lunes, 5 de septiembre de 2022

Mi hermoso maestro

Capítulo 1

Conociendo al nuevo maestro

Fred, un señor de treinta y ocho años de edad, de aspecto realmente serio, despertaba a su hija a la fuerza, tirando de las mantas para que ya se decidiera a moverse de la cama.

—¡Vengaaaa! ¡Siempre haces lo mismo cada mañana! ¡Te quedas hasta las tantas de la noche a saber qué haciendo en el ordenador y luego andas de vaga!

¡Victoria! —y trató de tomar algo de calma en su manera de decir las cosas, aún, sintiéndose molesto—. Tienes que ir a las clases de meditación y espiritualidad que empiezan en media hora y tu madre te lleva esperando con el desayuno desde hace un buen de rato.

Pero ella seguía sin moverse y este sintió que ardería en furia, aunque se contuvo por muy poco.

—Hoy encima preparó bollos de crema porque sabe que te gustan mucho —le comentó ahora para ver si al fin lograba que se moviera de la cama.

Tras escuchar aquello, nuestra protagonista se levantó de golpe con todo el cabello alborotado.

—¡Bollitos! ¡Síííí!

—Ya te vale, sólo piensas en comer cosas dulces y luego te andas portando mal.

Ahí, con todas las paredes llenas de pósters de maromos sin camisa, me decepcionas como hija de verdad, no sé a quién saliste así.

Vamos, que hoy vendrá un maestro nuevo reconocido en toda la región de Anoriat por sus habilidades.

—Nada logrará con mi mente hiperactiva.

Pero este terminó de sacarle las mantas, estaba realmente furioso y después le dijo que bajara lo antes posible.

El señor Fred, era una especie de maestro de la espiritualidad con habilidades psíquicas que, había ayudado a sus alumnos por mucho tiempo a mejorar con su poder interno y también a saber usar el tema de las energías mediante la meditación.

Aunque ahora contrataba a otros maestros para ello que acababan siempre marchándose al ver que con su hija, todo era imposible.

Ella, se llamaba Victoria, y era una preciosa joven de diecisiete años, con el cabello ondulado y extremadamente largo, de un color negro puro como el de su padre, que también lo llevaba bastante largo, aunque no tanto como su hija que le llegaba hasta los tobillos.

Los ojos de Victoria eran grandes y almendrados, de un morado que se asemejaba a las amatistas, eran iguales a los de su madre, aunque con la carita un tanto redondita y mejillas encendidas con unas pocas pequitas en su blanca piel.

En este mundo llamado Salia, había varias regiones, en ellas, vivían humanos que poseían diversas habilidades, algunos controlaban el agua, otros las habilidades psíquicas, los había que sabían usar el fuego y muchos más poderes, aunque, no era algo que se viera realmente increíble, ya que la mayoría poseían un poder pequeño y sólo algunos lograban controlarlo de manera fabulosa.

La apariencia de estos humanos era algo peculiar ya que sus ojos y cabellos podían ser de colores inusuales, no abundaban tanto los ojos morados, rojos o amarillos, pero los había, así como tonos de cabellos rosados, plateados o verdes y azules.

Victoria estudiaba en casa, pero su anterior profesor se cansó de ella porque pasaba de estudiar y no le hacía caso, siempre sucedía lo mismo con los profesores particulares y los maestros que Fred contrataba para su negocio.

Ella lo hacía a posta como manera de rebelarse contra su padre porque, desde los cuatro años, la mantenía encerrada en su habitación, sólo desde hacía dos años, podía salir de casa, pero siempre acompañada por él o por su madre y paseos cortos por los alrededores pues, cuando tenía esa edad, fue secuestrada ya que sus padres, tenían bastante dinero y querían conseguir algo, pero por suerte, lograron rescatarla esa noche en la madrugada.

Desde aquello, Victoria era hiperactiva y su mente estaba en una revolución constante, de hecho, para dormir, necesitaba un espejo para usar auto hipnosis, pues era una de las primeras habilidades mágicas que aprendió a usar de pequeña.

Ni siquiera sabía usar algunas que había heredado de sus padres, como el poder de levitar por largo rato, así como su madre hacía, o mover objetos como su padre, aunque ella siempre decía, que le gustaba ir por la calle caminando y no usando su magia para flotar por ahí.

Desde hacía mucho, había deseado encontrar novio, pero al no ir al instituto como las demás personas de su edad, no sabía qué era eso del primer amor, jamás vio un chico lindo en persona pues los que iban con ella a clase no eran de su tipo.

Vivía soñando con los chicos de los pósters de las revistas que su madre la compraba, cosa que a Fred le molestaba mucho.

Sus favoritos eran los del joven bailarín James y los del cantante Zandro, dos chicos súper populares en ese mundo.

Su madre se llamaba Unha, y era una mujer de treinta y cinco años muy bonita y tierna con ella.

Esta tenía el cabello verde y liso, por la cintura, además de ser voluptuosa en cuanto a pechos y traserito, su hija era más delgada pero también con lindas formas.

Al fin en pie, Victoria se duchó a la velocidad de la luz pues, no quería que su padre gruñera más y tras secarse toda, se puso un vestido azul muy bonito por las rodillas para así bajar a desayunar.

Allí en el comedor, Unha tenía muchísimos bollos de crema preparados.

Victoria se sentó frente a la mesa y tras darle los buenos días a su madre, comió demasiados y a gran velocidad, cosa que hizo enfadar a su padre que se estaba conteniendo las ganas de gritarle una vez más.

—Hija dios mío ¿tanto te gustaron mis bollitos?

Si comes tanto podrían sentarte mal —comentó su madre al verla comer así.

—Jooo, a la porra si como de más, quiero disfrutar de algo ya que siempre estoy en casa metida, hasta para estudiar.

Fred, acabó soltando la taza de café en la mesa casi derramando un poco.

—Todo sería más fácil si fueras una buena hija, calmada y que me entendiera.

Más te vale no liarla con el nuevo maestro, todavía estamos sorprendidos de que haya elegido quedarse aquí teniendo el templo de sus padres.

Victoria ya no respondió porque sabía que este gruñiría más.

Se imaginaba al maestro nuevo como un señor amargado, ya de cuarenta años y seguro nada lindo ni amable.

Tras acabar de llenarse hasta arriba de bollos, bajó al gimnasio en donde ya estaban los alumnos, eran sólo cinco porque así era más fácil enseñar según decía Fred, sin tanta gente.

Estos eran chicos de entre doce y diecisiete años, no había ninguna chica con la que hacer amistad.

El joven Turin, que era el más mayor allí, se acercó a Victoria, este era alto y delgado, de un aspecto no tan peculiar pues sus ojos y cabello eran castaños y no era del tipo de ésta.

—Qué ¿cómo la liarás con el nuevo maestro que trajo tu padre?

—Todavía no lo he pensado aja, ja, ja.

En el fondo no le gustaba ser así ni que la tomaran por una rebelde, sólo que ella no deseaba esa vida y no podía decirle que no a su padre, por eso, se comportaba de esa forma, para que él se rindiera de alguna manera, aunque nunca lo lograba y sólo conseguía que él se enfadara cada vez más.

Victoria era una joven tierna como su madre y de carácter efusivo, muy alegre, pero pocas veces sacaba ese lado porque con su padre no se sentía cómoda.

Ni siquiera le había dicho de su pasión por escribir historias, si le decía eso, estaba segura de que él le diría que se dejara de tonterías y que a meditar y a usar su magia.

Y mientras se perdía en esos pensamientos, llegó el nuevo maestro junto a Fred y Victoria se quedó embobada.

«Es ¡es un tío bueno!»

Pensó como atontada admirando su atractivo.

Ojos color miel, piel blanquita con más pecas que las que ella tenía.

Cabello muy corto, casi rapado, castaño medio, además de ser alto y con tatuajes tribales negros que salían bajo la manga de su camiseta, por el brazo izquierdo, y uno de un sol en su frente, pero este, en el lado derecho.

Tenía un cuerpo trabajado y un atractivo que Victoria sólo vio en los chicos de las revistas.

—Os presento a Carl, seguro ya le conoceréis por las entrevistas de la tele y demás, él tiene veinte años y es de Adurna.

Hace muchos años, su abuelo y mi padre compitieron por la esfera de los vientos usando su poder interno, fue una dura pelea en la que mi padre salió victorioso, pero eso no quita, que su contrincante fuera alguien con gran talento —les contaba el Fred —. Recordad, esas competiciones entre templos ya no se hacen, pero es importante aun así, ser fuerte mentalmente y también saber usar las energías y el poder astral y espiritual.

En fin, dicho esto, os dejo ya con Carl.

Fred se marchó de allí y este empezó la clase, menudo cuando se presentó él mismo, tenía una voz grave de chico malo y Victoria ya estaba que perdía la cabeza, era su tipo de voz preferida en un hombre, estaba delirando mientras que él les explicaba cómo serían sus clases, cuando de pronto, le dieron unos horribles dolores de vientre por haber desayunado tantos bollos.

—Ahora quiero que uno de vosotros me muestre cómo hacéis los ejercicios de respiración, ya sabéis que esta es muy importante a la hora de meditar.

Y Carl escogió precisamente a Victoria para hacerlos, la pobre se estaba aguantando un tremendo pedo y los demás alumnos, aguardaban el momento en el que ella gritara o algo para molestar en mitad de la clase como hacía siempre.

Ahora incluso le estaban dando retorcijones de los peores incontrolables.

—Libera la tensión del cuerpo Victoria —comentaba él—. Te noto demasiado tensa y debes relajarte.

Y este fue a llevar su mano a su vientre cosa que para ella era un fetiche en los hombres, pues las manos siempre le llamaron la atención y las de Carl eran masculinas, pero con una forma agradable y algunas venas, y con eso, y con los nervios de tenerle tan cerca tocando su pancita, no se aguantó más dejando escapar el sonoro pedo con aroma incluido haciendo que todos se partieran de la risa menos él.

Victoria ya no pudo más y muerta de la vergüenza, se fue corriendo de la clase.

Se tiró un buen rato en el baño haciendo lo que tenía que hacer y bien roja por lo sucedido, ahora que por fin tenía la suerte de conocer al hombre de sus sueños, ocurría algo así.

Se daba coscorrones en la cabeza mientras, pensando que no debió comer tantos bollos.

Después regresó con la cabeza gacha y continuó con la clase más avergonzada que nunca.

Esta vez quería dar una buena imagen frente a ese chico hermoso.

Quería ser como realmente era e incluso tratar de aprender.

Al acabar las clases tras dos horas, todos la felicitaron por lo ocurrido haciéndola sentir peor y cuando se marcharon, se acercó a Carl para pedirle disculpas.

Con una tenue vocecita, tratando que su cara no se viera roja diciéndole, lo siento.

No esperó la respuesta de aquel joven.

—Sé perfectamente sobre tu comportamiento ya que tu padre me lo ha comentado.

También que todos los demás maestros se acaban marchando, pero, ese no va a ser mi caso.

Tu padre ha confiado en mí y voy a tratar de que puedas mejorar tu poder interno así que, no trates de mangonear mis clases porque no lo vas a lograr.

—Va-vale.

Y esta se marchó de allí lo más rápido que pudo, tenía unas pocas ganas de llorar pues él ya tenía una mala imagen de ella, pero, al ratito, logró calmarse tras pensar mucho en lo sucedido y se puso a recordar que Carl se veía realmente sexy regañándola.

Fantaseaba por largos minutos recordando su seria expresión, en verdad se veía como un chico rebelde así con sus tatuajes y cabello casi rapado además de músculos, pero su actitud era de ser un chico serio que se tomaba en serio su trabajo a pesar de ser muy joven.

Así que, decidió ponerse a espiarle esa mañana para conocerle más.

Ahora estaba en una de las salas meditando de una postura así con las piernas cruzadas.

Escuchando de fondo con su móvil, música como de tambores que parecía proceder de alguna tribu perdida, sintiendo la suave brisa que entraba ya que estaba frente a la puerta que daba al jardín y esta estaba abierta.

Se tiró por largo rato sin moverse, viéndole de espaldas, se volvía completamente loca admirando lo fuerte que se veía ya que iba sin camiseta y poco después, al fin cambió de postura poniéndose de pie, sosteniéndose con una pierna manteniendo muy bien el equilibrio.

Victoria, como una obsesa, comenzó a sacarle fotos con el móvil, más porque su espalda marcada le hacía babear como una tonta.

Era la primera vez que veía a un hombre tan guapo así en persona y sentía que se había enamorado a primera vista.

Mientras Carl meditaba, este pensaba en su abuelo, momentos en los que era pequeño y disfrutaban juntos y aprendía de él.

«Juro que recuperaré la esfera de los vientos abuelo»

Dijo en sus pensamientos para después dejar ya de meditar teniendo aún en mente esa esfera.

La esfera de los vientos estaba como hecha de un cristal que brillaba con tonos durazno, azul y otros tantos más, pulida perfectamente y muy resistente, más que el diamante.

Con ella se podían ver los espíritus de cualquier persona que aún no habían reencarnado y hablar con ellos astralmente si de verdad tu alma ansiaba aquello.

También aumentaba las habilidades de quien la poseyera.

Victoria, al ver que ya se marchaba de esa sala, rápido trató de alejarse para no ser descubierta, pero por ir despistada, acabó tropezando con un escalón siendo pillada por Carl que lo vio todo, incluso un poco de su ropa interior, pero este como si nada, se fue de allí sin preguntarle siquiera si estaba bien.

Todo el resto de la mañana, ella se la pasaba tras de él y aquel joven que trataba de buscar la esfera, podía sentirla y la acababa sorprendiendo.

«Me será difícil encontrarla con esa niña siempre tras de mí»

Seguía pensando Carl sin saber qué hacer para que le dejara en paz, pero allí en el pasillo, se encontró con Unha que iba muy contenta y con una bonita sonrisa, vestida con un delantal ajustadito a su bonito cuerpo.

—La comida ya está casi lista Carl, si quieres puedes ir a darte un baño antes, Victoria, ¿podrías prepararle lo necesario cariño?

—Claro que sí mamá —terminó diciendo ella saliendo de tras una esquina, dejándose expuesta como si nada.

Y esta toda emocionada, tras preparar las toallas y lo necesario, colocó su móvil a grabar oculto tras unos botes del armario para lograr verle desnudo, lo mejor de todo es que, ese armario estaba justo en frente de la ducha y podría ver todo a la perfección.

Carl, por suerte, no la pilló y al poco llegó con unos calzoncillos limpios y ropa cómoda.

—Ya está todo sobre la taza del baño je, je, también te puse un cepillo de dientes nuevo para después de comer.

—Muchas gracias Victoria.

Victoria estaba muerta de la emoción, al fin podría ver a un chico guapo desnudo.

En el internet sólo había mirado por curiosidad, como cualquier chica joven que nunca ha visto a un hombre sin ropa, pero, esto era muy diferente.

De hecho, hasta sentía que se había pasado tres pueblos, pero ya era demasiado tarde como para entrar y sacar el móvil.

Quien le diría que, a los diez minutos, Carl aparecería con él en la mano allí, en el comedor, frente a su padre, contándole lo que su hija había hecho.

Capítulo 2

Más cerca de mi maestro

El regaño que su padre la echó fue minino, gritos de los peores, su madre tratando de calmarle, Carl en silencio mirando todo, al final Fred la mandó a su habitación sin comer ni nada.

Allí se fue entendiendo que sí se había pasado grabando a Carl desnudo.

—De verdad que ya no sé qué hacer con ella.

Grabar a su maestro en el baño ¡ay dios mío! ¿Qué hice yo para tener una hija así? —comentaba su padre con su mano en su frente avergonzado por lo que Victoria hizo.

—Señor Fred ¿no cree que ella sea así por estar tanto tiempo sin salir de casa? —le dijo Carl ya que sabía un poquito de cómo vivía ella pues Fred se lo comentó por encima.

—Eso mismo le digo a mi marido, pero él no entiende tampoco —añadió Unha—. Ambos, padre e hija, parecen competir constantemente para ver quien lleva la razón y esto me duele mucho.

—Unha, no puedo dejarla salir así como así, entiéndelo, tengo el miedo clavado en el alma aún.

Ella, después de todo, es mi única hija y no quiero perderla.

Es que, verás, quiero contarte algo que pasó cuando era una niña de cuatro años.

—Cuénteme por favor —le pidió Carl con cierta curiosidad—. Me suena haber escuchado algo de un secuestro ¿es eso?

—Así es —y dejó escuchar un leve suspiro—. Victoria estaba jugando afuera en la tarde, la dejé completamente sola mientras nosotros nos dedicábamos a las tareas del templo y, dos desgraciados la tomaron para pedirnos dinero.

Por suerte, no eran criminales inteligentes y dimos con ella en la madrugada con la ayuda de la policía, pero desde entonces, no quiero que salga a la calle, estoy aterrado y no lo puedo superar.

Fred le contaba todo recordando esa aflicción del pasado, aún se mantenía un poco ese sentimiento, pero trató de no ser dominado por él tras quedarse unos momentos callado.

—Entonces, ¿por eso no la deja salir cierto?

—Sí, Victoria estudia en casa tras aquello, al principio era una niña buena y aplicada, pero muy nerviosa, en el psicólogo nos dijeron que su mente era bastante hiperactiva y que lo más seguro, fuera provocado por lo sucedido.

De hecho, debe dormir usando auto hipnosis con un espejo.

Carl se llevó una curiosa sorpresa al descubrir aquello y en su mente, ya trasteaba con algunas ideas para acercarse más a ella.

—Luego, se fue haciendo más rebelde y comenzó sobre los once años a echar a todos los profesores.

Al no salir de casa, le confiamos la esfera de los vientos a ella, también por si así lograba despertar sus poderes internos, pero nada.

—Eso sí que no lo esperé —dijo Carl ahora con mucha más curiosidad.

—La esfera la guarda en el interior de su pecho, ya sabes que puede meterse dentro del cuerpo y es que ni así logramos que use bien su poder.

Nada más asimilar que ella poseía lo que tanto ansiaba, fue cuando al fin dio con la idea perfecta.

—La verdad es que me apena que ella esté así, hasta me gustaría ser su profesor.

—¿De verdad lo harías?

—Sí, soy un chico inteligente y me gradué con las mejores notas, además de que leo bastante de todo un poco, aunque sobre todo libros de espiritualidad o hechizos.

Me sabe mal que ella no pueda ir a la escuela, por eso quisiera enseñarle lo que sé.

Y el señor Fred, demasiado agradecido por su proposición, le tomó de las manos con confianza.

—Gracias de verdad, no sabes cómo te agradezco esto.

—No me las dé señor Fred, para mí es un placer.

Pero este siguió dándole las gracias repetidas veces, además, Carl logró convencerle que sería bueno para arreglar el comportamiento de su hija, salir un poquito a la calle acompañada por él y después, al rato, subió a su habitación llevando una bandeja con la comida.

Llamó a la puerta y esta, al verle allí, se sorprendió mucho, más al verle con unas gafas de montura redonda con las que se veía demasiado lindo, así con un toque intelectual muy sexy.

—Carl ¿qué haces aquí? —preguntó algo roja del sustito que sentía.

—¿Qué sucede? ¿No puedo?

—Bueno, es que...

Y la pobre, que se había puesto en pie, trataba de quitar los pósters de famosos como pudo, no quería que ese chico hermoso la viera como una adolescente infantil, pero este, le pidió que se detuviera y con algo de timidez, Victoria puso sus manitas tras de ella, mirando hacia un lado porque no podía verle a los ojos.

—Debes pensar de lo peor de mí por lo que hice antes, Carl, te pido disculpas, y lo del pedete, de verdad que comí mucho en el desayuno y me sentó mal —decía ella aún con su carita muy colorada—. ¿Puedes perdonarme?

—Tranquila, entiendo que seas así por estar siempre aquí metida.

Ya me ha contado tu padre todo, por eso, me preocupé al ver que vivías así y me he ofrecido a ser también tu profesor particular —todo aquello se lo decía con una expresión amable para que ella tomara confianza.

—¿Lo dices de verdad?

Victoria estaba que no podía creerse aquello, hasta ya pudo ir a sus ojos, menudo cuando le dijo lo siguiente.

—También logré convencerle para que después de estudiar, salgas un poquito en las tardes, eso sí, siempre debo ir contigo, nunca sola.

Ahora sí que estaba totalmente anonadada, jamás esperó que un chico tan guapo llegaría a su vida y que, para colmo, le daría clases y saldrían a pasear como si fueran a citas cada tarde y así sin más.

—Eso sí, nada de vídeos ni fotos a escondidas, si quieres tenerme de fondo de pantalla, sólo pídemelo.

—¡Ayyy síííí! —gritó en lo alto emocionada dando un saltito y todo—. ¿Podría sacarte varias desde diferentes ángulos?

Es que quiero forrar mis carpetas y cuadernos.

—Sí, pero antes debes comer, anda venga —le dijo con una sonrisa mientras que para sí pensaba.

«Es linda físicamente, pero sólo es una niña inocente desesperada por ser libre»

«Poco a poco haré que te enamores de mí y así me confiarás la esfera de los vientos que le pertenece a mi abuelo»

Pero ella le sonrió muy lindo mientras se llevaba los fideos a la boca.

Ni apuro sentía ya por la emoción de poder salir a la calle, comía frente a él emocionada, sin pudor de que descubriera que era una glotona y al acabar, se pusieron a estudiar un poco.

Victoria no podía aguantarse, y mientras que este miraba el cuaderno, desviaba sus ojos al cuerpo de Carl con sus pensamientos llenos de él.

