporro.

-Chicos, ¿qué hacéis aquí? ¿Nos estabais espiando?

-Anyelik.

Dijo Gabriel levantándose, acercándose a ella como si nada pasara, muy calmado.

-Recuerda, debo cuidar de ti ahora que soy tu prometido.

-Gabriel, no te preocupes.

Respondió con una amplia sonrisa.

-Carl se ve que es un chico muy bueno jeje, no tienes porqué estar detrás todo el tiempo.

-Bueno, aun así, desde ahora, él dormirá en mi habitación y, hoy, vas a tener una primera noche conmigo.

Menudas las caras de todos allí, menos Carl, que seguía sin entender nada.

-Maldito seas, ¡tiene diecisiete años Gabriel!

Gimió Alejandro apartándole de ella que estaba más roja que nunca.

-¡Aaah! ¡No me refería a eso mente sucia!

Solo quiero dormir con ella, no soy tan depravado como tú.

Mark, tuvo que dejarles discutir, y calmado, se fue con una pequeña sonrisa.

Aún se preguntaba, qué era lo que sucedía con su hermana.

Parecía haber enamorado a esos tres chicos a primera vista.

Al poco, recibió un mensaje de su mejor amigo Lucas.

Este, le estaba esperando afuera de palacio para ir por ahí juntos.

Era su único mejor amigo en el reino desde que eran niños.

Lucas, era un joven apuesto, de cabello largo y liso como él, pero en vez de albino, era de un negro puro, y con ojos rojizos.

-Lucas, aún no he cenado.

-Lo sé, yo tampoco, es bueno que a veces te saltes esas normas estrictas de tu padre, no hay nada de malo en salir y tomar en la noche.

-Ains, lo sé.

Lucas, le dio una ligera palmada en el hombro para que tratara de animarse, a menudo, Mark se sentía apagado, más, esos últimos años.

-Anda, anímate, aún puedes hacer vida de soltero y divertirte.

Venga, que Max no está esperando cerca.

-¡¿Max?!

Exclamó bastante molesto.

-No me agrada, es un salido y siempre anda de juergas, detesto su personalidad egocéntrica.

-Tranquilo.

Y ahora la palmada fue en la espalda, pero algo más fuerte.

-Solo es un hombre encerrado en la mente de un chiquillo mimado.

Olvida un poco que es un tanto molesto y disfrutemos de la noche.

-aaarg, me disgusta que tengas que salir con él y solo porque su padre ayudó al tuyo en un pasado.

Pero Lucas no respondió y, en nada, se toparon con un ángel muy bien vestido, con las ropas más caras que hubiera encontrado en su armario, peinado con todo el cabello rubio engominado hacia atrás, y con la blusa abierta, mostrando un poco de su pecho.

-¡Eeey! Hoy nos vamos a pillar cacho.

Dijo dándoles a ambos, fuertes palmadas, que hasta casi los hace caer hacia adelante.

-Tengo muchas ganas ya que llevo una semana a dieta.

¡A gozar la noche!

-¿Una semana? No exageres, yo llevo tres meses.

Continuó Lucas.

Mark, detestaba hablar de sexo ya que nunca le había llamado la atención.

Lucas, al principio, era como él, pero se acabó metiendo un poco en ese mundo, aunque muy de vez en cuando.

Y cuando llegaron a aquel local decorado con luces de neón, Mark, se echó un poco hacia atrás al leer el nombre que se encontraba en lo alto con letras rosadas.

-¿Ciber sueño? ¿Qué es esto?

-Mi local favorito, chicas lindas preparadas para recibir mi paquete y sobar mis músculos sin reparo.

-Esto no va conmigo.

Siguió diciendo este, pero Max le obligó a entrar a la fuerza.

Era una especie de discoteca para hombres, donde bellas ángeles, hadas y elfas, bailaban medio desnudas entre luces de colores mientras bebías alcohol, o, si no, tenías un lugar privado en la planta superior, según Max les explicaba, para tener noches locas.

Ya, nada más entrar, el guardia les dio el visto bueno gracias a sus vestimentas caras, además, Max, le dijo que eran sus acompañantes, ahí Mark se hizo a la idea de que era un local para hombres pudientes, y, que Max, lo había frecuentado demasiado y sería un cliente vip.

-¿Esto es una especie de prostíbulo?

Terminó explotando ese príncipe, pero, Max, le hizo de sentarse en un lujoso sofá.

-Algo así principito, pero, de lujo.

Venga, disfruta esta rica noche, moja de una vez el churro por dios.

¿Te vas a casar virgen?

Mark no supo qué responder, estaba buscando las palabras correctas debido a la incomodidad que sentía, pero ese ángel le siguió hablando.

