viernes, 6 de enero de 2023

Mi novio es un Zombie

 Sentado en la fría esquina de ese enorme cuarto, cargado de soledad, con sus manos sosteniendo su cabeza, el cabello estaba tan alborotado como sus pensamientos.

—Estoy harto, estoy tan harto, siento tanto frío.

Pero la puerta se abrió de golpe, era una de las sirvientas que trabajaba en aquella gran mansión.

—Joven amo Oskar, su hermano Clark, está colapsando de nuevo.

Y cerró sus ojos con fuerza, sintiendo que así podría evadir todo, aquella situación, aquellos sentimientos tan oscuros.

Su difunta madre aparecía en sus recuerdos, por segundos, tantos años de vida se pasaron, uno tras otro.

—¿No te das cuenta que no estás al nivel de tu hermano?

Ya déjalo, no sirve para nada que me supliques una y otra vez, yo no soy como tu padre.

—¿Joven amo?

—¡Joder! ¡Ya lo sé!

Y aquella sirvienta se estremeció un poco ante su agresiva reacción.

Al fin, él, había logrado ponerse en pie, sacando su mente de tantos horribles recuerdos.

No dijo nada más, simplemente, fue hasta la habitación en donde su hermano se encontraba siempre postrado.

Allí, conectado a una máquina, el doctor, nuevamente, trataba de que su vida no se escapara y, la mente de Oskar, se llenó de otro tipo de recuerdos.

Su hermano mayor, ese hermano mayor al que tanto quiso, el que le enseñó tantas cosas maravillosas, en esos momentos, cuando su padre aún estaba vivo, el mejor padre del mundo.

Nunca, nunca jamás trató a sus hijos de manera diferente, para él, ambos eran maravillosos.

Clark, estudioso, inteligente, bueno para los negocios, el perfecto sucesor de la poderosa empresa que llevaba esa familia.

Y, Oskar, el rebelde y travieso chiquillo que prefería jugar a estudiar.

También era un chico inteligente, pero prefería pasar el tiempo divirtiéndose, molestando a su hermano mayor para que dejara de estudiar tanto y así poder jugar.

Siempre acababa cediendo, hasta que, aparecía esa mujer, su madre, gritándole de las peores maneras.

—Oskar, deja de molestar a tu hermano, no tiene tiempo de juegos estúpidos, debe estudiar y ser el hombre de provecho que tú no podrás ser.

Y aunque su padre siempre lograba callarle la boca a su esposa, nada más pudo hacer para enmendar su manera de pensar.

Acabó enfermando de un horrible cáncer que lo consumió y, cuando partió dejando solos a sus hijos, Oskar vivió el peor de los calvarios.

Ahora que su padre ya no estaba para calmar la situación, para detener a esa malvada mujer, cada día recibía esos desprecios, hasta algunas bofetadas por cosas tan absurdas como el no lograr sacar un sobresaliente en algún examen.

Estaba claro el favoritismo que tenía por su hijo mayor, era como si, Oskar, siempre hubiera sido un error en su vida.

Y, su increíble hermano, que tuvo que prepararse desde tan joven para llevar esa empresa, ya no tenía tiempo para jugar con él, solo, era el títere de la mujer que le dio a luz.

Esa mujer, que por causas del destino, partió hacía tres años debido a un accidente en el cual, también falleció el chófer de la familia.

Para Oskar, el que ella ya no estuviera en su vida, no fue ninguna salvación para su alma que ya había sido destruida.

Ahora, era un joven de 19 años que había dejado completamente de lado su verdadero ser.

Su alegre personalidad, se ocultó para mostrar un terrible resentimiento hacia Clark, cargando toda la culpa en él.

Tras varios minutos en los que observaba sin ver absolutamente nada, el doctor al fin se marchó.

Sus palabras antes de despedirse, no fueron nada alentadoras, aunque, para Oskar, todo le era indiferente.

Su hermano, nuevamente le pidió acercarse a su cama.

—Oskar, creo que no podré aguantar mucho más.

¿Ni siquiera, sientes el más mínimo dolor?

—Yo, soy un muerto en vida, ¿qué iba a sentir?

Bah.

Y, a pesar de todo el cansancio de su cuerpo, los ojos agonizantes de Clark, se llenaron de un aura tan irascible, con impotencia, con rabia y dolor.

Tomando con la poca fuerza que le quedaba, la camiseta de su hermano para sacarle de una maldita vez de ese estado mental, sabiendo, que no iba a lograr nada.

—Ojalá, ¡ojalá fueras un muerto de verdad!

¡Así te darías cuenta de una maldita vez de la realidad!

Oskar me apartó como si ya no valiera nada, con sus ojos vacíos, con desprecio, apartándolos para irse de allí.

Esa noche fue la definitiva, la última vez que lo vería con vida.

¿Haber perdido a toda su familia?

Ya no le causaba ningún dolor.

No sentía nada, no podía llorar.

Y, mientras que toda la mansión andaba en revolución tras su muerte, con el pestillo echado en la puerta de su cuarto, nadie lo pudo sacar de allí, y tan pasivamente, se quedó dormido en su cama.

Fueron muchas horas las que pasaron, sintiendo en sueños unos escalofríos terribles, como si su cuerpo se consumiera y del dolor, pasó a no sentir nada, despertando después sin tan siquiera tomar una bocanada de aire, simplemente, se dio cuenta de que no estaba respirando.

Mirándose las manos, ahora estaban más delgadas que de costumbre, con bastantes venas tiñendo su piel que, ahora, era mucho más pálida.

Asustado, bajó de su cama para verse reflejado en el espejo que había junto al armario.

—¡Qué cojones me ha pasado!

Su cuerpo, que antes tenía masa muscular y estaba bien formado ya que, a veces hacía ejercicio, ahora había adelgazado tanto, que se le marcaban todos los huesos, aunque, eso sí, los músculos aún eran notorios en esa delgadez, los pantalones hasta se le estaban cayendo y, lo peor de todo, no era eso, que hasta sus pómulos, ahora eran marcados.

Lo peor, era ver que su aspecto era el mismo que el de un zombie, un auténtico muerto viviente.

Aunque, curiosamente, no podía respirar, el aroma del ambiente le llegaba a su nariz y, por suerte, no olía a cadáver.

Sus ojos verdes, ahora habían perdido el brillo de la vida y se sentían apagados, su cabello castaño tirando a tonos cálidos, por suerte seguía como siempre, no se le había caído ni se veía estropeado y, eso para él, era algo tranquilizador.

A pesar de haberse sentido vacío y muerto, siempre le había gustado cuidar su imagen.

Su media melena por los hombros era algo de lo que se sentía orgulloso, pero, no le gustaba nada nada verse tan delgado, y, peor aún, con ojeras y un tono pálido amoratado en toda su piel.

Lo peor, fue cuando salió al fin de su cuarto y todos los sirvientes gritaron asustados al verle así.

Tomando la mano de una de las sirvientas, descubrió que también era frío al tacto, pues ella lo gritó por todo lo alto aterrada.

—¡Oye!, ¡no! ¡Espera!

—¡Aaah! ¡ Usted no es el joven amo!

¡No se me acerque por favor!

Gritaba esta, y de un empujón, acabó tirándole por las escaleras.

Todos los que lo presenciaron quedaron aterrados.

Pero, aún cuando Oskar se levantó como si nada, su cuerpo, que se había llenado de heridas que no supuraban sangre, de pronto sanaron como si fuera brujería.

Todos gritaron que era un monstruo y, hasta el mayordomo, le amenazó con una de las espadas que decoraban las paredes de ese pasillo.

En ese momento, comprendió que ya no tenía nada más que hacer allí.

Nuevamente, siendo repudiado.

De eso, pasaron tantos, tantos años, de esa época en los ochentas, ahora, en el 2023, Cloe, peinaba su largo cabello rubio para después, recogerlo en un moño rosa pastel.

—Junmm, este moño que compré me queda mejor que bien, además, combina con mis ojos azules.

Pensaba admirando su belleza mientras se miraba en el espejo.

Después, se echó un poco de brillo de labios.

Ahora debía ir al instituto, el lugar que más odiaba, aunque, al tener 17 años, ya solo le quedaba el último curso de bachillerato y después, podría decir adiós a toda esa mala vida y buscar algún trabajo para no tener que depender más del dinero de sus padres, aunque, lo más seguro, sería, que al ser mayor, ya no le pasarían más dinero a su cuenta.

Desde los 15 años, vivía sola en un piso bonito, aunque, tan diferente de la gran casa en la que vivió toda su niñez. Fue a los 12 que se mudó allí con su abuelita que, por desgracia, falleció dejándola completamente en soledad.

En su mente, siempre estaba el mal recuerdo que vivió en su primer año de instituto, ese recuerdo que arruinó su vida por completo, un recuerdo, que le había enseñado, que no existía absolutamente nadie de confianza, no había lealtad ni amistad, el amor de unos padres, hasta eso lo había perdido, o, quizás, nunca lo tuvo.

Ahora, ellos le daban todo el cariño a su hermana pequeña a la cual, no veía desde que la abandonaron en ese piso. Ni siquiera, se acordaría que tenía una hermana mayor porque dejaron de verse cuando tenía tan solo 5 años.

Ella, seguiría con la empresa de su padre cuando fuera mayor de edad.

Mientras caminaba por la calle, revisó su cuenta de Instagram, de nuevo, tenía bastantes mensajes de tipejos molestos que la seguían por su apariencia.

Siempre, los dejaba en visto y no respondía.

Pero, esta vez, el mensaje era de una chica que parecía ser de su instituto.

—¿Es cierto que asesinaste a Marina hace años?

Instantáneamente la bloqueó bastante mosqueada, aunque, ya parecía estar acostumbrada a mensajes de ese tipo.

—¡Vaya gilipollas la tía esta!

¡Estoy hasta los ovarios de la gente mierdera!

Gritó por lo alto, llenándose de rabia hacia la humanidad, así, hasta llegar a la parada del autobús que la recogería a ella y a más alumnos para llevarlos al instituto ya que, este se encontraba a las afueras de la gran ciudad.

Cada vez que subía, se la quedaban mirando, pero nadie le dirigía la palabra jamás.

Se sentó en los asientos del fondo y, a pesar de ser una solitaria, siempre se le sentaba alguien al lado ya que, no les quedaba más remedio al no haber más asientos libres.

Algo más tranquila, con sus pensamientos llenos de todo tipo de cosas, trató de recordar la lección de sociales para tener todo más fresco pues, a primera hora tendría examen.

Había estudiado bastante el día anterior, no era la mejor estudiante a pesar de ser inteligente, siempre estudiaba lo necesario y al día anterior para aprobar con lo justo.

Fue de pronto, que el autobús frenó en seco.

Desde afuera, se escuchó la voz de alguien gritándole al conductor con todas sus ganas.

—¡Venga, pásame ya por encima!

¡¿No escuchas?!

¡¿Qué te cuesta atropellarme de una vez!

El jaleo que se formó fue demasiado, los alumnos se asomaban y todo tratando de ver quien estaba allí.

El conductor no sabía ni cómo lidiar con aquello hasta que, al final, decidió abrir la puerta para bajar y tratar de convencer a quien fuera esa persona que se apartara de una vez.

Fue Cloe la que se le adelantó echando un poco atrás al señor más molesta que nunca, tomando de la sudadera ese chico misterioso, bastante alto, que tapaba su cara con unas gafas de sol y una especie de pasamontañas.

—Si quieres morirte anda y pídeselo a otro conductor, yo tengo que hacer un examen ahora mismo y no debo llegar tarde.

Dijo de esa forma tan fría y hasta con rabia.

Después, le dio un empujón desde un lado para tratar de apartarlo haciéndole caer cerca de la acera, fuera de peligro así.

—La vida es muy valiosa y no deberías hacer estas gilipolleces, si estás harto de la gente, cágate en ellos y míralos como seres mediocres e inferiores, pero no vayas a matarte por su culpa.

Terminó diciendo para después regresar al autobús.

Todos los alumnos se habían quedado más que sorprendidos y ahora cuchicheaban y más cuchicheaban, Cloe, para evitar escuchar algo, sacó sus auriculares para ponerse algo de música, ahora, el conductor ya tenía la vía libre para poner de nuevo en marcha el autobús y así llegar al fin al instituto.

Esa mañana fue igual que las demás, logrando responder todas las preguntas de ese examen sin problemas, pasando en soledad todas esas horas, su vieja amiga Lira, ahora era una de las populares del instituto, siempre rodeada de gente.

—Jah, ni siquiera es tan bonita como yo, de mí aprendió a cómo arreglarse así.

Pensaba mientras que aquella joven de cabello ondulado y castaño algo oscuro, les hablaba a las demás chicas del cómo se lo cuidaba.

—Hala hala, creerás que tienes grandes amigas, pero cuando tu reputación sea manchada falsamente, a nadie le vas a importar realmente.

Seguía pensando, así, hasta que llegó el antiguo profesor de literatura, Yordi, un hombre de 40 años demasiado apuesto y de buena personalidad, todas las alumnas parecían encandiladas por él, hasta con los chicos se llevaba bien.

Su cabello era de un castaño muy oscuro siempre peinado hacía atrás elegantemente y, sus ojos, azules como un cielo despejado.

Ahora, este había pasado a ser el director de ese instituto, sin duda, un hombre muy querido y respetado, amable y justo con todo el mundo.

—Vamos chicos, todos a vuestros asientos, tengo que contaros algo estupendo.

Y todos los alumnos emocionados obedecieron.

—Yordi Yordi, ¿qué será?, ¿la fiesta de fin de curso?

—Así es Cristina.

Como este será vuestro último año en este instituto, ya sabéis que deberéis dar un gran espectáculo para celebrarlo.

Me gustaría, que formarais grupos para realizar diferentes actividades y, cómo no, que hubiera uno de baile sería indispensable.

Todos comenzaron a hablotear en lo alto con emoción hasta que, Lira se puso en pie dirigiéndose al profesor.

—Señor Yoel, ¿habrá que elegir un líder para los grupos sí o sí?

—Así es, alguien que os guíe sería lo más correcto.

A lo que Héctor, uno de los chicos más rebeldes saltó por todo lo alto.

—Jo, pues para el de baile, todos saben que Cloe es la mejor bailarina, pero, no me sentiría muy cómodo si ella es la líder.

Por unos momentos, los ojos de Cloe, se llenaron de una adrenalina irascible, apretando sus puños con fuerza mientras que todos se quedaban en silencio.

Hasta parecían temer el tener que hablar de ella pensando que, en verdad, era toda una cruel asesina serial.

Fue Lira la que al final alzó su voz nuevamente.

—Yo también soy buena bailando, me ofrezco como la líder del grupo de baile.

Y el resto de compañeros se animaron tras escucharla, parecían todos estar de acuerdo con ello.

—Muy bien, entonces, ya está todo, como todavía falta un mes y medio, da tiempo suficiente a que todo lo tengáis bien organizado, solo os pido que apuntéis cuántos grupos habrá a parte del de baile y que me lo paséis lo antes posible, quiero que todo salga lo mejor posible.

Cloe se quedó revuelta en sus pensamientos, desde que a sus 12 años, pasó aquello tan horrible, no había vuelto a bailar en público, aunque, sí lo hacía para sus vídeos de Instagram.

Poco después de ese terrible suceso, a los 14 años, hubo ese cambio de director y desde entonces, el último curso de bachillerato y el de la secundaria, siempre habían tenido presentación de baile para celebrar su despedida y el haberse graduado.

Por lo visto, a Yordi le gustaban mucho las presentaciones de baile y por eso se acababan haciendo, aunque, para su graduación en la secundaria, ella no se presentó a ninguna de las presentaciones. Ni siquiera a las de navidad que ahí siempre hacían algo todos los cursos.

Su mayor amor era la danza, cuando era niña y aún vivía con sus padres, ellos, al ver su talento y amor por ese arte, la habían apuntado a ballet, aunque, cuando todo aquello pasó, aprendió a bailar por su cuenta otros bailes más modernos, le gustaba ver a los grupos del k-pop bailar, siempre se aprendía las coreografías para practicar y después, inventaba las suyas propias y las subía a su Instagram.

Lo malo era su mala reputación, aunque mucha gente la veía, la trataban de lo peor y muchos la criticaban.

Llegada la última hora de clase, un fuerte apretón le acabó dando, sentía que no podría aguantarse más y de los nervios, trataba de que no se le escapara ningún gas.

En su mente maldecía en todo momento imaginando baños por todos lados y, al fin, al fin, sonó la campana.

Mientras recogía lo más rápido que podía sus cosas, Lira se le acercó acompañada de sus amigas.

—Oye Cloe, ¿vas a unirte a nuestra presentación?

—No tengo tiempo lo siento.

Y la apartó para poder salir lo antes posible de ese aula e ir al baño, dejando a las chicas con mala cara.

—Déjala Lira, que la den, además, no daría buena reputación si se uniera, a nadie le haría gracia vernos bailar.

Dijo Andrea, una chica también rubia como Cloe, pero su rubio era algo más oscuro.

En el baño, trataba de liberarse con todos los apuros del mundo, había más gente dentro y temía porque se le escuchara algún gas y la escucharan, trataba de retenerse hasta que al final todas las chicas salieron y al fin pudo hacer la tarea a gusto.

—Mierda joder, a ver si acabo ya, el autobús se va a marchar y voy a tener que volver a pie, no me hace ni puta gracia eso.

Y cuando logró acabar, se lavó las manos a la velocidad de la luz para salir corriendo llevándose la desagradable sorpresa, de que el autobús ya se estaba marchando de allí.

Por todo lo alto gritó varias palabrotas, insultando al conductor con todas sus ganas y después, colocándose bien su mochila dispuesta a regresar a pie a su casa.

Desde el instituto a su casa, había más de 45 minutos, acabaría comiendo súper tarde y, seguro, el chino al que pedía la comida a domicilio ya habría cerrado.

Ya llevaba como 20 minutos caminando, y por alguna extraña razón, no se sentía nada tranquila, del agobio, se desabrochó la chaqueta del uniforme, como era primavera, el clima estaba un tanto agradable y, de tanto caminar, algo de calor había comenzado a darle a pesar de que estaba un poco nublado.

Por unos momentos, miró hacia atrás, pero no vio a nadie.

—Joder, pensé que alguien me estaba siguiendo.

Y cuando al fin llegó hasta la entrada del portal de su piso, sacó las llaves sintiéndose aliviada de llegar al fin, sana y salva, pensando en qué podría comerse ahora.

Metió la llave en la cerradura, y al girarla y sentir que abría la puerta, fue al fin, que allí, reflejado en el cristal, vio a ese extraño sujeto de la mañana, ese del pasamontañas, justo detrás de ella.

Rápidamente, empujó la puerta para entrar y este, antes de que pudiera escapar cerrando en sus narices, logró tomarla de la muñeca con bastante fuerza.

—Es, es tan frío.

Pensó para sus adentros al sentir su fría mano reteniéndola.

Quería pegar un grito, pero este, como si se anticipara, tomó su boca para taparla con su mano y arrinconarla contra la pared del interior del portal.

—Shuuu, no grites, no quiero hacerte daño.

Solo quiero, estar acompañado por alguien, me siento, un poco solo.

Y Cloe, en vez de rendirse, le propinó un rodillazo justo ahí, en la entrepierna, pero, para sorpresa de esta, él no pareció recibir ningún dolor.

—¿Qué demonios?

Pensó aterrada, y aquel desconocido, al fin se sacó su pasamontañas, después, las gafas de sol, allí, estaba Oskar, con ese rostro que reflejaba la muerte y Cloe, ya no podía dejar de verle más confundida que nunca.

—Voy a destapar tu boca, pero no te asustes por mi aspecto, ¿vale?, no soy ningún monstruo aunque lo parezca.

Y fue ahí que una vecina se disponía a abrir para entrar, Cloe pensó que sería su salvación, si él le tapaba la boca para gritar, quedaría muy sospechoso, quién imaginaría, lo que aquel chico zombie acabaría haciendo para que ella no alzara su voz.

Llevando, sus fríos y azulados labios a los suyos para darle un beso, dejándola anonadada mientras que, la vecina pasaba con un sonrisilla traviesa y después, montaba en el ascensor que ya se encontraba en la planta baja, seguramente porque algún vecino lo había usado hacía poco para salir a la calle.

Al separar sus labios, Cloe no dudó en abofetearle, pero él ni se inmutó.

—Guarro asqueroso, ese era mi primer beso, ¿qué pretendes?

—Con que, tu primer beso, ¿qué pasa?

¿te vas a quejar a tus padres de que soy un chico malo?

Ella entonces, le miró con cierto desprecio y mucha rabia, tratando de liberarse de sus manos que ahora apresaban sus muñecas contra la pared.

—Para tu información, a mis padres eso les vale una mierda, tanto, que ni les importa mi vida, por eso vivo sola.

Pero en ese momento, se dio cuenta de que la había liado pero bien, cerrando su boca, frotando sus labios con sus ojos como platos mientras que Oskar esbozaba una sonrisa.

—Con que, ¿vives sola?

Mucho mejor me lo pones, podré vivir en una casa decente sin problemas, vamos, llévame hasta tu piso.

Si no, me comeré tu cerebro.

No tuvo más remedio que llevarle hasta allí, justo era el sexto A, en la última planta.

Ya dentro, este se puso a revisar todo el lugar, la cocina, el salón, el cuarto de estar, habitación por habitación así, hasta quedarse tumbado en una de las camas.

—Oye, ¡esa es mi cama, bájate de ahí!

Le dijo molesta a pesar del temor que cargaba, tomando un peluche de un monito que había sobre la almohada, Oskar, le echó una mirada pasiva.

—¿Quieres que me coma tu cerebro?

Ahora, déjame tranquilo aquí, quiero pensar en mis cosas.

Cloe estaba que ya no sabía ni cómo reaccionar ante aquella situación, se quedó mirando por largo rato a ese chico zombie, que ahora se encontraba con los ojos cerrados, apoyando su cabeza sobre sus brazos.

Este, llevaba unas ropas realmente viejas y rotas, aunque no olía mal como si fuera un indigente, o hasta un muerto, lo cierto era, que no olía a nada y Cloe, se percató de que no respiraba siquiera, su pecho, no parecía elevarse, era, como ver a un auténtico cadáver andante que, ahora, se encontraba adueñándose de su cama, tan panchamente.

—¿Se habrá dormido?

Pensó por unos momentos tras no verle abrir la boca ni tan siquiera moverse tras unos minutos.

Con cuidado, y tras dejar su preciado peluche en una silla, abrió uno de los cajoncitos que había en la mesa junto al espejo, de allí, sacó unas tijeras dispuesta a clavárselas en la cabeza a aquel chico zombie, pero cuando se abalanzó sobre él, sintiendo que podría lograrlo, él abrió sus ojos, incorporándose, tomándola ágilmente de las manos para clavarse él mismo esas tijeras en el pecho.

Después, las sacó como si nada, ni siquiera corría la sangre y Cloe, ya no podía apartar la mirada de la suya.

—No puedo morir, ya lo he intentado yo mismo tantas veces.

—¿Cómo?

—Por eso, quería que me pasaran por encima esta mañana, pensé que si me quedaba hecho trizas, podría morir de una vez, pero, por unos momentos, me quitaste esa idea, esa es la razón del porqué ahora, estoy aquí.

Cloe no sabía qué respuesta darle, hasta se preguntaba, cómo es que supo en donde estudiaba para poder seguirla después.

—No voy a comerme tu cerebro tranquila, quita esa cara de susto.

Acabó diciendo tumbándose en la cama nuevamente.

—¿Cómo supiste dar conmigo?

—Por tu uniforme, aunque ha cambiado su diseño en más de 30 años, el emblema del instituto sigue siendo el mismo que cuando yo era un chiquillo adolescente y estaba vivo, por así decirlo.

Cloe, pareció tomar algo de calma y se sentó en el borde de la cama, aunque aún algo confusa, y sin entender nada de lo que le estaba pasando.

—Eres, ¿realmente un zombie?

—Se podría decir que sí, un muerto en vida.

Si te preguntas cómo llegué a convertirme en esto, creo que fue por el odio que mi hermano me tenía, antes de morir, me dijo que ojalá fuera esto, así que, aquí me tienes.

—Sigo sin entender nada.

Acaso, ¿tu hermano hacía brujería o algo así?

Y Oskar se echó una pequeña carcajada.

—¿Ese brujería?

Mi hermano solo sabía de negocios y cosas aburridas, la magia no iba con él.

Cloe se preguntaba tantas cosas en la cabeza, pero ahora, no quería seguir preguntando y tras ponerse en pie, tiró del brazo de este.

—Oye, ¿qué haces?

—Si no vas a comerte mi cerebro, entonces no tengo nada que tener, baja ya de mi cama, tus ropas están muy sucias y me la va a manchar.

Oskar entonces, la tomó nuevamente de la muñeca.

—¿De verdad crees que no me lo comeré?

Le dijo mirando a sus ojos muy decidido, pero enseguida se echó otra carcajada.

—Ajaja, ya me bajo señorita gruñona, no me voy a comer a tu cerebro, ni siquiera puedo comer, todo lo vomito cuando lo intento y además, tampoco tengo hambre.

—¡Oye, mi nombre es Cloe!, no vuelvas a llamarme así.

Gimió ella apartándose de él que volvía a ponerse frente a ella imponente.

—Pues encantado Cloe, a mí puedes llamarme Oskar.

—Pues Oskar, me vas a disculpar jah, pero yo sí debo alimentarme y aún no he comido nada desde el desayuno, así que, iré a hacerme algo de comer.

Tras sus palabras, al fin se alejó, marchándose de su habitación para ir a la cocina y sacar sobras de comida china de la noche anterior.

Oskar, se quedó viendo todo a su alrededor, en la silla, frente al escritorio, estaba ese peluche del monito que ella había tomado tan preocupada antes, la habitación se veía cuidada, aunque tampoco demasiado ordenada, eso sí, no estaba sucia.

En la mesilla que había bajo el espejo, había un marco de fotos, en donde se veía a Cloe algo más joven junto a su abuela, una señora de cabello banco muy risueña, transmitía mucha calidez y Cloe se veía feliz y sonriente.

Se preguntaba, por qué una adolescente vivía completamente sola si en verdad tenía a sus padres vivos.

Aburrido, fue hasta la cocina, y allí la vio comerse esas sobras directamente en sus tápers.

—¿Qué me miras?, ¿acaso quieres comer?

—No puedo comer ni siento hambre, ¿no recuerdas?

—Pues entonces deja de mirarme, pareciera que te gusto y todo, no me gusta que se me queden viendo.

—Pues mi tipo sí eres, pero no te miro por esa razón, tienes un trozo de fideo en la nariz y me estaba preguntando si es que no te habías dado cuenta aún.

—Maldito seas.

Y enseguida tomó una servilleta para limpiarse, aunque eso sí, algo avergonzada.

Oskar, en vez de sonreír, pareció tener aún más curiosidad, así que, mirándola fijamente, le hizo aquella pregunta sentándose frente a ella.

—Oye, y tus padres, ¿dónde están?

—¿A esos?, qué les den por detrás, no valen un pimiento, solo me dejaron quedarme aquí y me mandan dinero porque aún tengo 17 años y es su responsabilidad, si no, ya viviría en la calle.

Oskar ya ni dijo nada y tras terminar de comer, tiró los tápers a la basura, aquel chico zombie, se fijó en que había algunos almacenados en una de las mesas, estos estaban limpios, por lo que imaginó que seguramente comía a menudo ese tipo de comida, más al mirar al interior de la nevera, solo había algo de leche y chocolate.

—¿Qué andas mirando tanto?

Gruñó ella mientras fregaba los tenedores que había usado.