«¡Aaaah síííí!»

«Nunca tuve a un tío tan bueno así de cerca, es completamente mi tipo»

«Así, vestido de chico malo, pero con gafitas, con esa chaqueta negra y, esos pantalones vaqueros que...»

«¡Ay por dios!»

«Su virilidad, nunca antes vi el paquete de un hombre tan de cerca»

—Victoria, este problema no va bien.

La pobre logró volver en sí de su inocente perversión no sea que fuera pillada, pues se había quedado tontísima de tanto estar mirándole en todas partes y hasta se sentía depravada.

—¡Aaaaah! ¡Perdón, perdón! No volveré a mirar donde no debo.

—¿Acaso estabas escribiendo sin mirar a la hoja?

Entonces repentinamente y ya sin pudores, tomó sus manos con las suyas que eran mucho más pequeñitas, poniendo una carita de niña buena.

—Carl, perdóname por ser tan mala alumna, a causa de mi hiperactividad, se me va la mente a otro mundo si estoy mucho rato con la misma cosa.

Entonces este se puso en pie y ella se temió que estuviera enfadado.

—¿No te habrás enfadado Carl?

Me pondré de nuevo con este problema y verás que lo logro resolver.

—No, vamos a dar un paseo y así te despejas la mente.

Victoria ya no pudo más de la alegría al escuchar eso y se levantó de la silla gritando bien una y otra vez mientras le tomaba de las manos, dando saltitos y todo.

Después, bajaron a la planta baja y fueron a despedirse de sus padres, pero Fred se puso un poco insistente preguntando que por donde irían, que si sería muy lejos, que si esto, que si lo otro.

—Cariño, nada va a pasarle, va con Carl, ¿lo olvidas? Él se ve fuerte y se ve también que podría protegerla de cualquier cosa —le decía su esposa dulcemente.

—No se preocupe señor Fred, su hija volverá en un rato, ya verá que le sentará muy bien.

—Aah, está bien, voy a confiar en ti, pero nada de calles de mala muerte, ni ir a locales raros.

—Ya, ya amor, cálmate, venga chicos, marcharos ya que si no mi marido no se callará nunca.

Y antes de salir, Carl se puso unas gafas de sol, así daba más el aspecto de ser un chico malote y ya paseando por la calle, Victoria le decía «venga» repetidas veces muy contenta, así como una pequeña niña, tan emocionada, que sonreía todo el tiempo y le bailaba alrededor.

Carl no dejaba de pensar en lo infantil que se veía, pero esta le tomó de la mano para tirar de él con esa hermosa sonrisa que la caracterizaba.

—Mi mayor sueño desde hace ni sabe, era el de salir a la calle con un buen amigo o novio, como cualquier chica de mi edad.

Siempre pensaba, que me echaba un lindo amigo y que de ahí surgía el amor, pero, nunca podía realizar ese sueño por estar siempre en casa encerrada —entonces ella le miró fijamente a los ojos sonriendo aún, se le marcaban dos hoyuelos en sus mofletitos—. Estoy tan feliz, gracias a ti, no necesito más revistas de las que me compra mi madre, ahora sólo tengo ojos para ti.

Eres mi bias desde ahora y para siempre.

¿Puedo llamarte opá?

Opá era una expresión linda que se usaba en ese mundo para referirse a un chico al que le tenías mucho cariño, que fuera algo más mayor y protector, o una forma cariñosa de llamarle a un novio.

Carl se quedaba sorprendido al ver que ella no se cortaba un pelo en decirle lo que sentía.

Nunca conoció a nadie así.

—Puedes llamarme así si lo deseas.

No esperó su reacción, el cómo se lanzó a él para abrazarle, sintiendo su pecho contra él, lo tan cariñosa que ella era y sin miedo a demostrarlo.

Después le habló un poco de cosas que le gustaban, como comidas preferidas, música, y este la escuchaba porque no le quedaba más remedio si quería fingir ser agradable con Victoria, aunque muy en el fondo, no le disgustaba ya que le parecía una chica de buen corazón, o al menos esa era su impresión de ella en esos momentos a pesar de lo ocurrido en el baño.

En verdad, ella desprendía una felicidad inmensa, caminar por esas preciosas calles la llenaba de emociones y más al lado de su maestro.

Era una zona bonita de la ciudad, la parte más antigua donde había casitas y edificios de un estilo más tradicional, lindos jardines y calles empedradas.

—Pues tengo un blog que casi nadie conoce y mi padre mucho menos, allí subo historias ju, ju.

—¿Ah sí?

—Sí, Mamá sí sabe algo de que me gusta escribir y mi tío George, que se fue de casa hace años, joooo, le extraño, él me hacía mucho de reír.

Espero esté bien je, je, pero seguro se fue porque se hartó de papá.

Quisiera decirle que me encanta escribir, pero no me siento capaz.

¡Aaaaay! ¡Mira allí! —terminó diciendo ella señalándole en la distancia, se escuchaba música en el gran parque de la ciudad y Victoria tiró del brazo de Carl para ir a ese lugar.

Se encontraron con una presentación musical gratuita y estaba lleno de gente, no había casi espacio, pero esta logró meterse entre los pequeños huecos, aun tirando del brazo de Carl hasta llegar a las primeras filas.

—¡Carl, Carl! ¡Ella es la famosa Ina! ¡Qué guay! ¡Mi primer concierto! ¡Estoy más que feliz! ¡¡Estoy híper feliz!!

Victoria le hizo de agacharse un poco para llegar a su oído y que él pudiera escuchar mejor lo que quería decirle.

—Sus canciones me encantan ju, ju, jamás imaginé que su mini concierto gratuito fuera aquí en Detza.

—¿Mini concierto gratuito?

—Sí, cada año, el veinte de mayo, hace uno.

Ella dice que es dedicado para alguien importante, pero nunca ha aclarado más en las entrevistas.

Je, je, estas cosas las sé porque de estar todo el día en casa me aburro y veo de todo en internet.

Tras comentarle aquello, se puso a saltar y a escuchar el concierto tan llena de emoción, que Carl se la quedó mirando por unos instantes pensando que esto sería algo estupendo para una pobre chica que vivió encerrada en casa toda su adolescencia.

Aunque se sentía raro entre tanta gente pues este también era su primer concierto.

Mientras cantaba, Ina miró a la gente del público y tras ver a Carl, se quedó como sorprendida, como si no esperara ver a esa persona allí, aunque siguió cantando como si nada.

Ella era una mujer de cuarenta años muy bonita, piel clara y cuidada que no aparentaba la edad.

Largo cabello ondulado, castaño y ojos verdosos.

Alta y delgada, como una modelo, y su voz era espectacular, de esas voces prodigiosas que llegaban a notas altas fácilmente pero también sabían cantar dulce y hechizante.

Victoria a veces cantaba partes que se sabía de sus canciones así hasta que el mini concierto terminó al poco y toda la gente se fue yendo tras que Ina se despidió.

Victoria no dejaba de decirle a Carl la gran felicidad que sentía por ir a su primer concierto, de hecho, se quedaron en ese parque un ratito ya que ahora sin gente se sentía muy bien el ambiente.

—Oye Carl, podría, bueno, ¿sacarte ya unas fotos?

Es que, ahora que estamos en este bonito parque sería maravilloso —y ésta ya tenía su móvil en la mano preparada para ello.

—Anda venga.

—¡Bieeeen, síííííí!

Ja, ja, ja, hoy seré tu fotógrafa personal —y volvió a dar otros saltitos con mucha ilusión.

Le sacó varias de cuerpo entero, Carl sabía posar bien, algunas apoyado en un árbol y luego otras, con flores de cerca, al acercarse tanto a su cara, Victoria babeaba en secreto, pero este se daba cuenta por algunas expresiones que ella ponía.

«Ains, tendré que aguantar muchas cosas para conseguir mi propósito», pensaba, pero mientras que esta le sacaba ahora unas desde más de lejos, se dio cuenta de que, en la distancia, se veía a alguien tras el árbol en la pantalla y enseguida gritó en lo alto.

—¡¿Quién anda allí espiando a mi opá?!

Enseguida Carl fue hacia aquel árbol y Victoria también, se quedaron asombrados al descubrir que allí estaba la mismísima Ina, vestida de calle, con una sudadera con capucha y unos vaqueros.

Capítulo 3

Conociendo a Ina

—Ina, ¿eres tú?

¿Por qué nos estabas espiando? ¿Pasa algo con mi opá?

—Perdonad, es que, mientras cantaba te vi a ti y, bueno, siempre quise hablar contigo si llegaba a conocerte y no sabía cómo acercarme ya que os vi sacando fotos.

Carl no se esperó que esa mujer quisiera hablar con él.

—¿Conmigo? ¿Siendo tú una mujer tan famosa?

—Sí, sé que quizás suene a locura, pero, así es.

Desde que te vi en una entrevista me llamó mucho la atención tu manera de hablar referente a la espiritualidad, de hecho, antes de cada concierto medito un poco y me sirve muchísimo.

Pido disculpas por aparecer así, me siento una maleducada y me hizo recordar a algunos fans jeje.

Si queréis os invito a un café para que me disculpéis.

—Eso suena delicioso, aunque yo no puedo tomar café así que, mejor un zumo.

¿Qué piensas Carl?

Victoria estaba contenta y con ganas de ir y le tomaba del brazo a Carl esperando que dijera que sí.

—Me parece bien, vamos entonces.

Y ella se llenó de emoción y cerca del parque, justo en frente de una de las salidas, había un bonito café con un aspecto algo lujoso así con un aire vintage.

Este se llamaba El Franley, y por dentro, los muebles eran de madera recordando los diseños del viejo oeste.

Había bastante gente, algunos iban bastante bien vestidos, hombres con sus trajes para ir a trabajar, mujeres con aspecto de secretarias.

Los tres se sentaron en la mesa que estaba junto a la ventana y se pidieron sus consumiciones.

Allí Ina, les contó que se había mudado a esa ciudad hacía poco y que ahora estaba tomándose unas vacaciones hasta sacar un nuevo álbum pues, llevaba muchos años en la música, desde que tenía diecisiete.

—Oye Ina —terminó por preguntarle Victoria pues no podía más con la curiosidad—. Perdón si soy algo entrometida, pero, es que, tengo una pregunta que ya estarás harta de oír.

Perdón, perdón por ser tan curiosa, pero es que nunca vi a un artista hacer algo así tan maravilloso, como conciertos dedicados y gratis, por eso pienso que debe ser para alguien sumamente importante.

¿Es así?

Ina entonces, se quedó mirando su vaso por unos momentos en silencio y Victoria pensó, que se había ido de la lengua preguntando aquello, pero al final, ella le respondió.

—Lo es, pero, no supe valorar a ese alguien y elegí la música.

Realmente este día es su cumpleaños, trato de que, de alguna manera, algún día, le lleguen mis canciones.

Victoria entonces, llena de emoción, tomó las manos de Ina cosa que ella no se esperó, aquella joven era bastante lanzada y Carl se sorprendía ya que acababa de conocer a esa mujer.

—Eso es tan hermoso, estoy segura de que sí le llegaron y debe sentirse feliz, al menos yo me sentiría así si alguien me dedicara canciones cada año.

Ina pudo sonreír al escucharla, Victoria en verdad transmitía mucha calidez.

—Gracias, ese sería mi mayor deseo, aunque me siento tranquila ya que sé que esa persona está bien.

En fin —dijo ahora refiriéndose a Carl mientras sacaba su móvil —. Sería maravilloso pasarnos los números, sólo para hablar de espiritualidad, si quieres, hasta te puedo pagar por ello.

—No hace falta que me pagues, estoy encantado de ayudar a los demás.

Me gustaría que el mundo fuera más espiritual a veces, cuanta más gente se una, mejor.

—Eso mismo pienso yo, y más personas empáticas también.

Y, sobre todo, espiritualidad saludable.

Se pasaron los números mientras que Victoria los miraba con curiosidad, después de acabarse sus bebidas, se despidieron y decidieron volver a casa no sea que Fred se enfadara por la tardanza.

Por el camino, aquella joven no dejaba de repetirle a Carl lo maravilloso que fue haber conocido a Ina.

—Ella es una genial persona, aunque al principio me puse celosilla pero luego vi que no era de esas mujeres.

Me siento tan bien por haber salido de paseo, muchas gracias Carl.

Este no respondió y ella siguió danzando a su alrededor como hacía rato y tras llegar a casa, su padre ya estaba esperándola desde hacía varios minutos en la entrada.

—Ves como nada le había pasado —le comentó su esposa tranquilizándole.

—Bueno, es que el paseo fue demasiado largo Unha.

—Pido disculpas por eso señor Fred, nos encontramos con un pequeño concierto de música en el parque y pensé que sería bueno que Victoria lo viera, ella estaba muy feliz y cantaba las canciones —le explicaba Carl sacándose las gafas de sol y la chaqueta después, su esposa seguía tratando de calmarle agarrada a su brazo.

—Sólo mira cómo está nuestra pequeña, sus ojos brillan como nunca y se la ve radiante.

—Bueno, bueno, está bien, pero ahora en la cena quiero saber cómo fue todo.

Así fue, su padre no había visto esa felicidad en su hija desde hacía mucho tiempo y hacía que se sintiera un poco más blando por dentro, aunque trataba de hacerse el duro en todo momento y hasta la regañó por hacer que Carl tuviera que posar para ella.

Luego, en la noche, Victoria ya no pudo más y encendió su ordenador para escribir un relato caliente con Carl llamado, mi hermoso maestro.

Una historia con un toque de humor en la que acaban en la cama, aunque de manera más inocente, pero con su toque pervertido y muy romántico, pues ella no sabía nada sobre cómo era hacer el amor, en ese aspecto a pesar de haber querido verle desnudo y escribir cosas así, no sabía casi nada, sólo escribía sobre esos sentimientos de amor y deseo.

Estaba segura que ya estaba enamorada de él y tan sólo le conocía de en un día, pensaba que era amor a primera vista.

Ahora quería escribir una serie de historias para Carl con ese título y no todas calientes, también sólo de amor y con sus partes divertidas.

Tardo una hora y después lo subió a su blog llamado, Vicky in love.

Allí tenía poquitos seguidores, cincuenta y dos personas, casi nadie la conocía ya que ella sólo quería desahogarse escribiendo y le daba igual lo demás, expresar su mundo de alguna manera y mejor escribiendo, pues era lo que más amaba hacer.

Tenía un buen amigo que la seguía llamado Albo, con cuatrocientos seguidores en su blog, Albo y sus escritos.

Ella siempre le contaba sus ideas para sus historias y le daba algunas para las suyas.

Albo escribía tramas de todo tipo en su blog así parecidas en estilo a las de ellas, fue este el que la conoció buscando historias de amor y fantasía.

Siempre le decía, que sus historias eran como chocolate y ella se emocionaba de escuchar cosas tan lindas, cosas que deseaba escuchar de su padre.

Sus demás seguidores, le decía siempre, que sus historias eran geniales y que debería subirlas a saveyeah, un lugar en donde subir vídeos, pero ella aún no se animaba ya que no sabía de programas ni nada para crearlos.

A la mañana siguiente, se dio su ducha de siempre, ya estaba deseando ver a Carl y por eso, se puso un vestidito beige con escote que le regaló su madre hacía unos meses, ahora era el momento perfecto para usarlo, quería que él la viera lo bonito que le quedaba.

Estaba preciosa, tenía buen busto y se sentía orgullosa por ello, aunque no tanto como su madre ya que era más delgada.

Al bajar a desayunar, Carl ya estaba allí tomando unas tortitas con miel y café.

Su padre nada más verla, ya comenzó con sus regaños.

—Victoria, haz el favor de ir más tapada.

¿Te parece bonito aparecer así? Y más ahora que debes ir a las clases, ¿no te da vergüenza que otros te vean?

—Fred, basta ya cariño, ella es joven y preciosa y está en la edad de querer verse linda.

Su madre en verdad se molestaba mucho con su marido pues ella era algo liberal en cuanto a cómo vestir y pensaba que ir sexy no era nada de malo, claro, todo con un límite.

Fred seguía cerrado de mente y no quería que su pequeña hija fuera de esa manera.

—¿Qué van a pensar tus compañeros de clase viéndote así vestida? ¿Es que no piensas en las consecuencias?

—No creo que pase nada, sólo es un vestido papá, si los venden, será para usarlos ¿no? —respondió ella un poco mosqueada porque este siempre la regañaba por todo.

Y es que, este siguió quejándose, pero Victoria ya pasaba de él, estaba algo decepcionada ya que Carl no pareció fijarse en ella, le había mirado disimuladamente e iba a lo suyo, desayunando como ajeno a la discusión, ni una sola miradita a su escote.

Al rato, ya estaban en el gimnasio, Turin y un chico de catorce años llamado Calvin, se acercaron a ella nada más verla así vestida.

—Jolín Victoria, hoy sí te has lucido.

—¿Es para el maestro que te vestiste así? Más días debería venir de esta manera je, je, a nosotros nos alegras la vista.

Tras lo que dijo Calvin, esta se sintió muy incómoda, pero Carl, que estaba muy cerca, se acercó a ellos por la espalda y posó sus manos en el hombro de cada uno.

—Estáis aquí para mejorar vuestro poder espiritual e interno, pero vuestro comportamiento hará que influya en vosotros mismos y luego vendrán las consecuencias.

Dejad de molestar a Victoria y esforzaros en la clase de hoy si no queréis que les diga a vuestros padres, no me gusta ser duro con mis alumnos por eso vamos a tratar de comportarnos mejor.

—Lo sentimos profesor, es que, es sólo que Victoria nos pareció linda, no pretendíamos molestar de verdad.

Por favor, no le diga nada a mi padre.

—Turin se inclinaba y todo mientras decía aquello y Calvin le siguió, lo último que deseaban eran los regaños de sus padres.

—No os preocupéis, no les voy a decir lo de hoy, sólo prometedme que os vais a esforzar en las clases y con eso me doy por satisfecho.

—Nos vamos a esforzar y mucho, enserio.

Calvin ya se sentía más calmado porque Carl estaba sonriendo, después él les dijo que se prepararan ya para comenzar las clases.

Victoria se sentía muy agradecida y tiró un poquito de su camiseta antes de que él se fuera.

—Opá, gracias por esto.

—No las des, ya sabes que quiero que en mis clases todo marche bien, deseo que mis alumnos sean buenas personas y por eso les he regañado, además que no me gusta ver ese tipo de comportamiento hacia una chica, eso no es nada espiritual y quería que ellos se dieran cuenta.

Victoria estaba feliz, Carl era un buen chico, pensó que quizás no miró su escote antes, porque él era respetuoso y en su mente no había de esos pensamientos simples que muchos chicos tenían al ver chicas lindas.

Bueno, las mujeres también se volvían locas viendo a hombres atractivos, eso la hizo sentir un poco mal pues ella babeaba al ver a Carl, no quería ser una mujer de esas, pero, no podía evitar desviar sus ojos a su hermoso maestro todo el tiempo y no entendía si es que realmente se había enamorado así a primera vista.

Durante la clase, ella estaba muy nerviosa, le miraba el cómo ayudaba a sus compañeros, todos conseguían enseguida canalizar su energía y hacían demostraciones de sus poderes, incluso los más jóvenes, lograban crear pequeñas ráfagas de viento por sus manos, aunque no tan poderosas que las de Carl.

En verdad él era tan asombroso, podía crear un viento bastante fuerte y elevarse en el aire así casi como si tuviera poderes psíquicos para levitar como ella.

Esas cosas de Carl, hacían que sintiera aún más adicción por él, le parecía el chico perfecto.

Lo malo es que sus ojos se clavaban en todo su cuerpo, quería concentrarse, pero no sabía cómo, en verdad Carl le parecía un hombre muy hermoso, más que los chicos de las revistas, realmente esos chicos nunca le hicieron sentir emociones ni nada, sólo le hacía algo de ilusión verlos ya que los de su clase no le gustaban y con eso de estar siempre encerrada, no podía conocer a más, pero ni siquiera sentía locura en ella al mirar los pósters, que, por cierto, ya había quitado.

Otra vez, se fijó en el paquete de Carl tras haber estado fija en los tatuajes de su brazo izquierdo.

Es que los pantalones que usaba le quedaban ajustaditos, sobre todo a sus fuertes muslos y eso se le marcaba también.

Para ella, era inevitable desviar su vista ahí, sólo le gustaba mirar el de Carl a pesar de sentirse como la mujer más depravada del planeta.

«¡Mama santa! Qué buen hombre que hay ante mis ojos»

«¡Aaaah, no! No debo ser así, no debo mirar a mi opá con ojos lujuriosos»

Pero este se acercó a Victoria y rápidamente se giró para que no se diera cuenta que no había dejado de mirarle todo de arriba abajo.

—Venga Victoria, que ahora te toca a ti —comentó colocando su mano en su cabecita y la pobre sentía arder sus orejitas—. Concéntrate en sentir la energía que fluye en tu interior, cada poder que posees, identifícalo y trata de pensar únicamente en uno de ellos para fortalecerlo con un deseo intenso en tu alma.

Al fin pudo darse media vuelta con la esperanza de quesu cara no se viera roja, pero entonces Carl llevó su mano a su vientre, comohizo al día anterior y le pidió calmarse, pero esta se estaba volviendo loca de una manera imparable.

Lo peor fue oler su gel de baño, era el de casa, pero en él se sentía muy rico.

Que el hombre que tanto le gustaba, estuviera tan pegado a ella y tocando su vientre era demasiado para esa pobre chiquilla.

