lunes, 5 de septiembre de 2022

Cabello de fuego

 

1 ESCAPANDO HACIA UNA NUEVA VIDA

Aquella joven, se encontraba en la cama tumbada, en las últimas, consumida, demacrada, casi como un esqueleto.

Tenía una extraña enfermedad muy avanzada de la que no podría salir, una enfermedad que cada vez la debilitaba más, tomando toda su energía, sin poder hacer ningún esfuerzo, pues, su corazón no podría aguantar demasiado y no había manera de sanar.

A pesar de que la medicina estaba bastante avanzada y había curas para la gran variedad de enfermedades que existían, esta era algo inusual que muy pocos la padecían y, por lo tanto, se necesitaba investigar más para una futura cura.

El doctor Ermel la observaba fijamente, como si esperase ese momento, mirándola con cierta obsesión.

Ya se había hecho a la idea de que no podría conseguirlo, a pesar de sus esfuerzos por mantenerla viva el mayor tiempo posible.

Pocas veces se ausentaba de esa habitación, sólo para dormir y comer o ir al baño, incluso había dejado de lado a otros pacientes para estar más tiempo con esa joven y también había dejado de lado sus ejercicios pues, solía ejercitarse.

Este, era un señor muy alto, algo imponente, de aspecto fuerte y elegante, con el cabello negro siempre peinado con unos mechones hacia atrás. Se dejaban ver algunas canas, pero a pesar de todo, a sus cuarenta y cinco años, se conservaba muy bien y tenía un gran atractivo.

Sus ojos, eran de un azul tan claro que parecían hechos de cristal y eso era algo que llamaba la atención nada más verle aparte de su corpulento cuerpo.

Y ella, se llamaba Iori.

Cuando estaba saludable, su belleza era llamativa, su cabello se veía hermoso y de seguro era muy suave al tacto, de un pelirrojo claro asemejándose con el mismo fuego, sus ojos, del color del chocolate, con blanca piel llena de lunares de diferen...

Cuando estaba saludable, su belleza era llamativa, su cabello se veía hermoso y de seguro era muy suave al tacto, de un pelirrojo claro asemejándose con el mismo fuego, sus ojos, del color del chocolate, con blanca piel llena de lunares de diferentes tamaños.

Ahora, su bonito rostro, reflejaba su malestar, las ojeras eran tan profundas que ni con la mejor base de maquillaje podrían ocultarse, además, que, la delgadez marcaba bastante sus pómulos.

llevaba desde los nueve años luchando para poder seguir viviendo, pero cada vez yendo a peor, consumiéndose.

Ya con dieciséis años, se lamentaba de aquella vida que le había tocado tener, sintiendo que todo era demasiado injusto.

Por esa enfermedad, no pudo ir a la escuela, hacer amigos, divertirse, ser como cualquier chica joven de su edad.

Sin poder mostrarle a nadie su mundo, su linda personalidad agradable.

Se la había pasado en una cama por años y esperaba impaciente el día en el que cerrar sus ojos pues, estaba completamente convencida de que su hermano mayor lograría darle otra nueva vida, aún sin saber si sería feliz o no, él se había emperrado en salvar su alma desde hacía muchos años.

Su hermano se llamaba Ansel y tenía veintiocho años.

Era bastante delgado, algo alto, pero no tanto como Ermel, con el cabello de un tono pelirrojo más oscuro y los ojos, del mismo tono chocolate que los de su hermana, su aspecto se veía un tanto descuidado y, además, era extremadamente inteligente ...

Era bastante delgado, algo alto, pero no tanto como Ermel, con el cabello de un tono pelirrojo más oscuro y los ojos, del mismo tono chocolate que los de su hermana, su aspecto se veía un tanto descuidado y, además, era extremadamente inteligente y había inventado muchas cosas desde que era muy pequeño siendo reconocido en la escuela a la que fue, ganando un premio incluso.

Entre esos inventos, se encontraba el atrapa-almas, un aparato azulado y pequeño, parecido a un tubo que Iori siempre llevaba atado a su cuerpo para que, cuando llegara el final, su alma fuera atraída por él quedándose allí dentro para después, introducir aquello en otro genial invento, un cuerpo nuevo, más bien un robot de la más avanzada tecnología que sólo podía funcionar con el alma de Iori dentro.

Los objetos a los que se les tenía más aprecio en vida, así como los que estaban en los momentos más críticos de una persona, siempre guardaban la esencia de ésta en mayor o menor medida y un alma podía quedarse como atrapada en ellos.

Más aún con la tecnología de ahora, con la ciencia de las almas, estas podían vincularse a algún aparato creado expresamente para almacenar el cuerpo espiritual.

En este mundo se creía en el alma y estaba más que comprobada su existencia, la gente era más espiritual y, por ejemplo, algunas personas mencionaban ser capaces de hacer viajes astrales y no eran tomadas por chaladas.

Los espíritus, otros mundos, seres extraterrestres, todo era tomado como algo normal y no era llamativo hablar de ello, por eso, inventar una máquina, así como el atrapa-almas, no era tan descabellado, aunque sí algo difícil.

Algunos científicos trataban de modificar prototipos que lograban su función por un poco tiempo, el momento en el que se perfeccionaran y pudieran venderse estarían a un alto precio y en principio, sólo estarían disponibles para empresas que se lucrarían de la gente que quisiera guardar el alma de sus seres queridos hasta que encontraran una manera de traerlos a la vida de alguna forma como, por ejemplo, dentro de robots.

La creación de robots también era completamente normal, había personas que los usaban de sirvientes para limpiar sus mansiones o para hacer diferentes trabajos en grandes empresas por ejemplo ya que, a pesar de que en esa sociedad la tecnología estaba bastante avanzada, todavía estaban a un alto precio y no todos se podían permitir tener un robot.

Aunque eso sí, la mayoría de robots no se veían tan sumamente pulcros como aquel en el que Ansel había trabajado.

Este, se había esforzado mucho, demasiado, para que ese cuerpo fuera idéntico al de su hermana, pero con aspecto saludable.

Con su inteligencia y habilidad trató de recrear los rasgos que ella podría tener con su edad actual a pesar de empezar a crearlo muchos años antes, según la vio crecer fue modificando algunas partes para hacerlas tal cual eran en ese cuerpo humano.

El doctor Ermel, había invertido mucho dinero también para que fuera así, pero a cambio, quería quedarse con Iori tras que falleciera y volviera a la vida en ese robot.

El doctor Ermel, había invertido mucho dinero también para que fuera así, pero a cambio, quería quedarse con Iori tras que falleciera y volviera a la vida en ese robot

Ermel, se dejaba ver como un hombre serio frente a todos, alguien que se esforzaba y daba todo por, que Iori, pudiera recuperarse aún, sabiendo que sería imposible.

El quedarse con su alma era algo que a los padres de esta poco les importaba, le habían pagado lo suyo por tratarla, pero este al final no quiso más dinero y fue él precisamente el que le entregaba más a Ansel para la creación del nuevo cuerpo pues, Ermel venía de una familia de muchísimo dinero también y además, era un gran doctor.

Los padres no querían invertir tanto en ese cuerpo a pesar de tener una gran empresa de teléfonos móviles de última tecnología, de los mejores del mercado, por eso tenían demasiada fortuna y a Ansel, nunca le faltó de nada para lograr crear sus inventos.

Estos casi nunca estaban en casa ya que vivían en la ciudad de al lado, por ser donde se encontraba su empresa, de hecho, tanto Ansel como Iori, fuero criados casi por las sirvientas y, a pesar de su ausencia, a Ansel le daban siempre el dinero que necesitara desde muy joven, confiaban demasiado en él como el futuro heredero, pero no pasaba lo mismo con Iori.

Ella, sólo era la hija que llegó después sin ser buscada, sí fue aplicada en la escuela, era una chica lista, pero no tan inteligente como su hermano, sólo era bonita y si no hubiera enfermado, al ser mayor, la casarían con algún hombre de buena familia, o incluso con el mismo doctor a pesar de la diferencia colosal de edad pues, sólo les interesaba aumentar su fortuna sin importar los sentimientos ni nada más.

Ansel no quería que algo así sucediera, más, porque a su hermana, no le gustaba la idea de estar con él, no se sentía demasiado cómoda, ella quería estar siempre con su hermano.

Y aunque no fuera con aquel doctor, no quería darle su vida a un hombre que no amara.

Su alma no era algo con lo que poder jugar sólo porque no estuviera viviendo en un cuerpo de carne y hueso.

Y poco tiempo pasó hasta que ella ya no pudo aguantar más.

Aquella noche, ella empeoró bastante, Ermel se había quedado ya tres noches sin dormir por estar a su lado, cargaba unas buenas ojeras, pero le daba lo mismo, Ansel y él, esperaban el momento en el que ella cerrara sus ojos para que el alma quedara atrapada en aquel invento.

—Deberías descansar, aunque sean unas pocas horas, yo me quedaré despierto y si algo sucede, te despertaré enseguida —le dijo Ansel.

—No estoy seguro, creo que en cualquier momento ella ya cerrará sus ojos y debo estar presente.

—Pero no puedes estar tanto sin dormir, sólo mira tu cara, y ya antes te mareaste al ir al baño y casi ni comiste, debes estar algo descansado para cuando ya sea el momento.

—Bueno, pero como máximo dormiré dos horas, despiértame cuando hayan pasado —terminó diciendo con ese toque de seriedad suyo, aunque sin estar demasiado de acuerdo con aquello.

Como en la habitación no había más camas ni un sofá donde reposar, tuvo que irse a otra en donde se había quedado a dormir a veces todos esos años que trataba a Iori.

Ansel estaba seguro que esa noche sería la definitiva, quizás sólo aguantaría hasta el amanecer que faltaba poco ya, y pasadas esas dos horas, aún seguía al lado de ella que ni fuerzas tenía para hablar, le miraba con un extremo agotamiento y muy ida por la medicación para aliviar sus dolores, confiando en él, sintiendo que ya era el momento de dejar ese cuerpo.

Y, así fue, que sobre las seis de la mañana, todo sucedió.

Sus ojos ya no se abrieron más y el atrapa-almas capturó su alma.

Ansel lo tomó rápido, comprobando que sí fue posible, después de todo, había dado su vida todos esos años por lograr que ese invento funcionara a la perfección, incluso lo puso a prueba con un viejo perrito que tenían ya muy mayor logrando atrapar el alma de éste sin ningún problema, aunque, después, dejándola libre.

—Me duele dejar tu cuerpo sin vida aquí Iori, pero, debo hacerlo.

Y besó su frente para marcharse de allí lo antes posible e ir hasta su pequeño laboratorio en donde estaba el otro cuerpo tumbado en una camilla.

Allí colocó el atrapa-almas en el pecho de aquel robot que estaba abierto en la zona en donde estaría el corazón, después, lo cerró bien, y, cuando sintió que ya se había sellado a la perfección para que nada pudiera entrar, ni agua siquiera, ella en nada despertó, abriendo sus ojos y se lanzó a sus brazos emocionada al ver que todo había salido bien.

—Hermanito, puedo, ¡puedo moverme! ¡Estoy viva! —exclamó con ganas de gritar por todo lo alto, pero no lo hizo ya que podrían despertar a alguien que hubiera cerca del laboratorio.

—Tranquila Iori ¿sientes que puedes mover todo tu cuerpo sin ningún problema?

—Puedo hacerlo no te preocupes, además también puedo sentir mi nivel de energía, la carga que dejaste es la justa para que podamos irnos y aguantar muchas horas despierta.

—Perfecto, entonces vámonos rápido lo antes posible, menos mal que ya dejé las maletas hechas desde hace tiempo dentro de mi coche.

Ansel había planeado su huida desde hacía ni se sabe y se sentía vibrante viendo que todo estaba saliendo bien pues Ermel seguía dormido en esos momentos, así como los sirvientes.

El guardia de seguridad estaba despierto a esas horas, Iori se quedó bien oculta en el asiento trasero tapada con una manta para que este no la viera y así, les abrió la verja con la excusa de que Ansel iría a ver a sus padres.

Llevaba gran cantidad de dinero en efectivo y lo necesario para arreglar el cuerpo de Iori por si algún contratiempo sucedía además de ropa y otras cosas.

Manejó por unas siete horas hasta llegar a una ciudad de las principales del país, más grande que Barcius, que era en donde habían vivido.

Esta se llamaba Talkia, y era de las más modernas, allí la gente era aún más abierta de mente además de amables y había personas de diferentes países que se iban allí a vivir por lo que era cosmopolita.

Dejaron el coche a las afueras de la ciudad, dentro de una nave abandonada, allí Ansel quitó la matrícula la cual enterró y después caminaron por más de 3 horas cargados con el equipaje, preguntando a las personas que pasaban por una calle ya que no llevaba su teléfono móvil para guiarse con una aplicación de mapas así, hasta llegar al fin estando exhausto, esta era una callecita no muy grande en donde había algunos negocios y uno de ellos, tenía un gran cartel en donde decía que se arreglaban aparatos de todo tipo.

—Electro-Rodri, no se le puso ocurrir un mejor nombre para su negocio.

Muy inteligente pero torpe para los nombres de sus inventos, bueno, en eso nos parecemos un poco —comentaba Ansel a su hermana y entraron al fin.

El joven que les fue a dar la bienvenida no pudo acabar la frase al ver precisamente quienes eran los que había allí frente a él.

—Te pido por favor que nos dejes vivir contigo un tiempo, no por mí, hazlo por Iori —dijo Ansel sacando un buen fajo de billetes de quinientos.

El joven se acercó a él con una fría expresión.

—Oye, no soy alguien a quien se le compre fácilmente, aunque, viéndolo así, trae acá.

Y tomando todo ese dinero se lo guardó en su bolsillo, llevaba ropa que no sabrías diferenciar si era de andar por casa o si la usaba para dormir en vez de un pijama.

Él se llamaba Rodrigo, pero todos le llamaban Rodri, fue el mejor amigo de Ansel en un pasado y tenía la misma edad que este además de ser también delgado, de una estatura similar, con unas gafas de pasta negra sobre sus ojos rasgados y verdosos y su cabello era rubio, pero algo más corto.

Ambos estudiaron juntos de más jóvenes, fueron un gran equipo, pero por ciertas razones, se distanciaron.

—Que quede claro que esto no lo hago por ti si no por tu hermana, además, me viene bien tener un criado para que me limpie la casa mientras que voy a mi humilde trabajo en las tardes

—Que quede claro que esto no lo hago por ti si no por tu hermana, además, me viene bien tener un criado para que me limpie la casa mientras que voy a mi humilde trabajo en las tardes.

Aún no sé qué ha pasado, pero lo mejor es que os lleve a mi casa ahora.

Rodri no esperó que Iori se lanzara a abrazarle.

—Oye, oye —exclamó ya que fue algo inesperado, aunque ya sabía de la personalidad de aquella joven.

—Gracias de verdad Rodri, enserio que te agradezco esto, prometo ayudar siempre en lo que pueda.

—No, no. Eso mejor déjaselo a tu hermano.

Ahora iré a poner en el cartel que está cerrado, pues acababa de abrir, ni siquiera he empezado a arreglar trastos joder.

Venga, que os llevaré en mi coche.

Los tres salieron de allí tras que colocara el cartel y caminaron muy poco hasta ver un coche de color blanco bastante limpio, era un modelo algo antiguo ya y de los más baratos del mercado.

Ansel le hubiera querido decir que ya podría haberle hecho unos arreglos siendo él inventor también, pero prefirió guardarse sus palabras por las tensiones que había entre ambos.

Su casa estaba algo alejada de su negocio, era un chalet mediano de una planta, en una calle de clase media dando a una esquina y algo cerca había dos contenedores de basura.

Estos entraron en la casa, allí Rodri tenía un gato marrón que nada más verle, se fue a restregar a sus piernas e Iori se acercó para acariciarlo dejándose hacerlo, pero en cuanto Ansel fue a ello también, el gato quiso morderle la mano.

—Bien sabe Pin quien es de confianza y quien no.

En fin, que vuestra habitación será esa de allí, ahora me voy ya a seguir trabajando.

Y los dejó allí solos para que fueran colocando su equipaje en un armario en el que no había casi nada, sólo un par de cinturones y algún que otro trasto.

Continuará...

2 CONOCIENDO A CABELLO DE FUEGO

Algunos días después, sobre las siete y media de la mañana, una joven despertaba de golpe con su cabello todo alborotado, se escuchaba a su madre gritar como loca que de una vez fuera a desayunar desde la otra punta de la casa.

—¡Levántate ya de una vez que Tato te está esperando desde hace rato!

—¡Sííí! —respondía ella aún algo adormilada.

Esta se llamaba Mina, tenía también dieciséis años, su cabello era castaño y corto, sus ojos azules muy llamativos y algo rasgados pero grandes y su piel bastante morena, así con un toque cálido.

Siempre se levantaba con la hora justa, pero esta vez se vistió más tranquilamente, como ya se había duchado en la noche ahora tenía algo más de tiempo, su mejor amigo Tato, siempre la esperaba en la entrada del instituto, pero hoy quería decirle ...

Siempre se levantaba con la hora justa, pero esta vez se vistió más tranquilamente, como ya se había duchado en la noche ahora tenía algo más de tiempo, su mejor amigo Tato, siempre la esperaba en la entrada del instituto, pero hoy quería decirle algo y por eso decidió esperarla en su casa.

Ya vestida con ropa deportiva y tras pasarse rápidamente el cepillo y lavar su cara, fue hasta la cocina en donde estaba él junto a sus padres que andaban terminando de desayunar.

Su madre, la señora Luisa, ya estaba muy bien arreglada desde bien temprano, era de esas mujeres que siempre iban con algo de maquillaje, casi siempre usaba un labial rosa llamativo y llevaba el cabello rizado recogido muy bonito.

Era bastante linda para sus treinta y ocho años y su hija había sacado su apariencia salvo el color de ojos que era como los de su padre, el señor Andrew, dos años mayor que Luisa, este era algo más dejado y ya tenía algo de barriga porque a veces bebía vino y no se cuidaba y su mujer a menudo le regañaba por no hacer ejercicio o beber de más.

Tato le dio los buenos días, y, ella, se puso a desayunar como si nada, con total confianza, aquel joven era muy apuesto, de la misma edad que ella, con el cabello casi negro peinado a la moda, llevando el flequillo hacia abajo un poco a un lado, muy pálido, alto y de ojos color marrón.

Miraba a su amiga comer a gran velocidad y su madre le tuvo que dar un golpe en el brazo.

—¿Qué no tienes modales ni delante de un chico? ¡Ayyy! ¿Qué hice para tener una hija así?

—Mamá, sabes perfectamente que Tato es mi mejor amigo y sabe todo de mí, ¿para qué voy a aparentar modales frente a él? Sería algo muy tonto.

Y su madre volvió a golpear su brazo y también su espalda.

Tato se rio por aquello mientras que ella era más regañada, aunque después la dejó tranquila ya que fue con su marido a la planta baja en donde tenían su bar pues a las ocho ya abrirían.