—Me sorprende que no sepas cocinar viviendo sola, pensé que tu abuela te habría enseñado algo.

En aquel momento, Cloe soltó bruscamente el tenedor en el escurridor para pasar al voltearse.

—¿Acaso cotilleaste en mi habitación?

Para tu información, sí me enseñó a cocinar, pero me parece un desperdicio hacerlo yo misma si solo yo lo voy a degustar, además, no tengo tiempo para andar de cocinillas llegando tan tarde de clases jah.

Si tanto habloteas y te vas a quedar de ocupa en mi casa, anda y hazme algo de comer para cuando llegue del ejército.

—¿Del ejército?

Preguntó sin entender.

Del instituto vamos, esa mierda solo sirve para adiestrar a los humanos desde su niñez para ser unos completos esclavos.

Oskar entonces, se acercó a ella de una manera invasiva, mirándola de tan de cerca con sus muertos ojos verdes.

—Tú y yo podríamos llevarnos bien ya que, compartimos algunos pensamientos.

Y ahí Cloe, frunciendo su ceño al máximo, le dio un gran empujón haciéndole caer sobre la mesa.

—¡Oye, ya sé que no siento dolor, pero te pasaste!, ¿Por qué?

—Si estás pensando en una amistad lo llevas claro, eso de la amistad solo existe en las pelis de Disney y en los animes de los noventas.

¡Anda y a hacerme la comida cada día o te echo a patadas!, y te juro, que van a ser tan fuertes, que sí podrás sentir el dolor aunque seas un zombie.

Oskar trago saliva, o bueno, nada ya que no la producía, pero hasta sintió un poco de temor al ver el mal carácter de aquella joven, eso sí, no se calló sus pensamientos.

—Pues te advierto que yo de cocinar no tengo ni idea ya que, siempre me prepararon la comida al ser de buena familia.

—A mí no me vengas con excusas baratas, mañana quiero la comida hecha o te echo a un cementerio y te sepulto pero bien.

Total, que Oskar ya no tuvo más remedio que callarse.

El resto del día, se la pasó mirando los libros que había en el salón, aunque él nunca fue un buen lector por lo que se aburrió enseguida, así que, se fue al cuarto de estar en donde Cloe estaba, esperando que ella no volviera a gritarle o a ponerse de malas por su presencia.

Allí se la encontró, dándose un maquillaje muy bonito, en verdad se veía como una muñequita, más porque ella, a pesar de su ruda personalidad, le parecía realmente bonita.

A veces se le pasaba por la mente, la idea de verse frente a ella como cuando estaba vivo, siempre fue un chico atractivo con buena suerte con las chicas, aunque jamás se había enamorado, solo era el popular por su apariencia y uno de los mejores en los deportes cuando iba al instituto.

A pesar de su triste vida y los desprecios horribles de su madre, trataba de desfogarse haciendo ejercicio y cuidando su apariencia.

—Aww, ya está, me encanta mi maquillaje de hoy, totalmente douyin juju.

—¿Douyin?, ¿qué es eso?

—No estás en la onda, es el maquillaje en tendencia de corea y varios lugares de asia.

—Puff, qué te esperas, soy un chico de 1986, he vivido aislado del mundo desde que me convertí en zombie en ese año, apenas sé cosas de la actualidad, solo sé que los teléfonos ahora se llevan encima y son muy prácticos con grandes pantallas y hasta con cámara.

Cloe pareció sorprendida por aquella revelación, ahora entendía el por qué sus ropas eran tan viejas y pasadas de moda.

—¿Tanto tiempo llevas siendo un zombie?

¿Y qué hiciste todos estos años?

Debió ser aburrido.

—Sí fue aburrido, pero bueno, no podía salir por ahí con este aspecto, todos los sirvientes de mi mansión se acabaron marchando al no tener a su señor, perdí la empresa, perdí absolutamente todo, ahora, mi mansión está abandonada por así decirlo, aunque la he cuidado mucho estos años, a pesar de no haber luz ni agua.

El rostro de Cloe pareció mostrar una expresión de melancolía cosa que a Oskar le llamó la atención ya que, supuso, que sus problemas no le importarían ni lo más mínimo.

—Oye, para que te diviertas un poco, si quieres puedes grabarme mientras bailo, vamos al salón.

Y ya allí, tras colocar el portátil con el reproductor preparado para reproducir una canción, Cloe le enseñó a cómo debía grabarla con el teléfono, en donde pulsar para comenzar la grabación y cómo detenerla.

Nada más sonar esa canción marchosa, el baile de aquella joven comenzó.

Su manera de moverse, de sentir la música, vibrando con ella, era como ver un ser de una belleza divina fundirse con la melodía.

No era como esos buenos bailarines que con muchísima práctica, lograban aprender pasos de bailes, vacíos, sin vida, ella, estaba llenando de luz su baile, estaba hecho para ella y Oskar, se había quedado atontado, como un completo idiota observando a esa joven moverse de tal manera, sin vergüenza, con total libertad, hasta hubo un momento en el que trató de provocarle, solo era parte de la coreografía, eso lo sabía, pero, había logrado engañarle por completo por unos efímeros segundos que se hicieron tan deseables.

En verdad, esa chica tenía algún tipo de don con la danza, se notaba que la sentía con el corazón y a Oskar, que, de siempre le gustó la música, verla bailar fue una visión maravillosa y algo agradable después de décadas siendo un muerto en vida.

Hasta creyó sentir un pequeño calor en su pecho, pero, al finalizar todo, volvió a sentirse igual que siempre.

—¿Ya le diste al stop?

—Lo hice.

—Junnm, espero me hayas grabado bien o si no te meto unos cuantos ajos por el ojete.

—Oye, cómo te pasas, eso más bien valdría si fuera un vampiro.

—Qué más da, vamos a ver.

Y se quedó viendo el vídeo, analizando cada uno de sus pasos, hasta sacándole algunos errores mientras que, para Oskar, todo estuvo perfecto.

—Aaarg, te digo que sí, aquí debí mover mi mano más en esta posición, ¿tú qué vas a entender si no eres bailarín?

—Bueno, yo solo pude sentir que vibrabas con la música y que había magia en tu baile. Era adictivo verte, era como, si tú fueras la música, o como si ella se canalizara gracias a tu cuerpo.

Aquella respuesta dejó su corazón un tanto alborotado.

No esperó que él le dijera algo así, solo su abuela había amado ver sus bailes y decía cosas bonitas, y cuando era más pequeña, siempre la habían felicitado cuando bailaba en navidad en la escuela, pero, ese tipo de palabras, nadie.

—Bueno bueno, no trates de ligar conmigo con palabrerías, recuerda que eres un zombie y nada se puede levantar.

—¿Annmmm?, Te sorprenderías si supieras lo que se me puede levantar aún en este estado.

—Lo sabía, qué maldito picaflor.

Y le propinó otra bofetada dejándole ahí, en mitad del salón, para después, tratar de olvidar todo y subir su vídeo a Instagram.

Oskar acabó por sentarse a su lado, ya no quiso decir nada, ella estaba medio de espaldas a él en ese sofá, y este, podía ver la pantalla de su móvil desde atrás, fue así, que descubrió que recibía muchos mensajes de odio que borraba uno tras otro, algunos, acusándola de algo muy espantoso, pero, viendo la relación que tenían en esos momentos, prefirió no hacer más preguntas y limitarse a callar y observar, así, hasta que una hora después, ella al fin le dirigió la palabra.

—Oye, ¿vas a estar ahí callado como un muerto todo el día?

—¿Es lo que soy no?

—Aaarg, venga.

Y le tomó del brazo para acercarle a ella y así ponerle frente al portátil.

Allí le estuvo enseñando su funcionamiento y Oskar enseguida lo comprendió.

—Con esto podrás instruirte un poco de la época actual en la que nos encontramos, mira, en Youtube hay mucha información de todo lo que quieras, y la música del momento por ejemplo.

Oskar se quedó bien atento a todo lo que ella le enseñaba, se sorprendió al encontrar canciones de su época también subidas a YouTube y pude recordar sus viejos temas favoritos con alegría, también se estuvo adaptando a la música actual, el reggaeton le resultó un insulto, nada más escucharlo, le pidió a Cloe que quitara esa basura.

—Uff, menos mal que no te ha gustado esta mierda, en tu época hubo música buena de verdad y de pronto, toparte con tal bazofia habrá destruido tus oídos.

Pues que sepas que esto es lo que le gusta a la juventud hoy en día, la música va en decadencia.

—Esto es decepcionante, aaarg, me he cabreado Cloe, ¿pero cómo esto ha llegado a ser tan famoso?

—Es lo que las élites quieren, música de mierda que duerma a las personas y las convierta en auténticos zombies, no como tú, tú ya me entiendes.

—Sí, me hago a una idea, joder, voy a ponerme un poco de mi música ochentera, esa con la que crecí. Necesito sanar mis oídos después de descubrir tal aberración musical.

Y Cloe se echó una pequeña carcajada.

La risa de aquella chica, para Oskar sonó muy bonita, era agradable y pura, detrás de esa cara sería que a menudo tenía, podía sonreír y bailar de forma maravillosa.

Se preguntaba, por qué le estaba resultando agradable algo así.

Quizás, por haber vivido en soledad por tanto tiempo, hasta queriendo acabar con su existencia, el tener al fin a alguien con quien hablar, le había dado una pequeña esperanza.

Todos esos traumas del pasado, cuando su madre le insultaba, comparándole con su hermano mayor, cuando este dejó de lado la linda unión que tenían para seguir las normas de su madre.

Sintiendo una soledad tan inmensa, un vacío desgarrador, que le hizo sentirse tan muerto, y, saber que su hermano, al que tanto quería, le acabó odiando, le había matado definitivamente, por eso, seguro ahora era un zombie.

Pero, esa pequeña chispa llamada esperanza, se había encendido tan solo hacía unas horas, aunque fuera por las duras palabras de aquella joven de mal carácter, quizás, había alguien más en el mundo que se sentía como él, pero, ese alguien, había decidido vivir aun con todos esos oscuros sentimientos.

Y, ese alguien, hoy, había mostrado una sonrisa bella, así como un baile hermoso.

Él, ¿podría hacer algo así de maravilloso y lleno de vida algún día?

Por eso, al llegar la noche, Cloe, se fue a su cuarto a dormir, no sin antes, decirle de malos modos que ni se le ocurriera meterse a dormir con ella, que para eso había tres habitaciones en la casa.

Pero, tras muchas horas mirando el cielo nocturno en el balcón, sin sentir ni la brisa, ni el frío, ni nada de nada, acabó entrando a su habitación, no para dormir con ella, ya que, al ser un zombie, no podía hacerlo, lo que deseaba, era verla dormir, ahora, sentía una gran curiosidad por verla todo el tiempo y descubrir más de esa chica solitaria.

Y ahí se la encontró, tumbada de lado, abrazando a ese peluche del monito, era bastante grande, por lo que supuso que era muy cómodo rodearlo.

Parecía ser muy importante para ella y, el ver su carita con los ojos cerrados, le pareció algo adorable, después de verla todo el día siendo brusca, frunciendo el ceño, ahora, era como ver un ángel en sueños.

Y así se pasó hasta el amanecer, que nada más abrir sus ojos, se encontró a ese chico zombie mirándola fijamente, provocándole un grito.

—¡Aaaah, maldito!

¡¿Me estuviste viendo dormir?!

Depravado asqueroso.

Gimió dándose la vuelta algo avergonzada y tapándose con las mantas toda la cabeza.

—Oye, solo me preguntaba, por qué abrazabas a ese mono con tantas ganas, me aburrí en la noche y me puse a verte, en verdad parecía que lo protegieras por la manera en la que lo tenías junto a tu pecho.

—¡Chúpamela!

Acabó soltando de malas maneras, cosa que dejó a Oskar algo descolocado.

—¿Cómo que chúpamela?

Aaah, tú no tienes, eso no vale.

A lo que Cloe al fin salió de bajo las mantas con su ceño fruncido nuevamente.

—¿Cómo que no tengo?

Más grande que la tuya seguro.

Y ambos se quedaron por unos momentos en silencio mirándose, hasta que Oskar rompió en carcajadas.

—¡Ajajaaja! No me puedo enfadar contigo con esas cosas que dices.

—Jooo no vale, es injusto, pero, cómo vuelvas a mirarme dormir te la cargas.

—Disculpa aajaja, no puedo dormir desde que me convertí en esto.

Cloe al fin pareció calmarse, e incluso hasta parecía preocupada tras escuchar aquello.

—De verdad… ¿llevas más de 30 años sin dormir?

—Sí, pero ya me acostumbré, no siento cansancio, ni sueño, puedo correr por horas sin agotarme, es como si fuera un súper hombre pero escuálido, aaish.

Tras suspirar, se quedó apoyado en la pared mirando al techo, con sus brazos tras su cabeza.

—Si me hubieras visto cuando era un humano normal.

Estoy seguro de que te habrías enamorado de mí al instante.

En nada, la almohada de la cama acabó en toda su cara provocándole un quejido a pesar de no sentir dolor.

—Sigue soñando, no eres mi tipo.

—Ah sí, ¿y cómo te gustan?

Preguntó interesado, acercándose de nuevo a la cama con lo que ella se echó un poco hacia atrás.

—¡No te lo pienso decir pervertido!

Bien, me voy a duchar y a desayunar, debo ir al instituto que aún es viernes, tú.

Dijo ahora señalándole con el dedo y con una cara bien seria.

—Te quedas a hacerme la comida, más te vale aprender algo de los tutoriales de YouTube, no me vengas con excusas baratas que ahora aprender de todo es fácil con el internet, no necesitas ir a cursos ni narices y, ah, no pienso perder el autobús, así que, no vengas a seguirme nuevamente o te la cargas, te meto unas cebollas una a una por atrás.

—¿No eran ajos?

—¡A callar!

Me voy a duchar, si entras y miras, juro que conseguiré matarte dándote al fin la libertad que deseas.

Oskar se quedó pasmado con esa personalidad tan brutal, se preguntaba el porqué de su mal carácter, en verdad, su esencia transmitía algo complemente diferente a lo que dejaba ver.

Y pasada casi una hora, Cloe ya estaba en el instituto, y mientras tanto, Oskar practicaba eso de usar el ordenador, miraba recetas de cocina en Youtube que fueran sencillas, aunque no había demasiado en la casa, nada más que pasta y tomate frito con algunos botes de especias.

Como esa receta parecía hacerse rápido, tenía mucho tiempo de sobra hasta que Cloe llegara a casa, por eso, le dio la curiosidad de mirar su Instagram para ver más de sus bailes.

No sabía por qué, pero, verla bailar, le había atrapado por completo, y no vio uno, ni dos, se vio prácticamente todos sus videos, estuvo por más de dos horas y después, revisó en los comentarios porque estaba seguro de que habría muchos elogios por su mágica manera de bailar, pero, no fue así.

Había mucho odio, desprecio, insultos.

No entendía por qué algunas personas la llamaban asesina y algo mosqueado, decidió abrirse una cuenta él mismo, tuvo que buscar también información de cómo crearse una cuenta, fue todo algo lioso al principio pero enseguida lo resolvió, parecía estar adaptándose a esta tecnología rápidamente, después de todo, aunque ya sería un hombre maduro si hubiera sido humano, siempre se sintió juvenil, se había atascado en una edad similar a la de esta maldición, seguía sintiéndose un joven de 19 años.

Tras el nombre de usuario CaptainOskar86, se dedicó a defenderla de los peores comentarios, así se tiró por un buen rato hasta que vio la hora a un lado, y tuvo que dejarlo para ponerse a cocinar lo antes posible.

Mientras tanto, en el instituto, en el cambio de hora para ya pasar a la última clase, una chica se coló en el aula de Cloe dándole una bofetada en mitad de toda la clase, por lo que Cloe, sin entender nada, se puso en pie molesta, tomando el brazo de aquella chica con algo de fuerza.

—¿Qué acabaste de hacer?

—¡¿Que qué acabo de hacer?!

Tu maldito fan obseso, no sé si sea tu novio o yo qué sé, le ha dicho a mi hermana pequeña que irá a su casa esta noche a comerse su cerebro si no deja de comentar en tus mierdas de vídeos, hasta le ha mandado unos audios haciendo gilipolleces para asustarla.

¡Más te vale que le digas a tu amiguito que se deje de tonterías o te mataré!, ¿entiendes?

Y tras liberarse de Close, se marchó de allí, no sin antes, dedicarle unas últimas palabras antes de cruzar esa puerta.

—No vales nada perdedora.

El cielo estaba completamente gris en aquellos momentos y, sintió que su mundo, cada vez se estaba derrumbando más y más.

Sus compañeros de clase ahora le echaban de las peores miradas, además de cuchichear cosas que por suerte, no podía entender.

Y cuando llegó la hora de regresar a casa, la lluvia era brutal, la cola para subir al autobús se formó en seguida ya que nadie quería mojarse y, entre tanta gente apelotonada, alguien empujó a Cloe haciendo que su rodilla se llenara de dolor, empapándose toda, sintiendo el frío inmenso, las temperaturas habían bajado, y, allí tirada en el suelo, mientras que la cola cada vez iba desapareciendo más y más, miraba esa herida en su rodilla.

Ya, cuando quiso ponerse en pie, el autobús ya se estaba marchando, y bajo esa lluvia, caminó mientras que sus lágrimas se mezclaban con las gotas que caían sobre su rostro.

Al menos no dolía al caminar, por lo que solo era una herida superficial, pero, el frío era demasiado, no sólo el de su cuerpo, también el de su alma.

Oskar ya no entendía por qué estaba tardando tanto, temía que su comida se quedará demasiado seca para cuando ella llegara, y, al fin, al fin casi a las 3 y media, la puerta se abrió y él, emocionado, salió de la cocina para recibir, una bofetada más.

—¡Idiota!... Idiota.

Y sus manos se dirigieron a su chaqueta vieja para amarrarse débilmente y temblando.

—¿Por qué lo hiciste?

—Te refieres, a decirle sus cosas a los imbéciles de tu Instagram.

Solo les decía que estaban equivocados contigo, ¡Es verdad o no!

Pero, al ver cómo se alzaba sus ojos a los suyos, entendió que ella estaba sintiéndose, como alguna vez se sintió él en un pasado, quizás no era el momento de decir esas cosas.

—Un momento, estás temblando, déjame ver, nooo, también estás herida.

Y sin que ella se lo esperara, este la tomó en sus brazos para llevarla hasta el baño, allí encendió una estufita que había y después le trajo la ropa que había dejado colocada en la mañana sobre su silla.

—Cámbiate por ropa seca, mientras, calentaré de nuevo la comida y te la llevaré al cuarto de estar, he visto que hay un brasero, así que lo pondré también.

Y Cloe, sin comprender aún por qué de pronto recibía esas muestras de afecto por parte de alguien que aún era un desconocido para ella, tratando de calmar su llanto de una vez, se quitó todo el uniforme empapado.

Al rato, tras dejar de llorar, salió del baño y Oskar ya la estaba esperando con la comida, además, había traído a su peluche del monito.

—Vamos, siéntanse, me ha costado encontrar el botiquín aquí pero ya di con él, deja que cure tu herida.

Y, aunque las manos de Oskar eran realmente frías, no se sintió incómodo el que él tocará su piel, más bien, sentía calidez en su pecho.

—Ahora come anda, es la primera vez que cocino, así que, el sabor quizás no sea el mejor, además, no había más en la casa salvo restos de comida china que ya olían mal.

Y ella comenzó a comer pero en todo momento, no era capaz de separarse de ese peluche, así, hasta que Oskar trató de que lo soltara, y ella lo abrazó con más fuerza.

—Pero oye, podría mancharse así.

¿Te importa demasiado verdad?

—Este peluche, se llama Jimmy, y me lo hizo mi abuelita, la única persona que creyó en mí, ni siquiera mis padres lo hicieron, por eso, ¡me mandaron a esta puta casa tan sola!... Tan sola que me sentí estos últimos años.

—Quisiera saber qué pasó, el porqué vives sola siendo tan joven, y también el porqué recibes tanto odio.

Joder, no veas cómo me puse con una tipa que te decía insultos de los peores y acoso continuo, le mandé unos berridos tipo zombie para asustarla y poco más.

—Así que, fue a esa tal lusidina.

Aaarg, ya era hora de que alguien le dijera sus cosas, aunque bloquee cuentas, vuelven a hacerse nuevas para molestar, como esa tipeja.

Oskar entonces, posó sus manos sobre las suyas, con una mirada, cargada de mucha decisión.

—¿Por qué entonces, decidiste seguir soportando todo esto?

—Porque no quiero que me corten las alas injustamente, por mucho que me odien, no quiero dejar de hacer lo que más amo, dejar mi cuenta donde puedo ser yo y bailar.

Mostrar mi baile, como, como si así pudiera mostrarle a la gente mi alma, y, aun así, nadie puede verla, ¡nadie!

Terminó rompiendo en llanto nuevamente.

—Yo sí la he visto.

Y ambas miradas se quedaron viendo por unos momentos.

—Apenas me conoces, ¿solo por verme bailar la viste?

—Así es, y ahora, ¿me contarás qué pasó para que ahora te traten así?

Aunque antes, termina de comer anda.

Cloe se sintió de alguna manera segura junto a aquel chico zombie, él, no podía ser una mala persona, no podía ser como las personas que había conocido, pero, todavía tenía esa inseguridad, no confiaba en la amistad, no confiaba en nadie, ni en su propia familia.

Solo confió en su abuelita, ¿podría confiar ahora en Oskar?

Y al mirarle por unos momentos, vio su rostro pálido y ojeroso, amoratado sutilmente, sus pómulos por la delgadez típica de un zombie y, aun así, podía apreciar que fue un chico muy atractivo.

Hasta tenía su encanto estando así, solo que se veía demasiado delgado, aunque aún no le había visto el cuerpo, si se maquillara para tapar todo, daría el pego incluso, hasta pensaba que podrían pensar, bah, es solo un chico que ha estado muy enfermo y se está recuperando.

—¿Qué estás pensando?

Acabó preguntando al ver que ella no dejaba de mirarlo, con lo que pronto apartó la mirada ciertamente nerviosa.

—Bueno, en verdad, quisiera desahogarme contigo, ahora que estás aquí, me aprovecharé de eso.

Ya terminé de comer, estaban un poco sosos los macarrones, pero, para ser la primera vez, no estaban mal.

Oskar pareció emocionarse por ello, y hasta dio un salto y todo, más, por la amable expresión que ella le dedicó.

—Para la próxima serán mucho mejores, ya lo verás.

Y tras llevar todo al fregadero y dejarlo limpio, regresó junto a Cloe que ya se estaba preparando para contarle la historia.

Se sentó a su lado, y, al fin, lo soltó todo, abrazando a su monito sutilmente, aún no era capaz de soltarlo.

—Cuando tenía 12 años, íbamos a prepararnos para la presentación de navidad, las clases A y B habían apostado a quien sería la mejor bailarina, si yo, o Marina, mi rival a la hora de bailar y también en popularidad por ese entonces, ya sabes…

Dijo mirándole ahora con una media sonrisa, pero tratando de no sonar engreída ya que no era el momento.

—Soy bastante bonita, de siempre jeje.

Y, en fin, mi ex mejor amiga, Lira, a la que enseñé todo sobre bailar, me acompañaría para animarme, a pesar de que Marina quería que fuéramos solas.

Pero uff, me dio justo un apretón, sé que suena chistoso, pero a veces me pasa que me da en el peor momento.

De nuevo, mostró esa pequeña sonrisa, pero, enseguida se desvaneció, Oskar, no dejaba de escuchar muy atentamente.

—Me estaba costando un poquillo, y le dije a Lira de esperarme afuera, me daba vergüenza por si le llegaba el olor, pero no te rías, son cosas de la vida.

—No me río tranquila, sigue contándome.

Le pidió él y Cloe, pudo al fin seguir contando el resto de ese horrible día.

—Cuando al fin salí del baño, no había nadie, llamé a mi amiga, pero no respondió, así que, entré en el aula en donde había quedado con Marina y, ella, ella estaba…

Los ojos de Cloe se cerraron por unos momentos, pero Oskar tomó sus manos con lo que ella terminó de soltar aquello.

—Estaba muerta, con un golpe en la cabeza, todo lleno de sangre, tirada en el suelo. La tomé, pero no respondió, y yo, me manché toda de su sangre.

Lira, entró al poco, pegando un gran grito asustada, saliendo corriendo.

Y, en fin, el resto de la historia ya te la podrás imaginar.

Su mirada se tornó tan fría, como si quisiera echarse a llorar de nuevo pero sin poder hacerlo, aun así, se desahogó más y más mientras que, Oskar, estaba atento a ella en todo momento.

—Quedé como la sospechosa número uno, pero, no encontraron pruebas, su madre, decía que el colgante que su padre le regaló, no estaba en su cuello cuando siempre lo llevaba encima ya que se querían mucho y, el colgante, nunca apareció y yo, me quedé sola, Lira, dijo que pude ser la culpable por la rivalidad entre ambas y mis padres, bah, en vez de seguir manchando la reputación de su empresa con una hija sospechosa de asesinato, prefirieron abandonarme y usar a mi hermana de heredera.

Nadie, nadie merece la pena en este mundo, a, abuelita.

Y el frío cuerpo que la rodeó ahora, dejó ver un alma cálida en su interior, Oskar, estaba tremendamente molesto, ver que esa joven había pasado por tanto tan injustamente, recordar también, los desprecios de su propia madre y hermano.

Hicieron que su empatía se disparara.

Estuvieron por un par de minutos así hasta que ella, al fin le apartó.

—Te estás tomando muchas confianzas.

—Disculpa, sólo quería, hacerte sentir acompañada.

—Bah, qué más da.

Dijo arreglándose un poco el cabello con sus dedos, para pasar a mirarle un poco de arriba abajo.

En verdad tenía muy mal aspecto con esas ropas.

—Dios, es que, pareces estar en una drogadicción profunda.

¿Cómo voy a mostrarte así?

—No entiendo.

Y ella tomó su cara con ambas manos.

Él se quedó un tanto alborotado al verla mirarle de tan de cerca.

—Parece que te estuvieras haciendo pasar por mi novio con eso de defenderme de la gente mierdera.

Pero, si no tenemos fotos juntos o algo, no dará el pego, hasta se pensarán que soy yo misma con otra cuenta defendiéndome.

Solo es que, aaarg.

Y tuvo que apartarse molesta.

—Lo primero es lo primero, vamos a hacer unas compras para que tengas lo necesario para hacerme la comida, anda a cubrirte la cara, que después iremos de tiendas.

Oskar se volvió a colocar el pasamontañas y las gafas de sol, después, antes de salir, Cloe lanzó unas cuantas palabrotas por todo lo alto ya que solo había un paraguas en la entrada.

—¿Qué pasa?, ¿mejor así no?, juntos bajo un mismo paraguas, como una pareja de verdad.

Pero esta se volteó con su puño amenazante.

—Cómo te tomes en serio lo de ser novios mi puño irá a tu culo.

—Unnmm, no sabía que tenías fetiches tan raros.

—¡Aaaah!

Gritó un tanto histérica.

—Sabes bien a lo que me refiero Oskar, anda y vamos a comprar, pero no te pegues demasiado a mí, que seguro eres un pervertido, de eso estoy segura.

El supermercado al que fueron, no estaba demasiado lejos, nada más que a cinco minutos, por lo que, luego, llevar las bolsas, no sería tan cansado.

Oskar se sorprendía mucho de los alimentos que había en la actualidad, comida ya preparada con un buen aspecto que solo debías calentar, productos congelados bien curiosos, hasta sopas estilo asiático y barras de chocolate muy extrañas, hasta rellenas de caramelo, menta y otras cosas.