«Bendita pervertividad, qué hago qué hago, su sexy mano varonil en mi pancita, ya sé que es parte del entrenamiento, pero es algo tan íntimo en mi cabecita loca»

«¡Me va a dar algo!»

—¿Victoria?

—¡Aaaaaaah!

Ese grito se le acabó escapando de todos los nervios que llevaba en el cuerpo, todos sus compañeros se partieron de la risa y Carl tuvo que calmarlos.

Victoria de nuevo pidió disculpas sintiéndose de lo peor.

—Opá —le dijo acercándose a él—. Te pido que no te enfades, de verdad quería lograrlo, pero estaba tan nerviosa que me asusté y todo cuando dijiste mi nombre —aquello lo decía hablando bajito y avergonzada a más no poder.

—Ains, pude sentirlo, tendré que probar otros métodos contigo, mientras tanto, estate atenta a cómo le enseño a tus compañeros y no te vayas a las nubes ni pienses cosas raras con tu opá.

—Entendido.

Victoria ya tenía más que claro que él, a pesar de no leer la mente, podía sentir que le estaba deseando.

Se sintió un poco mal de nuevo, y por más que miró a sus compañeros lograr usar su poder, ella seguía sin comprender cómo es que lo conseguían.

¿Por qué para ellos eran tan sencillo el concentrarse? Se estaba comenzando a sentir una inútil y más como hija de un maestro, en pocas ocasiones había usado sus poderes, por lo que hasta había olvidado varios de ellos.

Durante la comida, Carl le estuvo contando a su padre el problema de Victoria con sus nervios.

—Voy a buscar una manera de lograr que pueda concentrarse.

—Confío en que tú lo logres de alguna manera de verdad, no quiero perder la esperanza con ella.

Esta no dijo nada, comía en silencio triste, se sentía poca cosa para Carl, él tan genial y ella, sólo era una chica bonita que escribía historias y que no sabía de nada más.

Para estudiar, no era tan torpe, pero no le gustaba, eso sí, los problemas de matemáticas sí que le resultaban difíciles de comprender y pensaba que quizás Carl, podría pensar que ella era poco inteligente o una chica que no valía la pena para amarla y tenerla como novia.

Y mientras que hacía unos ejercicios de literatura en la tarde, volvió a pedirle disculpas.

—Siento demasiado lo ocurrido en las clases, es que, como eres mi opá, me pongo aún más nerviosa, no sé qué voy a hacer, soy tan torpe con todo —decía con unos ojitos tiernos que parecían querer echarse a llorar—. Sólo ve lo mala que soy para los problemas de matemáticas, te vas a cansar de tratar de enseñarme y te irás.

Debes pensar que soy penosa.

—No eres penosa, todos tenemos cosas que nos cuestan más o que se nos dan muy bien.

Sólo mira estos ejercicios de literatura, vas muy bien, además no tienes faltas de ortografía y lees con mucha fluidez.

A Victoria se le iluminaron los ojos tras escucharle decirle esas cosas y tras un gracias le dio un pequeño abrazo.

Carl ya se estaba acostumbrando a su manera de ser, pensaba que ella era una chica tierna y afectiva y que, con él, podía sacar ese lado suyo fácilmente.

En el fondo no le disgustaba estar con ella y enseñarle cosas a pesar de que seguía pensando que era algo infantil y su propósito de enamorarla seguía en mente.

—¿Sabes qué se me ha ocurrido?

—¿El qué? ¿El qué? Cuéntame —le preguntaba entusiasmada con ganas de saber.

—Quiero que vengas a conocer a mis padres que viven en Adurna.

Mi padre es muy sabio y seguro puede enseñarte a cómo relajarte, además, pienso que será buena idea salir a ver más sitios y ya que es fin de semana mañana, no tenemos nada que hacer y podemos ir allí.

—¡Sííí, sííí! —exclamaba con una emoción que nunca antes sintió saltando y todo—.

Pero, quizás papá no me dejará salir hasta otra ciudad jooo

—Yo hablaré de nuevo con él y le comentaré sobre eso que hablamos de ayudarte con el entrenamiento.

Victoria estaba demasiado ilusionada por eso y ya quería que llegara el día siguiente para ir junto con Carl a su casa.

Esa noche en la cena, su padre ya sabía lo de la idea del viaje y habló muy seriamente con ella.

—He dudado mucho, pero, viendo que Carl es de confianza, creo que estás segura, además, siento que, viendo a sus padres, expertos en la meditación, podría hacerte mejorar de una vez.

El abrazo que Victoria le dio a su padre nadie lo esperó allí, él mismo estaba que no se lo creía y hasta sintió los deseos de acariciar su cabello, pero como siempre, no quería que se le notara que tenía ese otro lado blando, según él pensaba que era.

—Anda y come que se te va a enfriar la cena, más te vale comportarte mañana con los padres de Carl, no quiero que mi hija de una mala imagen, sé buena y calmada.

—¡Sííí!

Y este siguió con su charla, pero ella ya estaba completamente feliz.

Tras terminar toda la cena y ayudar a su madre a fregar todo, se fue a su habitación para encender su ordenador y escribir más historias con Carl, al rato, su amigo Albo le mandó un mensaje.

—Oye, oye Victoria, a que no sabes qué.

—Cuenta, cuenta.

—Me voy a apuntar a un concurso en saveyeah que trata de hacer una historia, no hay premio, sólo el dueño del canal que lo ha creado promocionará tu vídeo si ganas y conseguirás más seguidores.

Deberías participar también.

—Pero, yo no sé nada de hacer vídeos ni de programas.

—No te preocupes, te voy a pasar los links para descargarlos y te explico cómo se usan.

De verdad que quiero que te unas al concurso ya que eres muy buena escribiendo.

—Gracias je, je, ya me has animado, creo que sí voy a participar y mejor, con la nueva historia de las buenas que tengo en mente, estos días ya te diré de qué va.

Al rato Albo le pasó unos programas sencillos de usar, uno era para hacer voces a partir de un texto, el otro para poner música y editar audios y, por último, el programa que hacía los vídeos, también le pasó tutoriales en saveyeah y Victoria los miró por encima y después terminó su mini historia con Carl.

Sobre las once y media se fue a acostar, estaba muy nerviosa por el viaje que haría junto a Carl y enseguida tomó su móvil para ver las fotos que le sacó.

No dejaba de mirar las de su carita, eran sus favoritas, no se podía creer lo bueno que él era con ella y se sentía afortunada.

En verdad pensaba que tenía alguna oportunidad con él, le daba igual que fuera tres años mayor que ella, aún era muy joven y sólo le faltaban unos meses para ser mayor de edad.

Mientras tanto, Carl terminaba de meditar en su habitación, apagó la música de tambores que siempre usaba y de nuevo, se quedó rallado en su mente.

Se sentía frustrado porque por más que tratara de ver el espíritu de su abuelo, jamás lo lograba, sus espíritus guías no querían darle respuestas, sólo le decían, no puedes aún, una y otra vez.

«Abuelo, quizás, no te dejarás ver hasta que recupere la esfera ¿es eso verdad?»
«Has confiado en mí para que la recupere y eso haré»

«No sabes los deseos que tengo de ver tu cara de nuevo, te extraño demasiado»

«Lograré mi propósito»

«Ella, es tan inocente y ya parece estar enamorada de mí»

«No me gusta ser malo, pero, no puedo olvidar el pasado»

Eso era lo que habitaba en su mente, y con esos pensamientos se fue a acostar. 

Capítulo 4

Conociendo a los papás de mi opá

Ya amaneció en aquella ciudad y Victoria despertó con una sonrisa de oreja a oreja, no sólo porque hoy se iría con Carl, también por el maravillo sueño que había tenido además de algo picante.

En su sueño, él posaba como un modelo en calzoncillos.

No se aguantó y sacó su móvil para ver sus fotos de nuevo, esta vez fue a mirar las de cuerpo entero.

—Je, je, así puedo mirar su cuerpo sin que se dé cuenta ¡aaaah! ¡Madre mía!

Y es que sus ojos se iban hacia esa parte de sus pantalones.

—¡Noooo! Soy una chica mala y depravada, ¿cómo puedo mirar eso de mi opá?

Eje, je, je, quisiera ya ser mayor para hacer cosas con él, no sé cómo es eso, pero seguro es maravilloso.

Entonces rápidamente se levantó para ducharse, el vestido que hoy se puso era precioso, ajustadito a su cintura y suelto bajo las caderas, el largo le quedaba por mitad de los muslos y era color blanco.

Su madre siempre le regalaba vestidos muy lindos que resaltaban su figura delgada, su padre a veces gruñía porque quería que fueran más largos, pero ella se los ponía igual además que odiaba usar pantalones.

Después de secar su cabello ondulado, hizo la mochila con una muda de ropa interior y otro vestido del mismo estilo.

Durante el desayuno, todos pudieron sentir la felicidad de su alma, su padre parecía algo calmado, cosa rara en él, pues sabiendo que su hija estaría fuera de casa, tendría que estar más nervioso que nunca, Unha estaba orgullosa por aquello que su marido había decidido, ya estaba deseando que su pequeña fuera un poco más libre.

Ya en el autobús, Victoria tenía una linda sonrisa casi todo el tiempo, se la pasaron medio callados todo el viaje, a veces ella hacía mención del paisaje que se veía por la ventana con mucha ilusión.

Hoy Carl estaba muy guapo vestido, llevaba unos pantalones blancos que como siempre, le quedaban ajustados, arriba, una camiseta gris básica y una chaqueta vaquera azul claro, no faltaban sus gafas de sol en la cabeza que usaba siempre en la calle.

Victoria siempre se preguntaba si eran graduadas, pues en las clases de las tardes usaba otras redondas normales.

Otra vez, miraba sus muslos fuertes, ella era algo fetichista, le gustaban mucho las manos de los chicos, concretamente las de Carl, y los muslos también le parecían algo muy sexy en los hombres y lo mejor de todo, es que este los tenía fuertes.

Cuando veía a los chicos de las revistas y los cantantes, siempre miraba los muslos de estos, pero no sentía nada, sólo pensaba que se veían estéticos si se notaban marcados en los pantalones, con Carl era diferente ya que se ponía tonta y es que, esa parte, de nuevo frente a sus ojos, rápido los apartó y sacó su móvil para no seguir mirándole donde no debía.

—Carl, Carl ¿y si nos sacamos unas fotos juntos? Así recordaremos siempre este día, la primera vez que viajé fuera de mi ciudad.

—Anda venga, espera que me quite las gafas.

Victoria sacó varias con sus caras juntas con mucha emoción y aguantándose el apuro para no ponerse colorada.

—Ji, ji, definitivamente lo que más me gusta es ver tu sonrisa en las fotos.

Y aprovechó para darle un besito en la mejilla para así sacar la foto definitiva, ni siquiera ella se creía lo que acababa de hacer.

—Oye Victoria, ¿qué fue lo que hiciste?

—¿Te enfadaste? Opá, era un regalito por ser tan bueno conmigo, además, me hace tanta ilusión tener una foto así tan linda.

Veeeenga, no te enfades conmigo —decía agarrada a su brazo poniéndole ojitos tiernos.

—Ains, está bien, mira, ya falta muy poco para llegar, ya se ven todos los enormes árboles en la distancia.

Victoria con mucha emoción los miró y por alto decían que eran hermosos, los de Detza eran también bonitos, pero estos tenían hojas de muchos colores, sobre todo de un tono rojizo y eso que era primavera.

Al llegar, dio varios de sus saltitos por la euforia que sentía al ver una ciudad nueva.

Esta era hermosa, mientras que Detza era una mezcla entre lo moderno y lo antiguo, con edificios altos y tiendas de todo tipo, Adurna era de un estilo mucho más tradicional, aunque también tenía su zona de edificios más nuevos y lo mejor, era ver las calles llenas de árboles y a lo lejos, un enorme monte que a Victoria le impresionó por su altura.

—¡Guaaau Carl! El paisaje es bellísimo, sitios así sólo los he llegado a ver en los dramas que veo y mira ese monte gigantón, da impresión de verlo.

—Es el monte Anios, mi abuelo me llevaba de niño para que entrenara mis habilidades y cuando falleció, seguí yendo, pues no podía olvidar esos días.

—Debieron ser momentos tan lindos los dos juntos.

—Lo eran.

En el interior del monte, se haya una cascada inmensa y bajo ella, meditaba muchas tardes recordando esos momentos.

—A mí me daría miedo ir sola a una cueva o monte, pero ganas no me faltan je, je, los animales que viven allí, muchos deben ser algo brutos.

—Sólo algunos no todos.

Mientras que no los molestes, ellos pasan de tu presencia, quizás, cuando seas más mayor y tu padre haya perdido su miedo, podría llevarte para que medites como yo hacía bajo la cascada.

—Me encantaría de verdad.

Carl sintió que se estaba abriendo mucho con ella, lo cierto es que era una joven que transmitía pura confianza y eso no podía negarlo.

Ahora Victoria se había parado junto a un jardincillo lleno de flores de todo tipo y acercó su naricita a una morada muy bonita para olerla.

Después no pudo evitar meterse entre todas las flores para olerlas todas a ver cuál le gustaba más.

—De verdad que no sé de qué manera agradecerte todo esto que estás haciendo por mí.

Ya sé, cuando cumpla los dieciocho, dejaré que tú seas el que se lleve eso de mí.

La cara de Carl al no esperarse aquello era digna de ser retratada en esos momentos.

¿Cómo aquella chica podía decir tales cosas así de pronto?

—Qué cosas dices Victoria, no soy de esos tipos.

No vuelvas a decirme algo así.

—Pero, yo lo digo muy enserio, quiero que así sea, no deseo que nadie más me tenga porque, tú eres mi lindo Carl opá.

Es mi alma la que te ha elegido ju, ju —Y Victoria le decía aquello con su hermosa sonrisa que parecía constante.

—Bueno, no sigas hablando de eso anda, vamos para el templo de mis padres que no falta demasiado.

El pobre estaba algo rallado, su personalidad era tan desconcertante, podía ser la chica más dulce y linda del mundo, que de pronto sacaba ese otro lado picante mezclado con ternura.

Al fin, al cuarto de hora, llegaron al templo, este estaba al final de un camino precioso con el suelo lleno de hojas de tonos rojizos, naranjas y amarillos, árboles rodeaban ambos lados, árboles y más árboles que parecían interminables, el templo se veía muy bonito desde afuera, tejado rojo de varios pisos y jardines en la entrada en el cual, los padres de Carl les estaban esperando.

Ellos tenían la piel más morena que este, mucho más, cosa que a Victoria le llamó la atención ya que él era muy diferente a ellos en cuanto a aspecto físico, incluso era bastante alto, más que su padre y bastante blanco.

Su padre llevaba también cabello muy corto, pero de un rubio muy claro casi blanco, así como la madre, aunque los rasgos de cada uno eran distintos.

Victoria supuso que venían de alguna región lejana y que se mudaron, pues nadie allí tenía esos tonos de piel y cabello, se preguntaba por qué Carl no había heredado su aspecto.

—Así que esta es tu linda amiga Carl —dijo su madre, esta tenía el cabello larguísimo y algo rizado, una mirada con una chispa especial, sus ojos eran marrones y tenía un cuerpo con curvas.

Es un placer tenerte en el templo pequeña —entonces, aquella bonita mujer le dio un gran abrazo —. Y bueno, a mí puedes llamarme Jasmín y mi esposo es Dart.

—Encantada ju, ju, yo soy Victoria.

—Victoria, la hija de Fred, siempre quisimos conocerte, te vimos cuando eras una pequeña bebé, pero después, ya no supimos más de ti, me alegra saber que creciste sana y hermosa.

Dart parecía ser un señor muy agradable o al menos eso sintió ella.

Se veía algo fuerte físicamente, seguramente hacía ejercicio a menudo y sus ojos eran verdes.

Después éste, le enseñó todo el templo.

Era precioso, con los suelos de madera, varias habitaciones en donde había de esas mesas en las que debías sentarte sobre un cojín en el suelo.

Las lámparas colgaban del techo, eran rectangulares y todas con el mismo diseño, blancas con maderas en cada borde.

Había cuadros muy bonitos en las paredes de paisajes que parecían no existir en la vida real y la gran sala donde se meditaba, era amplia, con un ventanal que daba al jardín, a cada lado había unas largas alfombras rojas contrastando con un suelo de madera de un tono más pálido.

Cuando ya vieron todo, se fueron a comer pues Jasmín había estado cocinando mientras.

Allí Dart le preguntó qué tal era vivir allí con su padre.

Victoria no se cortó un pelo en decirles todo.

—El templo es lindo también, pero, yo lo que deseo es ver el mundo exterior pues, sólo podía salir con mamá a la tienda algunas veces.

­—Vaya, eso no lo imaginé —expresó Jasmín que no imaginó que Fred hubiera ido a tanto.

—Mi papá en verdad da mucho miedo, no me deja salir de casa nunca y es muy estricto, se enfada si uso vestidos cortos o si como de más, antes incluso se enfadaba si veía chicos lindos en las revistas, lo bueno es que ahora con Carl cerca, no necesito ver a nadie más.

Dart rio por todo lo alto al escuchar aquello.

—¡Aja, ja, ja! ¡Ay madre! Eres una joven muy agradable.

—Sí je, je, en verdad creo que ponía pósters de cantantes en mi cuarto para no olvidarme de cómo son los chicos ya que, al estudiar en casa, siempre he soñado con eso del primer amor, el típico de instituto.

—Debe ser duro que tu padre sea tan protector, pero estoy seguro de que es porque te ama mucho como su hija que eres.

—Puede ser, lo bueno es que ahora gracias a Carl, puedo salir más de casa y es como ser cada vez más libre.

—Eso es bueno, uno no puede andar todo el día metido en casa y más a estas edades, espero que Fred abra los ojos niña.

A Victoria le agradaba el padre de Carl, no parecía ser un gruñón como el suyo y le hubiera gustado que fuera así como él.

Después de comer un delicioso plato de carne en salsa con ensalada, este se fue a meditar, Carl se fue al jardín interior para meditar también.

Aquel jardín era precioso, con muchos árboles y un pequeño estanque, también había algunas esculturas de piedra que en su interior podías meter velas para alumbrar en las noches.

Victoria sacó un cuaderno para apuntar las ideas que se le iban ocurriendo para la historia del concurso, aunque, en varias ocasiones se le iba la vista a Carl que, de nuevo, andaba sin camiseta.

Eso le estaba inspirando mucho y ya se le había ocurrido una buena trama así que, no dejó de escribir y más escribir ordenadamente esas ideas, así por una hora y media hasta que Jasmín entró cargada con una bandeja.

—He traído galletas y té para tomar ahora en la tarde ¡Carl! Ven con nosotras anda.

Ains, cuando se mete con la meditación no le gusta que le interrumpan, eso lo aprendió de su abuelo.

Carl se puso de nuevo la camiseta para después sentarse con ellas y comer un poco.

Jasmín vio que Victoria seguía con su cuaderno como si no pudiera parar de escribir llena de inspiración.

—Parece que estabas muy metida con la escritura ¿son poemas o algo lo que escribes?

—No je, je, es para una historia, es que han organizado un concursillo en saveyeah y me han animado a participar y como mi pasión es escribir, al final no puedo parar con las ideas.

El premio sólo será promocionar mi canal en las redes sociales, pero me hace mucha ilusión que vean mis historias ya que son parte de mi mundo.

—Suena estupendo, escribir es una bonita afición ¿y de qué trata tu historia?

Victoria se cortó un poco esta vez y avergonzada lo dijo todo.

—Pues, es Carl el que me ha inspirado aja, ja, ja.

Jasmín sonrió y Carl pensó que era algo que ya esperaba.

—Veréis, la historia va sobre una princesa que es presa en un palacio de cristal, esta, además, deberá casarse por conveniencia con un príncipe guerrero de mal corazón, pero, ella ama a su maestro de conjuros y magia Carl y este, la ayudará a escapar de ese mal lugar.

Espero no le moleste incluir a su hijo en mi historia.

Y dijo aquello tapándose la boquita con su cuaderno con algo de miedo por lo que ella pudiera decir.

No esperó verla sonreír de nuevo.

—No te preocupes, me parece algo muy lindo.

—¡¿De verdad?!

Gracias, eso me anima mucho.

Victoria sonrió de una manera demasiado linda, Carl se fijó en su carita pues se veía muy hermosa.

«Aaah, ¿qué demonios me pasa? Sólo es una chica bonita, pero, nunca vi a nadie sonreír así de forma tan pura»

Y no dejó de mirarla, aun así, hasta que se decidió a seguir meditando para tratar de sacarse esa sonrisa de la mente.

Jasmín aprovechó ahora que él no estaba cerca, para seguir hablando con Victoria.

—Me siento feliz de que alguien como tú esté junto a mi Carl.

Es que, desde que falleció su abuelo, se cerró bastante y no le abre su corazón a cualquiera, él era alguien a quien quería con toda su alma.

—Sí, por cómo me habla de él sé que le quería demasiado.

—Exacto.

Y fue desde que él se marchó, que perfeccionó sus técnicas, ha logrado crear un fuego inmenso con el que no se quema y corrientes de aire como si fueran vendavales, algo único en la familia, sólo su abuelo logró el dominar el fuego así, ni siquiera su padre logra hacerlo con tanta potencia y ninguno podemos usar el poder del aire.

