Aquel delicado ángel, tomaba con una de sus manitas, su rostro tras hacer el amor.
Tocaba sus arruguitas con cariño y le sonreía.
Él, ya era un zoroark maduro.
Fue hace tantos, tantos años, que se encontraron en aquel bosque, cuando aún era tan solo un zorua solitario.
Ese bello ángel, había sido creado por el dios arceus para proteger al cielo junto a un hermano mayor, otro ángel de los pokemon.
Pero ella, quería bajar al mundo terrenal, le resultaba llamativo y divertido y arceus no dejaba de preocuparse, pues ella, nació con un cuerpo débil, no siempre los dioses obtenían buenos resultados.
—Mi Anyelik, si te quedas en el mundo terrenal, no podré protegerte siempre, recuerda que tu cuerpo es más débil que el de tu hermano Marcus.
—No me importa mi dios, quiero vivir como una humana normal, tener a mi pokemon y entender lo que es el amor hacia tus creaciones, así, de una manera más pura.
Arceus cerró sus ojos por unos momentos, comprendía a la perfección los sentimientos de su ángel.
Ella, era la más rebelde de sus creaciones, pero poseía el mayor corazón y una gran bondad.
Fue así, como tras acercarse a ella, le entregó un precioso anillo de plata con un corazón que había creado con su poder divino.
—¿Y esto mi dios?
—No podré impedirte que sigas bajando a la tierra, por eso, te entrego este anillo para protegerte.
Recuerda, aún con él puesto, te sentirás débil a ratos, pero te protegerá de las enfermedades de ese mundo y también de, ejem...
Y de nuevo cerró sus ojos, dispuesto a decirle aquello.
Anyelik estaba ansiosa porque le dijera ya de una vez.
—Si te enamoras de alguien, ya sea humano o pokemon, con ese anillo, estarás protegida de, bueno...
—De qué mi dios, dime dime.
Arceus parecía algo cortado, pero al fin lo soltó todo.
—No te podrás quedar embarazada.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Mi Anyelik, recuerda lo de tu cuerpo, no podría permitir que algo le pasara a mi creación.
Con el anillo puesto, nunca podrás quedarte embarazada.
Pero si te lo quitas, podría ser peligroso, más aún si fuera de un pokemon.
—¿Y eso mi dios? ¿Y eso y eso?
Le preguntaba ella insistente volando a su alrededor.
—Los embarazos de pokemon duran sólo tres meses, y con tu cuerpo débil, podría ser muy complicado el parto.
Por favor, prométeme que nunca te lo quitarás.
—Te lo prometo.
Y después fue a besar su rostro haciendo que se sonrojara un poco ya que, como un dios que era, gustaba de hacerse el serio siempre.
—Ahora, ¿puedo bajar ya?
—Anda y ve.
Y desde entonces, no regresó al cielo, porque en poco tiempo, se enamoró perdidamente de ese zorua.
Al principio, una unión casi mágica, nada más encontrarse en ese bosque, y, rápidamente, a los días, los sentimientos se hicieron incontrolables para ambos.
—¿En qué piensas mi niña?
—Zandro.
Dijo su nombre saliendo al fin de esos recuerdos del pasado, preguntándose cómo estaría su dios, si estaba enfadado por no haberle ido a visitar en tantos años.
—Bueno, no pienso en nada importante, cosas.
—¿Ah sí? ¿Y qué cosas son?
Y esta, enseguida, ocultó su manita izquierda, no quería que él descubriera que no llevaba puesto su anillo de corazón.
—Ajajaa, pienso mucho en deliciosos purés de bayas dulces.
—Ains, después te prepararé unos, anda y vamos a darnos un baño.
Y la tomó en sus brazos como si nada.
Ella, era más que liviana ya que su cuerpo era muy delgado, apenas tenía pechos, además era algo bajita, pero tenía una bonita figura con unas caderas bastante prominentes.
Sus piernitas se afinaban bajo las rodillas ya que no tenía casi músculo en las pantorrillas, eso le daba un aspecto aún más delicado.
Tenía la piel algo pálida, con muchos lunares repartidos por cada parte de su cuerpo.
Su largo cabello llegaba hasta casi los pies, era negro puro y algo ondulado.
Y sus ojos, sin duda de lo más hermoso de su apariencia, tan grandes, del color de las amatistas, con una mirada que derrochaba ternura.
Allá a donde iba, llamaba la atención por lo bonita que era.
Nadie allí poseía ese color de ojos, además, cada equis tiempo, ella y aquel zoroark, debían mudarse a otra ciudad pues, al ser un ángel, no podía envejecer y las personas siempre comenzaban con sus habladurías al verla siempre con un rostro imperecedero, aparentando apenas dieciocho años.
La bañera se fue llenando de agua caliente.
Anyelik estaba sentada en la fría taza mientras observaba a Zandro echar unas sales de baño.
A causa de la edad, su pelaje ya era de un gris muy claro y su largo cabello pelirrojo, estaba lleno de canas.
Su corazón se invadió de melancolía recordando cuando él era joven.
Aún era hermoso, se mantenía en forma, delgado, pero con musculatura.
Aparentando unos cincuenta y un años si fuera humano.
Era un zoroark demasiado atractivo.
Pero, los años habían pasado factura, ya no era tan ágil como en un pasado, seguía teniendo un gran poder, sus pulsos noche eran fantásticos, pero, sí era cierto que se cansaba antes corriendo por largo rato y trepar a grandes árboles le era ya algo más dificultoso a pesar de poder seguir haciéndolo.
Aunque aparentaba esa edad físicamente, lo cierto es que estaba algo más mayor, ya eran más de cien años los que cargaba a sus espaldas.
Los pokemon vivían más que los humanos, pero no eran eternos como aquel ángel.
En el alma de Anyelik, estaba ese pensamiento que trataba de esconder como buenamente podía, pero, siempre regresaba a su mente.
Él, se iría, quizás viviría cuarenta años más, o cincuenta como mucho, quien sabe.
Era un ser mortal, lo había asumido hacía ya demasiado tiempo.
Su rebeldía, hizo que ignorara todo aquello para quedarse junto a él.
No se arrepentía tampoco porque, conocer lo que era el amor, fue lo más maravilloso de su existencia.
Le amaría y desearía aún fuera un zoroark anciano.
Lleno de arruguitas, con el cabello blanco por completo.
Aunque apenas ya pudiera caminar, siempre sería hermoso para sus ojos.
Disimuladamente, volvió a esconder su manita izquierda ya que este regresó para tomarla en sus brazos como antes y así meterla en la bañera llena de espuma.
Se enjabonaron el uno al otro, ella, su largo cabello y este, después el suyo.
Zandro, pasaba delicadamente la esponja por su pequeño cuerpo, Anyelik le miraba a los ojos fijamente.
En el izquierdo, tenía unca cicatriz que lo atravesaba y acabó llevando su manita allí acariciándola.
Ella bien sabía el complejo que Zandro tenía, pues a veces tapaba esa cicatriz con un mechón de cabello.
—Todavía, recuerdo el día en el que nos conocimos.
Dijo él posando su gran mano de 4 dedos sobre la suya tan pequeñita.
—Ahí fue cuando descubrí que existían los ángeles.
—Todavía, bueno, ¿te duele recordar?
Zandro entonces, acarició su cabecita.
Sabía que existían esos recuerdos horribles muy dentro de él.
Humanos malvados y con dinero, trataron de capturarle a él y a sus demás hermanos.
Sus padres fueron cruelmente asesinados y después, acabaron en manos de jóvenes entrenadores de familias con poder.
Nunca volvió a saber de sus hermanos, incluso se preguntaba si aún seguían con vida.
El que fue su entrenador, casi acabó con su vida.
Recibió maltratos por casi seis años, palizas, descargas eléctricas incluso por parte del electivire que aquel joven tenía también en el equipo.
Zandro, nunca sería el esclavo de alguien malvado, nunca se dejaría domar, menos aún por quien había pagado tanto dinero por él, como si fuera un simple objeto, sin importarle el sufrimiento de los pokemon, dejando que mataran a sus padres para capturarle.
El día en el que ya no pudo más y se rebeló, fue que acabó moribundo, medio muerto en ese bosque, sin una gota de fuerza en él por haber tratado de escapar, aún lleno de heridas y, ese bello ángel, que caminaba entre los árboles curioseando el lugar, le encontró allí y, sin dudarlo, dejó ver sus grandes alas anacaradas para rodearle y sanar cada una de sus heridas con su poder.
Aquella cicatriz fue la única que quedó ya que, terminó por desvanecerse sin energía por la debilidad de su cuerpo.
Zandro, a pesar de no confiar en nadie que tuviera apariencia humana, no pudo evitar quedarse a su lado para atenderla, aunque por unos momentos fue a tomar bayas dulces para cuando pudiera recuperarse.