—En verdad, ¿tanto te sorprende todo lo que ves?

—Mucho, me imagino, que las comidas ya preparadas deben haber mejorado su sabor con los años, lástima que no las podré comer.

—¿Ni siquiera puedes saborear aunque luego lo escupas?

Preguntaba con curiosidad mientras que Oskar miraba la cantidad de bebidas con alcohol que había.

—Puedo oler, saborear y sentir el tacto, aunque no siento el frío ni el calor, sólo palpar cosas, pero, por ejemplo, si trago algo lo vomito y no puedo generar saliva, así que, cuando te besé ayer, pude sentir el sabor de tu boca.

Cloe, colorada y hasta con algo de rabia, no se aguantó el darle un manotazo por la espalda que casi lo estampa contra las botellas.

—No sentirás dolor, pero seguro sentiste la fuerza de mi mano con el tacto o lo que sea, vuelve a recordar eso que te meto esa botella por ahí detrás.

Oskar ya no pudo más y de manera intimidante, tras soltar el carro de la compra, la tomó de sus muñecas mirándola a través de sus gafas de sol.

En verdad, ella pensó que él volvería a besarla o algo así aún llevando encima el pasamontañas.

—Oye, ¿tienes algún fetiche raro?, no sé, se llamaba coprofilia, ¿no?

—Aah, suéltame, qué cosas dices, me asustaste viniendo así de pronto.

—¿De qué tienes miedo?

En verdad, creías que te comería.

Cloe logró liberarse al fin para apartar la mirada haciéndose la dura.

—Jah, qué chorradas, ya sé que no puedes comer, anda y sigamos con la compra, tú llevarás las bolsas más pesadas, como eres como un súper hombre, no habrá problemas.

Y así fue, por la calle, mientras que ella sostenía el paraguas con una de las bolsas, con la otra cargaba una bolsa ligera y las otras tres, se las dejó a Oskar.

Tras dejar todo en casa y colocar lo necesario en la nevera, se prepararon para ir a una de las calles comerciales de la ciudad.

Mientras caminaban, algunas personas se los quedaban mirando, ella, una chica muy bonita vestida con ropa mona, y él, con pintas de indigente y completamente tapado.

Aunque, claro, ¿quién se iba a parar y preguntar?

Ya no es que fuera de mala educación, el simple hecho de sospechar de alguien por su apariencia no estaba nada bien.

Al fin llegaron a una de las tiendas más populares, esta se llamaba Zara y ahí venderían bastante ropa para chicos a la moda.

—Oye Oskar, ¿qué te gustaría usar?

Estamos en un año, en donde se están recuperando estilos de varias décadas atrás, mismamente, hace dos años, el kpop se llenó de estilos disco de cuando yo no había nacido.

Le contaba ella mientras veían unos cuantos pantalones escogiendo uno de ellos de color negro.

—Arrg, ¿pero qué tan delgado estás? 

No te he visto bajo la ropa, si en verdad estás tan flaco, tendremos que buscar la talla más pequeña de pantalones para que no se te caigan.

—Junmm, me temo que sí, lo malo será mi paquete.

Y Cloe ya no se aguantó dándole un manotazo en el brazo para pasar a meterle a la fuerza en un probador con un pantalón que tenía la pinta de ser muy ajustado.

—En verdad eres un cerdo, lo sabía, ¿cómo me dices esas porquerías?, ¿crees que vas a lograr algo conmigo?

—No Cloe, si no voy con esas intenciones.

Decía él tras las cortinas, asomando un poco su cara cubierta, pero, ella se la metió con cierto desprecio.

—A callar y a probarte esos pantalones, vamos a ver si esos te quedan justos.

Y fue al par de minutos que él le dijo que ya podía mirar.

Cloe apartó las cortinas y, sí, sus piernas, eran extremadamente delgadas, pero, tenían una bonita forma, como si se marcara musculatura entre tanta delgadez, lo malo fue, que la vista se le fue a ese lugar sí o sí, tapándose los ojos avergonzada.

—Maldita sea Oskar, aayyy.

—Ains, te lo dije.

Sé que voy a sonar a guarro, pero, lo único que no me ha adelgazado es, bueno, para qué voy a seguir hablando.

Se me marca demasiado, pero, los pantalones son de mi talla y además me gustan.

Y ella, al fin logró dejar ver sus ojitos entre sus dedos, aunque tratando de mirar a su rostro cubierto.

—Discúlpame por mal pensar, en verdad, pensé que sí ibas con otras intenciones.

Y este, en vez de molestarse, acarició un poco su cabecita con lo que ella se sintió extrañamente cálida.

—No pasa nada, es normal que aquí pudieras pensar que iba de sobrado.

Ojalá pudiera contarte más cosas, pero me da vergüenza y no es el momento, anda, veamos algo más de ropa, lo cierto, es que siempre me gustó ir guapetón.

Y tras ponerse sus viejos pantalones, rebuscaron ropa que a Oskar pudiera gustarle.

Parecía animado escogiendo ropa y de eso se daba cuenta Cloe.

Ahora se preguntaba, ¿cómo fue su vida cuando era un chico normal?, ¿por qué su hermano le había acabado convirtiendo en zombie?

Parecía que también tuvo una mala vida y tenía mucha curiosidad de saber más de él no sabía por qué.

Después de llenar un par de bolsas de ropa, le llevó a una tienda de belleza en donde buscó una buena base de su tono bien cubriente entre otras cosas.

Cloe era buena con eso del estilismo, el maquillaje, como arreglarse el cabello o la ropa.

Y al fin, al fin habían regresado a casa, allí, le dijo que se diera un baño de arriba abajo y que se pusiera la ropa nueva.

Aunque él no pudiera sudar, tantos años habían acumulado suciedad sobre su piel y cabello.

Y cuando ya estuvo vestido, ella abrió la puerta del baño y se sorprendió de verle con esas ropas tan diferentes.

Aunque, habían elegido manga larga para sus brazos y que así no se le vieran las venas, aun así, se veía realmente bien, eso sí, seguía notándose demasiado su excesiva delgadez.

—Tu cabello, deja que lo seque y peine un poco.

Le dijo haciéndole sentarse en la tacilla.

—Espera, ¿no lo irás a cortar o algo?

Me gusta mi peinado, si lo cortas, ya no crecerá.

—Tranquilo, no lo voy a cortar, solo lo peinaré.

Y ahí, sintiéndola a su lado, el cómo arreglaba un poco su cabello, era placentero.

Su cabello no se veía maltratado a pesar de todo, era de un castaño medio, de un tono cálido, le llegaba por los hombros, estaba como capeado y supuso que era un peinado típico de los ochentas, aunque no se veía desfasado para nada.

En su oreja izquierda llevaba tres piercings negros, uno de ellos era alargado y caía con un pequeño aro al final.

En la oreja derecha tenía uno nada más y en su ceja izquierda, también tenía otro piercing negro.

En verdad, por su apariencia, supuso que fue un chico algo rebelde.

Tras acabar con su cabello, tomó la bolsa con el maquillaje que había comprado y comenzó con el trabajo, tapar esa piel sin vida, los moretones sutiles y las venas que llenaban algunas partes de su rostro, las ojeras.

Después, corrector y sellar todo.

Un poco de color sutil y disimular los pómulos con trucos de maquillaje, los labios, con tinta labial de un color natural y saludable.

—Ya está Oskar, quedaste todo guapo, en verdad ni se nota que llevas bien de maquillaje juju.

Este se levantó para mirarse en el espejo y, era cierto, supo hacerlo de una manera que no quedara acartonado y todo su mal color de la muerte se había ido.

Por casi un minuto se estuvo mirando sin poder creérselo.

—¿Algo sucede?

Y él, yendo a ella, la rodeó con sus brazos.

—O, Oskar…

—Gracias, en verdad, claro que no me veo igual que cuando estaba en un cuerpo vivo pero, ahora me siento mucho mejor y me gusta.

No sé cómo agradecerte esto Cloe.

Si pudiera llorar, lo haría.

—Ya, ya, jeje.

Y, bueno, vamos a sacarnos unas fotos, ya sabes, ahora serás mi supuesto novio.

—Ains, al final fue por eso, pero no importa, anda, quiero probar eso de las selfies.

Y allí, en mitad del salón, sacaron unas cuantas fotos juntos.

Ella parecía tan animada, al fin, echando lejos su mal carácter y su expresión de mala leche, Oskar, sentía de verdad calidez, hasta posando sentados en una silla, ella, abrazada a él, sonriendo de nuevo, ese calorcito extraño por dentro y, cuando volvieron a tomar más fotos del rostro, no se aguantó besando su mejilla en el momento de darle a disparar.

—Aaah, capullo, me pillaste desprevenida.

—Solo me hago pasar por tu novio, ¿lo hago bien verdad?

Cloe apartó un poco su rostro, sentía, que de alguna manera, sus orejitas estaban algo cálidas.

—Bueno, vamos a ver las fotos.

Y se entretuvieron mirando cuáles eran las mejores.

La verdad es que todas quedaron estupendamente y, a la hora de subirlas, por unos momentos, ella se detuvo.

—¿Qué sucede?

—¿Estás seguro?

Ahora que lo pienso, si te ven conmigo, quizás te insulten.

Y él entonces, tomó el teléfono de sus manos para darle a publicar.

—¡Oye!

—Me da igual lo que me digan, con todo lo que tragué por parte de mi madre, ya todo se me hacen halagos.

Además, me sacaré también unas fotillos yo solo para que mi cuenta no esté vacía y dé el pego.

Cloe ya no sabía qué sentir, en verdad, Oskar era alguien muy agradable, pero, ¿podría volver a confiar en alguien?

¿De verdad él jamás la abandonaría?

Al final, el resto del día fue tranquilo, aunque sí estuvo nerviosa por las reacciones que la gente podría tener al ver a Oskar en las fotos, por alguna razón, no quería que vinieran a insultarle, le provocaría mucha rabia e impotencia ya que él no merecía nada malo.

Y por unos momentos, se quedó viendo las fotos, pensando, que se veía lindo, imaginando cómo podría verse si fuera humano, el cómo había sido su vida, si tuvo novias, pero, aún no se sentía preparada para tener una conversación así, no había la confianza ya que acababan de conocerse, aunque, eso sí, en solo dos días, se sentía bastante libre de ser ella misma frente a él, incluso dejó que la viera bailar y eso que hacía años que nadie la había visto en persona hacerlo.

Oskar, parecía tener muy buena personalidad, no entendía, por qué su hermano lo había transformado en un zombie.

Tenía tantas y tantas preguntas y con ellas, se fue a acostar, abrazando a su querido peluche, como hacía cada noche.

Oskar, mientras tanto, se lavaba la cara con un gel limpiador que Cloe le había dejado antes de irse a dormir.

De nuevo, allí en el espejo, su rostro de muerto.

Deseando volver a verse como en un pasado, aunque seguía siendo atractivo, no era lo mismo que tener un cuerpo vivo.

Levantándose esa camiseta, vio las costillas marcadas, más y más venas, aunque, la forma de su cuerpo estético seguía estando ahí, sus abdominales, la musculatura de sus brazos, obvio no tan notoria como antes, pero, cualquiera que le viera sin ropa, realmente pensaría que era un auténtico muerto viviente.

También se preguntaba, qué pensaba Cloe de su apariencia, tenía esos deseos, de mostrarse tal cual era antes de ser convertido, se podría decir, que en tan solo dos días, ella ya le gustaba.

Y no porque fuera completamente su tipo, siempre pensó, que estar con alguien solo por el físico era muy vacío.

Lo cierto era, que su esencia oculta, esa que vio cuando bailó, y en escasas ocasiones, eso que ella ocultaba, le pareció adictivo.

Quería descubrir más y más de su mundo.

Su yo real detrás del ego, detrás del yo terrenal que se había forjado para proteger a su alma.

Le recordaba tanto a su pasado, a su yo esos últimos años, cuando su madre y hermano aún estaban con vida.

Para pasar la noche entretenido, se puso a mirar las fotos que habían subido juntos, en los comentarios la gente decía de todo, él era alguien sensible desde pequeño, pero se volvió un tanto duro por sus malas experiencias con los tratos de su madre, por eso, el leer algunos comentarios malos, a pesar de molestarle, no le dejaron rayado.

—Aaarg, ¿este qué se cree?

¿Que soy un tirillas?

Jah si me vieras con mi aspecto real, además, estaré más delgado ahora, pero tengo la misma fuerza que en un pasado, soy un súper hombre.

Comentaba hablando bajito para no despertar a Cloe.

—Vaya, también hay algunas chicas que dicen que soy guapo, pero, no es un desperdicio estar con Cloe, ojalá la conociérais.

Oh, ya sé.

Y cautelosamente, se dirigió a su habitación, abriendo la puerta con cuidado, tomando su teléfono que estaba en la mesilla de noche, por suerte, este estaba encendido y no tenía ningún patrón de desbloqueo.

—A ver cómo era esto.

Pensaba buscando la aplicación de la cámara para después, tratar de encontrar el flash.

Se quedó viéndola por unos momentos, lo adorable que se veía dormida abrazada a su monito y ahí, le tomó una foto que por suerte, del resplandor intenso, no se despertó.

Después, se metió en su cuenta para subir esa foto y etiquetarla para regresar a la de ella como si nada hubiera pasado, marchándose de su cuarto para entretenerse ahora, viendo más cosas en internet y así, aprender más de todos los avances de esos últimos años, así como la música de la actualidad, esperando encontrar algo bueno que no fuera reggaeton ni trap vulgar.

También revisó los archivos que Cloe tenía guardados, tenía una carpeta de música con 6000 canciones que le gustaban y se las puso de fondo durante un rato largo.

Y ya, al amanecer fue a revisar desde el mismo ordenador el Instagram a ver los comentarios que habían dejado en la foto que tomó a escondidas.

La gente se preguntaba, que cómo es que su novio le había tomado esa foto, si ella vivía con sus padres, o si vivía con él.

Había algunos que comentaban que si ya se habían acostado, hasta decían, que no parecía ser tan malvada viéndola así dormir, abrazada a un peluche.

Le hubiera gustado, que hubiera mejores comentarios y se sintió un tanto decepcionado, aunque sí había alguno que otro agradable que dudaba de que ella hubiera hecho eso en el pasado, eso sí, esos comentarios eran la minoría así que, algo mosqueado, y tras haber respondido a algunos dejando claro que ella era un amor, trató de evadir esos pensamientos para ir preparando el desayuno.

Fue al rato, que escuchó un grito de furia diciendo su nombre, haciendo que se estremeciera mientras colocaba los tazones de Colacao en la mesa, parecía que un monstruo tipo Godzilla se aproximaba cada vez más y más por el pasillo, con grandes zancadas, hasta aparecer en la entrada de la cocina con el móvil en la mano.

—¡Oskar!, ¡Me sacaste esta foto sin mi permiso y encima la subiste!

¡¿Quieres morir pero de verdad?!

Oskar, tratando de mantener la calma, se acercó a ella para acariciar su cabecita.

—Tranquila, lo hice pensando que la gente podría ver así tu yo real, lo adorable que puedes llegar a ser, una chica buena con un gran corazón.

—¿Adorable?

Oskar, cómo me gustaría darte un ultra mega puñetazo en el vientre, pero, desperdiciaría mi fuerza porque no vas a sentir ningún dolor y no sabes cómo me cabrea eso.

Y Oskar se alejó un poco sabiendo que ella podría llegar a ser muy peligrosa, pero, segundos después, su expresión de furia, se acabó desvaneciendo.

—Por esta vez te perdono, pero porque lo hiciste con buena intención, además, no salgo con mi bocaza abierta, de hecho, hasta siento que me veo hermosa dormida ajajajajaja.

Reía ahora por todo lo alto, como si se sintiera toda una diva.

—Las tipejas que me critican con que salgo bien por el maquillaje ahora callarán sus bocas para siempre, con mi cara al natural y sobando me veo de lujo.

Oskar hizo el gesto de suspirar, a pesar de no poder tomar ni expulsar aire, ahora estaba más tranquilo viendo que ella se había calmado enseguida.

Pudieron desayunar tranquilamente aunque, al rato, Cloe tuvo que atender una llamada repentina y Oskar se quedó preocupado por la expresión que ella dejó ver al mirar la pantalla de su teléfono.

Más, porque salió de la cocina para que no pudiera escucharla hablar y a su regreso, ella se veía realmente seria.

—¿Quién te llamó para que estés así ahora?

Te veo como muy decaída.

Le preguntó acercándose a ella queriendo tomar sus manos, cosa, que le sorprendió ya que se dejó.

—Oskar, mi estúpida madre vendrá hoy a verme para hablar.

Y sus ojos se dirigieron a los de aquel chico zombie.

—Tendrás que esconderte para que no te vea, aunque te maquillara, no creo que sirva de nada inventar una excusa para que se haga a una idea de quién eres y por qué estás aquí.

—Me meteré en el armario del cuarto de estar así que, no te preocupes.

Y ansiosa, esperó a que su madre llegara sentada en el sofá, la puerta, de pronto se cerró de golpe y rápidamente, Oskar se ocultó en el armario que por poco es descubierto ya que no había demasiado espacio.

—¿Qué haces ahí apoyada en el armario con esa cara?

Comentó su madre tras abrir la puerta del cuarto de estar.

—Nada jeje, es que había estado ordenando todo en la mañana y me pillaste terminando con el armario.

Su madre entonces, echó una mirada alrededor.

Ella, era una mujer hermosa y bien conservada, rubia, como su hija con su mismo color azul de ojos, aunque, era más delgada aún, sin tantas curvas como las que Cloe tenía.

—Menos mal que el piso se ve cuidado, ya sabes, vine para decirte que, nada más termines de graduarte, tu padre y yo te daremos tan solo un año más tras que pase tu cumpleaños, después, búscate la vida, un piso nuevo, de alquiler o lo que sea y un trabajo, nosotros, ya no nos vamos a hacer cargo de ti porque ya serás mayor, ¿entiendes?

Y tras sus palabras, tenía la intención de marcharse sin más pero, Cloe, la tomó de la manga de su elegante chaqueta antes de que lo hiciera.

—¿Por qué tan solo un año?

¿Ni siquiera me vais a extrañar?

Y su madre, ni tan siquiera se volteó a verla a los ojos.

—Nos decepcionaste de tal manera, que todos esos sentimientos se reprimieron al punto de olvidarlos.

No entiendo por qué, aún pasados los años, nunca fuiste sincera, ni siquiera, con tus propios padres.

Alguien así, no podría llevar nuestra empresa que tanto nos ha costado hacer crecer.

Cloe.

Y tras un silencio incómodo, se despidió.

—Tengo que marcharme, en una hora tengo una reunión y no puedo llegar tarde.

Menos mal que parece que todo te va bien después de todo.

Cloe, quiso dejarse caer en el suelo, pero, como una estatua, se quedó petrificada por el dolor mirando la puerta del cuarto abierta, sin poder gritar su dolor, sin poder deshacerse de esa impotencia.

Fue Oskar el que, tras meter mucho jaleo para tratar de salir de este estrecho armario, pudo rodearla por la espalda antes de que se dejara caer.

Logrando que sus lágrimas fueran libres al fin de resbalar por sus mejillas.

—Oskar, me duele mucho el pecho, me duele, me duele demasiado.

Sacó con tanto dolor, tomando los delgados brazos que la rodeaban con sus pequeñas manos.

—Lo sé, aaarg, tus padres, son, son tan horribles.

—Todo ese cariño de mi niñez, ¿nunca fue sincero su amor?

¿Valen más las apariencias que el amor por una hija?

¿Nunca vieron mi alma?

Soy su hija, y no confían en mí.

Abandonandome como a una mierda.

Y por un par de minutos, lloró siendo rodeada por Oskar, así, hasta que él la liberó, y con la manga de su camiseta, trató de secar su rostro.

—¿Te gustaría visitar mi mansión?

—¿Ahora?

Preguntó yendo a sus ojos.

—Es para que te despejes, podrías bailar allí ya que hay mucho espacio, grabaremos un vídeo bailando incluso.

Me gustaría, verte bailar una de mis canciones favoritas del último año, ya sabes, del último en el que estuve en un cuerpo vivo.

Cloe logró mostrar una pequeña sonrisa.

—Está bien, la verdad, me da curiosidad de ver tu mansión jeje.

Aunque, si vas a salir en un vídeo conmigo, primero tendré que maquillarte junm.

Ya más animada, se puso manos a la obra, después, ella también se arregló para salir bonita con ropa adecuada para bailar cómodamente, de paso, tomó una mochila para meter el ordenador que había estado cargando la batería, también, tomó un poco de agua y se hizo un sándwich para comer más tarde.

Por el camino, Oskar parecía muy emocionado por mostrarle el que fue su hogar, le contaba cómo fue en un pasado, los buenos momentos junto a su padre cuando regresaban del trabajo y, al fin, llegando a las afueras de la ciudad, un poco antes de llegar al instituto en donde Cloe estudiaba, desviándose por un camino un poco largo, allí vio esas viejas verjas y Oskar, sacó las llaves del bolsillo de sus pantalones, el jardín que había en la entrada, estaba asalvajado y este le pidió disculpas ya que no era bueno en jardinería.

Y al entrar, cruzando esas viejas puertas marrones, la casa, con algunos muebles que se habían dejado, ya estaban muy deteriorados, todo el lugar se notaba vacío, aunque no estaba sucio porque Oskar había limpiado de vez en cuando todos esos años, eso sí, se notaba que necesitaba unas buenas reformas.

Sala por sala, él le fue mostrando todo, así, hasta llegar a su habitación.

Había un viejo balón de baloncesto muy deteriorado en una esquina, la cama tapada por una gran sábana para mantenerla limpia del polvo, un escritorio y un armario con varios cajones al lado, sobre él, Cloe pudo ver un marco de fotos que se mantenía limpio, en él, pudo ver a un Oskar pequeño junto a su familia.

—Ellos, eran mis padres y hermano, y ese enano de ahí, soy yo con 7 años.

Aaarg, me hubiera gustado mantener mis fotos de más mayor, pero, de la rabia que sentí al verme tal cual me ves ahora, las quemé todas.

No quise, mirarme en un espejo por mucho tiempo.

Y la mano de Cloe, se posó en el brazo de este que parecía sentirse decaído.

—¿Te sientes mal?

—Tranquila, anda, bajemos al gran salón, hay mucho espacio para que puedas bailar.

Ella ya no dijo nada y cuando estuvieron allá, Cloe buscó el mejor ángulo para colocar el trípode con el móvil, no quería que le diera todo el resplandor de las ventanas o estar a contraluz.

Después, sacó el ordenador abriendo Youtube para preguntarle a Oskar por la canción.

—Right Between the Eyes de Wax, un temazo de los buenos, el temazo que amé tanto ese último año.

—Vale, déjame que lo escuche una primera vez, quiero saber cómo debería improvisar mis pasos de baile junmm.

Y la música al poco, sonó por todo el lugar.

Era una vieja canción con buen ritmo, una melodía atrapante que se sentía llena de vida.

Con un estilo new wave según Oskar le iba contando, algo de sintetizador y pop rock de la época, una mezcla adictiva.

—Bien, jeje, creo que ya tengo pillada la chispa, ya verás, solo dale a grabar y después, que comience la música.

Cloe, en mitad de esa habitación casi vacía, recuerdos del pasado para Oskar, muchos dolorosos, otros, llenos de calidez y, esa canción que tanto le gustaba, esa melodía que parecía comenzar a abrazar a esa bella joven.

Improvisando unos pasos de baile más modernos, de nuevo, fundiéndose con la música.

Todo lo bueno que una vez sintió en su corazón, regresaba de golpe con tan solo mirarla bailar.

La luz fría de un día algo nublado que iluminaba todo el lugar, ella podía llenar de colores todo lo que le rodeaba, a cada paso, a cada movimiento, esa canción de un amor que apareció de repente en tu vida, tan inesperado y tan puro, como un rayo que se cruzó de pronto ante tus ojos.

Oskar, ya no pudo aguantarse más, levantándose del viejo sofá para ir a ella, bailando a su alrededor a su manera, bastante diferente, aunque no se le daba nada mal, hasta dio una pirueta sorprendiendo a Cloe que aun así, no dejó de bailar, más emocionada que nunca, era la primera vez que se sentía en un baile para dos.

Tantas veces que había bailado acompañada, cuando era más joven, los bailes de navidad, antes de aquel horrible suceso, pero, jamás se había divertido así bailando con alguien más.

Siempre, como si bailara sola, danzaba como si no hubiera nadie más que sintiera la música como ella la sentía.

Y, ahora, era la primera vez que sentía que bailaba junto a alguien, Oskar, también podía sentir la música del mismo modo, aunque con pasos diferentes, que, siempre sabía en donde aparecer para estar complementados.

Así, hasta que esa canción llegó a su fin y Cloe, pudo terminar su danza.

Nerviosa y tomando el aire necesario para reponerse, corrió hasta el móvil para detener la grabación.

Su corazón latía a tal velocidad, que pensó que podría hasta dar botes en el suelo.

—Uff, esto ha estado buenísimo, no digas que no Cloe.

Decía él demasiado emocionado.

—Jah, pero te metiste en mi baile, eso nadie lo había hecho, me hiciste cambiar completamente lo que tenía en mente para adaptarme a tu bailecillo.

—Oye, pero no se me da nada mal bailar, siempre fui bueno haciendo piruetas ajajaa.

Veeenga, no te enfades, yo creo que nos salió bien.

Cloe dejó ver una ligera sonrisa, una sonrisa, que en verdad se sentía sincera.

—Está bien, te perdono por entrometerte en mi baile, aaah, voy a beber un poco de agua y a descansar, uff, esta vez me quedé algo agotada.

Y tras echarse un buen trago, se sentó sobre ese sofá alargado que se encontraba, igual que todos los muebles, tapado por una sábana.

Mientras el vídeo se subía a su Instagram, ya no se aguantó más esa pregunta que le estaba rondando intensamente en esos momentos.

—Oskar, tú, pareces ser alguien un tanto efusivo y de buen carácter, no entiendo, qué pasó con tu vida.

Yo, no quería preguntarte, no quería hacerte recordar cosas dolorosas.

No hace falta que respondas si no quieres.

Oskar, se sentó a su lado, aunque, no demasiado pegado a ella, quedándose en el otro extremo del sofá, con una pierna apoyada sobre la otra. No pensó que fuera a soltarle todo su pasado así de pronto, pero, sí lo hizo y ella le escuchó con atención.

—Desde niño, fui el revoltoso de la familia, no me gustaba la vida llena de reglas que mi madre trataba de meternos a mi hermano mayor y a mí.

Mi padre, ah, él era tan genial, siempre que llegaba del trabajo, sentíamos que era nuestra liberación.

Él, me animaba en todo, me escuchaba, mis tontas historias del crío que era por aquel entonces, siempre, sonriendo, orgulloso de mí, pero.

Y por unos momentos se quedó en silencio, colocándose ahora con sus piernas un tanto separadas, apoyando sus brazos en ellas y encorvándose.

—Pero, esa horrible enfermedad, se lo llevó, me lo arrebató de mi vida.

Mi hermano, que me sacaba 4 años, siempre estaba conmigo, aliviando mi dolor, animándome a sonreír nuevamente.

El hermano al que siempre iba a refugiarme cuando mi madre me hablaba rudamente, ese hermano que dejaba sus estudios para jugar conmigo, o hasta para explicarme alguna cosa que no entendiera.

Mi madre, ahora tomó poco a poco el control, como si lo hubiera convertido en su marioneta, una marioneta sin alma.

Ignorándome cada día más y más con la misma excusa de siempre.