—Debió ser tan doloroso perder al abuelito, yo no puedo recordar tanto del mío, sólo algunas cosas pues era bastante ermitaño y se la pasaba meditando igual, aunque le tenía mucho cariño ya que siempre fue bueno conmigo, cuando se fue de este mundo por una enfermedad, me puse muy triste.

¿Carl desde pequeño fue así de estricto con eso de meditar?

—No te creas, de pequeño era más rebelde, sí que siempre tuvo grandes habilidades mágicas y espirituales, pero prefería jugar o si no, decía que quería ver mundo.

Fue su abuelo quien le hizo ser más aplicado.

—Je, je, me recuerda a mí, no me gusta estudiar y todo eso y deseo salir y ver muchos lugares bonitos, aunque la diferencia es que él cambió y yo creo que siempre voy a ser un desastre.

Jasmín estaba en calma con una amable expresión, sentía que Victoria era una joven demasiado agradable y le gustaba que fuera cercana a Carl.

—Espérame un momento, quiero traer algo para que pasemos un rato juntas —dijo de pronto levantándose.

—Vale je, je.

Y al poquito vino con dos lienzos y muchas pinturas y pinceles, Victoria la ayudó porque iba muy cargada y esta le dijo que quería que se pusieran a pintar.

—Siempre pinto sola y me gustaría que esta vez estuviera alguien conmigo ya que, mi marido, a pesar de ser bonachón a primera impresión, también es estricto con eso de meditar y se pasa toda la tarde así.

—Estoy deseosa de empezar, pero, nunca he pintado con pinceles Jasmín.

—Tranquila, te enseñaré lo básico, ya verás que te gustará.

Al final estuvieron por mucho rato pintando, Jasmín y ella hablaban de muchas cosas, esta le contó que ellos realmente venían de otra región de la otra punta del planeta, por eso lo de su aspecto más moreno.

Se mudaron aquí cuando ella y Dart estaban recién casados ya que el abuelo era el que llevaba el templo y decidieron que sería bueno ayudarle y hacerse cargo de él en un futuro.

Victoria hacía de reír a Jasmín muchas veces, ya tenía mucha confianza y ésta le pidió que podía hablarla de manera más informal y a Dart también.

Victoria también reía muchísimo, así, una y otra vez mientras que pintaba, Carl ahora se había quedado leyendo un libro sentado junto al ventanal, pero su risa se le metía en la mente y no podía concentrarse.

—Qué bien me siento je, je, los papás de Carl son geniales —exclamaba ella por lo alto y se puso a cantar un poco.

Ahí en su lienzo, había un retrato de Carl con muchas flores, este lo miró por unos momentos pensando que era muy obvio que acabaría pintándole a él.

Jasmín la felicitó porque no le había quedado nada mal.

—Nunca antes hice algo así, sólo he hecho dibujos más sencillos en mis cuadernos de personajes de mis historias, pero esto de usar pinceles y mezclar colores fue realmente divertido.

—Entonces, ¿te resultó agradable?

—Je, je, sí, pintar me llevó a otro mundo relajante, curioso y al mismo tiempo, me hacía preocuparme por el resultado.

Me sentí libre, así como cuando escribo.

—Así me siento yo, desde que descubrí la pintura, no puedo dejarla, nunca dejes de hacer lo que amas Victoria, eso es lo que nos llena y nos hace ser algo más libres en este mundo.

—Así haré, siempre escribiré, aunque mi papá se ponga regañón, cuando me voy a escribir soy yo y siento que puedo mostrar mi mundo como siempre deseé.

Ahora Carl ya no podía dejar de escucharla y sus ojos se iban a ella constantemente.

Le gustaba su apariencia delicada y aún más su risa, no imaginó que escuchar a alguien reír pudiera llamarle tanto la atención.

Cuando se calmaba, volvía a recordar cómo sonaba esa risa y por más que trataba de privarse de hacerlo no podía.

Su madre se estaba dando cuenta de eso y parecía contenta por ello.

Esa noche en la cena, ella les contaba anécdotas divertidas que le habían pasado en casa, también les habló de su tío George, los chistes que le contaba cuando era niña.

—Jooooo, ojalá os pudiera contar más cosas chistosas, pero por eso no de salir de casa no me han pasado demasiadas.

Ahí fue cuando a Dart se le ocurrió la idea de contarle a Victoria el día en el que Carl era un adolescente de dieciséis años y salió en toallín por el templo pensando que no había nadie.

Este se levantó nervioso al recordar aquello para ir al asiento de su padre e intentar que no contara nada.

—¡Papá por favor! Te pido que no le cuentes eso a Victoria, fue muy vergonzoso.

—¡Noooo, yo quiero saber! ¡Veeeeenga!

—Venga Carl, no es para tanto, sólo fue que unas señoras mayores vieron todo su trasero porque se le acabó cayendo la toalla.

—Fue horrible, y peor las caras de las señoras.

Victoria ya no se pudo aguantar más sacando su lado pervertido ahí frente a los padres de Carl.

—Pues yo quisiera haberle visto también eje, je, je, de hecho, tuve un maravillo sueño en donde le hacía una sesión de fotos a Carl en calzoncillos aja, ja, ja, ja.

Esas señoras seguro tuvieron una visión maravillosa aquel día y jamás la podrán olvidar.

Los padres se quedaron en silencio por unos instantes, pero Dart terminó por echar una carcajada.

—Ah, eres una joven maravillosa y positiva.

Qué bueno que hayas conocido a nuestro Carl, de verdad que no esperé que la hija del serio de Fred fuera tan maja.

—Aja, ja, ja, tampoco es para tanto, pero me pone feliz que les guste mi personalidad porque mi papá siempre me anda regañando por ser así y eso me hace sentir tristeza —les decía más alegre que nunca, después ya pudieron calmarse para terminar la cena.

Tras terminar, Dart le dijo a Victoria que le daría unas lecciones de cómo poder concentrar su energía espiritual.

—La suerte de venir de una familia con poderes psíquicos, es que os resulta más sencillo el poder canalizar la energía con la mente y llevarla a todo el cuerpo.

En nuestra familia nos especializamos en el poder del fuego, aunque otros tienen la habilidad de hacer germinar las plantas o controlar un poco el agua.

—Lo sé señor Dart, pero, yo soy híper activa, esto no me es nada fácil.

—No te niegues por ese problema, puedes vencerlo, si logras ignorarlo y llevar tus pensamientos y emociones a algo diferente.

Muchas veces sin querer te quedas pensando a alguna cosa y olvidas que eres híper activa ¿Verdad?

No sientas miedo, piensa en algo que te guste demasiado y que te haga ser feliz.

En ese momento, a Victoria se le escapó una sonrisilla recordando el beso que le dio a Carl en la mejilla, pero trató al fin de concentrarse y los recuerdos de aquel paseo juntos y del concierto llegaron a su mente.

Con esos pensamientos agradables, rebuscó en su interior el poder que poseía así mientras que Dart la guiaba a cómo hacerlo.

Por parte de madre, tenía algo de magia angelical y ese poder le gustaba mucho más que el psíquico, así pues, al poquito, comenzó a brillar en un aura rosa.

Carl pudo verlo y sintió una agradable sensación porque al fin ella lo había logrado.

—Eso fue muy estupendo, sabía que lo lograrías, ¿qué fue lo que pensaste pequeña Victoria? —exclamó Dart sintiéndose orgulloso de que ella hubiera logrado aquello.

De nuevo no se cortó un pelo en decir la verdad.

—En el lindo Carl opá.

Él es el que más alegría me está dando.

Desde ahora, siempre pensaré en Carl para calmarme y olvidar que tengo ese problema.

Carl ya no sabía qué sentir, ella volvía a reír más porque estaba feliz de haber usado su poder al fin, él era el causante de que pudiera haber logrado aquello ¿por qué no se dio cuenta antes? Quizás, no quiso aceptarlo, se hacía el duro por dentro y pensaba más técnicamente en vez de en las emociones.

Su abuelo le enseño de pequeño, que las emociones eran lo más importante, y sí, las había usado siempre, pero en estos momentos lo estaba olvidando y esa chica le había hecho recordar aquello.

A la hora de ir a dormir, Victoria tuvo que pedirle a Jasmín un espejo para poder hacer su auto hipnosis.

Antes de hacerlo, volvió a mirar en su móvil las fotos de Carl, ahora estaba viendo esa en donde besaba su mejilla.

«Aaaaah, creo que esto sí es amor, aunque sean pocos días, ya me dio fuerte»

Y besó la pantalla para después dormir.

Al día siguiente se duchó y se puso el otro vestido que trajo, regresaron en la mañana tras el desayuno a su ciudad.

Victoria estaba sumamente feliz, aunque iba a extrañar mucho a los padres de Carl.

Ya en casa, el señor Fred de nuevo se dio cuenta de que ella estaba siempre sonriendo.

Quizás poco a poco lograra ablandarse y perder ese miedo a que algo le pasara.

Capítulo 5

Ina es genial

Pasaron cuatro días desde aquello, en las mañanas, las clases, ahora Victoria estaba más concentrada, aún, teniendo a Carl cerca, podía hacerlo, este podía enseñarle las técnicas más fácilmente ahora que había una base para que se pudiera relajar.

En las tardes, estudiaba por una horita y después salían a pasear.

Ya en las noches, se dedicaba a su historia para el concurso y a otras más cortas para su blog, siempre con Carl de protagonista masculino, hablaba también con Albo a ratos y terminó por hacerle un resumen de cómo sería la trama de la historia que iba a presentar.

Con él tenía esa confianza y se sentía feliz de compartir con alguien su amor por la escritura.

Al día siguiente, mientras estaban con una clase de física, a Carl le llegó un mensaje al móvil.

Este era de Ina invitándole a un café de nuevo.

—Victoria, te pido disculpas.

Hoy no podremos ir a pasear ya que iré a ver a Ina.

—Jooo Carl, pero bueno, lo entiendo, quisiera también ir con vosotros.

—Ains, deja, le preguntaré si le parece bien si nos acompañas.

—¡Ayyy síííí!

Ina le respondió que no había ningún problema y Victoria se levantó eufórica de la silla.

—¡Síííí! Gracias Carl, sólo lo haré por esta vez, quiero comprobar si Ina sería una buena amiga para mi lindo opá.

Al rato ya estaban en la misma cafetería que la otra vez, Ina iba muy bonita vestida con un vestido negro de aspecto caro y el cabello peinado con unas ondas, eso sí, no faltaban las gafas de sol igual que Carl que siempre salía con ellas puestas.

—Perdón por acoplarme, es que debo analizar tus intenciones con mi opá, quiero que él tenga buenos amigos de los de verdad y por eso me debo asegurar.

Ina le sonrió.

—Eso me parece un lindo gesto por tu parte, por cierto —dijo ahora refiriéndose a Carl sacando de su bolso un libro que parecía muy usado—. Quería regalarte esto.

Es mi favorito y se nota por el uso, trata de cómo canalizar la energía de las emociones positivas, siento que te gustará mucho.

Carl lo tomó en sus manos y miró la portada en la que había un paisaje en un atardecer y un par de ojos en mitad del cielo.

—Muchas gracias, pero no tenías por qué hacerlo.

Me sabe mal quedarme con él ya que dices que es tu favorito.

—No, es un libro que casi me sé de memoria, me lo regaló mi padre el cual me enseñó muchas cosas y ahora deseo que sea tuyo.

Considéralo como agradecimiento por las veces que he aprendido de ti, me le leído todos tus artículos sobre espiritualidad.

—Vaya.

—Sé que soy mucho más mayor que tú, pero al dedicarme tanto a la música, no he podido profundizar tanto en ella y en mis ratos libres intento aprender más y recordar lo que mi padre me enseñó de niña.

Victoria bebía su zumo con una pajita y mientras miraba mucho a Ina bien atenta a todo lo que decía, era calmada y educada, su risa también era bonita pero como que no la mostraba con tanta libertad.

Ella supuso que, al ser famosísima, le habrían enseñado a ser una persona que tuviera que controlar su manera de ser para dar una imagen y no expresarse tan abiertamente.

Aun así, pensaba que era una mujer agradable y estaba tranquila de que hablara con Carl.

Estuvieron hablando un buen rato de temas variados, por ejemplo, sobre que hacía bastante tiempo que no le veía hacer entrevistas ni demostraciones en público.

Carl decía que quería un descanso además que enseñar a jóvenes en este tiempo le gustaba bastante.

Ahí Ina se dirigió esta vez a Victoria que había estado callada todo el tiempo.

—Y qué ¿estás aprendiendo mucho con Carl?

—Sí je, je, Carl opá al principio me ponía muy nerviosa porque es demasiado lindo, pero, he aprendido a controlarme usando para ello nuestros momentos juntos en mis pensamientos.

Aunque todavía no hay muchos, los que tengo ya son realmente valiosos para mí.

Y es que, esa sonrisa apareció en su carita, esa sonrisa tan linda que ella poseía y que Carl volvió a mirar como adicto.

—Ahora estoy tratando de hacer una historia para él por un concurso al que me apunté.

—¿Te gusta escribir? —seguía preguntando Ina.

—Sí, es algo que me llena por dentro, expresar mi mundo en mis escritos y todo lo que siempre vi como maravilloso.

—Vaya, me encantaría leer alguna de tus historias.

—¿De verdad?

¡Aaaay! Eso me ilusiona y más viniendo de ti que escribes canciones tan hermosas.

Te pasaré mi blog para que las leas cuando puedas.

—Mejor aún, vamos a mi piso un rato y allí me lo enseñas, además, tengo muchísimos libros de todo tipo.

¿Qué piensas Carl?

A Carl le pareció una buena idea, y menuda su sorpresa al ver la casa de Ina, vivía en la zona más popular de la ciudad, en donde estaban todos los comercios y pisos más bonitos para clase desde media hasta la más alta.

Su piso era un séptimo y por dentro, casi todo era color blanco, las paredes, algunos muebles salvo el suelo, que era de parqué de un tono cálido.

En su gran salón, tenía libros y más libros, las estanterías llenaban todas las paredes, Carl no imaginó que pudiera tener tantos.

Carl no era tanto de leer novelas ni historias, pero sí libros de magia y cosas por el estilo.

Allí se quedó rebuscando y leyendo varios mientras que Ina veía el blog de Victoria.

Se puso a leer una historia de hacía tiempo sobre un caballero y una niña huérfana.

Esta no era larga por lo que en un rato terminó de leerla.

—Vaya, escribes con mucha magia, de verdad que me ha gustado, lo único que te falta es pulir tu técnica.

Si quieres podría prestarte algunos libros, son lo mejor para aprender a narrar, aunque ya vi que tienes un estilo muy propio que me encanta.

—Muchas gracias Ina, es que, nunca sé qué leer je, je, no he leído mucho por eso fallo bastante en algunas cosas, pero siempre me esfuerzo por mejorar y no tener faltas de ortografía, no repetir palabras, y cosas así.

—La técnica es importante, pero eso no quiere decir que sea lo que tenga que predominar.

Lo mejor es ver escritores diferentes que posean una manera única de expresarse ya que muchos terminan narrando de una manera típica, correcta, bien estructurada pero que parece igual al resto, aunque las historias sean diferentes —le contaba Ina sintiéndose muy libre de mostrar lo que pensaba con aquella joven—. Expresar con lo que escribes y que llegue a los lectores, que puedan hacerse adictos a tus palabras.

Sé que sueno un poco engreída hablando así, pero, soy de esas personas que no se lee cualquier cosa.

Hay libros que están de moda y que todos leen y a mí me parecieron simples y con poca personalidad.

—Sí, te puedo entender en eso, a mí me gusta mucho la música, pero no me descargo cualquier canción, tiene que llenarme por dentro y mostrarme algo mágico— continuó ahora Victoria sintiendo que esa mujer podría entenderla mejor que nadie—. Y cuando escucho a los cantantes, siempre me llaman más la atención los que tienen voces más personales y no las que normalmente suenan en el pop.

—Junmm, curioso.

—Sí.

Voces que sean puras y propias, sin miedo, aunque no vayan a destacar tanto porque no suenan como lo que siempre se busca.

Yo amo tu voz porque aparte de ser única, siento que muestras tu alma con ella, así como yo hago con mis escritos —eso lo decía con mucha ilusión ya que Ina parecía pensar muy parecido a ella.

—Así es, siempre traté de tener mi propio estilo tanto cantando como escribiendo mis letras, no quería ser la típica cantante comercial con una voz explotada por su poder.

Lo bueno es que logré triunfar siendo yo y me siento orgullosa por ello.

Ambas parecían entenderse muy bien cuando hablaban, Carl permanecía atento a lo que Victoria decía porque cada vez le resultaba más curiosa y estaba descubriendo todo ese mundo que ella nunca había podido mostrarle a nadie.

Estuvieron hablando por largo rato de muchas cosas, de cómo era estar en el templo, vivir siempre ahí metida sin poder salir, de su música favorita, comidas que ambas amaban y más cosas.

Ina le pasó su número también a ella antes de marcharse y esta le agradeció muchas veces por los libros que le había prestado.

Ya en casa, Victoria se sentó en su cama tomando uno de ellos para comenzar a leerlo, recordó cual fue el primero que leyó en su vida siendo una niña, se llamaba el ser azul y su padre se lo trajo para que ella no se quejara tanto de estar todo el día encerrada en su habitación.

Desde entonces, no se había leído demasiados y ahora Ina le había animado a ello.

Pasaron algunos días más, Victoria en sus ratos libres, se la pasaba leyendo y más leyendo, también le había dado por escribir canciones de amor para Carl que subía a su blog, hasta se las mando a Ina que la ayudaba a mejorarlas.

En las noches seguía con su historia, cada vez faltaba menos para el final del concurso.

Victoria mejoraba cada parte de su historia con lo que estaba aprendiendo al leer tanto.

A pesar de subir a su blog historias cortas con Carl, no le había dicho a nadie aún que él era real, ni siquiera a Albo, todos pensaban que era un personaje que ella había inventado.

Carl había ido varias veces a casa de Ina, tenían largas charlas sobre magia y todo ese mundo de las energías, los espíritus guías y más cosas.

Ina le contaba, que ella no tenía grandes habilidades mágicas como él, y que aún así, le interesaba mucho ese mundo.

A veces se llevaba a Victoria con él e Ina revisaba allí sus escritos nuevos.

Habían comenzado ya algunas habladurías por internet sobre Carl y ella ya que los habían visto en la cafetería o por la calle.

Ambos trataban de ignorar todo eso por ahora y hoy de nuevo, estaban en su piso charlando mientras que Victoria leía un poco.

Carl logró soltarse un poco más con aquella cantante que le daba tanta confianza.

—Y cuéntame ¿hay algo que te esté preocupando? Sabes que puedes desahogarte conmigo, soy una amiga que quiere escucharte y he notado que, desde hace bastante, tienes algo que no te deja tranquilo.

—Me sorprende que puedas ver mis preocupaciones ya que trato de ocultarlas.

La verdad es que —y Carl suspiró para al fin revelar lo que tanto le carcomía por dentro cada día—. Quisiera poder ver a alguien, a pesar de todo lo que hago, nadie me da una respuesta de por qué él no ha logrado aparecer cada vez que voy al astral —Carl miró al techo y suspiró de nuevo.

Victoria le miró con preocupación ya que sabía a quien se refería.

Ina siguió con sus preguntas.

—Y, tus espíritus guía, ¿no te dicen nada?

—No, sólo me dicen que no es el momento.

Entonces, ¿cuándo será? He esperado muchísimos años ya.

Carl se quedó en silencio tras descargar aquello, pero Victoria se puso tras de él para rodearlo con sus bracitos.

—Carl, si quieres, podría prestarte la esfera de los vientos, je, je, papá lo entenderá si ve que es para ti.

Es más, cuando cumpla los dieciocho, quisiera dártela para que veas a ese ser tan importante siempre que quieras.

En ese momento, Carl se levantó muy molesto.

—¡No digas tonterías! Eso es algo muy importante ¡no puedes dármelo así por así!

Ina se sorprendió al ver su fría reacción.

Carl se sentía realmente enfadado, su inocencia nunca le molestó, pero en esos momentos sí lo hizo.

Esa esfera por la que su abuelo luchó y perdió, dársela a él como si no valiera nada.

Los ojos de Victoria parecían querer llenarse de lágrimas y Carl se dio cuenta de que quizás no debió alzarle la voz así.

—Carl, lo siento mucho, no quería hacerte enfadar, es que, sé lo mucho que te importa ese alguien y sólo quería darte una alegría.

Ina trató de calmar la situación.

—Pequeña, Carl debe lograrlo por él mismo, es un reto que la vida le ha puesto quizás para que aprenda alguna lección.

Dime, ¿hay algo más que te preocupe?

—No, nada.

Terminó por mentir, pero ella sabía perfectamente que sí ocultaba algo.

—Oye Victoria, no llores ¿vale? Ya no estoy enfadado y perdóname por alzarte la voz.

—¿De verdad que no estás enfadado conmigo?

—Claro que no.

Este secó sus lágrimas con sus dedos y ella regresó con su linda sonrisa.

Todo el camino de vuelta a casa, pensaba en que si era correcto que ella le diera la esfera.

«¿Por qué dudo ahora?»

«Soy un idiota»

Eso era lo que pensaba y más pensaba y dirigió su mirada a la carita de Victoria que le correspondió y de nuevo, con esa sonrisa.

—Victoria, esa esfera que guardas, no se la debes dar nunca a nadie, nunca jamás.

Ni siquiera a mí.

—Es que, siento que tú eres el que la necesitas, no sólo por ver a ese ser especial, también porque, bueno, porque eres una hermosa persona que la usaría para hacer el bien.