Después de que Mina se lavara los dientes, se fue junto a Tato hacia el instituto.

—¿Qué querías contarme Tato?

—Pues verás, ya es algo muy obvio, pero, no me voy a andar con rodeos.

Me gustas —dijo sin más mientras caminaban, como si fuera algo sin tanta importancia.

Mina se paró en mitad del camino y se le quedó mirando.

—Tato, sabes muy bien que soy lesbiana.

—Aajaja lo sé, y también sé que nunca me podrás ver con otros ojos.

Pero, no quería seguir viviendo ocultando lo que siento.

En aquel momento ella se subió a su espalda y le rodeó por el cuello para después ir a su cabeza y restregarle con su puño haciéndole de rabiar así colgada a su cuerpo como un mono.

—¡Auch! Qué bruta eres.

—Aish, ya te vale, pero, aun así, tú y yo jamás dejaremos de ser los mejores amigos.

Tato ya se imaginaba una respuesta así y lo tenía asumido todo por eso estaba tranquilo.

Cuando llegó la hora del recreo, ambos se pusieron a jugar al baloncesto con otros alumnos del instituto.

Los dos eran los mejores en los deportes, fue así como se hicieron tan amigos además de populares allí.

Las chicas admiraban mucho a Mina porque era fuerte, siempre defendía a los demás si veía alguna injusticia y nadie podía con ella en las actividades de educación física.

Su estilo de vestir era algo masculino, pero se le veía un bonito físico, delgada y con una mirada muy linda.

Aunque eso sí, su punto flojo era estudiar, siempre se esforzaba mucho para aprobar, sobre todo con las matemáticas o la física y química.

Memorizar textos le resultaba muy aburrido, pero lograba hacerlo, no es que fuera poco inteligente, sólo un poco torpe con una mente hiperactiva que deseaba estar siempre haciendo algo divertido o, con algún deporte, quedarse por horas frente a un libro le agobiaba mucho y no podía prestar atención a lo que estudiaba por demasiado tiempo.

A la salida al fin suspiró por ser libre de esas cuatro paredes, se despidió de Tato ya que este iba por otro camino y fue de regreso a su casa que estaba muy cerca.

Allí, en un parque que había, pudo escuchar el jaleo de unos niños juguetear.

—¡Iori! ¡Cabello de fuego, el monstruo abrasador! —gritaba el más bajito de todos.

Los otros dos ponían sus manos hacia adelante como si lanzaran algún poder por ellas.

Y allí, Mina, se quedó completamente embelesada viendo a aquella bonita chica vestida con un vestido azul cielo, de largo cabello anaranjado que parecía estar hecho de flamas ardientes, piel pálida y hermoso rostro.

Esta hacía de monstruo que lanzaba fuego a esos 3 niños, uno de ellos llevaba una espada de plástico y se la fue a clavar en un costado, ella fingió morir cayendo al suelo y los niños se quedaron preocupados al ver que ya no se movía.

Cuando uno de ellos llevó su dedo a su mejilla, abrió sus ojos y se puso en pie.

—¡A,jaja! ¡Todavía no habéis acabado conmigo!

—Anda, anda, es imposible que hayas revivido, justo te di de lleno —decía aquel niño de la espada.

—Bueno, eso ya lo decidimos el próximo día que juguemos, ya es algo tarde jeje, vamos ya con vuestras mamás —añadió ella sacudiéndose un poco la ropa por detrás.

—Sííí, vamos a beber algún refresco que de tanto jugar tenemos mucha sed, bueno, yo al menos jajaja — eso lo dijo el bajito.

—Sí, yo también —terminó diciendo el que llevaba gafas.

Los tres niños e Iori fueron en dirección al bar de los padres de Mina que estaba muy cerca.

Cuando aquella joven pasó por su lado, esta se quedó como idiota por esos bonitos ojos que tenía color chocolate.

Eran grandes y le daban el aspecto de ser una chica dulce.

No pudo evitar ir tras ella, aunque no demasiado pegada para que no sintiera que la estaba siguiendo.

Al entrar en el bar, se sentó en una de las mesas que había junto a donde Iori se quedó para seguir mirándola, su madre apareció para darle una colleja delante de todo el mundo.

—Anda y ve a comer ya y no ocupes asientos que podrían ser para clientes.

—Jooo mamá, si después de todo no hay tanta gente hoy.

—Ayyy, siempre me tienes que llevar la contraria, de verdad que sólo sabes darme dolores de cabeza.

Y su madre regresó a preparar más pinchos que servir a los clientes junto a las bebidas.

Mina se sentía extraña, a pesar de ser lesbiana, nunca se había fijado así en ninguna chica, incluso pensaba que nunca se podría enamorar, pero, el mirar a Iori era adictivo, ella se veía perfectamente como su tipo ideal.

Al poco, entró un tipo vestido con una capucha que le tapaba parte de la cara más con esas gafas de sol y, tomó a la joven del brazo para tratar de sacarla de allí pues, andaba con los niños y las madres de estos.

—Mira que te dije que nada de beber ni cosas así, venga, volvamos a casa, que siempre me preocupas estando sola por ahí.

—Pero hermanito, si no iba a beber.

Y este la sacó del bar rápidamente, Mina se puso en pie decidida para ir tras ese tipo, le había molestado mucho el cómo le habló a esa chica que no podía dejar de mirar y sí o sí le diría sus cosas.

Fue justo cuando iba a rozar el hombro de Ansel encapuchado, que le escuchó decir aquello.

—Eres un robot ahora, recuérdalo, no puedes comer o beber, ¿cuántas veces te lo repetiré Iori?

—¡¿Robot?! —exclamó Mina en lo alto, ambos se dieron media vuelta asustados por haber sido descubiertos.

—No puede ser, tú, ¿nos estabas siguiendo?

¿Qué tramas? —decía Ansel intentando hacerse el duro señalándola con el dedo.

—Yo no tramo nada, estaba tras vosotros porque me molestó mucho el cómo la sacaste del bar y lo vi injusto, pero ahora, eso de robot, ¿no me digas que ambos lo sois?

—No, no, no, yo no soy un robot, pero mi hermana, ains, no voy a poder seguir ocultándolo si ya nos has escuchado, anda y ven con nosotros, en casa te explicaré mejor todo, no es bueno que ande en la calle.

Mina con curiosidad decidió ir con ellos, la casa estaba muy cerca del bar, a unos cuatro minutos.

Ya allí, Rodri preguntó el porqué traían a aquella chica.

—Sólo hemos sido descubiertos y, voy a explicarle.

—Joder macho, es que incluso así tapado sabía yo que la acabarías cagando, lo mejor es que ya ni salgas de casa porque abres la boca y lías alguna.

—Bueno, bueno, dejemos eso ahora y vamos a sentarnos, déjame explicarte todo, enm, ¿cuál es tu nombre antes que nada?

—Me llamo Mina.

—Bien, yo soy Ansel, ella es Iori y ese de ahí es Rodri.

Lo mejor es conocernos primero y, en fin, voy a contarte un poco por encima.

Ansel le acabó relatando todo, aunque muy resumido, desde lo de la enfermedad de su hermana, hasta lo de que era científico, el cómo pudo crear ese nuevo cuerpo, también sobre el atrapa-almas y el tema de tener que huir por culpa de ese doctor que no les daba confianza.

Mina todavía estaba boquiabierta, aunque había robots en ese mundo, ninguno era tan sumamente perfecto en apariencia que pareciera un humano de verdad, además, tampoco había escuchado de robots con almas humanas y eso aún la dejaba más sorprendida.

—Y ahora que sabes todo por encima, ¿te gustaría ser nuestra ayudante?

Mina trató de salir de su asombro al escuchar aquella proposición.

—¿Cómo? Yo no soy demasiado inteligente para estas cosas.

No es que no quiera, pero, no sé crear robots ni de física ni nada de nada ajaja.

—No necesitas saber de eso para ayudar, lo único que te pido, es que le enseñes a Iori a recordar cómo es el mundo exterior, que pueda disfrutar y vivir de nuevo sintiendo felicidad.

Es que, yo ahora no tengo dinero y salir para que me reconozcan sería peligroso, podrían llevarse a Iori.

Los que me estén buscando saben bien de cómo es mi cara, pero, el robot de Iori ni siquiera fue visto por nuestros padres, sólo lo conoce ese doctor, fotos mías tienen por doquier, pero de Iori como robot, nadie más sabe cómo es su rostro pues lo hice expresamente pensando en ella como si estuviera saludable, más llenita y con buen color ya me entiendes.

—Bueno, está bien, a mí me gusta mucho salir de casa y practicar deportes así que, pienso que es buena idea.

—Perfecto, qué suerte habernos encontrado contigo, se te ve que eres una chica enérgica y positiva, perfecta para ser la amiga de Iori.

¿Tienes alguna duda de algo?

—Por ahora no, bueno, sólo me da curiosidad el cómo funciona, no parece tener enchufes ni nada para cargar baterías ajajaja —decía ella mirándola fijamente, aunque Iori permanecía tranquila.

—Muy fácil, absorbe la energía de la luz del día por su piel, por las noches, ella duerme como cualquier humano, entra en modo reposo y despierta a las 8 de la mañana, así ahorra esa energía.

Su cuerpo está hecho con los mejores materiales resistentes, no es cómo el típico aparato eléctrico que tiene una vida útil limitada no superando algunos los 10 años, ella podrá vivir lo mismo que si fuera una humana, además, si algo fallara, traje lo necesario para arreglarla, pero eso no creo que suceda.

En fin, entonces, ¿sí la ayudarás a ser feliz?

—Claro jeje.

Mina, aún no se creía lo que estaba viviendo, había aceptado algo así a pesar de ser gratis ya que Iori le pareció muy linda.

Casi parecía amor a primera vista y es que, su mirada se desviaba a ella todo el tiempo, se veía tan real, que no podías sospechar que fuera un robot, sus movimientos, su voz natural para nada robótica, sus ojos que parecían brillar como si fueran humanos.

Ansel le iba diciendo mientras la miraba, que cuidara que no comiera ni bebiera nada delante de nadie ya que no podía tragar y la comida volvería a la boca y la echaría pues tenía un tope en la garganta, aunque sí podía bañarse ya que el agua no podría entrar en ella.

Le explicaba también, que su cabello sí podía ser lavado, pero que mejor no usar planchas ni cosas por el estilo para que se mantuviera saludable.

Era natural por lo que usar mascarillas le haría mucho bien.

—Tranquilo jaja, en casa no uso planchas ni cosas así ya que según me lavo el cabello, dejo que se seque libremente.

Bien, entonces, ¿ella puede venir conmigo ya?

—Claro, pero sé muy cuidadosa con Iori.

—Hermanito, no te preocupes tanto, voy a estar bien, además, yo misma sé qué cosas no puedo hacer, ya le avisaría a Mina.

—Ains, si es que ya sabes que me preocupo por ti, eres lo que más me importa en esta vida Iori.

—Lo sé hermanito, por eso te quiero tanto.

Y esta se abrazó a él, después se marchó con Mina, por el camino al bar, esta volvía a mirarla una y otra vez.

—Jeje, ¿todavía estás sorprendida de ver a una chica robot? —le dijo Iori sonriéndole, sus expresiones también eran completamente naturales.

—No, es que, bueno, ¡ajajajajaja!

La pobre Mina se rio a carcajadas llevando su mano tras su cabeza.

—La verdad es que sí estoy que no me creo todavía lo que me está pasando.

—Mi hermano es alguien genial y demasiado inteligente, le admiro tanto.

Oh, no me digas que tu casa es el bar.

Se sorprendió Iori al ver que ya estaban frente a ese lugar llamado Bar restaurante Sánchez.

—Así es, en la planta superior es donde vivo con mis padres.

Vamos, además me muero de hambre jaja, ya quiero comer algo.

Ambas chicas entraron allí, los padres seguían con su trabajo, Mina, le dijo a su madre que las vio pasar, que Iori era una nueva compañera de clase, que cogerían comida para tomarla en su habitación ya que debían hacer un trabajo de historia juntas.

Mina tomó dos boles de arroz para que su madre no sospechara nada y subieron arriba.

Ya solas y tranquilas, Mina se puso a comer con ansias sentada sobre una alfombra en el suelo mientras que observaba a Iori que parecía estar un poco nerviosa ahí a su lado.

—No te cortes, ahora mi habitación es como la tuya.

—Jeje, es que nunca estuve en la habitación de alguien más y me siento extraña.

—Yo sólo he estado en la habitación de mi amigo Tato así que te puedo entender —le contaba ella muy confiada ya—. Me llevo bien con casi todo el mundo de mi instituto, pero sólo con él tengo confianza, por cierto, tengo una curiosidad.

—¿Qué es?

—Verás, tu cuerpo, según me dijo tu hermano, era como el de humana pero más saludable ¿no?

Iori miró a sus manitas, pero enseguida volvió a esbozar una de sus bonitas sonrisas.

—Algo así, mi hermano se encargó que fuera igual pero más rellenita y con piel con buen aspecto, cabello sano y abundante.

Tengo tanta confianza con mi hermano, que hasta era él el que me ayudaba a bañarme por eso, sabía bien cómo era cada parte de mi cuerpo, yo expresamente le pedí que así fuera para luego no sentirme extraña viéndome demasiado diferente.

Siempre acepté todo de mí, pero el hecho de verme tan delgada me dolía, por eso él lo hizo de tal manera, que fuera como el de una adolescente con buena salud, una chica normal como deseaba tanto ser.

Mina tenía curiosidad de saber cómo fue siendo humana pues estaba embelesada con su belleza, pero eso se lo iba a callar por ahora porque no quería incomodar a Iori.

—¿Y cómo se siente de diferente estar dentro de un robot? —seguía preguntando Mina porque aún estaba sorprendida.

—Estar en un cuerpo robótico, es curioso, me siento saludable, nada me duele, pero, es algo frío, no puedo sentir un corazón latir y es algo triste.

—Perdóname por preguntarte cosas que te hacen sentir mal.

—No jeje, no te preocupes, después de todo, estoy agradecida por seguir viviendo.

—Uf, menos mal, no quería verte decaída ya que pareces ser muy alegre.

Por cierto, ¿en dónde está tu alma? Es que eso no me lo explicó tu hermano, está, ¿en todo tu cuerpo? O ¿en un lugar en concreto?

Iori se acercó más a Mina para tomar su mano izquierda y llevarla a su pecho, en el lado donde estaría el corazón, con lo que esta se puso nerviosa al sentir que tocaba de más ya que tenía bastante busto.

Aquella joven cerró sus ojos como si tratara que Mina pudiera sentir algo, después le sonrió cálidamente haciendo que se pusiera algo nerviosa porque sus sonrisas eran muy hermosas.

—No siento un corazón, pero sí mi alma aquí atrapada, ¿me ayudarás a sentir calidez?

—Cla-claro, haré lo que sea necesario.

Y por poco siente que por su nariz podrían brotar chorros y chorros de sangre por aquella situación y su manera tan tierna de pedirle aquello.

Esos ojos que la miraban tan bonitos con esa sonrisa y esa dulce carita, estaban haciendo que Mina sintiera de todo y más.

Se terminó toda la comida y eso que eran dos boles y después decidió llevarla a casa de Rodri de nuevo porque no estaba muy segura aún de lo que debía hacer, además, tenía que seguir con la tarea que le mandaron de clase y estaría mucho rato tratando de acabarla.

Al llegar, Rodri estaba afuera paseando a su gato con una correa cosa que a Mina le sorprendió bastante.

—Guau, jamás vi a un gato seguir así a su dueño como un perro, estoy flipando jolines.

—¿Qué? ¿Te sorprende? Pin es un gato especial y único además de ser mi mejor amigo.

—¿Y Ansel? —preguntaba Mina pues era demasiado curiosa.

—¿Ese? Bueh, es discutible, aún ni sé por qué le dejé vivir en mi casa, creo que sólo lo hice por Iori.

En fin, me voy preparando para ir a mi trabajo, reparo objetos de todo tipo, desde electrodomésticos hasta ordenadores.

—Sí, ¡Rodri es genial y también muy inteligente! —Exclamaba Iori muy alegre.

—Gracias Iori, creo que sólo tú sabes valorarme.

Bueno, me iré a lavar los dientes que me huele el aliento a culo de mono y después, a mi cochecito para mi trabajo.

Todos entraron en la casa, dentro estaba Ansel arreglando una aspiradora, Rodri pasó de largo como si nada para entrar al baño.

—Ains, Rodri será un as con eso de arreglar cualquier cosa, pero, se olvida de lo que tiene en casa.

Es de esos que por pereza prefieren agarrar la escoba a arreglar algo en lo que no gastaría nada de tiempo con su habilidad.

Por cierto, ¿qué hacéis tan pronto aquí? Anda y salid a pasear un poco por la ciudad, Iori necesita ver mundo eso sí, nunca la dejes sola, ella se pierde fácilmente, aún, siendo un robot, su alma es la misma —comentaba Ansel sin soltar aquella aspiradora, se le veía bien atareado allí sobre la mesa del salón.

—Es que, debo hacer mi tarea de clase y no quería que Iori se aburriera, más con mi torpeza en los estudios, sobre todo en los de física y química, me tiro horas.

—Ah, por eso no te preocupes, Iori también es una chica inteligente, no sabrá inventar robots, pero amaba estudiar en casa, ella podría ayudarte con la tarea cada día.

—Así es, ahora que somos amigas te ayudaré en lo que sea —expresaba con entusiasmo.

—Vaya, eso no lo esperé jeje, pues qué bien me viene ya que siempre acabo dejando cosas sin hacer porque no las entiendo.

—Venga, volvamos a tu casa juju.

Y ya allí, estuvieron por casi una hora haciendo la tarea cosa que normalmente la pobre Mina, se tiraba toda la tarde si no es que lo dejaba a medias harta.

—¡Guau, esto es genialoso! Gracias a ti ya acabé toda esta guarrería que luego ni siento que me vaya a servir.

Eres de lo mejor Iori.

—Jeje, muchas gracias, es que, yo siempre quise ir al instituto, me daba igual si lo que me enseñaran me sirviera en un futuro o no, lo importante es que quería ser como los adolescentes normales por eso, leía mucho en mi cama cada día.

—Vaya, yo en cambio odio estudiar, pero amo los deportes y a veces los videojuegos.

¿Te gustaría venir conmigo a un parque que hay en unas calles cercanas?

Mi amigo Tato va siempre a jugar al baloncesto, a veces espera a que yo vaya cuando termine mi tarea.

Él es bastante inteligente como tú y también genial en los deportes, tiene de todo jaja además es guapetón, seguro te gusta.

—Está bien, vamos, me hace mucha ilusión conocerle.