Tal cual mi madre le había metido en la cabeza.

—Debo llevar la empresa de papá Oskar, ya no puedo seguir jugando como en un pasado, debo prepararme y ser un hombre de provecho.

—Y cuando trataba de liberarlo, harto de verlo hasta la madrugada frente al escritorio de mi padre estudiando, lleno de ojeras por dormir poco, con unos ojos tan vacío, zas.

Y dio una palmada a su rodilla.

—Mi madre aparecía para llevarme a rastras a mi habitación, gritándome que dejara de destrozar el futuro de Clark.

—Sigue con tu jodida vida miserable, Oskar, tú no naciste para esta familia, no tienes lo que hay que tener, te tuve a la fuerza porque a tu padre se le encaprichó tener más hijos, no eres nada para mí.

—Y, mi hermano, ya, no estaba allí, no me buscaba tras días y días tan solo, tan sumamente solo, no regresaba como en los viejos años a rodearme con sus brazos, a darme su calor, el jodido afecto que necesitaba.

Ya, no me quería.

Estoy seguro, que hasta, me acabó por odiar, más, por mi comportamiento tras el accidente que tuvo esa mujer llamada madre en el cual falleció.

Me iba con mujeres, bebía y siempre andaba de fiesta con los colegas que tenía del instituto.

Aunque había dejado los estudios, siempre quedábamos para armar una buena por ahí, fueron varias veces las que tuvo que ir a comisaría a por mí.

Por suerte, nunca estuve encerrado en prisión, aunque, la verdadera prisión, siempre fue, la vida que me me dio mi madre.

Y, bueno, esa es mi historia.

Dijo para finalizar, yendo a los ojos de Cloe, como si pudiera echarse a llorar pero sabiendo, que no podría hacerlo.

—Mi hermano, también murió, y, aquí me ves, quizás, nací para estar rodeado de muerte, toda mi familia muerta y yo, siento un muerto andante.

Ahora, ya no se sentía digno para verla nuevamente, ni siquiera esperó que ella pudiera darle unas palabras de aliento pero, se equivocó.

De pronto, su frío cuerpo, fue envuelto en los brazos de aquella joven.

—Oskar, lo siento, lo siento mucho, no quise, hacerte recordar tantas cosas feas.

Pero él tomó su rostro con sus manos, sus ojos hasta estaban llorosos llevándose una sorpresa más.

Tan dura que parecía, realmente, todo era una coraza, como la que él formó esos viejos años, ella, también tenía un corazón demasiado sensible.

—Ey, no me llores, anda, perdóname tú a mí por haberte puesto tan triste.

Ains, lo sabía, sabía que eras alguien tan sensible como yo.

—Aaah mierda, me has descubierto.

Y apartó su rostro para que él no la siguiera viendo.

—No pienses que soy débil por haberme puesto a llorar, es que, para no ponerme así con todo lo que pasaste, no soy tan fría como dicen.

Pero no esperó, que él tomaría su pequeña barbilla para que sus ojos volvieran a encontrarse.

—No lo pienso.

Los corazones más sensibles, son los que aparentan ser más fríos exteriormente, eso, para protegerse a causa de todas las emociones intensas que siempre están viviendo.

Por unos momentos, se quedó en silencio viendo sus curiosos ojos verdes, pero del vuelco que dio su corazón, tuvo que bajar la cara porque sintió que se había puesto demasiado roja.

—Calla, qué cosas dices, junm, hablas como si me conocieras de toda la vida y ni siquiera llevamos una semana juntos.

—Eso es, porque nuestros corazones parecen en conexión, por eso, he podido ver a través de ti en tan solo unos pocos días.

Cloe ya no pudo más y se tiró al sofá para tapar su cara lo más que pudo de la vergüenza.

—Maldito, seguro eso lo estás diciendo para seducirme, bien has dicho que te ibas con mujeres, seguro eras un picaflor.

No vas a conseguir nada conmigo, incluso compraré unos ajos y los llevaré siempre encima solo para repelerte.

Oskar ya no pudo más echándose una carcajada.

—Aajajja, ya te dije que eso son pamplinas, y para vampiros, soy un zombie, además, dudo que hasta a un vampiro eso le haga daño, anda anda, saca la cara del sofá o te quedarán marcas.

Y enseguida ella se incorporó para dejarle ver a Oskar todo su rostro rojo como nunca.

Él la miraba con una sonrisa de chulo y ella, se sentía más nerviosa que nunca y ya no sabía ni de qué hablarle, aunque, sí tenía mucha curiosidad por el tema de las relaciones que había tenido, por eso, cargando algo de valor a pesar de su vergüenza, le hizo esa pregunta ahora.

—Oye, no te pienses cosas raras, solo te haré esta pregunta por curiosidad ya que, ya te imaginarás que soy virgen y todo eso, jah, pero eso es porque detesto a los tíos guarros y no pienso dejar que ningún maromo se aproveche de mí.

Además, la virginidad es una gilipollez jajajaja.

Reía nerviosa y sintiéndose algo patética.

—A ver, qué quieres saber, ¿cuéntame?

—Bueno, ¿te has enamorado alguna vez de alguna de esas chicas con las que estuviste?

—De ninguna.

—¿Cómo?

Expresó ahora algo sorprendida.

—¿Y cómo demonios pudiste acostarte con ellas?, ¿era placentero y divertido?

Es que, yo sin sentimientos, es que me causa rechazo y como asco.

Oskar entonces, se acercó un poco más a ella haciendo que sus nervios ya se dispararan al máximo.

—Era muy vacío.

Al principio, era un adolescente hormonal que quería descubrir eso del sexo y ser rebelde para molestar a mi hermano y llamar su atención de alguna manera.

Tampoco te pienses que me tiré a media ciudad ajaja.

Reía él, para pasar a colocarse cómodamente, apoyando sus brazos tras su cabeza y cruzando de nuevo sus piernas.

—Pero, me estaba dejando llevar por la impotencia y quería ser todo lo que no quería realmente, todavía, ni yo mismo puedo entenderme.

No saqué nada positivo de aquello, era una lujuria banal, a la fuerza y siempre, sintiendo que no debía haberlo hecho.

Que cada día erraba más y más pero, ya no podía dar vuelta atrás.

Quizás, solo necesitaba encontrar afecto en alguien más y lo buscaba de esa manera.

Esas chicas, sí, siempre querían algo conmigo porque les parecía guapo, y yo, en pocos días, me daba cuenta de que no era lo que necesitaba, no duraba con ninguna más de una semana, no sentía calor porque, nunca quisieron rodear a mi alma con sus brazos, simplemente, rodeaban un cuerpo en ese momento, con deseo, sin nada más que darme.

Cloe, ahora le miraba, él, se había quedado fijo en la gran lámpara polvorienta que colgaba del techo pero, correspondió la mirada.

—¿Por qué querías saber eso? Acaso…

Y de manera invasiva, se acercó mucho a ella, acorralandola contra el sofá.

—¿Quieres que lo hagamos?

De nuevo, recibió una bofetada, esta vez, una de las más fuertes que hasta retumbó su oreja izquierda.

—Ni loca, no quiero, te dije, que no me dejaré de ningún maromo que solo quiera disfrutar de mi cuerpo.

—Ey, y si lo que yo quiero es algo más.

—Tonterías.

Y se levantó nerviosa para alejarse de él.

—A mí no me engañas Oskar, ahora sé que eres un guarrillo, lo sabía bien, jah, no dejaré que me tengas, y, te juro, que si tratas de seducirme, tomaré esa escoba de allí e irá a tu culo.

Le amenazó señalando una vieja escoba que había apoyada en la pared.

—Vale vale, tú te lo pierdes, las chicas con las que estuve siempre quedaron satisfechas.

—¡Nooo!, ¡¿y sigues?!

—Ajajaaj, es broma, tranquila, nunca te haré nada que no quieras.

Anda, cálmate, ¿ya va siendo hora de comer no?

—Bu, bueno.

Y algo temerosa se sentó a su lado, aunque él ya no dijo nada y tranquilamente, sacó su sándwich de la mochila para comérselo.

Esa tarde, Oskar ya estuvo más calmado, le contaba lo aburrido que fue pasarse más de 30 años en esa mansión oculto.

A veces salía por las calles tapado con el pasamontañas, veía cómo todo se modernizaba más y más.

Las gentes vistiendo diferentes ropas según pasaban los años, estilos que le gustaría haber usado 

A veces, escuchando alguna canción a todo volumen en algún coche que pasaba.

O, entrando en algún local nocturno en donde hubiera bebido en un pasado, siempre, tapado, oculto bajo sus ropas viejas.

Ya nadie se le acercaba, pensaban que era un vagabundo.

Caminaba por las calles comerciales viendo el cómo los escaparates iban cambiando según todo avanzaba.

Tiendas a las que iba de adolescente y de niño, ahora habían cerrado la mayoría, las que se mantenían abiertas, eran llevadas por otras personas.

En las noches, se paseaba por el parque al que su padre le llevaba los domingos, ahora estaba lleno de drogadictos, o jóvenes tomando.

Le daba curiosidad probar de esas bebidas energéticas que ahora tanto se consumían y que no había en sus tiempos.

Todos los jóvenes siempre tenían alguna lata, que si Monster, Red Bull, eneryeti o hasta burn.

Se conocía ya las diferentes marcas.

Y de regreso a casa, fue Cloe la que le habló más de ella, su amor por la danza desde bien pequeña, siempre que sonaba música, le daban ganas de bailar y se imaginaba creando bailes hermosos, o escenas para historias que jamás escribiría.

También le habló de su abuelita, ella fue viuda desde bien joven, por eso no conoció a su abuelo, y sus abuelos maternos vivían en Alemania, por eso su madre era rubia y muy pálida, Cloe había heredado bastante de su aspecto, aunque tenía una figura más curvilínea aún estando delgada también.

Su padre era de un cabello castaño claro y ojos más grandes y caídos, así pues, Cloe tenía una mirada tierna gracias a él.

Aunque con un toque más chispeante, no tan sumamente caídos como los de él.

Y como sus padres eran de una estatura bastante buena, ella había salido algo alta, midiendo un metro 68, aunque Oskar era bastante más alto que ella, según le contaba, llegaba al metro 85 y con chulería, le presumía lo atractivo que fue antes de convertirse.

Esa noche, ella le estuvo enseñando a hacer algo de cena, porque, hasta freír unos huevos se le daba mal.

Él escuchaba atento a sus explicaciones y aprendía rápido, además, que había mirado ya bastantes recetas en Youtube de cocina.

Ese fin de semana al final fue tranquilo y agradable, incluso Cloe, pudo desconectar de Instagram olvidándose por completo de ese vídeo bailando juntos.

Ambos, ya se sentían con plena confianza viviendo bajo el mismo techo, aunque Cloe, a veces se ponía nerviosa con alguno de sus comentarios y sacaba su lado rudo, o hasta sentía que quería ponerse roja.

Más porque sin saber por qué, a veces se le iba la vista al cómo le quedaban los pantalones que le había comprado.

No dejaba de preguntarse el cómo sería ese cuerpo que tanto presumía haber tenido.

Aunque ahora, tampoco le había visto desnudo, solo la forma de sus piernas y algo el torso ya que las camisetas y sudaderas que le había comprado no podían quedarle ajustadas.

También recordaba la conversación que tuvo ese sábado con él, Oskar ya tenía experiencia en eso del sexo, ella no tenía ni idea, nunca le había interesado como a los jóvenes de su edad, pero, ahora, a veces miraba a Oskar sin que se diera cuenta y pensaba cosas tales como.

—Somos un chico y una chica solos en una misma casa, él, bueno, aaaay, ¿por qué pienso que es guapo?

Si es un zombie, pero, ¿será verdad que puede hacer eso aun así?

El otro día, puede que no estuviera bromeando, si puede sentir el tacto, quizás también pueda hacer eso.

¡Aaaaah!

¿Qué cosas ando pensando?

Ah, cálmate Cloe, solo son las hormonas, tengo 17 años y soy virgen, él, aún siendo un zombie, es guapo y agradable conmigo.

Me cae bien, no como los imbéciles del instituto.

Y de pronto, sus ojos conectaron y ella sintió que le daría un vuelco al corazón.

—¿Te sucede algo?

Creo que llevas un rato echándome el ojo.

—No me pasa nada.

Respondió volteando su rostro para tomar su teléfono y fingir ver algo en él.

—No me mientas, ¿qué sucede?

¿Comienzas a enamorarte de mí?

Cloe quiso gritarle y darle un golpe, pero de alguna manera se contuvo, lo peor fue, que él se había acercado demasiado a ella, con su rostro tan cerca del suyo, si se sonrojaba demasiado, no podría ocultarlo.

—¿No dices nada?

Acaso, ¿hay algo que no puedas decirme?

Ella al fin explotó.

—¡Aaah maldita sea!

No te tomes esas confianzas, solo, es solo.

Y soltó aquella barbaridad porque ya no sabía cómo evadir su pregunta, con lo que, sintió que ya la había liado pero bien.

—Oskar, yo, yo, recordaba cuando te di el rodillazo ahí.

No pienses cosas raras o te mato, pero, como andas siempre de chulo con que esto y lo otro y hasta proponiéndome hacer cosas, por eso, me preguntaba si es verdad que eso te sirve.

¡No pienses lo que no es o te juro que el trípode del móvil irá por tu agujero de atrás!

Es por eso de que no sentiste dolor, quizás solo juegas conmigo y no puedes hacerme nada realmente.

Tras soltarlo todo, segura de estar rojísima, sin poder llevar sus ojos a los de él, pensando que le respondería con alguna broma, Oskar, acarició su cabecita como las otras veces.

—Así que, tenías esa curiosidad ajajja.

Ains, no te preocupes, te responderé.

Es algo extraño, no me duele ahí aunque me golpee, pero, puedo sentir excitación si pienso, en, ya sabes, y, por probar, cuando estaba viviendo solo, descubriendo cómo funcionaba mi nuevo cuerpo muerto, pues, lo hice.

—¿Que hiciste qué?

Pudo al fin corresponder la mirada.

—Ajaaja, ¿qué crees que iba a hacer?

Tocarme.

Cloe ya no pudo más, tapándose los ojos con sus manos, avergonzada como nunca.

—Aaay, entonces, ¿sí te funciona?

Seguía preguntando aún con todos los apuros.

—Sí, pero, no sale nada al final, solo llego y ya.

Por eso, si un día, quieres probar conmigo, no podría dejarte embarazada.

Cloe pareció estallar como un volcán en erupción, pero esta vez, sí le dio un empujón echándole contra el sofá que por suerte, no se cayó por el lado.

—¡Guarro!, ¡Ni loca pienso comprobar eso!

Solo tenía esa curiosidad, ¡te pasaste!

No vuelvas a proponerme el que me acueste contigo porque no va a pasar.

Y rápido tomó su móvil nuevamente tratando de calmarse así.

—Voy a revisar mi insta, que no me he metido desde ayer.

Y vaya el susto que se dio al ver la de notificaciones que tenía de su último vídeo, hasta le pidió a Oskar que echara un ojo de la impresión, se había viralizado tanto, que hasta había resubidas en Youtube y tenía miles de reproducciones.

Ni siquiera quiso leer los comentarios pero Oskar sí lo hizo desde el ordenador.

Había muchos positivos opacando a los que la conocían de su instituto y la gente que esparció el rumor de que era una asesina.

—Aaah, ¿qué voy a hacer?

Mira que siempre tengo muchas visitas, y odio también, pero, así, tanto de golpe, no sé cómo lidiar con ello.

Oskar, tomó de pronto sus manitas con las suyas tan frías, ya que, ella se encontraba tan nerviosa, que hasta había comenzado a sudar.

—¿Por qué no tratas de ignorar esto y descansar un poco?

Puedo ser tu moderador en la noche, borraré y bloquearé a todos los piltrafas, y si quieres, también les puedo asustar con unos berridos de zombie.

Y a Cloe se le escapó una risilla.

—Bueno, pero, también han llegado a tu cuenta Oskar, y oye, ¿ya tan pronto has aprendido todo eso de las redes sociales?

—Seré un viejo de los años ochentas, pero con un espíritu juvenil que se adapta a todo lo nuevo, además que me atrae mucho.

Anda.

Y tomó su pequeña barbilla como la otra vez, pero no con la intención de besarla.

—Date una ducha y vete a acostar, me quedaré borrando y bloqueando a todos los mindundis que vea.

—Gracias.

Dijo al fin, y se levantó para poder darse esa ducha y así, acostarse de una vez.

Aunque al principio pensó un rato sobre lo sucedido con su vídeo, su mente después se llenó de Oskar, esa conversación picante que habían tenido, de alguna manera, le resultaba deseable tener eso en mente, pero, él no debía descubrir aquello, no podía dejar que supiera, que de alguna manera, estaba comenzando a sentir cosas por él, no sabía si era simplemente gustar, o si era algo más, porque, hasta fantaseó con escenas de ambos, llegando a ese momento íntimo, cosa que la dejó demasiado loca y tuvo que ponerse un alto.

—Aaah, ya deja de pensar en ese picaflor de Oskar, es solo porque es guapo, y porque es bueno conmigo, las hormonas y esas tonterías, ya se me pasará uuurg.

Y trató de una vez por todas, evadirle de sus pensamientos.

En la noche, Oskar se pasó haciendo limpieza en el Instagram de Cloe.

Fue algo sumamente tardado pero quería hacerlo sí o sí, por suerte, había también muchos elogios, hasta había personas que ya dudaban de que ella realmente hubiera hecho algo tan horrible.

Y él, aprovechó para subir a su propia cuenta, una de las fotos descartadas que no había subido la otra vez.

En esa foto, se notaba algo más que sus ojos no estaban tan vivos, pero sacó valor, aunque con algo de temor por las críticas hacia su aspecto, a pesar de mostrarse fuerte y hasta algo chulo, el haber perdido su aspecto real, le molestaba bastante.

Era algo que a menudo tenía en sus pensamientos como un complejo y quiso sincerarse en esa publicación que haría.

—Conocí a Cloe no hace mucho, la primera vez que me vio, se llevó una impresión.

Digamos, que llevo largos años enfermo, y por eso, no me veo de la manera en la que me gustaría, eso, me ha hecho sentir muy decaído, pero, a pesar de no verme tan atractivo como antes, ella, me hace sentir bien.

Me ha ayudado a sentirme mucho mejor conmigo mismo.

Escribía él, recordando cuando le dio el maquillaje y cuando le compró la ropa de su gusto.

Hasta le había comprado calzoncillos y calcetines ese día.

—Escuchó mi historia así como yo escuché la suya, muchas injusticias que vivimos y ambos, nos dimos el apoyo que necesitábamos.

Tras esa máscara que había creado, me dejó ver su fragilidad, mientras que yo estaba expuesto todo el tiempo, ella me rodeó con sus brazos para protegerme.

Y de nuevo, sus pensamientos se llenaron de ese sábado, en su vieja mansión, cuando le contó su historia y ella dejó ver su yo real.

En verdad, se quedó por largo rato pensando en ese abrazo, de alguna manera, lo necesitaba aún más, pero, debía terminar de escribir.

—Me gusta mucho ser su novio, quiero adentrarme en su mundo más y más, quiero sacar todo su auténtico yo para sentirme cada vez más vivo.

Oye Cloe, no sabes cómo pones mi mente, tarde o temprano vas a rendirte, ¿qué te crees?

¿Que no me doy cuenta el cómo te derrites?

Ahora soy fresquito cuando tomo tus manos, pero va a llegar un momento en el que mi fuego vuelva a correr por mis venas y te voy a hacer sudar con tan solo un abrazo.

Y ya, habiendo sacado todo aquello, le dio a publicar.

Después, sin poder sacarla de su mente, se fue hasta su habitación.

Allí estaba de nuevo, abrazada a ese monito, iluminada por la luna y las luces nocturnas de la ciudad.

Por largos momentos, de tanto mirarla, se quedó atrapado en pensamientos subidos de tono que ni siquiera se reprimió.

—¿Cómo sería, hacerlo con ella?

Me siento tan diferente a su lado, puedo ser todo lo tonto que quiero y es que, hasta cuando se enfada, me gusta.

Creo, que eso del amor puede sentirse de esta manera.

Nunca, se había parado a pensar en esos sentimientos porque nunca habían llegado a él.

Cuando estuvo con esas chicas esos años, solo buscaba calor de cualquier manera y no encontró nada.

Siempre, sintiéndose tan vacío, estar a la fuerza con ellas, era algo que no soportaba más de una semana, era demasiado sincero con su corazón y fingir no se le daba bien.

Y los deseos calientes, de nuevo, rondándole sin descanso.

La curiosidad de poder experimentar eso con Cloe, hasta apartó unos cabellos de su rostro, le parecía tan hermosa.

La primera vez que la vio, sabía que era bonita, pero no le prestó atención a su apariencia, ni siquiera era el momento, y, tan solo ese primer día bajo el mismo techo, es que, se dio cuenta que no eran tan solo su apariencia lo que le parecía tan sumamente atrayente, a pesar de tener de pronto, el aspecto más perfecto y hecho para su deleite.

Su alma podía emitir algún tipo de ondas, que le estaban atrayendo más y más, como si se reconocieran, como si fuera su hogar cualquier lugar si ella estaba al lado.

¿Estarían hechos el uno para el otro?

¿Qué habría en el corazón de esa joven?

Ahora, con esas preguntas en su mente, regresó al ordenador, no podía pasarse toda la noche viéndola, o le entraría aún más deseo por ella.

Y esa mañana, cuando al fin despertó, enseguida tomó su teléfono con mucha preocupación, tenía el temor de leer los comentarios y fue así, como se topó con la publicación de Oskar.

Su corazón se sintió tibio, mientras leía sus palabras, hasta pudo experimentar eso llamado felicidad, y tenía tantas ganas de encontrarle en la cocina, preparando el desayuno, daba igual que aún no fuera un buen cocinero, eso le daba lo mismo, aunque, al llegar a la parte final, quiso darle una colleja de las gordas, eso sí, con su corazón un tanto alborotado, acabando por sonreír como una tonta, levantándose después para vestirse con su uniforme y, cuando apareció en la cocina, él le dio los buenos días muy animado.

Después, le sirvió unas tortitas que había aprendido a hacer esa noche.

Cloe trató de no decir nada sobre esa publicación, le daba hasta apuro, aunque, sí le dio la enhorabuena por el resultado de las tortitas ya que no habían quedado tan mal.

Esa mañana, en el instituto, como siempre, estaban las miradas, no entendía, por qué siempre tenía que estar en el punto de mira solo por rumores absurdos.

Ya habían pasado demasiados años.

—¿Será que admiran mi belleza aún con todo eso?

Pensaba Cloe tratando de no quedarse viendo a nadie de los que la miraban.

Aún siendo una marginada, siempre iba arreglada, su largo cabello cuidado, con alguna pinza bonita o peinado de alguna forma estética, rímel en sus pestañas y algo de color sutil en sus labios, según ella, no necesitaba mucho más.

Llegada la hora del recreo, se fue a la cafetería a tomar algo.

Como Oskar había hecho tortitas de más para practicar, decidió llevárselas de almuerzo ya que él no podría comérselas.

Aún estando frías, no quería desperdiciar comida y además, él se había esforzado en hacerlas.

—¿Por qué se preocupa así por mí?

Después de todo, le he obligado con amenazas a cocinarme pero, parece hacerlo con gusto.

Se preguntaba comiéndose una de ellas, para su gusto, necesitaban algo más de azúcar, pero para ser la primera vez que las hacía, tendría que haberle felicitado más, aunque le daba todavía cierto apuro sacar su lado tierno y afectivo, eran demasiados años bajo esa fría coraza, solo su abuelita había visto lo mejor de ella, además, si sacaba toda su dulzura con Oskar, quizás podría descubrir que tenía sentimientos por él y eso debía ocultarlo por ahora.

Era demasiado orgullosa como para ser descubierta.

Yordi, que estaba allí junto a unos profesores, se percató de que Cloe estaba en una mesa cercana, y tras tomar su café, se acercó a ella con la intención de decirle alguna cosa.

—Perdón, ¿puedo sentarme un momento aquí?

—Claro señor director.

—¿Eras Cloe verdad?

Aaaah, recuerdo cuando fui tu profesor hace 5 años.

Por cierto, si no recuerdo mal, también bailabas muy bonito, recuerdo las presentaciones de navidad de años anteriores, pero, hace mucho que no te veo participar.

Hablaba él de una manera animada.

—Bueno, ya sabrá los rumores absurdos que hay sobre mí, por eso dejé de participar.

Y Yordi, tras dar un sorbo a su café, se limpió los labios con una servilleta.

—Oye, no dejes que eso te supere y sí, lo puedo recordar, aunque nunca pensé que tú tuvieras que ver en ese horrible incidente.

Por unos momentos, Cloe correspondió su mirada.

—Vaya, eres de los pocos que no piensa eso.

Ups jeje.

Y tapó su boca avergonzada.

—Perdón por tratarle con tan poco respeto, ahora es nuestro director.

—No no, si me puedes tutear, ajaja, la verdad es que aún no me acostumbro a tantas formalidades.

Rio un poco avergonzado también.

—Y disculpa si de pronto me senté aquí de la nada, es que, como ya sabrás, soy un total fanático de la danza.

Por eso, me anima mucho cuando veo que hay pasión por el baile y vosotros hacéis presentaciones bonitas para navidad o fin de año.

Fíjate si soy fan de la danza, que hasta me grabé el programa de fama a bailar cuando era joven ajajaaj, no me lo quería perder.

Seguía contando él con mucha confianza, aquel hombre, siempre se había llevado bien con todos los alumnos que había tenido, se sentía muy jovial a pesar de ser ya un señor maduro con la responsabilidad de llevar un centro educativo, hasta Cloe se sentía en calma hablando con él ahora.

—¿De verdad? Jo, recuerdo que lo amaba de muy niña, aunque, hablando de lo de la presentación, no me siento capaz de participar, no me siento cómoda con mis compañeros.

Expresó con confianza y Yordi, con decisión, tras acabarse su café, posó una de sus manos en la de Cloe.

—Escucha, que no te importe nada de lo que digan o puedan pensar, si amas bailar, deberías hacerlo.

Una persona que me importaba demasiado, amaba bailar también y, ella, me dio las fuerzas que necesitaba para decidir ser profesor a pesar de mis tenores y, mírame, ahora hasta soy el director jeje.

No te rindas ¿vale?

Y tras mirar su reloj, se levantó apresuradamente tomando la taza vacía.

—Ya debo regresar a lo mío, Cloe, piensa en lo que te he dicho, hasta luego.

Por largo rato, ella pensó y pensó, pero, todavía, le faltaba ese impulso para armarse de valor y unirse al grupo, no quería tener que tratar con caras largas y malas miradas, por eso, al llegar a casa, Oskar se dio cuenta de que estaba muy metida en sus pensamientos y trató de sacarle de ellos.

—¿Qué pasó?, ¿o te han molestado por el vídeo, o es que mi comida hoy salió asquerosa?

—No Oskar, si sabe bien, y para mi sorpresa, nadie ha venido a molestarme pero, uff.

Es que, tengo algo en mente que no me deja tranquila.

—Anda venga, cuéntame.

Y Cloe al final pudo desahogarse por completo, en verdad, deseaba tanto volver a mostrar sus bailes, no solo en Instagram, también que la gente la viera en vivo, pero, estaba esa incomodidad de estar entre la gente, sus horribles compañeros de clase.

—Junm, me anima saber que el director está de tu parte, y pienso que tiene razón.

Quiero que seas igual de libre que como eres en tus vídeos, me encantaría que lo hicieras.

