Gabriel tomó la pequeña mano de aquella princesa, pero, en ese momento, algo dominó su mente, y un recuerdo de sus pesadillas regresó.
—¿Qué es el amor?
Tuvo que apartar su mano enseguida dejando ver una pequeñita sonrisa para
que él no se sintiera mal.
—Ahora, ¿saldremos?
Preguntó a ese ángel.
—Esa era mi intención, dar un paseo por Milenium para después, cenar en un
restaurante.
¿Te gustaría?
Y Gabriel la miraba a los ojos con una expresión tranquila y calmada.
—Claro, solo espera que me arregle un poco el cabello, no tardo nada.
Anyelik no esperó una respuesta de este y rápidamente, subió a su
habitación con la mente llena de preguntas y muy insegura con la situación.
—¡Aaaah! No entiendo qué pasó ser invisible, pero, debo salir de alguna manera
sin que sepan que soy yo.
Decía en lo alto rebuscando en su gran armario.
—Ahora me quitaré la ropa, no se te ocurra mirar o te castigaré con azotes
por la eternidad.
Gabriel esperaba en el gran salón junto a Mark mientras que tomaban un té
delicioso.
—Mi hermana, es una chica especial, a lo mejor, en un futuro, logre sacar
su poder interno.
—Me encargaré de que así sea.
Y fue ahí, cuando ambos vieron pasar a la mismísima Anyelik, vestida, con
un traje masculino, un sombrero estilo boina, todo de gris y blanco, y lo más
chistoso, fue ver ese bigote postizo que se había puesto sobre sus labios.
Mark, tuvo que tomarla del hombro antes de que pudiera escapar.
—Con que... ¿usando mi ropa de cuando era niño?
¿Creías que así nos engañarías?
—Perdone, yo soy Anyelo, un nuevo sirviente.
Fingía ella, aún sabiendo que no lograría nada.
—Como padre te vea se enfadará, anda a ponerte ropa de mujer ahora.
No esperó ninguno, que Gabriel se acercaría, tomando esa boina, dejando
libre todo su largo cabello que había ocultado bajo ella.
Este pudo reír ante la situación, más por ese bigote.
—No creo que sea malo que vaya vestida con un estilo masculino, si así se
siente cómoda, aah, eso sí, el bigote sería mejor quitarlo.
Y agachándose un poco para mirarla a los ojos desde la misma altura, tomó
ese bigote con cuidado para retirarlo, en verdad, ese ángel de cerca era
demasiado guapo.
Tenía las pestañas muy largas y eso a Anyelik le llamó la atención.
—Tienes que acercarte a ella como sea.
¿Lo has entendido Lucy?
—Sí mi amo.
—Aaaah, te dejé con vida a pesar de tu fracaso hace diecisiete años, espero
que esta vez el plan salga como esperamos.
—Así será mi amo.
Y aquella mujer, se alejó de ese gran espejo, sintiendo un inmenso odio en
su interior.
En el jardín de aquella mansión vieja y muy descuidada, había un gran
estanque en donde, tras desnudarse, se introdujo.
Su cuerpo de aspecto humano, pasó a ser el de una sirena de cola negra, al
igual que su cabello, el cual era muy liso.
—Maldito Yeivh, ¡eres una basura!
Solo, solo te sirvo, porque, no me queda otra opción, pero, eso será por
ahora.
Por la calle, la gente y criaturas miraban curiosos a Anyelik por ir
vestida de esas maneras.
—Ga-Gabriel, ¿no te sientes incómodo por ir a mi lado?
—¿Y por qué debería sentirme así?
—Es por cómo voy vestida, además, nos están mirando, bueno, más bien a mí.
Gabriel entonces, acarició su cabecita con cariño.
—Es algo curioso y divertido para mí, no te preocupes.
Además, si todos los ojos van a ti, será mucho mejor, estoy cansado de
atraer las miradas cada vez que salgo y solo por ser el príncipe del segundo
cielo.
Anyelik no supo qué responder.
En verdad parecía alguien de buen corazón, pero, no entendía el porqué
escuchó aquello en su mente hacía rato.