Ambas chicas salieron de la casa tras despedirse de los padres de Mina, por el camino esta le iba diciendo de vez en cuando sobre algunos establecimientos que conocía que había de paso, Iori se veía muy entusiasmada por aquello, por ver mundo, así hasta que llegaron a aquel grande y bonito parque en donde había muchos árboles y jardines de rosales, bancos para que la gente se sentara a descansar y también columpios para los niños además de una cancha de baloncesto y, también, para jugar al tenis y al fútbol.

Allí ya estaba Tato, que nada más ver a Mina, corrió hacia ella con la pelota en sus manos.

—Con que ¿dejando la tarea para más tarde?

—No a, jajajaja, esta vez la pude acabar gracias a Iori.

Y esta, se la presentó diciendo que era una chica nueva del barrio.

Todavía no quería decirle que era una robot.

—Vaya, vaya, pues mucho gusto en conocerte, yo soy Tato ¿quieres jugar con nosotros?

—Por supuesto, me encantaría.

Aunque, nunca jugué al baloncesto, no sé si lo haré bien.

—No te preocupes, Mina y yo te enseñaremos, es fácil ya verás.

Iori se sintió tranquila al ver que Tato que era alguien muy agradable y los tres se pusieron a jugar al baloncesto, esta era algo torpe pero aun así se divirtió mucho, para ella, era la primera vez en este deporte, cuando era muy pequeña y estaba sana, sólo había hecho ejercicios de educación física en la primaria, pero, nunca se le dio bien, aunque tuviera un cuerpo sano y fuerte, su alma era la que dirigía todo y fallaba en las mismas cosas.

Igualmente, Mina y Tato eran muy buenos y trataban de que ella se lo pasara bien tratando de no competir tanto entre los dos para darle la oportunidad a Iori de lograr encestar alguna canasta.

—Jajajaja, fue tan genial, después de haber estado tanto tiempo enferma, me siento feliz de hacer este tipo de cosas, aunque no sea buena en ellas.

—¿Enferma? —le preguntó Tato algo curioso —. Vaya, pues se te ve tan bien ahora, qué bueno que Mina te haya sacado de casa, recuerdo una vez que me resfrié horrible, ella fue a cuidarme ya que vivo solo y hasta me hacía de dar paseos para tomar un poco el aire.

—Sí jajaja, siempre me voy a preocupar de ti, para eso eres mi mejor amigo.

—Lo mismo digo Mina, lo mismo digo.

Y bueno.

¿Vamos a por unos refrescos para hidratarnos?

Mina enseguida le paró antes de que él fuera a comprarlos tirando de su brazo, pues cerca había un kiosco en donde los vendían.

—No hace falta, Iori estuvo fatal de la garganta así que no puede tomar nada frío —trataba de convencerle porque no debía dejar que descubriera que no era humana.

—También venden agua del tiempo.

—No, no, que no hace falta Tato, además debe volver a casa ya para tomar su medicación ajajajaja.

Voy a acompañarla, que como es nueva aquí, no se sabe bien el camino de vuelta, mañana ya nos veremos en el instituto.

—Está bien, mañana nos vemos Mina, hasta luego Iori.

—Hasta luego.

Por el camino, ambas chicas iban en silencio, Mina se dio cuenta de que Iori parecía algo cabizbaja.

—¿Algo te sucede Iori?

—No nada, es sólo que, me dieron la oportunidad de seguir viviendo, pero, las cosas que deseo hacer, como probar nuevos sabores de helado o platillos deliciosos no las puedo hacer.

Me sentí mal porque hayas tenido que mentir a tu amigo para que no me descubriera.

¿Me perdonas?

Iori dijo aquello mirándola con sus tiernos ojos que parecían que se echarían a llorar si realmente pudiera.

Mina volvió a quedarse como tonta por su belleza.

—No hay nada que perdonar de verdad, oye, para cambiar de tema, quiero saber algo jeje.

—Dime, ¿qué es?

—Si tú me tocas o yo te toco, ¿podrías sentir mi piel?

—Sí jeje.

Tengo la habilidad de sentir un poco con mi piel, también de percibir olores, pero, no de saborear ya sabes, no puedo comer nada.

En ese momento, Mina fue a sus labios para darle un pequeño beso que Iori jamás esperó.

Es que ya no podía aguantarse más.

—¡Mi-Mina!

—¡Ajajajaja! —reía Mina nerviosa por lo que acababa de hacer—. Es para que no estés triste, quería sacarte de esos oscuros pensamientos y sólo se me pasó eso por la mente.

¿Sentiste mis labios?

—Sí jeje, fue algo curioso.

Después, ambas chicas se quedaron de nuevo en silencio el resto del camino, Mina aún no se creía lo que acababa de hacer, en verdad siempre fue una chica lanzada, a menudo pensaba que si se enamoraba de alguien, le diría sin dudarlo, pero ahora, sólo se le ocurrió hacer aquello del beso, igualmente acababa de conocerla y sería algo precipitado decirle que ya le gustaba.

Continuará...

3 DOS CHICAS EN UN PROBADOR

Ya en la casa de Rodri, Ansel, les estuvo preguntando cómo les fue todo e Iori, aún con la alegría en el alma, le contó que jugó por primera vez al baloncesto y que fue muy divertido.

Después, Mina decidió regresar al bar, despidiéndose de ellos. Esa noche, se la pasó pensando en Iori hasta bien tarde, en lo dulce y tierna que le parecía, en lo bonita que era, definitivamente, era su tipo ideal.

Al día siguiente, tras el instituto, fue corriendo a su casa para verla, allí, en la entrada, estaban los niños del día anterior esperándola para jugar.

Rodri, bloqueaba la puerta e Iori, apareció tras él con un hermoso vestido beige por encima de las rodillas, de nuevo, Mina se quedó como atontada mirándola.

—Iori, hoy hemos traído más toallas para jugar, es muy injusto que sólo tú uses capa, nosotros también las queremos usar.

Comentó uno de los niños, ondeando su toalla en lo alto.

—Eso es estupendo, entonces, mi amiga Mina ¿Podría unirse?

—Espera, ¿yo?

Exclamó un tanto nerviosa.

—Claro, ¿no te gustaría?

—Por supuesto, venga, vamos a jugar.

Terminó soltando decidida, dándose un pequeño golpecito en el pecho.

Y los niños, tomaron a esa joven robot de las manos que, de nuevo, su rostro tenía una de sus lindas sonrisas, haciendo que esos pequeños, se sintieran súper alegres y confiados y, Mina, se sorprendía al ver como esa chica alegraba a todos así, tan fácilmente.

Fue tan divertido, aunque solo fuera un pequeño ratito antes de ir a comer, en verdad, era tan necesario, y Mina, acabó aplastada por esos niños, que la habían tomado por el malvado monstruo, y por fin, acabaron con ella.

Fue en nada, que sus padres aparecieron allí para mandarlos a comer y, ambas chicas, se quedaron solas, en ese descampado, sentadas en un viejo cemento a medio construir.

—Ojalá mi hermano dejara un poco sus inventos para jugar también.

Acabó soltando Iori, mirando al cielo azul, hoy estaba despejado, no había ni una sola nube.

—Él, siempre me cuidó, pero, ahora volvió con sus creaciones.

En parte me gusta ya que, inventar cosas siempre le apasionó.

Pero, quisiera que el pobre pudiera salir de casa, aunque sea bien tapado para que no le descubran.

En fin.

Y dejó de ver al cielo, para mirar a Mina con esa dulce expresión, tomando sus manos con las suyas.

—No quiero retenerte más, debes ir a comer Mina o, ya sé, ¿y si comes en casa?

Siempre ayudo a Rodri a preparar comida rica, pero, no calculamos bien y solemos hacer de más.

—¿De verdad puedo comer en casa de Rodri?

Preguntaba aquella joven, sintiendo que le daría algo al ver que Iori la miraba tan de cerca.

Se sentía una total depravada por volverse tan loca tan fácilmente.

—Claro, él es alguien muy bueno jeje, venga, vámonos ya.

Mina, entonces, se dejó guiar por esa chica curiosa, que tiraba de su brazo, así, hasta llegar a la casa de Rodri, y, estando tranquilas dentro, le mandó un mensaje a su padre para decirle que se quedaría a comer con su amiga Iori y que así, su madre, no la esperase histérica.

Mientras, Rodri no dejaba de aporrear la puerta de la habitación de Ansel.

—¡Dijiste que serías mi chacha personal!, ¡vamos y sal de una vez de ahí! ¡Al menos quiero que te alimentes porque si mueres, el muerto me caerá a mí!

Y por fin se abrió esa puerta tras tanta insistencia, de allí, salió Ansel todo apestoso y con el cabello graso, el gato al verlo, huyó y todo.

—Joder, hasta mi Pin muere del asco, ¿así pretendes sentarte con nosotros en la mesa?

Gruñía Rodri tapándose la nariz y aireando el ambiente con su mano.

—Jo hermano, te estás volviendo un sucio y eso me pone triste, además, apenas trajiste cambio de ropa y siempre vas con lo mismo, en vez de traer mis vestidos, debiste coger más pantalones y camisas para ti.

—No te preocupes por eso Iori, me apaño bien con estos pantalones.

Pero ella no se quedó tranquila, levantándose para ir junto a su hermano, tomándole de las manos.

—Amaría comprarte ropa linda ya que eres guapo hermanito, pero, incluso con mi olfato de robot, puedo ver que llevas mucho tiempo con la misma camisa.

—No hace falta que me compres ropa, después de todo, no puedo salir a la calle ajaja.

Reía en lo alto, sintiéndose un poco penoso por su situación.

—Sí, además, no quiero que haya más gastos, bastante que te alimento cuando no te mereces una mierda.

Mira, vete a bañar que no voy a soportar esos olores comiendo, haz el favor de ponerte algo de mi ropa, pero, más te vale lavarla bien después joder.

Gruñía Rodri aún con la nariz tapada, yendo después a por algo de su ropa para entregarle.

Mina, miraba todo en silencio, Rodri, se sentó con ellas en la mesa, esperando a que Ansel se diera una buena ducha para comer juntos, menos mal que en cinco minutos, salió del baño, ya con su cabello húmedo y con la ropa limpia.

La pobre Iori los miraba comer, el oler a comida le gustaba, aunque no sentía hambre.

Aunque, en su mente, recordaba los momentos en los que comió comida deliciosa, era algo que no podría volver a repetir y sentía añoranza, también cierta tristeza que prefirió ocultar, más, al ver como su nueva amiga, disfrutaba tanto con esos platillos, ella misma, había ayudado a Rodri a preparar todo antes de salir a jugar, aunque no pudiera probar la comida, sabía calcular las cantidades de los ingredientes.

Después de la comida, ambas chicas, se pusieron con la tarea de la escuela, Mina, estaba disfrutando de lo lindo, tan cerca de Iori, siendo como una alumna sumisa con su tierna y preciosa maestra, no dejaba de sentirse indecente por esos pervertidos pensamientos que la llenaban y, si no fuera porque su móvil vibró, no hubiera salido de ellos. Era un mensaje de Tato, invitándola a que saliera con él al centro comercial pues, quería comprar algo de ropa deportiva.

Iori se apuntó para ir con ellos, y, ya allí, se maravilló viendo tantas tiendas de ropa.

No dejaba de mirar escaparate tras escaparate, con unos inmensos deseos de tener todos los conjuntos bonitos que veía.

—Parece que te gusta mucho la moda.

Terminó diciéndole Tato, pues, esta se había quedado prendada mirando un vestido blanco de una popular tienda entre los jóvenes.

—Sí, me gusta mucho juju, pero ahora, quisiera ver a Mina con este vestido.

—¡¿Qué?! anda ya, ni loca.

Gruñó aquella joven, roja como nunca, hasta echándose un poco hacia atrás.

—¿Por qué?, quizás... ¿porque es muy caro?, no había pensado en eso.

—No, no es eso.

Tengo mis ahorros siempre encima que para colmo, no sé ni en qué gastarlos, pero, no voy a comprarme un vestido, y menos aún, dejo que mi mejor amigo me vea con él puesto.

Me sentiría rara.

Les confesó al fin, restregando sus dos manos y sudando un poco imaginándose en esa situación.

—Yo te animo a ello, lo recordaría toda mi vida.

Soltó Tato dándole unas palmaditas en la espalda.

—¡Eres un capullo enserio! eso no lo esperé de ti.

Y sin pudores, ahí, delante de todo el mundo que pasaba, se subió a él, a su espalda, para darle collejas en la coronilla e, Iori, en vez de sacar esa idea de su cabeza, incluso le imploró que por favor se comprara ese vestido, así, juntando sus dos manitas y mirándola con esos ojitos tiernos que tenía.

Acercándose a ella, tanto, tanto, que volvió a caer rendida por su mirada.

Al final, no pudo más y se resignó, sabiendo que no podría negarse más, entrando los tres a esa tienda e, Iori, preguntó sin pudores a la dependienta por ese vestido, y, tras tomar uno de la talla pequeña, ambas se metieron al probador.

—Venga juju, quítate la ropa, ya quiero verte con ese vestido.

—¡Ay madre!

Mina, estaba tan nerviosa, más, porque aquella hermosa robot, le estaba desabrochando los pantalones como si nada y, ya, había logrado sacarle la camiseta.

Tan roja, tan sumamente roja, nada pudo hacer para resistirse porque acabó en ropa interior.

—Auuu, tus braguitas son muy lindas, pero, no combinan nada con tu sujetador.

—Qué más da Iori, venga, que me pongo el vestido.

—¿Te da vergüenza de mí? si somos las dos chicas jeje, si quieres, me quedo en ropa interior para que te sientas más cómoda.

—No no, que ya me siento bien.

A la pobre Mina casi le da un ataque al corazón, pero, logró ponerse el condenado vestido y, tras mirarse en el espejo, se quedó muy sorprendida al verse así vestida, además que, al ser blanco, contrastaba con su piel morena y así, era más favorecedor.

Iori, sin contenerse, exclamaba por todo lo alto lo linda que estaba y, tras eso, a la fuerza, la sacó del probador para que Tato la viera, este aplaudió y todo y Mina le sacó el puño amenazándole con darle duro, pero, lo cierto era, que estaba más que avergonzada.

Al final, tuvo que comprarlo y la pobre, iba decepcionada por haberse gastado sus ahorros tan solo porque se dejó embrujar por Iori.

—¡Aayy! Qué linda estabas con ese vestido juju, pero, siempre pensaré que estás genial, da igual la ropa que lleves.

Le decía Iori con ilusión mientras que, Mina, iba un poco encorvada, tal cual si fuera una mona por la postura que cargaba.

—Gracias, aunque eso no me va a devolver el dinero, ayyy.

—Anímate, ahora vamos a ver ropa de la que te gusta, si quieres, puedo comprarte algo como recompensa por dejar que te vea así vestida.

—No hace falta Tato, no hace falta, y será mejor que olvides esa imagen de mí, no me hace ninguna gracia que la recuerdes en tu mente.

Tato sonrió y después se metieron en una tienda de productos de deporte.

Mina se sentía en su salsa allí e Iori, se daba cuenta de ello.

No dejaba de ver asombrada las deportivas de marca, o, si no, otros artículos que le llamaban la atención.

Tras que compraran la ropa, bajaron a la planta baja para irse ya de ese centro comercial, pero, se percataron de que había un montón de gente y cámaras grabando a un grupo de bailarines callejeros que bailaban con mucho arte.

Iori, no pudo con la emoción al ver aquello y acabó por colarse entre el público para bailar también, Mina, trató de detenerla, pero fue imposible, enseguida se unió a ellos y, lo cierto era, que eso de bailar, lo hacía estupendamente.

En nada logró sincronizarse con esa música urbana, la gente incluso aplaudió con más energía, animada por los movimientos de aquella muchacha.

Mina se había quedado como embelesada, cada vez que Iori hacía algo lindo, parecía embrujarse y ya no sabía qué habitaba en su corazón, mirándola bailar, su lindo cuerpo, la manera que tenía de moverse era hipnotizante.

¿Cómo era posible que un robot pudiera hacer ese tipo de movimientos?

Era como ver a una humana realmente, como si fuera el alma de Iori la que se manifestara al bailar y, al terminar la música, esos jóvenes bailarines la aplaudieron también, incluso le preguntaron si quería unirse a su grupo.

—Eres increíble chica, con tu talento podrías formar parte de nuestro grupo sí o sí.

—Jeje, me encantaría, pero, por ahora, no puedo, os lo agradezco muchísimo, simplemente, quería hacer algo que siempre deseé.

Y se alejó corriendo junto a Mina y a Tato para marcharse de una vez, con un anhelo en su corazón.

En el corazón que guardaba su alma.

Por el camino, ella les contó, que desde pequeña siempre amó bailar, pero, que, al enfermar, tuvo que dejarlo.

—Siempre, desde mi cama, veía a los grupos hacer sus bailes en el escenario y, así es como era feliz.

Aunque fuera mirando esa televisión todo el tiempo, o los vídeos en internet de sus presentaciones.

—Entonces, ¿estuviste enferma por mucho tiempo?

Preguntó Tato queriendo saber un poco más de ella.

—Sí jeje, pero ya estoy bien.

—Más adelante te contaremos Tato.

Mina, quería ser sincera con su mejor amigo, sabía que él era de confianza, pero, le había prometido a Ansel que no diría el secreto, al menos todavía.

Fue al rato que se despidieron de él y, Mina e Iori, se quedaron en aquel descampado.

—Tato parece quererte mucho, esa es la impresión que me da.

Es un chico muy majo jeje.

Terminó soltando Iori, sonriendo tan cálidamente, y, con esa linda inocencia que poseía.

—Lo es y, de hecho, hace nada se me confesó.

—¡¿Lo dices enserio?!

E Iori pareció súper sorprendida por aquello, Mina sonrió también, mirando al cielo el cual, ahora tenía algunas nubes.

—Así es, pero, a mí él, no me gusta de esa manera, aunque sea una buena persona, además de atractivo y popular.

En el instituto muchos piensan que somos novios porque somos muy íntimos amigos.

Y aún con todo eso, con todo lo bueno que tiene y lo genial que es conmigo, no me he enamorado de él.

—Lo entiendo, no se puede mangonear al corazón al antojo de cada uno.

—Así es, y, a ti ¿Te gusta alguien? ¿Rodri por ejemplo?

Mina tenía mucho interés en saber sobre los gustos y sentimientos de Iori y estaba ansiosa por su respuesta.

—¿Rodri? ¡Ajajaja! Es un chico majo, aunque a veces es mal hablado, es lindo pero, no me gusta, aunque le aprecio mucho.

Iori se quedó viendo sus propias manos por unos momentos, como con cierta tristeza, a pesar de la pequeña sonrisa que dejaba ver.

—Nunca me he enamorado y, como no pude ir al instituto pues, no pude vivir el primer amor, ese del que hablan y que tanto sale en los dramas que veía.

Sólo podía ver a mi hermano y al doctor.

—Y ese doctor, decía tu hermano que no le agradaba, ¿y eso?

Seguía preguntando Mina.

—Bueno, no creo que fuera mala persona, pero, se dejó llevar por los traumas de su infancia y no trató de ser más fuerte.