Qué los den a todos, hazlo olvidando que están ahí, hazlo para ser feliz.

Le decía tomando sus manitas, Oskar parecía muy animado pidiéndole aquello tan fijo en sus ojos y ese, ese fue el impulso que le faltaba.

—Está bien jeje, pues lo haré, mañana mismo iré a decirle a la tonta de Lira que me uniré.

—Así me gusta, y cómo me dijiste hace unos días, cágate en ellos, si te molestan, solo demuestran lo mediocres que son.

Cloe pudo sonreír y tras comer, estuvo estudiando un poco para un examen que tenía al día siguiente.

Oskar, al principio, se puso juguetón, quería que se sacaran fotos juntos, pero ella bien seria le dijo que esta vez no podría, así que, se quedó rondando a su alrededor mirándola todo el tiempo.

Al final, llegada la noche, mientras cenaba allí, en el escritorio de su habitación, ya se sentía demasiado cansada de tanto estudiar, hasta le había dado sueño y Oskar, que entró para recoger el plato, se dio cuenta de ello al verla cerrar sus ojos por unos momentos como si fuera dormirse allí sentada.

—Anda, descansa ya, llevas muchas horas estudiando.

Y esta,se puso en pie tras cerrar su cuaderno y el libro, dando un gran bostezo.

—Junmm, tienes razón, me lavaré los dientes y me acostaré.

Mientras se lavaba mis dientes, medio atontada, se miraba en el espejo, hoy sentía, que había tenido pocos momentos con Oskar al estar estudiando, y aun así él, había estado atento a ella todo el tiempo.

Sentía una gran necesidad de cariño, de alguna manera, hoy quería atención y calidez, y a pesar de sentir ese apuro de pedirle algo así, le gustaría que, de alguna manera, él pudiera saberlo.

Por eso, tras ponerse el camisón en el baño, y justo antes de entrar en su habitación, dio un leve suspiro nerviosa, tras abrir la puerta, allí seguía él esperándola.

Se acercó un poco a él y fingió medio dormirse del cansancio para que Oskar, enseguida la tomara antes de caer al suelo.

—¿Estás bien?

Y para sus adentros se echó una risilla traviesa.

—Junm Oskar, en verdad me siento tan cansada.

Oskar entonces, no lo dudó más y la tomó repentinamente en sus brazos cosa que a Cloe le sorprendió, él tenía mucha fuerza, y aunque ella era una chica delgada, tampoco era un palillo pues la sostenía sin ningún problema para así, tumbarla en su cama y después entregarle su peluche del monito.

Pero, tenía la intención de marcharse sin más, por eso, lleva no debía desperdiciar esa oportunidad y le tomó de su camiseta.

—¿Qué sucede?

—Oskar, es que, a pesar de estar muy cansada, tengo muchos nervios por lo que haré mañana, ya sabes, lo de unirme al grupo.

Podrías, bueno.

Y sin mirarle a los ojos, trataba de pedirle aquello.

—¿Qué te gustaría?, dime.

—Ejeje, es que, quizás me sienta más tranquila si pasas la noche aquí conmigo, hasta te dejo tumbarte a mi lado, eso para agradecerte por hacerme la comida y la cena, pero ojo.

Y se incorporó poniendo su puño de una manera un tanto amenazante.

—No se te ocurra pensar algo pervertido o meterme mano que te la cargas, solo, quiero compañía, es eso.

—Ajaja, está bien, ya lo pillo, anda, me tumbaré contigo, y tranquila, no voy a hacerte nada picante.

Cloe volvió a tumbarse, dándole la espalda ahora y él, tras apagar la luz, se colocó tras ella, que ansiosa, esperaba que sí la rodeara un poco, y cuando lo hizo, ya pensó que estaba en el cielo, aunque él no fuera cálido estando en ese cuerpo, le daba igual.

No podía sentir su respiración tan pegado a ella, ansiaba saber cómo sería la sensación de tenerlo siendo como fue en un pasado.

Y aún con un cuerpo muerto, sin poder escucharle tomar el aire en calma, sabiendo que no podría quedarse dormido a su lado, tenerle tan cerca, tenía deseos de dirigir su mano a la suya y entrelazar sus dedos, descubrir esa sensación llamada amor.

Los impulsos que la dominaban, queriendo hacerlo sí o sí, al final, apretando mucho sus ojitos, lo acabó haciendo.

—Qué mano más fría Oskar, es que, quería saber si tu cuerpo podría calentarse si por un rato está junto al mío, bueno ajajajaj, si solo tomo tu mano a ver si esta se templa un poco.

No te imagines lo que no es que solo es curiosidad.

Oskar no respondió, en cambio, se pegó aún más a ella haciendo que su corazón latiera a lo bestia.

La manita de Cloe, ahora estaba sobre la de él que había separado un poco sus dedos para que ella entrelazara los suyos terminando por apresarlos.

Ya no podía escapar.

Esa mano fría, esa mano que tan loca la estaba volviendo.

Pensó que ya no podría dormirse por el alboroto que había en su pecho y en su barriga, como si miles de mariposas estuvieran revoloteando de arriba abajo queriendo escapar por cada una de sus venas, pero, del cansancio, se acabó durmiendo al cuarto de hora.

Oskar se dio cuenta que ella estaba en sueños al sentir que su manita tomaba la suya más ligeramente.

No pudo despegarse de ella en toda la noche y cuando ella, se acabó moviendo dormida y sus manos se liberaron, ese calor que había sentido en su interior la otra vez, ahora, parecía que su mano también se había calentado, pero, al mirarla, seguía siendo su mano de zombie, más delgada y llena de venas, eso sí, al sentirla aún cálida, pudo esbozar una sonrisa de felicidad, aunque nunca sentía calor ni frío, es como si su alma mostrara un aumento de temperatura en esa parte de su cuerpo.

Fue a la hora, que ella finalmente despertó encontrándose cara a cara con Oskar, de moverse dormida ahora estaba frente a él.

Nerviosa, viendo su rostro tan de cerca, se incorporó de golpe.

—Aah jeje, tengo que ir a ducharme, hale, ponte a hacer la cena, digo, el desayuno, ah, y un momento.

Y con apuro, tomó su mano.

—Jo, está fría, vaya, sí que cuesta calentar tu cuerpo, solo perdí el tiempo, bueno, solo espero que no hayas pensado cosas que no debías mientras dormía.

—Quizás las pensé.

Y Cloe le miró incrédula, pero enseguida le dio con toda la almohada en la cara.

—Aaarg, lo sabía, esta será la última vez que te deje dormir conmigo, bueno, venga, a lo que hay que hacer.

Oskar sonreía por aquello, y aunque su mano nuevamente estaba fría, el saber que ella estaba nerviosa por haberle tenido tan cerca, eso le daba una extraña satisfacción, aunque ella fingiera hacerse la dura, ya no podía seguir ocultándose tras su coraza de rudeza porque él, ya había descubierto su auténtico ser.

El desayuno estuvo tranquilo a pesar de que ella no dejó de pensar de todo y más, no solo en esa noche junto a él, también en lo que hoy haría.

Y, justo antes de salir del piso, él la detuvo.

—¿Qué sucede?

Y besó su frente inesperadamente.

—Os, Oskar.

¡¿Qué acabas de hacer?!

Y le dio unas palmadas en el pecho, aunque, para nada de forma brusca.

—Es para que no pienses en lo que te tiene tan nerviosa y que ahora, solo me tengas a mí en tu mente.

Anda, ten una buena mañana en el instituto.

Cloe ya no podía ocultar su rostro rojísimo, por eso, tuvo que bajar la cabeza para voltearse y salir de allí cerrando la puerta en sus narices.

—Aaaah, qué maldito, se toma ya demasiadas confianzas, uug, pero, me gusta, me gusta tanto que lo haga.

Pensaba mientras corría hacia el autobús, sintiendo todo el aire fresco de la mañana en su rostro.

Gracias a eso, estuvo con su mente toda llena de él hasta llegar a su clase, allí, estaba Lira con sus amigas y, tras respirar profundamente, sintiendo que podría ponerse a sudar, a pesar de siempre dar la imagen de ser fuerte y decidida, se plantó en su mesa y todas las chicas se la quedaron mirando.

—¿Qué quieres Cloe?

Preguntó su vieja amiga.

—Quiero unirme al grupo de baile.

Las caras de todas fueron de una sorpresa considerable, Lira ni siquiera esperó que ella lo hiciera y se puso en pie, como si la desafiara estando ahora a su altura, aunque ella un par de centímetros más bajita que Cloe.

—¿Y por qué de tan de pronto?

Ya tenemos organizado el baile y la posición de cada uno.

—Porque de verdad quiero hacerlo, además, eso puede arreglarse enseguida, una buena coreógrafa, sabe solucionar eso en nada de tiempo, ¿no eres la líder del grupo?

Entonces podrás hacerlo.

Lira pareció molesta pero, no podía echarse atrás y dejarse ver vulnerable, más, sabiendo que Cloe era la mejor bailarina de todo el instituto.

—Está bien, puedes unirte, pero debes integrarte a la coreografía lo antes posible, además, ensayamos en las tardes a las 5 en el aula de educación física, vas a tener que venir al instituto para ello y no llegar tarde.

—Vendré sí o sí, de eso no debes preocuparte.

Y nadie allí pudo decir nada más.

El resto del día ya estuvo más tranquilo para Cloe, lo que más le preocupaba ahora ya había pasado y el examen lo hizo bastante bien.

Al llegar a casa, Oskar le dio la enhorabuena por haber conseguido unirse al grupo y le propuso algo que había estado pensando toda la mañana.

—Voy a acompañarte esta tarde, supongo que no pasará nada por tener un espectador.

Es para que tu primer día sea más tranquilo si estoy presente.

—Me parece una buena idea, aunque, tendremos que maquillarte, e irás con las prendas más amplias que te compré, no debemos dejar que descubran que eres un zombie.

—No te preocupes, nadie lo descubrirá.

Y al fin llegó esa tarde, el maquillaje quedó perfecto tapando absolutamente todas las venas y moretones, aunque la ropa, sí era menos ajustada, más bien los pantalones, aun así se podía notar que era alguien muy delgado.

Cuando entró en el gimnasio, algunos alumnos estaban allí esperando a que todos pudieran llegar.

Lira ya estaba allí y al verla entrar con ese chico, no dudó en acercarse a ellos.

—¿Trajiste a tu novio?

—¿Pasa algo por ello?

Solo se quedará mirándome.

Y para sus adentros pensando.

—Ha estado pendiente de mis redes sociales aún sin ser amigas y fingiendo que no le importo nada.

—Bueno, está bien, mientras que no nos interrumpa, no hay problema.

Terminó diciendo, mirándole fijamente.

—Vaya, creo que lleva bastante maquillaje, se ve lindo, pero, un tanto extraño.

Pensaba para después, pasar a presentarse.

—Por cierto, mi nombre es Lira, encantada.

—Yo soy Oskar, lo mismo digo.

—¿Y qué edad tienes?

¿Parece que eres un poco más mayor que Cloe?

—Tengo más de cuaren, digo, 19 años ajajaj.

Y por poco se le escapa, Cloe por poco le da un pisotón pero sería demasiado cantoso hacer eso.

Lira se quedó con una extraña sensación pero al fin, el resto de alumnos llegaron y todos se reunieron para comenzar a practicar.

Lira parecía muy dura en su manera de liderar el grupo, cuando alguien se equivocaba repetidas veces hasta parecía perder la paciencia, y, viendo que Cloe se integró rápidamente sin problemas, hasta pareció molestarle también.

—Lira, no sé, siento que este paso es demasiado complicado realizarlo de esta manera, queda hasta raro.

Comentó una de las chicas.

—Pero es que no hay otra manera de poder hacer que los pasos vayan todos a tiempo, si lo hacemos diferente, el siguiente ya no tendrá sentido.

—Pero tía.

Añadió ahora uno de los chicos.

—Karina tiene razón, queda hasta muy forzado.

—¡A ver!, ¡¿y a quién se le ocurre cómo arreglar eso?!, no hay otra forma.

Cloe al fin se animó a decir lo que pensaba, sacando su lado fuerte y sin temores a pesar de la situación en la que se encontraba.

—Creo que, de esta manera, se podría arreglar perfectamente.

Y le pidió a esa chica llamada Karina, ponerse en su posición para explicarle fácilmente lo que se le había pasado por la mente, mientras que sustituía a ese chico haciendo otro paso que perfectamente lograba arreglar la situación y que, a todos, les pareció perfecto.

Lira sintió mucha rabia por dentro, ahora, no tenía más opción que cambiar ese paso por el que a Cloe se le había ocurrido, hasta sus amigas estaban a favor de ella.

—Está bien, se cambiará el paso por el que Cloe ha sugerido.

Pero no más cambios.

Y es que, al final, poco a poco, cuando algunos pasos no quedaban del todo y alguno terminaba por sugerir cambiarlos, Cloe siempre terminaba interviniendo arreglando todo, logrando crear pasos mucho más bonitos y sencillos cosa que, a Lira, le estaba poniendo de los nervios.

—Oye, ya está bien no, yo soy la líder, se supone que tengo que enseñaros a vosotros a cómo hacer la coreografía.

Cloe ya no se calló, no quería retraerse, ni reprimirse ahora que parecía que sus compañeros estaban más de su lado, quizás viendo, que ella, realmente, no era el monstruo que todos siempre habían pensado que era.

—Oye Lira, el trabajo de una líder, no es obligar a los demás a llegar a tu nivel, se trata, de saber guiar a cada uno, adaptarse y ayudarlos para que salga de la mejor manera.

No todos aquí tienen experiencia bailando y eso lo debes entender.

Tú y yo sí la tenemos porque bailamos desde hace años, pero, los demás nunca han dado ni tan siquiera clases en su vida.

Lira ya se quedó sin palabras para responder, incluso, las que eran sus amigas, le estaban dando la razón a Cloe y Oskar, se sentía orgulloso de escucharla hablar así.

Iba a terminar saltando por todo lo alto algo molesta pero, el director de pronto apareció en el aula.

—Yordi, qué haces aquí.

Preguntaba uno de los chicos con total confianza.

—Ay chicos, solo quería pasarme a ver qué tal se os estaba dando, me muero de la emoción por veros en fin de año.

—Si quieres, podemos mostrarte lo que llevamos practicado.

Dijo al fin Lira con emoción.

—Me parece perfecto, anda, mostradme un poco antes de que me vaya a casa.

Y este se sentó junto a Oskar para poder ver esa coreografía.

Lira, sentía la necesidad de ser reconocida, destacar y que el director pudiera verlo.

Y, mientras bailaba, recordaba su pasado, cuando ella y Cloe eran íntimas amigas.

Siempre, había sido una chica tímida y algo solitaria, Cloe, todo lo contrario, se llevaba bien con todo el mundo y, la ayudó a adentrarse en el grupo, a tal punto, que al final, se acabaron llevando mejor que bien, siendo íntimas.

Llegando, a admirarla, ella, tan perfecta, hermosa, de una familia pudiente, siempre sabía cómo arreglarse y, le enseñó todo eso y más, incluso a bailar.

Hasta recordaba, las veces que Marina se metía con ellas con su chulería, esa chica que rivalizaba con Cloe, a diferencia de esa joven, Marina, sí, era muy hermosa y también una bailarina muy buena, popular, pero, con una personalidad más engreída y no tenía ninguna íntima amiga, eso sí, todos la admiraban de igual manera que a Cloe por su belleza y carisma.

Cuando ellas dos estaban a solas, Cloe no dudaba en desahogarse hablando de Marina, por las veces que la molestaba, pues, siempre, acababan discutiendo entre ellas, esa rivalidad era más que notoria y el instituto entero estaba dividido, unos admiraban a Cloe y, el resto, a Marina, y siempre, esperando sus presentaciones de navidad, ¿quién bailaría mejor esta vez?

—Yo, siempre estaba en un segundo plano, y ahora que soy la líder, no quiero que eso se pierda, no quiero volver a estar por debajo.

Pensaba mientras bailaba, para, fijarse por unos instantes en el director, pensando que la miraría y, repentinamente, esa desagradable sorpresa, él, tenía sus ojos, fijamente puestos en Cloe, eso, hizo que se desconcentrara fallando ese último paso de baile haciéndose daño en el pie, con lo que, todos preocupados dejaron de bailar yendo a ella.

—Tía, ¿estás bien?

Preguntaba su amiga Gema.

—Sí, no pasa nada.

Dijo poniéndose en pie, sintiendo que su tobillo dolía bastante, fue Cloe la que se agachó para tratar de ver pero, ella molesta, apartó su pie.

—Oye, Lira, si te duele, será mejor que reposes para que no se ponga peor y ve a que te lo miren.

—¡Cállate Cloe!

Estoy bien, no voy a dejar mi puesto de líder si es lo que piensas.

—Eh, mis palabras no iban con esa intención si es lo que piensas.

Respondió algo mosqueada, pero, Oskar, al fin intervino porque también, se había dado cuenta de esa tensión por parte de Lira.

—Ey, creo que hoy lo habéis hecho genial, pienso que es mejor que todos descanséis, además, Lira, Cloe tiene razón, solo mira cómo te cuesta apoyar el pie.

Anda y descansa.

Lira no sabía qué respuesta darle, pero, todos los chicos, decidieron que era buena idea y hasta se animaron a comprar cosas en la cafetería, esta siempre estaba abierta hasta las 8 ya que había algunos cursos por la tarde, de cocina, por ejemplo.

Yordi, se acercó a Cloe ahora que habían dejado de bailar apoyando su mano en su hombro.

—Me alegra mucho que al final te hayas animado a bailar Cloe, además, lo hiciste muy bien.

—Ah jeje, gracias Yordi, lo cierto es que ya lo necesitaba sacar.

La verdad, si no me lo hubieras dicho, quizás no lo habría pensado tanto, menos mal que mi novio me dio ese impulso al final.

—Oye oye, ¿y de dónde es tu novio Cloe?

Ya hemos visto vuestro Instagram y es que mola mucho el vídeo ese donde salís bailando.

Se animó a preguntar otro de los chicos.

—Ah ajajaja.

Reía nerviosa, pero animada al ver que todos estaban siendo buenos con ella.

—Es de otra ciudad, el pobre tuvo una enfermedad algo chunga de la que no le gusta hablar, pero, ya le veis, ahora está mucho mejor que hasta puede bailar y todo.

Y Oskar animado, les mostró cómo hacía unas piruetas con lo que todos se quedaron sorprendidos.

—Jobar, quien diría que estuviste enfermo, sí que se te nota delgadito pero estás ya bien ágil.

—Sí ajaja, a ver si cojo algo de peso porque, por más que como es que no subo ni un gramo.

Mentía él un tanto nervioso por si se le notaba la mentira, pero después, varios compañeros de Cloe les animaron a bailar juntos como en el famoso vídeo de Instagram, al final no les quedó más remedio y Cloe, puso una de sus canciones favoritas para ello.

Ver a esos dos juntos era demasiado emocionante, su compenetración, su química, lo feliz que se veía Cloe, que, hasta ella misma se daba cuenta que ya no era la misma chica solitaria y triste de esos años atrás y sus compañeros, estaban descubriendo que ella no era como la habían pintado.

Yordi sonreía viéndolos pero se acabó marchando sin que nadie se diera cuenta al estar animando a esa pareja mientras bailaban ya, hasta de forma divertida, Lira, sentía tantos sentimientos oscuros allí, sentada en los bancos, tan cerca y tan lejos al mismo tiempo.

Ese chico, Oskar, le llamaba ciertamente la atención, esa apariencia, era llamativa y le causaba curiosidad, pero, enseguida salió de sus pensamientos cuando sus amigas se sentaron con ella trayéndole algunas cosas para comer.

Y las horas pasaron, toda la ciudad estaba cubierta por el manto de la noche y en mitad de una habitación oscura, un cajón era abierto, la luz de la luna iluminó las bellas piedritas que tenía ese colgante junto con una mariposa azulada que brillaba aún más y, esa mano que lo tomaba, lo llevó a su rostro en sombras, al contraluz de la luna, oliendo con una inmensa pasión aquello.

Después, frente a la pantalla de su ordenador, allí estaba ese vídeo viral de Cloe, reproduciéndose en bucle una y otra vez.

Esa noche, Cloe durmió más tranquilamente y muy animada al ver que sus compañeros fueron buenos con ella.

Por una vez, tenía la esperanza de que pudieran haber visto su yo real con tan solo esa tarde.

Dejando ver sus pensamientos, cuando les ayudó con la coreografía y, cuando animada bailó con Oskar.

Oskar, mientras tanto, se entretenía viendo los comentarios en el Instagram de Cloe.

Siempre aumentaba de seguidores, pero le gustaría que pudiera venir alguien con intenciones de amistad.

Y al día siguiente ella, de nuevo, se encontraba en soledad, allí, en esa cafetería, esperando a ser atendida, por muy bien que se lo hubieran pasado esa tarde anterior, después de todo, nadie iba a ella, nadie venía y le decía, oye, no te quedes sola, puedes venir con nosotros.

Cuando al fin le dieron un pequeño bocadillo que había pedido, decidió salir afuera para sentarse en las escaleras que había al lado, unas que llevaban al salón de actos.

—Aquí, es donde bailaré de nuevo.

Pensaba mientras masticaba es bocadillo, estaba tan metida en sus pensamientos, que fue una sorpresa el sentir que alguien le tapaba el sol.

—¿Yordi?

Dijo echando una mirada al frente, y éste, animado, se sentó a su lado, pero, con cierta incomodidad, tuvo que sacarse el móvil del bolsillo trasero dejándolo a un lado.

—Uff, debo recordarme que estos pantalones son muy incómodos, no me puedo ni sentar bien al meterte el teléfono en el bolsillo de atrás.

Aajajaja, a veces me siento esclavo de la moda por querer ir bien arreglado.

Cloe echó una pequeña risa.

—Te entiendo, a veces, lo que mejor nos queda es demasiado incómodo.

Y recordó a Oskar con esos pantalones en donde se le marcaba todo.

—Y bueno, debo agradecerte que el otro día me diera la idea para unirme al baile.

—Oh, no tienes porqué hacerlo, verás.

Cloe le miró y este, ya tenía sus ojos clavados en ella con gran decisión.

—Por mi amor por la danza, es que todo el mundo sabe que ver buenos bailarines me apasiona, por eso, el otro día me llegó uno de tus vídeos de Instagram.

Al verte, recordé tus viejos bailes de las presentaciones de hace años, miré la lista de alumnos que iban a participar esta vez y no estabas y me dije, está chica debe presentarse este fin de curso sí o sí.

—Así que, a ti también te llegó mi vídeo.

Expresó con cierto asombro, no pensó que hasta al director le hubiera llegado.

—Ajajaa sí, pero no te preocupes, el vídeo fue maravilloso, me encanta la primera parte, en donde muestras tu danza en solitario.

Aunque fue bonito el ver cómo te compenetrabas con tu novio después, era como ver a dos bailarinas en un mismo vídeo, y, a pesar de tener tu esencia en la segunda parte, la primera me impresionó demasiado.

—Vaya, gracias jeje.

Y para sus adentros, no dejaba de pensar que la parte en la que bailó con Oskar, en verdad, fue de lo mejor, se sintió tan sumamente libre por primera vez en mucho tiempo.

La mano de Yordi sobre su rodilla hizo que saliera de esos pensamientos.

—Ya debo regresar a mi despacho, debo hacer unas cosas, anda, espero que la presentación de este año sea maravillosa, yo sé que sí.

Hasta luego Cloe.

Y se marchó de allí dejándola sola de nuevo, terminándose al fin su bocadillo, muy metida en sus pensamientos, pero, al poco, se percató de que el director, se había olvidado de recoger su teléfono y lo tomó.

Por pura curiosidad, apretó al botón para activar la pantalla y vaya su sorpresa al ver lo que allí había como fondo de bloqueo.

Una fotografía, de una hermosa mujer, que no llegaría a los 30, y lo más sorprendente, sin duda, fue ver los rasgos que ella tenía en su rostro, que hasta Cloe se estremeció.

Tenía, exactamente, casi la misma cara que Marina, pero, en una versión adulta y con el cabello más lacio, pero, el color de ojos, era de un marrón similar así como el tomo del cabello, de un castaño tirando a claro.

—¿Qué es esto por dios?

¿Por qué esta mujer se parece tanto a Marina?

Y sin pensarlo más y con extraños pensamientos en mente, tomó su teléfono para sacarle una foto a la pantalla, de alguna manera, algo le olió muy mal.

La pantalla de bloqueo, no tenía ningún patrón ni nada, y de fondo, tenía otra foto más de esa mujer que también guardó.

—Aah puñetas, pero no puedo quedarme el teléfono sin más, se lo tengo que devolver.

Y aunque no quedaba casi nada para que el recreo acabara, se dirigió al despacho del director, que estaba en un edificio más pequeño al lado del grande, en donde estaban todos los cursos de secundaria y bachillerato.

Llamó a la puerta, y tras esperar por un, adelante, entró de una vez a pesar de que nadie había respondido.

Se quedó viendo todo el lugar, era un despacho normal y corriente, no había nada sospechoso a la vista, pero, del baño que había dentro, salió Yordi que parecía terminar de secar sus manos.

—¿Qué sucede Cloe?

—Bueno, te dejaste el teléfono, por eso estoy aquí.

—Vaya, ni me había dado cuenta.

Y se lo entregó un tanto nerviosa, al momento de tenderle su mano cerca para ello, este la sostuvo para evitar que se marchara.

—Supongo que viste las fotos que tengo de fondo, por eso has tardado un poco en regresármelo.

—Bueno, me di cuenta al rato que estaba el teléfono a un lado ya que estaba muy metida en mis pensamientos.

Respondió nerviosa, tratando de evadir aquello, pero, pensando que ya no podría salir de ese despacho, se equivocó, él, soltó su mano, y ella, ya estaba dispuesta a marcharse de allí.

—Ella era la mujer que más amé en mi vida.

Y aquella revelación hizo que abandonara la idea de marcharse, aunque quisiera hacerlo, pero, quizás escuchar de más podría buscar la respuesta a todas sus dudas.

—Era, una fantástica bailarina, aunque, por desgracia, ya no está en este mundo, la perdí hace 10 años.

Y, no he podido olvidarla, por eso, sigo viendo sus fotos aún, aunque haya dolor, también hay hermosos recuerdos.

Los ojos de aquel hombre se llenaron de lágrimas y aquella joven, hasta se sintió mal por sospechar de él.

—Lo siento mucho, de verdad.

Yo, bueno, perdí a mi abuelita hace pocos años, ella, fue la única que creyó en mí, la que me dio todo el afecto que mis padres ya no querían darme.

Hasta duermo con un peluche que ella me hizo.

Yordi mostró una pequeña sonrisa al escuchar aquello.

—Veo que ambos nos aferramos a objetos que nos recuerdan a esas personas especiales.

¿Sabes?

Cuando ella bailaba, me decía, que era al fin libre, como una mariposa, después, de haber escapado de su capullo, podía alzarse al cielo con sus alas.

—Eso suena muy bonito, me hace recordar a cosas que siento cuando bailo, un sentimiento de libertad inmenso.

Pero, aaayy, se hace tarde.

Exclamó al fin mirando la hora en su teléfono.

—Está bien, será mejor que vayas a clase, no me gustaría que te regañaran por mi culpa.

Cloe salió corriendo sin despedirse y Yordi se quedó allí en soledad, mirando la foto de aquella mujer, como perdido en sus recuerdos.

Las lágrimas volvían a escaparse de sus ojos pero ya no había nadie para escucharle.

Durante el resto del día, Cloe pensó y más pensó en aquello que había descubierto y Oskar, se dio cuenta de que estaba muy callada y pensativa.