Y otra y otra vez con su sonrisa, ahora mostrándole una más traviesa en la que se le veían sus dientes.

—¿De verdad me darías algo así tan importante?

—Sí ju, ju, sólo a ti, da igual lo que me pasara después, aunque viniera un tipo con un arma no se la daría, pero contigo, es diferente porque, tú eres un ser de luz.

Carl se sintió mal toda la noche pensando en eso.

Recordaba los últimos momentos de su abuelo con el alzheimer, ocultando su enfermedad y también, que no le quedaba mucho tiempo y, aun así, siempre se daba largos paseos con él e iban al monte a meditar para que también pudiera mejorar sus habilidades.

Perdió en esa última batalla en donde debía demostrar la potencia de su poder al estar demasiado débil.

«Debo, ¿engañar a esa inocente de buen corazón?, o, ¿quizás olvidar aquello?»

Con esas dudas acabó dormido.

Capítulo 6

Un día en el parque de atracciones

Y otra semana pasó volando.

Victoria ya casi acababa su historia, se sentía muy orgullosa del resultado.

Había creado el canal al fin en saveyeah llamado, Vicky in love cuentos.

Carl veía que se estaba esforzando mucho, su padre también la veía muy metida leyendo y más leyendo cosa que le sorprendió.

Al final, esa noche, se acostó muy tarde por hacer el vídeo ya que tuvo que mirar los tutoriales para aprender a usar bien los programas.

Albo ya había subido su historia al día anterior pero aún no pudo verla porque entre las clases y estar corrigiendo la suya no le dio tiempo.

Sobre las dos de la mañana pudo al fin irse a dormir, como siempre, usando el espejo.

Esa mañana era sábado, Fred estaba quejándose de que ella no había bajado a desayunar con todos, su esposa tuvo que calmarle.

—Cariño, creo que ella se esforzó muchísimo estos días haciendo algo que le apasiona, tú bien la viste leer cosa que nunca vimos en ella.

—Sí, pero, me preocupa que eso que esté haciendo le quite horas de sueño y se pierda de sus demás obligaciones.

—Todos nos hemos acostado tarde alguna vez por hacer algo que nos gusta mucho, tú mismo cuando eras joven hacías lo mismo con eso de viajar al astral y ver otros planos.

Me tenías esperándote en la cama por horas y acababa durmiéndome del aburrimiento.

—Bueno, mejor no des más detalles que Carl está presente.

El pobre Fred sintió que se ruborizaba con eso, pero llamaron al timbre y Unha fue a ver quién era.

—¡Victoria! ¡Levántate de la cama ya! Son las once y media, ¿te parece bonito vaguear así?

—¡Aaaah papá! Que anoche me acosté a las dos, déjame un poquito más.

—Esa no es excusa, yo sólo duermo seis horas cada día y mírame qué bien estoy, además, hay visita.

Victoria se levantó al fin preguntándose quién sería.

Fred se marchó de la habitación para que ella se duchara tranquila.

Trató de hacerlo rápido por la curiosidad de saber ya quién había ido de visita, se puso un vestidito con flores y se arregló rápido su cabello.

Menuda sorpresa se llevó cuando bajó, allí estaba Ina.

—¡Qué felicidad verte al fin en mi casa!

Pero, van a correr rumores si te ven venir aquí, más sabiendo que Carl vive en este templo.

—¿Ya viste esas noticias?

—Sí Ina, anoche mientras se hacía mi vídeo, me puse a ver cosas e internet y vi las noticias esas donde dicen que te ves con un chico joven bastante conocido en el mundo de la espiritualidad.

Algunos hasta dicen que es por tu pasión por ese mundo, pero otros especulan cosas que no me hacen gracia.

Ina esbozó una calmada sonrisa como si así quisiera tranquilizarla así, mientras que Victoria tomaba unas tostadas de desayuno.

—Tranquila, estoy acostumbrada a rumores de todo tipo.

Lo que sí me preocupa es lo que Carl pueda sentir.

—Por ahora sólo son rumores así que, todo está bien.

—En fin, a lo que iba Victoria, vine porque quería llevarte al parque de atracciones pues quería que te divirtieras, ya se lo comenté a tu padre y le parece bien.

Victoria entonces, miró a su padre entusiasmada que parecía más serio que de costumbre.

—Papá ¿de verdad que me dejas ir con Ina? —preguntó sintiendo una gran emoción y con la boca llena.

—Qué remedio.

No sé en qué momento te dejé salirte con la tuya tantas veces.

Pero, ya sabes que si vas con Carl todo está bien, además, esta señorita me da confianza.

Creo que cantas ¿no?

—Así es.

Y Unha tuvo que darle un manotazo suave en el brazo.

—¿Cómo no puedes conocer a la famosa Ina cariño?

Sabes bien que he escuchado varias de sus canciones y nuestra hija también.

Pero como sólo piensas en tu trabajo y en meditar te olvidas de la diversión de la música.

—Oh Unha, no me hagas sentir mal por favor, si es que soy más de música clásica discúlpeme.

—No hay nada que disculpar, entiendo que cada uno siente con una música diferente.

Fred se sentía un poco tonto al ser un ignorante en temas de ese tipo como los artistas del momento.

Después de que Victoria terminara el desayuno, se fue con Ina y con Carl a la calle.

Los dos siempre con sus gafas de sol.

Hoy Ina iba vestida con unos vaqueritos ajustados a sus largas y delgadas piernas llevaba también una blusita blanca algo elegante, iba sin maquillaje y con el cabello recogido en una coleta alta.

Ella era muy linda al natural y aún con su edad aparentaba unos treinta y cuatro años.

Aunque, aún con las gafas, algunas personas la reconocían y también a Carl, a pesar de que este no fuera tan famoso por no pertenecer al mundo de la música.

Victoria juguetona, se puso en medio de ambos agarrando las manos de cada uno.

—¡Sííí! Ahora me siento todavía más protegida je, je.

Soy muy feliz cuando voy con vosotros por la calle así.

Ambos nunca se imaginaban con qué cosa nueva saldría Victoria, ella les hacía sentir muy bien por ser tan alegre, hasta a Carl que siempre se hacía el chico duro.

Cuando llegaron al parque de atracciones, nada más entrar, unos niños se acercaron a este emocionados.

Le pidieron que por favor les hiciera una demostración de su poder y este sacó una llamita de la palma de su mano, pero después insistieron en que creara su famosa llama, una que envolvía todo su cuerpo sin quemarle absolutamente nada y acabó haciendo esa demostración.

La madre de estos se quedó muy sorprendida pues nunca vio a alguien que tan fácilmente pudiera crear una llama así de grande.

—Ay, pido disculpas porque mis niños te hayan molestado.

—No importa de verdad, no fue ninguna molestia.

—Ains, encima tan guapo y talentoso además de amable con los niños.

Es una lástima que te gusten más mayores —dijo sin ningún pudor y después se marchó de allí con sus hijos.

—Pero qué mujer más irrespetuosa.

Cómo se atreve a hablarle así a Carl opá y decirle mayor a Ina —saltó Victoria que le sacaba el puño a esa mujer por la espalda, Ina le hizo de bajarlo.

—Estoy acostumbrada a comentarios de todo tipo, la gente sin empatía es la que suele soltar cosas así de hirientes.

—Pero Ina, lo hacen por celos.

Lo primero, te ves bien joven como mi mamá además de linda, lo segundo, la edad no importa en el amor, aunque, je, je, Carl opá, bueno, quisiera que sólo tuviera ojos para mí.

Entonces Ina acarició su cabello de manera cariñosa.

—Anda, vamos a montar en las atracciones para olvidar lo que acaba de suceder.

—¡Síííí! —gritó por lo alto la joven Victoria por la emoción que sentía.

Carl estaba en silencio como de costumbre, pero siempre analizando la situación.

Se montaron en los coches de choque, y Victoria juguetona iba todo el tiempo tras de Carl para picarle, pero el pobre tenía mucho aguante y pasaba de ella.

También montaron en una atracción que tenía cohetes que subían y bajaban, había muchísimas atracciones, desde unas en las que montabas en unas canoas para ir como por un río por donde ibas a bastante velocidad, hasta unas sillas colgantes que daban vueltas y más vueltas en lo alto.

El lugar estaba lleno de gente, algunos disfrutando de las atracciones, otros en los locales de comida.

Fue realmente divertido ver todo y al final, decidieron ir a la enorme montaña rusa.

A Victoria le daba miedo, pero, aun así, tiró de los brazos de ambos para llevarlos allí.

—Tranquila Victoria, ya vamos ¿estás segura de que quieres montar?

—Por supuesto opá, ahora que soy libre, quiero subir sí o sí, aunque me dé miedo.

Y menudos los gritos que pegó, no paraba de gritar socorro una y otra vez.

Llamaba a Carl en todo momento y este terminó por agarrar su mano cosa que hizo que ella pudiera calmarse un poco, pero al bajar, le temblaban las piernitas y decidieron ir hasta un puesto de refrescos que había al lado.

—¿Estás bien? —le preguntó Ina al verla temblar aún.

—Sí, lo estoy, no importó el miedo que pasé porque al mismo tiempo fui feliz.

Ina no dudó en decir lo que pensaba.

—Ese pensamiento me gustó mucho, arriesgarse a algo bueno, aunque tengas miedo, porque así puedes probar nuevas experiencias en la vida.

Es lo mismo que cuando me arriesgo con una canción de un estilo un tanto diferente al resto.

Al final puede que acabe siendo un éxito.

—Así es ju, ju, gracias a montar en la montaña rusa, Carl opá tomó mi mano y eso es lo mejor que podría haber.

Y Carl volvió a quedarse callado mientras que les llegaba el turno para comprar sus refrescos.

Ya al fin, Victoria se pidió un zumo de frutas del bosque y Carl e Ina de limón.

Después, esta última, se fue a sentar en un banco y Victoria se puso a su lado.

—La verdad es que, quisiera haber sido más valiente en un pasado—terminó diciendo Ina tras beber un poco de su refresco.

—Pero Ina, llegaste a ser una cantante súper famosa.

—Sí, soy muy famosa, pero, al mismo tiempo, me he sentido cobarde por mucho tiempo y un monstruo horrible al cual yo misma no puedo perdonar.

Lo siento por ponerme así de melancólica, con vosotros me siento muy libre desde el principio para trasmitiros mis cosas —y ahí pudo esbozar una pequeña sonrisa.

—No te preocupes, lo mismo que hiciste conmigo el otro día, podemos hacerlo contigo.

Escucharte todo lo que tengas guardado —añadió Carl.

—Sí, Carl opá tiene razón, quisiera entender por qué te sientes así.

Quizás, ¿porque dejaste ir a alguien importante?

—Podría decirse que sí, más bien, lo abandoné —entonces, esta volvió a poner una expresión más apagada—. Pero, mejor no hablar de pasados tristes y a disfrutar, que para eso hemos venido, para que tú sobre todo Victoria, puedas divertirte saliendo de casa.

Ina ya estaba dispuesta a ponerse en pie, pero Victoria tomó sus manos de pronto mostrándole una bella expresión de dulzura.

—Ina, no queremos verte así de decaída.

Y al fin pudo sonreír como aquella joven hacía.

—No pasa nada, ahora ya me siento mejor más porque sé que esa persona tiene una maravillosa vida y gente que le ama.

Eso hace que viva más en calma.

—Je, je, menos mal ¡Aaaay! ¡Mirad allí! —dijo de pronto Victoria señalando en la distancia—. Hay un puesto donde venden churros con chocolate.

¿Podemos ir?

Es que, lo mejor para animar al alma son los dulces, creo que si comes unos churritos te vas a poner muy contenta.

Ina siempre acababa sintiéndose bien con aquella joven y al final los tres fueron a ese puesto llevados por Victoria que otra vez, tiraba de sus brazos.

Ya servidos, esta comenzó a contarles lo que se le pasaba por la mente.

—¿Sabéis qué?

Yo siempre pienso en las personas como si fueran dulces.

Papá, por ejemplo, es un pastel de café con licor.

Serio, pero con ese toque dulce oculto de querer protegerme.

Cosa que me enfada bastante por cierto junmm.

—Curioso ¿y tu mamá?

—Mamá es un pastel de fresas con mucha crema, muy tierna y dulce, pero con esa pizca ácida por cuando regaña a papá.

Y Carl opá, ju, ju.

Ahí esté que la escuchaba bien atento, miró sus ojos dejando de comer por unos instantes pues quería saber qué pensaba ella de él.

—Carl opá es chocolate con caramelo, algo sumamente delicioso y no lo digo por tu cabello marroncito y tus ojos color miel, sino, porque me haces sacar todo mi azúcar de una mordida y así hacerme sentir libre.

Aquello lo decía medio danzando con tanta alegría.

—Es como ese caramelo que escapa por dentro, pero, también es como si Carl opá ocultara todo un mundo dentro maravilloso y está atrapado en él dulce chocolate, esa es la sensación que me da je, je.

Atractivo y adictivo y a veces algo duro pero tierno por dentro que sólo dejará ver su yo real a algunos pocos.

Dentro de su corazón, Carl sentía cosas que jamás sintió, nadie jamás había hablado así de él ¿por qué esa chica podía ver mucho más allá? Tras esa coraza que había en su alma que ni siquiera quería darse cuenta que le envolvía.

Pensó que sólo era una chiquilla inocente e infantil, pero, ahora mismo, no entendía qué había en él mismo.

—Y tú Ina, junmmm, eres, como esas tartas con un bonito aspecto, hermosa decoración que realmente esconde el sabor más delicioso en su interior, porque, no todo es su apariencia sino también lo que hay dentro.

Y le dio un mordisco a su churro para después seguir explicándole el cómo la veía con la boca algo llena.

—Je, je, te acabas olvidando de las ricas virutas que hay por los lados porque la crema que hay entre el bizcocho es de lo más exquisita con un sabor atrapante, aunque eso sí, te da penita partir esa tarta por destrozar el bonito decorado que tanto costó de hacer pues es una delicia comerte.

Jolín aja, ja, ja, qué mal sonó eso último que dije.

Ina se había quedado algo sorprendida y hasta se sentía más animada por escuchar a esa joven hablar así de ella.

—No sé cómo sentirme, me ves de una manera que jamás imaginé de mí, de verdad que tienes un don para expresar emociones y ver las esencias, aunque, yo me veo más como un dulce chocolate de esos con un fruto seco dentro.

—Puede ser para ti, pero yo te veo diferente, aunque tú te sientas mal por lo que hayas hecho alguna vez, ahora sé que eres una fantástica persona.

Además, gracias a ti hice mi mejor historia ju, ju.

—Cierto, esta noche tengo que verla, Carl, ¿viste ya sus historias?

—Aún no —respondió con su tono serio de siempre como si no le interesara.

—Pues deberías.

Pero Victoria se puso súper nerviosa, hasta se levantó y todo de la silla.

—¡Noooo! Tengo algunas prohibidas que no quiero que él vea.

—¿Qué? Ahora sí con más razón debo verlas.

Victoria trató de quitarle la idea de que fuera a su blog, Ina los veía como discutían y reía un poco olvidando sus problemas, al final, después de varias horas disfrutando en ese lugar, tras comer en uno de los locales que allí había, volvieron a sus casas.

Carl y Victoria, acompañaron a Ina para que nada le pasara por el camino ya que no había traído su coche esa vez.

Capítulo 7

Una gran decepción y algo más ju, ju

—¿Irás a meditar? O, bueno —Y Vitoria tiró un poco de la camiseta de Carl algo rojita ya estando en casa.

—Iré a ver tu entrada para el concurso.

Victoria se puso más rojita aún y le respondió que ojalá le gustara, le dio el nombre del canal y corrió a su habitación para tratar de calmarse.

Revisando su vídeo, se quedó asustada, tenía muchas visitas, pero también odio.

Dislikes y comentarios diciendo que se plagió de Albo historias locas.

Incluso decían que hasta usó los mismos nombres de los protagonistas, Carl y Anyelik.

En algunos comentarios salían sus pocos seguidores del blog diciendo que ella siempre los había usado, pero no les hacían caso ya que Albo tenía unos siete mil seguidores allí.

Eso sí, había gente que admitían que su manera de narrar era muy buena pero que era una lástima que fuera un plagio de Albo.

Rápidamente sulfurada por todo aquello, fue a ver su historia de una vez por todas, esta duraba sólo treinta minutos mientras que la suya casi dos horas.

Era una copia fiel de todas las ideas que ella le contó días atrás.

Después miró más en su canal y vio las últimas historias que él subió a su blog y aquí en saveyeah, les había cambiado los nombres también por Carl y Anyelik.

Victoria trató de pedirle explicaciones, pero este la había bloqueado en todos lados.

Lloró y más lloró dolida por una traición así, estuvo por unas dos horas sin cesar su llanto hasta que Carl entró en su habitación y la tomó para secar sus lágrimas sin que ella lo esperase quedándose sorprendida.

—Opá, ¿qué puedo hacer? Nadie me creerá así ¿has visto lo ocurrido?

—Sí, ese tal Albo robó tus ideas —respondió él secando sus lágrimas con sus pulgares.

—Yo, es que, sólo quería tener un buen amigo mientras estaba aquí encerrada, Albo siempre me animaba con eso de escribir, jamás imaginaría que él pudiera fallarme de tal manera.

Entonces Carl hizo algo que jamás pensó que haría, fue un impulso el que le hizo besar su frentecita, pues ver a esa pequeña niña llorar así, era algo que le hacía daño y hasta sentía furia contra ese tal Albo.

—Carl.

—Ains, si es que tu padre debió exponerte al mundo para aprender de él y de su gente.

Eres muy inocente y confiada.

—Opá, lo siento, perdóname por ser así.

—No, no pidas disculpas, después de todo, ese lado inocente te hace ver linda también, pero, debes ser más dura a veces y también menos confiada.

Victoria, debes dejar de llorar ¿vale?

Además, ya me he leído esas historias del blog, Ina me lo ha pasado.

Eres una pequeña traviesa.

—¡¿Qué?! ¡Nooo! No quería que las vieras, ahora pensarás mal de mí.

Carl se echó una pequeña risa que sonó a chico malo.

—Ains, ¿acaso no recuerdas lo del vídeo en el baño?

Ya sabía de ese lado que tienes, aunque no imaginé de fuera tan picante.

—¡Aaaaah qué vergüenza! Por dios, todavía me siento mal por eso —y esta se tapaba su carita rojísima.

—Qué bueno es verte bien otra vez y ver que ya dejaste de llorar.

Ahí al fin le dejó ver sus ojitos que volvieron a tornarse tristes.

—Pero, ahora miles de personas creen que plagio mis historias.

—Eso se va a arreglar enseguida.

Ahora mismo grabaré un vídeo para así demostrarle a todos que tú eres la autora original de esas ideas.

—Carl, ¿de verdad harás eso por mí?

—Sí, no me gusta ver a mi pequeña alumna pasándolo mal injustamente.

Le prometí a tu padre ayudarte, no quiero que este problema interfiera en tus habilidades ya que al fin logramos despertarlas.

Victoria le dio uno de sus tiernos abrazos y después prepararon rápido lo que él diría en el vídeo, sacó su móvil y se puso a grabar allí en la habitación de ésta.

En él les dijo a todos que él era el famoso Carl, el protagonista de las historias de Vicky in love cuentos.

Que podían buscar su nombre en internet pues era bastante conocido.

Les habló también sobre su blog en donde estaban más pruebas de que siempre desde hacía un tiempo, él era el que aparecía en sus historias.

—Chicos, pensad bien las cosas, ¿cómo sería posible para Vicky escribir una historia así de larga y bien desarrollada en tan poco tiempo?

Por favor, vean su blog el cual dejaré en la descripción de este vídeo, también capturas de pantalla de la conversación con Albo donde le contaba sus ideas con toda su confianza— contaba él bastante calmado frente a la cámara del móvil, Victoria estaba vibrante mientras le escuchaba, no imaginó que él haría algo así por ella —. Ella es una chica talentosa, siempre se esfuerza en hacer sus historias porque ella siente que debe plasmar su mundo y sentimientos.

Jamás copiaría el mundo de otra persona.

Y madre mía cuando subió ese vídeo al canal de Victoria.

En esa tarde, un montón de gente se dio cuenta de la verdad.

De hecho, comprobaron en el blog de Albo que allí en las historias los nombres sí eran diferentes a los de los vídeos.

Su estilo era parecido al de Victoria y muchos analizaron que sus últimas historias de esos meses habían cambiado mucho y eran similares a las de ella en cuanto a expresiones y manera de narrar.

Obvio que la estaba imitando.

Al menos eso decían todos ahora.

Albo tuvo que borrar ese vídeo del concurso pues todos reconocieron que Victoria era la autora original de las ideas, muchos comentaban, que tenía una magia especial para escribir y, de hecho, los que la acusaron de plagio, ahora le decían que siempre pensaron que su historia era mucho más atrapante que la de Albo.

Carl y ella tras la cena, leían todo lo que la estaban escribiendo en su vídeo y esta se sintió un poco mal.

—Me sabe mal que Albo esté siendo tan atacado, le están diciendo cosas muy feas opá.

—Se lo merece, así que no te preocupes más, además, tú también recibiste feos comentarios hace tan sólo unas horas por su culpa.

Y eso se lo dijo tomando sus manitas con lo que el corazón de esta latía velozmente.

—Victoria, este mundo es así, un día la persona que parece ser tu mejor amigo te da la peor de las puñaladas y rompe todo tu mundo, nosotros debemos ser más fuertes y recomponernos recogiendo pedazo a pedazo.