Lo cierto es que, era serio e imponía, pero, cuando estábamos a solas, él, se acercaba a mí, sin dejar de mirarme, acariciaba mi rostro y me decía que aún enferma, era hermosa, que me amaba.

Y tras soltar aquello, Mina se molestó demasiado, y no dudó en gruñir por lo alto.

—¡No jodas Iori!, ¡será marrano el tipo! ¡Me he cabreado!

—Tranquila.

Trató de calmarla llevando su manita a una de las suyas.

—No es que me parezca mal que un señor adulto se enamore de una joven, si es amor real y de ese respetuoso claro. Él, cuando empezó a ser así, yo ya había cumplido los trece años, pero, lo cierto es que sí era incómodo porque, yo, no sentía lo mismo.

Reveló al fin, eso, era algo que jamás le había dicho a nadie, ni tan siquiera a su hermano y, se puso en pie, sintiendo por unos momentos la suave brisa de la tarde ondear su cabello.

—Mis papás por su empresa, casi nunca estaban en casa y no querían hacerme caso, simplemente, pagaban a ese doctor y ya, seguramente, por sentir que lo correcto era no dejarme morir, aunque no me amaran.

Sólo mi hermano se preocupaba por mí, era el único que sabía un poco sobre el tema, aunque, no le dije de sus caricias, ni de su confesión de amor, pero, al enterarse de que no me sentía cómoda junto al doctor, se lo contó a mis padres, lo poco que le dejé saber y, ellos, parecieron no escuchar.

Siento siempre, que vine al mundo como un error para ellos.

Y se echó al suelo, dejando sacar de una vez todo ese dolor que siempre mantuvo escondido, detrás de esa primera imagen alegre y cálida, se ocultaba un mundo lleno de tristeza y, Mina, quiso ir a ella, rodearla entre sus brazos, pero, Iori, siguió sacando más de ese otro mundo.

—Mi hermano era perfecto, ganó un premio por sus inventos, pero, siento que a mis padres, sólo les importaba porque él ganaba dinero así y, en cuanto enfermé, Ansel se dedicó más a mí y eso les molestaba.

Al final escapamos juntos de ese mal hogar cuando ya murió mi cuerpo humano.

Huimos, no sólo por mis padres, también porque el doctor se quería quedar conmigo y a ellos les pareció una idea estupenda.

Iori, al fin dejó ver sus ojos a Mina, que a pesar que no podía sacar ni una sola lágrima al estar en ese frío cuerpo, su expresión lo decía todo.

—¡Imagínate lo poco que me amaban que ni sabían de cómo era el robot, este cuerpo!

Sólo le hacían preguntas a mi hermano de cómo iba el proceso de creación y tal, pero, ni se molestaban en ver su aspecto ni de cómo me sentía yo.

¡Como si mi alma no fuera importante!

Mina no lo resistió más, atrapándola en sus brazos para que calmara su alma, dejándola sin palabras, ahí, sintiendo el pequeño pecho de su amiga junto al suyo, por un pequeño rato, hasta que, tuvo las fuerzas de rodearla también.

—Gracias... gracias Mina, gracias por este abrazo.

Y esta al fin se separó de ella, tenía el ceño fruncido, más que nunca y levantó su puño el cual cerraba con mucha fuerza.

—Es que... ¡¡Esto me pone muy furiosa!!

Tus padres son mierda absoluta, lo más importante es el alma.

¿Qué acaso ahora creían que simplemente eras un robot?

—Eso parece, pero, no te pongas así, yo quiero verte alegre.

Mina, poco a poco se fue calmando, pero ganas de golpear a sus padres no le faltaban y, de hecho, se lo dijo a Iori con total confianza.

Al final decidieron regresar a casa de Rodri.

Continuará...

4 EL SECRETO DE ANSEL

—Perdón por tener que llevarme desde el centro comercial hasta casa.

Comentaba Iori más tranquila, hasta con una pequeñita sonrisa.

—Ajaja, desde niña fui pésima para guiarme en la calle y recordar caminos, prometo estar más atenta por donde vamos caminando, parece mentira que sea buena estudiante y luego me pasen estas cosas ¡Ajajajaja!

Reía ahora en lo alto, pero de una forma un tanto dulce, apoyada en la puerta del que ahora era su hogar.

—No importa, me gusta ir contigo, además, le prometí a tu hermano cuidarte mucho.

Respondió Mina con una sonrisa también, para, después, darse media vuelta, y con su mano en lo alto, se alejó despidiéndose así.

—¡Ya nos veremos mañana a la hora de siempre! ¡Debo regresar a casa no sea que mi madre gruña por estar todo el día afuera!

Y así fue, nada más llegar, esta, la estaba esperando con los brazos en jarra, ahora que todos los clientes estaban servidos se encontraba en la entrada bien seria.

Nada más verla entrar con esa bolsa en la mano, sin dudarlo, se plantó en medio intimidante para no dejarla pasar.

—Con que... saliendo con nuevos amigos que no conocemos tu padre y yo.

¡A ver qué traes en esa bolsa!

—¡No mamá, no es nada!

Gimió avergonzada, tratando de apartar la bolsa pues no quería que su madre descubriera lo del vestido.

—¡He dicho que traigas!

Y terminaron forcejeando, así, frente a los clientes, hasta que la señora Luisa, logró quitarle la bolsa de las manos.

El padre les pedía que no armaran jaleo delante de la gente, pero fue completamente ignorado.

—¡A callar Andrew! Ya me da miedo lo que se traiga esta niña entre manos que no nos dice nada nunca.

Menudo al ver ese hermoso vestido blanco.

—¡Aaah! ¿Y esto?

—Mi amiga me obligó a comprármelo, no fue idea mía.

Respondió con tanto apuro, queriéndose ocultar donde primero pillase, su cara ahora estaba colorada como nunca.

—Aigoo, estoy tan feliz por esto, cómo me gustaría que cambiaras todo tu armario de machirulo por ropa así, quizás, así encontrarías un buen novio así tan lindo como tu amigo Tato.

—¡Mamá! ¡Ya te dije que no quiero novios!

Le contestó bien molesta, detestaba que su madre siempre tratara de emparejarla con su mejor amigo y que se metiera en su vida sentimental.

—Aiiins, anda y vete a cenar ya si no quieres que te dé una colleja.

Y Mina se fue rápido a ello porque no quería ver a su madre enfadada.

Solo su padre sabía sobre que era lesbiana pues, Mina, no era capaz de decirle a su madre sus preferencias sexuales, ella era bastante más cerrada de mente y, siempre, había deseado que se casara en un futuro y formara una familia, además que, a menudo la atosigaba para que se arreglara más y no vistiera tan masculina.

O más bien, lo que era considerado poco femenino por la sociedad.

Lo cierto, era que, Mina, no había decidido vestir así por esas habladurías que suele hacer la gente sobre las chicas lesbianas, muchos, tenían el concepto erróneo de que, el estilo que ella usaba era solo para las chicas con sus preferencias.

Pero, eso no era así, de más pequeña, usaba falditas y prendas consideradas femeninas, hasta tenía el cabello largo y se veía realmente llamativa porque, con su piel morena y ojos claros, resultaba atractiva para los chicos de su clase y eso le había sentir incómoda.

Además, al gustarle los deportes, con vestiditos no se sentía bien jugando, se habían burlado de ella por esa misma razón ya que, le decían "la damita peleona"

Decidió empezar a vestir más masculina y se cortó el cabello y, ahora, se sentía muy a gusto.

Y, ya en su habitación, volvió a pensar y más pensar en Iori.

Sentía que le gustaba muchísimo, aunque acabara de conocerla.

No era simple atracción física.

Sentía también esa cosilla de verla cuando era humana, cuando estaba enferma.

Le picaba mucho la curiosidad, se preguntaba, si así también le habría gustado.

Al día siguiente, volvió a encontrársela jugando con esos niños que, nada más ver a Mina llegar, se despidió de ellos para correr a ella y tomarla de las manos de improvisto.

Esas cosas, hacían que su corazón se acelerara a lo bestia y tenía que tratar de tomar el control para no sonrojarse frente a Iori todo el tiempo.

Entraron en la casa de Rodri y decidida, fue hasta la habitación de Ansel para llamar a la puerta.

Debía sacarse esa maldita duda de su corazón de una vez y, esperaba que Ansel tuviera la confianza para ello.

Tras escucharse algunos ruidos adentro, le dijo que adelante y Mina, abrió la puerta para entrar.

—Qué bueno tenerte aquí tan pronto.

Dijo este tras mirarla rápidamente, pero, enseguida, regresó a trastear con uno de sus inventos con el cual parecía muy atareado.

—¿Qué es ese aparato? Parece una varita mágica futurista.

Preguntó mirando aquel aparato alargado que tenía en sus manos, parecía un tipo de tecnología mágica.

—Este será mi nuevo invento, lo llamo, el tubo mágico ajajaja.

Y sin que se lo preguntara, comenzó a describirle su funcionamiento, así, sin dejar de manipular ese tubo, revisando que más podría mejorar.

—En él se pueden almacenar gran cantidad de objetos grandes, la materia se comprime en energía, como si fuera algo mágico, es difícil de explicar para que tú lo entiendas, pero, esa energía, se acumula dentro de este tubo, sólo tienes que apuntar hacia el objeto con este sensor de aquí, apretar el botón y, automáticamente entrará a su interior.

Y tras un suspiro, se echó el cabello despeinado hacia atrás con su mano y siguió contándole.

—El problema es que, aún no soporta los objetos demasiado tiempo y los expulsa en nada volviendo a ser materia pura y dura.

Ansel, entonces, le mostró su funcionamiento con una mesita, aunque, esta, tras desaparecer, enseguida regresó a su lugar, pero, eso no impidió que Mina se quedara con la boca abierta.

—Me quedo sin palabras en serio.

—¡Ajajaja gracias! ah, ¿y por qué me buscabas Mina?

Mina, tomó cierta seriedad, algo raro en ella y, trató de sacar las palabras, no quería que su hermano se pensara cosas raras.

—Bueno, siento mucha curiosidad de ver cómo era Iori cuando estaba en un cuerpo humano.

Ansel, se quedó muy serio y, rápido, se dio cuenta por su expresión por lo que, trató de calmar la situación temiendo que él estuviera molesto.

—Espero no haberte molestado por ser tan curiosa, ajaja, creo que debí guardarme eso.

—No, lo entiendo, te mostraré unas fotos que guardo en mi móvil.

Este, lo sacó de un cajón y lo encendió, por suerte, tenía batería, había sacado el chip por si buscaban su localización así, por eso, pensó que apenas usaría el teléfono y, cuando ya cargó la pantalla de fondo, en la cual, tenía la típica imagen predeterminada de fábrica, rebuscó en su galería hasta dar con una foto en donde Iori estaba en una cama, conectada a una máquina.

Mina, se la quedó mirando por unos momentos, tomando ese móvil con sus manos, era igual al robot en cuanto a rasgos, estatura y tono de piel, cabello y ojos, pero, eso sí, muy desmejorada, demasiado flaca, ojerosa, y el dolor que sintió al verla así la invadió, a pesar de que salía sonriendo.

El ver aquella foto de esa joven por la no paraba de suspirar últimamente, era como una emoción oculta que hizo vibrar su cuerpo, aunque, eso sí, sintiendo tristeza al mismo tiempo.

—Ella sonreía en esta foto porque yo se lo pedí.

En el fondo, siempre fue una chica positiva, pero, esa maldita enfermedad quería consumirla.

Y, tomando de regreso su móvil, se sentó en una silla vieja que había, de una postura, con la que daba la impresión de que fuera un auténtico fracasado, totalmente harto de la vida, así, con las piernas bien abiertas y el trasero casi al borde.

—Verás, me llevé todo el mérito de un invento que creé junto a Rodri de más joven, era un prototipo del cuerpo de Iori, pero, aún sin su apariencia.

Quería obtener todo el dinero suficiente para lograr inventar el atrapa-almas y así, mantenerla con vida de alguna manera.

Por eso, recopilando los datos de ese robot, volví a hacer uno basado en mi hermana a la perfección y aún más mejorado y realista.

Le confesaba mirando a la nada, tomando un poco de aire para cambiar de postura, apoyando sus manos en sus rodillas, mirando ahora al suelo.

—Ya después, habiendo construido el atrapa-almas, dejé un hueco en donde iría el corazón para colocarlo ahí en el momento justo.

Fue un proyecto secreto del que sólo sabían mis padres y el doctor que atendía a mi Iori.

Y agachando por completo su cabeza, sacó de una vez todos esos sentimientos de culpa que había reprimido por años, derramando unas lágrimas también.

—Me siento tan mal por llevarme el mérito de ese robot, me aproveché que Rodri estaba con fiebre para ir a ese lugar.

Me siento de la mierda, pero... ¡Necesitaba todo lo necesario para salvar el alma de mi hermana!

¡No quería perderla! ¡Solo ella valoraba lo que yo hacía sin pensar en el dinero que podría ganar con ello!

Veía a mis aparatos como si fueran mis hijos y ella, siempre decía que era la tía de ellos.

—Yo también valoraba tus inventos.

Y ambos se dieron media vuelta, allí estaba Rodri que había estado escuchando parte de la conversación.

—Os iba a avisar para comer pero os pillé hablando.

Con su ceño fruncido, pero con una expresión cargada de cierta tristeza y decepción, reveló algo que se había guardado por mucho, mucho tiempo.

—Yo, tenía pensado darte mi parte del dinero para tu deseo de construir el atrapa-almas.

Hasta incluso, quería trabajar junto a ti, pero, ¡te adelantaste e hiciste lo que te dio la gana!

¡Te fuiste y cortaste toda relación conmigo como si fuera el malo aquí!

Le señalaba ahora con el dedo una y otra vez, conteniéndose unas lágrimas, recordando tantos buenos momentos, pero, terminó bajando ese dedo y también su mirada.

—Por eso, todavía no te puedo perdonar, a pesar de dejarte vivir aquí oculto, no quería que un alma inocente como Iori cayera en malas manos, además, ese cuerpo nació gracias en parte a mi trabajo.

—Rodri, yo, es que...

Ansel quiso ir a él, pero se contuvo.

—¡Calla mierdas!, no me hagas verme como un débil idiota.

Vamos a comer de una vez que Iori está deseando que pruebes lo que preparó para ti.

No quiero hablar más de este tema por ahora.

Los tres salieron de la habitación, sabiendo bien que nada estaba resuelto y, se sentaron en la mesa en silencio.

Mina no sabía cómo calmar esa tensión del ambiente, fue Iori la que logró hacerlo.

—Rodri, estuve pensando, que en las mañanas podríamos volver a jugar al ajedrez como en el pasado.

Jugando contigo me divertía y me olvidaba que siempre estaba en esa cama.

Aunque, es injusto que me dejaras ganar a menudo jooo.

Después, dejaste de venir y, te extrañé mucho.

Rodri miró hacia otro lado por unos momentos, ahora, seguramente, había escuchado el cómo sacaba todos sus sentimientos, y, aunque no pudo escuchar la historia completa al estar afuera de la habitación, ella, ya sabía que algo muy importante habían estado discutiendo, algo que rompió esa amistad tan bella que hubo en un pasado.

—Lo siento por eso, yo también extrañé verte, pero, tu hermano me puso de mal humor y todavía no se me pasó el enfado.

Iori se quedó algo desilusionada pues, quería que ambos volvieran a reconciliarse.

Recordaba los viejos tiempos, cuando los dos eran inseparables y reían juntos.

Cuando no dejaban de trastear con sus creaciones y cooperaban para mejorarlas, sin ningún tipo de envidia, esa, jamás existió entre ellos.

Incluso, cuando Ansel se dedicaba a temas familiares, Rodri se quedaba para ayudarla con los estudios o cualquier otra cosa que necesitara, hasta le traía libros, aunque siempre muy técnicos y de temas que ella jamás pudo entender, pero, aun así, los leía con ilusión y, lo mejor, eran las tardes de juegos, el ajedrez no podía faltar, fue gracias a él, que pudo aprender a jugarlo, también competían con los videojuegos, Rodri, era un tipo con un agradable humor en ese pasado, y, ahora, le dolía verle cabreado casi a cada rato, eso sí, cuando ella le ganaba en los videojuegos, su vocabulario vulgar ya existía en esos tiempos.

Continuará...

Continuará

5 DOS CHICAS SOLAS EN UNA HABITACIÓN

Mina, no dejó de sentirse mal por Iori, aunque trataba de estar animada, de alguna manera, y aún en ese cuerpo robótico, podía sentir que ella no se sentía bien, así que, tras la comida, decidió que sería una genial idea llevarla a su casa ya que, refrescaba para estar en la calle. Como era el día en el que sus padres cerraban el bar por descanso, habían aprovechado para ir a un balneario a las afueras de la ciudad toda la tarde y, después, regresarían temprano en la mañana.

Mina, tuvo la suerte de encontrarlos en la entrada poniéndose los zapatos, ya en nada, ambas podrían estar a solas.

Su madre, al ver a Iori, la saludó emocionada para después darle un gran abrazo.

—Qué alegría ver a una chica tan bonita y femenina con nuestra Mina, a ver si así se le pega algo aigoo.

—Jeje, no dé las gracias, además, yo creo que Mina es una chica genial así tal cual.

—Ains, me alegro que pienses así, en fin, nosotros nos vamos ya, hay comida para que las dos cenéis esta noche, nada de acostaros a las tantas y haz el favor de estudiar Mina, que luego me avergüenzo con esos suficientes que me sacas.

Mina acabó sonrojada, y trató de que su madre saliera ya de la casa mientras se quejaba.

—Ay mamá, ya sabes que soy torpe y que no doy más de mí, venga, venga.

—Una buena colleja tendría que darte.

Aigoo, en fin, hasta luego.

Y el señor Andrew, desde la entrada, se despidió con una sonrisa amplia para al fin marcharse con su esposa, ambas chicas, sintiendo libertad, subieron a la habitación.

—Perdón por haber visto como mi madre me regañaba, a veces es muy insistente.

—Pero es lindo porque se nota que se preocupa por ti.

—Sí, aunque, ella no entiende mi estilo ni mis gustos, quiere que sea más femenina y cosas así y que me eche novio.

Le contaba con ese ceño fruncido, sentada en el suelo de una mala postura, aunque, de pronto, dejó ver una pequeñita sonrisa.

—Pero, después de todo, estoy feliz por tenerla.

Ay, voy un momento al baño, no tardo nada.

Dijo levantándose de pronto.

—Aquí te espero.

Desde hacía rato, le dolía un poco el vientre, pensó que le había dado un retorcijón, pero, ya en la taza, se dio cuenta de que le había venido la regla y justo en ese momento.

Por suerte, no había manchado nada, pues, lo descubrió al ver el papel higiénico tras limpiarse.

Se llevó una decepción porque esos días del mes, siempre se ponía muy mal con dolores y, hasta a veces, llegaba a vomitar y justo, estaba Iori allí y no quería enfermar.