Debía agradecerle aquello que había hecho por él, y es que, cuando al fin pudo abrir sus ojos, se quedó como atrapado en ellos.
Tan grandes, misteriosos, tan preciosos.
Sin duda, el color morado se convirtió en su favorito por esos ojos.
Al principio, quería creer que se había quedado a su lado para devolverle el favor por haberle salvado de la agonía cuando estuvo a punto de morir, pero, muy en el fondo, sabía que algo en ella había provocado que su corazón mortal volviera a latir y al poco tiempo, acabó locamente enamorado de ese ángel evolucionando a los días en zoroark con tan sólo once años.
Para todos, su pokemon guardián, él único miembro de su equipo, la única que pudo domarle, pero, la realidad era que, eran algo así como novios, eso lo aclararon entre ellos poco después de evolucionar pues no pudieron controlar sus sentimientos.
—Mi niña, no sigas preocupándote más por el pasado.
Después de todo, me arrebataron a mi familia, pero, el dios arceus, me entregó a su mejor ángel.
Tras sus palabras, besó su frente.
Era su forma favorita de darle besos, como si sintiera que así la protegería.
Horas después, Zandro se encontraba practicando sus poderes de pokemon.
Siempre, cada tarde, tenía que comprobar que aún seguían siendo igual de poderosos como en su juventud.
Lo cierto era que, con los años cada vez eran mejores, pero siempre tenía ese miedo de que su magia pokemon se perdiera.
Mientras tanto, Anyelik, buscaba en internet información sobre cuánto tiempo podría pasar para quedar embarazada tras tener relaciones.
Ya había investigado varias veces siempre que Zandro no estaba cerca, pero le gustaba asegurarse una y otra vez.
Tendría que ocultarle su manita durante unos siete días.
Ya después, podría volver a ponerse ese anillo, pues ya embarazada no hacía efecto su poder.
Al rato, Zandro regresó a la casa y se fue a tomar uno de sus libros para leer toda la tarde.
Anyelik, trabajaba entre semana en un instituto de humanos enseñando dibujo ya que, pintar era algo que se le daba especialmente bien, así como cantar.
A Zandro no le hacía gracia que ella trabajara ya que no tenía tanta resistencia.
Siempre la acompañaba al instituto para cuidarla, aunque si no hacía ningún esfuerzo, nada le pasaría.
El problema era cuando corría bastante o caminaba rápido por un rato, le daban mareos bastante fuertes.
También si volaba sin descanso, o si usaba mucho su poder de ángel para sanar a los pokemon.
Ella, debía comer y beber como si fuera mortal, no siempre eso sí, podía estar hasta tres días aguantando, pero, por su condición, necesitaba alimentarse para que no le dieran mareos, en el cielo le pasaba lo mismo.
Aunque, a ese ángel le encantaba comer, en especial dulces, y aunque no estuviera cansada, se hartaba a ellos.
Gracias a su trabajo, podían vivir en una pequeña casita con un jardín en el que tenían árboles de bayas dulces y jugosas.
Se habían mudado ya dos veces desde que se conocieron, eso para ocultar su identidad y que no vieran que Anyelik no podía envejecer.
En este trabajo, por poco no la quisieron contratar pensando que era demasiado joven, aunque al ver su talento con el dibujo, al final sí consiguió el trabajo.
Anyelik era tierna y dulce con sus alumnos y era por eso que la querían mucho.
Más por su personalidad con un toque infantil.
Algunos alumnos, hasta le habían confesado sus sentimientos, aunque ella amablemente les rechazaba.
Eso a Zandro le ponía de los nervios, ellos, eran jovencitos guapos, incluso en más de una ocasión, algunos alumnos le preguntaban por qué él era tan mayor.
Que si era el zoroark de su padre o algo y este se sentía de lo peor.
Trataba de controlar lo mal que le sentaban esas preguntas tan descaradas, no le gustaba ser grosero con nadie, además, después de todo, no eran malos, sólo eran jóvenes traviesos y curiosos.
Anyelik les sonreía con dulzura y les respondía que era de ella y, que él, era el mejor zoroark del mundo.
También, con lo que ganaba en el instituto, le compraba libros y más libros.
Él, siempre le decía, que no hacía falta que lo hiciera, pero, aun así, se los compraba porque quería hacerle muy feliz, más sabiendo su amor por la lectura.
Ahora con la edad, llevaba unas gafitas para leer y ella se quedaba largo rato mirándole, ahí, sentado en un sofá, junto a una ventaba con cortinas blancas, al lado de una gran estantería.
Como él media casi dos metros, llegaba sin problemas hasta arriba.
Anyelik a veces quería tomar algún libro y, como no había tanto espacio para sacar sus alas y alcanzar, Sandro la tomaba por su cinturita y la alzaba para que tomara el que quería.
—Zandro, Zandro, quiero que me leas este libro pooorfaaa, a ver a ver, ¿de qué va?
Le pedía ahora con su suave voz aniñada, interrumpiéndole mientras leía.
Dándole unos suaves meneos en su brazo y, este, acabó por tomarla como si fuera su pequeña niña, sentándola en sus muslos y allí empezó a leerle un poco con su gruesa voz.
Anyelik le escuchaba atenta, apoyada en su pecho tranquila, y aún, con mucha emoción por lo que había decidido.
No sabía en qué momento decirle la verdad.
La razón por la que se lo ocultaba, era, que él no quería poner su vida en peligro pues, ya sabía que quedarse embarazada podría ser malo por su debilidad, y no solo a la hora del parto y, además, había otras razones más que le echaban para atrás a pesar de desear más que nada tener un hijo con ella.
—Y entonces, pasó su mano por su vientre, sintiendo el aroma de su dulce perfume.
El calor que emanaba de su piel, era su anhelo, su tacto, sus dedos juntarse nuevamente.
—Zandrito juju.
Le interrumpió restregando su cabecita en su pecho peludo, llevaba una camisa abierta pues otra cosa más, los pokemon de este mundo solían usar ropa también.
—¿Qué sucede Anyelik?
—Su mano, por su vientre.
Juju.
—¿Qué tratas de decirme?
—Un bebé con Zandrito.
—Anyelik, no empecemos.
Dijo ahora con un tono bastante serio cerrando ese libro.
Se preguntaba, por qué en ese momento tenía que salir esa frase en él, era demasiado lo que el destino a veces molestaba.
—No vamos a tener un bebé Anyelik, no insistas.
—Joo, pero Zandro, si tenemos cuidado, nada me pasará.
Seguía insistiendo ella mirándole a sus ojos rasgados, pero este la tomó por la cintura para bajarla de sus muslos.
—Que no, no me hagas enfadar, lo último que quisiera sería que algo te pasara.
Además, si todo saliera bien y pudieras tener al bebé, yo, en unos años, no sabemos cuántos, ya, no estaré.
No podría permitir que tuvieras que hacerte cargo tú sola de un niño con tu cuerpo débil.
—Zandro.
Y ahí él se puso en pie, su expresión era realmente fría.
—No vuelvas a repetir ese tema o me enfadaré demasiado, sabes que no me gusta hablarte brusco.
Pero rápidamente cambió esa fría mirada esbozando una ligera sonrisa y acariciando la cabecita de Anyelik, no quería que ella se pusiera a llorar pues ya tenía sus ojitos demasiado tristes.
—Anda, preparemos horchata y algo para cenar, ya empiezo a tener hambre.
Quiero que hagamos una pizza de champiñones, sé que esas son tus favoritas.
—¡Sííí! ¡Pizza, pizza!
Anyelik al fin pudo sonreír también, algo que le encantaba comer a parte de dulces, eran las pizzas y Zandro las hacía deliciosas.
Por ahora, iba a seguir adelante con lo del embarazo, aunque, no le diría nada sobre lo del anillo.
Se había quedado tranquila al ver que aún no había descubierto que no lo llevaba puesto, aun así, trató de no dejar ver demasiado esa mano.
Más días pasaron, ya una semana y ahora, ese anillo estaba al fin en su dedito corazón.
En la tarde, tras haber comido, ambos se arreglaron para salir por la ciudad, como si fueran a una cita a pesar de vivir juntos.
Zandro tenía bastante ropa, también con el dinero del trabajo de Anyelik, esta le daba para que se comprara cosas, aunque le gustaba ahorrar, al final, ella le convencía para que entrara en las tiendas de moda para pokemon humanoides que, a él, en el fondo, sí le gustaban.
Ella, también tenía mucha ropa, amaba la moda de los humanos, en especial los vestidos con un toque elegante y muy femeninos.
También blusitas y falditas, zapatitos bonitos, algunos con tacón.
Zandro gustaba de los jerseys y los pantalones negros de vestir, también usaba una gabardina roja, esa era su favorita desde hacía años y años.
Zapatos también elegantes, nunca deportivas ni prendas de ese estilo.