—¿Qué te gustaría hacer hoy? Iré donde desees.
—Yooo, es que... joooo.
La pobre Anyelik se puso de los nervios bajando la mirada.
—¿Qué es?
—Bueno, hoy, no comí y yo, pues, amo comer.
—Así que, ¿quieres ir ya al restaurante?
—Ejejeje, me has pillado.
Y le miró con una sonrisilla muy avergonzada.
No esperó que tomara una de sus manitas y durante todo el camino, fueron en
silencio.
«¡Aaaah! ¿Por qué este chico tomó mi mano?»
Se preguntaba en su mente, después, le echó un ojo a su mano, tenía sus
uñas bien cortadas y arregladas, se notaba que estaba bien cuidado.
Su apariencia dejaba ver que era alguien importante, llevaba unos
pantalones blancos algo ajustados y la forma de sus muslos era bonita, parecía
tener un buen físico bajo la ropa y no pudo negar que era su tipo.
«Junmm ¿Él es tan guapo como Alejandro?»
«Joooo ¿qué estoy pensando?»
«Le estoy siendo infiel a mi Alejandro»
En ese momento, fue pillada mirándole fijamente al rostro y este le sonrió.
Rápido tuvo que apartar su mirada.
Y al fin, llegaron a ese lujoso restaurante.
El camarero, muy educadamente, les llevó hasta una de las mesas más
alejadas de la entrada y allí, les entregó la carta para después, tomar nota de
las bebidas que en nada se las sirvieron.
Gabriel no dejaba de ver a esa princesa que no apartaba los ojitos de la
carta.
—Puedes pedir lo que quieras, no te preocupes por nada.
Pero Anyelik, solo veía unos nombres extraños y acabó mirándole con una
carita de pena.
—¿Sucede algo?
—Gabriel, yo quiero comer, pero, nunca vi platillos con nombres tan raros, no
sé qué pone.
Aquello pareció sorprenderle pues no imaginó que no supiera el idioma de la
carta siendo una princesa.
—Es comida del Anoriath del este, la zona oriental, ¿no te enseñaron el
idioma en el palacio?
—Bu-bueno.
Y la pobre se tapó la carita colorada con esa carta.
—Aaaah Gabriel, en las clases nunca prestaba atención porque odio estudiar
y además, soy bastante torpe.
Ajajaja, cómo verás, soy un poco tonta para ser una princesa.
Le decía asomando un poco sus ojos, pero Gabriel parecía estar calmado y
hasta sonrió.
—Anda, yo te explicaré qué es cada cosa, no te preocupes.
Al final, ese príncipe se quedó más que sorprendido al verla comer y más
comer y para colmo, con una de las caras más alegres que jamás vio, además que
parecía no sentir ningún pudor de que todos la vieran comer así.
—Ooh por dios Gabriel, nunca comí comida asiática de esta, esto es una
delicia madrecita querida.
El creador de estos platillos ha de ser el dios supremo de la creación.
Aquel ángel no pudo más y echó una carcajada en lo alto.
—Jeje, ¿tú también piensas lo mismo?
—Sí, lo más posible es que así sea.
Nunca imaginó, que una chica con un cuerpo tan pequeño, pudiera comer
sumamente tanto sin llenarse ni lo más mínimo.
Y a la hora del postre, la sonrisa de felicidad de Anyelik, ya no podía
desvanecerse.
Ver aquel pastel de fresas hizo que sus ojos se iluminaran.
Y cuando acabó, se dio unas palmaditas en el vientre orgullosa.
—Aaaah Gabriel, ahora estoy tan hinchada que parece que me quedé embarazada
por tanto comer.
Gabriel tuvo que reír de nuevo y cuando pagó la cuenta, decidieron pasear
para así bajar la comida.
Y como antes, tomó su manita, cosa que aún la ponía nerviosa.
Ahora, las estrellas iluminaban el cielo en el que se veían dos lunas.
Una más grande que la otra.
También se veía un planeta cercano que poseía unos anillos alrededor y
Anyelik, no podía dejar de mirar ese cielo.
—¿Te gustan las estrellas?
Preguntó aquel príncipe.