Tras ponerse una compresa regresó con ella.

Allí la pilló viendo su colección de videojuegos.

—¿Ya volviste? Jeje, nunca jugué a estos videojuegos y me llaman la atención ahora que los veo.

Es que, Rodri y yo solo jugábamos a las carreras ajaja.

¿Me enseñarías a jugar?

Le pidió con esa sonrisa tan bonita, juntando sus dos manitas de forma tierna, como una pequeña niña pidiéndole un regalo a su papá y con eso, a Mina le estaba dando algo de nuevo.

—Claro que sí, ¿cuál prefieres que juguemos?

—Creo que a este llamado pokemon, siempre vi sobre estas criaturitas en internet y me parecieron adorables, sobre todo un zorrito de cabello rojo y un monito con llamas en su cabeza.

—Hablas de zoroark e infernape jaja, me gustan mucho también. Yo, si fuera un pokemon, me gustaría ser ese último.

Mira, pokemon soul silver es mi favorito, a pesar de no tener los gráficos que tienen los actuales, es sin duda de los mejores.

Te voy a enseñar todo desde el principio ya que tengo también el heart gold y así empiezas una partida nueva.

Le contaba con emoción ya que, jugar videojuegos era una de sus más grandes pasiones aparte de hacer deporte y, al final, estuvieron por una hora jugando, Mina, se quedaba constantemente embelesada por verla jugar con tanta emoción, esta le decía, que siempre se elegía a los pokemon del tipo fuego e Iori, contenta, le respondió, que entonces hizo bien escogiendo a cyndaquill, se lo estaban pasando a lo grande, para Mina, ser su maestra de videojuegos era lo mejor del mundo ya que era una experta, pero, poco a poco, el dolor de vientre iba aumentando más y más hasta que, Iori, se dio cuenta de que a su amiga algo le estaba pasando.

—Te veo mala carita, ¿qué te sucede Mina?

—Es que, me ha venido el asunto de todos los meses y me duele mucho la tripa, además me siento súper mareada

—Perdóname por no haberme dado cuenta antes y por haberte tenido aquí enseñándome a jugar.

Expresó con una triste expresión, tomándola de las manos preocupada, aún con el malestar, a Mina le daba vuelcos el corazón por ello.

—No, si me lo estaba pasando muy bien así, más bien, fui yo la que arruinó la tarde enfermando.

—Nada de eso, voy a preparar un menta poleo que es muy bueno para los dolores de barriga.

¿Hay en tu casa?

Dijo poniéndose en pie decidida.

—Sí, están en el armario blanco de la cocina.

Iori fue corriendo a prepararlo y a los cinco minutos, regresó con una taza en la mano, pero, la pobre Mina, estaba vomitando en el baño.

—¡Ayyyy!, me pongo muy mal estos días, es horrible ser mujer a veces.

Gemía completamente hecha un asco, y aquella robot, le ayudó a ponerse en pie para llevarla a su habitación y hacerle de medio tumbarse en la cama, poniéndose a su lado para sobarle el vientre mientras que tomaba el poleo y, Mina, sentía que se sonrojaría en cualquier momento a pesar de encontrarse así de mal y, al rato, cuando ya parecía estar reposando más calmada, Iori se quedó con su cabecita junto a la suya, recordando su pasado siendo humana.

—Recuerdo que, con la debilidad de mi cuerpo, a veces no me venía la regla, una vez estuve cuatro meses sin ella.

Terminó contándole un tanto decaída.

—Hasta eso me hubiera gustado que fuera normal, como cualquier chica, hasta tener el dolorcillo, lo extrañaba.

Con este cuerpo, no siento dolor, pero, tengo esa función para sentir el tacto ya sabes.

Sobre todo, con mis dedos.

Dijo llevando sus manos al rostro de Mina, haciendo que se quedara fija en sus bellos ojos como el chocolate con leche.

—Es suave juju.

Otro vuelvo al corazón de la pobre Mina, que, a pesar de las tristes palabras de Iori, ahora parecía estar animada.

—Ahora, cuando te bebas el poleo, quisiera rodear tu vientre con mis brazos robóticos.

Mina, casi ida de la emoción y los nervios, se bebió lo antes posible ese poleo aún medio quemándose, necesitaba que Iori la rodeara con sus brazos y así fue, ambas, tumbadas de lado.

Estuvieron en silencio por largo rato.

Se sentían más que a gusto tan pegadas la una a la otra.

Pasados unos diez minutos, Iori le preguntó si le seguía doliendo, y por suerte, el dolor ya casi se había ido por completo.

—Me alegra tanto escuchar eso.

Jeje, todavía recuerdo tu beso, me hizo sentir genial cuando yo estaba algo decaída por mis cosas, por eso, quiero verte bien, porque eres una gran amiga para mí.

—¿De verdad que mi beso te gustó? A pesar de que... las dos somos chicas.

Preguntó, con su pecho tan alborotado, que podría morir de un ataque.

—Claro que sí, hasta, me gustaría, que nos diéramos otro.

Mina estaba tan excitada por la situación, aún con cierto malestar por el vientre, pero, ignorando eso, acabó por darse media vuelta en esa cama, nerviosa, pero decidida.

Allí, de nuevo, estaban esos hermosos ojos dulces.

Iori sonrió y, por unos instantes, desvió la mirada también nerviosa, pero, después regresó a sus ojos, y le dijo aquello.

—Será una curiosa experiencia, pero divertida.

Y ahí, se acercó a sus labios para darle un tierno besito, después, rio algo nerviosa y Mina estaba que no podía más.

—Podría, bueno, tocar tus pechos, es que, como los míos son falsos y algo más duros, quiero saber qué se siente al tocar unos reales.

—Pero, yo los tengo algo pequeños.

Le respondía más ida que antes, casi delirando, pensando, que algo así, no podría estar sucediéndole, pero, en efecto, todo era muy real.

—No importa, son súper lindos, aún recuerdo cuando los vi en el probador, por fa, déjame verlos y tocarlos.

Al final, Mina, acabó quitándose la camiseta y el sujetador con la cara rojísima y las orejas echando humo igual que si fuera una cafetera.

Iori, lentamente, llevó sus manos allí y, cuidadosamente, los tocó, haciendo que Mina tuviera la piel de gallina por ello.

—Jiji, son tan blanditos y bonitos, me encantan.

Tras decir aquello, apartó las manos y volvió a los ojos de su amiga que ya ni le importaba ser descubierta con la cara del color de los tomates.

—Recuerdo que, cuando era humana, a pesar de estar en los huesos, los tenía grandes y, mi hermano los recreó a la perfección, ¿quieres ver?

—Va...vale.

Iori, estaba más que decidida, aún, viendo la cara de su amiga casi babeando, se desabrochó la blusita blanca que llevaba y después, el sujetador.

—Lo uso todo el tiempo, aunque estos siempre estarán firmes.

Toca, ya verás qué diferentes.

Mina obedeció, lo cierto es que lo estaba deseando como nadie imaginaría, aunque, no quería faltarle el respeto ni aprovecharse, pero, parecía que Iori deseaba que lo hiciera, por eso no se contuvo.

—Ojalá fueran naturales como los tuyos.

Exclamó ella sintiéndose un poco insegura.

—No, eso no importa, son hermosos aun así, me encantan.

Mina, trataba de no verse como una depravada mientras que los acariciaba, era una sensación curiosa ya que, no eran tan blandos como los suyos, pero, le daba lo mismo ya que eran los pechos de esa chica que prendía su cuerpo entero en llamas.

—¿De verdad?

—Lo digo muy enserio.

—Respondió con cierta seriedad para que ella sintiera su sinceridad.

—Y, ¿quisieras, ver el resto de mi cuerpo?

Ahí ya es que podría explotar en cualquier momento, los dolores de la regla habían desaparecido por completo y ya sólo podía sentir deseo y placer desmesurado.

—¿En serio que no sientes apuro porque te vea?

Es que, tu hermano recreó tu cuerpo tal cual eras.

Preguntó para no parecer tan indecente como realmente era en sus pensamientos.

—No siento apuro jeje, al menos contigo, bueno, sólo un poquito, pero, tú me das esa confianza.

Venga, que me voy a desnudar.

Y es que, fue así, que acabó sin nada de ropa, haciendo que esa joven se sintiera derramar mares por sus piernas, aunque, tratando de mantener su cordura para no dar la imagen de ser una degenerada.

—¿Te gusta?

Preguntó tímidamente, con su hermoso cuerpo robótico al desnudo, en verdad, parecía ser una humana totalmente, tan real y pulcro, tan sumamente perfecto y hecho para que Mina se deleitara.

—No te imaginas cuanto, eres tan bella, amo cómo se ve todo.

Soltó tratando de no parecer una babosa, pero realmente era lo que pensaba, eso sí, guardándose muchas guarradas que no quería decirle.

—Gracias, ¿podría verte a ti?

Y ahí la pobre ya ni sabía qué hacer.

Estaba sucediendo algo que jamás pensó que podría pasar, la chica que le gustaba, estaba abriéndose hasta tal punto con ella, que hasta parecía que podría ser correspondida a pesar de que aún creía que estaba dentro de una locura, una locura que se estaba manifestando como la realidad.

Quizás, solo la veía como esa gran amiga con la que sentía plena confianza y, quería sacar sus apuros al tener un cuerpo robótico o, quizás, sí gustaba también de ella y la necesitaba.

—Verás, es que, tengo mucho apuro ajaja, tengo buena figura, pero nunca me había desnudado ante nadie.

Ni siquiera dejo que mi madre me vea ¡ajajajajaja!

Reía nerviosa y hasta sudando un poco por la situación.

—No te preocupes, para mí tú eres perfecta juju.

Le respondió con esa dulzura suya y con esa mirada tan tierna que...

Total, que Mina acabó toda desnuda también, con la cara igual que un pimiento morrón, de esos de color rojo intenso.

Había colocado una toalla bajo su traserito por lo de estar en sus días y así, no manchar las sábanas.

Iori, acarició su vientre, así como hacía rato.

—Está tonificado, me encanta.

—Gracias, es por hacer ejercicio jaja.

—Sí juju, pero no sólo me gusta tu vientre, en realidad me gustas toda entera.

Es curioso ver a otra chica desnuda, tú tienes una cosita, tu cosita diferente a la mía.

—¿Mi cosita?

Se preguntó haciéndose a una idea de a lo que Iori se refería.

—Sí, más pequeñita y se ve adorable.

Siempre quise tener la mía así.

—¿Por qué? Yo pienso que es perfecto todo tu cuerpo, me gusta mucho eso también.

—Qué linda que eres de verdad, ¿te gustaría tocarme más?

—Me encantaría.

Respondió, sin tan siquiera fingir pudores ni nada, es que, tocarla de más era lo único que la salvaría de descarrilar, porque ya sentía que su mente haría un "¡Boom!" inmenso, y no quedaría nada de ella.

Iori, llevó su mano a las caderas de Mina y, esta, a las suyas, ambas, se acariciaron hasta llegar a zonas más íntimas.

Mina, estaba indecisa porque, aún con toda la lujuria que estaba reprimiendo, le daba apuro hacerlo y seguía sintiendo que era una mala chica aprovechada.

Tuvo que cerrar sus ojos para lograrlo.

—¿Qué te parece esa parte de mí?

—Es muy agradable.

—Ahora me siento más tranquila jeje, yo adoro lo tuyo.

Pero ambas chicas dejaron de tocarse por unos momentos e Iori puso una carita algo triste.

—¿Qué sucede? ¿Te molestó?

—No, tranquila, es solo que... ¿Sabes? Siempre quise sentir placer con mi alma ya que, con mi cuerpo de robot, no puedo.

Eso es lo que extraño de ser humana, aunque estuviera enferma, sentía el frío, la lluvia, mi cabello mojado y, bueno, ya sabes, eso.

Le reveló con una carita de timidez, pero, sonriendo un poquito a pesar de todo.

—Pero, si me concentro y siento en plenitud mi alma, podría sentir esa excitación.

Ya sabes que el alma es poderosa si sabes cómo controlarla y esta, está conectada a este cuerpo nuevo.

Es que, incluso, bueno, jeje, mi hermano no se olvidó de hacerme un agujerito en esa parte.

Mina se quedó sorprendida ante aquel dato ya que, no sabía que Ansel había llegado hasta tal punto y, tocándola, no había ido más allá por no verse como una viciosa.

—De hecho, yo se lo pedí, el pobre estaba muy avergonzado, más por ser su hermana, pero, comprendió mis sentimientos de ser amada algún día.

Quizás ya estoy pidiendo demasiado, perdóname.

—No, no es pedir demasiado, yo quiero hacerte feliz y también hacerte sentir muy bien, déjame intentarlo.

—¿De verdad lo harás?

—Sí, pero antes me pondré las bragas para no manchar la cama jaja.

Y ya tapada y más calmada, tomando un poco de seriedad, volvió a llevar su mano a ese lugar de Iori que cerraba sus ojitos avergonzada.

Mina, era cuidadosa y quería que pudiera sentir placer auténtico, estuvo un ratito así, hasta que, ella, le pidió tocarla también de nuevo.

Fue una agradable tarde, largos minutos así, disfrutando, dos amigas descubriendo aquel placer casi prohibido, conociéndose más a fondo y, cuando terminaron, se quedaron exhaustas, tiradas en la cama.

Iori, pensó que había gastado más energía de lo normal al tratar de haber sentido mucho más con su alma, pero, estaba demasiado feliz y acabó tirándose sobre su amiga que sintió sus grandes pechos sobre los suyos.

—Mina, me gusta tanto estar contigo, no quiero separarme de ti nunca.

Si algún día este cuerpo también se fuera, procuraría como alma estar a tu lado, aunque, espero no perderme ajaja.

Dijo dulcemente, como una niña emocionada.

—No digas eso, además, si de verdad te quedaras a mi lado siendo un alma, sería feo por mi parte porque estaría atándote a mí no dejándote libre.

—¿No quieres que esté contigo?

E Iori se incorporó, poniéndole una carita de cachorrito en pena con lo que Mina se sintió fatal ya que no quería verla triste.

—No no, claro que quiero que estés siempre conmigo, sería lo más maravilloso, pero, no sé qué sientas tú.

Y aquello lo dijo, desviando su mirada con temor por si ella no le correspondía.

—Pues que soy muy feliz porque te conocí.

Tras decir aquello, se quedó apoyada en la cabecera de la cama algo más seria.

—Mi alma, pensaba, que no había ningún propósito para seguir existiendo si iba a morir, pero ahora, sí lo encontré, y es, cuidar de ti como tú haces conmigo.

Y le sonrió de la forma más pura que jamás Mina vio, de esa forma, que a ella tanto le gustaba y, se sentó a su lado.

—Iori, ¿sabes qué es lo que siento?

—Bueno, creo que me ves como algo más que una amiga.

—Creo que era muy obvio ajaja.

Reía avergonzada, a pesar de haber intimidado con ella, revelarle sus sentimientos aún le producía muchos nervios.

—A mí me gustan las chicas, pero sólo de ti me he enamorado y así, en tan poco tiempo.

Esto de ser lesbiana sólo lo saben dos personas, una es Tato y otra mi padre y ahora tú.

¿Qué piensas?

—Que es maravilloso, el amor es amor, da igual todo lo demás.

Yo nunca me enamoré, pero ahora siento que quiero estar por siempre a tu lado y mi alma se siente más feliz que nunca.

Venga, vamos a salir ahora que estás mejor del vientre.

—¿Ahora? ¿Con el frío que hace?

—Sí jeje, quiero ver muchos lugares contigo.

Mina se sentía muy feliz también.

Ambas se vistieron y salieron a la calle.

Todos esos días salían juntas, a veces Tato iba con ellas e iban a jugar al baloncesto mientras que Iori, los animaba si no es que se unía a ellos.

Este ya se olía que había algo entre ambas, pero se lo callaba ya que quería ver feliz a la chica que le gustaba.

Aquella tarde de otoño, las dos regresaban de haber visto tiendas, el cielo estaba casi oscuro y, frente a la casa de Rodri, vieron un lujoso coche negro.

Nada más ver a ese hombre parado en la entrada, Iori tomó del brazo a Mina para salir corriendo y esconderse tras unos contenedores de basura.

Continuará...

6 EL PELIGRO ACECHANDO

—¿Qué sucede? ¿Quién era ese hombre tan alto?

Preguntó en un tono bajo, tratando de que su voz no se escuchara demasiado.

—Es el doctor, no sé cómo nos ha encontrado, pero espero que se vaya pronto.

Tengo miedo, no quiero irme con él.

Mina pudo sentir la alteración de Iori, tomando su mano para tratar de hacerle ver que nada pasaría, que ella estaba ahí para protegerla.

—No pienso dejar que ese tipo te tenga.

Y aquello lo dijo decidida, deseando que Iori sintiera sus deseos desmesurados de protegerla, viendo a sus ojos, con una mirada confiada, aunque, el ruido del motor del coche les hizo de asomarse de nuevo, con mucho cuidado.

—Mira, parece que ya se marcha.

Dijo Mina.

Y en efecto, este ya se preparaba para largarse, y en cuanto vieron al coche alejarse, corrieron para entrar en la casa.

Allí dentro vieron a Ansel oculto tras el sofá que, tras ver a su hermana sana y salva, fue hasta ella para darle un gran abrazo.

Su corazón estaba casi a reventar del susto que cargaba encima.

—Menos mal que estás bien dios mío, moría de preocupación, estaba por mandarte un mensaje a tu móvil.

Le decía casi con lágrimas en los ojos.

—Llamó hace un rato al timbre y aporreó la puerta al ver que no abría nadie, es que nada más verle por la mirilla me fui a esconder.

¿Cómo demonios nos descubrió?

—Hermanito, estoy preocupada por Rodri.

Le interrumpió Iori agarrándose a la camisa de su hermano, este acarició su cabecita para tratar de que se calmara, aunque lo cierto era que él estaba incluso peor de los nervios.

—Tranquila, ya le he mandado un mensaje mientras estaba ahí escondido, con lo que es él, va a tener mucho cuidado cuando regrese, me dijo que vendría lo antes posible, aunque voy a avisarle que ya se ha marchado esperad.

Ansel sacó el teléfono que guardaba en el bolsillo de su pantalón, al igual que el que usaba Iori, eran números de prepago que Rodri les había dado por si algo sucedía cuando él no estuviera presente.

Al pobre Ansel, las manos le temblaban como nunca mientras tecleaba en la pantalla táctil.

—Ay qué angustiado estoy.

Vamos a tratar de calmarnos.

Iori acabó tomando la mano a Ansel, no quería ver a su hermano así de preocupado, Mina no sabía qué hacer al respecto, se habían quedado en silencio hasta que al poco, Rodri apareció también hecho un manojo de nervios, abriendo la puerta a lo bruto que hasta su gato se apartó asustado.