Cuando se encontraron en el pasillo, este no dudó en decirle lo bella que estaba.
Hoy, llevaba un vestido blanco precioso, sus finas piernas estaban desnudas, pero llevaba unos botines de tacón color ocre y en su cabecita, una boina estilo francesa blanca como el vestido.
Para abrigarse, ya que era invierno, llevaba un abrigo muy bonito color beige, no faltaba su perfume de aroma a vainilla, ese se lo había comprado Zandro.
—Gracias mi Zandrito, tú también estás muy guapo.
Anda, vámonos ya juju.
Y se tomaron de las manos y al fin salieron a la calle.
Mucha gente y pokemon los miraban.
Ya no sólo por la belleza de aquel ángel, hasta había mujeres que le echaban el ojo a Zandro, y no sólo pokemon, también humanas, pues a pesar de su edad, seguía viéndose demasiado atractivo y más con su estilo a la hora de vestir.
Otros los miraban curiosos al ver una pareja de humanos y pokemon pues era algo inusual y a veces mal visto.
Se preguntaban si es que eran demasiado amigos, o si ese zoroark maduro era el guardián de esa joven.
Como siempre, decidieron entrar en una cafetería para tomar pastel con café.
A Zandro le encantaba beber café, no faltaba nunca uno bien cargado en la mañana y cuando salían en la tarde, también se bebía alguno justo en esa cafetería, el dueño era un gallade llamado Fernando que ya los conocía y sabía lo que les gustaba tomar.
Anyelik, amaba la tarta de queso, más la de esa cafetería, cremosa, con sabor intenso y con confitura de bayas del bosque muy dulce.
El café que ella tomaba, era capuchino con caramelo, más suave y sin ese toque amargo.
Zandro siempre comía tiramisú, sin duda, un pastel también de café muy rico.
—Anyelik, por cierto, hoy hemos añadido un pastel nuevo a nuestra carta, ¿te gustaría probarlo?
Le dijo aquel gallade.
—Claro Fernandito, me encantaría.
—Genial, pues te lo voy a traer, además, será un regalo de mi parte por ser siempre mis clientes más fieles, también porque sé que a ti te encanta comer dulces.
—Auuu, no tenías por qué jeje.
Muchísimas gracias.
Le respondía con su tierna forma de ser.
Aquel gallade también era ya maduro, siempre era educado e iba muy bien vestido como un caballero.
Zandro a veces había tenido conversaciones con él sobre la vida, de hecho, era el único que sabía que Anyelik era un ángel.
Su entrenador, fue un señor muy rico que, al morir, se encargó de dejarle todo a él y también su negocio.
Eso pasaba a veces, había una ley en este mundo que, si el entrenador le entregaba los poderes a su pokemon, este podía administrar todo tal cual fuera un humano sin ningún problema.
Muchos humanos de mente cerrada se molestaban mucho porque veían a los pokemon como seres inferiores a pesar de que ellos eran más fuertes y tenían magia.
Menuda la cara de Anyelik al ver ese rico pastel blanco, con un interior rojo oscuro.
—Es red velvet, como sé que amas la tarta de queso, decidí agregar esta receta, mira.
La cobertura es de queso, pero tiene un toque de vainilla y el bizcocho, de chocolate.
—Aaaah por arceus, me dará algo, necesito probarla ya.
La cara de Anyelik tras al fin saborear ese pastel era digna de ser retratada, Zandro hasta sonreía por verla así de feliz.
—¿Te gustó?
—Sí Fer, está increíble, que me muero dios mío, Zandrito, vamos, tienes que probarla tú también.
Y sin cortarse, le fue a dar ella misma la pinchada y este se puso algo rojo porque todos allí les estaban mirando.
Y más, porque ella parecía ser como una mamá, diciéndole que abriera su boquita con cariño.
—¿A que está delicioso?
—Lo está.
—Aaah Fer, este nuevo pastel será un éxito, te lo dice Anyelik, ya lo verás.
Este no pudo evitar reír al escucharla.
—Gracias Anyelik, de verdad que me has animado el día.
Entonces, ella levantó su dedito pulgar con la boca toda llena de pastel.
Luego, cuando ya decidieron irse, se despidieron de aquel gallade y siguieron paseando por la ciudad agarrados de las manos.
A Anyelik se la veía demasiado feliz por comer ese pastel y no dejaba de decirle a Zandro múltiples descripciones de su delicioso sabor, sacándole sonrisas cada dos por tres.
Así, hasta que decidieron descansar en un parquecillo, sentados en un banco.
Ella, apoyando su cabecita en su brazo, tomando su gran mano, mirando en la distancia el estanque en donde había algunos pokemon del tipo agua jugando.
De vez en cuando pasaban gente y pokemon y, justo en el banco de al lado, se sentaron una chica joven junto a un apuesto lucario, joven también.
Ambos parecían tener una actitud romántica más que de entrenadora y pokemon.
Zandro, les estaba escuchando decir cosas lindas, pensaba que se habían sentido con libertad de demostrar su amor al verlos a ellos también agarrados de la mano.
Ellos, se sintieron tranquilos de mostrar su amor cerca nuestro, pero, qué pensarán de una pareja tan peculiar como la nuestra.
«Ellos, son ambos jóvenes y yo, bueno, me veo muy mayor y Anyelik tan joven»
«Me siento tan viejo a su lado»
Pensaba y más pensaba, y le echó una ojeada a su Anyelik, ahora tenía sus ojitos cerrados, podía ver sus largas pestañas negras a pesar de que su frente estaba cubierta por flequillo, ese flequillo la hacía verse también más joven.
En verdad no le molestaba que ella se viera así, lo que le preocupaba era él mismo.
Muchas veces se preguntaba qué pensaba ella de él, si era sincera cuando le decía que era hermoso.
Las veces que se miraba en el espejo, se veía sus arrugas, sus canas cada vez eran más y su pelaje temía que acabara blanco.
Hasta se preguntaba, si en esos momentos íntimos, llegaría un momento en el que no pudiera aguantar estar sobre ella.
Imaginarse que Anyelik fuese la que tuviera que tomar las riendas, y si eso no le gustaba a ella, y si, además, llegaba un momento en el que él ya no le resultara atractivo y no sintiera deseo.
Quería evadir esos pensamientos, pero era inevitable que aparecieran en su mente.
Y un mes y medio pasó desde aquello.
Anyelik fue despertada por Zandro como cada mañana, ella, de siempre había sido perezosa y le costaba ponerse en pie, más al tener que ir temprano al trabajo.
Pero, últimamente, él se estaba preocupando demasiado ya que tardaba más de lo normal en despertar y tenía ojeritas bajo sus ojos.
Además, estaba comiendo muchísimo, más que de costumbre.
Se la veía baja de energía ya a mitad de la tarde y, al salir a pasear en las tardes, al rato siempre pedía sentarse en algún banco con la excusa de querer apreciar el paisaje y disfrutar de esos momentos juntos, aunque Zandro sentía que algo le estaba ocultando.
—Mi niña, ¿tienes frío?
Le preguntó al verla ya con el abrigo mientras desayunaban.
—Sí mi Zandrito, pero no te preocupes juju, aún es invierno y han bajado las temperaturas mucho últimamente.
—¿Cómo no me voy a preocupar? Últimamente vas muy abrigada y te cansas a menudo, además, tus ojeras constantes, aunque duermas.
Por favor, déjame llevarte a un doctor, haré lo que sea por protegerte si descubre que eres un ángel.
Ya no puedo más viéndote así.
—No Zandro, arceus ya me lo dijo, a veces los ángeles, sufren recaídas cuando llevan muchos años en el mundo terrenal.
Le mintió, esa mentira la había estado pensado la noche anterior porque Zandro no dejaba de insistirle en llevarla a que la examinaran.
—Entonces, te pido que subas al cielo, no me importa quedarme solo si es por tu bien.
—No me pasará nada jeje, él ya me dijo que dura una pequeña temporada y luego nos recuperamos.
—No me estarás mintiendo ¿verdad?
Eso se lo preguntó más serio que nunca.
—No mi Zandro, te juro que no te miento, te amo, debes confiar en mí.
—¿Me lo juras?
—Sí juju, anda, voy a lavarme los dientes, en nada vuelvo.
Esta se levantó, dentro de ella, se sentía de lo peor por tantas mentiras, mentirle al ser que más amaba la estaba matando por dentro.
En el baño, se desabrochó el abrigo y se levantó el vestido, ahora se le notaba bastante pancita, como si casi estuviera de 5 meses si fuera un embarazo entre humanos.
Como estaba débil, Zandro no había querido hacerle el amor, así que, no se había tenido que desnudar frente a él y no sabía de su embarazo, además, no había engordado ni un solo gramo.
También, había tratado de ducharse ella sola, siempre le ponía alguna excusa para que no lo hicieran juntos.
En el instituto, se encontraban en el curso de cuarto de secundaria dando dibujo.