—Bueno, es sólo que, me preguntaba, si podría sentirme libre si con mis alas
pudiera volar mucho más y salir al espacio.
—Me he preguntado cosas similares a veces.
Y ambos se sentaron en un banco que había en un pequeño parque, en
silencio, sintiendo la brisa nocturna, el frío ya había aparecido por la época
en la que se encontraban y Gabriel la tapó con su gabardina haciendo que
Anyelik se sintiera un tanto cortada.
—Entonces, ¿a ti tampoco te gusta ser un príncipe?
Pudo al fin preguntarle alzando sus ojitos a los de él que admiraba el
firmamento.
—No me gusta, pero es lo que me ha tocado.
—Entiendo, y, ¿por qué aceptaste casarte conmigo?
Gabriel tuvo que ir a sus ojos cosa que la puso un poquito nerviosa.
—A mis veinte años, nunca me he enamorado y sentí que tampoco sería posible
que eso ocurriera.
—Gabriel, yo, bueno, no creo que te sientas orgulloso de que yo vaya a ser
tu esposa.
Ya viste qué rara soy, y, ni siquiera sé usar mi poder si es que tengo.
Terminó soltando, mirando ahora sus pantalones grises, sintiéndose tan
poquita cosa para ese príncipe.
—No me importa, creo, que todo eso, le dará emoción a mi monótona vida.
Anyelik tuvo que girarse un poco para que este no pudiera ver su rostro.
—No quiero mentirte, si me voy a casar contigo, quiero ser sincera.
—Cuéntame...
Y tras preparar las palabras, sin saber la reacción que él tendría, le
acabó confesando aquello que sólo conocía el ser invisible.
—Es que, ese chico vampiro, Alejandro, bueno, me gusta.
—Me lo imaginé.
E instintivamente tuvo que volver a los ojos de ese ángel.
—¿Tanto se me nota?
Gabriel sonrió, pero después regresó a mirar al cielo que parecía estar
cubriéndose de nubarrones, ocultando el brillo de las estrellas.
—Al ver cómo hablaste de él en la mañana, me pude hacer una idea.
Pero, Anyelik.
Los labios de Gabriel, acabaron tan cerca de los suyos, pero, no llegó a
darle un beso.
—Quiero hacer que también te enamores de mí.
Creo que, ahora sé lo que podría significar el amor a primera vista.
A Anyelik casi le da algo pensando que acabaría por recibir su primer beso,
y seguro se lo hubiera dado si no fuera por aquella explosión que hizo que
Gabriel la protegiera con su cuerpo.
Cuando la nube de polvo y arena se disipó, se encontraron con un ser oscuro
de un buen tamaño, como el de un elefante.
Todo su cuerpo era negro salvo sus ojos, de un azul oscuro y brillante.
Andando a cuatro patas, como una mezcla de lobo y león, y, sobre él, había
una mujer ángel de cabello ondulado y azulado, con ojos azules también, aunque
sus alas eran de un morado rosado.
—¡Aaaah! Mira qué tenemos aquí, dos tortolitos.
Junm, al fin os encuentro.
—¡¿Quién eres?!
Preguntó Gabriel sacando su espada y poniéndose en pie frente a Anyelik
para protegerla.
Aquella ángel bajó de esa oscura criatura para acercarse un poco más a él.
—Aaay, pero qué chico tan lindo, me gustas, y eso que te acabo de conocer.
Gabriel no entendió nada, pero su actitud seguía a la defensiva, pues no
sabía qué intenciones traía esa ángel.
—Mi nombre es Ayla, pero todos me conocen como Lala.
Vengo para acabar con la princesa del primer cielo.
Anyelik no esperó aquello, a sus recuerdos, volvió el día en el que fue
salvada por Alejandro, la criatura que la atacó era igual a esta, aunque,
aquella vez, no hubo ningún ángel con ella.
—Bien guapetón, apártate para que cumpla con mi misión, no me gustaría
dañar tu hermoso rostro.
Gabriel entonces, alzó su espada con una de las expresiones más serias.
—¿Cómo? ¿Me vas a desafiar? muy bien, no me queda de otra, ahora verás el
poder de Lala.