-Primero, ten un poco de experiencia, ¿no querrás tener hijos ya sin tan siquiera haber disfrutado un poco de tu marianito?

-¡Dios mío Lucas! ¡¿A qué lugar me estáis metiendo?!

Gimió con la intención de marcharse en cualquier momento, pero una mujer voluptuosa y de piel morena, se le sentó encima, tomando su fina cara con la intención de darle un buen beso y Mark, hizo lo que pudo para que no pudiera conseguirlo.

-Venga guapetón ¿no quieres un besito de tu Lolita?

-No-no, no lo quiero, pido disculpas.

Y Max se empezó a reír en lo alto, como si se burlara, y lo mismo esa mujer.

Lucas era el único que no se estaba riendo.

-Anda, déjame mostrarte lo que es una mujer.

Esta, entonces, se levantó para ir a sus pantalones y tratar de desabrocharlos, pero Mark la detuvo enseguida.

-He dicho, que no quiero.

Terminó sacando su carácter al fin, levantándose para ir a buscar el baño y mojarse toda la cara, con el propósito de irse de allí lo antes posible.

-Déjale Lolita y ven conmigo que hoy estoy que ardo.

De solo ver el cómo revientas ese sostén con tus tetazas, estoy a mínimo de esto de rasgar mis bóxers.

-Unmmm jujuju, mi Max, tú sí que sabes.

Y se agachó entre sus piernas mientras que ese ángel narcisista, sacaba un buen fajo de billetes.

Mark, no entendía nada, Lucas, cada vez se estaba dejando llevar más por ese tipo engreído, no podía creerse que fuera el mismo chico de un pasado.

A su mente, llegó el día en el que le salvó de unos ladrones que se topó al caminar por una mala calle.

Había discutido con su padre, de las pocas veces que era capaz de llevarle la contraria, por esa razón, decidió escaparse, sin tan siquiera hacer una maleta ni nada, tan apresuradamente, acabando en uno de los peores barrios, completamente solo.

Si no fuera por ese ángel salvador, no lo habría contado, y, desde entonces, se hicieron los mejores amigos.

Ahora calmado, decidió marcharse de allí, pero, al salir del baño, una música un tanto diferente, le llegó a los oídos y se dejó guiar por ella, llegando hasta la parte más alejada de la entrada, en donde había como una plataforma de madera, con bombillas de colores incrustadas en ella y una barra, y sobre ella, una bella figura que bailaba como nadie.

Pensar que se quedaría embelesado viendo a una mujer bailando pole dance, jamás lo habría imaginado.

Acercándose lentamente, esa joven, algo más delgada, pero, con unas delicadas curvas, se movía tan hermosamente, como fusionándose con la música con cada uno de sus movimientos.

Su cabello, era largo y rubio, con dos grandes tirabuzones enfrente y el resto, algo más liso.

Su flequillo era algo corto dejando ver sus cejas.

Su piel, pálida, con pecas, y, esos ojos que se clavaron en él, pudo reconocer el tono a pesar de todas las luces que la rodeaban, eran amarillos, tan bonitos como un día soleado.

Esos ojos, ella, no tenía la esencia de las demás mujeres de ese lugar.

Incluso su manera de bailar era tan mágica y elegante.

Los tipos babeaban viéndola, como si no supieran apreciar ese arte, esa danza, como bestias primitivas que sólo ven la carne.

En uno de sus movimientos, logró ponerse bocabajo sin ningún esfuerzo, con su blanca pierna en lo alto, dejando ver sus alas de un blanco tan puro.

A Mark le llegó un agradable aroma a flores.

«Aaah, será posible»

«Nuca vi una mujer que realmente sintiera que es mi tipo físicamente»

Pensaba y más pensaba.

Quería acercarse mucho más a ella, quería hasta tocarla, pero, un par de tipos se le fueron a adelantar.

Uno de ellos, la tomó a la fuerza deteniendo su baile.

-Preciosa Elizabeth, vente esta noche conmigo, estoy tan cachondo de verte bailar.

-Roco, me estás haciendo daño.

-¿Y eso? Es por las ganas que tengo de que nos vayamos a la cama.

-Está bien, pero, por favor, suéltame, en verdad me estás lastimando.

Y aquella joven trató de apartar esa mano de su muñeca, pero, ese mal hombre, la echó al suelo bruscamente provocándole un pequeño gemido de dolor.

-Oye puta ¿Te me estás rebelando?

-No, no es eso...

Sin duda, estaba dispuesto a golpearla, pero Mark, ni lo pensó dos veces, tomó su largo cabello peinándolo hacia adelante para tapar un poco su rostro y le propinó un fuerte puñetazo antes de que pudiera ponerle la mano encima.

Aquel hombre hasta cayó al suelo por la potencia con la que fue golpeado.