Había una alumna llamada Lisi, que tenía talento en esa asignatura y sentía admiración por Anyelik, a veces, ellas hablaban en la cafetería sobre dibujo con mucha confianza, como si fueran amigas de toda la vida, y nada más ver el diez que le había puesto en el último trabajo que les había mandado, no pudo aguantarse y le dio un gran abrazo, fue ahí cuando sintió algo extraño pues, todos sabía que Anyelik era muy delgadita.
Ella también sintió que Lisi se había dado cuenta y con su dedito en sus labios, le hizo entender que no dijera nada en esos momentos.
Ya, en el cambio de hora, esta le dijo que se acercara a la mesa.
—Vamos un momento al baño ¿vale?
—Está bien profe.
Y rápido fue al oído de Zandro que se estaba preguntando qué tramaba.
—Zandrito, que me ha venido la regla juju, así que, le pedí una compresa ya que no traje.
¿Nos esperas aquí?
—Ains mi niña, si es que deberías ir prevenida, anda, ve, yo te espero aquí.
Y ambas chicas fueron al baño, ya allí, Anyelik pudo ser sincera de una vez.
—¿Notaste mi pancita?
—Sí profe, ¿estás embarazada?
Le preguntaba con mucha emoción y confianza, así eran todos los alumnos con Anyelik.
—Lo estoy, pero Zandro no lo debe saber.
Es nuestro secreto.
—Pero, ¿por qué? Tarde o temprano ya no podrás ocultarlo profe, es tu pokemon y debería saberlo.
Además, no nos contaste que tenías novio jeje, ¿es algún profesor de aquí?
—No Lisi, bueno, mi novio, es Zandro.
A aquella joven se le quedaron los ojos como platos al escuchar aquello.
—Profe, ay madre, no, no entiendo ahora, o sea, estás embarazada, pero tu novio es Zandro, entonces, ¿te viste con otro chico y no quieres que él lo sepa?
—Ayyy nooo, no Lisi, no es eso, si el bebé es de Zandro.
—Profe, en verdad eso no sería posible, recuerda que él es un pokemon y tú una humana, ¿cómo podrías haber quedado embarazada?
Anyelik ya no pudo más y la tomó del brazo para encerrarse ambas en uno de los retretes.
Con su poder de ángel, sacó un poquito sus alas, aunque no del todo porque no entraban en ese pequeño lugar.
Las alas de Anyelik eran como mágicas y atravesaban la ropa sin romperla.
Lisi tuvo que taparse la boca con las manos de la impresión y ella rápidamente las guardó porque le estaban haciendo daño así tan apretadas.
—Yo, no soy humana, soy un ángel de los pokemon creada por arceus.
Por eso, me pude quedar embarazada de Zandro.
—¡Ay dios mío profe! En verdad que ahora tiene todo sentido, si es que, desde primero de secundaria te sigues viendo igual, ya decía yo que era raro eso.
A caso, ¿no puedes envejecer por ser un ángel?
—Así es, soy inmortal, ¿no piensas que soy un monstruo?
Le acabó preguntando preocupada por su respuesta.
—Para nada, incluso pienso que es súper guay.
Además, no sería raro pensar que existen los ángeles pues los pokemon también son seres mágicos por así decirlo y a nadie le parece anormal eso.
—Uff, jeje, menos mal, entonces, ¿guardarás mi secreto?
—Lo haré, ¡ayy! Estoy súper emocionada.
Ahora también entiendo eso de que Zandro ya es más mayor, debe haber pasado toda una vida contigo.
—Sí juju, pero venga, salgamos o Zandro pensará raro por la tardanza ajajaja.
Ahora, Anyelik se sentía más calmada al ver que había humanos buenos, sentía que en verdad era afortunada por encontrarlos.
Recordaba, como hace mucho, en la vieja ciudad de donde escaparon, ya habían comenzado habladurías por verla siempre joven, tarde o temprano, tendrían que escapar de nuevo, pero, al menos, ya tenía seguro que había alguien de buen corazón.
Desde ese día, ellas se hicieron más unidas, aunque trataban de no hablar de ese tema porque Zandro siempre estaba cerca.
Se juntaban en la cafetería a la hora del recreo, a veces se acercaban alumnos, Anyelik siempre estaba rodeada de gente por su linda manera de ser y eso a Zandro le hacía sentir felicidad.
Aunque a veces sí se ponía nervioso por ese tema de alumnos que tenían sentimientos por ella.
Pasado otro mes, la pancita cada vez era más difícil de ocultar.
Tenía la suerte de seguir tan delgada, que con vestidos amplios era más fácil de ocultar, también su pancita no era de las más notorias por eso de no tener mucho peso.
Aquella tarde en la que se sentía mejor de energía, le animó a Zandro a que salieran para ir al local de Fernando.
Llevaban varios días sin salir porque de ir al instituto en las mañanas, quedaba bastante cansada.
Zandro se la pasaba preocupado todo el tiempo.
Insistiéndole en ir al cielo.
Ni siquiera la dejaba ayudarle a preparar la comida, ni a limpiar ni nada.
Sentía que le daría un ataque al verla tan débil siempre.
Incluso le pedía darse de baja en el trabajo, pero Anyelik con su tozudez, se negaba a hacerlo.
—Te quedarás aquí mi Anyelik, iré a ver a Fernando y te traeré uno de sus pasteles.
—¡Noo! De verdad que hoy me siento muy bien juju, creo que ya va mejorando esto te lo juro mi Zandrito.
Además, extraño ver la cara de Fer, veeeengaaaa, vamooos.
—No estoy seguro.
—Zandro, necesito ver la luz del sol, me la paso dentro del instituto y en casa casi todos los días y quiero sentir la brisa de la calle.
Te lo pido.
Eso se lo decía con sus bellos ojitos tiernos y juntando sus dos manitas y Zandro ya no pudo más.
—Está bien, pero vamos calmados.
—¡Síííí!
Iré a vestirme.
Y como no, su abrigo que tapaba su vientre en todo momento, era una suerte que le pilló el embarazo en invierno para que tuviera más sentido el ir siempre tapada.
Ya en el local de Fernando, este se puso muy contento al verlos allí.
—Al fin os veo las caras, estaba empezando a preocuparme y como no tengo vuestro teléfono, no pude llamar para preguntar.
—No te preocupes Fer, sólo anduve un poco mal de salud, pero ya estoy bien, cosas de ángeles, ya sabes.
—¿De verdad que ya te encuentras mejor?
Eso lo preguntó dudando pues, se le marcaban bastante las ojeras.
—De verdad de la buena.
—Bueno, pues para celebrar que volvisteis, os traeré una porción de tarta mucho más grande, en especial para ti Anyelik y así, te recuperas por completo.
—Gracias Fer.
Anyelik sonreía tan puramente, Zandro, no dejaba de verla, su preocupación no desaparecía, aún viéndola animada, no estaba confiado, aunque quería mantener esa esperanza de que ya se estaba recuperando.
Al poco, Fernando vino cargado con la bandeja, pero una señora vestida muy elegante, pasó de malos modos enfrente haciéndole perder el equilibrio, por lo que, uno de los cafés, se derramó sobre el abrigo de Anyelik.
—Oiga señora, ¿no pide disculpas?
Expresó él muy molesto mientras que Zandro iba a Anyelik para ver si estaba bien.
—Te pusiste en mi camino, yo iba a pasar, ¿qué culpa tengo yo?
Respondió ella sin ningún remordimiento, Zandro estaba muy molesto por su actitud y la tomó del brazo de una manera un tanto brusca.
—Pida disculpas ahora mismo señora.
—Oye tú, pokemon, ¿qué te crees tomándome así?
Mi medicham podría tomar represalias si no te calmas.
Y en efecto, en la entrada le esperaba uno también vestido con ropas caras que en nada, se acercó agarrando con fuerza de la garra a Zandro para apartarle bruscamente de su entrenadora.
Fue Fernando, el que actuó muy enfadado, porque algo que no soportaba, era la gente así con malos modales.
Con un ágil movimiento, echó a ese pokemon atrás.
—Si no va a pedir disculpas, será mejor que se marche de mi local para no volver jamás.
—Menudos modales tienen aquí.
Bah, para qué perder el tiempo, ni siquiera hace falta que me lo pidas, aunque me suplicaras volver, no lo haría.
Vamos Niki, tenemos que ir de compras.
Y al fin se marchó de allí, Zandro guardaba mucha furia dentro y por poco no fue tras ellos, fue Anyelik la que le sostuvo de su garra para que no lo hiciera.
Rápidamente, Fernando se agachó para, tras sacar un paño, tratar de secar su abrigo.
—Aaaarg, qué señora mas mal educada, encima, manché tu abrigo, Anyelik, discúlpame.