Y de sus manos, sacó un rayo azul que estaba compuesto por muchas burbujas,
pero, Gabriel, ágilmente, pudo detenerlo con su espada.
—No fue nada complicado para mí, no pareces ser tan fuerte.
Lala frunció el ceño muy molesta, pero, después, dejó ver una pequeña
sonrisa cargada de malicia e hizo un chasquido con sus dedos.
La criatura, de un gran salto, se colocó tras ellos, y de un zarpazo,
destrozó aquel banco.
Por suerte Gabriel pudo tomar a Anyelik para protegerla, aunque acabaron
tirados en el suelo.
—¿Vas a poder conmigo y con ese reon?
—¿Reon?
Preguntó Gabriel incorporándose, Anyelik, tenía su carita pegada a su pecho
muy asustada.
—Una criatura creada por mi amo solo para matar a esa princesa y tomar su
alma.
—No lo entiendo, ¿por qué?, ¿vais a por las almas de los príncipes de este
mundo?
Lala sonrió para, a gran velocidad, golpearle con su puño lleno de ese
brillo azul siniestro, haciendo que Anyelik cayera a un lado.
—Eso no te incumbe, creo que, antes, debo deshacerme de ti porque eres muy
molesto, qué pena que seas tan lindo.
Gabriel, enseguida, se puso en pie para comenzar a luchar.
Era atacado por ambos por cada lado y Anyelik, se sentía tan aterrada ante
una situación así.
Con una de sus manos, aquel príncipe sostenía la espada frenando los rayos,
y con la otra, sacó sus cadenas para apresar a la bestia oscura.
El reon tiraba con fuerza tratando de liberarse mientras que, gruñía como
una fiera en cólera.
Gabriel, en el aire, se enfrentaba como buenamente podía a aquella ángel
malvada.
Esta no era tan débil como él imaginó, pero, su poder, no parecía el de un
ángel común ya que, la energía que transmitía era muy oscura, como si alguien
le hubiera dado más fuerza.
Fue en un descuido, por escuchar la voz de Anyelik gritar que se
detuvieran, que perdió un poco el control, logrando que el reon se liberara, y,
segundos después, fue impactado en el vientre por Lala, con un brillo azul más
oscuro, cayendo hasta el suelo lleno de dolor.
El reon le apresó bajo una de sus grandes garras que parecía estar
absorbiendo toda su energía vital y Lala, fue a él, para verle de cerca.
Esa princesa, desesperada, lo único que se le ocurrió fue lanzarse contra
esa mujer, pero de un manotazo cargado de energía oscura, fácilmente la tiró al
suelo varios metros como si nada.
—¡Incordio de niña!, en verdad no vales nada, y tú.
Dijo tomando el rostro de Gabriel.
—Aaaah, no quisiera matarte, me gustas mucho, pero, no tengo más remedio.
—¡No por favor! ¡No le mates!
Gritaba Anyelik incorporándose.
—Anyelik, no, no vengas, yo, en verdad, quería descubrir los colores de la
vida casándome contigo.
Huye por favor.
—¡Qué maldito! Encima, ¿te gusta esa tonta?
Lala terminó gimiendo con tanta molestia, que de la furia terminó pisándole
bruscamente una de sus piernas para después sacar una espada creada con esa
energía de color azul.
—Adiós guapetón.
Y antes de que esa mujer le atravesara el pecho, Anyelik gritó con todas
sus fuerzas, emanando una cegadora luz que escapaba de todo su cuerpo,
atrapando a la ángel malvada y al reon, que este último, se acabó desintegrando
como si nada.
Lala, débilmente, logró tocar una gema negra que había incrustada sobre sus
grandes pechos, huyendo de allí como si hubiera usado la teletransportación.
Después, como si nada hubiera sucedido, Anyelik fue a por Gabriel que
estaba completamente anonadado.
—Gabriel, por favor.
Lloraba abrazándole con todas sus ganas, y este, correspondió ese abrazo.
—Pequeña Anyelik ¿sabes que me dejaste sin palabras?
Decía débil pasando a mirar sus bonitos ojos.