—He dejado un cartel en donde mi negocio diciendo que no estaré en unos días, ¡joder joder joder! Espero que mis clientes no se encabronen, ¡aah! Pero si ando saliendo de casa me preocupa que venga ese desgraciado.

Decía por todo lo alto alborotándose el pelo desquiciado.

—Y lo peor es que él va enserio con su propósito y da miedo.

Añadió Ansel desabrochándose la camisa de los calores que le estaban dando, ya hasta le sudaba el rostro y todo.

—Nunca debí dejar que Iori saliera a la calle, vale que mis padres pusieran mi cara en las noticias como desaparecido, pero, debí pensar en que Ermel buscaría la cara de mi hermana por todos lados.

No entiendo cómo logró saber que estaba en esta ciudad si no sabía que tú te mudaste aquí.

—¡Me cago en todo coño!

Y Rodri dio un puñetazo a la mesa frustrado, aunque después suspiró tratando de buscar una solución, sentía que debía usar su inteligencia de una vez ya que, siendo un privilegiado, luego, en momentos así, se quedaba en blanco.

—Pienso que es peligroso que Iori esté aquí, aunque no salgamos de casa ese podría tirar la puerta abajo, bueno, creo que quizás exageré, pero es mejor que ella se marche a otro lugar.

Dijo al fin, nada más se le había ocurrido para ayudar en esta situación a lo que Ansel, miró instintivamente a Mina, yendo a ella, tomando sus manos con demasiada confianza, solo para suplicarle que Iori se quedara en su casa por un tiempo.

—Por favor Mina, no sabemos qué hacer para protegerla, deja que se quede en tu casa.

—Mejor aún, en casa de mi mejor amigo Tato, él vive un poco más alejado y sus padres no están ya que trabajan en otra ciudad.

En mi casa tan cerca y con mis padres sería peligroso, sobre todo por mi madre, si descubre que ella es un robot se podría armar una buena.

A ambos chicos les pareció una buena idea por lo que comenzaron a sacar todo lo necesario de la habitación de Iori, toda su ropa, su cepillo y más cosas que ella usaba.

—Bien, vamos a hacer una maleta con ropa para que mi hermana se cambie estos días y por favor, nada más esté todo listo, rápido llévala allí.

Le decía Ansel guardando toda esa ropa apresuradamente con ayuda de Rodri y cuando acabaron, aquel científico, con ambas manos sobre los hombros de Iori, mostró una de sus más serias expresiones.

—Os pido que tengáis mucho cuidado, cuando vayáis por la calle, mirad por todos lados, ese puede andar oculto en cualquier lugar, su obsesión le hace de ser así de loco.

—No te preocupes Ansel, vamos a ser cautelosas.

A lo que Rodri añadió.

—Voy a salir con el coche por si le veo por los alrededores.

Si le despisto, podréis salir sin problema.

Ambas chicas estaban nerviosas, pero con valentía, salieron poco después, tomar el coche no sería la mejor opción, porque ese doctor, podría seguirles y era más sencillo callejear por calles estrechas y perdidas de la ciudad, calles por donde un coche no podría entrar.

Además, lo más seguro, es que, al ver el coche de Rodri, si es que estaba cerca y le observaba, este le siguiera pensando que Iori estaba en su interior.

Por suerte, Ermel no estaba allí ahora y las dos chicas corrieron por esa calle, siempre, atentas en cada esquina, mirando en todas las direcciones, colándose por calles estrechas, de esas por las que nadie pasaría, aunque tardaran más en llegar, y, al final, ya estaban frente al piso en el que Tato vivía.

Una buena zona de la ciudad más moderna, allí, había bastantes edificios altos, tiendas más variadas de marcas reconocidas y no tanto tradicionales.

Nada más ver a las chicas con esas caras que cargaban, comprendió que algo no estaba bien y Mina, le acabó soltando toda la verdad de Iori, aunque tuviera ese miedo en el cuerpo por su reacción, sentía, que después de todo, le conocía lo suficientemente bien como para saber que lo aceptaría y, así fue, al principio, Tato se quedó sin palabras al descubrir que Iori era una chica robot, incluso le tuvieron que contar toda la historia desde el principio y este, a pesar de estar más que sorprendido, comprendió todo y calmadamente, les mostró una actitud amable, hasta sonriendo para que Iori se sintiera tranquila.

—No hace falta que me pidáis disculpas por haberme ocultado el hecho de que Iori sea un robot, lo entiendo, era un tema delicado.

Y, en fin, puede quedarse en mi casa, no hay ningún problema.

—Gracias Tato, no sabes lo agradecida que estoy.

Expresaba Mina tomándole de la camiseta, sintiendo tanto alivio, haciendo que el pobre sintiera algo agitado a su corazón al sentirla tan cerca, aunque enseguida se apartó.

—Debo regresar a casa o mi madre se pondrá letal.

Iori, quédate tranquila por favor, todo saldrá bien, te mandaré mensajes al móvil al llegar.

—Vale Mina.

Y esta se marchó de allí apresuradamente, dejando a esa joven a solas con su mejor amigo, que, aunque habían salido a menudo los tres juntos, nunca habían estado los dos solos y era algo extraño para ella, aunque no incómodo.

Cada día, tras comer, Mina iba al piso de Tato para estar con Iori, siempre que la veía entrar por esa puerta, esta esbozaba siempre esas hermosas sonrisas suyas y le contaba qué tal le fue todo con Tato.

También le contaba cómo se encontraban Rodri y su hermano, estos, no dejaban de mandar mensajes preocupados por Iori, pues, si Mina iba de visita, Ermel podría verla entrar si es que estaba observando y se acabaría descubriendo el pastel, así que, gracias a los móviles, ellos sabían si todo estaba marchando bien.

—Estar con Tato es entretenido porque sabe de todo jeje.

Le comentaba esa tarde a Mina con mucha ilusión, tener a su amiga de visita alegraba a su alma, era como ver la luz de sol, tan necesario, aunque no lo dijera tal cual, eso se le notaba en la mirada y en su manera de actuar al estar ella presente.

—Me está enseñando a hacer sudokus mientras que él está en el instituto y también a construir maquetas de coches, me siento como mi hermano con sus inventos ajaja además, tiene mogollón de libros interesantes que amo leer.

—Vale vale, me estás diciendo que soy una aburrida porque no leo y no soy tan inteligente como vosotros.

Replicó Mina cruzando sus brazos, aunque realmente no estaba molesta.

—Noooo, estar contigo es lo mejor del mundo, me gusta mucho el cómo eres, no todo son libros, juegos donde usar tu inteligencia y cosas por el estilo.

—¿Te quedó claro Mina?

Añadió Tato para meterse un poco con ella, haciendo que al fin se picara un poquito.

—Oye, que en los videojuegos también hay que usar la cabeza.

Cuando tenía ocho años, estuve atascada con un minijuego de abrir puertas en el pokemon cristal.

—Sí, lo recuerdo, el truco era tan fácil como empezar desde la última puerta simplemente en orden, fue una larga media hora allí, también me acuerdo de la cueva esa en donde mover piedras en otro juego de los pokemon, tu manera de desquiciarte era para ser grabada.

—¡Aaaah, ya cállate! si no quieras que trepe por tu cuerpo para darte collejas.

Soy una torpe y no sé discurrir.

Gritó amenazándole con su puño, pero este, en vez de asustarse, siguió molestándola, como si eso le diera la vida.

—Lo sé, cuando te dejé un libro de acertijos no te dabas tiempo para resolverlos, rápido que te ibas atrás a las soluciones para saber la respuesta.

—¿Acaso me quieres dejar en ridículo frente a Iori? Te vas a enterar maldito, ven aquí.

Y esta reía mucho viéndolos discutir pues sabía que realmente no había malas tensiones entre ellos.

Mina, persiguiendo a Tato por todo el salón, este tuvo que saltar y todo el sofá, y cuando Mina lo hizo, del salto que pegó, en verdad parecía un mono.

Esos momentos, hacían que calmara un poco la preocupación de su alma, más, por no poder estar junto a su hermano y Rodri.

Mina podía sentirlo y, el hecho de que tuviera que estar siempre encerrada no le hacía del todo bien, pero salir a la calle ahora era peligroso.

Deseaba sacarla de ese piso, pasear los tres juntos, jugar al baloncesto, que Iori bailara en algún parque, ir de compras, incluso usaría otro vestido solo por hacerla sonreír y esa noche, tras que se marchara de regreso a casa, Tato, se preparó para bajar a la tienda 24 horas a por algo para cenar y unos refrescos para él.

—De paso ¿quieres que te traiga alguna revista nueva?

—Vale, pero me siento mal porque tengas que gastarte dinero en mí.

Y Tato, esbozando una amable sonrisa, le dio una suave caricia a su cabello, de una manera tierna, hasta parecía su propio hermano así.

El haber estado esos días viviendo con él, eso, le había servido para conocerle más a fondo, mientras que, estando Mina presente, era bromista y más juguetón, a solas, era un joven muy amable, educado, y hasta protector, y también un cerebrito, aunque no tan viciado como su hermano que vivió toda su vida para aprender, sus inventos y cosas por el estilo.

Tato era como el típico chico popular, guapo e inteligente, bueno en los deportes y con una agradable personalidad, el chico que desde niña pensó que sería su tipo ideal y que, estando ahora viviendo con alguien así, los sentimientos de amor no habían aparecido, pero era muy agradable su compañía y ya le consideraba un buen amigo.

—No te preocupes por eso, quiero verte bien, no sólo porque eres el ser más le importa a la chica que me gusta, también porque te he cogido cariño y eres una amiga para mí.

Esa respuesta dejó impresionada a aquella joven.

—¿Ya sabías de lo nuestro?

—Me hice una idea, además, se os nota demasiado, tú, con tu manera de sonreír cuando ella viene y Mina, bueno, es como un libro abierto a veces.

Al menos yo puedo leerla ajaja, por eso soy su mejor amigo.

¿Ella te gusta mucho verdad?

Iori miró hacia otro lado, con algo de timidez, pero sintiendo que podía ser completamente sincera con él sin ningún temor.

—Bueno, nunca estuve segura de mis preferencias sexuales, si de verdad me gustaban los chicos pues, tampoco me enamoré el tiempo que estuve enferma.

Le contaba, llevando una de sus manitas a sus labios, aún con esa timidez encima, aunque Tato la escuchaba atento, con su actitud calmada de siempre.

—Cuando veía a los ídolos del pop, pensaba que eran muy lindos, y hasta pensaba en cuáles eran de mi tipo, cosa que con las chicas no me pasaba, pero, estando con Mina, me siento libre y más feliz que nunca, creo que es la única chica que podría gustarme.

Sus ojos, al fin se dirigieron a los de Tato, para decirle aquello que sentía tan puramente en su interior.

—Ella, me gusta de cualquier manera, su personalidad enérgica, su aspecto físico, da igual que ropa use que siempre la veo linda y amo ayudarla con los estudios, siento que estoy haciendo algo maravilloso así.

Y, mi alma, cuando ella y yo estamos en un momento más íntimo, es demasiado genial y quiero más y más.

Terminó por decir de una manera un tanto efusiva y hasta tierna.

Tato sonrió y alborotó su bonito cabello.

—No sabes cómo me gustó escuchar tus pensamientos.

Me siento tranquilo por saber que eres tú precisamente la persona que a Mina le gusta.

Iori agachó su rostro con algo de melancolía.

—Pero, yo, ahora soy un robot.

Tato apoyó su mano en uno de sus hombros, haciendo que de nuevo alzara sus ojitos a los suyos.

—Eso qué importa, tu alma sigue siendo humana, sólo es un cuerpo, y aunque fueras un pokemon, lo importante son los sentimientos que hay.

A Iori le dio mucha risa eso de ser un pokemon y se sintió más calmada, después, Tato se marchó.

Se quedó en el sofá viendo un poco la tele, sin prestarle atención, descansando, siempre, trataba de guardar sus energías, al no salir a la calle, se cargaba saliendo al balcón, aunque, hoy, no había salido y ya era de noche, fue al poco, que su móvil sonó y eso le hizo salir de esa mente ida.

Era de su hermano.

Continuará...

7 IORI SECUESTRADA

—Iori, por favor, no te alteres, estoy mandando este mensaje en un momento en donde pude ocultarme de ese maldito de Ermel, Rodri tuvo que salir de casa porque llevábamos varios días encerrados y ya no quedaba nada de comida.

Ese estuvo esperándonos como un enfermo a que asomáramos la cabeza.

Por favor, mantente allí con el amigo de Mina, debes prometerme que estarás bien.

Te aviso por si ya no respondo estos días, no te sientas mal te lo pido.

Su mano, se dirigió a su pecho, como si un corazón invisible acelerara su pulso, ahí, guardado en su interior, el lugar en donde estaba guardada su alma.

—Dios mío, hermanito, no.

Y se puso en pie más decidida que nunca.

—No, no puedo quedarme aquí, por mucho que me lo pidas, no voy a dejarte solo.

Ni a ti, ni a Rodri.

Se dijo para sí misma y no lo dudó ni siquiera una vez, escapando del piso de Tato, él aún seguiría comprando, o quizás de camino y, por suerte, y extrañamente, había memorizado el camino hasta la casa de Rodri para poder ir allí sin perderse.

Mientras tanto, en aquella casa, la furia de Ermel, era aterradora, gritándoles repetidas veces por el paradero de Iori.

Parecía un auténtico monstruo, un loco desquiciado, la cara oculta de ese doctor que escondía bajo una imagen de madurez, un hombre inteligente y hasta solitario, Ansel sabía que tenía otro lado maniático y obsesivo, pero, el que llegara hasta ese punto, tan agresivo, como un animal irascible, eso sí que no lo esperó.

—Estuve buscando por muchos días vuestro escondite, no sabéis cuántos, pero, fue algo inesperado el dar con ese reportaje en la televisión, ni sé por qué la puse, pero, ¡vaya! Iori estaba bailando como si nada en él.

Como si me estuviera llamando a gritos, aquí estoy.

Y con rabia, tiró una de las sillas contra la pared que, por suerte, no se rompió.

—Bendita basura de televisión que apenas veo, fue como si el destino me hubiera hecho de encenderla para al fin dar con lo que buscaba

—Bendita basura de televisión que apenas veo, fue como si el destino me hubiera hecho de encenderla para al fin dar con lo que buscaba.

Seguía diciendo, ambos, Rodri y Ansel, no eran capaces de salir de tras el sofá, aún sabiendo que era el peor escondite que podrían haber elegido, si a Ermel le daba la gana, podría apartarlo y acabar con ellos sin ningún esfuerzo.

—Sólo investigué un poquito, puse el nombre del que era tu gran amigo hace años y me salió la página de su negocio que se encontraba, precisamente, en la misma ciudad que esos bailarines, todo encajaba y, con un poquito más de investigación, di con vuestro maldito escondite de una vez por todas y, ¡miradme! ¡Aquí estoy!

¡Venga, en dónde tenéis a Iori!

Gritó nuevamente tirando ahora la mesa en donde comían.

—Mi paciencia llegó a su límite, soy un señor educado, pero que ha tratado de mantener la calma por mucho tiempo y ya no puedo más.

Ansel ya no se aguantó más, alzando su voz también, aún ahí agachado, no quería verle a los ojos, pero, necesitaba al menos, entender por qué Ermel tenía esa obsesión.

—¡¿Por qué?! ¡¿Por qué mi hermana precisamente?!

¡Has tratado a muchas pacientes no solo a ella!

¡¿Por qué esa obsesión con Iori?!

Ambos, pensaron que aquel doctor lograría entrar algo en calma para responder a esas preguntas, pero, lejos de eso, su furia se elevó a niveles inimaginables, sacando una fuerza casi inhumana, apartando de una vez por todas el sofá dejándolos expuestos ante el peligro, agachándose para mirarlos muy de cerca a los ojos, como un auténtico sanguinario hasta clavar sus penetrantes pupilas en Ansel.

—Tú mejor que nadie lo sabes, la única que te ha comprendido en este mundo, ella, no es cualquier chica, ella es diferente, además, de ser completamente una belleza, aún, cuando estaba enferma, no había mujer que lograra cautivarme así.

Y en esos momentos, agarró a Rodri de la camiseta de manera amenazante, elevándole un poco en lo alto, pero, su gato se lanzó a su pierna con lo que este le dio una patada lanzándolo lejos.

—¡Hijo de puta! ¡Mi pequeño Pin! ¡Eres un monstruo!

¡Asquerosa mierda!

Gritó furioso aún siendo sostenido por ese hombre, tratando de darle con sus puños en el aire así, hasta que Ermel, le dio un rodillazo en el vientre tirándole al suelo después, Ansel tuvo que socorrerle por si estaba herido.

—Cuida tu lenguaje, no me gustan los mal hablados.

Expresó colocándose las mangas de su camisa.

—Soy un buen doctor, amable, calmado como dije antes, pero, cuando se trata de conseguir lo que quiero, no me detengo y más cuando considero que algo muy importante en mi vida ha sido arrebatado.

—¡Basta por favor!

Se escuchó desde la entrada, allí estaba Iori que acababa de llegar, había corrido todo lo rápido que pudo gastando más energía de lo habitual y, en la noche, sin luz del sol, no podía recuperar nada.

—No dañes más a inocentes, me iré contigo, pero déjalos en paz.

Ermel esbozó una media sonrisa y se acercó a ella imponente.

—Niña buena, ¿tan fácilmente te me ofreces?

—Solo lo hago para proteger a quienes me importan.

Le dijo claramente y sin miedo.

—¡No por favor! ¡No te la lleves! ¡Déjala!

Gritaba Ansel lanzándose a él, dándole un puñetazo, tratando de usar toda su fuerza, pero, ese doctor, era un tipo muy fuerte, ya no sólo por su apariencia, pues, era muy alto, corpulento y, en su camisa, se apreciaban unos brazos fuertes y el torso trabajado, Ermel, también sabía cómo golpear y no dudó en lanzar a Ansel contra el sofá sin ningún problema, más porque era delgadito.

Iori gritó aterrada al ver a su hermano caer así, pero, por suerte, no se lastimó.

Aquel doctor, no se quedó conforme al verle incorporarse nuevamente, así que, para rematarlo, fue directo darle otro golpe más para que, de una vez, dejara de darle problemas, pero, Iori, sabía lo que tenía que hacer, por todos los años que su hermano la cuidó y dedicó su vida para que fuera feliz, ahora, le protegería y, corriendo, se puso en medio recibiendo ella ese tremendo golpe en el pecho, cerrando sus ojitos por unos instantes.

—¡Maldita sea Iori! ¡¿por qué tuviste que entrometerte?!

Bramó desquiciado al verla agacharse un poco, como si de verdad hubiera sentido dolor, pero, enseguida, alzó su mirada.

—Te lo pido.

Le expresaba con unos ojitos tristes.

—No dañes más a nadie, llévame contigo si es lo que quieres, pero no más daño.