—No Fer, no fue tu culpa, fue esa mala mujer, tú venías a nosotros y ella, se cruzó aún viendo que ibas a pasar y te golpeó hasta un poquito.
Pero él siguió tratando de limpiarle y fue ahí cuando pudo notar que algo estaba raro con Anyelik, pues justo la mancha, estaba en su vientre.
Anyelik se dio cuenta que él lo había notado por la cara que le vio poner y enseguida se puso en pie.
—Vamos al baño y ahí me limpias mejor con agua, Zandrito, espéranos aquí, cálmate mi pequeño, estoy bien.
Zandro no pudo decir nada, ella ya había tomado a Fernando para ir a limpiarse.
Decidieron que sería mejor ir al baño personal de este para estar más tranquilos.
Ya dentro, aquel gallade no se cortó ni un pelo.
—Anyelik, ¿estás embarazada?
O es que tienes algo en el vientre que está hinchado.
—Estoy embarazada, pero, Zandro no lo sabe.
—Será posible, por eso estás mal de salud, pero ¿cómo se te ocurre ocultarle algo así?
Es muy peligroso, Anyelik, debes decírselo.
—No Fer, le juré a Zandro que no le mentía cuando le dije que estaba bien, para colmo, él no quería por nada del mundo que me quedara embarazada.
Imagínate cómo se pondría si lo supiera.
—No Anyelik, mejor, imagínate lo que podría pasarte si no se lo dices.
—¡Basta fer! No insistas te lo pido, me siento tan cansada, vamos a cambiar de tema, trataré de limpiarme esta mancha.
—Arrg, espera un momento.
Fernando entonces, sacó un llavero lleno de varias llaves del bolsillo de sus pantalones y, fue a un armario estrecho que había en el baño, sacando una botella de detergente líquido.
Después, le pidió a Anyelik que se quitara el abrigo y ahí, trató de limpiarlo muy serio.
—En verdad, estuviste increíble delante de esa mala mujer.
Le dejaste las cosas claras.
—Es sólo, que no me gusta la gente de ese tipo, sin educación, peor aún si se creen con el derecho sólo por tener dinero y haber nacido en una buena familia.
Mi entrenador era también de una buena familia, pero él siempre fue bueno con todos y muy respetuoso.
A pesar de haber tenido todo, nunca se sintió superior a nadie.
—Tú también eres muy bueno Fer, por eso Zandro confió en ti para contarte mi secreto jeje.
—Yo no he sido siempre tan bueno, mi entrenador me sacó de una banda de pokemon corruptos y me llevó por el buen camino.
Si supieras las mierdas que llegué a hacer en un pasado, no dirías tal cosa.
Pero en ese momento, ella le dio un cálido abrazo por la espalda, ahí sintió su calidez con su pico rojo.
—No Fer, no digas eso, todos cometemos errores.
Pero, tuviste una segunda oportunidad, además, si sientes arrepentimiento, es porque eres bueno de verdad.
—Ains, Anyelik.
Y al fin acabó de limpiar su abrigo, por suerte no había quedado mancha y ella se sorprendió al verlo.
—Póntelo anda, yo volveré al trabajo.
Y por favor, pásame de una vez tu número de teléfono, no quiero seguir preocupándome.
—Claro Fer, enseguida jeje.
Y tras que ambos se pasaron sus números, al fin salieron del baño.
Anyelik, sonriente, como si nada hubiera pasado, fue a Zandro para darle un besito en su mejilla.
No quería por nada del mundo que supiera lo de su embarazo.
Confiaba en que Fernando no le diría nada.
Aunque, este, en vez de café, le sirvió un vaso de chocolate.
Las semanas pasaron y, Anyelik, sentía que, en cualquier momento, aquel zoroark lo acabaría sabiendo todo.
Fernando la llamaba a veces para preguntarle si se sentía bien, si quería que le llevara pasteles a su casa, aunque ella siempre le decía que no hacía falta.
En verdad, la tenía demasiado cariño, desde que se mudó a esa ciudad, no habían faltado ni un solo día a su local, su alegría era algo que le producía satisfacción, sobre todo en sus picos rojos, pues al sentir en ellos emociones, la positividad de ese ángel se le contagiaba.
Además, sentía mucho respeto por Zandro, era alguien fuerte y culto, al que alguna vez le había confesado cosas de su pasado cuando habían estado a solas y no le había juzgado por ello.
Recordaba los días en los que se quedaban hasta tarde en su local, hasta la hora en la que cerraba sobre las ocho y media, ahí era cuando podían hablar los tres tranquilamente.
Aunque cuando estaba trabajando, siempre los trataba con respeto, como a clientes normales.
En el instituto, Lisi también trataba de ayudar a Anyelik, esta había vivido lo que era estar embarazada, bueno, más bien su madre, cuando tuvo a su hermano pequeño haría siete años.
Por eso, le daba consejos siempre que podía, también se habían pasado los números de teléfono para ello.
Además, le regalaba dibujos muy lindos que ella hacía para darle ánimos.
Hasta incluso le dijo que le compraría unas vitaminas, Anyelik le pasaba dinero para ello, y Lisi se las entregaba en la hora del recreo.
Gracias a ellas, Anyelik se estaba manteniendo como podía.
Lisi la había estado dando muchos ánimos, ese miércoles habría una excursión escolar al safari para los alumnos de cuarto curso y, Anyelik, era una de las profesoras que irían para acompañarlos.
Los alumnos estaban más que contentos por ello ya que, era de las profesoras favoritas y siempre se lo pasaban en grande con ella.
Anyelik no los quería decepcionar por su estado de salud, pero, ya llegó un momento, en el que no pudo más.
Ese lunes, se había puesto tres jerseys gruesos, uno encima de otro porque ya no sabía cómo ocultarle su vientre a Zandro.
Y en clase de dibujo, la pobre ya estaba acalorada, sudando y todo, el invierno ya iba llegando a su fin y ya no hacía tanto frío.
Se sentía sumamente mareada, agotada, sentía que podría desmayarse en cualquier momento y es que, así fue, justo cuando se puso en pie para enseñarles a sus alumnos unas técnicas de dibujo en la pizarra, acabó por llevar su manita a su cara, agachándose un poco.
Zandro pudo actuar enseguida porque no le quitaba el ojo de encima y logró sostenerla en el momento justo en el que casi cae.
—¡Anyelik! ¡Por dios bendito! ¿Qué te sucede? Por favor chicos, quien pueda, llamad a emergencias!
Decía realmente desesperado.
Lisi fue a ellos más que preocupada, y es que, no pudo seguir ocultándole aquello a Zandro, no por el bien de su profesora favorita.
Por eso, le pidió que le desabrochara el abrigo.
Zandro se llevó una sorpresa al verla tan tapada, ya se había estado preguntando el porqué ahora llevaba un abrigo tan grueso, y para colmo, abajo tres jerseys y, aun así, ese vientre era muy notorio ahora destapada.
—No, no puede ser, madre mía, ¡Anyelik!
—Za-Zandrito, perdóname.
Y ella alzó su manita a su fino rostro, pero este ya no podía articular palabra alguna, se había quedado en shock y no podía responder a su afecto.
Con ayuda de unos alumnos, pudieron sacarle dos de los jerseys para que le bajara la temperatura.
Uno de los chicos, le dijo a su pidgeot que batiera un poco sus alas para refrescarla y en nada, al fin llegaron con una ambulancia y se la llevaron enseguida al hospital.
Zandro no quería separarse de ella en ningún momento, la tuvieron en observación por unas horas, también tuvieron que inyectarle suero.
El pobre no sabía qué hacer, ahora, ya había descubierto la verdad, que estaba embarazada y que le había estado engañando todo ese tiempo.
Por suerte, en la ecografía parecía un bebé normal de aspecto humano además de encontrarse saludable, pero el doctor, le comentó que lo más seguro, es que le faltaran pocos días para entrar en parto.
Y, ya, allí solos en esa habitación, ella, le miró con una pequeña sonrisa y Zandro no la pudo corresponder.
—Zandro, ¿me odias?
—No.
Pero, estoy tan enfadado, no por el hecho de que me juraras ser sincera, la verdadera razón es que has puesto en peligro tu vida.
—Zandro, perdóname.
—Ahora mismo no puedo perdonarte, menos aún, si te pasa algo peor, no lo haré jamás, nunca.
Lágrimas comenzaron a resbalar por las mejillas de aquel ángel y Zandro sintió que su pecho dolía como nunca.
Hablarle así al ser que más amaba, era como matarse a cada palabra.
Muy en el fondo, no quería decirle algo así, pero, estaba dolido, más que dolido, y tan preocupado, que no pudo dormir toda esa noche, tampoco al día siguiente, sólo la miraba y más miraba mientras que descansaba, mientras comía, mientras le hacían pruebas.
Estaba completamente agotado, a penas comía, sólo quería estar a su lado a pesar estar mostrando todo el tiempo, un lado suyo frío en el que no le daba ni una muestra del afecto, afecto que en todo momento deseaba dejar sacar.