—En qué piensas tanto, ¿en las prácticas de baile de hoy?

—No, eso no me tiene preocupada.

Oye, si muriera la mujer que más amas en el mundo y, de pronto, encuentras a alguien con su mismo aspecto, ¿qué harías?

—Buena pregunta, junmm.

Y por unos segundos se quedó pensativo, aunque enseguida, le dio esa respuesta.

—Al principio me acordaría de ella, pero, en nada de tiempo podría olvidarme de esa sensación porque, por mucho que alguien sea parecido a otra persona físicamente, el alma es diferente, el alma, es lo que importa.

Yo me enamoré del alma de esa chica, no del cuerpo que la recubre, por eso, no podría amar a alguien con su mismo aspecto porque, realmente es otra persona por dentro.

Cloe estaba sorprendida por aquella respuesta, en verdad, sentía lo mismo.

—Ey, si te enamoraste de mí siendo un zombie, cuando recupere mi cuerpo, te volverás aún más loca, vale que amas mi alma, pero mi apariencia es un plus.

—Será posible, ¿a qué viene eso de pronto?

Además, ¿quién dijo que yo esté enamorada de ti?

Oskar se echó una carcajada, aunque, por la rojez de las mejillas de Cloe, sabía que ella se había puesto nerviosa.

—Por cierto, ¿a qué vino esa pregunta que me hiciste?

—Nada, tonterías que pienso a veces.

Y no quiso decirle aún por esa duda que tenía, quizás, todo era coincidencias, ver a su director llorar, dejaba ver que era una buena persona.

No quería hablar mal de alguien sin saber la verdad, que nadie más viviera lo que ella tuvo que vivir por falsas acusaciones.

Esa tarde, nuevamente, Oskar la acompañó, ya se estaba acostumbrando a eso de usar maquillaje.

Verla bailar era tan adictivo, su manera de ser con el resto, pudiendo mostrar su luz sin miedo con alguien más que no fuera él.

Pero, Lira, siempre, parecía guardar oscuridad dentro, de eso también se daba cuenta él y hoy, no faltaron algunas pequeñas riñas.

—¡Te digo que este paso debe hacerse sí o sí!

Mira, no es tan difícil.

Expresaba con un tono algo rudo, y, justo al ir a realizarlo, tuvo que detenerse en seco, agachándose, sintiendo un fuerte dolor aún más agudo que había estado ocultando todo el tiempo.

Su amiga Gema se agachó para mirar su pie, y al subir un poco la pierna del pantalón, todos vieron su tobillo hinchado.

—Tía, esto está fatal, debe doler demasiado.

—¡No, puedo seguir bailando!

Pero al ir a ponerse nuevamente en pie ya no soportó ese dolor agachándose de nuevo.

Cloe al fin intervino más molesta que nunca.

—¡Tonta!, ¿cómo demonios ocultaste esto tan solo por tu orgullo?

¿Y si no puedes volver a bailar por una lesión mal curada?

Y Lira le echó una de las peores miradas.

—¿Siempre quieres llevar la razón?

Estar por encima de mí, eso es lo que te hace sentir bien, ver que ahora no puedo brillar.

Cloe no pudo aguantarse más dándole una bofetada, con unas ganas tan inmensas de llorar que trató de contener.

—Estás tan sumamente equivocada.

Todos esos años, mientras que yo deseaba que mi mejor amiga pudiera mostrar su luz y todo lo bueno que tenía al resto, tú solo me mirabas con odio.

Si vas a seguir estando de mal humor por mi presencia, entonces me iré, pero, mejor será que te mires el pie con un doctor antes de seguir bailando.

Oskar rápidamente fue tras ella para detenerla, pedirle que por favor no se fuera así, viendo que al fin, rompía en llanto nada más salir de allí, yendo a su pecho para pegarse a él con ganas, sin contenerse más, dejando de lado todos sus apuros, ahora solo necesitaba cariño.

—Cloe, no me llores, no me gusta verte así, aaarg, estoy tan molesto por lo sucedido.

Si quieres, puedo entrar ahora para hablar con esa Lira y solucionar las cosas.

—No, no lo hagas, ella misma debe reconocer su error, lo conoce, y no lo quiere admitir.

Decirle las cosas solo hará que se ponga de peor humor.

Quiero, volver a casa Oskar, no me siento bien.

Y así hicieron, y, aunque el camino fue largo hasta llegar, Oskar no le soltó la mano en ningún momento, quería que pudiera sentirle, que estaría allí para ella.

Deseaba decirle, las ganas que tenía de haberse metido para decirle sus cuatro cosas a Lira, pero, se tuvo que contener porque quizás hubiera empeorado todo más de lo mal que ya estaba.

Ya en casa, ella se sentó en el sofá y él, enseguida, fue a prepararle una infusión calentita.

Y, mientras ella la tomaba con una triste expresión, sin que él preguntara nada, acabó desahogándose.

—Recuerdo, cuando Lira llegó en cuarto de primaria.

Ella, estaba tan sola y yo, a pesar de llevarme bien con todos, enseguida quise hacerme su amiga y, congeniamos tan fácilmente.

Me sentía libre hablando con ella.

Era feliz enseñándole lo que me gustaba hacer, el cómo arreglarme el cabello, algo de maquillaje, bailar.

No sé, en qué momento comenzó a odiarme y yo, ni siquiera me di cuenta.

Y con una mirada cargada de dolof, gritó aquello.

—¡No lo entiendo Oskar!, yo, solo quería verla siempre feliz.

Sabía tantas cosas de ella.

Su padre alcohólico, siempre pegaba a su madre y, además, no les iba muy bien económicamente.

Y mis deseos, siempre iban para Lira, que todo pudiera mejorar en su vida.

Me sentí tan feliz cuando su padre recibió una orden de alejamiento y hubo calma en su vida.

Y las lágrimas se apoderaron nuevamente de ella, sacándose las chanclas para subir sus piernas al sofá y esconder su rostro en su rodillas.

—No entiendo por qué me echó la culpa de lo de aquel día, ¿por qué no me defendió?

Y, aun así, Oskar, soy demasiado tonta porque no la puedo odiar.

Aquel chico zombie, muerto en dolor al ver a Cloe sentir tantos horribles sentimientos, envolvió su cuerpo con sus fríos brazos.

—Hay personas, que no saben valorar las cosas buenas que le llegan a su vida porque, siempre van a dejarse dominar por la envidia.

Solo es eso, nunca hiciste nada malo, sólo darle de tu luz, usándola de la peor manera.

Cloe podía entender aquello tan bien, y al mismo tiempo, no podía comprender cómo se sentían esos sentimientos porque jamás los había tenido.

Y a los pocos minutos, cuando ya pudo calmarse nuevamente, Oskar tomó su rostro para secarlo con sus pulgares.

—¿Qué puedo hacer para que te sientas bien?

Pídeme lo que quieras que lo haré.

—Quiero verte sin ropa.

Acabó soltando.

La cara de Oskar era digna de ser retratada.

—Entonces, quieres que pasen cosas.

Cloe frunció el ceño posando su mano en su pecho para apartarle un poco.

—No quiero que pase eso, solo quiero saber cómo se ve tu cuerpo de zombie porque ya no me aguanto la curiosidad.

—Anda, me quitaré la ropa para que me veas.

Si así puedo hacerte sentir mejor, haré lo que sea.

Cloe se puso un tanto nerviosa pero, en esos momentos, de tanto dolor que había sentido, esos apuros de ser descubierta con sus sentimientos, se habían desvanecido bastante.

Ahora, estaba viendo el torso desnudo de aquel chico zombie, tan delgado, con las costillas marcadas pero, aun con todo eso y el aspecto de muerto, se veía un cuerpo estético y bonito, con una buena anatomía y todavía quedaba musculatura.

Con un cuello estilizado, unos hombros tan solo un poco anchos y su cuerpo se iba estrechando hasta llegar a las caderas que, ahora, dejaba ver el resto de su cuerpo con tan solo los calzoncillos.

Sus manos se dirigieron a sus pectorales, estos no estaban demasiado arriba como algunos hombres con musculatura que solían verse más toscos, Oskar, tenía un torso demasiado bonito con unas proporciones que le resultaban placenteras a sus ojos.

Su piel era tan fría, aunque, era suave y, la mano de aquel zombie, acabó por apresar la suya para ponerla sobre su corazón.

—Si mi cuerpo tuviera vida, ahora podrías escucharlo latir.

—Me gustaría escucharlo, ¿qué tan rápido latiría por mí?

—No podrías ni calcularlo.

Y se quedó clavada en sus ojos con los suyos sin ningún miedo.

—¿Por qué?

Acaso, ¿me amas?

La boca de Oskar se escapó para besarla, Cloe, no lo apartó esta vez.

—Creo que esto fue amor a primera vista porque me tienes loco.

Pudo confesarle tras ese beso, volviendo de nuevo a su boca después, dejándola vulnerable bajo su cuerpo, sintiendo, ese calor dentro de él, queriendo más y más, que ese calor pudiera invadirle completamente.

¿Ella, también le amaba?

Quería saber la respuesta que estaba seguro de conocer y que aún no le había dado.

Y, pensó que esa tarde al fin llegaría ese momento pero, ella acabó por posar nuevamente su mano en su pecho.

—¿Qué sucede?

—Oskar, yo…

Fue ahí que descubrió algo más abajo y pegó un pequeño grito tapándose la cara con sus manos.

—Aaaah Oskar, te pusiste todo. ¡Nooo!

¡Qué vergüenza!

—Oskar se apartó entendiendo que aún no había llegado ese momento, pero, con una pequeña sonrisa.

—Anda, me vestiré para que te calmes.

¿Ves?, te dije que eso sí me funcionaba, aunque, ni entiendo cómo, qué cosa más rara.

Y ya vestido, Cloe al fin pudo mirar de nuevo, el pobre Oskar se había tapado esa parte con la manta del brasero porque aún se le notaba del deseo que sentía por ella.

—Oskar, discúlpame por ponerte así.

Yo, es que, bueno, no me siento preparada, hasta me da un poco de miedo.

Quizás, solo estaría yendo demasiado pronto, es eso.

—No te preocupes.

Entiendo cómo te sientes, aunque.

Y sentado con algo de distancia, controlando todo lo que sentía y su excitación, le dijo con sinceridad todo lo que había en su corazón.

—Yo nunca pienso decepcionarte como las demás personas.

Aunque pasara ese momento, después, no me iré de tu lado.

Realmente, quiero estar contigo, ser tu novio, tu novio pero de verdad.

Cloe no respondió, dentro de su corazón, sabía que se había enamorado de él sin tan siquiera darse cuenta, así, de tan de pronto, en tan poco tiempo y, en verdad, le gustaría que eso sucediera, pero, ¿qué pasaría después?

Dejar expuestos sus sentimientos, Oskar, no era como las demás personas, él, no se iría después, ¿o sí?

Después de todo, antes de ser un zombie, fue un chico malo que no duraba menos de una semana con las chicas con las que estaba.

¿Y si no era sincero?, o, quizás, podría aburrirse se ella en poco tiempo.

—¡No quiero volver a ser abandonada!

Quiso gritar en mitad de la noche, en esa habitación.

—Quiero tanto, confiar en él, pero, todos, se acaban marchando de mi lado.

Hasta mi abuelita, bueno, ella falleció, pero, me quedé sola nuevamente después de eso.

Mis padres, no me han vuelto a hablar desde que vino mi madre el otro día, no, no me quieren.

Lira, siempre me odió, hasta Marina, que era mi rival, murió también.

¡Es como si estuviera maldita!

Terminó gritando en lo alto esa última frase y, Oskar, que estaba preocupado por ella tras su puerta, se asustó terminando por entrar, haciendo que ella se sorprendiera demasiado.

—Oskar, ¿estabas tras mi puerta?

—¿Cómo que estás maldita?, ¿a qué te refieres con eso?

¿No te estarás convirtiendo en zombie por mis besos?

—¿Qué?

No, no es eso tranquilo.

Y se quedó sentada en su cama y él, se sentó al lado.

—Entonces, ¿qué es?

—Oye Oskar.

Y le dijo aquello mirándole con decisión.

—¿Crees que nací con la maldición del abandono?

Todos, se acaban marchando, si no es que mueren, simplemente, se van.

Y ahora, se quedó viendo las mantas como ida, Oskar, tomó sus manos de una manera, que creyó sentir calidez a pesar de lo frío que era al tacto.

—¿Tienes miedo de que me vaya?

Ella le miró nuevamente. Sus ojos parecían querer humedecerse.

—No me voy a ir, yo, no abandonaría a alguien por el que mi corazón siente que debo mantenerme vivo, bueno, tú ya me entiendes.

Las lágrimas por fin cayeron.

—¿De verdad no te irás?

—Te lo juro Cloe, creo que me convertí en esto para conocerte, quizás, el tonto de mi hermano, sabía algo que yo no o a saber.

—Oskar.

Y se pegó a su pecho, pero, sin poder rodearle con sus brazos.

Más bien, como si se refugiara en él.

—Gracias por mantenerme con la esperanza de que no estaré sola nuevamente.

Y este acariciaba su cabello mientras.

—Yo, dejaré que pase ese momento, no todavía, pero, quizás pronto.

Y Oskar se sorprendió, pero prefirió seguir calmado mientras la acariciaba hasta que ella dejó de llegar.

De esa chica ruda que le trataba con cierto desprecio, había pasado a ser alguien completamente diferente, su verdadero yo, una joven vulnerable y sensible que había soportado demasiado dolor.

Había pensado que no podría abrirse con nadie tras convertirse en zombie, después de los desprecios de su madre y la pasividad de su hermano, pero, al conocerla, fue tan fácil sacar al Oskar real, incluso cuando ella aún se mostraba fría, jamás se había sentido así con nadie, ni siquiera, con las chicas con las que pasaba unos días, no podía sacar esa chispa, esa esencia tan pura, siempre, pensando que era un chico algo frío que no sabía mostrar las emociones.

Para nada era así.

—Cloe, contigo y, tan fácilmente, he sacado todo lo que era, lo que nadie era capaz de ver.

Eso era lo que habitaba en sus pensamientos mientras que ahora, la veía dormir.

Todos tenemos dos formas de ser, la forma del ego, es la que domina nuestro cuerpo terrenal, las vivencias y lo que nos influye nos hace ser de una manera contraria a la real, que es la del alma, lo que verdaderamente somos y lo que el recipiente que la recubre, debe proteger con el ego.

Esa mañana siguiente, ya en el instituto, Lira no estaba allí y Cloe no supo si sentirse o no aliviada pero, sus amigas y más chicos del grupo de baile, fueron a ella en cuanto la vieron entrar.

—¿Qué sucede?

Y Gema habló primero.

—Cloe, queremos que tú seas nuestra líder en el grupo de baile.

—Espera, y qué pasa con Lira, no está bien esto chicos.

A lo que Karina añadió.

—Ayer, cuando te marchaste, ella ya no pudo seguir bailando del dolor y mi madre la tuvo que llevar en el coche a urgencias porque se puso peor.

En fin, que luego por WhatsApp, nos dijo que ya no podría seguir bailando en el grupo porque tiene una lesión en los tendones.

Queríamos haberte avisado pero no tenemos tu número para meterte en nuestro grupo de WhatsApp.

Cloe ahora sí que se había quedado sin palabras.

—Pero, ¿por qué yo la líder?

No creo que a ella le haga gracia.

Karina siguió hablando.

—A nosotros nos gustaría, aunque, ella no dijo nada, supongo que ya nos dejó a nosotros decidir eso.

Cloe quiso suspirar, en el fondo, le gustaba la idea de ser la líder, por otro lado, ya no quería más problemas y que Lira la odiara más, aunque, vista la situación, no le quedaba más remedio, nadie en el grupo, tenía sus habilidades en cuanto a danza, por lo que aceptó y de paso, la unieron al grupo de WhatsApp, incluso le dijeron que no se quedara sola en los recreos y que se fuera con ellos.

Esa tarde, fue mucho más tranquila llevando ella las riendas, y todos, parecían estar animados, no había tensiones, ni riñas, Cloe, en verdad era una buena profesora de baile.

Pero, cuando terminaron, tras comprar algo en la cafetería para reponerse de tanto baile, uno de los chicos le hizo aquella pregunta mientras que esta bebía un zumo de naranja.

—Oye, Cloe, espero no te moleste nuestra pregunta, pero, siempre, quisimos saber qué pasó en un pasado, ¿por qué te trataron de culpable?

—Cloe se quedó un tanto perdida con esa pregunta, llenándose la mente, todos estaban muy atentos por una respuesta.

—Nosotros no creemos aquello, al principio sí creíamos en los rumores, no vamos a mentir pero, es que no parece que pudieras hacer algo tan horrible ahora que sabemos más de ti.

Terminó diciendo otra de las chicas.

Oskar estaba por intervenir, pensando que ella se pondría muy mal por aquello, pero, no fue así.

—Os contaré la historia.

Y, como días atrás hizo con Oskar, se descargó todo lo que llevaba dentro guardado, ni siquiera omitió la parte vergonzosa del baño.

Sus compañeros escucharon atentos, incluso le hicieron alguna pregunta y ella contestó sin problemas.

—Y bueno, eso fue todo.

—Dios, pero, no esperé que Lira te culpara sin saber nada.

Ella siempre nos dijo que te llevabas muy mal con Marina, que sí o sí debías tener la culpa.

Decía Gema, a lo que otro chico añadió.

—Pero no es raro que ella se fuera y de pronto apareciera cuando Cloe encontró a Marina muerta.

¿Y si fue ella?

Cloe no dudó en responder.

—No, puede que nunca me hubiera dado cuenta de su odio hacia mí, pero, de algo que estoy segura, es que jamás podría haber matado a alguien.

Ella no es mala, simplemente, nacieron esos sentimientos hacia mí inevitablemente, pero eso no la convierte en una asesina.

Nadie supo qué responder, hasta que una de sus amigas, Andrea, habló, era la que parecía ser más íntima amiga de Lira.

—Lira, en verdad no es mala, sí tiene a veces unos prontos raros y se enfada si no la toman en cuenta, pero, siempre se ha preocupado por mí, yo tampoco creo que ella haya sido la asesina, tiene que haber alguien más.

Héctor, el chico más rebelde, también dijo lo que pensaba.

—¿Nunca te habló de ese día?

—La verdad es que, una vez le pregunté y solo me dijo, que no sabía nada y que no le preguntara más, que no vio a nadie más ese día.

Aunque, sí pareció molestarse mucho con la pregunta, por eso, no insistí más aunque tenía curiosidad.

—Junmm, algo oculta.

Dijo de nuevo Héctor y todos se llenaron de preguntas por dentro.

Mientras tanto, en la casa de Lira, esta se encontraba sentada en el sofá de su pequeño salón, con el pie todo vendado y mirando el grupo de WhatsApp, no había más mensajes desde los de la noche anterior.

En su mente, no dejaba de pensar en que ahora, sí o sí, Cloe estaría al mando de todo.

Su madre, llegó al rato del trabajo y le entregó una bolsita con un croasan lleno de chocolate.

Ella lo tomó para dejarlo a un lado.

—Ains, ¿sigues decaída por lo del pie?

Hoy traté de salir una hora antes para estar contigo y animarte, vamos, alegra esa cara.

—Lo siento mamá, esto, me pone mal, es como si perdiera mi oportunidad de brillar, maldito pie de las narices.

Pero su madre acarició su rostro y pasó su largo cabello tras su oreja.

—Tú ya puedes brillar en muchas más cosas, eres bonita y sacas de las mejores notas siempre, tus profesores están muy contentos por eso.

Lira miró a un lado molesta.

—Bah, eso no sirve para nada.

—¿Cómo que no?

Ains, ¿quieres ver las pintas de tu madre a tu edad?

Sin duda, lo último que hacía era brillar.

—Bueno, está bien.

Y su madre fue a rebuscar en uno de los cajones del armario que había bajo la televisión para sacar un viejo anuario escolar.

Este tenía tapas duras de un tono ocre ya viejo y desgastado.

—Este fue de mi último año, ya verás cuando me veas.

Vaya al ver a su madre con pintas de pandillera, con el cabello salvaje y hasta piercings en las orejas, tan diferente a ahora, una mujer bonita que siempre vestía de oficina.

Desde que pudo alejarse de su ex marido, había rehecho su vida hasta encontrando un buen trabajo, por eso, aunque era algo cansado el estar todo el día fuera de casa, tenía un buen sueldo y podían mantenerse bien ella y su hija.

—Madre mía mamá, esto jamás me lo habías mostrado.

—Ajaja, me daba mucha vergüenza, además, me vestía así porque quería conquistar al chico más deseado de la escuela.

Y con su dedo, señaló a aquel joven que, enseguida, pudo reconocer quedándose atónita.

Ese era Oskar.

—Mamá, ¿quién es él?

—¿Guapo verdad?

Aaains, nunca logré salir con él, era el chico de una semana, las que habían tenido la suerte, no duraban ni eso con él.

Era un chico malo, pero, sé que, por dentro era bueno y que simplemente, no confiaba en nadie.

Aunque se llevaba bien con todos eso sí, pero, siempre sentí, que había mucha tristeza en su mirada.

Y esa mujer suspiró recordando viejos amores y buenos tiempos.

—Oskar, me pregunto, qué fue de él, ya, ese año, tras graduarme, no supe mucho más de él.

Y, el grupo con el que me juntaba, en donde él siempre estaba, un día de pronto, dejó de aparecer, como si se lo hubiera tragado la tierra.

Supongo que se tuvo que marchar ya que, la empresa de su familia se fue a la quiebra de pronto.

¿Me pregunto qué pasó realmente?

Tras contarle todo aquello que la dejó loca de la cabeza, fue a guardar el anuario, pero, antes de eso, le pidió que se detuviera, antes, quería tomar una foto de Oskar con su teléfono.

—Qué, ¿te ha gustado?

—Sí sí mamá, bueno, cosas mías, oye, podrías preparar cena para tres.

Quiero invitar a una amiga ahora.

Disculpa que no pueda hacerla hoy.

—No pasa nada cariño, debes descansar el pie.

Y de camino a casa, Cloe se sentía al fin algo más animada del día que hoy había tenido.

Al fin, al fin todo se iba aclarando y Oskar, se daba cuenta de todo con tan solo ver su rostro, era como un libro abierto para él.

—¿Estás contenta verdad?

—Lo estoy, jeje.

Y esa pequeña risa era lo que necesitaba escuchar.

—¿Sabías, que podrías ser una gran profesora de baile?

—¿De verdad piensas eso?

Y se volteó a verle, él, estaba sonriendo.

—Claro que lo pienso, lograste arreglar en un solo día esa coreografía logrando, que todos pudieran bailar sin problemas a pesar de no tener habilidades con el baile.

Quedó tan bonita.

—Bueno, me encantaría enseñar a bailar a otros.

Aunque, sería hermoso poder aparecer en alguna presentación, que todos me vean bailar, no hablo de la de fin de curso, hablo, de, después.

Y ya, de más mayor, tener mi escuelita de baile, cuando haya ganado el dinero suficiente de mis pretensiones, aunque, me da un poco de temor todo eso.

Y Oskar, la rodeó por el hombro con su brazo.

—Yo estaré siempre a tu lado para apoyarte, recuerda eso, te juro, que nunca me iré.

Iré a cada una de tus presentaciones, estaré apoyándote en los castings, siempre Cloe.

Porque, lo que más deseo es verte brillar y eso, tengo que verlo.

Cloe sintió su corazón arder y quería poder responder con algo lindo, ya, sin ocultarse más pero, su teléfono vibró y al abrir ese WhatsApp, se quedó completamente petrificada en mitad del camino.

—¿Qué sucede?

Y asomándose, vio en la pantalla su propia cara pero, con su antiguo aspecto.

—¡¿Qué demonios?!

Y tomó el teléfono de sus manos.

Lira le estaba pidiendo ir a su casa para hablar en esos momentos.

—¡Será posible!, ¡¿de dónde sacó esta foto mía de cuando tenía 17?!

—Oskar, yo también estoy flipando pero, lo mejor es que vayamos sí o sí a aclarar esto.

Como aún recordaba en donde estaba su casa, Cloe y Oskar montaron en un autobús que por suerte, no tardó demasiado en llegar para estar allí lo antes posible ya que vivía en una zona de la ciudad bastante alejada.

Al llamar al timbre, la madre de Lira se quedó a cuadros viendo a Oskar, pero no supo ni qué decir ya que, su hija, apareció tras ella cargada con sus muletas.

—Ya estáis aquí.

—Hija, no entiendo nada, este chico, es…

—Sí mamá, es tu antiguo amor.

Y esta se tapó la boca avergonzada.

Oskar pudo reconocerla a pesar del paso de los años y el cambio de look.

—Bu, bueno, pasad pasad.

Pero, yo, solo hice comida para 3.

—No importa, ¿él no puede comer verdad?

Dijo con cierta malicia mirando a ese chico zombie, recordando cuando estuvo ese día, tras bailar tanto con Cloe, ni comió ni bebió nada.

—Oye, ¿cómo sabes lo que soy?

Preguntó él bastante nervioso.

—¿Lo que eres?, no tengo ni idea, solo sé que no eres un humano normal.

—Ayyy, no entiendo nada, por qué Oskitar sigue joven, pero tan delgado ahora.

Total, que al final, acabaron todos sentados en el salón.

—Explica ahora qué es tu novio.

Le dijo a Cloe de forma amenazante.

—¿Acaso vas a propagar por ahí la verdad de Oskar?

Eso sería muy rastrero.

Además, para tu información, los del grupo ahora sospechan de ti y de ese día jah.

Respondió Cloe sin cortarse un pelo, proteger a Oskar era ahora lo más importante para ella, pero, para la sorpresa de todos, Lira pareció sentirse aterrada, queriendo evadir aquello.

—¡No menciones ese día!

¡Yo no vi nada!

—¿Ah sí?, ¿y por qué desapareciste cuando estaba en el baño y luego me encontré con Marina así?

La bofetada que Lira le dio nadie la esperó y hasta su madre, le tomó la mano para que no lo volviera a hacer.

—Hija, ¿qué está pasando?

No entiendo, por favor, explícate.

Me estoy asustando aún más.

—Acaso, ¿de verdad crees que yo sería capaz de matar a alguien solo por mis sentimientos hacia ti?

Aquello lo dijo con la cabeza gacha, sin alzar demasiado la voz, con una oscuridad muy inmensa.

—Nunca pensaré que tú lo hiciste porque, la Lira que conozco, no caería en algo así.

Esa respuesta, hizo que pudiera verla a los ojos sin temor.

—Por mucho que me odies, sé que no llegarías a ese extremo.

Ahora, tuvo que esquivar su mirada, se sentía, tan sumamente mal recordando todo lo ocurrido, pero, tuvo la valentía de decirle aquello, ahí, frente a su madre.

—Si me explicas lo de Oskar, yo, confesaré lo que pasó ese día.

Cloe miró a Oskar sin saber qué hacer, fue él mismo, el que acabó contando toda la verdad.

De una forma un tanto resumida, pero, revelando el porqué ahora era un zombie estancado en sus 19 años y, a la madre de Lira casi le da un ataque de tanta impresión.

Hasta tuvo que tomar el rostro de Oskar muy preocupada y aún, un poco dudosa.

—Entonces, debajo de ese maquillaje, se oculta tu verdadero aspecto, un, zombie.

—Así es Rous.

Respondió levantando su ropa, enseñándole todas las venas y piel amoratada de su torso.

—Dios mío, en verdad, me duele tanto saber la historia detrás, tantas dudas que tuve por tu desaparición repentina, tantas habladurías que hubo esos años por esa misma razón.