-¡Qué malditas hostias!

Gruñó como una fiera mientras trataba de ponerse en pie, que, por lo orondo de su cuerpo, le costó un poco, y cuando lo logró, se sacudió su ropa que también era de aspecto caro, ropa que abundaba en ese lugar, lo cierto, es que no había nadie con malas pintas, aunque, por mucho dinero que tuvieran, la educación la dejaban atrás para sacar lo peor de sus almas.

-No me jodas ¿me ha tumbado un tirillas como tú?

-¿Tirillas yo?

Y Mark intimidante, se puso frente a él demostrando que era mucho más alto, aunque eso sí, con una gran diferencia en cuanto al peso.

El otro hombre que había subido a la plataforma, era algo más alto que aquel entrado en carnes, e, inesperadamente, agarró a ese príncipe por la espalda, y ese tal Roco, ya sentía que tenía las de ganar, pero, ninguno esperó, que Mark, lograría esquivar el golpe, regalándole un tremendo rodillazo en su gran vientre, y de un codazo, se liberó sin problemas.

Total, que una horrible pelea comenzó, una pelea en la que ninguno pudo con aquel príncipe, y, esa joven, no podía dejar de verle, con algo de sorpresa y curiosidad.

Y cuando menos se lo esperó, Mark, la tomó en sus brazos, era tan liviana que no le supuso ningún problema.

-¡Oye! ¡Suéltame!

Expresó tratando de liberarse de los brazos de Mark, que no esperó que fuera a reaccionar así.

-No, espera, yo, solo...

Fue en ese descuido, que Roco pudo atraparle por su largo cabello dándole un fuerte tirón.

-¡Venga niñato! ¡Suelta a mi fulana! ¡Yo la vi primero!

-Oye, ¿quién te dijo que la quiero para sexo?

-¿Y entonces?

Mark le miró con una seriedad que hasta daba miedo y aquella chica, aún en sus brazos, ya sí que no entendía nada de nada.

-Yo sólo la defendía de brutos como tú.

Todos allí comenzaron a partirse de la risa.

Al final, Roco tuvo que calmarse, porque casi se ahogó de las carcajadas que cargó.

-¿No sabes para qué es este lugar?

Juunmm, ahora que me fijo...

Dijo curioso, tratando de reconocer sus rasgos tras esos mechones de cabello.

-Tu aspecto me resulta un tanto familiar.

¿Cuántos albinos te puedes encontrar en esta ciudad?

Aquel príncipe, sintió que todo estaba perdido, pero Lucas, entró en acción, golpeando al hombre en toda la cara para después, tomar a su amigo del brazo.

-Anda, vámonos ya de aquí.

-Pero, esta chica...

-Mark, es su trabajo, déjala, ya está acostumbrada a tratar con todo tipo de hombres.

Y le echó una mirada que aún estaba entre sus brazos.

No sabía qué hacer en esos momentos, pero, el guardia de la entrada, que era aún más alto que él, apareció al fin, tras enterarse del jaleo que había al fondo.

-Oye, ¿pretendes llevarte a una de nuestras chicas?

Suéltala si no quieres vértela con mis puños.

Anda y márchate de aquí si no vas a tener sexo.

Pero Mark, en vez de obedecer, sí soltó a esa joven, pero, no para irse, si no para darle el peor de los golpes a ese gran tipo.

Lucas acabó suspirando, sabiendo que no le quedaba más remedio que ayudar a su amigo.

La pelea ahora, sí que fue brutal, golpes y más golpes, Max, escondido tras unos sofás como el cobarde que era y al final, a pesar de que Lucas le imploró que no lo hiciera, Mark tuvo que sacar el cetro del sol, para lanzar a todos los tipos varios metros lejos de él y salir corriendo de allí, no sin antes, llevarse a la joven con él en sus brazos.

Mientras tanto, Anyelik, estaba más que nerviosa, ahí, encerrada en el baño de su habitación tras haberse puesto su camisoncito.

Gabriel, ya la estaba esperando en la cama, y, al final, tras cerrar fuerte sus ojitos, abrió la puerta encontrándosele en calzoncillos nada más, provocándole un pequeño gritito del apuro.

-¿Qué sucede?

-Ga-Gabriel, llevas poca ropa.

-¿Y eso?, ya me viste ayer cuando tu madre fue a curar mis heridas.

Además, no me olvido, que le cambiaste de ropa a Carl.

-¡Noooo! Carl vino vestido con una especie de taparrabos, pero, no le vi desnudo, te lo juro.

Gabriel, ya no se contuvo, tomándola en sus brazos para tumbarla en su cama, poniéndose sobre ella.

-Esta noche, vamos a tratar de tener un bebé.

 

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