Fue al fin, esa noche, tras la cena, en la que él se veía tan desgastado, sentado en el pequeño sofá de su habitación, fue ahí cuando ella le dijo aquello.
—Zandro, yo, quisiera ir a esa excursión, se lo prometí a mis alumnos y a Lisi, ella me ayudó tanto.
Si, bueno, me pasara algo y, ellos no me volvieran a ver jamás.
—¡Basta Anyelik!, ¿eres tonta?
Y esta, fue la vez en la que le alzó su voz de la peor manera, tanto, que hasta se había puesto en pie para hacerlo y sus ojos turquesas, cambiaron a un tono rojizo.
Anyelik, se había quedado incluso asustada, aún sabiendo, que él jamás podría hacerle daño.
Ahora tomaba aire aceleradamente, controlando su ira por no dejar escapar su pulso noche en esa habitación.
—Anyelik, no puedo más con esto.
No vuelvas a decir una estupidez así.
¿Quieres morir? ¿Quieres arriesgar tu vida tontamente?
Sabiendo, que quizás te pierda en unos días y, aun así, prefieres alejarte y exponerte en tu estado en vez de, quedarte aquí conmigo, donde quizás haya una esperanza.
Zandro soportaba sus lágrimas como nunca, quería romper en llanto ahí mismo, caer a sus brazos y que ella lo rodeara por horas y horas, pero, simplemente, optó por marcharse de allí.
—Tengo que dormir, siento que me explotará la cabeza.
Iré a casa, mañana vendré cuando descanse y me calme un poco.
Anyelik, se quedó sola, completamente sola.
Lloró por largo rato, preguntándose si Zandro también lo haría lejos de ella en estos momentos.
Cuando pudo calmarse, empezó a darle vueltas y más vueltas a todo en su mente.
Su teléfono, aún estaba en su ropa, por eso, con cuidado, se levantó de la cama y fue a por él.
Como no lo había usado en todo ese tiempo, se había quedado con algo de batería.
Fue por eso, que alcanzó a mandarle unos mensajes a Fernando, pidiéndole que, por favor, fuera al instituto a la mañana siguiente.
Él no sabía nada de lo que había sucedido pues, Zandro, prefirió guardarse su preocupación para él, así que, no tenía ni idea de que Anyelik estaba en ese estado.
La batería, al fin se le acabó por completo y su teléfono se apagó, así que, se fue a dormir enseguida con la esperanza de que él acudiera.
Zandro, estaba tirado en la cama, lleno de pañuelos alrededor, se había quedado dormido mientras lloraba y era tal su agotamiento, que no se despertó ni una sola vez en toda la noche.
Nada más abrir sus ojos, horas después, tomó su teléfono para ver la hora, se asustó al ver que ya eran las diez de la mañana, además, ya no se aguantaba más y enseguida fue al baño.
Ahora más calmado, le daba vueltas a todo lo sucedido esa noche, la manera en la que le habló a Anyelik, quería regresar para estar a su lado lo antes posible, pero ahí, se percató de que olía bastante mal a sudor y no quería incomodarla así que, se dio una ducha rápida, aunque no se secó el cabello ni nada.
Después, tomó el autobús para llegar al hospital, llevándose la desagradable sorpresa de que, Anyelik no estaba en su habitación y ni las enfermeras ni su médico sabían nada.
La ventana allí estaba abierta y, su ropa, no estaba en la silla, por eso, supuso que escapó volando por allí.
Enseguida fue corriendo lo más rápido que pudo para tomar un taxi pues, sabía perfectamente a dónde había ido.
Mientras tanto, Anyelik estaba junto a Fernando en ese autobús, faltaba como media hora para llegar al safari y los alumnos se lo pasaban en grande cantando.
Incluso ella había cantado un poco para animar el ambiente y no preocupar a nadie, aunque, Fernando, tenía la cara más seria del mundo en esos momentos.
Al poco, ella, posó su manita sobre la suya.
—Tranquilo Fer, nada pasará.
—Anyelik, si hubiera sabido lo que había detrás, jamás habría venido.
No sabes cómo me siento ahora.
—Perdóname Fer, sólo, quería darles una alegría a mis alumnos por si, bueno, ya sabes, nunca más me vuelven a ver.
—¿Por qué eres así? ¿Por qué das tanto por los demás? Siendo siempre tan buena queriendo que todos se sientan bien, pero, no te imaginas el daño que le causas a los que más les importas por esa misma razón.
Zandro, estará hecho una mierda y de seguro viniendo aquí ahora mismo.
—Fer, es que, no lo puedo evitar, quizás, sí soy tonta.
—Lo eres, demasiado, pero, eso es también lo que me hace querer cuidarte siempre.
Ahora que Zandro no puede estar a tu lado, haré lo que sea para que estés bien.
Eres mi amiga Anyelik, y yo, cuido a mis amigos por encima de todas las cosas.
Por lo menos, muéstrame tu linda sonrisa de siempre, traje red velvet para que comamos luego, y jugo de bayas también.
Anyelik, entonces, descansó un poco apoyada en su brazo, quería estar bien para cuando llegaran.
El jaleo de sus alumnos divirtiéndose le daba algo de alegría y también de ánimos.
Esa mañana, nada más verla, todos se habían preocupado mucho por ella, incluso le dieron la enhorabuena por estar esperando un bebé.
Y ya, al fin llegaron, Fernando, la ayudó a bajar por las escaleras y todos se reunieron para entrar al fin en ese enorme lugar.
Era maravilloso el ver cómo los pokemon vivían sin necesidad de estar entre humanos.
Tenían sus casitas, algunas en los árboles, otras en el suelo rodeados de vegetación.
Ellos mismos las habían construido, también cultivaban bayas y verduras para alimentarse.
Todos eran pokemon civilizados que vivían en armonía y habían dejado que los humanos pudieran visitar su hábitat siempre y cuando no molestaran.
Había un guía que los acompañaba en todo momento, era un señor alto y musculoso, de unos treinta y cinco años, medio calvo.
Este, les iba explicando todo sobre los pokemon que allí vivían.
A algunos hasta les gustaba jugar con los turistas y hablar con ellos y, llegada la hora de comer, fueron a una zona llena de troncos a modo de taburetes, con mesas también de troncos más grandes.
Fernando, sacó el pastel y los jugos de bayas, pero algunos alumnos se sentaron en la mesa donde estaban él y Anyelik.
—Profe profe, ¿ese gallade también forma parte de su equipo pokemon?
Eso se lo preguntó el chico más rebelde de la clase que tenía un ursaring como pokemon.
—Aajaja, no Pablo, él es un amigo mío y de Zandro.
Es que hoy no se encontraba bien y por eso Fernando me acompañó.
—Profe, aún estoy bien celoso, encima que tienes siempre pokemon guapetones cerca, resulta que estabas esperando un bebé.
Añadió otro de los chicos, este se llamaba Dilan y era uno de los que se le habían confesado hacía tiempo.
Anyelik pudo sonreír, pero Lisi, enseguida se percató de que Fernando sólo tenía pastel para comer.
—Oye Fernando, ¿no trajiste otro tipo de comida?
—No, pues esta señorita de aquí me metió en un lío, pero bueno, podríais darnos un poquito de lo vuestro a cambio del pastel que preparé, sé que es de mala educación lo que os estoy pidiendo, pero quisiera que Anyelik comiera algo más consistente ahora.
—Eso ni se pide, claro que sí, además que ese pastel tiene una pinta estupenda.
Nosotros nunca dejaríamos que nuestra profe pase hambre y más estando embarazada.
—Gracias muchacho.
—Ajaja de nada tío, y llámame Pablo anda, nosotros somos colegas.
¡Eyy chicos! ¡Que nuestra profe tiene mucha hambre y no trajo comida!
Terminó diciendo por todo lo alto.
Total, que al final todos los alumnos se acercaron para darle un poco a ambos y se quedaron con unas caras de sorpresa increíbles al ver todo lo que comía aquel ángel.
—Profe, dios mío, ese bebé que llevas dentro ha de ser un tragón de primera.
Decía Dilan sin palabras.
—Ajaaja, puede ser, pero la realidad es que yo realmente también soy una tragona en potencia.
Sus alumnos reían al escucharla, Fernando estaba más calmado al verla con ánimos, hasta parecía tener más energía.
Incluso le quedó espacio para una porción de su pastel y no faltaron sus elogios que le hicieron sonrojar.
—¡Aaaah chicos! Tenéis que ir al local de mi amigo Fer, sus pasteles son los más deliciosos.
Decía ella por todo lo alto, y los chicos parecían muy interesados en eso.
Después, algunos fueron a los baños para seguir disfrutando ese día allí ahora que la hora de la comida había acabado.