Y aunque Ansel trató de evitarlo, no pudo hacer nada estando tan dolorido y débil, Ermel, tomó a Iori en sus brazos sin ningún problema dispuesto a marcharse ya de allí no sin antes, dejar unas últimas advertencias.

—Y ya sabéis, si decís algo, vuestro experimento saldrá a la luz, el Atrapa-almas e Iori.

Quizás acabe presa en un laboratorio de por vida ya que, a papá y mamá, no les importa nada más que el dinero.

Ellos mismos, me dieron luz verde para quedarme con ella nada más encontrarla, jah, así que, no busques la ayuda en ellos Ansel, volver, para ser el esclavo que usará su inteligencia para aumentar la billetera.

¿Ya te diste cuenta verdad?

Al menos, yo sí tengo sentimientos después de todo, no soy tan malvado y frío como ellos.

Rodri aún se resentía del brutal golpe en el vientre y fue incapaz de levantarse por más que lo trató y, Ansel, se sentía en la completa basura, de la impotencia, ni siquiera tenía lágrimas para expulsar, habían desaparecido de sus ojos y solo podía golpear el suelo una y otra vez.

Tato, había llegado a su piso hacía rato con unas cuantas bolsas llenas de comida y varias revistas para Iori, y, ahora, sentía que perdía la cabeza en desesperación ya que, ella no estaba por ningún lado y para colmo, se había dejado el móvil allí en el sofá.

Al desbloquear la pantalla, tuvo la suerte de que no había ningún pin ni patrón y fue que pudo ver el mensaje de Ansel, totalmente alterado por la preocupación, llamó a Mina para avisarle lo antes posible de lo ocurrido, que, sin perder tiempo salió de casa ignorando a su madre la cual no quería dejarla salir a esas horas de la noche.

En nada, ya estaba frente a la casa de Rodri en donde la puerta estaba abierta, encontrándose todo patas arriba y a Ansel, al fin llorando, al fin sacando sus lágrimas contenidas que, nada más verla, se levantó dolorido, Rodri poco a poco se iba recuperando y entre los dos, le relataron todo lo ocurrido hacía nada.

—Jamás debí mandarle ese mensaje a Iori si ya suponía que ella vendría a protegernos.

A lo que Rodri, añadió.

—¡Ese hijo de puta es un vil monstruo que dañó a Pin! Espero que no le haya roto ningún hueso joder.

Y al fin pudo ponerse en pie para tomar a su gato, comprobando que no estaba herido por ningún lado.

—No pudimos hacer nada para detenerle y que no se llevara a Iori.

—Me siento impotente y una basura absoluta, si al menos fuera más fuerte le habría podido detener.

Sacó al fin Ansel, echándose para atrás su cabello graso muy molesto y con mucho coraje por sentirse tan inútil.

—No te alteres por eso Ansel, nosotros nacimos con el don de la inteligencia no con el de la fuerza.

—Ya, pero no puedo dejar de sentirme mal por lo sucedido, me siento culpable.

Mina trató de calmar a Ansel, aunque no logró nada y desesperada y preocupada les preguntó de qué manera podrían dar con Ermel.

Cuando Ansel pudo dejar de llorar, sacó su teléfono móvil abriendo una aplicación muy rara que había creado él.

—Mi hermana lleva una función de gps, la puse porque ella es muy mala orientándose, por si alguna vez se perdía, esa función la instalé justo unida al Atrapa-almas, su alma y el gps, de alguna manera, se unen un poco, es difícil de explicar pero con esta aplicación que creé, podremos saber su ubicación en cualquier momento.

Todos miraron a la pantalla del móvil con mucha sorpresa, hasta Rodri se había impresionado con los inventos de su amigo, ahora, en aquella aplicación, aparecía una dirección y era la de un hotel de bastante categoría que había en la ciudad.

—Bien, ahora sólo debemos pensar en cómo sacarla de allí.

Vamos lo antes posible.

Les decía Mina dispuesta a marcharse, pero Rodri la detuvo.

—¿Qué sucede?

—Es que, si vamos, podría armarse una gorda de las peores.

Dijo tomando a Mina del hombro para que le mirara fijamente a los ojos.

—Ese hijo de puta dice que hará pública la existencia de Iori y el Atrapa-almas y si lo hace, ella estará en un laboratorio por mucho tiempo.

Recuerda que nadie más sabe lo que Ansel creó en su laboratorio, el Atrapa-almas sería un invento revolucionario, muchos científicos tratan de atrapar el alma pero no lo logran.

—Me siento un inútil, de qué me sirve tener una inteligencia privilegiada para inventos así si no sé de qué manera sacar a mi hermana de este problemón.

Ahora me siento el tipo más tonto del mundo.

Y los tres se quedaron rayados sin saber qué hacer.

Mientras tanto, en el hotel, Ermel, tenía a Iori allí, sentada en la lujosa cama, la observaba muy de cerca, como si admirara su más preciada posesión así, hasta que acarició su mejilla.

—Aún recuerdo tu piel de humana tan suave.

Deseo volver a tocarla, aunque, no me importa que ahora seas un robot porque tu alma que me poseyó, sigue dentro de este nuevo cuerpo.

Le relataba mirando sus ojos como embrujado en ellos, admirando la perfección que Ansel había creado, pues, no veía rasgos robóticos por ningún lado, era como ver a una humana de verdad.

—Solo tú sabías de mi pasado, y, a pesar de haberte mostrado toda mi vida abriéndome a ti, decidiste huir de mí y volví a sentirme solo y vacío.

Expresó ahora de una manera un tanto brusca, frunciendo su ceño.

—Pensé que al fin encontré a alguien que me entendía, alguien que no me juzgaría por lo que me sucedió en un pasado.

Por eso, me enamoré hasta el punto de volverme obsesivamente enfermo por mi adicción a ti.

Ermel, la acabó tumbando para besar su boca y su cuello con deseo, haciendo que Iori, recordara el pasado, cuando ese doctor, sintiendo al fin esa conexión plena, le reveló su más grande secreto, en el cual, su abuelo, la persona en la que más confiaba, abusó de él siendo un muchacho nada más.

Cierto día, terminó por decirle a sus amigos de la escuela lo sucedido y estos, en vez de mostrar apoyo, se burlaron de él dejándole solo.

Desde entonces, siempre lo había ocultado hasta que Iori llegó a su vida.

—Ermel, ¿por qué siempre te siento tan triste?

Nunca te veo sonreír.

—¿Sientes mi soledad pequeña Iori?

Y aquel doctor, dejando de lado la ventana, regresó a hasta esa joven enferma, sentándose a su lado, en la silla que siempre estaba junto a la cama en, donde ambos, tenían largas conversaciones interesantes.

—Todo el tiempo, es como si no confiaras en el mundo, es que, ni siquiera te casaste ni nada y ya eres mayor.

—¿Crees que es tan importante formar una familia?

—No, pero si es importante que en nuestra vida haya alguien que nos quiera mucho.

Siempre tratas de sanar a tus pacientes, pero, ¿alguien sanará a tu corazón dolido?

Esos eran sus recuerdos cuando aquel doctor aún era un buen hombre, o, quizás, siempre existió ese punto débil con el que convertirse en algo parecido a un monstruo y salió a la luz en el momento en el que Iori se volvió más que importante en su vida.

Ahora, él se había quedado dormido abrazándola, como si fuera su frágil presa, como un niño pequeño que deseaba ser amado de una vez, como si ella fuera el único ser que haría que pudiera dormir sin tener esas horribles pesadillas que le atormentaban cada noche desde hacía mucho.

Iori, no logró entrar en el modo de reposo recordando y más recordando, los momentos en los que él le traía caros vestidos o libros como regalos.

Siempre eran libros difíciles de encontrar y ella se ponía muy contenta.

—Quizás, mi sonrisa era lo único que le daba vida pero, no podía ser de él y eso no lo pudo aceptar.

Continuará...

8 MISIÓN DE RESCATE

Esa noche, Mina, apenas pudo conciliar el sueño, tampoco Ansel, ni Rodri, había decidido quedarse a dormir con ellos, le había mandado a su madre un mensaje con la excusa de que estaba con Iori, incluso había puesto el silencio en el móvil por si ella se ponía pesada.

A la mañana siguiente, Tato, fue muy temprano allí ignorando el ir al instituto.

Se sentía también muy culpable por lo sucedido y tampoco había logrado dormir casi nada.

—Si tan solo no hubiera salido a comprar en esos momentos.

Expresaba mientras que, los cuatro, se encontraban sentados en la mesa donde siempre comían, ahora, Rodri, servía unos cafés para todos.

—No te culpes más, tú no sabías lo que iba a pasar.

Trató de calmarle Mina, quería que ese sentimiento de culpa se marchara, pero él, parecía no levantar cabeza, lleno de esa fea sensación que ya no le dejaba tranquilo.

—Chicos, no está bien estar aquí y no ir a la escuela aún con todo esto.

Terminó diciendo aquel doctor, poniéndose en pie, dando unas palmadas en la mesa.

—Anda ya Ansel, ¿cómo demonios voy a pensar en estudios cuando el ser que más me importa está con un mal tipo?

Y se quedó por unos momentos en silencio, hasta que decidió sacarlo todo.

—Ansel, tu hermana y yo, bueno, tenemos sentimientos la una por la otra.

Este se quedó con una cara que no tenía precio ya que jamás se lo imaginó.

Vamos, ni se le había pasado por la cabeza.

—Pero, si a mi hermana le gustaban los chicos esos de la música moderna.

—Joder Ansel, es tu hermana ¿Y ni siquiera sabías de las preferencias que tenía?

Le decía Rodri mientras que preparaba más café para él. No paraba de beber taza tras taza.

—¿Que acaso tú sabías algo?

—Bueno, nunca me dijo nada, pero se le notaba la felicidad al ver a Mina llegar cada día.

Ansel, se dejó caer en su silla con toda la sorpresa en el cuerpo.

—Vaya, nunca imaginé que Iori me ocultara algo así y eso que soy abierto de mente y bien que lo sabe.

Y tras una ligera sonrisa, dijo aquello.

—Estoy sin palabras, pero, me gusta saber que encontró el amor.

Aunque, en estos momentos, sólo siento preocupación.

¿Estará bien ahora? Sólo espero que Ermel no se sobrepase con ella porque no sé cómo podría reaccionar, me siento de lo peor.

Y mientras tanto, en ese hotel, aquel doctor se encontraba haciendo su maleta mientras que Iori pensaba y más pensaba en todos, en cómo estarían.

Solo deseaba escapar lejos de ese doctor que se había dejado vencer por la oscuridad, no quería una vida restringida, lejos de su hermano, lejos de Rodri, y hasta de su nuevo amigo Tato, y mucho menos, lejos de Mina.

Ansel, no dejaba de mirar la aplicación de gps, esperando que hubiera algún movimiento.

Los demás, estaban sentados esperando resultados, cargando los mayores nervios y preocupación.

—No puede ser, ya se la está llevando de ese hotel.

Y todos fueron a ver.

—El capullazo se dirige a la carretera que lleva a la salida de la ciudad.

Lo que se supone, que regresará a Barcius, la cosa es que, a estas horas de la mañana, se forma un horrible atasco justo en esa carretera que cruza el puente.

Comentaba Rodri, y Ansel, se alborotó el pelo desesperado.

Mina ya no lo pudo soportar y fue a salir de allí.

—Espera, ¿a dónde vas?

—Ansel, ya no puedo más con esta situación, hagamos lo que hagamos, quizás todo salga mal

¿Qué es mejor? ¿Dejarla en manos de ese mal doctor toda su vida? O ¿que quizás acabe en un laboratorio?

Si logramos recuperarla, podríamos pensar a donde llevarla después, antes de que él diga toda la verdad.

Aunque viva oculta, pero al menos a salvo.

Ninguno supo qué respuesta darle, pero, ella, fue la que les dio esa idea, y el impulso que les faltaba.

—Voy a tomar mi bicicleta para llegar lo más rápido que pueda, vosotros id en el coche de Rodri, por suerte llegaré a ese lugar en un cuarto de hora si pedaleo con todas mis ganas.

Y salió sin que nadie pudiera detenerla, el cielo estaba completamente gris, muy oscuro, amenazando con caer de las peores lluvias.

—Aaaah, ¡este atasco maldito!, quiero que lleguemos lo antes posible a mi hogar.

Gruñía Ermel dándole un golpe al volante, para después, mirar a Iori por unos momentos.

—No pongas esa triste carita, te cuidaré mucho, te llenaré de regalos como vestidos o lo que más desees, tendrás todo lo que quieras, ya sabes que tengo mucho dinero.

Iori no respondió, pero, ese doctor, siguió hablándole.

—Sé que lo material nunca te importó realmente, yo también pude ver más de tu alma, aunque no lo creas, pero, lo que más ansías, estando junto a mí, jamás podré dártelo mientras que yo, aún teniéndote, siento que estoy tan lejos.

Su mano entonces, se dirigió a la suya, haciendo, que ella le mirara a los ojos.

—Iori, si tan sólo pudieras ser como en un pasado, cuando sonreías al verme llegar.

Cuando te gustaba tener conversaciones conmigo.

—Si ya no te gusto así, entonces, dame la libertad.

Terminó diciendo, apartándole de ella, mirando al frente, con una expresión de molestia, algo raro en ella.

Aún con el miedo y respeto que emanaba ese hombre, Iori no quería contener más sus emociones.

—¡Eso jamás!

Gritó para enseguida tomar algo de calma, mirando también el frente para avanzar un poco en ese tremendo atasco.

—Tu alma sigue ahí, esa alma que necesito para sentirme vivo, aunque no me hables, mis sentimientos jamás se irán, no dejarías de gustarme por mucho que extrañe todo aquello.

Aquella joven, deseaba llorar todo un mar, pero, al ser una robot, lágrimas jamás saldrían de sus ojos.

Muy en el fondo, ella sabía la verdadera debilidad Ermel, lo que de realmente quería, y a pesar de estar triste en esos momentos, tenía la esperanza de que algún día, él se diera cuenta.

Ya había asumido, que tendría que volver a aquella ciudad de su infancia, lejos de todos los que amaba, pero en esos momentos, en los que ya lo daba todo por perdido, Mina, mientras pedaleaba, apareció muy sofocada, colocando su bicicleta en el hueco que había entre el coche de Ermel y el de delante.

Se sentía orgullosa por recordar el cómo era el coche de aquel hombre y ahora, no le dejaría escapar.

—Qué demonios, ¿quién es ella?

Los ojos de Iori parecían haberse llenado de un brillo especial y eso que no eran humanos y de eso se dio cuenta aquel doctor.

Mina, le gritó desde su bicicleta que por favor la dejara libre.

—¡Por favor te lo pido, ella es demasiado importante para mí!

Ermel apretó el volante con sus manos, como si realmente fuera capaz de estrujarlo con su fuerza, pero, se contuvo al final.

—De nuevo, hiciste que alguien se volviera adicto a ti.

No puedo consentir algo así, siento muchos celos.

Y este, salió del coche, mientras que todos lo de atrás pitaban sin descanso para que se moviera de una vez.

Bruscamente, tomó a Mina de la muñeca haciendo que la bicicleta cayera al suelo.

—Haz el favor de quitarte de en medio de mi camino niña insolente.

No quiero ser malo con alguien como tú, pero me voy a ver obligado de apartarte de otras maneras.

—¡Ermel!, ¡déjala!

Ambos, miraron hacia el lado izquierdo, allí estaba Iori, que había salido del coche para tratar de ponerse en la barandilla, con intenciones de tirarse al río y mostrando su pecho que parecía estar quebrado.

—¡Sé perfectamente cuál es tu mayor miedo Ermel! Y, ¡no pienso dejar que dañes de cualquier manera a la persona que más me importa!

¡No quiero más daño para mis seres queridos!

Gritaba ella, todo el mundo estaba alarmado al ver a esa joven tratando de subirse a esa barandilla y, Ermel y Mina, más que asustados habiendo visto esa parte de ella dañada, por lo visto, del golpe del día anterior se había roto su cuerpo robótico.

Fue Mina, la que le pidió que se sujetara fuerte, que iría a sostenerla en esos momentos.

Ansel, Rodri y Tato, acababan de llegar corriendo sofocados, pues habían dejado el coche aparcado en una calle por donde no había atasco para llegar cuanto antes, ahora estaban viendo todo aterrados mientras que la lluvia comenzaba a caer.

—¡Ahora mi cuerpo está dañado!, si caigo al agua... ¡Esta entrara en el interior y volveré a dormir!

—¡Por favor Iori! ¡No digas tonterías! ¡Agárrate fuerte te lo pido!

Gritaba Ansel sin saber qué hacer, quería correr a ella, pero temía que, al hacerlo, ella se lanzase al agua.

—Hermano, yo sólo quiero que todo esto se acabe.

No quiero más dolor, ya has sufrido bastante por mí, ahora, Mina también.

Les dijo, como si de verdad, las lágrimas ya estuvieran resbalando por sus mejillas, sosteniéndose mientras que toda la lluvia caía.

—Ermel, si de verdad me necesitas, si de verdad amas mi alma, tienes que detenerte.

No pensé que esto fuera a llegar tan de repente, el momento en el que dejar expuesta tu verdadera preocupación.

El momento en el que yo podría dejar de existir.

Si vienes a mí, me iré para siempre.

Él no pudo responder, fue Mina la que lo hizo, implorándole que no saltara.

—¡No por favor! ¡¿Qué estás diciendo Iori?!

¡Te necesito aquí al igual que tu hermano, que Rodri y que Tato! ¡Hasta mi madre te adora y eso que le cae mal casi todo el mundo!

¡No puedes saltar!

La lluvia resbalada por su rostro y, así, parecían lágrimas auténticas.

—Es que, me duele esto, también el ver a mi hermano todo el día encerrado en una casa como si fuera un delincuente.

—¡Eso no me importa!, vivo feliz de esa manera si sé que tú estás sana y salva.

Esa es mi mayor alegría, además, ya sabes que cuando era más joven, era un tipo raro que siempre estaba inventando cosas en mi laboratorio y apenas salía.

¡Te necesito!, ¡Mina te necesita!, ¡Rodri y Tato! ¡Y hasta Pin, que adora tus caricias a pesar de que yo nunca le he agradado!

Iori quería lanzarse, quería acabar con todo de una vez, pero, escuchó a Mina, que había logrado acercarse un poco más ella, ahora, la miraba totalmente seria, incluso decepcionada, dolida.

—¡¿No decías que siempre querías estar conmigo?! No me dejes sola sin ti o no sé cómo podré vivir así.

Iori, te amo, por favor, ¡te amo mucho!

Esas últimas palabras, dejaron ver al fin una sonrisa en el rostro de aquella joven, todos pensaron, que, de alguna manera, ella regresaría, ella bajaría de allí.

—Mina, yo, yo también te amo y, no me olvidé de lo que te dije aquella tarde.

Pero siento que...