—No importa eso ahora, vamos, te ayudaré a ponerte en pie, ¿te duele mucho?
—Creo que voy a estar lleno de moretones, pero no tengo nada roto.
—Menos mal, espera, sacaré mi teléfono para llamar a mi hermano.
Pero antes de que pudiera marcar su número, él ya estaba allí, junto a
Alejandro, que se quedó fijo en Gabriel así, todo lleno de heridas.
—Mark ¿cómo es que estáis aquí?
—La gente, por el escándalo, estaba formando mucho barullo corriendo como
loca, fue así que mientras regresábamos de unas compras, nos encontramos con
los extraños nubarrones sobre esta zona y decidimos ver qué estaba pasando.
Ya nos comentaron que vieron una extraña criatura oscura, ¿fue la que os
atacó verdad?
—Así es.
Respondió Gabriel tratando de apoyarse en Mark, Alejandro seguía mirándole
con desprecio.
—Oye tú o cómo te llames, ¿qué demonios está pasando con esos seres?
—Mi nombre es Gabriel, raro que no conozcas quien soy, bueno, eres un
demonio después de todo, no tendrías por qué saber nada.
—¡Oye! ¡Te estás pasando!
Exclamaba Alejandro muy molesto, parecía que hasta podría darle un golpe a
ese príncipe a pesar de lo herido que estaba, fue Anyelik la que les pidió no
discutir.
—No quiero malos rollos ahora Alejandro, Gabriel, no es el momento, tú,
estás herido.
Y con esas palabras, la carita de Anyelik se tornó demasiado triste, tanto,
que Mark sacó toda su fuerza, para lograr colocar a Gabriel en su espalda.
—Chicos, vamos a palacio, ya después nos diréis qué pasó.
Y por veinte minutos, corrieron por esa ciudad hasta llegar a las enormes
verjas que llevaban al primer cielo.
Se les llamaba cielos a los reinos de Anoriath, sólo eran zonas a las
afueras de ciudades importantes, donde los terrenos, eran inmensos y hermosos,
nadie podía cruzar las verjas sin autorización.
En la entrada, estaban unos guardias, que sólo dejaban entrar a los reyes y
sus dos hijos, y por supuesto a los que allí trabajaban, si no llevabas esa
autorización siendo ajeno al reino, no te dejaban pasar.
Nada más entrar en el palacio, Mark llamó a su madre en lo alto bastante
desesperado y la acabó encontrando en su cuarto pintando.
—Hijo, ¿qué sucede? ¡Ah! ¡Dios mío!
El pincel se le cayó al ver a Gabriel en ese estado y rápidamente, le pidió
a Mark tumbarle en su cama.
Después, comenzó a quitarle la ropa hasta dejarle nada más que con los
calzoncillos.
Alejandro quiso taparle los ojos a Anyelik para que no le mirara, pues esta
no quitaba sus ojos de ese príncipe.
—Alejandro...
—No debes ver chicos sin ropa, eres muy joven.
—¡Déjate de tonterías! ¿Crees que mi mente es tan perturbada como la tuya?
Y ahí llevó sus manitas al rostro de aquel vampiro.
—Gabriel está herido, ahora, solo puedo estar preocupada pues fue por
protegerme.
Alejandro no esperó que Anyelik le hablara así y ahora, ella, estaba junto
a su madre, que colocaba sus manos sobre las heridas de Gabriel para sanarlas
con su poder.
—Mamá ¿él está bien?
—No te preocupes, son heridas superficiales, aunque sí tiene varios
moretones.
—¿Puedo ayudar?
—Claro, solo trae agua con jabón y un paño para limpiarle, el pobre está
bastante sudado.
Enseguida fue al baño que había en el cuarto para llevarle todo lo
necesario a su madre, en verdad se sentía tan inútil.
Su madre tenía un gran poder para sanar heridas, aunque si eran muy graves
ahí sí, no podía hacer nada, como, por ejemplo, puñaladas profundas, o algún
hueso roto.
Mark, mientras tanto, se llevó a
Alejandro de allí porque pudo sentir la tensión en el ambiente, más al ver cómo
Anyelik limpiaba a Gabriel.