—Carl, me encanta como hablas, aunque, la realidad es muy dura.

Nunca viví algo tan feo como lo de hoy, pero creo que, gracias a ti podré sanar en un tiempo.

—Claro que sí Victoria, en fin, ya es tarde, debes ir a dormir.

—Está bien opá, buenas noches.

Y Carl se marchó a su habitación, ahí tumbado en su cama, no dejó de darle vueltas en la cabeza a todo lo que hoy había ocurrido, se sorprendía de ver que él mismo había hecho cosas así.

Se sentía bien por ello.

Ya habían pasado cuatro días de eso y el canal de Victoria había logrado más de tres mil suscriptores.

Logró muchísimos gracias a que fue la ganadora del concurso y le daba mucha felicidad que más gente escuchara su mundo.

En ese tiempo se había animado a subir varias historias y hasta un vídeo donde salía muy linda vestida agradeciendo a todos por creer en ella y por seguirla también.

Muchos dijeron que era muy linda y Carl se metía a ver los comentarios a cada rato.

Se sentía bien de nuevo, pero, no sabía la razón de su preocupación por aquella chica que ahora constantemente no dejaba de sentir.

Su vídeo defendiéndola ya tenía unas doce mil visitas.

En los comentarios se debatía por qué Albo tuvo que plagiar entre cosas varias.

Algunos decían, que conocían a ese joven de la tele y revistas, pero por ahora, Carl no le dio importancia a lo que dijeran de él, sólo le importaba ver bien a Victoria.

Esa noche durante la cena, se pusieron a hablar de todo lo que ella había mejorado en las clases gracias a Carl.

—Pero Victoria, ya debes dejar el espejo para dormir.

Uno no puede estar dependiendo siempre de la auto hipnosis, el cuerpo debe dejar que descanse naturalmente.

—Es que, papá, no sé cómo hacerlo y, pedirle a Carl opá que me ayude también con eso sería demasiado.

—Por mí no hay problema, de verdad que quisiera verte descansar bien de manera adecuada.

—Bueno, esta noche podrías tratar que eso sea posible —añadió Fred tras dar un trago de agua.

Su esposa se sorprendió mucho por que dijera algo así.

—Cariño, ¿lo estás diciendo de verdad?

—Claro que sí ¿qué problema hay? ¿Te molesta Carl?

—Para nada, más bien le doy las gracias por confiar en mí en serio, trataré de arreglar como pueda sus problemas de sueño.

Victoria estaba que no se lo creía, dormir con su Carl era algo con lo que muchas veces había fantaseado.

Nada más terminar la cena, fue a su habitación para rebuscar en su armario qué ponerse para cuando él viniera.

Encontró un bonito camisón blanco de tirantes que su madre usaba de más joven y con una sonrisilla, lo tomó para ponérselo.

Le quedaba hermoso y parecía una especie de ángel.

Sobre las once este llamó a su puerta y Victoria se ocultó bajo las mantas diciéndole que ya podía pasar.

Sólo dejó sus ojos al descubierto mientras reía tapada.

Carl iba con un pijama que pensó que le quedaba mejor que bien.

Pantalón azul oscuro cómodo y una camiseta blanca de tirantes anchos.

Esta le quedaba ajustada como todas las que usaba y podía ver más fácilmente todos los tatuajes tribales que llevaba desde parte de su pecho hasta casi cubrir todo su brazo izquierdo.

Otra vez se le fue la vista a esa parte de los pantalones y dio un pequeño gritito tierno para después ponerse boca abajo en la cama.

—¿Qué sucede?

—Nada ju, ju.

Cosas de una chica traviesa.

¿De verdad no te da miedo dormir conmigo después de haber leído esas historias?

—Para nada, confío en ti, sé que no me harás nada.

—Pero Opá, el problema es que yo no confío en mí.

Si supieras mis pensamientos a veces.

Encima, ¿cómo me voy a dormir?, sabes bien que, bueno, je, je, que yo te amo —acabó por confesarle creyendo que su corazón podría explotar en esos momentos.

Carl había esperado bastante para que ella le dijera algo que era muy obvio, pero en estos momentos, que le hubiera dicho te amo, era como si su alma quisiera escucharlo con ansias, con unos deseos diferentes a los que sintió cuando la conoció.

—No puedo quedarme tranquila con el chico que tanto me importa a mi lado en la cama, más con mi lado pervertido.

Si es que, sigo teniendo miedo de lo que pensaste con mis historias picantes.

Sobre todo, con esa en la que me disfrazaba de malhechor y te hacía dormir con mi hipnosis para, je, je, ya sabes

Ahí ella rio de una manera un tanto tierna, pero con un toque de travesura.

—Realmente no le haría algo así a Carl opá, no te dañaría ni te haría cosas sin tu consentimiento.

Y Carl, que había permanecido en silencio en mitad de la habitación escuchándola, al fin se acercó para meterse a su lado en la cama.

—Sé que no me harías nada, por eso, me siento tranquilo ahora que dormiré contigo.

Venga, vamos a tratar de que te relajes, que esa energía vaya a un lugar donde puedas sentirte en paz con ella.

Ahora él estaba a su lado, allí logró destaparla un poco y vio lo bonita que estaba así vestida, le parecía como un ser celestial pues, algo que no podía negar, es que ella tenía el tipo ideal, el aspecto que le gustaba en una mujer.

Delicada, de aspecto frágil.

Trató de evitar tener ciertos pensamientos, quería reprimirse porque sentía que nada de eso estaba bien.

Él era su maestro, le había prometido a su padre cuidarla y, además, no olvidaba que en un principio, él quería enamorarla, cosa que había conseguido, pero, las malas intenciones con las que llegó a ella, cada día sentía que se esfumaban más y más.

Tomó su pancita y le preguntó si sus nervios estaban aún ahí.

—Carl opá, tengo tanto miedo, no puedo dormir así, aunque sienta cansancio en mi cuerpo.

—Cuéntame ¿qué sientes?

—Sólo tengo malos recuerdos de una fría noche en una habitación muy sucia, con sueño y agotada, se escuchaban muchos gritos de fondo de dos personas discutiendo, cada vez que sentía que podría dormirme, los gritos aparecían de nuevo.

Desde esa noche, no duermo si no es con la hipnosis porque cada vez que cierro mis ojos, aquello llega a mi mente.

Carl —dijo su nombre sintiendo sus mejillas encenderse—. Quisiera tener una noche con un hermoso recuerdo para olvidar aquel.

Un recuerdo intenso y mágico.

Ahí ella desvió sus ojos a otro lugar que no fueran los de Carl sintiéndose muy penosa por no lograr calmarse, no quería dejarle mal pues su padre confiaba mucho en que él lograría que pudiera dormir.

No imaginó que Carl tomaría sus manitas con las suyas para acercar sus labios a los suyos y así darle un beso, fue lento, pero al mismo tiempo duró poquito tiempo.

Victoria quedó roja como nunca.

—¿Qué tal ahora?

—Carl, no debiste hacer eso si no me amas.

Fuiste un chico malo a pesar de que, me gustó demasiado.

Y Carl sin dejarla libre, fue de nuevo a besarla y después otra, y otra, no podía parar.

Sentía como si su fuego interno vibrara por cada una de sus venas.

Tuvo que tomar control a duras penas para poder dejar de besar su boca.

En esos momentos ella le miraba con una tierna expresión.

Sus manos ahora sí tenían libertad y llevó una de ellas al tatuaje con forma de sol de su frente para acariciarlo.

—Carl, ¿me amas?

—Ni te imaginas, pero, ya no besaré más tus labios.

Discúlpame por dejarme llevar.

Este se apartó de ella al fin para sentarse en la cama mirando a otro lado.

—Victoria, soy tres años más mayor que tú y me he comportado como un mal chico ¿me podrás perdonar?

—Mi opá, no te sientas mal, he sido muy feliz y ahora estoy en calma en cuanto a mi miedo, siento emoción en mi alma y en mi corazón je, je.

—Ains, vamos a tumbarnos para ver si nos da el sueño después de esto.

Pero no lo lograron ya que acabaron por ponerse a hablar de cosas variadas.

Victoria le hablaba de su amor por la escritura, ahora quería crear personajes propios, aunque no dejaría de incluirle en las historias.

—¿De verdad que no te asustas con mis cuentecillos picantes?

¿No te da miedo pensar qué pasará en un futuro cuando ya sea mayor y queramos amarnos más?

—Ya sabes que no sentí nada de miedo, fueron historias divertidas y traviesas como toda tú.

Además, en mi mente hay también otro tipo de cosas, pero esas las pensaré por completo cuando sea el momento.

—Jooo, yo quiero que ya las pienses, me sentiré feliz si Carl opá es pervertido en su mente con Victoria.

—No, no seas traviesa anda, hablemos de otras cosas ¿hay algo que quieras saber de mí?

—Bueno, espero que no te pongas triste, pero, siempre quise saber más de tu abuelito.

¿Le querías demasiado verdad?

Entonces Carl se quedó mirando el techo con un toque de melancolía.

—Ni te imaginas, él me enseñó muchas cosas como ya sabes, me hizo descubrirme a mí mismo, siempre comprendía cada uno de mis sentimientos.

De hecho, aiiins.

—El qué Carl, cuéntame jooo —y ella le insistió mucho para que hablara, le daba tiernos meneos en el brazo y este terminó por decirle la verdad.

—De hecho, siento resentimiento con tu abuelo.

Perdóname por decirte esto ahora.

—No, desahógate, quiero que me cuentes.

Carl ya no podía parar, quería ser sincero con ella, ahora que al fin se había dado cuenta de que se había enamorado, que ella era la detonante todo ese tiempo para que pudiera sentir emociones de todo tipo que pensó que había olvidado cómo eran.

Esos besos le hicieron ver que de verdad necesitaba a esa pequeña niña tan linda que abrió su corazón.

—Mi abuelo estaba demasiado enfermo, no sólo por la edad y las típicas enfermedades que acaban apareciendo, también por el alzheimer que padecía.

Olvidó tantas cosas, muchas de sus maravillosas habilidades y yo, cada mañana, le hacía recordarlas de nuevo —le contaba mirando al techo todo el tiempo—. Como era la antigua tradición, compitió por la esfera de los vientos contra tu abuelo.

Pero, al olvidar tanto, no fue capaz de sacar su tornado de fuego perdiendo contra el poder mental de su contrincante.

—Vaya, dios mío —dijo Victoria que le escuchaba bien atenta.

—Me sentí tan impotente viendo aquello, tan injusta pelea y eso que, él era su mejor amigo.

Unas pequeñas lágrimas se escaparon por los ojos de Carl y Victoria se incorporó al verle así de triste.

Ahí se las secó y besó su mejilla para después rodearle con sus bracitos hasta que logró que se calmara un poco.

—Carl, yo, puedo recordar poquitas cosas de mi abuelo ya que este se la pasaba siempre meditando y apenas se dejaba ver, pero, esas poquitas cosas eran maravillosas, por ejemplo, el cómo le decía a mi papá que fuera más dulce repetidas veces.

—¿Eso le decía?

—Sí.

Papá le amaba mucho y cuando falleció, recuerdo que fue de las pocas veces que le vi llorar.

Por lo que escuché de él, siempre adoró al señor Lain y, jamás se perdonó por ganar aquel día.

¿Sabes? —dijo ahora alzando sus ojitos a los de él—. Siento que tu abuelito estando enfermo o no, siempre hubiera deseado hacer aquello y que, mi abuelo pudo entender esos deseos y se lo permitió, haciendo un combate dándolo todo como tu abuelito siempre quiso.

Imagínate cómo se hubiera sentido si le hubiera dejado ganar.

Carl no pudo más y volvió a llenarse de lágrimas abrazándose a ella con su rostro cerca de su cálido pecho.

—Mi Carl, estuviste por tanto tiempo sufriendo, quiero que al fin puedas descansar tu alma.

Y estuvo por casi una hora sin despegarse de su pecho hasta que agotado acabó dormido y ella sin darse cuenta, también lo hizo.

A la mañana siguiente despertaron felices y en calma.

Ella le dio otro gran abrazo y le agradeció ya que pudo dormir muy bien.

Su padre estaba más que feliz de ver que ella había logrado dormirse al fin sin la hipnosis, aunque tuvieron que ocultarle lo de los besos y que se amaban.

Capítulo 8

La verdad de Ina

Tras las clases, Victoria se fue a su ordenador para ver los comentarios de sus vídeos.

Se asustó un montón al ver que había algunas críticas en el que Carl subió aquel día.

Gente comentaba, que qué hacía un hombre de veinte años con una chica de diecisiete, incluso habían resubido el vídeo a una página de noticias.

Decían que supuestamente se veía con la cantante Ina y que de maduritas se iba con una menor.

No es que hubiera demasiada diferencia de edad, sólo tres años, pero en este mundo era bastante criticado eso.

Victoria estaba desesperada, enseguida puso en oculto sus historias picantes de su blog, no quería que Carl supiera de esos comentarios.

Lo peor es que era llamado casanova y cosas por el estilo.

Esa tarde, Ina le mandó un mensaje a Carl para verse los dos a solas en su piso.

Ya allí, le sirvió un café como siempre y se sentaron en el comedor para beberlo y hablar.

—Supongo que eres consciente de todo lo que están hablando de ti.

Incluso he visto hace nada a la pequeña Victoria defenderte en los comentarios, conociéndola, ella no te habrá dicho nada para no preocuparte.

—Estoy al tanto de todo, pero, intento pasar de las polémicas como siempre.

—Carl, esto está yendo demasiado lejos, hay cosas que deben aclararse sí o sí.

Por mi parte, voy a arreglar el asunto de mi pasado para evitar que aumenten más los rumores de que eres un mujeriego.

—Ina, no hace falta que expongas lo que sea que hayas hecho para crear una notica más grande aún.

Tarde o temprano la gente se cansará de hablar de mí.

—Se nota que no estás demasiado acostumbrado a este tipo de cosas que produce la fama, una sola mentira puede hacer que tu mundo se caiga en pedazos.

—¿Por qué te siento tan preocupada por este problema que tengo?

Ina entonces se quedó en silencio por unos momentos, pero al final pudo decir aquello que necesitaba sacar.

—Yo, es que, no quiero ver a mi hijo pasar por algo así.

Carl casi se atraganta con el café al escuchar eso.

—No entiendo.

Ina tuvo que seguir contándole más mientras trataba de tener la confianza de mirarle a los ojos.

—Hace veintiún años, mi sueño de ser cantante estaba a punto de cumplirse, pero, la persona a la que amaba, me dejó rota en pedazos y para colmo, en mi vientre, un niño venía en camino.

Este se marchó de mi lado después de haber jugado con mi corazón desatendiéndose de la responsabilidad.

Ina contaba aquello tratando de estar en calma, aunque en su corazón había demasiados sentimientos que en nada podrían hacerla quebrar.

—Mi alma dolía, había perdido a quien tanta alegría me dio y, además, mi sueño de ser cantante, ahora se esfumaría, pero, cometí el error de seguir mi sueño por escuchar a mis representantes hablar sobre mi futuro y mi talento.

—¿Me estás tratando de decir que yo no era tan importante?

Ahí Ina al fin sintió que en cualquier momento podría echarse a llorar, pero le siguió contando todo.

—Escúchame.

Mi padre, siempre quiso que cantara, amaba escucharme y por eso, aquel día, te dejé en aquel templo al que de niña siempre fui junto a él.

Mi empresa después tuvo que callar a la persona que me abandonó con mucho dinero y al final, me hice mundialmente conocida.

Eso, es todo.

Carl se levantó bruscamente de la silla, estaba completamente en shock.

—¿Cómo me dices esto ahora?

¿Crees que así pensabas ayudarme?

—No, no es sólo eso, yo, mis sentimientos de madre no me dejaban tranquila.

Carl por favor, no me odies.

—Mira Ina, puedes hacer público lo que desees, pero si pretendes que te llame madre después de esto no lo voy a hacer.

—Carl —le imploró comenzando a llorar, pero este no atendió su llanto y la dejó allí muerta del dolor, yéndose de ese lugar, sintiendo que ya nada tenía sentido en su vida.

Esa noche llegó muy tarde a casa, los padres de Victoria ya estaban acostados, pero ella por la preocupación, le estaba esperando en el salón.

Era sobre la una de la madrugada y allí estaba él todo apestando a alcohol haciendo que aquella joven se quedara escandalizada.

Le tuvo que ayudar a lavarse los dientes y también a cambiarse de ropa para ponerle el pijama, a pesar de verle en ropa interior, ese no era el momento para pensar cosas así.

Después le abrazó toda la noche y este se durmió como si nada mientras que ella acariciaba su cabello con amor y preocupación pues, estaba tan bebido que no fue capaz ni de hablar para contarle lo sucedido.

A la mañana siguiente al despertar, el pobre tenía el peor de los dolores de cabeza, al poco vio entrar a Victoria en su habitación con un caldo que su madre había preparado.

—Mis papás están muy preocupados por ti opá ¿qué es lo que pasó ayer con Ina?

Carl parecía no querer responder, se sentía frío y tras terminar el caldo, ella le llevó al baño para ayudarle a afeitarse.

Esta con cariño, fue con cuidado para no hacerle ningún corte, deseaba que él pudiera sentir su afecto, pero seguía como sin emociones.

—Ya estás todo afeitadito y lindo —entonces tomó su rostro con sus manitas—. Carl opá, muero de dolor por verte así y no poder hacer nada.

Y él siguió mudo, pero no pudo evitar echarse a sus brazos por un rato.

—Mi opá, esperaré a que puedas soltarlo todo, anda, vamos abajo que mamá está preocupadísima.

Bajaron al salón, allí estaba ella viendo la tele y nada más verle fue a él.

—Carl, menos mal que ya estás aquí, Fred se fue a dar las clases hoy para que pudieras descansar de tu resaca, venga, siéntate a ver la tele un poco y ya nos contarás después que pasó ayer.

Unha cambió varias veces de canal porque no sabía qué dejar puesto hasta que, en uno de ellos, apareció Ina en pantalla en un programa de salseos.

Vaya sorpresa que se llevaron ambas al verla allí revelando toda la verdad de su hijo secreto y menudo al escuchar que era el mismísimo Carl.

A Unha se le cayó la manzana que se andaba comiendo y Victoria al fin comprendió todo.

—Dios santo qué locura, Carl, mi pobre niño, no me extraña que hoy estés así —exclamó Unha yendo a él.

Victoria no sabía qué decir en esos momentos, jamás se imaginó que Ina guardara tal secreto, ahora entendía mejor por qué se abrió tanto desde el primer día a decirles sus problemas.

Siempre había tratado de ser sincera con su hijo, pero no sabía cómo hacerlo.

Carl al fin habló dejando sacar todo lo que le dolía.

—Toda mi vida fue una mentira.

Mis padres, los que me cuidaron, mi abuelo, todo fue falso.

Victoria ya no pudo más viéndole llorar de nuevo y fue a darle otro de sus abrazos.

—Carl, eso no es así, ellos te aman, son tus padres después de todo, cuando estuve allí, sentí todo ese amor que te tenían.

—Así es —añadió Unha —. Carl, yo no los conozco tanto, pero pienso que debes darte unos días libres para ir a verlos y hablar con ellos.

Como madre siempre querré el bienestar de mi hija y verla feliz y saludable, eso hicieron ellos contigo.

Te dieron amor real igual que tu abuelo, ve por favor, ya le explicaré a mi esposo todo después, no te preocupes.

Carl hizo caso y se fue a preparar una bolsa para cambiarse de ropa para estar allí esa noche.

Victoria estaba tras de él en todo momento muerta de la preocupación, pensó que él no tendría tiempo de sentir su afecto, pero antes de marcharse, acarició su cabello con cariño pues estaban Fred y Unha delante y besarla no sería la mejor idea.

Sus padres ya esperaban su visita y le llevaron al salón para hablar allí más cómodamente.

—Padres ¿por qué no me dijisteis que era adoptado antes? —les preguntó nada más sentarse.

Su madre fue la que comenzó a contarle toda la historia.

—Queríamos hacerlo según fueras creciendo pues pensamos que te darías cuenta en cualquier momento al ver que tú eras tan blanquito y tan diferente físicamente, pero, siempre creíste que todo era normal estando así y luego, cuando ya eras adolescente, tan alto que eras, ya no supimos cómo decírtelo.

—Ya me pareció extraño, no sé por qué nunca quise aclarar aquellas dudas que tenía respecto a mi aspecto —dijo Carl que parecía estar tomándoselo bastante bien.

—Pensamos que todo estaría bien ya que nuestro amor era puro para ti igual que el del abuelo —le seguía contando Jasmín tratando de mantenerse calmada a pesar de sentir muchos nervios en su alma por la reacción que él pudiera tener—. Nosotros no podíamos tener hijos, por más que tratábamos, nunca ocurría el milagro.

Fue Ina, la hija de un gran amigo de tu abuelo, la que nos pidió por favor cuidarte y no nos pudimos negar.

—¿En serio ella era una conocida de la familia?

—Sí Carl y, en fin.

En nada de tiempo sentimos que eras parte de la familia, nuestro hijo.

Jasmín estaba a punto de llorar por todos esos recuerdos, pero le siguió contando todo.

—Ina siempre venía a verte y veíamos su amor por ti, pero también su sufrimiento.

Ella decidió alejarse para que pudieras vivir una vida normal como cualquier niño con sus padres.

—Mamá dios mío.