Hasta decían que habrías muerto en alguna pelea.

Y, fíjate lo que fue, lo perdiste todo y, para colmo, te tuviste que transformar en esto.

—No importa ya nada de eso.

Y tomando la mano de Cloe, se sinceró con la madre de esa joven.

—Porque ahora, estoy con Cloe y eso, me da vida.

He podido olvidar tanto el dolor que sentí por años y años.

Rous sonrió con unas pequeñas lágrimas en sus ojos, pero decidido, Oskar se dirigió a Lira.

—Ahora, di la verdad, porque, por tu culpa, todos acusaron a Cloe injustamente, incluso su propia familia la abandonó.

Lira se quedó fija en su pie, pero su madre, logró sacarle de su oscuridad al tomar su mano.

—Vamos Lira, confío en ti, dinos qué pasó.

Y madre e hija se miraron.

—Está bien.

Y mirando a cada uno, comenzó a contar la verdad de ese día.

—Habíamos llegado antes de tiempo y Cloe, aprovechó para ir al baño porque se llevaba aguantando un buen rato.

Cloe se puso un poco roja por aquello pero no dijo nada dejando que Lira siguiera contando la historia.

—En la distancia, me pareció escuchar un grito, eso, mientras esperaba a Cloe a que saliera del baño.

Por eso, con curiosidad, fui a mirar, escuché un grito nuevamente.

Después, un golpe, justo, en el aula en donde practicarían el baile Marian y Cloe.

Asustada, me oculté tras la pared y escuché como la puerta se abría con cuidado.

Mi corazón, estaba tan alterado pensando que podría pillarme, pero, al tratar de moverme un poco más, me choqué con un cubo de basura, cerré mis ojos tan aterrada, no quise ni mirar pero, en nada, fue cuando escuché la cadena del baño en la distancia y los pasos de esa persona correr para escapar, pude asomarme por unos momentos y vi a un hombre alto, estaba de espaldas todo el tiempo por lo que no me vio, pero, no supe quien era porque iba con una sudadera negra con capucha y pantalones anchos.

No podría saber quién era él, solo, que no era ningún chico de nuestros cursos, por su altura, debía ser un adulto.

—Hija, por dios.

¿Por qué ocultaste eso todo este tiempo?

Mira lo que pasó con tu amiga.

Lira no se contuvo sincerándose aún más y más.

—Yo, solo estaba aterrada, temía por mi vida, por eso, mentí.

Pensé, que hasta podría haberme visto cuando cerré mis ojos y quizás, me dejó con vida por haber culpado a otra persona.

No quería más problemas, mi madre, ya tenía bastante con mi maldito padre maltratador.

Me sentía saturada.

Ver a Lira llorar de la manera en la que ahora lo hacía, provocó que Cloe posará una de sus manos sobre esa que agarraba con fuerza la tela de su pantalón.

—No pasa nada, después de todo, esto solo sirvió para mostrar la verdadera cara de los que me rodean.

No te obligaré a que confieses, eso, debe nacer de ti, cuando te sientas preparada.

Ahora, cenemos tranquilas, trata de calmarte.

Oskar se quedó callado, saber de la bondad de Cloe, incluso con una de las personas que más le habían dañado, solo le producían más ganas de cuidarla y protegerla.

En verdad hubiera presionado a Lira para confesar pero, con la respuesta de Cloe, ahora tenía que detenerse.

Y durante la cena, él se quedó viéndola, sentado, sin poder comer nada, Rous, hasta trató de animar el ambiente recordando viejos tiempos cuando ella era joven y estaba enamorada de él.

—Oye, ya que es tarde y te hice de venir aquí, si quieres, te puedes quedar a dormir en mi habitación, como en los viejos tiempos.

Soltó Lira en mitad de la cena y nadie lo esperó.

—Gracias, la verdad, no me apetece ir en la noche para tomar el autobús, si es que llegó a tiempo.

Dijo de una forma un tanto seca, pero tampoco sonó borde.

—Oskar, puede quedarse en el sofá ya que no tenemos más habitaciones, solo la de mi madre y no creo que él quiera dormir con ella.

—Yo no necesito dormir siendo zombie, no os preocupéis.

Y Rous se quedó un tanto nerviosa, aunque ya no estaba enamorada, y aunque él estuviera con ese aspecto, a ella seguía pareciéndole atractivo y recordaba las sensaciones del pasado y lo feliz que era sintiendo el amor.

Tras terminar la cena, Cloe y Oskar ayudaron a recoger todo ya que Lira no podía con el pie así y después, decidieron quedarse los tres en la habitación de ella para hablar un poco antes de dormir.

—Me siento extraña teniéndote de nuevo en mi cuarto, hacía mucho tiempo desde que viniste por última vez.

—Me siento igual.

Y se quedó viendo la habitación de su vieja amiga, ahora tenía algunos peluches sobre la cama, decorados en las paredes de pegatinas y todo muy ordenado.

Mucho más que su cuarto, que a pesar de no ser un desastre, no estaba todo tan cuidado.

—Recuerdo la primera vez que vine, era tan diferente a cómo se ve ahora.

—Es cierto, no tenía nada de maquillaje, era la habitación de una niña que tarde o temprano crecería.

—No es solo eso, ahora puedo ver más de ti en ella.

Lira miró a un lado con una expresión no tan amigable, pero no se sentía del todo mal con Cloe ahí.

—Después de todo, tú me enseñaste a ser como quería.

Aprendí de ti todo lo que sé, creo que no soy nadie.

—No digas eso, no lo creo.

—Es así, ¿qué tengo propio?

Solo soy una buena estudiante que aprendió a sacarse partido por alguien más, no soy tan hermosa como tú ni tengo un don para la danza, solo soy inteligente.

En esos momentos, ya no podía mirarla directamente, comenzó a recordar sus negativos sentimientos, fue Cloe la que tomó sus manos para sacarla de allí.

—¿Qué tiene de malo ser inteligente?

Eres mucho más inteligente que yo, y eso que siempre estudio al día anterior para aprobar.

No soy capaz de estar atenta en las clases y no encuentro la motivación para aprender más, a mí solo me importa bailar.

—¿Crees que eso sea suficiente para ser alguien en esta vida?

Ni siquiera tengo sueños.

Dijo seria, desanimada.

—La sociedad nos impone buscar ser alguien, tener un futuro prometedor, no siempre se necesita eso, yo pienso que ya eres alguien, todos tus pensamientos, lo que deseas, cuando te miras en el espejo y te arreglas porque te gusta sentirte bien al verte con un mejor aspecto, tu cabello castaño con mechas rubias, tu manera de querer destacar, esforzándote aún con el pie lastimado.

Otras personas se hubieran rendido enseguida a pesar de todo lo que pasaste con tu padre.

Lira ya no supo cómo sentirse, hasta quería ponerse a llorar pero se contuvo.

—De seguro, has pensado muy mal de mí todo este tiempo, no mientas.

Terminó por soltar.

—Sí lo he hecho, porque me sentí traicionada, pero, nunca pude llegar a odiarte.

Lira no podía dejar de verla aún con esa revelación que ya esperaba.

—Siempre fuiste tan sincera, eso, me gusta de ti, no ocultas lo que piensas de los demás.

Pero Cloe, en esos momentos, se echó una pequeña risa.

—Creo, que sí estuve muchos años ocultando mis sentimientos con una coraza.

Oye, ¿mañana irás a clase?

—Iré, además, hay examen de matemáticas, no puedo pasármelo.

Y Cloe pegó un pequeño grito, todos allí se dieron cuenta de que se le había olvidado por completo y Lira pudo sonreír.

—Anda, estudiaremos juntas, como en los viejos tiempos.

Terminó diciendo, y ambas chicas, se pusieron a estudiar sobre la cama mientras que Oskar estaba atento a todo, ahora, permaneciendo en un segundo plano, sintiéndose feliz por ver a dos amigas de nuevo, juntas.

Estuvieron por una hora y después, Cloe ya no pudo más y le pidió ver ese anuario en donde Oskar estaba de adolescente.

—Aaah Oskar, qué feliz estoy de hacerme ya a una idea de cómo eras antes.

Tú estructura facial es perfecta.

—Te lo dije, estaba buenísimo.

Pero, oye, deja de mirar mi foto, ya me da hasta corte, me tienes aquí eh.

Y ella le miró con una sonrisa.

—Lo sé juju, pero quería ver cómo eras estando en un cuerpo vivo.

Y siguió mirándole por unos momentos más.

—Aaah, ahora ya no quiero lavarme la cara, me verás de nuevo ojeroso con cara de zombie.

Pero ella no respondió y siguió con la foto, Oskar, tenía una mandíbula algo marcada pero tirando a delgada, bonita, con unos ojos verdes llenos de vida, vibrantes.

Madre mía cuando pasó a la página de la foto grupal, su cuerpo, era realmente hermoso, estaba allí, en la primera fila, alto para los 17 años que ahí tenía, con un cuerpo marcado y trabajado, estético, estilizado, para nada de esos hombres cuadrados tipo armario.

—Oye, parece que te quedaste embobada viéndole.

Dijo Lira para tratar de sacarla de ese anuario que no dejaba de ver.

Oskar al final se lo tuvo que quitar porque comenzaba a sentirse un poco mal.

—Oye, ¿por qué lo hiciste jooo?

—Aah, ya no más ver mi cuerpito rico, anda Lira, guárdalo venga.

—En verdad, se nota que estáis enamorados.

Acabó soltando ella y Cloe, se puso más que colorada.

Después, llevó de regreso el anuario a su cajón.

Oskar no sabía qué decir en esos momentos, ella, parecía haberse puesto nerviosa y cuando Lira regresó, acabó diciendo aquello que se le había pasado por la mente desde hacía ya tiempo y que jamás se había atrevido a hacer.

—El Instagram de Marina, ¿seguirá abierto?

No lo he mirado desde lo ocurrido.

—Sigue abierto, ¿por qué eso de pronto?

Y sacó su teléfono para enseñarles las fotos que sacó de la novia de Yordi.

—¿Qué demonios?

Es igualita a Marina pero en versión adulta.

Exclamó aquella joven incrédula.

—Es la difunta novia de Yordi, por unas cosas y otras lo acabé descubriendo.

—Aah, vamos a su insta para comparar los rostros.

Y cuando vieron las viejas fotos de Marina, es que no se lo podían creer, estaban completamente anonadadas por el gran parecido y Cloe, hasta le contó que era igual bailarina, tuvo que explicarles a ambos el cómo descubrió y todo eso.

Oskar, al fin comprendió la pregunta que ella le había hecho antes y le hubiera gustado que ella se hubiera liberado con él en esos momentos.

—Joder, mirad.

Dijo Cloe de pronto al darse cuenta de un detalle en una foto donde se le veía el colgante su cuello, un bello colgante con una mariposa y algunas piedritas muy bonitas.

—Mirad.

Decía señalándolo.

—Ese es el famoso colgante que no se pudo encontrar, ¿verdad?

—Así es Lira.

Y fijándose en más fotos, se dieron cuenta que siempre lo llevaba y Cloe, ya no pudo más recordando las palabras del director.

—Estoy a punto de estallar chicos, Yordi, me dijo, que su novia muerta, siempre decía algo así.

Que se sentía como una mariposa bailando, volando libre tras liberarse de su capullo.

—Eso significa, que ese director es el asesino.

Terminó diciendo Oskar poniéndose en pie de golpe y tomando las manos de Cloe para hacer que se levantara también.

—Vamos, hay que ir a la policía y contar todo esto.

—Detente Oskar.

Lira, no sé si se siente bien, ya sabes.

—Pero, aaarg, jobar.

—Oskar, ¿qué sucedería si le investigan y no dan con el colgante ni nada?

Si realmente la vio ese día, podría atacarla, ya sabemos que ese puede matar si le da la gana.

Oskar miró a Lira que apartó la mirada algo apurada.

Sabía que no podía hacer nada ahí, y al final, decidieron que era mejor dormir para pensar las cosas más claramente en la mañana.

Aquel chico zombie no se podía quedar tranquilo sabiendo ahora quien era el verdadero asesino, quería limpiar la imagen de Cloe, pero, ella, se emperraba en proteger a la amiga que la falló tanto en un pasado.

—Aaah, ¡¿por qué eres tan buena Cloe?!

No seas tonta.

No dejaba de pensar y más pensar mirando por la ventana la luna, poco a poco se iba tapando por algunas nubes que había en el cielo nocturno.

Y cuando iba llegando el amanecer, ya no se contuvo más, lavándose toda la cara hasta quitar el maquillaje allí en el baño, entrando en la habitación de Lira para tomar un cuaderno y dejar una nota escrita, colocando el cuaderno abierto en mitad del suelo para que lo viera nada más despertar.

Después, salió de la casa para correr hasta el instituto, era una suerte que aún fuera viernes.

Recordaba del pasado, cuando estudió allí, en donde estaba el aparcamiento de los profesores y se quedó esperando, fue una suerte que llegaran uno a uno y muy pocos, al fin, ese director apareció en un Audi de buen aspecto cuidado.

—Qué bien, llegaste temprano, todo para mí, no hay nadie absolutamente que pueda verme.

Y con su rostro de muerto se le plantó delante, ambos eran de una altura similar y al verle con esa actitud amenazante, tomándole del cuello de su camisa para provocarle aún más terror, pareció hacerse algo el duro sonriendo con malicia cosa que a Oskar le molestó bastante empujándole contra el coche cosa que le provocó algo de dolor.

—Oye, métete en el coche ahora, me vas a llevar a tu casita y vamos a buscar juntos una cosa.

—Vale vale, si no lo hago, ¿qué harás?

Y le dio un rápido movimiento en el pecho que a Oskar, ni cosquillas le provocó.

—Soy un muerto en vida, no podrías acabar conmigo con un insignificante golpe, ni aunque me clavaras un puñal, en cambio, yo puedo destrozarte sin ningún problema.

Yordi pareció obedecer y se metió en ese coche mientras que Oskar se colaba pasando sobre él para que no escapara y así colocarse en el asiento de al lado.

Se pasaron en silencio todo el trayecto hasta llegar a un chalet en una zona bien acomodada de la ciudad.

Caminando tras de él, para evitar que escapara, le hizo de abrirle las puertas de su casa hasta quedarse parados en la entrada, cerrando Oskar después.

—Bien, ¿qué es eso que estás buscando?

Porque, no entiendo para qué amenazarme y traerme a la fuerza a mi casa.

—Quiero el colgante de Marian.

Vamos, tráemelo.

Exigió Oskar sacando un lado suyo realmente frío, recordando a su yo del pasado.

—¡¿Qué?!

Preguntó como incrédulo y volteándose para verle sin ningún temor y hasta con cierta confianza.

—Venga ya, Cloe está tratando de culparme porque mi novia fallecida se parecía a esa alumna.

Anda, seamos realistas, ¿se montó toda la historia por un simple parecido físico?

Y Oskar volvió a tomarle bruscamente de su camisa.

—No me vengas con tonterías, sabes bien lo que hiciste.

No trates de dejar a Cloe de la mala mal pensada cuando está más que claro.

—Vale vale.

Trató de calmarle con sus manos al frente.

—Puedes buscar por toda la casa, busca de arriba abajo todo lo que quieras, para que veas que no oculto nada, fíjate qué fácil lo tienes.

Y Oskar, así hizo, cajón por cajón, bajo alfombras, en los huecos detrás del bidé, buscando incluso baldosas sueltas sin ningún resultado.

La casa acabó patas abajo toda desordenada.

Ni en los armarios, ni entre la ropa, ni en botes de cacao o galletas.

Nada de nada.

Al final acabó harto, metiéndole las manos de malos modos en los bolsillos de sus pantalones.

No estaba en ningún lado.

—Te lo dije, y hasta puedes mirar en mi despacho del instituto, ya te digo que no podrás encontrar ese colgante.

Oskar cabreado, acabó por bajarle los pantalones y, ni siquiera oculto en sus calzoncillos o en los calcetines.

—Esto es demasiado vergonzoso, hasta dejé que me vieras mis partes, ya me estoy cabreando chico zombie.

Y Oskar, al alzar sus ojos, tras terminar de mirar en sus calcetines, se encontró con el teléfono de ese hombre, tomándole de improvisto una foto de su rostro real, dejando ver el zombie que era por primera vez ante la cámara.

—¿Qué demonios hiciste?

Dijo poniéndose a su altura.

—¿Me has tomado una foto?

Y Yordi trató de escapar mientras le daba rápidamente a publicar, logrando Oskar atraparle al fin tirando de su camisa desde atrás, pero, ya era demasiado tarde y aquel hombre malvado le miró con tanto desprecio y sintiéndose tan superior en esos momentos.

—La foto ya está publicada en mi Instagram.

Tengo muchos seguidores, hasta alumnos a los que les agrado.

Mis publicaciones tienen siempre más de 300 reacciones, pero, siendo el novio de la chica más conocida de mi instituto, se van a pasar esa foto por todos lados.

Oskar lleno de rabia, trató de quitarle ese teléfono todo loco mientras ese malvado hombre reía, acabando por tirar su teléfono al suelo.

—¿Lo quieres?, tómalo.

Y casi a punto de lograr tenerlo, de un gran pisotón, terminó por hacerlo crujir.

Al levantar el pie y tomarlo desesperado, aquel teléfono ya estaba inservible.

Sin poder aguantarse más, le golpeó en el rostro partiendo su labio al instante y haciéndole tambalearse un poco hacia atrás.

—¡Qué gran basura eres!

Acaso, no te preocupa lo que vayan a pensar por subir una foto de mi yo real a tu cuenta, ¿eres el director no?

—Puedo arreglar eso más tarde, quizás, eras un zombie que necesitaba comer cerebros y yo, acabé descubriéndolo todo, peleando por mi vida.

—Ser inmundo.

Y se lanzó nuevamente a él para golpearle sin descanso, aunque, este trató de defenderse, incluso, logrando tomar una pluma con tinta clavándosela en el pecho, manchando toda su ropa.

—No puedes herirme, te lo dije, mis heridas sanan al segundo y ni siquiera me causan dolor.

Ni siquiera, puedo fatigarme al pelear contigo.

Yordi comenzó a reír como nadie allí en mitad del salón, herido, entre todo el desorden que Oskar había dejado.

—¿Por qué te ríes?, podría matarte ahora.

—Ajaajaajaja.

Oskar fori blanco.

Dijo de la nada, ese, era el nombre completo de aquel joven.

—Un chico que no nació en esta época, y sí, te investigué por completo, yo, quería saber todo y más de tu hermosa novia.

—¡¿Por qué lo hiciste?!

Le gritó conteniéndose un nuevo golpe, debía saber más de ese mal hombre.

—Ella, tiene la esencia al bailar, la esencia que tanto he buscado.

Puede que, su apariencia no sea la que quería a pesar de ser hermosa, pero, cuando baila, la veo completamente.

—¡En verdad estás tan enfermo!

Y saltó sobre él para golpearle una vez más, la camisa blanca de aquel hombre, ahora estaba llena de manchas de su sangre al igual que la ropa de Oskar.

—Ajaajaja, si me matas, ¿ella podría amar a un monstruo como tú?

Es más, qué pensarían todos al ver a esa chica bajo sospechas, salir con un asesino que ni siquiera está vivo.

¡Vamos, mátame sin pruebas, no tengo ese colgante que buscas, sé un asesino!

Y a pesar de la manera en la que le estaba incitando a ello, Oskar ya no pudo seguir, saliendo de esa corriendo, corriendo todo lo rápido que podía para que la gente no se percatara de su aspecto, no solo de su rostro, también de sus ropas llenas de la sangre de Yordi.

Mientras tanto, en el instituto, era la hora del recreo y Cloe estaba de los nervios al no tener noticias de Oskar.

En esa nota, solo le había dicho que iría a cumplir con el deber.

Lira, trataba de calmarla como podía.

—Cloe, no creo que él haya hecho nada horrible.

—Aaayy, pero, no veo a Yordi aquí, siempre viene a por un café a esta hora.

¿Deberíamos ir a su despacho?

Pero ambas chicas, fueron interrumpidas por Gema y las demás amigas de Lira, enseñándole a Cloe la foto de Oskar que se habían estado pasando por todo Instagram.

Allí se veía claramente su verdadero rostro y todas estaban más que asustadas.

—Cloe, ¿por qué tu novio se ve así y está en la cuenta del director?

Algo raro está pasando.

—Aaarg, chicas, debo salir a buscarlo, que le den por saco al examen de matemáticas.

Lira, tú quédate tranquila.

Y sin decir más ni dar explicaciones, salió de allí corriendo, escapando por la puerta de la entrada, yendo casi sin aliento hasta su casa, no tenía llaves, así que no podría haber entrado, pero, tenía la esperanza de encontrarlo por los jardines de alrededor escondido.

—Aaah, ¿dónde te fuiste Oskar?

Y recordó aquella mañana en su mansión, ese, era el lugar en donde se había refugiado por tantas décadas.

—Por favor, quiero encontrarte allí.

Y, en esa casa totalmente patas arriba, Yordi lavaba su rostro lleno de golpes para pasar a quedarse fijo frente al espejo con una mirada vacía, conteniendo un gran rencor que poco a poco estaba aumentado.

Agachándose después en el suelo tras bajarse los pantalones y la ropa interior para así, poder tomar un pequeño plástico que asomaba de ese lugar y sacar aquel colgante.

—Aaah, menos mal que está mariposa no era muy grande, aaarg, ahora, habrá perdido todo su aroma, pero, creo, que quiero el aroma de alguien más, esto, ya no me sirve.

Y golpeando su mano contra el espejo quebrándolo, volvió a ver su reflejo ahora dividido en varios trozos.

—Marina, solo robó su apariencia para engañar a mi corazón, no valía nada, su alma era tan vacía a comparación.

Su mente entonces, se llenó de ese recuerdo.

De ese fatídico día.

Allí, en ese aula, aquella tarde templada para la época del año en la que estaban.

Sus palabras, no fueron las que esperó.

—Pensé que me amabas Marina, ¡¿cómo me abandonas ahora?!

¡Estás hecha para mí!, ¡es como si hubieras vuelto casi al completo!

Solo, ¿es porque te exijo mucho mejorar tu forma de bailar?

Y ella trataba de apartarlo con suavidad.

—Profesor yordi, debo reconocer que me enamoré de ti, hace bastante, y, fue tan lindo conocernos, que apreciaras mi gusto por bailar, aunque, ver tu yo real, me dejó un tanto confundida, además, Yordi

Estoy embarazada.

—¿Qué?, ¿eso es maravilloso?

Expresó con emoción tomando sus hombros.

—No, Yordi, no puedo seguir contigo, por mí, por este bebé, aunque te amé, todo, fue un error.

No tienes que preocuparte por nada, le mentiré a mis padres que fue con un chico desconocido que conocí en una fiesta, no quiero meterte en esto, tranquilo, me iré, cambiaré de escuela para que ya no tengas que verme.

—No, no puedes hacerme esto.

¡No puedes irte tú también!

Y trataba de atraparla bruscamente, provocándole un grito de temor al verle convertirse en el peor monstruo.

Ella, queriendo ser libre del error de su vida, queriendo que todo cambiara, mejorar su vida y su actitud, hasta, deseando calmar la rivalidad con esa chica llamada Cloe.

En verdad, amaba su forma de bailar tan mágica.

Pero, aquel monstruo, tan irascible, acabó por golpearla tan fuertemente, cayendo contra una columna blanca que había, su cuerpo, ahora, entre sus incrédulas manos, ya, no respondía.

No había arrepentimiento porque, su amada, no podía ser esa joven tonta.

Sofocada, llena de sudor, Cloe pudo al fin llegar a esa vieja mansión, y la paz, llegó a su corazón cuando le encontró allí, sentado en mitad del salón, en el frío suelo, con su cabeza gacha, apoyado en una de sus rodillas.

—¡Oskar!

Y él no levantó la cabeza, pero, ella, se puso frente a él, viendo, lo sucio que estaba casi al punto de gritar del dolor.

—Oskar, Yordi está…

—No le maté, no seré un asesino como él, solo, le golpeé.

No quiero, que me veas, ahora, parezco, un monstruo inmundo.

Pero, en vez de alejarse o asustarse, llevó sus manos a su rostro con algunas salpicaduras de sangre, Oskar, pudo levantar un poco su mirada para corresponderle.

—Mi Oskar, déjame cuidar de ti, déjame lavar todas esas manchas, tiraremos esa ropa, no importa.

—¡No! 

Gritó queriendo romper en llanto sin poder.

—Solo te voy a traer problemas Cloe.

Quedaré del malvado zombie que quiso comerse el cerebro de ese mal nacido.

El novio monstruoso que vive en un cuerpo del mal desde hace más de 30 años.

No quiero darte esa mierda de vida.

Y ese beso que recibió en sus labios, fue tan inesperado, tan lleno de esa calidez que necesitaba.

Los ojos de Cloe estaban cristalinos y su boca mostraba una sonrisa cálida.

—Me prometiste, que jamás me abandonarías, no puedes irte porque, juntos, vamos a pasar todo esto.

No puedes romper tu promesa.

Y fijo en ella, serio pero decidido, se lo preguntó.

Esa mirada, nunca antes había dejado que Cloe la viera.

—Acaso, ¿me amas como yo te amo a ti?

Y sin dudarlo, ella fue la que tomó sus manos ahora, llevándolas después a su corazón.

—Si pudieras sentir calor, en mi pecho ahora arde una llama tan grande, que podría hasta quemarte sin dolor.

Oskar, te amo.

Te amo de verdad.

Al fin se dejó caer a ella, en ese cálido pecho.

—¿No te importa que esté más feo que el chico que viste anoche en esas fotos viejas?

Ya, no soy ese joven de buen físico, soy un zombie flaco y ojeroso, mis ojos no tienen brillo, mi piel no tiene vida.

—¿Eso te tenía tan preocupado?

Oskar, ¿cómo te haría saber que me encantas?

Y ese chico zombie, escapó de su pecho sacándose esa sudadera manchada, mostrándole su cuerpo como aquella vez y ella, en vez de rechazarlo, con sus manos, acarició su torso, posando sus manos en su pecho sin vida, sabiendo que su alma estaba allí oculta y deseaba mostrarse todo el tiempo sin miedo.

Después, se deslizó por sus abdominales.

—Cómo me gusta.

Y acercando su rostro a su pecho, besó el lugar en el que se ocultaba su corazón, con el deseo, de escucharlo latir alguna vez.

—Me gustaría tanto darte todo de mí ahora, que entiendas, que te deseo demasiado.

—¿Lo dices de verdad?

Y su sonrisa resplandecía.

—Quiero que llegue ese momento, quiero que suceda.

Oskar ya no pudo aguantarse, y aún, con sus manos manchadas, tomó a Cloe sosteniéndola del trasero mientras que ella se amarraba a él para llevarla hasta su vieja habitación, echando atrás la sábana que cubría su cama, tumbándola allí, muerto por besar su boca.

Bocas juntas una y otra vez, de alguna manera acabaron sin nada de ropa encima.

—Eres tan hermosa Cloe, no sabes lo loco que estoy ahora.

Sus palabras se escaparon sintiéndose tan libre al fin, invadido por el mayor deseo, y Cloe, esperándole, entre besos y más besos que parecían querer devorarla.

Llegó un momento, en el que tuvo que apresarse a su espalda con sus delicadas manos, y al final, solo quería proteger con su amor a ese joven que había pasado muerto en vida por tanto tiempo, quería darle vida, rodeándole con unas alas invisibles, envolviendo su cuerpo con sus cálidos brazos mientras que él se encontraba delirante y unido a ella.