Ya afuera, se lo preguntó
claramente.
—¿Estás enamorado de mi hermana?
—¡¿Qué dices?!
Alejandro miró hacia un lado como
tratando de disimular algo que estaba más que claro para Mark.
—Es que, es algo un tanto obvio,
aunque tratas de ser un chico brusco, yo, puedo notar el cómo la miras siempre
y cómo te preocupas por ella.
—Bueno, es solo que, es tan torpe,
que me nace ese instinto dentro de querer protegerla.
Seguía diciendo sin ser capaz de
mirar a los ojos de Mark pues no quería que él descubriera su secreto.
—¿Sabes por qué le pedí a mis padres
que te dejaran ser su guardián?
Alejandro al fin pudo verle sin cortarse
a pesar de sentirse nervioso por ello.
—Te vi por años observar a Anyelik
en secreto.
—¡¿Qué?!
Gimió dejando ver sus colmillos algo
más afilados que de costumbre.
—Cálmate.
Y Mark llevó sus manos a los hombros
de aquel vampiro.
—Seguí a mi hermana sin que se diera
cuenta una de las veces que escapó.
Es así como descubrí por donde salía
y, en fin, en ese bosque te vi.
—¿Cómo que me viste? Yo nunca te vi
a ti.
—Estaba preparado a escondidas por
si le hacías algo, pero, no fue así, solo la mirabas y más mirabas.
Hasta pensé que eras un obseso.
Alejandro tuvo que darse media
vuelta rojo como nunca, en su mente, no dejaba de preguntarse si llegó a ver
cómo casi le dio un beso una de esas veces.
—Todos los días hacías lo mismo, y,
sí, tuve que asustar a ese conejo aquel día.
—¡¡¿Qué?!!
Y al fin miró a Mark con toda la
vergüenza del mundo, dejándose expuesto con toda la cara colorada.
—No podía dejar que besaras a mi
hermana, solo tenía diez años.
Alejandro como pudo, tomó ligera
calma, aunque la rojez de su rostro permanecía.
—¿Por qué ocultaste eso todo este
tiempo?
Y Mark le agarró repentinamente del
brazo.
—Ven, vamos a mi cuarto, necesito
tomar algo fresco.
Y en silencio, ambos chicos fueron a
la gran habitación de ese príncipe.
Allí tenía una pequeña nevera de
donde sacó dos bebidas con alcohol para beberlas juntos.
—Puede que no sepa del amor porque
nunca me he enamorado, pero, el cómo la mirabas, no sé, pensé que había
esperanza en que eso sí podía existir.
Le comentaba para después darle un
buen trago a esa bebida.
—¡Aaaah! Me encanta el sabor a
frutas.
Y, ¿Ahora qué harás?
Ese Gabriel se ve que es un buen
hombre.
¿Le dirás a mi hermana de tus
sentimientos?
Alejandro se quedó tan sumamente
serio, mirando la lata en silencio, hasta que pudo soltar lo que pensaba.
—No lo sé, en verdad, me encuentro
en una situación de la que no sé salir.
Además, soy un demonio, ella, un
ángel.
Bah, los reyes me mandarían a la
mierda si se enteran de mis sentimientos, por lo menos su padre.
Mark ya no dijo nada y los dos
siguieron bebiendo.
Mientras tanto, Gabriel se
encontraba descansando en el cuarto de la reina.
Anyelik no dejaba de mirarle
preocupada, así, hasta que su madre tomó una de sus manitas.
—No te preocupes, él sólo está
agotado.
—Mamá, él está así por mi culpa.
¿Qué pasa conmigo? No entiendo nada.
—Cuéntame qué pasó por favor.
La cara de esa reina al saber todo,
fue de una sorpresa inmensa, pero, supo tomárselo con calma, dándole un cálido
abrazo a su hija para hacerla sentir mejor.
—Mamá...
—Al fin sacaste algo de tu poder,
eso me anima mucho, aunque, no sé qué está pasando y, también, estoy preocupada
por ti.
Quizás, mi pequeña hija es más
fuerte de lo que ella cree.