Zandro al fin había llegado, pero se había quedado sin dinero por el viaje en taxi y no quisieron dejarle pasar.
—Por favor, mi entrenadora está allí dentro con sus alumnos y está embarazada, se escapó del hospital para venir aquí y ya le quedaban pocos días para ponerse de parto.
—Tranquilo, cálmese zoroark, vamos a avisar a seguridad para que vayan a buscarla, pero debe entrar en calma.
Pero Zandro, estaba tan desquiciado que no pudo contenerse y, acabó por saltar la baya que había.
Unos guardias fueron tras él con un arcanine y un machamp, logrando detenerle ya que, a pesar de haber dormido muchas horas, tenía mucho agotamiento encima y no pudo correr todo lo rápido que hubiera querido.
Este no dejaba de gritar el nombre de Anyelik una y otra vez.
Mientras tanto, en el grupo, Pablo, no dejaba de curiosear por todos lados muy fascinado por lo que estaba viviendo, era sin duda, el chico más revoltoso de la clase y el otro profesor que había allí, le llamaba la atención cada dos por tres para que se estuviera quieto.
Más, porque habían llegado a la zona más alta de aquel lugar, Anyelik ya comenzaba a sentirse más que fatigada, por eso Fernando la había subido a su espalda para lograr subir por allí, aunque con cuidado por su pico rojo.
Mientras, estaban parados escuchando al guía hablarles sobre extraños pokemon tipo volador que decían haber visto ocultos en el safari, pokemon que podrían ser de regiones muy lejanas.
Pablo merodeaba sin que el profesor se diera cuenta un tanto alejado, pues estaba seguro de haber visto algo negro revolotear desde hacía rato y Anyelik, que tenía sus ojitos cerrados todo el tiempo, al momento de abrirlos, le pudo ver desde la espalda de Fernando, como se iba metiendo tras unas rocas por un lugar bastante peligroso, tratando de saltarse unas vallas de protección que había.
—Fer, necesito bajar.
—¿Ya te sientes bien?
—Sí, no te preocupes.
Pero, justo en el momento en el que quería ir a por Pablo, algo negro y grande salió de la parte trasera por donde nadie podía ver nada y, aquel joven, se llevó un horrible susto echándose hacia un lado, a punto de caerse.
Tras escucharle gritar, todos miraron atrás para saber de dónde venía aquel grito.
Anyelik corría para ir a por él antes de que por completo perdiera el equilibrio.
Pero, fue tarde y, ya no pudo dudar más sacando sus grandes alas con lo que todos allí quedaron asombrados.
Pablo, ahora era sostenido en el aire por aquel ángel, pero, estaba tan agotada y él, era más alto y pesado que ella, por eso, no pudo soportarlo y cayeron abajo mientras que Fernando gritaba asomándose por aquel precipicio, viendo como ambos ya habían desaparecido.
Aquel gallade trató de bajar por allí pero el guía enseguida le detuvo.
—Es muy peligroso incluso para un pokemon luchador.
Hay demasiada altura y allí abajo casi nadie ha bajado nunca por su difícil acceso.
Se necesitará de pokemon voladores entrenados para buscarlos.
Tras contarle aquello, sin dudarlo pidió refuerzos explicándoles lo sucedido.
El cómo un ángel había tratado de salvar a uno de los chicos, cosa que extrañamente creerían sin verlo, pero, igualmente, irían lo más rápido que pudieran.
El chico del pidgeot, incluso se ofreció a bajar para ayudar, pero no le dejaron por la falta de experiencia.
Tampoco a una chica que tenía un staraptor.
Fernando, sacó su teléfono, ahí ya había grabado el número de Zandro pues, Anyelik, se lo había pasado esa mañana y sin dudarlo le llamó.
Este estaba retenido en una habitación sin poder salir pues en la entrada estaba ese machamp.
Al escuchar su teléfono, lo sacó de su bolsillo, era un número que desconocía, pero, aun así, respondió.
—Zandro, ¡¿dónde estás?! ¡Ocurrió algo horrible!
—¡¿Qué por dios?! ¡¿Y Anyelik?! ¡¿Algo le pasó?!
—Escúchame, estamos en la zona más alta del safari y allí, ella, sacó sus alas para salvar a uno de sus alumnos, pero cayeron por un precipicio y no sabemos cómo están.
Con mis picos puedo sentir que ella sigue viva, pero no sé en qué estado Zandro.
—Voy ahora mismo Fernando, espérame, te juro, que iré lo antes posible.
Y tras colgar el teléfono, sus ojos se volvieron rojos como la otra vez.
De su interior, sacó una fuerza nunca antes vista, una fuerza que jamás pensó que había en él.
Incluso, ese agotamiento, se esfumó por completo y, tras envolverse en una luz, sintió que ahora era más poderoso que antes pues, había mega evolucionado, la primera vez que algo así le sucedía y el machamp, se había quedado a cuadros viéndole.
Nada pudo hacer contra aquel mega zoroark que, de un ataque oscuro muy poderoso, lo había dejado debilitado al instante y después, tiró la puerta abajo.
Nadie logró detenerle ahora y corría a una velocidad mayor a la que había corrido jamás con lo que, en poco tiempo, pudo llegar a ese lugar.
Todos estaban sin palabras al ver a Zandro así, Fernando, más todavía.
—Anyelik, ¿por donde fue que cayó?
Preguntó con una voz imponente, más gruesa aún que la que tenía siendo un zoroark normal.
—Fue por allí Zandro, todavía la estoy sintiendo.
—Bien, ¿alguien nos podría ayudar a bajar?
—Por supuesto que sí Zandro.
—Cuenta con nosotros.
Dijeron sin dudarlo los jóvenes del staraptor y el pidgeot.
Zandro y Fernando, montaron en ellos dispuestos a bajar allí lo antes posible.
El guía trató de detenerlos, pero le fue imposible.
Abajo, Pablo trataba de ayudar a Anyelik a desenganchar una de sus alas de un árbol frondoso y al final lo logró.
Pero esta, tenía su piernita herida y no podía caminar, y ya, casi no le quedaban fuerzas por lo que no podría volar.
—Venga profe, apóyate en mí, te ayudaré a caminar.
—Gracias de verdad.
—No las des jeje, waaa, es que estoy flipando, no sabía que eras un ángel.
Qué bien nos lo tenías escondido.
Espera, qué te sucede, ¿te duele algo?
Dijo asustado al ver que ella fue a tomar su vientre cerrando sus ojitos con fuerza.
—Tranquilo, tratemos de buscar un lugar por donde salir.
—No profe, se te ve muy mal, tienes hasta mala cara, vamos a buscar un lugar donde refugiarnos, empieza a hacer mucho frío también.
Y así, con su ayuda, caminaron hasta que vieron una cueva, pero al querer entrar, vieron una pokemon pájaro de bastante tamaño, de un color como negro y parecía ser de acero.
Esta se puso intimidante para no dejarles pasar.
—Por favor, ella necesita descansar, señora pokemon, anda y sea amable.
—¡No, no puedo dejaros entrar, nunca!
—Veeenga, no sea así, no ve que mi profe está enferma.
—¡He dicho que no! ¡¡Fuera!!
—¡Aaaaah!, si tuviera aquí a mi colega pokemon, es un ursaring muy poderoso, seguro la haría entrar en razón.
—No, Pablo, cálmate.
Señora corviknight, ¿algo malo le sucede verdad?
Está preocupada por alguien ¿es eso?
—¿Cómo puedes saber eso?
Anyelik entonces, pudo sonreír a pesar de su malestar.
—Puedo entender lo que se siente cuando alguien te preocupa demasiado.
Hice enfadar al ser que amo porque sólo le hago preocupar.
Cuando le vi enfadado, comprendí muchas cosas.
Uno pierde las maneras si alguien que le importa mucho está en peligro.
Aquella corviknigth pareció comprender lo que ella le estaba contando, fue así como al fin les dejó pasar y, encontraron al fondo, a su pequeño hijo herido de un ala.
La herida parecía muy fea y Anyelik no dudó en acercarse a él.
—¿Qué le pasó?
—Fue una pelea con unos pokemon de fuego de este lugar.
Le dije que no armara jaleo, pero él, es muy revoltoso y nunca me escucha.
Quiso enfrentarse a ellos para medir su poder, pero se le fue la mano y los hizo enfadar.
No sé qué hacer, no encuentro bayas por aquí y no quiero que nadie me vea, al ser de otra región, podrían atraparnos y separarme de mi hijo.
—Déjalo en mis manos, todavía me queda algo de poder para sanarle.
—¿Sanarle?
Aquella pokemon, no imaginó jamás que, aquella joven, sacaría unas grandes alas de su espalda y que, después, con sus manitas sobre la herida, lograría sanarla como si nada y, su pequeño, enseguida recuperó toda su energía.