Y fue en esos momentos, en el que sus ojos lentamente se cerraron, por haber estado toda la noche despierta pensando y más pensando, y peor, con todo lo que corrió al día anterior, entró en el modo reposo ya que, con ese día nublado, no logró tomar la energía suficiente para seguir funcionando, cayendo al río antes de que cualquiera allí pudiera sostenerla a tiempo.

9 LA ESPERANZA ES LO ÚLTIMO QUE SE PIERDE

Ermel se había quedado completamente el shock ante aquello que acababa de presenciar, no podía mover ni un solo músculo, mientras que el resto, corrieron para bajar e ir al río.

Mina y Tato eran buenos nadadores y fueron los que se lanzaron para tratar de sacar a Iori de sus aguas, por suerte, cayó algo más cerca de la orilla y Mina, buceando con sus ojos abiertos tratando de encontrarla, pudo dar con ella en nada de tiempo, tomándola por un lado, con ayuda de Tato que la guiaba para nadar hasta donde estaban los demás.

Ya, tomando el aire necesario en tierra firme, Mina sentía que todo estaba mal al ver las caras de Rodri y Ansel, ya, no había ninguna salvación.

Este último, trató de que Iori respondiera, no daba ninguna señal, sus ojos estaban cerrados, su cuerpo robótico, era como un muerto.

Ansel explotó mientras que su corazón era sacudido sin control, llorando como nunca antes, mientras, que Mina, entendiendo demasiado bien que ese era el fin, gritaba el nombre de Iori una y otra vez con la mínima esperanza de que volviera.

Ermel estaba viendo todo desde lo alto del puente, parecía no asimilar lo que acababa de suceder, mucha gente, de hecho, había salido de sus coches asustados, otros con curiosidad.

Tato, al ser el más fuerte de los tres chicos, tomó aquel cuerpo sin alma para llevarlo hasta el coche, Mina estaba en desesperación, pidiéndole a Ansel que por favor hiciera algo durante todo el camino.

Y nada más llegar a la casa de Rodri, se encerró en la habitación sabiendo que ya no había ninguna esperanza.

Mina, le siguió sin importarle nada más al ver que no salía de allí en mucho rato, encontrándose el cuerpo de Iori abierto por la parte del pecho y a él, echado al suelo llorando sin consuelo.

—Da igual que seque sus circuitos, que arregle el Atrapa-almas que se estropeó al mojarse, su alma se desprendió de él y ya no está aquí.

¿Dónde está ella?

Ahora sólo es una carcasa vacía.

Mina terminó por echarse también al suelo ya que el dolor era demasiado inmenso como para sostenerse en pie.

Así, por largos minutos, todos completamente destrozados.

Tato, trataba de animar a su amiga, no había manera.

Nadie podría volver a sonreír tras aquello.

Y pasó un tiempo desde aquel fatídico día, Mina no volvió a ser la misma.

Sus padres estaban muy preocupados por ella al verla así, no salía apenas, sacaba de las peores notas, no reía, a veces ni se aseaba.

Lo mismo pasaba con Ansel, Rodri trataba de que saliera de la habitación ya que a penas comía y estaba adelgazando mucho.

Los niños a veces llamaban a la puerta preguntando por Iori cabello de fuego y Rodri tenía que decirles que, por un tiempo, se había mudado muy lejos.

Ansel, al escuchar eso, se hundía aún más y Rodri, aún no entendía cómo estaba teniendo tanta paciencia con él.

Esa mañana, en la cual, la luz del sol brillante se colaba entre las persianas, Mina se encontraba perdida y muy ida, bañándose de esa luz, no tenía fuerzas para ir al instituto, no encontraba ya el sentido a nada y su madre, con fiereza, abrió la puerta de golpe, subiendo las persianas para obligarla a moverse de esa cama.

—Mina, ya no puedo más viéndote así, no sé qué demonios te pasa, a tu padre y a mí nos mata verte sufrir de esta manera y que no nos digas nada.

Acaso, ¿es algo de amor, algún chico te ha rechazado?

—¡¿Qué acaso no te diste cuenta aún de que soy lesbiana?!

Gritó al fin sacando su secreto oculto, volteando después su rostro para no ver a su madre.

—Además, si alguien me rechazase no me iba a poner así.

—¿Cómo que lesbiana? ¿Mina?

Pero esta la ignoró, no tenía ganas de discusiones y decidió ir a casa de Rodri.

Poniéndose en pie, se había acostado con la ropa del día a día así que le daba igual todo lo demás, su madre le pidió quedarse para hablar, siguiéndola por todos lados, casi cayendo por las escaleras mientras que su hija actuaba como si no la viera.

Desde aquel día, no había vuelto porque esa casa le recordaba esos momentos con Iori pero, sentía que debía hacerles una visita.

Todo ese tiempo había llorado en los brazos de Tato que, no sabía de qué manera sanar el dolor de su alma, ahora, quería estar allí con alguien que se sentía igual que ella.

El sol seguía brillando, la casa se había llenado del olor del café de Rodri y Ansel, salió al fin de la habitación en la que se había tirado días sin salir, incluso se había llevado una garrafa de agua vacía para orinar ahí y como no comía, no le dieron ganas de hacer sus necesidades en todo ese tiempo.

—¡¡Mi nuevo invento al fin fue acabado!!, solo me faltan unas pruebas más pues quiero asegurarme de que vaya a la perfección.

—Joder, y para eso tenías que tirarte días sin duchar ni comer que me tenías preocupado.

Qué peste por dios, es insoportable, ¿cómo puede olerte el sobaco así?

Gruñía Rodri alejándose de él con la taza de café en la mano.

—Si algún día encuentras a una mujer, buena sería para soportar tu olor corporal, y peor tus pies, que todavía recuerdo cuando estábamos en la misma habitación de jóvenes.

Ese olor se me quedó grabado en la mente.

—Qué más da mi olor ahora, Rodri, quiero que tú seas el que lleve el nombre del invento, eso por lo ocurrido hace años.

Rodri al fin se calmó, y aún sintiendo el desagradable aroma de su amigo, se quedó allí, frente a él.

—Eso no lo esperé, pero vamos que sí lo voy a hacer, ya era hora de algo bueno en mi vida de mierda.

Pero joder, no te me acerques más te lo pido, de verdad que no soporto tu olor, es nauseabundo.

Y de pronto, el timbre sonó y Rodri fue a abrir, allí estaba Mina en su bicicleta y ambos se sorprendieron de verla de visita después de tantos días.

Rodri enseguida la invitó a sentarse para que tomara un café y así, estuvieron hablando de cómo les fue todo en esas semanas.

—Aunque arreglé todo su cuerpo y el Atrapa-almas, ella no volvió, creo, que poco a poco debemos asumir que ella no volverá.

Expresó Ansel cabizbajo, aunque luego, con seriedad, alzó sus ojos a los de Mina.

—Mina, debes sonreír de nuevo, yo también debo hacerlo, tenemos que continuar viviendo, eso habría querido Iori.

—Yo, ¡no puedo creer que se haya ido para siempre!

Sacó al ponerse en pie, dando unos golpes en la mesa mientras que más lágrimas cayeron por sus mejillas, Ansel tomó una de sus manos pero esta decidió regresar pidiéndoles disculpas por haber ido, por hacerles recordar los malos momentos.

Tuvo que volver a su casa y su madre la armó una de las más gordas, no sólo por no ir al instituto, también por haberle ocultado lo de su sexualidad todo ese tiempo.

Fueron dos horas hablando y más hablando, dos horas en las que Mina no sabía como aguantar allí sentada, su dolor la golpeaba por dentro constantemente y no tenía fuerzas como para ser regañada por su madre, y para colmo, por algo tan absurdo como la sexualidad.

Parecía que le costaba comprenderlo, pero, al final lo acabó por aceptar, aunque eso a Mina ya no le hacía sentir nada porque el dolor por lo de Iori seguía ahí.

Pasaron aún más días, al final, había decidido tratar de animarse más, incluso se puso ese bonito vestido blanco que compró.

El sol había seguido brillando todo ese tiempo, los cielos apenas se cubrían de nubes y siempre había una calmante luz acompañándote.

Quería ir con Tato por ahí pues él le había insistido mucho en salir ya que odiaba ver a la chica que le gustaba triste.

Al verla así vestida, se llevó una grata sorpresa.

Pero, en vez de hacerle una de sus bromas, no dudó en decirle que estaba muy bonita.

Vieron muchas tiendas, tomaron batidos deliciosos, pero, a pesar de que ella había sonreído en alguna ocasión, sabía que su corazón seguía destrozado.

—A veces, desearía ser todavía más importante para ti sólo para lograr animarte como deseo.

—Ya haces mucho por mí Tato y eso me hace sentir agradecida.

Y le dio un pequeño sorbo al batido.

—Mi madre ni sabe el porqué de mi dolor, no siento que pueda ser libre de decirle, sólo me regaña, aunque sé que es por preocupación, pero esas no son las maneras.

Le comentó, aunque a veces sintiera que eran problemas infantiles, en verdad el dolor era tan grande, que su mente de adolescente no encontraba la manera de salir adelante.

—Me gustaría ser ya adulto, tener coche y llevarte lejos, a la playa o a las montañas, perdernos por ahí en un lugar lejos de todos.

Le dijo al fin, comprendiendo mejor que nadie sus sentimientos y para nada, tratándolos como algo tan insignificante o una niñería de la juventud.

—A veces pienso en hacer eso, sobre todo cuando me siento solo en mi casa, ya sabes, mis padres me dejan el dinero necesario para vivir y que se mantenga el piso, me siento así, pero contigo eso se alivia.

—Sí, perdernos en otro mundo lejos del dolor ¡Eso sería maravilloso!

Espera.

Y los ojos de Mina parecieron iluminarse por unos momentos, el sol aún les estaba bañando en esa extraña tarde.

—Ahora que dices eso de perdernos.

Me vino algo importante a la mente.

¿Podrías perdonarme si me voy ahora?

—No te preocupes Mina, por el brillo de tu mirada sé que es algo que podría devolverte la esperanza, ve, yo me tomaré tu delicioso batido y te miraré sin que te des cuenta con ese hermoso vestido mientras te alejas.

Pero esta vez, ella no se enfadó, ni le dio una respuesta por sus comentarios dejando a Tato, completamente solo, pero, calmado.

Mina se fue corriendo y tomó un autobús que le dejaba cerca de su barrio.

Casi sin aliento, llegó a casa de Rodri como desesperada, a esas horas, él estaría trabajando y esperaba que Ansel saliera de su habitación, por suerte lo hizo, llevaba unas horribles pintas pues seguía sin asear y bien delgado, y, aún con la peste que cargaba, se metió adentro.

—Mina, no esperé tu visita, ¿qué sucede?

—¿recuerdas ese gps que Iori tenía?

—Claro, pero, ¿de qué servirá eso ahora?

—Ella, sé que sí o sí querría que pudiéramos dar con el lugar en donde está, además, el gps de alguna manera se había unido un poco con su alma.

Ansel se tomó la barbilla, aún descolocado, preguntándose como es que no se le había ocurrido eso antes.

—Cierto, cómo no había pensado en eso todo este tiempo, soy un científico tan despistado e idiota.

Sacó su móvil y abrió la aplicación de gps, había un punto rojo que llevaba al Atrapa-almas el cual se encontraba en la habitación dentro del robot.

Mina le pidió que buscara otro punto más y lograron dar con él quedándose muy sorprendidos y llenos de esperanza.

Este brillaba más débilmente, pero podrían seguirlo aun así.

Ansel, tomó el cuerpo de Iori cargándolo en brazos a pesar de que era algo pesado, soportaría llevarlo encima sólo por ella.

Por la calle, la gente se los quedaba mirando al ver que este cargaba a una chica que parecía estar dormida o desvanecida, más llamaban la atención al ir corriendo.

Muchas veces tuvo que poner la excusa de que era su hermana completamente borracha.

El pobre estaba sudando súper agotado, fue mucho el trayecto hasta que llegaron a una zona algo vieja y descuidada de la ciudad.

Allí siempre estaba la gente callejera y personas con menos poder adquisitivo.

El punto cada vez estaba más cerca y Mina gritaba ¡Iori! por todo lo alto.

Así, hasta llegar a un parque en donde unos bailarines practicaban.

Ella seguía llamando a Iori desesperadamente, terminando por echarse al suelo con deseos de llorar ya que el cuerpo no reaccionaba a pesar de que el punto estaba en ese mismo lugar.

—Por favor, estoy aquí esperándote.

Incluso me puse este vestido y deseo que me veas con él.

Le decía llena de lágrimas, deseando, que, desde ese plano terrenal, su voz llegara al plano de las almas. Ninguna reacción.

—¿Podrías volver? Todos te extrañamos, ¿acaso estás perdida?

¿Puedes escucharme?...

¡No decías que te quedarías a mi lado para siempre!

Y Mina terminó por golpear el suelo, pensando que nada más serviría hasta que...

—No llores, estoy aquí de nuevo.

Ambos miraron a aquel robot sorprendidos.

Iori había abierto sus ojos y Mina, eufórica, se lanzó para tomarla y darle el mayor de los abrazos.

Ahora estaba llorando pero de felicidad, al igual que Ansel.

—Iori, ¿qué pasó todo este tiempo? ¿Por qué no volviste a tu cuerpo?

Le preguntó este tras que ambas chicas pudieran calmarse un poco.

—Bueno, ¿recordáis que siempre me pierdo si no me han enseñado el camino?

Pues siendo espíritu, todo es tan difícil.

Cuando el Atrapa-almas se rompió, me desprendí de mi cuerpo de robot y fui a otro plano en donde no conocía nada.

Sus ojos, se dirigieron a los jóvenes que estaban bailando a pesar de que la luz de sol ya se estaba desvaneciendo.

—Vagué y vagué hasta dar con esos bailarines, podía ver sus auras bailar pero no a ellos precisamente.

Me quedé como atrapada por todo este lugar, el tiempo pasaba distinto y por más que trataba de buscar el camino me perdía una y otra vez.

Ni siquiera podía controlar bien mi alma.

Por eso, decidí esperar aquí, mientras bailaba y más bailaba, deseando que pudierais dar conmigo pues, todavía sentía que no debía marcharme, que no era mi fin, es más, ni túneles de luz ni nada de nada vi.

Y así, de tan de pronto, casi se lanza a por su hermano, aunque este se alejó avergonzado por estar tan sucio.

—Gracias hermano, gracias por darme otra oportunidad de seguir viviendo, puede que no pueda hacer algunas cosas como vosotros, como por ejemplo, comer o beber, pero, puedo estar a vuestro lado que es lo más importante.

Además, le prometí a Mina que siempre estaría con ella como alma, por eso también sentí que no era mi hora ajaja, debía encontrarla y cumplir mi promesa.

Ambas chicas volvieron a darse un gran abrazo, después Iori quiso darle otro a su hermano, pero este volvió a apartarte ya que se sentía avergonzado por oler tan mal aunque aun así, no impidió que su hermana se lo diera al final.

Los días pasaron y todos volvieron a ser felices.

EL doctor Ermel se había arrepentido de su comportamiento, había comprendido que el perder a Iori, fue lo más doloroso en su vida, por eso, al enterarse de que ella había regresado, invirtió mucha de su fortuna en mejorar su cuerpo para que siempre estuviera sana y salva y que, si volvía a recibir un feo golpe, jamás se dañara su cuerpo.

Los padres de Ansel e Iori, trataron de que su hijo regresara al quebrar la empresa, incluso quisieron utilizar a Iori para recuperar el dinero, exponiendo toda la verdad, no esperarían que Ermel actuaría.

—Ahora ella me pertenece, como bien vosotros dejasteis acordado hace mucho tiempo, si yo no quiero, ella no será expuesta, y, como ya sabréis, ni por toda la fortuna del mundo, la devolvería a un hogar vacío como el vuestro y solo, por el simple interés del dinero.

Así son los contratos ¿Verdad?

Ansel y Rodri, ya no sabían de qué manera agradecerle por tanta ayuda, este solo se disculpó por el pasado, y se marchó a sus asuntos de negocio.

Aunque, Iori, no se olvidó de tomar su mano antes de que se fuera.

—Gracias, estoy tan feliz, de que encontraras a tu yo real, estoy tan feliz, de que volviera ese hombre del pasado.

Ermel no dijo nada, simplemente, le dejó un libro de regalo y ella pudo sonreír.

Días después, Rodri presentó el tubo mágico de Ansel, pero, sin olvidarse de apuntar también el nombre de su amigo como parte de los creadores.

Ambos se hicieron muy famosos y ganaron mucho dinero en un tiempo.

Se compraron una buena casa y se llevaron a Mina con ellos, esta decidió estudiar más duro para hacerse profesora de educación física en un futuro y siempre, con el apoyo de su novia Iori.

Esta última, siempre se llevaba a su hermano de tiendas para que se comprara de los mejores trajes deseando que se echara una buena novia porque parecía querer casarse con cada uno de sus inventos.

Rodri, decía que, aunque llevara el mejor de los calzados, el olor al pies jamás podría desaparecer.

Tato, al final, con sus estudios, logró llegar también muy lejos, no llegó a ser nada que tuviera que ver con los deportes, pero era feliz igual.

Por su atractivo, quien le diría que acabaría dedicándose a ser actor, y, uno de los más famosos.

Nunca, nunca pudo dar con la mujer de sus sueños, Mina, siempre estuvo anclada en su corazón, pero, ya no dolía, ni tan siquiera los días de visita, verla junto a la linda Iori, ella, era feliz, lo que siempre había deseado.

Y aunque ahora, tenía a muchas chicas locas por él, tanto modelos, como otras actrices o idols de la música, nadie podría adentrarse en su corazón, le llamaban, el ángel solitario.

Un ángel solitario que, aun así, era feliz, aunque, siempre, algo faltaría en él, pero, esas son cosas que acaban pasando sí o sí.

—Oye Tato, ¿cómo es que en tus últimos papeles eres el nova más?

Dios, ya has recibido no sé cuántos premios por tu actuación, aaah, eres un rompe corazones para las chicas y el amante perfecto frente a las cámaras.

—Simplemente tengo experiencia ajajaja, anda, que Iori te está esperando, creo que me pidió ayuda con algo de lencería.

—¿Lencería?

¿A ti? Uuuurg, volviste a meterte conmigo.

Pero este acarició su cabello, el cual, ahora estaba un poco más largo.

En sus pensamientos siempre la cuidaría, y esperaría por sus sonrisas.

Iori, realmente, apareció en el salón con un conjunto rosa de lencería muy tierno y Rodri casi se cae para atrás.

—Iori, lo compré para hacerte muy feliz juju.

Madre mía la que se armó, Ansel tirándose de los pelos, Rodri tratando de calmarlo.

Mina roja como nunca y Tato riéndose al verla así de colorada, después, se marchó para continuar con su trabajo.

Esta historia ha acabado, quizás, ser un robot, hizo que Iori tuviera sus limitaciones, pero, con el amor, todo puede llevarse mejor.

El amor es lo más importante amigos, con él, se mueven montañas incluso.


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