Expresó con una bonita sonrisa que
trasmitía mucha paz, pero esa princesa, seguía decaída.
—Si fuera tan fuerte, papá no habría
dicho de casarme.
Siempre, tuve esa duda, si alguna
vez os amasteis.
Aluna se tornó un tanto melancólica
mirando sus finas manos.
—¿Sabes hija? A veces tener mucho
poder solo trae desgracias.
Me hubiera gustado que fueras esa
pequeña sin poderes por siempre y, ahora, con lo que ha pasado, tengo miedo de
que todo se ponga peor y de que te hagan daño.
Aaains, debo dejar de pensar así,
después de todo, es mejor si te haces cada vez más y más fuerte, aunque la
oscuridad venga, si es tu misión en esta vida, te ayudaré como madre en todo lo
que sea.
Y volvió a darle un tierno abrazo,
como era más alta que su hija, la pobre tenía su carita en su cuello y sentía
sus grandes pechos muy cerca.
Anyelik recordaba cuando era más
pequeña y su madre le daba abrazos, siempre acababa con su carita ahí y en
verdad, eran blanditos y confortables, pero, ya no era una niña, debía madurar
y fortalecerse, aunque de vez en cuando, los mimos de una madre eran
necesarios.
—No pienses en papá y en mí, piensa
en Gabriel.
Parece que te agrada bastante ¿no?
Y Bueno, os dejo solos un rato,
quiero disfrutar de la noche y ver las estrellas.
Anyelik se quedó mirando a Gabriel,
se preguntaba el porqué su poder se dejó ver al estar él en peligro.
Se suponía que estaba enamorada de
Alejandro.
¿Por qué sucedió aquello?
Se acercó mucho a ese ángel hermoso
para verle de cerca, tenía algunos cabellos en su rostro y fue a apartarlos.
La mano de Gabriel, instintivamente
fue a tomar la suya abriendo sus ojos, incorporándose, para ir a sus labios y
robarle ese beso que antes no pudo darle.
—¡Gabriel! ¡¿Qué hiciste?!
Exclamaba tapándose la boquita.
—Mi pequeña prometida me ha vuelto
loco, solo bastó un día para enamorarme de ella.
Quiero ver más de esa luz que salvó
mi alma el día de hoy.
—¡¡Aaaaaah!!
Gritó ella poniéndose en pie con las
mejillas ardiendo, saliendo de aquella habitación, corriendo con el corazón a
mil por segundo.
Necesitaba que su corazón pudiera
frenar un poco y caminó por los jardines de la parte frontal del palacio, aún
con su mano en su pecho, tratando que el color rojizo de su rostro pudiera
bajar, pero, un jaleo se escuchó en las verjas de la entrada.
Detrás de unos arbustos se puso a
observar.
Allí, los guardias, no dejaban de
echar al suelo a un ángel de alas marrones, vestido nada más que con un
taparrabos y en muy mal estado por las heridas de su cuerpo que se encontraba
todo sucio.
—No vamos a dejarte pasar sin
autorización.
¿No entiendes forastero?
Anyelik explotó tras ver cómo lo
golpearon bruscamente a pesar de lo débil y malherido que se veía.
—¡¡Basta!! ¡Basta ya! sois unos
brutos.
Y aquel ángel herido, nada más ver a
la princesa, pudo decir su nombre en lo alto, como si ya la conociera.
—¡Abrid las verjas o saldré volando
y yo misma las abriré!
—Pero princesa, este ángel ni
siquiera parece ser de esta región, podría ser un enemigo.
ha llegado diciendo nada más que tu
nombre sin saber nada más de nuestro idioma.
—¡¡Qué abráis ya demonios!!
Terminó gritando de una manera que
mostraba su indignación, más aún viendo que ese ángel estaba tan herido y
agotado, sus labios se veían secos y pálidos.
Gracias a sacar su carácter, ellos
lograron ceder abriendo la verja para que Anyelik corriera a ese ángel, y este,
nada más tenerla frente a él, cayó a sus brazos completamente sin energías,
como si sentir a esa princesa junto a él, le hubiera dado el último aliento
para confiar y al fin rendirse.
Continuará...
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