Carl se retenía las ganas de llorar habiendo escuchando todo, eso último casi le estaba quebrando por dentro, pero su padre fue ahora el que continuó contándole la verdad.

—Ina te ama, pero decidió alejarse para que fueras feliz, no sólo lo hizo por la música.

Cada veinte de mayo te dedica un concierto.

Realmente, tu cumpleaños no sería en unos días, pero decidimos cambiar la fecha para mantener esto oculto, ya tendrías veintiún años.

—Carl ¿podrás seguir amándonos después de esto?

—Por supuesto que sí —terminó diciendo él lleno de lágrimas—. Sois mis padres, los que me habéis cuidado con amor toda esta vida, de los que he aprendido tanto y por supuesto, del abuelo.

Y entre todos se abrazaron con ganas dejando escapar más lagrimillas.

Trataron de lograr calmarse, aunque les era difícil porque aquella revelación fue demasiado fuerte para Carl y ellos toda su vida, sintieron ese dolor por no ser sinceros con él.

Tras la comida, su madre le preguntó qué tal le iba todo con Victoria para no seguir con ese tema.

—Ya vi todo lo que se está armando y estoy preocupada.

Es una pequeña curiosa y juguetona, pero confío en vosotros.

Aunque, no quiero que mi pequeño sea acusado de cosas así.

—En verdad me he enamorado de ella mamá, esas no eran mis intenciones te lo juro, sabes que soy respetuoso y Victoria aún es muy pequeña.

—Je, je, ella es tan adorable ¿cómo no podrías caer?

Sólo espero que esas habladurías se acaben de una vez.

Incluso han venido al templo a preguntar si todo eso que dicen es verdad.

Carl se enfadó por eso pues lo último que quería era que molestaran a su familia, su madre trató de calmarle.

—Tranquilo de verdad, sólo te pido que no te alejes de esa pequeña, ella ha abierto tu corazón y me siento feliz de ver a mi hijo así, sin más resentimiento.

—¿Siempre supiste cómo me sentía verdad?

—Sí, siempre, son cosas de madres supongo.

Carl sonrió calmado, esa noche durmió sintiendo paz por todo, aunque a ratos le vinieron los recuerdos de cuando durmió con Victoria.

De hecho, antes de irse a acostar, le mandó un mensaje preguntándole si todo estaba bien por allí y que al llegar le contaría la verdad sobre lo que había descubierto.

En verdad estaba emocionado y deseaba hablar con ella de todo y poder ver su carita de nuevo con esas sonrisas suyas.

A la mañana siguiente, quiso regresar temprano porque ya la extrañaba, así que, tras desayunar con sus padres se marchó.

En el autobús estuvo leyendo las noticias en su móvil, no quería hacerlo, pero al mismo tiempo tenía esa preocupación de que mancharan más su imagen.

Ahora hablaban todo el tiempo sobre su madre biológica, muchas críticas hacia ella sobre que era una mala madre, una persona horrible y Carl sintió mucha furia a pesar de no ser capaz de dirigirle la palabra todavía.

Cuando al fin llegó a casa de Victoria, ella le estaba esperando y nada más verle, se lanzó a sus brazos, allí, delante de su padre, le extrañó tanto, que no se pudo aguantar.

Fred se quedó con las ganas de preguntarle a qué se debía aquello, pero prefirió callarse para que más calmadamente mientras comían, este les contara cómo fue todo allí con sus padres.

—Qué feliz me siento viendo que todo ha salido bien Carl —le dijo Unha tras que él les hiciera un resumen de lo que había descubierto al día anterior.

Carl ya se sentía mucho mejor, aunque fue una fuerte revelación, se lo había tomado bastante bien, el que Jasmín y Dart no fueran sus padres biológicos, no le suponía ningún rechazo porque los amaba demasiado, fue mucho el amor que le dieron desde bebé.

Después de comer, Victoria le dijo que fuera rápido a su habitación.

—Opá, te hice un regalo y quiero que lo veas.

Está en mi ordenador, rápido.

—¿Es una historia? ¿O es algo que tenga que ver con mis padres?

—Es, sobre Ina.

Siento que, debes verlo por favor opá.

—Está bien, muéstrame —le respondió calmado, a pesar de que Victoria tenía algo de miedo de que él se molestara por ser algo relacionado con ella, pues no les había dicho aún de lo que sentía al respecto.

Y el regaló resultó ser una recopilación de los conciertos que Ina había hecho cada veinte de mayo, por suerte estaban bien grabados la mayoría y eran canciones que cada año había compuesto pensando en él.

Victoria se había tirado toda la tarde del día anterior montando el vídeo con los programas.

Carl lo disfrutó mucho, podía comprender todas esas letras y sentir lo que su madre quería haberle dicho por tanto tiempo.

En verdad no podía odiarla, todo ese tiempo que se estuvieron viendo, le había cogido demasiado aprecio, pero aún le costaba el poder perdonar aquello.

Capítulo 9

Lejos de Carl

Mientras, Victoria seguía preocupada por lo que decían de él en internet, sus historias tenían unas mil visitas y con buenos comentarios, pero, no faltaba alguno preguntando tonterías, como, por ejemplo, qué tal era Carl en la cama entre cosas similares.

No podía más de la impotencia, aunque bloqueara a esa gente, venían más y los problemas no terminaron ahí.

Al día siguiente durante las clases, apareció su padre muy serio y le dijo a Carl que en esos momentos saliera de allí inmediatamente.

—¿Qué sucede señor Fred?

Fred tenía una expresión más que seria que hizo preocupar a Carl.

—Hoy un padre me dijo, que no quería que su hijo siguiera viniendo a una escuela en la que el maestro era un mal tipo depravado.

No entendía nada y me cabreé con él hasta que este me respondió, que en vez de andar gritándole, debería preocuparme más por mi hija.

Fue ahí cuando me metí en internet antes de querer juzgarte y descubrí todo nada más poner tu nombre.

—Señor Fred, no es lo que usted cree.

Pero este le dio una tremenda bofetada a Carl, delante de Victoria que acababa de salir a ver qué sucedía y su mujer que estaba allí se quedó espantada.

—Victoria, no te acerques a alguien así, desde ahora él se irá y no le volverás a ver más.

—No papá, estás equivocado con él.

—Cariño por favor, no seas así, déjale explicarse —trataba de calmar la situación su esposa.

—Venga, di qué buscabas de mi hija ¿acaso la esfera de los vientos?

—Sí.

Y nadie esperó que lo dijera así, tan rotundamente.

—Aunque, no imaginé me enamoraría de su hija cambiando todo mi ser para así olvidar todo el resentimiento que había en mí.

Dañar a Victoria es lo último que haría.

Carl lo dijo con seguridad, aun sabiendo que Fred no lo aceptaría ni podría comprenderlo.

—Márchate de mi casa ahora mismo —dijo de la forma más fría posible y con una mirada intimidante.

—Me iré si eso es lo que desea, pero, no podrá evitar que yo tenga esos sentimientos por ella.

Fred trató de golpearle de nuevo, pero entre madre e hija le sostuvieron.

Carl se marchó a su habitación sin esperar a que le dijera nada más y se puso a recoger todas sus cosas.

Ese mismo día él se fue de allí.

Fred no dejó en ningún momento que Victoria se le acercara, le quitó el móvil y el ordenador y la tuvo encerrada con llave en su habitación, menos mal que había un baño dentro.

Esta lloró y más lloró, pero su padre no cedió.

Ahora Carl había decidido ir a casa de Ina que no esperó verle allí cargado con una maleta.

—¿Algo sucedió con el padre de Victoria?

—Sí, y no sé qué hacer para hacerle entender —le explicó mientras iban hacia el salón en donde dejó la maleta—. Después de todo yo fui allí con malas intenciones, les engañé a todos, pero al final, les tomé cariño y descubrí qué era el amor olvidando ese estúpido resentimiento.

—Carl.

Hubo unos momentos de silencio entre ambos que se habían sentado en el sofá.

—Ahora, te debes de preguntar por qué vine aquí y no con mis padres.

—Sí, pues siento, que aún es demasiado pronto para poder perdonarme del todo.

—Es que, de todos los lugares, sentí que debía estar aquí.

Después de todo, quitando a Victoria, tú mejor que nadie me vas a entender y cuando hablo contigo, siento esa conexión la cual deseé por unos momentos que jamás hubiera existido.

Ahora de nuevo comienza a ser agradable y no me apetece marcharme.

Quiero conocerte viéndote como lo que realmente eres.

Ina acabó llorando y Carl trató de consolarla yendo a sus mejillas para secarle las lágrimas.

—Hey, no quiero que llores, no me gusta ver llorar a mi madre.

Aunque me hayas hecho enfadar, en el fondo, me tienes preocupado.

Vamos a preparar algo de comer anda.

—Sí.

Durante la comida hablaron de muchas cosas y vieron que seguía estando en esa conexión de siempre.

No por ser madre e hijo, si no amigos también.

—Enseguida nada más conocerme, te diste cuenta que algo no estaba bien conmigo, por eso quisiste regalarme aquel libro sobre las emociones.

Siempre viste más allá de lo que yo dejaba ver al resto.

—Lo noté, pero, me di cuenta que había alguien que podría ayudarte mejor que yo con sólo un libro y, esa es Victoria.

Carl no dijo nada, Ina sabía que trataba de fingir estar bien, pero en el fondo no dejaba de pensar en esa niña.

Mientras tanto, horas después, en casa de Fred, Unha subía a la habitación de su hija con la cena.

Ella estaba muy dolida por la situación, no soportaba ver a Victoria encerrada, había tratado de hablar con su esposo para hacerle entrar en razón, pero cuando él se ponía así, ni siquiera ella podía abrirle los ojos por más que le dijo que Carl no era de esos chicos.

—Mi niña, voy a seguir tratando de convencerle para que te deje salir de aquí y así ver a Carl.

Tu padre se deja llevar por la buena imagen antes de lo que de verdad siente cariño, pero, también lo está haciendo así porque está muy preocupado por ti, aunque esa no es la manera.

Victoria no le dio ninguna respuesta.

—En fin, me marcho para seguir hablándole, cómete toda la cena por favor.

Unha con dolor, volvió a echar la llave de su habitación, sabía que, si no obedecía a su marido, este se enfadaría aún más.

Aunque no llegaría a dañarlas jamás porque las amaba demasiado, podría alargar el tiempo en el que Victoria estaría encerrada.

Esta no tenía nada de hambre y tenía pensado no cenar nada, ni siquiera la tarta que le había puesto de postre y eso que amaba los dulces.

Menuda su sorpresa, al levantar la tapa de la cena, y ver junto a un filete, un móvil, un tanto viejo, pero que le servía para poder hacer lo que deseaba.

Más bien, su madre se lo había dejado para que pudiera hablar con Carl, pero ella decidió hacer algo más, así pues, abrió la aplicación de la cámara y ahí se puso a grabar un vídeo.

Primero saludó a todos sus seguidores y comenzó a contarles todo lo que tenía que quería desahogar.

—Quería grabar este vídeo porque, deben parar estas falsas acusaciones por favor.

Desde que vi a Carl opá, me enamoré perdidamente de él.

Mi papá es tan protector, eso fue a raíz de que fuera secuestrada de pequeñita y desde entonces, jamás me dejaba salir sola a la calle y eso que ya no soy una niña.

De hecho, nunca fui al instituto por su culpa, me hacía de estudiar en casa y contrataba a profesores particulares para ello.

Revelaba ella al fin ya que jamás les había contado nada sobre su vida privada a sus seguidores y ahora sentía que era el momento.

—No tenía ningún amigo por esa razón, fue Carl opá el que me ayudó con papá para que fuera libre y así ver el mundo y de paso, ayudarle a él también para que dejara de tener miedo a que yo saliera a la calle.

Carl me llevó incluso a casa de sus papás y también conocí a su mamá biológica, Ina, ella y sus papás son personas maravillosas que quiero demasiado.

Ahora Victoria sonreía diciendo aquello porque esos recuerdos le daban felicidad.

Trataba de no alzar demasiado la voz mientras grababa por si su padre la escuchaba.

—Yo soy una chica un tanto pervertidilla y escribí historias algo picantes con Carl sin que él supiera de ellas.

Así hasta lo ocurrido con el concurso.

Carl las descubrió, pero, él no se enfadó y jamás me hizo nada a pesar de estar también enamorado de mí.

Él me dijo que nunca me haría nada, ni siquiera en sus pensamientos hasta que no fuera mayor.

Carl incluso...

Fue ahí cuando pensó que debía tratar de controlarse ya que sentía arder sus mejillas.

—Bueno, pasó toda una noche a mi lado porque tenía miedo a la hora de ir a dormir desde lo del secuestro y yo sólo podía descansar usando mi hipnosis frente a un espejo.

Y ella fue a tomar ese espejo que siempre había usado para mostrarlo frente a la cámara.

—Gracias a que él me acompañó, pude conciliar el sueño por mí misma por primera vez en años.

Carl es un hombre bueno y nunca me dañaría ni se aprovecharía de mí siendo tan pequeña.

Pero Victoria pasó, de tener una bonita sonrisa, a fruncir el ceño.

—Papá se preocupó demasiado de mí olvidándose de mi libertad y por culpa de todo lo malo que han inventado de Carl y de la obsesión de mi padre con las buenas apariencias en todo lo que rodea su vida, ahora todo está mal.

Él me encerró con llave en mi habitación y eso fue de lo peor.

Si él llega a ver este vídeo, quiero que escuche este mensaje.

Y acercándose más a la cámara, se puso realmente seria, más que antes incluso.

—Papá, me has alejado de quien me dio la libertad, de quien me demostró que hay otro mundo afuera muy maravilloso.

No todo son peligros, no se puede vivir con miedo siempre.

Soy muy inocente por tu culpa y quiero aprender de los fallos, de las traiciones y por supuesto, también del amor y del mundo que hay allí.

Me iré, me da igual que te enfades después, no pienso seguir en esta cárcel por siempre pues debo volar.

Perdón a mis seguidores por no subir historias por ahora.

Ahora, debo despedirme para irme lejos.

Al fin pudo detener la grabación sintiendo que se había desahogado como nunca.

Rápido se metió en la aplicación de saveyeah, tuvo que actualizarla ya que ese móvil llevaba mucho tiempo apagado, pero por suerte, pudo hacer lo que había planeado.

Dejó el vídeo subiéndose mientras hacía su mochila con algo de ropa y dinero de lo que le daba su padre cada viernes, después ató las sábanas al radiador de había bajo la ventana que, por suerte, no tenía rejas al estar alta.

El vídeo ya se había subido y lo publicó para ir luego hacia su libertad.

Cuando le faltaba poco para bajar, no quedaba ya más sábana y usó su poder mental concentrándose como Carl le había enseñado, así flotó despacio y llegó al suelo sin dañarse.

Con esos ahorros tomó el autobús y fue a Adurna pensando que él estaría allí.

El problema es que no sabía guiarse bien por no estar acostumbrada a salir, ya eran cerca de las doce de la noche y no había casi nadie en la calle para preguntar por el templo.

Pasó mucho rato y logró encontrarse con una pareja que salían de fiesta a los que le preguntó si sabían dónde estaba ese lugar.

Con las indicaciones pudo al final llegar a una calle cercana, no esperó que alguien apareciera por su espalda tomándola y tapando su boca para meterla en un coche viejo y muy sucio de color blanco.

Capítulo 10

Acabo secuestrada por alguien que no esperé

—¡Déjeme salir! ¡¿Quién es usted?!

Y aquel hombre mal oliente la retuvo con un poder mental como el que ella tenía.

Después, encendió la luz del coche que había en el techo de éste para dejarse ver.

Era un hombre ya adulto, con el rostro algo demacrado, ojeroso y bastante flaco, de cabello verdoso y ojos rojos.

Victoria pudo reconocerlo del pasado cuando trabajaba en el templo.

—Tío George ¿Qué sucede?

—Pequeña Vicky, ahora te vendrás conmigo —le dijo de manera algo intimidante.

—Pero tío ¿por qué? Yo quiero ver a Carl opá.

Entonces este con sus poderes de hipnosis, la hizo de dormir y a la hora, al despertar, se encontró en un viejo lugar que parecía haber sufrido un incendio en un pasado.

Su tío estaba sentado a su lado.

—Tío, ¿qué hacemos aquí? Esto está muy sucio.

Y en ese momento en el que ella trató de alejarse, este usó de nuevo sus poderes mentales para que no pudiera moverse y después sacó de una bolsa que llevaba unas cuerdas para atar sus manos y piernas.

Victoria comenzó a llorar, no entendía la situación, ese no era el mismo tío George que en un pasado la hacía de reír.

—No llores Vicky, de verdad que no quiero hacerte daño.

Es que odio a tu padre ni te imaginas y por eso quiero asustarle y hacerle caer de paso.

—Tío, ¿por qué?

¿Qué hizo papá? —le preguntó calmando un poco sus lágrimas.

—Verás, siempre tuve problemas con las drogas y él, en vez de buscarme ayuda, me echó como si fuera basura inútil.

Mi hermana no pudo detenerle, igual que siempre hace con todos.

—No sabía nada de eso tío.

—Perdóname por dejarte aquí así atada, pero no puedo permitir que escapes, no pienso dañarte como dije antes, sólo quiero que él se asuste y se rinda de una vez.

Aquel hombre se sentó a su lado, parecía sentirse muy agotado, como si llevara días alimentándose y durmiendo mal.

Su cabello estaba muy grasiento y olía bastante a sudor.

—Tío George, no está bien dejarse vencer por eso sentimientos, por favor.

—No, soy demasiado débil como para cambiar mi manera de pensar ahora.

Quédate ahí calladita que quiero dormir un poco, deberías dormir tú también.

Y este sacó unas mantas viejas de unas cajas que había allí polvorientas y con ellas tapó a Victoria.

Esa mañana se armó una gorda cuando Unha vio la ventana con las sábanas y después, el vídeo subido en el móvil que le dejó.

Carl y su madre, que habían revisado el canal de Victoria por si ella dejaba algún mensaje para él, estaban viendo ese vídeo y tras terminarlo, se quedaron pasmados.

Este rápidamente llamó a sus padres para ver si ella estaba allí en Adurna.

—¿Qué dijeron Carl? —preguntaba Ina con suma preocupación en cuanto colgó.

—No está allí, demonios, tengo que salir a buscarla.

Pero al poco, mientras se preparaba para irse, recibió una llamada de Fred que muy desesperado, le preguntaba si su hija estaba con él.

—Maldita sea, estoy que no puedo más, Carl, estaré en la comisaría que hay en la calle Cerels, ven lo antes que puedas.

—Así será señor Fred.

Carl tras colgar, se fue a despedir de Ina tomando su cartera para marcharse de una vez.

—Carl espera, toma mi coche para que llegues antes —le detuvo ésta entregándole las llaves.

Y tras tomarlas, fue a bajar las escaleras lo más rápido que pudo ya que el ascensor estaba ocupado.

A los veinte minutos, ya estaba en la comisaría.

Fred ahora se encontraba hablando con unos agentes que estos, nada más ver el vídeo de Victoria, se pusieron en su búsqueda.

En las redes sociales también se había armado una buena por ese vídeo que Victoria había subido en la noche, este ya tenía miles de visitas en poco tiempo.

Allí, en aquel lugar quemado, George se encontraba dándole de beber un zumo de bayas ya que aún la tenía atada, también la ayudó a ir al baño en una palangana sucia que tenía.

Por lo visto, él había estado viviendo por unos días como un indigente ya que le echaron de su último trabajo, se la pasaba en su viejo coche o ahí escondido.

—Perdón por tratarte para la mierda, sé que tú menos que nadie merece esto, pero, estoy algo feliz por ver a tu padre sufrir.

Mira —decía leyendo los comentarios de su vídeo en su móvil que tenía la pantalla algo rota—. Hay varios que le ponen a caldo.

¿Borrará el vídeo para que nadie más sepa de la basura que es? O, ¿dejará de lado las apariencias y lo mantendrá ahí?

—Tío, yo no quiero que sigas con esto, yo quisiera verte bien.

Siempre me hacías de reír cuando aún era una niña y eso no lo he olvidado.

Victoria estaba a punto de llorar mientras le decía aquello.

—Eras el único que me entendía aparte de mamá en esa casa, tú siempre supiste que amaba la escritura mucho antes que nadie y detestabas verme encerrada siempre.

—La mala vida y las decepciones te cambian la personalidad.

Ahora mejor estate tranquila, quiero ver qué dicen de él en las noticias.

Mientras tanto, Fred y Carl iban de camino en su búsqueda ya que tenían más que seguro que fue hasta Adurna.

Fred era el que conducía ahora.

—Carl, sé que no merezco pedirte ayuda, pero, sólo tú podrías dar con ella —al fin dijo rindiéndose, porque la preocupación por su hija era lo más importante para él en esos momentos.

—Me lo pidas o no, daría lo que fuera por encontrarla, sólo déjame comunicarme con mis espíritus guía para ir al astral.

—Está bien, me quedaré en silencio mientras.

Entonces Carl cerró sus ojos para comenzar a concentrarse.

Ahora, sin música de fondo, era algo más complicado, pero trató de centrarse en el sonido ambiente, tratando de imaginar que todo formaba parte de una melodía algo extraña, las voces de la gente en la calle, los coches que pasaban rápido al lado contrario, el sonido del motor al detenerse en los semáforos.

Todo eso parecía algo caótico, pero cuando ya salieron de la ciudad y hubo más calma, al fin pudo adentrarse a ese otro plano y pudo ver a un oso y a un águila que parecían querer mostrarle algo.