Anyelik estaba sonriendo por aquello, más al ver como madre e hijo se abrazaban muy felices, pero en nada, volvió a tomarse del vientre con muchos dolores.
Pablo rápido fue a ella.
—Profe, no me diga que se pondrá de parto ahora, profe, por favor, respóndeme.
No puedes dormirte ahora.
Haber usado lo que le quedaba de poder para sanar a aquel rookidee, había debilitado su cuerpo demasiado.
Fue en ese momento que, Zandro y Fernando, aparecieron en esa cueva, pues con el poder psíquico de aquel gallade, había podido sentir a Anyelik y así poder dar con ella.
Zandro la tomó en sus brazos sintiendo que casi le explotaba el corazón.
—Mi niña por favor, respóndeme.
Ya estoy aquí, nunca más te dejaré sola.
—Zan-Zandrito, estás tan lindo con ese aspecto.
Y, mi pancita, du, duele mucho.
Le decía débilmente mirando su rostro.
—Rápido, subid a mi espalda.
Dijo aquella corviknigt apresurada.
—Tengo mucha fuerza así que, podré con el peso de ambos.
Mientras, ¿alguien podría quedarse a cuidar de mi pequeño?
—No se preocupe señora, yo lo haré.
Añadió Pablo.
Así fue como lograron salir de allí, Fernando, montado en pidgeot, voló delante de aquella corviknigth, la ciudad más cercana estaba a diez minutos y, ya allí, aquel gallade le preguntó a una de los cientos de personas que caminaban por la calle, en dónde se encontraba el hospital.
Enseguida, aquel señor les dijo que corrieran a su coche pues, los llevaría para que llegaran lo antes posible.
Zandro, con Anyelik en sus brazos, montaron atrás y Fernando, en el asiento de enfrente, pidgeot, fue a avisarle a su entrenador de todo y a los demás para que no se preocuparan.
En nada, llegaron a urgencias y nada más ver a Anyelik en ese estado, la llevaron lo antes posible en una camilla pues, la pobre, ya había roto aguas dentro del coche.
Aquel zoroark, estaba que le daría algo y Fernando también por aquella situación, lo último que quería, es que a su amiga le ocurriera algo malo.
A pesar de estar muy débil, ella tomaba la mano de Zandro con fuerza, no dejaba de verle a los ojos aún sintiendo que podría perder la consciencia.
El médico estaba realmente preocupado por el estado de aquel ángel y les pidió que se quedaran afuera.
—Si no realizamos una cesárea inminentemente ella, podría perder la vida y también el bebé.
Su cuerpo está demasiado deteriorado como para tener un parto natural, no lo soportará más.
Fernando, tuvo que sostener a Zandro porque, de lo desquiciado que estaba, ya no podía controlar su mega evolución allí en ese pasillo y, un dolor de cabeza muy intenso, le estaba haciendo perder casi la cordura.
Unos pokemon enfermeros, tuvieron que ayudarle e inyectarle un sedante con lo que se quedó completamente cao durmiéndose al poco.
Las horas pasaron, fueron muchas, y, Zandro, abrió sus ojos al fin y, aún sintiéndose muy ido, se incorporó de golpe.
Fernando estaba sentado a su lado esperando a que despertara.
—¡Anyelik! ¡¿Dónde está?!
—Estate tranquilo.
La sonrisa de aquel gallade, hizo que pudiera calmar los latidos de su corazón.
—Todo salió bien.
Llevas muchas horas dormido y, ella ahora, duerme también, pero, está fuera de peligro.
Venga anda, tienes que ver a tu hijo.
Zandro, no esperó ni tan siquiera a despertarse bien que, enseguida, bajó de la cama aún casi sin poder caminar.
Cuando entró en esa habitación, pudo ver a su Anyelik dormida lo que le dio calma y allí, a su lado, a una enfermera con el bebé en sus brazos.
Al pobre, se le escaparon un montón de lágrimas por aquello, quería tomar enseguida a su hijo, pero, Fernando, le hizo de sentarse ya que aún estaba algo ido.
—¿Eres el pokemon de la madre verdad?
—Soy, soy, soy el padre.
Aquella enfermera, sonrió al escucharle decir aquello y, se acercó a él para para mostrarle al bebé de cerca.
—Supongo que la quieres tanto que serás como un padre para su bebé.
Es algo normal cuando un pokemon está muy unido a su entrenadora.
Zandro llevó su garra con cuidado a la mejilla de su pequeño, tenía miedo de lastimarlo, pero, este, agarró su dedo con sus pequeñas manitas.
Aquel zoroark reía ahora entre lágrimas como nunca antes lo había hecho, ya estaba deseando despertarse por completo para poder tomarlo en sus brazos como tanto deseaba.
Al poquito, Anyelik al fin despertó, Zandro ahora, estaba a su lado mirándola fijamente y ella, dijo su nombre aún bastante atontada.
—Mi niña.
—Zandro, no llores, tu Anyelik está aquí.
¿Ves? Todo salió bien.
—Mi Anyelik, perdóname por irme aquella noche, perdóname por enfadarme.
El tonto aquí fui yo.
Nunca más me iré de tu lado, ya nunca jamás.
Tenlo muy claro mi niña.
—No mi Sandro, lo entendí, cuando te preocupas tanto por alguien, acabas perdiendo el control sólo por querer protegerlo.
Ya nunca más te haré preocupar te lo juro, y esta vez, de verdad.
Zandro tuvo que ir a su frente para besarla, y después, ella pudo tener a su pequeño entre sus brazos.
Tan feliz que estaba por aquello.
Fueron varias semanas de recuperación, había quedado muy débil, demasiado, incluso apenas podía caminar.
Zandro siempre estaba junto a ella, junto a su bebé.
Fernando iba a visitarlos a menudo, también los alumnos de Anyelik.
Al final, todo salió bien y ella se recuperó por completo pudiendo volver a casa.
Aunque se había corrido la voz de que ella era un ángel, algunos periodistas iban a molestar a la casa a menudo, pero Zandro, los mandaba lejos y Fernando, que iba a ayudar, también.
Incluso los alumnos de Anyelik iban a ayudarla a menudo, Pablo y Lisi los que más y todos juntos, se ponían las botas comiendo de los deliciosos pasteles que Fernando preparaba.
Los años fueron pasando.
Aquel pequeño bebé al que llamaron Bangchani, se convirtió en un adolescente algo peculiar, podía sacar alas de ángel anacaradas, pero con las puntas rojizas, y, además, crear ilusiones como su padre.
Sus ojos eran como los de Zandro, y, su cabello, le llegaba por la barbilla ya que prefería llevarlo más corto, este era negro, pero con mechas rojas.
También era un glotón de primera y, le gustaba mucho ir al local de Fernando para que le enseñara a preparar dulces y cómo no, para comérselos.
Mientras Anyelik trabajaba, siempre ayudaba a su padre en todo pues, cada vez estaba más mayor.
Una de esas tardes, mientras que su madre corregía unos trabajos del instituto, ambos salieron a pasear por el campo en un agradable día de primavera.
Allí, se tumbaron sobre las flores a mirar el cielo azul despejado.
—Papá, siempre, te ves tan feliz, aún sabiendo que, ya sabes, no eres inmortal como mamá y como yo.
¿Por qué?
Le acabó preguntando porque ya no podía más.
Zandro entonces, agarró su mano.
—¿Sabes? ese día, en el que pensé que perdería a tu madre, cuando me quedé dormido, tuve un sueño con arceus.
—¿Ah sí? ¿Y qué te dijo el abuelo?
—Que puede que mi cuerpo siempre será mortal pero, mi alma no.
Y, algo más.
—¿Qué es? Dime dime, ya quiero saber papá.
Le preguntaba ahora muy insistente y Zandro se incorporó.
—De alguna manera, Anyelik volverá a encontrarme una y otra vez, cuando deje este cuerpo, volveré a nacer y, ese dios, bueno, quiso hacerme un gran regalo por haber protegido a su ángel.
Ella y yo, estaremos juntos eternamente, mi nuevo cuerpo, se volverá a enamorar de Anyelik, pero mi alma, será la que por siempre la amará.
—Estoy flipando papá, pero, ¿por qué no se lo has dicho?
—Porque ella ya lo sabe, creo que puede verlo en mí, en mi sonrisa, en mi alegría, igualmente, ya se lo dije el día en el que naciste.
Le dije, que nunca más la dejaría sola.
Nunca más me iré de tu lado, ya nunca jamás.
Anda, vámonos a caminar un poco más, quiero al menos, ser un zoroark adulto que esté en forma.
Y ambos, padre e hijo, siguieron caminando disfrutando de la suave brisa.
El amor, si es de verdad, por siempre será eterno, no importa lo perecedero que sea un corazón si el alma es la que ama.
Fin.
Historia dedicada para mi lindo Papi Zandro.
Quiero que sepas, que te amo con toda mi alma, por siempre.
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