No podía tomar aire por sus petrificados pulmones, pero dejó escuchar su voz mostrándole lo mucho que le gustaba, como si volviera a vivir y, al acabar, se quedaron viéndose tumbados uno al lado del otro, Oskar, acariciando su rostro húmedo mientras ella le sonreía, al final, acabó dormida y quiso cerrar sus ojos, quedarse pensando en aquella maravillosa mañana.

Las horas pasaron y el atardecer teñía aquella vieja habitación, Oskar, se sentía desperezándose, algo molesto por la luz directa que le llegaba a los ojos, fue ahí, que se levantó de golpe algo asustado, mirándose el cuerpo desnudo llevándose la mayor de las sorpresas.

—No puede ser.

Estoy, estoy respirando, estoy, vivo de nuevo.

Y despertó a Cloe para mostrarle aquella maravilla, al ver sus ojos llenos de emoción, terminó por abrazarlo repentinamente llena de felicidad.

—¡Oskar Oskar!, ¡Al fin!

¡Estoy tan feliz!

Y puso separarse de su cuerpo.

—Esto, ¿pasó gracias a lo que hicimos?

—Ains, tendríamos que haberlo hecho antes.

Pero Cloe le dio un pequeño manotazo.

—Auch, que ahora sí me escuece.

—Joo, pero ni siquiera te di fuerte.

Y bueno, me siento demasiado feliz de verte al fin recuperado.

Y su sonrisa volvió a ser resplandeciente, ahora, tenía su bello cuerpo desnudo a su lado, sin pudores y él, acabó por tomarla para regresar a sus labios.

—Ahora sí que puedo decir que me siento más vivo que nunca.

Anda, volvamos a casa, lo malo, es que esa ropa, bueno, está manchada, pero creo que los pantalones ya no son de mi talla.

E incorporándose nuevamente, totalmente desnudo y sin vergüenza, abrió el viejo armario en donde estaban sus prendas del pasado, eso sí, todas tan viejas ya, hasta tenían polvo.

Al voltearse, se encontró con la carita de Cloe toda colorada.

—¿Qué sucede?

¿Mirabas mi traserito?

Y ella apartó la mirada.

—Junmm, es que, no pude evitarlo.

Y, jeje, también me gusta tu espalda.

Oskar no se contuvo yendo a ella, arrinconándola contra la pared en esa cama.

—No me provoques nuevamente, todavía te tengo desnuda en mi habitación.

Ver el hermoso rostro de Oskar tan de cerca, ahora, saludable, en verdad, era tan atractivo, como hecho para sus ojos, y, aunque, aún fuera un zombie, le habría gustado igual, pero, se sentía llena de júbilo por dentro al ver que había recuperado su cuerpo, y él, parecía estar tan animado ahora.

Tuvo que vestirse apresuradamente para regresar con él a casa y por el camino, vieron una tienda de ropa llevada por chinos, así que, decidió que sería una buena idea comprarle algo ya que, la vieja ropa que le compró hacía días ya no era de su talla.

Tras comprar un poco, se cambió dentro del probador para ir ya bien vestido por la calle, y contento, tomó la mano de Cloe para caminar así.

Ahora, su mano era muy cálida, en verdad, hasta daba calor y eso le gustaba, no dejaba de pensar lo cálido que sería estar abrazada a él en las noches de invierno, eso le hacía sonreír y Oskar no dejaba de preguntarse qué se le pasaba por la mente.

Vaya sorpresa se llevaron, al ver en la entrada del portal, a Lira con varios compañeros del grupo de baile.

Las caras de todos al ver a Oskar tan cambiado eran para enmarcarlas.

—Chicos, ¿cómo os explico mi cambio de aspecto repentino?

Dijo él más que nervioso, pero Andrea se adelantó a responder.

—Lira nos contó todo, espero no os moleste, pero, es por los rumores que estaba habiendo.

—Entonces, les has contado absolutamente todo.

Añadió Cloe algo sorprendida dirigiéndose a Lira.

—He sido sincera, hasta les conté lo que pasó aquel día, así que, ahora todos sabemos que Yordi, cualquier cosa que venga diciendo será mentira.

Cloe suspiró sintiendo mucho alivio.

—¿No ha aparecido por el insti?

Héctor respondió.

—No lo ha hecho, ese ha de estar tramando algo.

Pero Cloe pareció deprimirse de pronto y Oskar se dio cuenta de ello.

—Ey, ¿qué te sucede?

—Aunque nosotros sepamos la verdad, el resto no, va a ser difícil hacer entender a la gente y más con la historia de Oskar siendo un zombie.

Además, él me ha contado, que no pudo encontrar el colgante de Marina a pesar de que echó patas arriba toda su casa.

Y así era, de vuelta a casa, le contó todo lo ocurrido, preocupado y algo molesto, pero Cloe, no quiso soltar su mano para poder tranquilizarle.

Héctor entonces, tomó a aquella pareja repentinamente para llevarlos hasta el portal.

—Vamos vamos, entremos todos en casa, vamos a pensar en un buen plan todos juntos.

Y sin poder negarse, todo el grupo acabó en el piso de Cloe y se sorprendieron mucho al ver que vivía sola con Oskar nada más, hasta le hicieron preguntas sobre sus padres y ella, al fin libremente, se liberó diciendo que eran basura absoluta.

Lira se sintió bastante culpable al descubrir todo eso, recordó en un pasado cuando iba a su otra cosa, viviendo con sus padres, jamás imaginó que la hubieran desechado así siendo su hija.

En verdad, la vida tan maravillosa que siempre pensó que ella tenía, para nada era así.

Todo el tiempo, se quedó callada sin saber cómo integrarse, tan mal se sentía por haberle hecho tanto daño, por sentir esos sentimientos tan oscuros hacia la persona que siempre la apoyó.

Y mientras que hablaban de todo lo sucedido con Oskar y Yordi cenando comida china que Cloe había pedido, Karina saltó de pronto al revisar el Instagram, pues todos estaban muy atentos a todo lo que ese director malvado pudiera publicar.

—Chicos chicos, Yordi acaba de publicar lo definitivo.

Qué maldito puerco.

Y allí, estaba una foto de su rostro lleno de las heridas que Oskar le provocó, mostrando después, varias más por todo su cuerpo, lo peor, fue la última de todas, la misma foto que le tomó desprevenido junto a la del viejo anuario de los años ochentas y más abajo, una descripción, que nadie esperó.

—Esta mañana me vi asaltado por un monstruo.

Simplemente, animé a su novia a bailar de nuevo, de alguna manera, y por su naturaleza demoníaca, vino a mí furioso y celoso a atacarme y a decirme que me iba a comer.

En verdad, espero que no lo tomen a burla, ese Oskar, es un ser del infierno horrible, no sé cómo es que sigo vivo todavía.

Solo vean su cara, él no es humano.

Es un ser que nació hace décadas y que se hace pasar por un humano normal.

¿Qué demonios hace una estudiante como Cloe saliendo con alguien así?

Y fue en nada de tiempo, que todo se llenó de especulaciones en los comentarios, había hasta gente diciendo que él fue el auténtico asesino en un pasado, o que ambos eran cómplices.

Oskar se estaba sintiendo de lo peor y no dudaba en insultar a ese mal hombre furioso mientras que los chicos trataban de calmarle.

Sin darse cuenta, que Cloe, poco a poco, se había ido alejando, con la excusa de ir al baño un momento, saliendo del piso con el móvil en la mano.

Solo podía hacer aquello para ayudar a Oskar, hablar directamente con Yordi, por eso, es que le había dicho que iría con él ahora, que la recogiera en una calle en específico.

Y en esa solitaria calle, revisando el Instagram por si él le decía algo más, a los 10 minutos, su lujoso coche ya estaba allí y sin decir nada, se metió en el asiento de al lado del conductor.

Los primeros minutos se la pasaron en silencio, esa tensión en el ambiente era notoria y Cloe, sentía el terror corriendo por sus venas.

—Aaah mierda, estoy que no puedo, cómo me gustaría soltar toda la verdad ahora con mi aspecto real.

Y una de las chicas, Cristina, pensó que fue una buena idea.

—Oye, yo creo que es lo mejor que podemos hacer por ahora.

Vamos, yo misma te grabaré, soy buena editando vídeos.

A lo que Héctor añadió.

—Ni hará falta edición, de una volada, así todo es más natural.

Y mientras preparaban la cámara y Oskar trataba de calmarse, Lira, sospechando que Cloe había hecho algo, fue a buscarla hasta el baño, pero, al abrir la puerta, no había nadie, y tras buscarla por toda la casa, comprendió que se había ido a enfrentar a ese hombre horrible.

—Yo, no puedo seguir siendo una cobarde.

Aunque, aún no sea alguien, quiero, quiero ser una persona valiente, porque Cloe, Cloe lo ha pasado mal por mi maldita culpa.

Dijo para sí misma, y muy decidida, salió del piso para ir a ese lugar, ya no tenía que temer nada, era su vieja amiga la que estaba en peligro y debía ayudarla, y aunque le costara caminar, iba a llegar sí o sí, menos mal que llevaba su paga de la semana encima, por eso, enseguida pidió un taxi que a los pocos minutos la recogió.

Mientras tanto, en ese coche, yordi llevó su mano hasta la de Cloe, que con mucho asco, no pudo apartarla.

—Me siento halagado sabiendo que has decidido venir a mí.

Ahora después, borraré todas esas publicaciones, diré que todo fue un mal entendido, ya buscaré cómo arreglarlo, no te preocupes.

—Pero ya has dañado mucho a Oskar.

Y aún conduciendo, él le propinó una fuerte bofetada.

—Cállate, así no me respondería Olivia.

Olivia, solo me miraba a mí, no me hagas volverme un mal hombre.

Y al fin llegaron a la casa, con cuidado, revisando que no hubiera gente pasando por allí, cerrando después la puerta, tirando de su brazo para llevarla al salón, aún estaba todo patas arriba.

—Desde que vino ese monstruo a atacarme, no he tenido tiempo para limpiar, antes, debía curar mis heridas, y destrozar ese colgante que ya no significa nada.

—Entonces, ¡sí lo tenías!

—Tuve que esconderlo en un lugar del que me avergüenzo todos estos días, eso, desde que descubriste las fotos de tu yo en otra vida.

Ahora, por favor, podrías bailarme.

Necesito ver tu danza nuevamente, si no lo haces como me gusta, tendré que ser malo y ese muerto demoníaco, podría ser el culpable esta vez.

Y mientras que este colocaba un CD en un equipo de música, Cloe se quedó en mitad de ese salón destrozado, sintiendo que quizás ya no habría salvación.

Ese hombre se había vuelto completamente loco, pero, si quería vivir, tenía que complacerle.

¿Bailar como Olivia?

Si se había obsesionado con que ella era esa mujer, era por su forma característica de bailar, por eso, a pesar del terror que sentía, cuando la música comenzó a sonar, recordó los momentos junto a Oskar, cuando fue libre de bailar nuevamente frente a alguien, el momento, justo antes de que él se uniera a su danza.

Sintiéndose libre a pesar de la situación, cuando ella bailaba, era como adentrarse en otro mundo.

Se aislaba de esa tercera dimensión y sentía la magia a su alrededor, y Yordi, estaba perplejo en ella, tan absorto, que tardó unos momentos en liberarse de esa sensación, acercándose a ella como si pudiera ver una visión maravillosa, imaginándose por unos momentos a su Olivia bailar como en un pasado, recordando también el momento del accidente, ese accidente que la retuvo por siempre en una silla de ruedas.

El momento también en que la perdió, cuando no quiso seguir viviendo a causa de no poder bailar nunca más.

—¡Aaaaaaaah!

¡Mi amor no pudo salvarte!

¡Olivia!

Y se abrazó a Cloe con tanta fuerza.

Con su mente invadida de la sangre que había inundado la bañera en la que la encontró.

—Olivia, si sigues bailando así, mi alma, mi alma ya no sabrá cómo sentirse.

Me salvaste cuando mi mundo estaba roto en pedazos, apareciste en mi vida cuando mis padres me desecharon como basura, me diste tus alas para ser el profesor que siempre soñé ser.

Pero, pero…

Y las lágrimas no podían dejar de derramarse, como un mar embravecido.

—Yo, no pude devolverte esas alas, ¿por qué te suicidaste?

Y ahí Cloe lo comprendió todo, ese hombre, había enloquecido por no haber sido capaz de salvar a su novia del suicidio, su amor por él, para ella, no era lo suficientemente fuerte como para mantenerse viva.

Pero, ahora, para mantenerse con vida, debía fingir ser Olivia.

—Yo, lo siento, lo siento tanto.

Te amaba, pero, sentí que mis alas se habían quebrado para siempre.

Pudo decir intuyendo, que aquella mujer había perdido su habilidad para bailar de alguna manera, pues, ella, sentiría algo muy parecido si ya no pudiera bailar nunca más, aunque, ahora, teniendo a Oskar, sentía que podría superar cualquier cosa, eso provocaba el verdadero amor.

—Mi Olivia.

Decía ese hombre tomando su rostro, como si de verdad pudiera ver a la auténtica mujer que amaba.

—Ahora, tus piernas pueden volver a danzar, ¿no te sientes feliz?

Bailemos juntos un rato por favor, lo necesito.

—Chicos, creo que el vídeo quedó perfecto.

¿Podrá subirse a Instagram?

Preguntó Oskar, en ese vídeo, había resumido todo absolutamente, la verdad de su aspecto de zombie, el cómo recuperó su cuerpo y, la verdad también detrás de ese director malvado.

—Perfecto, dura 14 minutos y el límite para el Insta son 15.

Dijo Cristina.

—Ahora, pásame tu contraseña y lo subiré desde mi teléfono a tu cuenta.

Pero en ese momento, mientras que el vídeo comenzaba a subirse, se percató de que Cloe aún no había regresado del baño.

—Oye, ¿por qué Cloe tarda tanto?

Preguntó muy preocupado saliendo del cuarto de estar para ir a buscarla, no estaba por ningún lugar y también se percataron de que Lira tampoco.

Trataron de llamarlas a ambas, pero, ninguna respondía.

Ahí Oskar ya no pudo más de los nervios.

—Joder, debo ir a la casa de ese mal nacido, mucho me temo que Cloe ha ido con él.

Aaah, será posible, Cloe, espero estés bien.

Y tomando el pasamontañas, estaba dispuesto a marcharse, pero, los chicos le detuvieron.

—Oskar, ahora eres humano, puedes ser herido, deberíamos acompañarte.

—No Gema, ese hombre está muy pirado, iré solo.

Soy un buen luchador así que, nada me pasará.

¿No recordáis mi historia?

Era un gamberrete hace mucho.

Mientras, estad atentos por si Lira y Cloe responden o regresan a casa.

Y nadie pudo detenerle, Oskar, salió corriendo para llegar a esa calle, ahora, podía fatigarse, sentía el sudor desprenderse por su cuerpo, la falta de aire por no detenerse a tomar aliento, no debía llegar demasiado tarde.

Y mientras que seguían bailando, pegados por largo rato, Yordi, terminó por separarse de su cuerpo.

—¿Qué sucede?

—Olivia, tú, nunca querías bailar conmigo, recuerdo, que siempre decías, que no era bueno con la danza, ¿por qué ahora sí?

Y Cloe tomó su rostro con sus manitas.

—Porque de verdad te extrañé.

Tantos años sin bailar, necesitaba hacerlo nuevamente junto a ti.

Yordi, mostró de pronto una expresión tan incrédula y la apartó de una manera un tanto brusca.

—¿Por qué?

¡¿Por qué me estás mintiendo?!

Cuando bailaste con ese monstruo, sentí tantos celos, bailaste con él, de la manera en la que yo siempre quise hacerlo.

—Es solo que, bueno, él, se animó, se unió a mí, yo, no se lo pedí.

Trató de salvar la situación, pero este acabó por ponerla contra el sofá empujándola hasta llegar a él, reteniéndola allí.

—¡¿Entonces por qué no le dijiste que se alejara?!

Es… ¡¿Porque a él lo amas más que a mí?!

Cloe ya no sabía qué respuesta darle, no podría ocultar mucho más esa mentira y ese hombre, hasta parecía verla ahora con odio.

—Seguro, te acostaste con él al igual que lo hacías conmigo.

Pude oler tu aroma al bailar juntos, hoy sudaste bastante y, hasta hace poco, sé que estuviste con él.

Y aquella joven, ya temió que él podría golpearla, o incluso abusar de ella, pero, los cristales de las grandes ventanas que había en ese mismo salón, se hicieron pedazos y Oskar, apareció allí en mitad, con su rostro oculto bajo el pasamontañas, tan solo, dejando ver sus ojos.

—¡Maldito!, ¡así que, has regresado aquí a mi hogar!

Expresó rabioso soltando al fin a Cloe.

—¡No dejaré que te lleves a mi Olivia!

Y ambos, comenzaron con esa pelea, Yordi, claramente estaba algo en desventaja ya que, Oskar era muy bueno peleando.

Cloe, sentía todo el terror en el cuerpo sabiendo que, ahora, él tenía la debilidad de estar vivo.

Mientras que Yordi solo logró acertar un par de golpes muy flojos, Oskar, ya le había dejado completamente destrozado y muy dolorido.

Ahora, ese hombre, estaba tirado entre el montón de cristales rotos de esa ventana.

Oskar, pudo apresarle para que no escapara, sobre él, haría lo que fuera para que Cloe no fuera lastimada.

Yordi sintió que ya no tenía escapatoria, pero, cuando vio sus ojos tan claramente, tan cerca, esos ojos, llenos de vida, una pequeña sonrisa se escapó de su destrozado rostro, tomando ágilmente uno de los alargados cristales para clavarlo en el vientre de Oskar, provocándole ese fuerte dolor, viendo, después la sangre brotar haciendo que Cloe gritara aterrorizada.

Las sirenas de la policía se aproximaban y Oskar, aún con todo el dolor, de un gran golpe más, dejó a ese hombre medio atontado tirado en el suelo, sacándose el pasamontañas para tomar el aire más fácilmente pero, dejándose caer en los brazos de Cloe sintiendo que no soportaría más ese dolor desgarrador.

—¡Oskar, Oskar dios mío!

Y levantando su ropa, pudo ver esa horrible herida sangrante, provocándole otro grito más y, tratando de lograr que no se desangrara tapando esa herida con la ropa, no sirvió para nada.

—¡Oskar, Oskar no!

¡¿Por qué lo hiciste?!

Y la mano herida de aquel joven, se dirigió al rostro húmedo de Cloe.

—¿Sabes por qué ahora estoy vivo?

—Oskar.

—Porque, en tantos años muerto en vida, fuiste la primera persona que me abrazó con el corazón, sintiendo amor puro, esta mañana, tan maravillosa.

—¡Oskar por favor!

¡Quédate conmigo!

¡Me dijiste, que nunca me abandonarías!, ¡no me mientas por favor!

Y los agentes, ahora habían llenado ese lugar corrupto, entre los gritos de dolor de Cloe.

Lira, esperaba desde comisaría, que hubieran llegado a tiempo, al final, había confesado todo.

Y en esa ambulancia, las lágrimas de Cloe no dejaban de caer implorando que Oskar resistiera.

Había perdido demasiada sangre y ya en el hospital, a pesar de hacer todo lo posible por mantenerle con vida, los doctores lo estaban dando todo por perdido.

Oskar, abrió sus ojos en ese lugar cubierto de una espesa niebla, no había absolutamente nada de nada, no sabía si ya había muerto, o si estaba a las puertas, por más que caminaba, no había nada de nada, no hacía calor, ni tampoco frío, no olía a nada y, fue al poco, que tomando algo de aliento, divisó una figura que se adentraba entre la niebla, poco  poco, apareciendo frente a él al fin.

—Clark.

Los ojos de su hermano estaban llorosos mientras que, en su boca, había una sonrisa nostálgica.

—Clark, ¿qué haces aquí?

—Oskar, perdóname por esa maldición.

Jamás pensé, que pasarían tantos largos años para que al fin, pudieras ser libre.

Me sentí tan dolido todos esos años viéndote en soledad, pero, sabía, que tarde o temprano, alguien llegaría para demostrarte, que no naciste para perderlos a todos.

Que ya nunca más estarías muerto en vida.

Oskar trató de agarrar a su hermano, pero, este fue atravesado.

—Oskar, no quiero verte sufrir nunca más.

Siempre, me arrepentí por dejarte solo cuando aún estaba en vida y, ahora, quiero que despiertes, porque, alguien que de verdad te ama te espera con toda su alma.

Y posando su mano en su pecho, Oskar se sintió todo lleno de energía.

—Clark, ¿qué estás haciendo?

Y este, poco a poco se desvanecía con una sonrisa, pero, ahora,cargada de felicidad.

—¡No me digas que te irás para siempre, Clark, no!

—Es mi manera de disculparme por todo el daño que te causé.

Si puedo dar la energía de mi alma para que vivas, lo haré sin dudarlo, porque, de verdad te quiero hermano.

Y tras desvanecerse por completo, Oskar abrió sus ojos y se encontró en aquella camilla de hospital, todos los doctores allí sintieron un gran alivio y alegría por aquello y al rato, mientras que todo el grupo trataba de animar a Cloe que no dejaba de llorar, ese cirujano salió al fin para darles la buena noticia.

Ahora Oskar se encontraba descansando y Cloe, se quedó a su lado todo el tiempo esperando a que se despertara.

Fue maravilloso verle abrir sus ojos a la hora y él, ahí tumbado, pudo sonreír al verla allí sana y salva.

—Oskar, no vuelvas a cometer una locura así por mí.

Dijo ahora llorando de felicidad, y Oskar, incorporándose con cuidado, trató de secar sus lágrimas.

—Haré lo que sea por la chica que me salvó de la muerte eterna.

Y bueno, también debo agradecerle a mi hermano.

Y con esa melancolía, miró al techo.

—¿Le viste?

—Sí.

Él, me dio las últimas fuerzas para seguir aquí, quizás, nunca más le vuelva a ver, nunca, pero, está guardado en mi alma.

Al final, nunca me odió.

Y esbozó una gran sonrisa tras decir eso último y Cloe, trató de que volviera a tumbarse para que su herida pudiera sanar bien.

Al rato, unos policías entraron para hacerles algunas preguntas, por lo visto, Yordi estaba ahora bien consciente, y mientras le atendían los médicos por los golpes que Oskar le propinó, encontraron ahí detrás, el colgante hecho pedazos metido en una pequeña bolsa de plástico.

Las caras de Cloe y Oskar ya no tenían precio, ahora sí podrían colocarlas en mitad de una gran calle.

Ese hombre de verdad estaba bien enfermo.

—Joder, con razón no encontré ese colgante por ningún lado, aaarg, y pensar que peleamos y todo y tenía eso ahí metido, qué cosa más perturbadora.

Todos esos días, Cloe, nada más salir del instituto, iba corriendo al hospital para estar junto a Oskar que la acababa regañando por comer tarde.

Fue un poco difícil tener que lidiar con todos los que ahora preguntaban sobre él en el instituto, eso de haber sido un zombie les provocaba muchas preguntas, menos mal, que ahora tenía a sus nuevos amigos, y a Lira, que siempre estaban para ayudarla con tanta gente preguntona y ahora, que Yordi había acabado preso, y que Cloe ya no era sospechosa, la gente comenzó a ser más amigable con ella, llenando sus vídeos de buenos comentarios y mucho apoyo.

Oskar se sentía muy feliz por ello, y cuando por fin pudo volver con ella a casa, ella, sin dudarlo, le ayudó con absolutamente todo lo necesario para renovar todos los papeleos, tenía que actualizar su documentación y no vean qué risas cuando la gente veía a ese hombre de más de 45 años, con un cuerpo juvenil, hasta algunos señores le preguntaban por su cirujano y por los tratamientos que se había hecho y él siempre respondía.

—Naturalmente tengo buenos genes ajajaja.

Hasta Cloe tenía que calmarle un poco porque se sentía hasta un poco chulo y todo.

Y, el día de la presentación, bailó como nunca, Lira, desde el público, la estuvo animando como en un pasado, y aunque aún envidiaba lo maravillosa que era, su envidia ahora era sana y jamás volvería a dañarla.

Cierto día, los padres de Cloe aparecieron en el piso y por poco les pillan con algo caliente.

Cloe, avergonzada, tuvo que salir de su cuarto y allí, se disculparon con ella.

—No hace falta que te marches de este piso, nosotros, estamos muy arrepentidos por todo, en verdad, fuimos tan tontos.

Decía su padre con la cabeza gacha.

La respuesta de su hija fue inesperada.

—Me quedaré aquí hasta que reúna mi propio dinero trabajando de lo que quiero, después, me iré con mi novio a otro hogar.

—Pero, hija.

Siguió diciendo su padre algo incrédulo.

Su madre era la más recta y no fue capaz de decir nada ya que era bastante orgullosa.

—Dejadme ahora, no necesito nada de vosotros, me lo negasteis todos estos años, ahora ya no lo necesito.

Eso sí, solo dadme el tiempo necesario para poder independizarme, es lo mínimo que pediré.

Y al abrir la puerta del cuarto de estar, se encontraron con Oskar, él, no les dijo nada porque Cloe había dicho todo lo que esos malos padres necesitaban escuchar.

A los dos años, ella logró ser reconocida como una gran bailarina, su fama subió como la espuma gracias a su magnífico talento y sin duda, tuvo su gran boda con Oskar.

Su hermana sí que fue invitada ya que, por ella misma, quería saber de Cloe, detrás de todas las tonterías que sus padres le metieron en la cabeza, siempre vio su Instagram a escondidas y sabía que ella era genial aún siendo muy joven.

Lira también estaba allí, ahora se encontraba estudiando una carrera en la universidad, quería encontrar su camino en la vida y no se rendiría en ello, también los chicos del grupo, cada una con su vida, algunos estudiando, otros ya trabajando, todos, buscando su camino también, Lira, ya no sé sintió tan sola comprendiendo aquello.

Y esa luna de miel, se fueron al lugar en el que su abuelita vivió cuando Cloe era pequeña, una pequeña ciudad al lado del mar con multitud de edificios blancos preciosos.

—Cloe, te veo un tanto nerviosa, a qué vino ese pequeño susto que escuché hace nada en el baño.

—Oskar, es que, bueno, estoy embarazada.

Oskar ya sí que tendría que ser enmarcado en el paseo de la fama por la cara que puso.

—Aaah, cómo olvidé la otra vez que ya no soy un zombie ajaja, y mira que ya pasó tiempo.

—Malo, te vas a enterar.

Y esta le estuvo persiguiendo por toda la casa que habían alquilado hasta que él frenó en seco y la tomó entre sus brazos.

En verdad, estaba realmente feliz y acabó por hacerla sonreír allí, sosteniéndola.

Cloe tuvo que dejar la danza ese tiempo, pero no se sintió mal por ello, mientras tanto, Oskar traía dinero trabajando en un gimnasio y cuando llegaba a casa, su linda esposa le esperaba emocionada para contarle como el bebé daba pataditas en su vientre.

Y madre mía cuando a los pocos meses ese bebé llegó, ya no podían estar más felices.

—Juju, se llamará Jimmy.

—¿Cómo?

Al final tuviste que salirte con la tuya y ponerle ese nombre, junmm, pero bueno, lo acepto.

Y Oskar sonrió feliz viendo a su pequeño bebé entre los brazos de su esposa.

La vida pudo brillar para ellos, después de tantos años en soledad, no hay que perder la esperanza, tarde o temprano, podría llegar alguien que nos ayude a levantarnos y sentirnos vivos nuevamente.

En este oscuro mundo, también se encuentran almas de luz que se buscan para dar más brillo a la vida.

El amor es la mayor fuerza que tenemos, hay que seguir vivos para sentirlo en nuestros corazones.




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