Había una gran montaña por donde su cuerpo astral debía ir subiendo acompañado por esos dos espíritus guía.

El cielo tenía tonos púrpuras, y verdes también, con estrellas que se veían a pesar de no estar oscuro.

Había mucha vegetación alrededor, arboles de troncos retorcidos que daban frutos de colores con forma de manzanas.

Carl trataba de no prestarle demasiad atención a aquello para seguir subiendo y subiendo.

Fred estaba tan nervioso a su lado, tratando de estar al volante para no mirarle, depositando toda su confianza en él.

Carl continuaba ascendiendo por esa montaña con su alma llena de energía, pero al mismo tiempo, sintiendo que podría llegar a fatigarse y eso que no estaba usando su cuerpo físico.

Tras subir y más subir, se encontró con alguien de espaldas que parecía que llevaba por mucho tiempo en ese lugar.

—Abuelo.

Y este se dio la vuelta mostrándole una sonrisa.

—Al fin te liberaste de tus pesares.

Estaba esperándote desde hace mucho.

Ya era hora que abrieras tus ojos y tu corazón, me tenías algo enfadado, aunque ahora ya me siento bien.

—Abuelo, deseaba tanto verte.

Carl estaba sumamente emocionado, quería rodearle entre sus brazos, pero ambos sabían que él tenía ahora una preocupación mayor.

—Carl, ahora sé que sólo puedes pensar en Victoria, ella no está con una mala persona, pero te necesita.

—Lo sé abuelo, por favor, ayúdame a llegar a ella.

Este siguió con una amable sonrisa y le dio aquella ansiada respuesta.

—Ve a la zona donde todo ardió una vez, es el momento de dialogar y comprender el mundo de otros.

Carl al fin sintió la mayor calma del mundo además de felicidad.

—Ahora ¿te marcharás?

—Sí, que ya llevo mucho tiempo en este lugar y también tengo ganas de ver qué hay al otro lado y así esperar allí a mi mejor amigo.

Y su abuelo se acercó a él para mirarle fijamente a los ojos.

—Carl, algún día volveremos a vernos.

Vive siendo la estupenda persona que eres por siempre y haz muy feliz a esa niña.

Tras eso, le dio un leve empujón que le hizo caer y más caer mientras que él se alejaba elevándose en el aire, ahora, con una expresión de mucha felicidad.

Al volver en sí, Fred le preguntó con desesperación si pudo dar con la respuesta.

—Por dios, llevas casi una hora en el astral, ya no podía más.

—Sé dónde está, no te preocupes, ahora debo llamar a la policía de Adurna para decirles el lugar en donde se encuentra Victoria.

Pasados unos diez minutos, al fin fueron llegando a la ciudad y se dirigieron hacia una vieja torre quemada que, por suerte, estaba como a un cuarto de hora.

Allí había varias patrullas y en el interior, agentes apuntando todo el tiempo en dirección a George.

En la distancia, ambos pudieron ver como este tenía de rehén a Victoria con un cuchillo amenazante en su cuello.

—Por favor, déjennos pasar, ella es mi hija y conozco a ese tipo.

Quiero tratar de dialogar con él.

Los agentes les dejaron pasar y George, nada más ver a Fred, le gritó en la distancia.

—¡A ti quería verte! —aquello lo dijo confiado, como si ya no sintiera ningún miedo por lo que pudiera pasarle después—. ¡Ahora tu mundo se derrumba y todos están viendo lo que reamente eres!

—¡No papá, lo siento! ¡Yo, no quería dejarte mal!

Victoria estaba llorando por toda la situación mientras se disculpaba con su padre, pero este no estaba enfadado, además que, en esos momentos, lo único que sentía era preocupación.

—¡No hija, ya lo entendí! ¡Mi sobre protección fue demasiado lejos! ¡Incluso quise alejarte de personas que te hacían bien! Y sólo por...

George no le dejó continuar.

—¡Por tus estúpidas apariencias y lo que puedan decir!

¡¡Igual que cuando me echaste como a un sucio perro a la calle sin casi dinero sólo porque no podía aguantar el vicio!!

Eso último lo dijo alzando mucho más la voz dejando ver demasiado ese resentimiento.

—¡Siempre me sentí el inútil de la familia Fred! Estaba tan agradecido de poder trabajar allí, aunque fuera limpiando.

En esas últimas palabras se retenía el dejar caer unas lágrimas, pensó que se quebraría, pero de nuevo, le gritó con odio.

—¡Me diste una oportunidad y después me la quitaste y me dejaste solo!

¡Sin tan siquiera preocuparte de mi estado emocional! ¡Del porqué yo había caído en las drogas!

¡Nunca te importó ni lo más mínimo!

Al fin cayeron las lágrimas, pero eran por la impotencia y el haberse sentido tan solo todos esos años, aun así, no podía apartar ese cuchillo del cuello de Victoria.

—Lo siento, lo siento tanto.

Y en ese momento, Fred sintió que debía sincerarse de una vez.

—Desde hace demasiado, dejé de poder ver el astral y bueno, me cerré más, no quería que nadie supiera de mis carencias y en los demás podía ver mi reflejo.

Carl estaba impactado al descubrir la verdad sobre Fred, este se mantenía en silencio analizando la situación, pero también con suma preocupación.

—Mi padre me lo advirtió y no le hice caso y al final, perdí mi habilidad.

Mi tercer ojo se cerró porque vivía de banalidades y apariencias estúpidas.

Ya soy lo suficientemente penoso ¡deja libre a Victoria por favor! —le pidió alzando su mirada a la de George pues la había mantenido baja al sentirse tan poca cosa.

—Papá.

Victoria jamás se imaginó que a su padre le estuviera sucediendo algo así.

George siguió hablando.

—¡Ya da igual que te rebajes! Aunque fue lo que siempre soñé, mi vida ya está perdida.

En ese momento Carl decidió que era el momento de actuar dando unos pasos hacia él.

—¡Nada está perdido todavía!

—¡¿Qué sabrás tú?! ¡Tienes una buena vida después de todo, no estás en la mierda como yo ahora!

—¡No por favor, escúchame!

Y Carl trató de acercarse más, pero ahí fue cuando George lanzó una fuerza mental muy poderosa, forjada por su ira y resentimiento por esa impotencia, lanzando a Carl y a Fred contra la vieja pared.

—¡Nadie me hará cambiar de opinión! ¡No os acerquéis a mí!

Y de nuevo, otra gran fuerza mental que, esta vez, alcanzó a varios agentes, las paredes de esa vieja torre habían comenzado a temblar.

Carl ayudó a Fred a ponerse en pie, ambos tenían rasguños en su piel y la ropa.

Ahora, los agentes que estaban aún en pie, cargaban sus poderes, pero George les gritaba, que, si los usaban, haría que el cuello de Victoria fuera cortado.

Nada podían hacer, ya fuera usando poderes o acercándose, o alcanzaban a ambos, o George la dañaba.

Este estaba medio enloquecido cargando una y otra vez su fuerza mental, Fred no se había esperado que tuviera tanta ya que nunca la dejó ver cuando estaba en el templo.

Ahora todo temblaba más y más y temían que el techo se viniera abajo.

Carl, aun así, se acercó lo más que pudo, envolviéndose en su viento para protegerse un poco.

—¡Te equivocas George! —le dijo de nuevo alzando la voz—. ¡Escúchame! ¡Yo, estuve también a punto de perderlo todo por rencores del pasado! ¡Ni siquiera podía ver a mi abuelo astralmente y casi pierdo mis emociones!

George no se detenía a pesar de estar escuchando atento lo que Carl le estaba contando.

—¡Incluso, mentí y engañé sólo por los malos sentimientos! ¡Pero, pude al fin escapar de los pensamientos negativos!

Seguía contándole mientras se protegía acercándose ya demasiado.

—¡Pude escapar más por Victoria y su amor, sólo necesitaba confiar de nuevo y abrir mi corazón!

¡Lo mismo contigo, hay personas que te quieren tener junto a ellos, eso seguro!

—¡Sí tío George! —dijo ahora Victoria—. Mamá sufrió mucho cuando te tuviste que ir y yo sólo preguntaba en dónde estabas recordando cuando me hacías de reír.

George parecía querer ceder, más escuchando llorar así a su sobrina, en su corazón realmente no quería dañar a nadie, pero su poder se había hecho tan potente, que se había descontrolado y no podía detenerlo, el vestido de Victoria estaba todo rasgado y las ropas de este también, caían ya trozos del techo, así hasta que perdió ya completamente toda su concentración y se le escapó una onda mental más intensa haciendo que un montón de tablas y trozos cayeran en el lugar que temblaba mucho más que antes.

Los agentes tuvieron que apartar de allí a Fred y a Carl para que nada les cayera encima, este último, usando su poder del viento, pudo apartar algunos trozos, pero ahora, Victoria y George se habían quedado atrapados bajos los escombros.

—¡Victoria dios mío, escúchame! ¡¿Estás ahí?! Gritaba su padre apartando todo lo que podía desesperado ayudado por Carl que estaba aterrado por si algo le había pasado.

Victoria abrió sus ojos ahora que ya no caía nada, sobre ella, estaba George que la había protegido con su cuerpo, sangre caía por su frente y por sus brazos.

—Tío, dios mío, estás todo herido.

—No importa eso, incluso si hubiera muerto para protegerte, hubiera estado bien para tener un digno final en mi vida.

—Tío, no digas eso por favor, yo quiero que vuelvas a casa —decía ella llevando sus manitas a su rostro llenándoselas de su sangre—. Quiero vestirte lindo con mis ahorros y darte cremitas faciales para que tu carita se sienta bien.

Te lo pido, te lo suplico tío.

—Por favor, tienes que estar bien Vicky, por ese tonto de tu padre.

Pero ahí él ya no pudo más del dolor y del agotamiento, además parecía haber recibido un fuerte golpe en la cabeza y cayó sobre ella.

Capítulo 11

Pronto todo se podrá solucionar

Carl levantaba escombros y más escombros demasiado fatigado, envuelto en sudor.

Con el viento que creaba lo hacía más fácilmente.

El lugar seguía temblando, en cualquier momento podrían caer más escombros y, aun así, no desistían tratando de encontrar a George y a Victoria.

Esta trataba de despertarle, por la poca luz que entraba entre los huecos, le veía ahí, con sus ojos cerrados inconsciente.

Sabía que tenía que hacer algo, no podía quedarse quieta, el lugar seguía temblando y debía sacar de allí a su tío lo antes posible.

Al poco, escuchó al fin las voces de Carl y su padre llamarla y ella les respondió.

—¡Aquí, aquí estoy! ¡Por favor, ayudadnos!

Pero sentía que era ella la que de una vez debía actuar, más tablas cayeron y Fred, con su poder mental, a tiempo evitó que golpearan a Carl.

Victoria cerró sus ojitos con fuerza tratando de concentrarse todo lo que pudo, llevando sus manitas a su pecho sintiendo la esfera de los vientos en su interior.

«Venga por favor, debo lograrlo, no puedo permitir que el tío se vaya ni que opá y papá acaben heridos»

Temblores, una y otra vez, ahora más de seguido, los agentes con sus poderes también estaban ayudando a levantar todos esos escombros, pero, ya parecía que todo se estaba poniendo mucho peor, los demás pisos de esa torre, podrían desmoronarse en breve.

Carl estaba más que desesperado usando su viento al máximo, sintiendo que en cualquier momento se quedaría completamente agotado sin energía mágica, Fred lo mismo con su poder mental, pensaban que ya no les quedaría mucho tiempo, fue ese el momento, en el que escucharon un tremendo crujido en la parte superior y todo tembló tan fuerte, que creyeron que serían sus últimos momentos.

Victoria, rodeando ahora a su tío, con sus ojitos aún cerrados con mucha fuerza, sintió que todos sus recuerdos agradables venían a su mente en efímeros segundos.

Las salidas con Carl, sus besos aquella noche, Ina, sus historias, sus padres.

De nuevo, su tío protegiéndola bajo sus brazos, tan buenos recuerdos que tenía de él en un pasado, era el que siempre la escuchaba cuando quería mostrarle sus historias a alguien.

Debía lograr sacarlos de allí, no podía dejar que todo se acabara ahí.

Fue al fin, que una luz nació de su interior, una luz inmensa que, con ella, logró apartar todos los escombros que quedaban y, envolviendo a ambos, salió flotando en el aire, creando como una barrera mental muy poderosa que protegió a los que allí estaban de acabar aplastados, lográndolos sacar después de ese lugar justo a tiempo, pues en nada, la torre se vino abajo dejando escuchar un terrible estruendo por todo el lugar.

Ahora Victoria exhausta, estaba llorando como nunca y gritando el nombre de George para que despertara.

Fred fue corriendo a abrazar a su hija con muchas ganas, este también lloraba a lágrima viva y acariciaba su cabello, había tenido tanto miedo, pues pensó que volvería a perderla.

—Papá, el tío George no responde, él, me protegió con su cuerpo.

—Aún está vivo, pero deben atenderle lo antes posible —añadió Carl que le había tomado el pulso.

Enseguida se lo llevaron de allí ya que había una ambulancia afuera por si algo pasaba, En el hospital, mientras esperaban a que saliera de la sala de operaciones, Victoria no podía despegarse de los brazos de Carl.

—Mi niña, estaba tan preocupado, trata de calmarte, ya verás que tu tío saldrá de esta —le decía acariciando su carita que estaba llena de lágrimas.

Esperar y esperar era una tortura, más para Victoria que seguía abrazada a Carl, Fred estaba en silencio y al fin, a la hora, un doctor salió y los tres fueron a él para recibir esa buena noticia que les dejó en calma.

Después, fueron a la habitación de éste que seguía dormido, los padres de Carl llegaron al poco y estos se pusieron muy felices al verla sana y salva.

—Pequeña, deberías venir a nuestra casa a darte un buen baño, te prestaré algo de mi ropa para que te cambies —le dijo Jasmín tras haberla dado un fuerte abrazo.

—Quiero quedarme aquí hasta que mi tío despierte.

—Está bien, lo comprendemos, nosotros nos quedaremos esperando afuera para que cuando le veas despertar, vengas a nuestra casa.

Entonces estos se marcharon, en todo ese rato, ella no dejó de mirar a George dormir hasta que al ratito, al fin despertó y a la primera persona que vio fue a Victoria.

El pobre tenía una gran venda en la cabeza ya que por detrás había recibido un golpe muy feo y en varias partes del cuerpo también tenía vendas pues se había fracturado algunos huesos.

—Tío, ¿cómo te sientes?

—Victoria, ¿cómo es que estás aquí? Deberías haber vuelto a casa.

—No, no podía dejarte solo, mira como acabaste por protegerme.

—No podía permitir que te pasara nada.

Pero en ese momento, Fred le dio una cachetada, aunque no demasiado fuerte.

—¡Papá no! —Gritó Victoria que no se lo esperó.

—Maldito ¿cómo pudiste hacerle eso a mi Victoria?

Sólo por vengarte de mí, no debiste asustarla así.

—Lo siento, en verdad no la habría dañado jamás, al final tenía pensado entregarme cuando tú hubieras caído rendido.

—¿Tanto me odias?

Si me odias, hazme daño a mí, pero no la uses a ella.

Golpéame si quieres, usa tu poder conmigo, pero jamás, vuelvas a dañar a Victoria así.

George entonces suspiró mirando hacia la ventana.

—Fui un imbécil, yo, veía siempre el blog de Victoria porque la extrañaba, después, al tiempo, vi que se hizo un canal de vídeos.

Victoria no imaginó que su tío hubiera seguido atento a sus cosas.

—No sé en qué momento se me ocurrió ir a por ella nada más ver de ese último —y ahí ya clavó sus ojos en Fred—. Me dio tanta rabia ver que seguías tratándola así e, imaginando que vendría a buscar a Carl, me fue sencillo dar con ella ya que ahora estaba viviendo aquí en Adurna, no perdía nada yendo a comprobar si venía al templo de sus padres.

—Idiota, maldito —Fred iba dispuesto a darle otra cachetada, pero pudo contenerse —. Entiendo tu resentimiento conmigo, pero aún me cuesta perdonar lo que has hecho y, no te mato ahora porque al final protegiste a mi Victoria, que si no.

—Papá, basta —terminó diciendo ella, Carl estaba todo el tiempo en silencio escuchando.

Victoria se abrazó al brazo de su padre con cariño.

—Quisiera, que George volviera al templo papá, por favor.

Él jamás me hubiera dañado, al fin y al cabo, olvida lo sucedido te lo pido.

Fred se quedó realmente serio por unos momentos, cerrando sus ojos, dejando escapar un pequeño quejido por su garganta pues sentía que no le quedaba más opción.

—Aaaah, está bien, pero si vuelve a tocarme las narices, en seguidita que hará las maletas, además, tendrá que ir a tratarse por lo de su adicción, no quiero que te dé un mal ejemplo.

Victoria no se aguantó más y de un saltito, llegó a la mejilla de su padre para darle un tierno beso, Carl pudo sonreír al ver aquello y George estaba que no se lo creía.

Después decidieron que ya era el momento de ir con los padres de Carl.

Les tenían preparada una deliciosa comida que Victoria devoró con ansias ya que George no tenía casi nada para comer por la falta de dinero y este le dio lo poco que tenía esa mañana.

También se dio una buena ducha y usó un bonito vestido blanco de Jasmín, que, aunque no era tanto de su estilo, se veía muy bonita con él.

Victoria después tuvo que prestar declaración sobre lo sucedido con su tío.

Les contó lo bien que se portó con ella esa noche a pesar de tenerla atada para que no pudiera escapar.

Fred pidió que le dejaran libre pues no quería denunciar ni nada lo ocurrido.

Unha se lo agradeció enormemente, pues tras echarle aquella vez, le buscó muy preocupada por un tiempo por si necesitaba lo que fuera, pero nunca dio con él por eso de mudarse a Adurna y cambiar de número.

Victoria le llevó de tiendas un día para comprarle ropa linda y elegante.

Le hizo de cuidarse el cutis y el cabello y con las cremas de ese mundo su piel mejoró bastante.

Ella misma se la aplicaba cada mañana para que no se le olvidara.

Además, que aún era joven, sólo tenía veintinueve años.

George era un hombre lindo que simplemente se había dejado mucho.

Carl, de nuevo, fue el maestro allí, poco a poco se fue arreglando eso de las habladurías, de hecho, hasta grababa vídeos con Victoria a veces y los subían, y las historias de ésta, llegaron a ser muy reconocidas, más porque Ina un día las recomendó.

Para ella todo mejoró también, todos pudieron ver lo bien que se llevaba con su hijo y sacó un álbum nuevo con canciones para él y Victoria entre otros temas que fueron un éxito.

Y en navidades, todos se juntaron, también la familia de Carl y menuda la fiesta que se montó.

Fred dejó de lado por un día su lado serio para tomar un poco y acabó algo bebido bailando junto con el padre de Carl. Unha no desperdició el momento grabándolos en vídeo y esa noche, le sorprendió con un bonito traje negro para dormir.

A la mañana siguiente durante el desayuno, todos los miraban con una sonrisilla en la cara, aunque Victoria estaba más bien un poco traumada por las cosas que le escuchó gritar a su madre esa noche.

Fred trató de ponerse serio, aunque estaba más rojo que nunca y se sentó junto a Carl.

—La esfera volverá con quien debió estar desde hace tiempo.

—No hace falta de verdad, mi abuelo ya está en paz y yo también.

—No, yo no estoy en paz y mi padre tampoco, él siempre deseó que volviera a tu familia.

Hoy en la noche, bueno, tras lo sucedido, pude soñar con él, quizás sí estoy recuperando mis poderes de nuevo y debo hacer que mi padre pueda descansar también como tu abuelo hizo.

Carl sintió que Fred se había quitado también un peso de encima y después desayunaron todos juntos.

Cierto día, Victoria fue a leer los mensajes privados que le mandaban sus seguidores y allí vio uno de Albo pidiéndole disculpas por todo lo que hizo.

Él siempre tuvo envidia de su manera de contar las historias, era lo único que le gustaba en el mundo ya que era mal estudiante y deportista y sus padres no le entendían con su pasión.

Ahora entendió que, si ella dejaba de escribir algún día, él se sentiría muy vacío porque sus relatos le daban el aliento para seguir con su sueño.

Victoria le perdonó y le animó a volver de nuevo a subir sus historias.

Incluso hicieron colaboraciones y todo.

Y el tiempo pasó, al fin llegó ese día en el que ella cumplió los dieciocho, había esperado mucho tiempo para poder amar a Carl plenamente, pero lo que le sorprendió, fue ver que, él era el más fogoso y eso que siempre pensó que la traviesa y pervertida era ella.

Carl la estaba deseando mucho y se había contenido todo ese tiempo, incluso en sus pensamientos siempre dejaba a medias sus fantasías con ella y ese día que se quedaron solos en casa, ocurrieron cosas maravillosas en esa habitación.

Unha les encontró dormidos a las horas y tuvo que calmar a Fred ya que lo descubrió.

Fue un poco difícil hacerle entender que ella ya no era una adolescente, pero al final lo aceptó.

Aunque a veces se ponía muy serio y más cuando su esposa un día le regaló a Victoria, un trajecillo para que sorprendiera a Carl.

Victoria logró publicar un bonito cuento sobre una parca que se enamoró de una niña fantasma, este se vendió bastante bien y tras eso, siguió subiendo sus historias como siempre a saveyeah, porque mostrar su mundo era lo que le daba felicidad y estar con Carl y los seres que la amaban.

Fin.


 

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